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Alberto Rodríguez

Verano y amor

Verano y amor

 Un hombre de un poco más de ochenta años, irlandés, llamado William Trevor, escribe una novela titulada, Verano y amor, que se publica en el 2009. Recibió los más entusiastas comentarios de prensa. The Spectator dijo que era una obra maestra, Kirkus Review aseguró que era perfecta e inolvidable. The Independent, también dijo que era perfecta. The Washington Post, no dudó en afirmar que la novela es “parte esencial de ese mundo literario profundo…”. The Irish Times se atrevió a sostener que la prosa es tan bella como la de Joyce. Hasta el Financial Times, elogió la precisión narrativa.

Leo la novela con dificultad. Tiene 36 capítulos. Mi fidelidad me premia con el hastío pero me deja descubrir que comienza en el capítulo 11. Durante diez capítulos muestra a los personajes en el tedioso ir y venir de un gris pueblo irlandés donde no pasa nada. Y si pasa, pasa en esa segunda historia que siempre se cuenta sin contarse. Es un prólogo que parece una pasarela triste, en la que tristes e insignificantes personajes desfilan en circunstancias que tocan la muerte. Siempre me pareció que toda la novela ocurría en otoño, jamás vi, ni sentí el verano.

Por lo demás, no creo que la prosa de Joyce sea bella. Descreo de la belleza que elogian las reseñas de prensa. Descreo de la belleza desde que una noche en medio de una borrachera, Rimbaud la sentó en sus piernas, y la injurió.        

La de Trevor es una prosa medida, lineal, sin mayores defectos, pero sin mayores virtudes. La prosa de Cormac McCarthy, por decir alguien, es mucho más “bella” que la del irlandés.

Cuando de verdad la novela comienza, Florian, el veinteañero melancólico que hace fotografía, llega al pueblo a vender la casa de sus padres. Ellie es una huérfana, criada por monjas católicas irlandesas, que se la entregaron a un granjero que la aventajaba en años –Dillahan– que la hizo su esposa. Ellie se enamora de Florian y Dillahan se suicida.

Pero el amor de Florian y Ellie es un amor que no habla, que no dice, que no toca, que no huele, que no mira, un amor asexuado, distante. La última vez que se vieron ella ni siquiera quiso darle la mano. Pero tan enorme era, que sin ningún aspaviento el marido se suicidó con la escopeta de cazar conejos, igual que lo habían hecho otros granjeros.

Los personajes son lánguidos pero al mismo tiempo carnudos, lentos pero seguros. Se ve la mano delicada de un narrador objetivo que mueve los hilos de los personajes, como un dios en prosa, que juega con los destinos humanos.

E insisto, la prosa de Trevor, ni siquiera alcanza ese tono de música de cámara, que logra Nell Leyshon en su novela breve, Del color de la leche. No competiría con la prosa de Carson McCullers, en La balada del café triste.

Una obra maestra, perfecta, completa y bella. A la que a mí me parece que le sobra casi la tercera parte, y que no muestra ni el verano ni el amor. El amor en la novela: un acto de fe.

 

 

 

 

 

 

Una ministra lesbiana en el circo de los homofóbicos

Una ministra lesbiana en el circo de los homofóbicos

 La “ideología de género” es el punto caliente. Un debate que nos llegó de afuera, y que los asesores del gobierno, los de Naciones Unidas, como los de Colombia Diversa, le vendieron al Ministerio de Educación, como soporte para promover la convivencia escolar inclusiva entre personas de distinta orientación sexual.

El término “ideología de género” se lo inventó una señora californiana, Christina Hoff Sommers, nacida en 1950, en el condado de Petaluma. En su libro ¿Quién robó el feminismo? aparecido en 1995, recusa ”el feminismo de género”; ella se declara “feminista de equidad”.

 La “ideología de género” dice que una cosa es la sexualidad biológica, y otra, la sexualidad cultural. No hay unidad entre lo biológico y la cultura, tratándose del comportamiento sexual. Traducido quiere decir: biológicamente se nace hombre, mujer o hermafrodita. Pero culturalmente se da que en los cuerpos de algunas mujeres hay hombres, y en los de algunos hombres hay mujeres, y en los de los hermafroditas, hombres y mujeres. La diversidad de conductas sexuales aprendidas en las relaciones de las personas entre sí, es tan grande, que tiene que proponerse como un asunto de derecho constitucional. La Corte ordenó al Ministerio que se asegurara que los manuales escolares estuvieran garantizando la inclusión, la equidad y la convivencia, entre estudiantes de diferente orientación sexual.

La sola expresión “ideología” revela una dimensión del asunto que lo hace naturalmente conflictivo. Y no precisamente porque la diversidad sexual en toda la gama haya aparecido hoy. La diversidad viene desde que hay hombres y mujeres, solo que en el pasado, el desbalance entre biología y cultura, fue un asunto siniestro, mágico, satánico, tabú, maldito, proscrito, pecaminoso, monstruoso, que la sociedad en su conjunto siempre tapó, como si fuera caca de gato. Porque en efecto, les olía mal. Solo hasta ahora, en el mundo, se pone la diversidad en la agenda de las ideologías y en la agenda de los derechos. Y en consecuencia, que la  sexualidad (cultural y biológica) se explique como una construcción, una elaboración de la cultura.

El asunto se filtró sin digestión, sin criterio, sin olfato político, sin análisis del momento, en las dos publicaciones contratadas por el Ministerio de Cultura. Una guía para el diseño y formulación de las guías de convivencia escolar, y una cartilla con preguntas orientadoras que deberían servir de herramienta para manejar criterios inclusivos en la formulación y ajuste de los manuales de convivencia.

La forma como se escribieron los documentos  contratados por el Ministerio, la forma de su evaluación, el protocolo de seguimiento, aprobación y publicación, no deja para nada bien parada la gestión de Gina Parodi en el Ministerio. Ella tiene todos los argumentos para emprender un proceso que asegure la inclusión de los miembros de la comunidad escolar. La adopción de los manuales es del resorte exclusivo de las instituciones educativas, y su revisión y acompañamiento, corresponde a las Secretarias de Educación.

No es que Gina haya equivocado la política, los procedimientos, las iniciativas, se equivocó en el manejo. Le faltó tacto, olfato, para introducir un auténtico debate ideológico en el seno de la Escuela atrasada, con baluartes en la derecha homofóbica, la Procuraduría, el uribismo y las iglesias.   

El Santico dijo no saber qué era la ideología de género, la Ministra dijo que nada tenía que ver con el documento publicado por las Naciones Unidas, aseguró que su publicación se hizo sin autorización del Ministerio.  Cuando los prelados que lo visitaron en Palacio le explicaron de qué se trataba y cuál era su desacuerdo, él dijo que tampoco estaba de acuerdo, y que por tanto los documentos no van. Que el Ministerio, para tranquilidad de todos los homofóbicos, no le va a pedir a los niños que vayan vestidos de niñas a la Escuela, como tampoco a las niñas que vayan vestidas como niños. Y naturalmente se defendieron, diciendo que todo obedece  a una “manipulación inconfesable”, un ardid desinformativo, que se atiza desde la Procuraduría y el uribismo.

Y como si fuera todo, el uribismo pegó a la protesta de los padres y sus asociaciones contra la “ideología de género”, la campaña por el NO. Lo cual, y por anticipado, le pasa los costos políticos de los manejos de Gina, al Presidente.

En eso terminó el debate de ideología del género. ¿Cuántos años más vamos a tardar en introducir el derecho a la diversidad sexual en las escuelas, tras  haber chamboneado con maestría en el manejo delicado del tema en ambientes escolares?

Si el Cardenal cañizares equipara la "ideología de género" con "la ideología nazi", sugiero que la próxima Ministra de Educación sea Brigitte Baptist. Ojalá antes del plebiscito.

El lugar común en la poesía

El lugar común en la poesía

El camino de la poesía y a la poesía está tapizado de lugares comunes. Es inevitable. Alguna vez los lugares comunes fueron nuevos e inyectaron a la poesía savia. De mucho usarse, como fórmulas de éxito, se fosilizaron, se volvieron estrellas negras de la poesía. García Márquez recomendó leer, buena y mala poesía, y valga decir, escribir buena y mala poesía. En el lc hay una frontera para calificar la poesía: de un lado las expresiones comodín, y de otro, la feliz ocasión en que dos palabras se encontraron por primera vez. La "noche unánime" de las Ruinas circulares, vale porque por primera vez dos palabras se encontraron. A cada lector corresponde la iluminación de su propia experiencia en la expresión. Al fin de cuentas si a alguien se le puede pedir que los olmos den peras, es a la poesía.

Va un ejemplo de "poesía" de los lugares comunes en España y Colombia.

A MI MADRE QUE NOS HA DEJADO 

"A ti madre", "a quien debo la vida".
"Tu recuerdo anida en mi corazón" como la incipiente "luz que guía mi camino".
"Autora de mis días", "ejemplo de vida", condúceme por "la senda del bien".
"Ángel custodio" "guía mis pasos" en "pos del porvenir" sin que  nada "nuble mi destino".

Mi padre, "un santo varón" se "entregó a la perdición" tras tu "súbito deceso".
"Jamás se repuso" del "aciago golpe" y sin miramientos se "entregó al vicio".
Nadie hubiera querido para él un "destino funesto",
pero "la vida es así". Ahora "que papito dios te llevó al cielo" ruega por las  "las almas nobles".

Mi hermanita, la menor, "está de merecer".
Es una morena de "piel canela", "ojos soñadores", "senos turgentes", "cuerpo de palmera", "cinturita de avispa", "labios de grana", y "bucles dorados" , y es también una "necia casquivana". 
"No entra en razón" "por más que se le dice". "Desoye razones"y anda por el mundo "sin dios ni ley".

Mi hermanito, el mayor, "saca la cara por la familia". Es un "buen cristiano", de "rectos principios" que santifica y propala la "obra del señor". Es un "dechado de virtudes", "buen hermano y buen hijo". Como todos alguna vez "ha tenido un traspie", que "asumió con entereza". 

Oh madre, "juro por tu memoria sagrada", que "cumpliré el legado" que nos dejaste.
En el "yerto camposanto" donde reposan "tus restos mortales", "un arco iris de esperanza" se proyecta en la "bóveda celeste"
y un "manantial de luz" ilumina el "horizonte en lontananza".

Cada domingo cuando "hincado ante tu tumba" celebro con "espíritu cristiano" una semana menos, para que "mi alma y tu alma" se unan en una "fiesta del espíritu" y "marchen al unísono" en "pos de la eternidad".
"Madre solo hay una".         
  

El lugar común

El lugar común

Una de las plagas de la escritura, en toda su variedad, es el lugar común (lc). Me refiero a expresiones tan “consagradas” como desgastadas que se han usado millones de veces, plagios colectivos, saludos lingüísticos a la bandera, metáforas podridas. El lugar común es una plaga que afecta la originalidad. Hay muchas variedades y nacionalidades de (lc). Existen en todos los países y para todas las actividades. Y algo importante, es un cerco de alambre de púas entre los que escriben y los que redactan.

Un ejemplo en tono colombiano y “patriótico”:

“Dolor de patria” es lo que causa  al “colombiano de a pie” la entrega de los “más caros principios” de la nacionalidad, en una negociación que a “espaldas del país”, los “delegados plenipotenciarios” del gobierno, se “aprestan a firmar” en La Habana.

El “sentimiento que a los colombianos embarga” es de “incertidumbre y pesar” por “el sometimiento de los principios” democráticos a “fuerzas oscuras” que habiendo “atentado contra la institucionalidad”, ahora se disponen a “sentarse en las curules”.

 “Haremos uso del derecho que nos asiste” para “refrendar con convicción” nuestra “vocación democrática”, que “señala claramente” que no nos oponemos a la paz. Nos oponemos a la “forma artera” como se negociaron en La Habana, “nuestros más caros principios”.

“Con la mano en el corazón” votemos por el NO. Tengamos “visión de patria”, “sed de justicia”, “fe en nuestras instituciones”, “ilusión de porvenir”. “El mañana es hoy”. “No todo está perdido”, “lo último que se pierde es la ilusión”. “Salgamos a votar masivamente”. Respondamos con “fervor patrio” a “los retos trascendentales” que a “nuestra generación ha tocado vivir”.

Con “argucias jurídicas” el “gobierno de turno” “manipuló los hilos” de las instituciones, para “poner a su favor” el voto de los “conspicuos miembros” de la Corte Constitucional. “De buena fuente se supo”, “para nadie es un misterio”, que “más de uno” de los “honorables togados” se abstuvo. La “aplanadora oficial en el Congreso” “no va a impedir” que “a nombre del pueblo colombiano”, “señalemos sin vacilación” el “promisorio camino” del NO.

Votar por el SÍ “sería tanto como premiar” a los criminales que “hasta ayer” “asolaron nuestros campos”, “expulsaron a los labriegos” de sus labrantíos, y ahora “con las manos untadas de sangre” “se disponen a firmar” un “acuerdo lesivo” para el “futuro del país”.

En un acto de “responsabilidad moral” hemos “debatido en nuestra filas” las “consecuencias irreparables” de “darle vía libre” a los “acuerdos concertados”. “Por eso llamamos” “al voto consciente” a través del cual “le abrimos paso” a “iniciativa Colombia”. “Un proyecto de todos”. Una “propuesta de país” para los que anhelamos “una patria grande”, “digna de nuestros abuelos”.

“Qué feliz me siento de ser un buen colombiano”.

Lágrimas de acero

Lágrimas de acero

El problema de la terminación del conflicto con las Farc, pasa por reconocer un hecho escueto, pero decisivo, que la guerra se perdió. Durante 52 años no se pudo reducir a las Farc, ni cuando eran una suma de campesinos pobres levantados, estudiantes comunistas de las universidades públicas y camaradas moscovitas que inyectaban estalinismo en la yugular de todos los partidos comunistas del mundo. Menos, cuando el narcotráfico arrasó con el proyecto, el mismo que tardíamente Carlos Castaño resintió y que lo llevó a la muerte. La guerra se perdió primero contra la insurgencia campesina, y después con el cartel militar. Fue tanto el tiempo que duró la guerra, que está terminando, que alcanzamos a ver la evolución de las Farc, como quien ve la metamorfosis de un renacuajo. Un engendro monstruoso de los dueños del país, las tierras, la industria y el capital. Un Golem que se salió de madre y que después de cincuenta años, también cayó en cuenta que la guerra se había perdido.

Para el uribismo la guerra nunca se perdió. Por un argumento contundente: jamás hubo guerra. Lo que en términos de bajas, desplazmiento, gasto militar, golpes a la economía, no resiste análisis. Desde luego que se traiciona el uribismo a sí mismo, cuando nos dijeron con el dedo apuntando al cielo, que en un tercer período de Monseñor se habría reducido a los frentes y a los bloques, desarmados se los habría encerrado, acusado y procesado, para que pagasen toda la deuda civil, penal y moral, a la sociedad colombiana. De crímenes de lesa humanidad y de crímenes ordinarios, se podría acusar a todos los miembros de las Farc, desde el Secretariado hasta la última cocinera, son responsables de algún delito, de los miles listados en los códigos.

Santos con menos visceralidad que Uribe, con una visión más realista de la historia y de la evolución del conflicto y sus costos, entendió que una vez perdida la guerra, hay que negociar. Y tal cual lo viene difundiendo la propaganda oficial, es mejor -hoy- una paz imperfecta que una guerra perfecta.

Por cuenta de un palancazo internacional que le dio la política de paz, en un mundo con una vocación desesperada de guerra, Santos se alzó con un consenso mundial a favor del proyecto y de paso le cerró imagen, actualidad, pragmatismo y viabilidad al proyecto uribista.

Es lastimera la pobreza con que los peones uribistas en el congreso objetan el proyecto de paz para hacer frente al plebiscito de refrendación. Que no se va a hacer justicia, dicen. No es cierto dicen los gobiernistas, la jurisdicción especial de paz, se va a encargar de juzgar los delitos atroces y de lesa humanidad. Y se va a juzgar en jurisdicción ordinaria a quienes no acaten el principio de verdad y reparación. Independientemente de que tal cosa algún día se vaya o no a cumplir, es un argumento constitucional contra la pataleta justiciera del uribismo.

Hoy los uribistas no saben si van a votar por el NO, o se van a abstener. Todavía no conocemos la pregunta. Depende de cómo se haga, tendría más sentido el NO que la abstención, o al revés. El NO deberá decir NO al acuerdo para la terminación del conflicto en los términos pactados, entre las Farc y el gobierno. La abstención es el silencio, ni SÍ, ni NO.

El caso es que los editorialistas y voceros uribistas en los medios no tienen un solo argumento para oponerse con fuerza política, con carácter convocante, al acuerdo. Que la guerra se haya perdido, es el más fuerte y poderoso argumento, pero ya no hay de dónde esgrimirlo.

Los uribistas deberían prepararse para el posacuerdo y el posconflicto. Una avalancha de hechos nuevos los van a sobrepasar, nuevos actores políticos, nuevo Procurador, nuevo Fiscal, nuevos mapas políticos, nuevos negocios, el aval y los recursos de toda la comunidad internacional, y en la retaguardia las divisiones vargaslleristas. No la van a tener fácil, y si sus candidatos van a ser, más de lo mismo, la zorra Zuluaga y Carlos Holmes, no pregunten por quién doblan las campanas.         

El retorno del Sheriff

El retorno del Sheriff

 Las cámaras durante el discurso de aceptación a la nominación lo mostraron de frente, casi todo el tiempo. Vi dos rasgos, al menos. Entre los “párrafos” del discurso, hay silencios en los que Donald se ducha en la ovación, como quien se lava en champan en un gran prix. En los silencios, Donald Trump es gesto. En uno, aparece la sonrisa, o mejor, el esfuerzo de una sonrisa. No es algo que le salga, sino más bien algo que no sabe cómo entrar. Y en otro, cuando frunce la boca que descienda tensa y da la imagen de Benito Mussolini en los silencios. La cabeza echada hacia atrás, la boca recogida y la quijada sobresaliente.

Si se lo juzga por lo que dice, pues tienen toda la razón quienes desde el evangelismo creen que es un nuevo Jesucristo, o quienes desde la Asociación del rifle giran cheques. Trump es para ellos el sheriff que viene a restablecer el orden y la ley en el condado.

También tienen razón quienes dicen que lo único que Donald dice es lo que ellos quieren oír: los blancos medios, xenófos, protestantes, partidarios de la justicia privada, que sienten que USA, la USA de ellos, se la quitaron. Y seguramente. Muchos pensarán y dirán que el país terminó de joderse cuando un negro se hizo al poder.

Donald ni siquiera dice que el trabajo es difícil. Dice que un día después de que el den el cargo de Sheriff la ley regresará a USA. Las calles donde hoy matan policías se harán pacíficas y la Corte Suprema hará valer la ley. No más Naptas, asociaciones para perder. Negocios directos con cada país. No más ventajas para la China en la compra de títulos de deuda, ventajas industriales, aranceles. No vamos a volvernos a levantar de ninguna mesa, sin que se cumpla lo que pedimos. Una cruzada de dignidad regresó a América. Un protestante presbiteriano obscenamente rico, aunque él mismo se ha encargado de sobrevaluar su fortuna, exitoso en negocios de hotelería, reinados, medios, golf y juegos de azar, ha llegado para poner orden en América.  

Va a levantar un muro alrededor de USA para impedir que entren musulmanes, negros, latinos, mexicanos, chinos, africanos. Ellos nos arrebataron América, pero más culpables que los mismos inmigrantes son todos esos chacales liberales, cínicos demócratas, que lo permitieron.

Donald tiene una virtud de pastor. Lo vi en el rostro de las delegaciones texanas en el estadio, manchas de sombreros que asentían. Lo vi en los hombres con el uniforme azul de los oficiales unionistas. Lo vi en los viejos que parecían estar en un trance de la anunciación.

El sheriff Trump regresó al condado a imponer la ley y el orden, pero se encontró con que una mujer también quiere ser Sheriff, Hillary, la mujer de un antiguo Sheriff que le entregó el pueblo a los forasteros, que terminaron abriendo una sucursal del infierno. 

Un golpe de fuerza en medio del tablero

Un golpe de fuerza en medio del tablero

Un golpe de estado en Turquía no es una novedad histórica, ocurren más o menos cada diez años desde los años sesenta. Hacía veinte años no ocurría uno. Por la información fragmentada y tendenciosa de todas las agencias es muy difícil hacerse a una imagen precisa del momento. Parecería ser que una facción pequeña del ejército intentó un golpe, a la manera de Chávez en Venezuela, incluyendo el fracaso. Una facción que evidentemente está contra Erdogan. Hay varias maneras de estar contra Erdogan y lo que él representa: el viraje de una sociedad laica liberal a una sociedad cerrada, islámica.

Lo primero que se observa es una participación activa de la sociedad civil turca frente al golpe, que la llevó a salir a las calles, a rodear con sus carros los tanques, a poner las banderas en los cañones, a hacer mítines en la avenidas y a poner las redes a funcionar a todo vapor.  Un respaldo convocado por las redes desde el gobierno que movilizó una base social amplia que conjuró el intento. La fuerza de Erodogan es activa, presente, extendida.

«Hay un ligera posibilidad de que fuera un golpe escenificado», aseguró Fethullah Gülen, desde su exilio en Pensilvania, el “enemigo público” de Turquia, el adversario a muerte de Erdogan, quien afirmó de manera extraordinariamente rápida que algunos de los militares sublevados recibieron «órdenes de Pensilvania» El presidente turco solicitó hoy a USA la extradición de Gülen y anunció que promovería la reinstauración de la pena de muerte para los golpistas, suspendida desde 2004. John Kerry dijo que no ha recibido petición de extradición o pruebas «legítimas» de la participación de Gülen en el golpe.

Gülen es un teólogo sufí que tiene su propio movimiento moderado en distintos países, Hizmet, es hijo de imán, e inmensamente rico, está autoexiliado en USA desde 1999 en las épocas en que Erdogan era el alcalde de Estambul, y que hoy es señalado como el instigador del golpe.

 El otro centro a que lleva a mirar el golpe, son las fuerzas armadas turcas. El ejército turco cuenta con 630.000 efectivos, sin contar las reservas. Tiene 283.000 soldados profesionales y es veterano de Afganistán, y de la guerra contra los kurdos, en la que participaron las unidades de los llamados “lobos grises”. Es el segundo más grande de la Otan, situado en el enclave geoestratégico más importante del conflicto sirio. Participa en la coalición de países que con los Estados Unidos está involucrada en el conflicto sirio. Es de un gran valor en la estrategia europea de defensa. Quebradas las fuerzas armadas de Turquía, se quebraría la palanca de la Otan en la región del conflicto.

 Así que la división de hecho entre militares fieles al gobierno de Erdogan, de orientación suní, y los golpistas, revela más allá de una división entre partidarios de una república laica o una república islámica, las diferencias que podría haber entre alas chiíes y suníes dentro de las fuerzas armadas. ¿Cuál es el peso que tendría el viraje laico a estado islámico, al que está llevando Erdogan a Turquía, en las fuerzas amadas turcas? ¿Y cuál el efecto que puede tener para Europa la división del ejército estratégico bisagra en el conflicto más grave del planeta?

No es un golpe más en la tradición turca de golpes, quizás su efecto rápidamente contrarrestado, no evita que se sientan entre bambalinas militares, cambios y reacomodos que llevarían a una redistribución riesgosa de fuerzas en el futuro más próximo del conflicto sirio. 

Misiles decibeles

Misiles decibeles

 El 21 de agosto de 2015 la BBC informó al mundo que se había reactivado la guerra de parlantes entre las Coreas, desde la zona desmilitarizada en la frontera, que se conoce por tener la mayor densidad de transmisiones radiales del planeta. Y que agitan un contraflujo de  ondas conocido como efecto de "interferencia intencional" para bloquear las emisiones de onda en distintas frecuencias, tanto en el sur, como en el norte.

Corea del Sur tiene en sus filas algunos de los mejores ingenieros de sonido del mundo, así que les pidió ad hoc un dispositivo que fuera un misil de sonido capaz de penetrar en territorio contrario hasta doce kilómetros en condiciones de audibilidad. Construyeron torres sobre las que ajustaron un tablero, como los de ajedrez, en cada una de cuyas casillas pusieron un parlante. Fachadas hasta de ochenta metros de alto tapizadas de parlantes de alta potencia que suenan, todos a la vez, y en la misma dirección.

El sistema de altavoces fue reactivado por Corea del Sur después de seis años de silencio. Su superioridad tecnológica hace que la potencia del arma sea mayor. Entre Gimpo y el parque nacional de Kumgang, puntos extremos de una frontera de dos cientos kilómetros, en la zona desmilitarizada, instalaron nuevo baterías que disparan ráfagas de sonido que pueden durar doce horas seguidas.   

¿Qué se transmite? Propaganda política, propaganda de vida, propaganda informativa, información para que los norteños reclamen sus derechos. Una carga ponzoñosa a la que Kim Jong Un no tiene con qué responder con la misma potencia. La misma guerra con otras armas, una guerra que se ha estado librando desde que terminó la guerra en el 53. Hoy tiene una connotación distinta, el poder de la instalación sonora, como un arma simbólica de lanzar misiles verbales, que tocan a todas las poblaciones cercanas a la frontera.

Una frontera que no puede ser pasada por los hombres de ninguna de las dos Coreas, aunque nada, ni siquiera los tratados, impide que sus palabras lo hagan un millón de veces amplificadas. De la misma manera que nada ha impedido detener el delirante espíritu agresivo de esa criatura omnipotente y fofa, que juega con sus armas atómicas y ha hecho estallar una bomba de hidrógeno; nada impedirá que a la energía nuclear se le oponga la energía sonora de la propaganda. Para decirlo con un ejemplo: el abrigo de Kim vale 12.000 dólares, sus zapatos Berluti 2.000, su reloj, un Patek Philippe´s, cinco millones, y su loción Bulgari  100.000 dólares.

 Ya no es la época en la que con un discurso ideológico se ofrecía un mundo mejor, estamos en uno en el que es más peligroso revelar el precio de los zapatos.     

 

Azúcar

Azúcar

Las familias de siempre, dueñas de las tierras donde se cultiva la caña en el Valle del Cauca, descendientes de terratenientes, acomodadas en el diario vivir de la renta agroindustrial y enquistadas en una economía endogámica que gira alrededor del problema dinástico de la sucesión. Igual que en las piezas de Shakespeare. Dulces rentistas conservadores y católicos, que antes se ponían al frente de la producción, y hoy  alquilan sus tierras a los ingenios. Estamos en los años sesenta y como en cualquier serie familiar, la familia es el centro de la historia. Azúcar: una familia blanca y propietaria, cruzada por la maldición de una negra. El motor en las dos versiones que se han hecho, es el  poder de los esclavos. 

Si yo fuera un rentista vallecaucano de la tierra, un azucarero por herencia, emparentado por tradición familiar con el negocio, convendría que si somos como nos pinta la serie, nadie tiene el derecho de convertirnos en material para el espectáculo de televisión que está pasando RCN, desde hace cuatro meses. Siento que me están mostrando a mí, a los de mi familia, a mis ancestros, sin falsearnos. Lo que me molesta mucho más que si lo hicieran. El argumento de que es una caricatura dramatizada no solo no disuade, las caricaturas trágicas suelen ser muy agudas.

Azúcar nos muestra como a unos tontos endogámicos y arrechos capaces de traicionarnos en familia por la propiedad, el hilo social de toda la historia. Las mujeres, o son perversas sin contemplación, buenas e inútiles, brujas o esclavas.

Nos muestra racistas, prendidos a las faldas del cura, corrompidos hasta con nuestro negocio, manipuladores, indolentes, traicioneros, ingenuos, malos administradores, obsesionados por la sucesión. Más reproductivos que productivos. Una ristra de uniones prohibidas y forzadas, de las que vienen los hijos negros y blancos, que se cruzan en toda la historia, desde la noche en que el Manuel María Solaz engendró un hijo en la negra Sixta. Negros y blancos copulan entre sí, tal vez lo más democrático.

Ya una vez, años atrás, la serie se había transmitido, dirigida por Mayolo, al que hubo que aguantarle todas sus perversidades, porque era Mayolo.

Estoy convencido que nunca la TV se había solazada tanto a costa de nosotros los rentistas de la caña. Es una fotografía demasiado cruda, tendenciosa, de la vida privado de una familia de familias. Se metieron con nuestras familias, con la tradición, con lo más sagrado. De alguna manera los medios nos han convertido en una especie de hazmerreir cultural. A nosotros que no hemos hecho más que crear riqueza por generaciones. Y se supone que debemos estar agradecidos porque la serie es una promoción de un canal nacional, del Valle del Cauca.

Si la producción de la serie hubiera estado en manos de un surdo, de esos que hacen cine tendencioso, con seguridad nos habría mostrado con menos saña que RCN.

Por favor alguien que hable con los Ardila.

British exit

British exit

Estuve intentando comprender los argumentos de las partes durante un mes antes de las elecciones del Brexit. Pero me siento demasiado lejano a la City, como para especular con confianza. Así que no alcancé a tener una idea clara acerca de la distribución de los riesgos, de la inconveniencia efectiva, o de la conveniencia práctica. Supuse que los ingleses que se jactan de no cometer idioteces en privado, no incurrirían en una de carácter público. Si fuera ciudadano del Reino Unido, habría llegado a las elecciones sin saber cómo votar.

Pero pasados tres días de las elecciones, en El Tiempo, me encuentro con un artículo firmado por Chris Patten, excomisionado de la Unión Europea para asuntos exteriores, titulado: una tragedia británica en un acto. Y entonces encuentro alguien que finalmente me explica qué significa salirse de la CE, el costo de la desintegración, en medio de una Europa, que frente a la amenaza yihadista, tendría que estar más integrada que nunca para esperar salir con vida.

Para el Reino Unido ningún escenario es más posible, que el de la pobreza durante las próximas décadas. La gente de Escocia e Irlanda del Norte, que votó mayoritariamente por permanecer, no creerá en que se ha ganado mayor libertad, a costa de perder sus trabajos. Abrirse de la CE es abrirse del mercado  con el que el Reino Unido tiene  46% de su comercio y todos los beneficios arancelarios. El triunfo del Brexit parece más un acto de autismo federalista que de inteligencia estratégica.

El Brexit no tendría que haberse llevado a consulta popular.  La discusión sobre la permanencia o no debería haberse evaluado en la academia, el mundo empresarial, el gobierno, el parlamento, los grupos de opinión, los sindicatos, la banca. La naturaleza de la convocatoria no tiene consecuencias vinculantes, aun así nadie pediría que se revocara el resultado de una elección, que además de tener consecuencias desastrozas, terminó por dividir el Reino, respecto a su destino continental o insular.

Los defensores del Brexit en la campaña aseguraron que la salida significaba más ingresos para el Reino Unido, reducción de la inmigración y aumento en los recursos para la salud pública. Un programa populista perfecto para imbéciles, tan perverso como el de Trump o el de Maduro. Ningún gobierno que reemplace al actual, una vez David Cameron se haya ido, puesto que no podía ir a Bruselas a defender algo que no compartía, podrá cumplir lo prometido. Los ingleses tendrán que elegir un primer ministro que administre el Brexit, y que seguramente saldrá de los laboristas, que con tanto empeño apoyaron durante la campaña la desintegración.

Se hizo campaña diciéndoles a los viejitos, a los campesinos, a los mineros, a las amas de casa, a los cesantes, que la permanencia no le servía sino a Londres. Parecería que la campaña la hubiera dirigido Donald Trump.

Creo que los ciudadanos del Reino que votaron por salirse, casi la mitad de la población del Reino, cometieron la peor estupidez, como la cometerían los norteamericanos si eligieran a Trump. La prueba de la equivocación es quienes la aplauden frenéticos: toda la gleba de nacionalismos, toda la derecha, el fascismo, los ultranacionalistas: el Frente Nacional de Marina Le Pen en Francia; la derecha antimusulmana holandesa, PVV; los ultranacionalistas austriacos del FPO, los fascistas de Alternativa para Alemania, AfD.

Triunfó el populismo tropical en el Reino Unido. Las derechas europeas se agitan contra Bruselas. El grito nacionalista de lucha contra el centralismo se levanta en las calles. El futuro económico del Reino es tan oscuro como una tragedia de Shakespeare. La fortaleza de la comunidad continental se ha resentido. ¿El final del reino de Bruslas?

Cuando más cohesionada, organizada, cooperativa se esperaba que estuviera la CE, se agrieta precisamente en todas las fisuras nacionalistas. Si Europa se divide, será mucho más difícil atender un problema de toda  la comunidad, las migraciones sirias. Tendría que tener una fortaleza descomunal frente a la embestida yihadista. Pero se le mintió a los votantes, mintieron los políticos y los sindicatos, mintieron los medios, y dividieron el Reino.

La consigna ahora es: salirse del Reino Unido y volver a la CE. Ayer el Primer ministro escocés se refirió al asunto.

Los ingleses, desde Newton, bien saben que lo único infinito es el universo y la estupidez, y sin embargo cometieron a vistas de todo el mundo, una infinita estupidez. Dios y la Reina se los premie o se los demande.   

 

El museo del libro

El museo del libro

Mi nieto tiene cinco años. Me visitó durante cuatro días. En el día utiliza su tablet, le gusta más que la tele, aprendió a leer y a escribir sin que nadie deliberadamente se ocupara de enseñarle, porque sus padres le leyeron desde que nació. Es capaz de intervenir con su escritura un libro que le deja espacios en blanco junto a las ilustraciones. Una mañana caminábamos por la casa, le mostraba el jardín y el salón de talleres abajo, y la librería. Cuando entramos a la biblioteca de la Casa, un salón oscuro, con muebles oscuros y libros oscuros, dijo: Abuelobatalla, ¿tú por qué tienes un museo aquí?

En treinta años las bibliotecas como reservorios culturales de impresos serán museos. El “museo del libro” estará en una burbuja con temperatura artificial y preservativos, en algún lugar vistoso,  dentro de un centro multilenguaje: una biblioteca universal como la de Borges, que reúne todo lo que se ha hecho y se ha dicho, todo lo gráfico, lo grabado, lo escrito. En memoria de Funes.     

La tarea de digitalización el acervo de las bibliotecas y hemerotecas se habrá puesto al día, aunque la cantidad de información que se producía cuando comenzó el trabajo, se haya duplicado.

Qué tontería esa de estar hablando del “fin del libro”. El fin del libro es el fin del hombre sobre la tierra. Imagino que la expresión apocalíptica se refiere al fin del impreso, de las producciones y reproducciones bidimensionales. La realidad virtual habrá abierto tanto el espacio de banda, hacia mitad de siglo, en los próximos treinta años, y a unas velocidades de ficción, que la lectura tal como la trabajamos hoy, será algo todavía mucho más plural y diverso. Cada lenguaje habrá hecho desarrollos que estamos tan lejos de imaginar, como estaría Platón de imaginar el cine, a pesar de que fue con su adorable mito de la caverna, el primero que imaginó, tal cual, una sala de cine y la situación a su interior.

La lectura alfabética asociada a la enseñanza y uso regular de textos impresos está siendo modificada al paso de la cultura impresa a la cultura virtual. La lectura será la de todos los lenguajes. Una palabra como alfabetización habrá desaparecido, las aulas presenciales habrán desaparecido, y por fortuna, la Escuela habrá desparecido. El sueño jamás cumplido de Manolito.

Y las bibliotecas de papel, que terminarán siendo los “tigres de papel” de la maldición maoísta, serán museos, como el que ya tengo en mi casa. El hipertexto multimodal habrá trazado tantas rutas posibles de comunicación, como rutas imposibles hay en el laberinto universal donde Borges vio en su magnífica ceguera la sombra infinita de una biblioteca.

 

 

La caravana de Gardel

La caravana de Gardel

Confieso que leí con dificultad la novela de Fernando Cruz. Imaginé que con una historia como la que había encontrado, la novela tendría que ser de aventuras, la última de un hombre, de cuyos restos calcinados, rescatados dentro del avión, nadie puede dar certera y definitiva fe. Pero me encontré que la acción se interrumpía, además donde no se podía interrumpir, por las evocaciones y dolores que consternan la intimidad y el pasado de unos personajes, que a mí no me importaban. Yo quería que el novelista me contara lo que sucedió con la caravana. Tenía entre manos un material explosivo, entre la historia, el relato y el mito.

Hoy en Palabra Mayor, vimos La caravana de Gardel, la última película de Carlos Palau, con él. Es un realizador independiente con un historial productivo. Su opera prima, A la salida nos vemos, un film de 1986, es para quienes la recuerdan, una “viva la música” en cine. La primera impresión, al prenderse las luces, es que la Caravana de Palau tuvo que prescindir de toda la interioridad animosa de los personajes de Cruz, para hacerse posible. Lo que la novela cuenta en dos planos, el film lo cuenta en uno. Tuvo que prescindir hasta de las mulas y los arrieros, por los costos. Así que al estilo viejo norteamericano, puso al chofer y al ayudante paisa a andareguear desde Medellín hasta Buenaventura, en un pintoresco camioncito por caminos solariegos, en el que llevan, en un catafalco blanco, los presuntos restos de Gardel. Pero como si lo fueran, Cruz sabe que el mito le da la fuerza a la historia, Palau también.

Es el mejor film que ha hecho Palau. Me concedió la gana de espectador, que la novela no me dio como lector, la gana de la historia. Hay un entramado sobre la circunstancia por la cual el gobierno argentino, comprometido en el asesinato de un senador de la oposición, quiere utilizar la repatriación del mito para ocultar sus porquerías. Pero curiosamente quiere que se lo transporte por tierra, hasta el puerto, y de ahí a Nueva York. Quizá no quería que un nuevo accidente pudiera calcinar los restos calcinados del mito, que como tal podían estar en cualquier catafalco.

Palau, con recursos que le da la novela y suyos, sabe animar el film, darle discreta tensión, sabe hacer creíbles las atmósferas. El robo de los presuntos restos de Gardel, por parte de quienes dicen que los restos son de Medellín. Y el falso matrimonio, como coartada para llevarlo a cabo. Y cierra la película con una virtuosa ceremonia de alabao en Buenaventura. Los presuntos restos de Gardel son conducidos por una procesión de negras y negros que cantan, y una mujer adelante que lleva un retrato de Gardel.

Los actores que hacen los personajes de la tanguería no acaban de soltar, el tango que se bailan es magnífico, pero los diálogos, los tonos, el gesto, eso que le da perfil emocional al personaje, no deja de salir afectado por un aire de teatralidad, como si los actores no acabaran de sentir y comprender que están en una película. El chofer y el ayudante van soltando, van aprendiendo a hablar, como se habla en cine, se van calentando, y hacen que uno se caliente con el film. Más trabajo de actores, una dirección de actores más acentuada, habría conseguido un tono actoral más cinematográfico.

Palau ha hecho su mejor film. Nos ha mostrado lo que puede hacerse con un presupuesto de 250 millones, en digital. Tenía la fortaleza de una novela que se permitió escindir para escribir su guión. Se tomó las libertades que quiso. Pero hizo posible que todos nos metiéramos en una aventura mítica con acento paisa y ceremonia negra. 

 

La tierra y la sombra

La tierra y la sombra

Ganadora de la Cámara de Oro en el pasado festival de Cannes, la película colombiana de César Acevedo, La tierra y la sombra, me asombró.

El premio no es para mí, como espectador, un criterio de autoridad. Es una referencia publicitaria salida de un consenso que ganó el film, que sin objeciones, tiene condiciones competitivas.

Yo, como espectador, lo padecí. Los 97 minutos me parecieron mil. Menos mal que los planos son tan innecesariamente largos, que uno tiene tiempo de ir a buscar un café, y volver a tiempo. La desaceleración no consigue el efecto dramático del recurso, como en el suspenso. La lentitud en el film es un artificio aprendido. No es un recurso fresco que transfiera energía al relato, se la quita. Y no es que tuviera que ser contada a esa velocidad, es que el artificio pesó más que la trama.

Salí con la sensación de que todos los personajes están muertos como en Pedro Páramo, o La Hojarasca. Todos, hasta el niño, son personajes fantasmales, pulcramente planos, inexpresivos, sin rasgos elaborados, casi mudos, sin ningún humor. Parecen campesinos lapones de una secta presbiteriana, más que corteros de caña vallecaucanos. No hay un radio en esa casa, un teléfono, se la ha desprovisto de todo, para que parezca sumida en un pasado artificial, en donde los pájaros todavía cantan. Un pasado que se hizo presente, con teléfonos, ambulancias, servicios de urgencia, Sisben, y la película no se dio cuenta.

En el film todo muere, la tierra, la caña cuando la queman, los pájaros, la casa cuando la cierran, ellos ya están muertos, solo falta Gerardo. Y no es que lo dejen morir por indolencia o ignorancia, es que no hacen nada más allá de lo que hacen los muertos. Es una película que cuenta cómo una familia deja morir a su hijo. Lo dejan morir, se le sientan al lado, oyen sus estertores, no duermen, todos sufren, pero lo dejan morir. No por derecho, sino porque los cañeros se rebotaron, un médico aparece cuando no hay nada que hacer. No fueron eficientes sino para llamar la ambulancia.

La escena que habría sido memorable, la del sueño del abuelo con el caballo, se les fue de las manos. Muy poco hemos progresado desde cuando Mayolo trepaba un marrano blanco en un sofá de terciopelo rojo.

Nos dejaron morir a Gerardo en medio de un cañaduzal, tal vez en otro tiempo, no este, donde con seguridad se habría salvado. Bien que le habría valido a Cesar, hacer su film, como los de Ciro Guerra, en blanco y negro. 

La columna

La columna

 ¿Para qué demonios se escribe un par de columnas a la semana? Una primera razón, por dinero. Muy loable. Pero si no es por dinero, para qué. Una de dos, o se es un desocupado o un publicista de sí mismo. Pero tal vez la razón no sea lo que más importe. Lo que en cualquier caso vale es el efecto. Nadie escribe una columna sin pretender un efecto. Una columna es un golpe de opinión. Así creo que debe ser.

Pero que así deba ser no quiere decir que así sea. En el océano de opinión que se mueve en la red, que a uno lo lean es un milagro. Habrá siempre alguien que lea, quizás sea el último consuelo. Como tal sería un motivo valedero para seguir escribiendo.

Pero hay otro motivo, el de la memoria. Un serial de columnas equivale a un diario de opinión. Un registro del tiempo en que se escriben las columnas. Que mal o bien refleja la forma como el columnista hace parte de ese tiempo, y da cuenta de él.

El análisis de circulación  de una columna se puede comparar con el de un video viral. La viralización tiene tres líneas, lo catastrófico, lo supergracioso, o lo sorprendente. La columna se mueve en tres niveles. El del escándalo local, municipal, con personas que todos los lectores conocen. El de opinión nacional e internacional sobre cosas que conciernen a todos, pero no interesan a todos. Y las columnas especulativas, típicamente editoriales, en donde el columnista divaga con prosa, o sin prosa, por entre los andurriales de la condición humana.

Desde luego que es más atractivo para la mayoría de lectores enterarse de la garrotera en la esquina, que del impacto de la inflación en el empleo, aunque el empleo tenga que ver con todos, y mucho menos, si al columnista se le ocurre hablar sobre las trampas semiológicas.

La única desgracia del que escribe por dinero, a través de un medio con circulación efectiva, es que su columna necesita incluir la promoción, bien por los temas, las indiscreciones, el estilo, el amarillismo, o la inteligencia. Un columnista que no logra una de las gracias editoriales, está muerto. Y más le vale al medio despedirlo.

En fin, escribimos columnas por un reconocimiento las más de las veces tacaño, y por otros motivos confesables, que nos convierten en las víctimas regulares de la escritura de opinión y políticamente correctas.

Deberíamos comenzar a hacer anticolumnas.

 

 

Un monstruo al que le encantaba leer

Un monstruo al que le encantaba leer

 En una columna jocosa, como las que con naturalidad le fluyen a Londoño, que tituló “La maldición de leer”, él, un lector que hojea 947 libros al año, especula sobre el carácter mentiroso de las campañas de promoción y fomento de lectura. Revelación sorprendente, tanto como si se trata de una súbita especulación de columnista sin tema, o de la forma graciosa que adopta la hartera de leer.  

Londoño dice que en las campañas de lectura dirigidas a los niños –presumo que se refiere a todas– se les presenta la lectura como si fuera genial, fácil, divertida, deliciosa, más rica que un helado. Digamos que el dulce de la presentación es un resabio libertario y optimista de las campañas. Y si bien es una trampa acaramelada, reconozcamos que es de buena fe y por una buena causa. Mejor que una causa a lo Fahrenheit 451, para acabar bibliotecas, librerías y periódicos, en una cruzada que intenta exorcizar la maldición.

El problema, más que la presentación,  es que los niños, como Londoño, saben que es una mentira. La propaganda de colibríes y arco iris entre un mar de algodón de dulce, no sirve es cierto, pero algo habrá que darles a los publicistas.

Así que propongo dar un viraje a la forma como se les presente a los niños la invitación a leer. Vamos a decirles, la lectura es una cosa difícil, fácil la tele. No es genial, genial es dirigir una guerra desde la consola. ¿Divertido? Un chico decía en un taller, he leído cinco libros, y no encuentro lo divertido. Y como refuerzo al nuevo programa una consigna: leer es un trabajo. Y aun sin que me gusten los helados, no diría que leer es rico. Y luego les leería en voz alta los subtítulos de una película de terror sin voz.

¿Si los letrados se quejan de la maldición lectora, si se quejan de que ya nada roza su gusto, que han caído en la soledad de los autores, que dirán los iletrados?  Si alguna modernidad nos cabe es la de reconocer que leer es un derecho, aunque siga siendo el lenguaje más arduo y exigente. Cuando no era un derecho, ahorcaban a los negros en Alabama si los encontraban leyendo; o los nazis quemaban a los libros y a los libreros en la plaza pública, como el 10 de mayo de 1933; o los maoístas prohibían toda la literatura occidental. Auténticas cruzadas contra la maldición.

El problema con las columnas amenas es que siempre se escriben para la platea. Un poco de pan y circo no se le niega a los lectores. No sería mala idea que en próxima columna  Londoño especulara sobre  el hecho de que si leer ha caído en el desprestigio de las maldiciones, como las de las gitanas, las brujas, o los presbíteros, qué decir de la escritura. Esa otra insondable maldición que nos obliga a leer. 

Propongo como santo patrón de la neuroteología a…

Propongo como santo patrón de la neuroteología a…

Finalmente fe y ciencia se hermanaron,  en una visión holística, contenida en la nueva neuroteología. Una solución científica a sus conflictos de fe. Pronto ellos serán parte del pasado.

La neuroteología viene en dos presentaciones más, la bioteología y la neurociencia espiritual. Sus principios activos son los mismos y viene diseñada para ser aplicable a anglicanos, judíos, católicos, budistas y ateos. 

Aldous Huxley utilizó el término por primera vez en su novela utópica La isla. La disciplina por él inventada estudia la base neurocognitiva de la experiencia religiosa y espiritual.

Los más modernos equipos de tomografía han ayudado a través del registro de la actividad cerebral, mientras el sujeto de prueba tiene una experiencia reeligiosa inducida, a tener una idea más precisa de los fundamentos biolígicos de la existencia de dios. Si a un fiel de una de cualquiera de las religiones, o a un infiel, se le inyecta un medio de contraste y se hacen secuencias tomográficas de su cerebro en trance religioso, se verá que en todos hay una marcada actividad cerebral en las mismas áreas. El área de dios, que hasta los que no creen, la tienen. Christoper Hitchens, por ejemplo

El desarrollo de la ciencia ficción espiritual de Huxley terminó encontrando en el recurso tecnológico algo sorprendente, que ya había sido anticipado por Nietzsche, durante un trance profundamente místico. Cuando a los voluntarios del estudio tomográfico se los prepara, se les pide que mientras dure la experiencia, oren, hablen con Dios, reflexionen, mediten. Invariablemente se activan los mismos centros del cerebro, de todos los voluntarios, mientras están en el trance. Lo cual llevado a la más simple y llana conclusión, es; dios está en el cerebro del hombre, lo cual no hace que sea menos real.

Nietzsche debió haber sabido algo de neuroteología, ya en siglo XIX, cuando dijo que no había sido dios el que había inventado a los hombres, sino los hombres los que habían inventa do a dios.

Propongo que sea Nietzsche el santo patrón de la neuroteología. 

 

La resistencia en manos de marrulleros

La resistencia en manos de marrulleros

La idea de Uribe de utilizar el recurso de “resistencia civil” es buena aunque en los hechos apenas sea graciosa y artesanal. Pero es buena. No es necesario declararse en estado de resistencia para impedir la aprobación de una ley en el Congreso. Si así fuera, tendrían que declararse en estado de resistencia permanente. Los furibistas, los del primer círculo, hacen la tarea: traen sus carteles tipografiados, salen en fila, rompen el quórum y fuera del recinto hablan con los periodistas.

Creo que es buena idea porque invoca, con la expresión, un recurso que por presión pacífica mayoritaria obliga a derogar o aprobar leyes. Es un recurso popular y pacífico de reforma por acción reprobatoria de mayoría manifiesta. La sociedad civil tiene derecho de hacerse resistente frente a gobiernos que terminan haciéndose contrarios a ella. Es su obligación. De no haber sido porque tantas resistencias se jugaron a lo klargo de la historia, jamás se habría llegado al modelo de “democracia occidental” delque en ocasiones nos jactamos. La historia está hecha de resistencias.

Pero cuando el primer anillo del CD se declara en resistencia civil, más parece un chiste que un acto político. Algo como declararle la guerra a China, u ordenar que amanezca más temprano. Una bancada puede salirse, sabotear, negociar bajo la mesa, cambiar de aliados. Lo que no puede es hacerle creer a nadie que las marrullas del oficio sean resistencia civil.

Ayer Claudia López les dijo a los furibistas, que no se les olvidara que ellos trabajan para todos los ciudadanos, que son quienes los pagamos. Cumplan con su trabajo, hagan lo que tienen que hacer, no roben a la gente. Y desde el CD le respondieron endilgándole cosas peores.

Una propuesta de resistencia civil, hoy, no puede leerse, de otra manera, que como una exigencia de la sociedad civil para que no se firme el acuerdo de paz. Pero abortar el proceso, con todas sus deformaciones, mentiras, mangualas, no es una buena idea. Es más costoso abortarlo que dejarlo nacer.

Al término de un duro proceso de negociación con las Farc, el proyecto de  resistencia civil salido como un recurso de oportunidad, se parece mucho al médico, que en vez de practicar el aborto en las primeras diez semanas, lo hace en la semana 33.


El Cuervo Blanco

El Cuervo Blanco

“Bajé en la estación de Pere Lachaise, caminé unas cuadras y entré a la ciudad de los muertos.”

A Fernando Vallejo es mejor leerlo que oírlo. La vocecita de matrona paisa con que escupe diatribas ciertas y energúmenas, no encanta tanto como la voz del biógrafo con que hace sus magníficos retratos: José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob y Don Rufino José Cuervo.

El Cuervo blanco es la biografía de su santo, el hombre que hizo de la vida, obra: Rufino José Cuervo, El diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana.

El Diccionario de Cuervo es un libro que el mismo Vallejo se pregunta si no será una gramática presentada como un diccionario. Alrededor de esto es mejor que reine el misterio. Aún así, el vigor histórico del libro de Vallejo está en que hace la biografía de un libro, que Cuervo no terminó, no podía terminar.

Por lo demás la biografía de Cuervo es la más aburrida de todas las biografías: un señor ultra católico de buena familia bogotana, rentista, que se va a vivir a Europa, con su hermano Ángel –el otro santo de Vallejo–, a París, donde alquila una casa y una sirvienta, va todos los días a misa, come de manera frugal y durante veinte años se sienta, todos los días, a escribir un libro infinito.

El libro de Vallejo es la biografía del Diccionario. Cuervo es al Diccionario, como Descartes al Método. En realidad son dos diccionarios, uno sintáctico de casos, lo que viene a confirmar la excepción gramática, y el otro, de la historia de la lengua. “Pero ni en la gramática, ni en la lexicografía, ni en la filología se agota Cuervo. Su alma solo se puede medir por el delirio”.

La pretensión no manifiesta del segundo diccionario consistía en clasificar el castellano,  parido del latín, mil años antes. “Cuervo es un desmesurado lo quería todo: la basura y las joyas”.

Vallejo concluye: es un error creer que el Diccionario sea un diccionario porque así lo dice el título. Es una gramática genial. La de un genio que quiso revivir con la lengua, el sueño universal de los bibliotecarios de Alejandría y el de los Enciclopedistas. Cuervo dejó dos tomos, el de la monografía A-B (922 páginas)  y el de la C-D (1348 páginas). El Instituto Caro y Cuervo que abrió en 1942, retomó el trabajo de Cuervo en 1951, un equipo disciplinario de gramáticos, lingüistas, lexicógrafos, filólogos, lo terminó en 1994, 122 años después de que Cuervo hubiera iniciado su Diccionario en Bogotá.

En la introducción de 54 páginas al Diccionario, Cuervo no dice qué entiende por “construcción”. En ocho páginas agrupadas bajo el título de Vocabulario, da una idea de régimen. Un límite que de por sí separa la norma de la excepción.

Por libros como el que escribió Vallejo, la biografía de un misterioso libro sobre la lengua, o mejor, varios libros intrincados y laberínticos, como gustaba a Borges,  tiene sentido leerlo. El tono editorial de su biografía, más que el de un hagiógrafo, aunque reconozca que Cuervo es su santo, es el de un viejo que al fin descubrió a alguien bueno, en la sucia historia de Colombia.

Se queja Vallejo del designio omnisciente de Balzac, él por el contrario, se limita a una modesta voz editorial en primera, que sabe más de Cuervo, que lo que Cuervo llegó a saber de sí mismo alguna vez.    

Ricardo Nixon School

Ricardo Nixon School

Un colegio puede llegar a ser parecido a una cárcel. Un salón puede llegar a parecerse a una celda de paso. Imaginen una celda donde se encuentran gruges, jevis, punketos, emos, skatos, góticos, cuchilleros, darks y soplones. Y piensen en un pobre estudiante de algún posgrado que para hacerse a unos pesos, sin haber sido maestro, de un día para otro se ve lanzado a la jaula de las tribus urbanas para ser su maestro en el Ricardo Nixon School, en Viña del Mar.

Una historia narrada en primera persona, en la que la primera persona al hablarnos a nosotros como lectores, no nos dice lo que ya sabemos, nos cuenta una experiencia personal, única, irrepetible e indeclinable. Sostiene el tono, invitando a quedarse. Aun así es una novela inocente, que no alcanza a escarbar con más tenacidad y valor, en la vida del  aula, palabra con la que los romanos se referían a las “empalizadas para ceremonias”.

Cristian Geisse, el autor, chileno de cuarenta años, muestra un aula demasiado light a pesar de las circunstancias, no se siente tensión en la estadía, no se juegan mayores riesgos, los caracteres no se encuentran, no hay chispa. Es creíble lo que cuenta, pero es inocentemente superficial, rápido, ligero. No alcanza a construir personajes, se queda en un cuento largo.

Alegra la historia, el rapto de fantasía en el aula del Ricardo Nizon, de la misma clase del Rodolfo Canalla, cuando la áultima especie de las tribus urbanas llega al aula, un pero con suéter que un día llega y se sienta en un pupitre como cualquier otro, sin que nadie diga ni haga algo al respecto. El único que parece extrañarse es el profe, que no puede entender cómo hasta los perros son capaces de ir a clase, a su clase. Y como en todos los salones siempre hay una chica que le gusta al profesor, en esta hay una chica que le gusta al profe, que debe hacer un viaje todos los días a los extramuros para atender su clase. Y terminará siendo más incomprensible, que la chica sea inmune a sus discretos requiebros y más bien termine cediendo a los encantos del perro. Es el punto de giro.

Como buen maestros latinoamericano tira el colegio y se emborracha. Es cuando la novela naufraga. Saca al maestro del aula y lo pone en una travesía aleve y tonta, que suena a lugar común de ebrios, a los que las faldas y el corazón les juegan malas pasadas, amen de la lírica pobreza que los acompaña.

Es una novela que recomendaría para que los chicos de la secundaria leyeran. Con seguridad un maestro con imaginación didáctica le sacaría mucho jugo.       

 

 

Del Fin del homo sovieticus a Chupa el perro

Del Fin del homo sovieticus a Chupa el perro

“El hombre rojo no fue capaz de entrar en el reino de la libertad que había soñado alrededor de su mesa de cocina."

Svetlana Alexievich, 1948, periodista ucraniana, ama de casa, una mujer curiosa por naturaleza y valiente. La aguda cronista que ha rastreado la descomposición tóxica del mundo soviético. La cronista del El fin del Homo Sovieticus. Premio Nobel de literatura 2016.

“Chupa el perro”

Germán Garmendia, 1990, youtuber chileno, comediante, cantante músico, escritor, es un hombre que habla muy rápido y tiene el sentido de la interpretación escénica. Es el segundo youtuber más famoso del mundo, el primero en español, 27 millones de seguidores. Chupa el perro, su obra lanzada en 2016, llega a la FILBO.

La primera hace que le auditorio José Asunción Silva, para 1500 personas se llene, y que se habilite un salón adicional para 400 personas, con imagen de video. Una cola desde las tres de la tarde, para asistir a su intervención en ruso, a las seis treinta, de dos cuadras. Casi dos mil personas tuvimos el privilegio de escucharla con callada admiración y distancia escénica. Una conversación apacible y expresiva con Laura Restrepo.

El segundo hace que sus seguidores asalten el coliseo de ferias, ingresen por todas las entradas, compren todas las boletas, abran el mercado de la reventa. Por primera vez colapsa la disponibilidad de ingresos, hubo que llamar la policía, se interrumpió la actividad de la feria. Una invasión de chicos y chicas entre los doce y los 25 años, que fueron a ver a su ídolo, aullaron porque lo aman, dicen que es fundamental en sus vidas, él se comunica con ellos, los entiende, los hace reír, los lee como ellos quieren ser leídos.

Su libro es un libro de autoayuda, con humor y mucho gráfico. Chupa el perro, es un título en clave, que solo los que los aman entienden. Los demás podríamos tergiversar el mensaje original. Como tal tiene dos acepciones: vete al diablo, vete a la mierda. Y un chilenismo que significa, mamada.

Tola y Maruja twitearon: cuando en una feria del libro la estrella es un youtuber, deberían renunciar los maestros, la ministra y los padres de familia.