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Alberto Rodríguez

… uno más del clan de Babel

… uno más del clan de Babel

  Los diálogos de las películas de Antonioni nunca fueron garantía de comunicación entre personajes, ni entre personajes y el espectador, y eventualmente, tampoco con el director.

Igual que en Bergman, Antonioni trabaja sobre emociones, con emociones, que elabora visualmente valiéndose de una gramática, que dicen, fue diseñada por él para él. Una gramática antigua, que privilegia para el cine el valor rotundo y autónomo de la imagen.  A pesar de la vana y porfiada interpretación “culta” del cine de Antonioni que han hecho los “críticos”, el cine de Antonioni no es un programa, ni un modelo, ni siquiera un estilo, es algo distinto, un gran fresco de las emociones ordenadas y desordenadas de la sociedad italiana heredera del Mayo parisino.    Antonioni tenía una preocupación muy acentuada, aún en su vida privada, acerca de cómo es que los seres humanos no nos comunicamos. Deberíamos hacerlo, tenemos lenguajes, codificamos y decodificamos, elaboramos símbolos en común, hacemos acuerdos signados. Pero ni aún así la comunicación concurre para lograr acuerdos universales y ciertos, pactos de especie, reglas éticamente inviolables para todos.   El trabajo de Antonioni se ocupa de su propio demonio: la incomunicación, que se ve en la expresión truncada, apenas sugerida o detenida, en la alusión inconclusa, en la mirada sin acabar, en el corte impertinente y arbitrario. El quiere darle un sentido al efecto de la incomunicación.  Claudia en La Aventura no puede expresar su amor con palabras. En Il Deserto Rosso, Giuliana sostiene una conversación con un marino desconocido en la que el hecho de que no se entiendan parece irrelevante. Blow-Up es una perfecta ilustración de cómo las palabras se substituyen por las imagines de las acciones captadas por un fotógrafo fortuito.  El deseo de Antonioni de encontrar, ensayar, un sentido para la incomunicación, a veces toca lo absurdo. Pero no importa, como Fellini, tampoco él teme al ridículo. Sus personajes no pueden decir lo que sienten, no pueden siempre hacer explícita la emoción, tampoco siempre sienten lo que dicen. Antonioni, un miembro más del clan de Babel. 

El hombre al que deprimían sus películas

El hombre al que deprimían sus películas

                           Ingmar Bergaman nació en 1918, al final de la guerra. Su padre era un pastor luterano que lo castigaba dejándolo encerrado en el cuarto más oscuro de la casa. A los ocho años perdió la fe. “Soy un niño. Ya lo dije una vez: toda mi vida creativa proviene de mi niñez. Y emocionalmente soy un crío. La razón por la que a la gente le gusta lo que hago o hacía es porque soy un niño y les hablo como un niño”. Fue un hombre de seis mujeres y nueve hijos.

                          “Creo que es bueno estar en contacto con el niño que llevas dentro todos los días, en pequeñas proporciones. Poder enfadarte y caminar por la orilla del mar y gritar. Eso es bueno. Y si ves una gaviota mirarte mientras gritas, es maravilloso. De pronto conoces tus proporciones. Ahora tengo 71 años y he hecho muchas cosas pero no he podido hacer todas las que me gustan así que he decidido ponerme a ello. Empezaré leyendo. Quiero leer libros”.

                          El cine de Bergman es para ser visto y escuchado con el corazón y con las emociones. En teoría, no tiene mucho que ver con el intelecto. “Todo lo que he hecho en mi vida ha sido emocional y lo emocional se lo he entregado a mis películas. Pueden crear emociones para la gente que las ve y recibe. Pero no son mis emociones”. 

                          “No soy un hombre de palabras. Las palabras me resultan muy, muy difíciles. He trabajado durante cincuenta años y nunca me he fiado de las palabras”. “Toda mi vida he pensado que los grandes escritores usan las palabras como un abrigo para sus emociones y a veces las palabras pueden ser muy enigmáticas. Estoy pensando en Ibsen o en Shakespeare. He luchado para comprenderles toda mi vida y cada vez que los leo el significado de sus textos cambia. Ser músico es mucho más simple”.

                          Abandonó la carrera de literatura por el cine. “No me siento escritor. Para nada. Me siento un hombre de teatro, de películas. A pesar de haber escrito toda mi vida porque escribí todos mis guiones e incluso he escrito guiones para otros, el hacer películas y hacer teatro me resulta más preciso que escribir porque tiene que ver con mis emociones y yo al público no podría dárselas directamente”.

                          Los Comulgantes (1962), Persona (1966) y Gritos y Susurros (1972) son las películas que Bergman consideraba las más importantes. “Cuando haces una película trabajas ocho horas al día para conseguir tres minutos buenos de material. En el cine no puedes arriesgarte a mostrar ni un minuto malo. En el teatro es más bien un proceso. Si no sale bien, intentamos mejorarlo y cada día sale mejor. Pero el cine es distinto”.

                          “Creo que es muy importante que el cine europeo se defienda del americano, aunque esto tiene mucho que ver con las distribuidoras, y hay tantas decisiones políticas por medio (…). Es horrible depender sólo de películas americanas”

                          “Los buenos directores, sobre todo los genios, tendrían que estar administrando sus sueños y ambiciones en lugar de estar sentados con políticos porque luego no les queda mucho tiempo para hacer películas y eso es peligroso”.  

El perfume

El perfume

                          Jean Baptiste Grenouille nació entre la mierda de un nauseabundo mercado parisino cerca al Cementerio de los Inocentes, a donde desde hacía 800 años llevaban los cadáveres de las parroquias vecinas. A pesar de lo cual era un hombre sin olor, inexistente para sí mismo (lo que no huele no existe), por tanto inepto para tener sentimientos morales y experimentar el amor. Un hombre sin moral que actúa como un científico, que se propone –nada menos que –la captura y síntesis destilada de la naturaleza odorante de las cosas. La condición inmoral y su necesidad científica lo llevan a convertirse en un asesino. Desacertaron tanto el libro y la película, con ese deshonroso y escandaloso subtítulo publicitario, que debería haber sido: El Perfume: la historia de un científico. (Seguramente no habrían vendido tanto pero habrían sido más veraces).     

                     De la misma manera que el hombre perdió la capacidad muscular de mover las orejas, perdió la capacidad olfativa de percibir el aroma de su especie, como determinador directo de la acción sexual. Eso, en particular, que nos distingue de los perros y los burros. La cultura reemplazó el grueso de las formas animales de atracción sexual olfativa, por una sexualidad susceptible a la palabra, la moda, el dinero, la juventud, la simpatía.  

               En 1986 leímos en Colombia la novelita de un alemán desconocido que hizo escupir a la prensa sonoras exageraciones: un monstruo de escritor sin precedentes desde el Tambor de hojalata (Stern). En Francia se dijo que el mundo editorial no se había sentido tan atraído por una novela desde El nombre de la rosa. (Buchreport). Una novela irresistible (Kurier). Una obra de arte estremecedoramente auténtica (Weltwoche). Se le concedió el premio de la American Book Seller Association de 1985. Pero misteriosamente la carrera de Patrick Süskind, se terminó después de dos obras menores, La paloma y El contrabajo. Salió del mundo literario, de la misma discreta y exitosa manera como entró. Desapareció a lo Sallinger. Doce años antes del Perfume, Roald Dahl, en su libro El gran cambiazo, incluyó un mal cuento largo titulado Perra, el perfecto antecedente de la búsqueda del olor perdido. 

                 

                 Grenouille se propone hallar el Perfume del amor. El perfume que sintetiza tras el último asesinato y resulta capaz de provocar una orgía de plaza pública en Grasse, que ya hubiera querido Sade imaginar, y que a ojos de la multitud que espera para crucificarlo, lo hace ver como un ángel.  

                 El Grenouille científico necesitaba experimentar con el cuerpo de mujeres bellas, pero como el método científico no podía ser comprendido por las campesinas francesas del siglo XVII, se vio obligado a matarlas, inspirado en el olor de la primera mujer hermosa que mató en París, casi sin darse cuenta. 

                 De la película de Tom Tykwer – el mismo talentoso director alemán de Lola corre Lola - se pueden decir tres cosas: es de un realismo pictórico que colma la escena de pintura: luz y color. Reproduce con creativo respeto la esencia temática de la novela: el hombre sin olor que busca la fragancia absoluta del amor. Y es un relato rítmicamente encabalgado, no en la serie de asesinatos como en el Nombre de la rosa, sino en el esfuerzo inmoral por hallar la esencia animal del olor perdido.

El espíritu de la pasión

El espíritu de la pasión

  

Los espectadores piden más adrenalina que palabras, el gran mercado del público joven pide acción bruta, movimiento constante, hechos contundentes, violencia, persecuciones, situaciones extremas, pánico creíble, tensión de muerte. El cine “lento”, dialogado, reflexivo, de situación, de dramas sin gritería ni sangre, no son tan vendibles, duran pocos días en cartelera y tienden a volverse joyas de cine club, como las películas de Bergman.

  

Qué decir ahora, que viene Kim Ki Duk, un joven director norcoreano con su película El espíritu de la pasión, que nos atrapa con alevosía, metiéndonos en el cuento de principio a fin, elaborado en un montaje que aprieta la tensión dramática con el recurso de hacer silencioso al protagonista. No tanto bajo la sospecha de que físicamente sea mudo, sino más bien a la manera de esos personajes de Kafka, que no hablan porque no han encontrado todavía qué decir. ¿Para qué hablar?

  

Cuando la acción es significativamente audiovisual, como lo exige el cine y el video, podría uno inclinarse a creer que las palabras sobran. Lo cual nos haría caer en el mismo espíritu perverso de la consigna de los publicistas: más vale una imagen que mil palabras. Más vale una escena que 500 palabras. La palabra en el cine mudo estaba completamente subentendida, y cuando la acción por sí misma no la sugería, se intercalaba un entrecuadro con texto. Pianola al fondo. La palabra en ésta película no está subentendida. No es necesario que lo esté, el protagonista no necesita hablar. La mujer apenas dice algunas pocas palabras al final. El espíritu es mudo, la pasión  lenta sabe esperar.

  

Los dramas en donde las palabras son el protagonista, como en los de Shakespeare,- o para poner dos casos cercanos ¿Quién le teme a Virginia Woolf? y JFK - la acción se tensiona justamente por lo que se dice, aunque lo que se diga sea provocado por lo que se hace o lo que se hizo, sin pasar a ser más que una referencia.

  

El personaje de Kim Ki Duk, es significativamente silencioso como para dar satisfacción audiovisual al valor de la acción.  Su intensidad se refuerza con un recurso de voz, o más bien de falta de voz. Es una película donde sólo hablan los personajes antagonistas: el esposo y el policía. Pero el silencio de Kim Ki Duk, a diferencia del Silencio que hizo Bergman en blanco y negro en los sesenta, no se ritualiza para provocar el estado de suspensión en el espectador. Bergman hizo una película aburridora de principio a fin, porque el silencio se corporiza sólo como rito, algo que sabía escenificar como pocos.  Kim Ki Duk no puede evitar el rito, el de ocupar subrepticiamente apartamentos habitados y vacíos, a través de la historia de un okupa nipón que utiliza el baño, la cama, la cocina y deja lavada la ropa de sus desconocidos anfitriones. Pero el rito silencioso de Bergman es deliberadamente depresivo, mientras que el silencio del okupa, apenas disipado por el golpe seco del palo de golf sobre la bola, es un silencio no ritual que provoca excitación duradera.

  

  

Cioran: alma bendita

Cioran: alma bendita

                                        “Hay entre esos hunos refinados una melancolía hecha de crueldad” 

                                                                                 E.M.Cioran 

                       

                                Suicidio ambiental. El efecto Gore. El fin del agua dulce. Servicio de lavandería. Narcotecnia. Racismo, cine gore. Violencia simbólica indiscriminada. La muerte en vivo – Tesis -. Sexo bestial. Tráfico de órganos. Trata de personas. Asesinato de niños. Muerte a las mascotas. Sida. Genocidio indiscriminado. Mercado negro de armas nucleares. Fin de la era del petróleo. Desaparición de la capa de ozono. Industria de la tortura - Hostel -. Ejércitos de violadores. Teocracias institucionales. Campos de concentración.  Con un “programa” así, cualquiera podría estar tentado a vaticinar el fin del mundo. Un fin trágico y desesperado, que anticiparía socialmente en millones de años la muerte térmica del planeta, cuando nuestro sol se apague. Lo cual vendría a probar sin lugar a refutación que la insólita voluntad aniquiladora de la sociedad supera con creces la entropía del sistema, la desregulación natural del planeta.   

                   

   

                  El “programa” se puede leer como una exaltación malintencionada del pesimismo, como fruto del nihilismo real, como la renuncia a cualquier principio de esperanza, como desconfianza absoluta en el instinto de conservación de la especie. Pero también puede leerse desde su lado positivo: no hay mal que por bien no venga, lo único que no tiene solución es la muerte, la ciencia y la tecnología nos salvarán, la fe es un motor que mueve montañas, el narcotráfico se elimina cuando se legalice la droga, la vacuna contra el sida está a la vuelta de la esquina, la iglesia acabará el celibato y la democracia terminará triunfando. Como en las películas. 

                    

                Tenemos el derecho a leer el “programa” como nos de la gana. Lo que no podemos hacer es desconocer el riesgo letal que se cierne sobre la especie, a causa de que se ha levantado contra el planeta, y en particular, los modelos de producción, que lejos de haber logrado el básico bienestar para la población del mundo, la salud ambiental del planeta, la democracia como sistema único, ha ahondado en todas las diferencias, en la exclusión, la miseria, la cultura de la muerte y en la marginalidad criminal de pueblos completos. 

                       

                        Llegamos a la luna y no pudimos resolver el problema del agua en la tierra. Inventamos un sistema de autodestrucción global y no pudimos controlar a las pandillas tribales, a los paramilitares, a los irregulares, a las maras y a los iluminados del mundo. Asistimos a la apertura de la autopista informática global y los niños del tercer mundo se siguen muriendo de hambre. Tenemos submarinos nucleares de última generación y no resolvimos el problema del pan y los cereales.  

         

                 No es que nos merezcamos una suerte aciaga, pero hemos hecho todo para que así sea.”Habiendo perdido el gusto hacia los seres, en vano me esfuerzo por adquirirlo hacia las cosas” añade Cioran. (Historia y utopía)

“Un orzuelo en el ojo del diablo”

“Un orzuelo en el ojo del diablo”

              Desde el año 863, el concilio de Aix-la-Chapelle ya admite que en los conventos se realizan abortos e infanticidios para tapar las travesuras de frailes licenciosos que no practican el celibato. “El celibato no es esencial para el sacerdocio; no es una ley promulgada por Jesucristo”. Dicho por Juan Pablo II en julio de 1993. San Pedro Apóstol, San Félix, San Hormidas y San Silverio, todos fueron papas, estuvieron casados, tuvieron hijos y además fueron santificados. En el siglo XV la mitad de lo curas estaban casados y eso no les impedía ejercer el ministerio ni evitaba que la gente los reconociera como pastores. 

               El altar mayor, las bóvedas en claroscuro, las pinturas santas. La catedral cerrada. Adentro tres muchachos y un cura. Es hora de la confesión oral, del arrepentimiento de la castidad, de las penitencias anales. Monseñor va a santificar a los parceritos, llamados y pagados por él. Aunque las cajas de limosna están cada vez más diezmadas, algo se consigue todavía con las misas diarias para las prestaciones del cuerpo.

       

 El invento del matrimonio, y por tanto la institucionalización de la monogamia, fue un recurso para saber exactamente de qué padre eran los hijos, herederos auténticos de la propiedad. El matrimonio se instituyó para preservar la propiedad, de generación en generación, para un mismo tronco familiar. La iglesia como pater familia del rebaño de crédulos, necesita asegurar que sus bienes se queden en la orden. Esa es la razón por la cual el celibato, a pesar de los escándalos históricos, se conserva como la más inhumana y aborrecible hipocresía. 

                  Los escándalos absolutamente inmorales desde el punto de vista del catolicismo, la práctica admitida de lo absolutamente prohibido, los biliosos recursos de la carne, que la Iglesia católica ya no puede tapar y que en menos de cincuenta años la habrán convertido en una secta antigua, la están mostrando al mundo como la auténtica puta de Babilonia. El falso celibato, el sacrificio taimado del cuerpo, la contra natura legislación canónica y los orzuelos que se le quisieron limpiar al diablo desde las sacristías, tienen que ver menos que con la intemporal imitación de Cristo, con un sucio y terrenal asunto de propiedad. 

             

               Ingmar Bergman, muerto hace un mes, puso éste epígrafe a su película, El Manantial de la doncella: “la castidad es un orzuelo en el ojo del diablo”.

La venezolanización del intercambio humanitario

La venezolanización del intercambio humanitario

 Uribe necesita bajar la presión nacional e internacional a favor del intercambio, le conviene, pero sin soltar el mango del sartén del despeje. Piedad Córdoba autoproclamada chavista se zafa del estrecho corral del liberalismo parroquial colombiano, viaja a Venezuela y se da un baño de publicidad política internacional con la propuesta de intercambio en la mano. Luego visita a Uribe y permite que Uribe la invista de la condición facilitadora, un cargo ad hoc que la pone a girar en la órbita del gobierno, es decir en la órbita del no al despeje. (Aunque ella desestima completamente el problema del despeje en el proceso de intercambio) Chávez acepta la invitación de la Senadora, se muestra abierto, le conviene participar, queda bien con Francia –a quien particularmente interesa el caso de Ingrid - y se le abre la oportunidad de meterse con legitimidad en el conflicto colombiano. Las FARC, por su parte, encuentran un interlocutor de peso, con el que por más obtusos que sean, se les abre un respiradero que necesitan.    Se ha creado una situación en la que todos estarían en condiciones de ganar tácticamente a nombre del intercambio humanitario, independientemente de que vaya a producirse o no. El ambiente se agitó adecuadamente con la versión de que Ingrid estaba en Venezuela, de que Marulanda pudo haber muerto y la ya vieja versión por la cual el Secretariado, o una parte de él, estaría en Venezuela, según denuncias de miembros de la oposición venezolana.    La desgracia del intercambio sigue siendo que esté en manos de Uribe y las Farc. Ignoramos que tan humanitaria sea Piedad, no se  olvide que es una política y por tanto es lícita una dosis de incertidumbre respecto a lo que de verdad pueda importarle la situación desesperada de los retenidos. Y qué tanto lo sea el Coronel, de cuyos sentimientos humanitarios, a juzgar por el tratamiento que la cancillería venezolana le dio hace un par de meses al caso de una hija con cáncer de Carlos Andrés Pérez – para citar sólo un caso – no podríamos sentirnos con menos incertidumbre.

 Las FARC internacionalmente aisladas, consumidas en el miasma inexorable de su condición de maphiosos con programa, en particular, después del asesinato de los diez diputados del Valle, encuentran en la mediación un aire necesario. Al día siguiente de haberse presentado Piedad en Caracas con su reciente investidura, pidieron a través de la página de Anncol, al gobierno de Chávez, que les abra una oficina de información en Caracas, en la perspectiva de su reconocimiento como fuerza beligerante. Se dice que Chávez y Raúl Reyes ya hablaron a través de lo que Chávez mismo llama el “teléfono negro”.    El mayor riesgo en la operación binacional lo corre el Gobierno de Uribe. Una vez echada a andar la parafernalia humanitaria, Chávez por fuerza de las circunstancias a que lleva su expresa voluntad mediadora, tendrá que tomar una posición, delicada y diplomática, pero que terminará poniéndolo más cerca de Uribe o más cerca de las FARC. Un riesgo completamente previsible para el gobierno colombiano. Uribe previendo las consecuencias, se adelantó en una arremetida política, que coincidió con la llegada de Piedad a Caracas, a calificar a las FARC de “pandilla hitleriana” con la cual no habrá acuerdos para el despeje de un solo milímetro de territorio. (A diferencia de Piedad, para Uribe el no despeje es el punto clave) Para ambientar su posición en el marco diplomático de la venezolanización del conflicto, sacó al Ministro Uribito a la plaza pública, hace tres días en Pradera y Florida, a promover una cruzada nacional contra el despeje. 

A la sociedad civil se le abre una esperanza, a las familias en particular, para quienes cualquier cosa que se haga es útil, venga de donde venga. Aun después de haber sido históricamente defraudadas por el Gobierno y las FARC en el curso de las distintas aproximaciones, que terminaron todas en lo mismo, queriendo manipular el intercambio para obtener ventajas tácticas que repugnan al espíritu humanitario.

La coartada socialista

La coartada socialista


Hugo Chávez bien podría pasar a la historia, sólo por su intento de implantar en Venezuela el socialismo por decreto. Aunque vaya uno a saber en qué consiste ese novísimo socialismo modelo siglo XXI, ultramoderno y actualizado, que el Coronel quiere institucionalizar, por vía de un capitulo constitucional, en la patria de Simón Bolívar. Un socialismo debidamente financiado por el petróleo, por la crisis mundial de combustibles y el rango competitivo de las reservas. Un socialismo que se declara “bolivariano, humanista y cristiano”.


De la misma manera que los ratones cuando ven a los murciélagos creen que es Dios, las sociedades se acostumbraron a creer que el socialismo es el de Felipe Gonzáles, el de Mitterand, el de Tony Blair, el de Michel Bachellet, el de Kirtchner, el de Lula, el de Ortega, hasta el de Fidel y Correa. Cualquier cosa que se diga progresista, populista, democratera y reformista, se tornó socialismo. De la misma forma que en el siglo XIX y XX, cualquier cosa con tintes progresistas y abiertos se llamó liberalismo. El socialismo ha sido tan progresivamente violado en su espíritu, tan desfigurado, tan cuidadosamente enajenado, que posiblemente no lo reconoceríamos si lo viéramos. El proyecto se prostituyó en manos de los liberales que se quedaron sin liberalismo.


El ensayo socialista del Chávez no deja de ser curioso, en tanto en los hechos concentra el Estado, los medios y la propiedad, elimina la independencia de poderes, no reduce la pobreza, ni el desempleo, ni mejora la redistribución social, y desde luego no hace creíble el presunto respeto por el derecho a la disidencia. El ensayo socialista ni siquiera da cumplimiento satisfactorio al programa del liberalismo. Por el contrario, contradice muchos de los supuestos progresistas del Estado liberal clásico.


Aunque el liberalismo como opción histórica se agotó en el siglo XX, los liberales pululan en sociedades que no encontraron la vía para hacerse representar. Ni siquiera eso se logró, pero aún así los liberales sienten el gusto publicitario de camuflarse y confundirse, por necesidad política, entre los pliegues edulcorados de un socialismo portátil, light, de ocasión, que más que un proyecto es una coartada.


Curiosamente la clase obrera en todos estos proyectos de socialismo light no tiene protagonismo de primera página, los partidos obreros ni siquiera existen, los sindicatos no actúan políticamente, no son fuertes, carecen de opinión civil, condescendiendo con la idea liberal de que apenas deben ser palancas gremiales.


El papel rector de la clase obrera en la realización del socialismo quedó como emblema de la nostalgia ortodoxa del viejo proyecto socialista que formulasen Marx y Engels para la Primera Internacional. Eso era válido, dicen los liberales, en el siglo XIX y parte del XX, cuando la clase obrera podía tener un proyecto independiente. La socialdemocratización de la clase obrera fue oportunamente anunciada por Marx y Lenin. La clase obrera, a la que por su condición le es dado conducir a la sociedad al socialismo, debió cambiar su programa por el derecho a tener un lugar más cómodo en la sociedad capitalista. En eso ha terminado la clase obrera, tanto la de los países desarrollados como la de los no desarrollados. Ya no es una clase que pretenda cambiar la vida y transformar el mundo, ni más faltaba, se consuela con cosas más modestas, tener mejores salarios para mejorar su capacidad de compra, participar de las contrataciones, tener más prestaciones extralegales, seguridad social, y cooperativas de consumo en vez de sindicatos independientes.


Reality Show

Reality Show

 La divertida perversidad con que a todos nos atraen los reality shows está en el goce por el riesgo de otros. Eso nos deja participar del riesgo sin correr riego. Para que ocurra se necesita de una especie de pacto sadomasoquista entre participantes y audiencias. Un invento perverso para satisfacer el raiting. Aun así, como programa tiene todo el derecho a emitirse, a pesar de los críticos moralistas del inmoralismo.  El más reciente reality es el de la verdad. Investido de la autoridad tecnológica de la máquina de la verdad, a la que previo al espectáculo los participantes se someten. El juego está en desnudar para las audiencias, las flaquezas, las canalladas, las íntimas miserias, el kitch del alma humana, por dinero. La condición humana, sin más. La verdad que se desoculta sólo tiene que ver con esto.  Para el participante el riesgo es completo. Si dice la verdad, acepta las consecuencias en su vida privada y pública de haberla publicado, pero si miente pierde el dinero. La perversa lógica que tensiona el programa es que los participantes nunca antes tuvieron razones para publicar la verdad por la tolerancia, la transparencia, la aceptación de la culpa, y el perdón, sin embargo en el programa lo hacen - aún a su pesar -  a partir de un millón de pesos.   Un hombre está en condiciones de aceptar los riesgos de la verdad sobre los cuernos que puso a su mujer, si a cambio se lleva diez o quince millones. Con dinero el infierno o la separación son más fáciles de soportar. Una empleada acepta haber traicionado los intereses de su sindicato, exponiéndose a ser expulsada o a una demanda, sin que aparentemente le importe. Con dinero las cosas se hacen llevaderas. Todos los participantes valoran el dinero por encima de la privacidad. La privacidad como la sangre se puede vender, hasta por causas nobles.   El mercado de la verdad satisface a las audiencias, que en épocas del imperio romano eran simplemente el pueblo. El pueblo pide realitys, no por reconocimiento al valor de publicar la verdad privada, sino por el deleite del escarnio. Eso es lo que queremos ver. La verdad del reality es que la verdad no sirve a fines altruistas. Lo cual es una confirmación lamentable pero cierta del alma nacional. Y si lo dudan pregúntese por: la verdad, la justicia, la reparación, el intercambio humanitario, la transparencia de las fuerzas militares.             En Roma los césares propiciaban la carnicería de cristianos a exigencia del pueblo que estaba sediento de espectáculo. Hubo épocas en que tanta era la sed que se quedaron sin leones. Había más cristianos que leones, lo cual vino a ser la peor desgracia para el Imperio. Hoy las programadoras son los césares, los coliseos son estudios y los cristianos fueron reemplazados por los participantes. Son los cristianos – los únicos sobrevivientes del Imperio – los que siguen exigiendo espectáculo.  

En vez de fantasía ortografía

En vez de fantasía ortografía

  Así como el campo es el lugar donde las gallinas andan crudas, la Escuela es el lugar donde los muchachos andan crudos. La Escuela pretende prepararlos, que no es otra cosa que hacerlos adultos: sean serios, responsables y decentes, argumenten, adopten normas, lean, escriban y conozcan el mundo por vía de las ciencias. Pero toda la pretensión escolar está montado sobre una gran paradoja: los maestros no siempre argumentan, la mayoría de veces optan por la autoridad. Las normas se respetan por temor, o se quebrantan por norma. Muchos maestros no leen y no enseñan a leer, y si lo hacen no es para leer la vida, ni siquiera la literatura. Las matemáticas se las enseña como una abstracción en clave, que poco o nada tiene que ver con el número cotidiano. Las clases duran más que el recreo. Los exámenes se hacen para averiguar lo que ignoramos. La nota pesa más que la imaginación. No se enseña a jugar ajedrez, a escuchar, a cocinar, a componer un auto ni a tocar una batería. Y claro, tampoco se le ha ocurrido enseñar a desaprender ni a lidiar con el fracaso.  En vez de disfrutar de un poema, la Escuela es capaz de proponer que lo memoricemos. En vez de opinar nos pide que repitamos. En vez de hacer proyectos arriesgados, que hagamos los deberes en casa. Planas en vez de movimientos de sentido y resúmenes en vez de lecturas deliciosas. El espíritu de Escuela se podría resumir en una sola frase: en vez de fantasía ortografía.    Dos espíritus históricamente malignos recorren la Escuela. La tornan inhóspita, árida y aburrida. Uno, el que obliga a que los estudiantes se hagan para la Escuela, en vez de la Escuela hacerse para ellos, como es su obligación. Tal vez sea mucho pedir. Y el otro, el fantasma moderno de las metodologías. Las teorías del aprendizaje, las metodologías de evaluación, los currículos graduados y los modelos de enseñanza (con el cortejo inaudito de escalas, formatos, tablas, rejillas, índices, coeficientes, indicadores, que comportan) son en general loables inventos de las más lúcidas mentes pedagógicas, que aún a su pesar terminaron interesándose más en el modelo mismo, que en el usuario educativo que debe soportar durante todo un año, o un semestre, a un mal profesor.  

La soberbia metodológica de la Escuela es responsable de su pérdida de significación, lo que ha llegado a hacerla altamente impertinente entre el público escolar. Decía Kant que la educación es el problema más serio que cualquier sociedad puede proponerse. Y, hoy, ese problema pasa por lo que desde hace más de diez años se llama falta de pertinencia escolar. Nadie niega el papel de la Escuela en el desarrollo, en la movilidad inteligente de la sociedad, en la reproducción de la cultura y el avance de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, ese reconocimiento como tal no afecta para nada el hecho de que en la Escuela la autoridad estorbe la creatividad, la normativa la imaginación, la planeación la improvisación, la rigidez la diversión y la metodología la curiosidad.  

Ah y lo más grave: la Escuela ese lugar en donde los rectores andan sueltos.        

Manzanas aisladas y casos podridos

Manzanas aisladas y casos podridos

 

No es que el poder corruptor de la maphia haya conseguido, como un ejército enemigo, infiltrar la inteligencia, la seguridad y el estamento militar, para poner a algunos miembros de las Fuerzas Armadas al servicio del negocio. Es que el poder corruptor encontró en las Fuerzas Armadas el clima y las condiciones de mercado para corromper a quien vaya siendo necesario corromper. La maphia sabe que los militares tienen precio y además tiene la cantidad de dinero para poder comprar los que se necesiten. Quien no tenga precio que tire la primera piedra.

  

Nadie, fuera de las Fuerzas Armadas, sabrá cuántos de sus miembros, de alta, media y baja graduación se han cambiado de equipo sin quitarse el uniforme. Al parecer existiría una simbiosis desarrollada bajo el clima estimulante del negocio, que explicaría el aumento intranquilizante del número de manzanas podridas – según expresión del Ministro Santos – y los cada vez menos aislados casos aislados. De seguir así, cada vez van a ser más aislados los casos de oficiales que no trabajen para la maphia.

   El caso del Coronel Byron Carvajal, el Comandante del Batallón de Alta montaña, que ejecutó la operación limpieza en Jamundí, y que costó la vida a diez miembros del CTI, es un paradigma de la corrupción mafiosa de origen militar. Hoy su ex mujer es el principal testigo de cargo en el proceso. Ha contado que los maphiosos llegaban a su casa con los bultos de dólares para guardarlos. Carvajales hay muchos en las Fuerzas Armadas, casos aislados naturalmente, que en ningún caso comprometen la transparencia institucional. 

La prueba de la transparencia institucional con que la Fuerzas Militares han obrado en todo este proceso tan delicado, es que han sido ellas mismas las que han iniciado las investigaciones y han ordenado los retiros, como si una vez la sociedad civil enterada por los medios, de las flagrancias con que operan los filtrados y los infiltrados, pudiera hacer cosa distinta. La gracia sería que la Fuerzas Armadas hicieran exactamente lo mismo, en situación de que nadie en la sociedad civil se enterase del productivo concubinato de las manzanas.  

Cada vez que se destapa un bulto aparecen más manzanas podridas, seguramente no han sido retiradas ni tan rápido ni tan a tiempo como para que no afecten a las otras. Presuponemos la dimensión corruptora de la maphia y el paramilitarismo, aunque ignoramos la dimensión de las predisposiciones internas que hacen de las   Fuerzas Armadas un organismo tan permeable y corruptible, como el DAS de Noguera o la Fiscalía de Luis Camilo Osorio. Ya no es claro si los sectores permeables de las Fuerzas Armadas están para defender a la sociedad de la maphia o para proteger a la maphia de la sociedad civil. Al paso que vamos, serán los miembros no comprometidos en labores de cooperación con la maphia, los que puedan ser legítimamente mostrados como casos aislados por el Ministro Santos.     

Los jóvenes y la guerra

Los jóvenes y la guerra

 Juan Moreno Blanco

Hay quienes creen que los estudiantes deben tener una intervención bélica en la sociedad de hoy y por eso propician el que un campus universitario se convierta en escenario de enfrentamiento militar. Esa lógica trae las consecuencias que conocemos y deploramos. No obstante, no creo que haya quien argumentadamente defienda la idea de que un puñado jóvenes puedan desafiar al poder.

Es mentira que David volverá a vencer a Goliat, pero esa mentira nadie se atreve a decirla.Lo que no es mentira es que en las guerras los jóvenes siempre han sido instrumentalizados como mano de obra bélica. La ciudad-estado Esparta no les preguntó a sus jóvenes si querían hacer la guerra, simplemente así lo dispuso y desde temprana edad los condenó a vivir como soldados. En la Europa de afiebrados nacionalismos del siglo XIX, la muerte de los jóvenes en la guerra fue glorificada : “…en Francia, el escritor Victor de Laprade, un partidario convencido de la educación física, se dirigía a la “madre” para recordarle que “si tu hijo crece sin llegar a ser un hombre, si se comporta como un afeminado hacia su deber viril […], quiere decir que tu ternura ha orientado mal su alma: si él no sabe morir, tú no has sabido crear”[1]; en Inglaterra “sir Garnet Wolseley declaraba que envidiaba la muerte de los jóvenes soldados y sostenía que “si tuviera diez hijos y todos ellos cayeran sobre el campo de batalla, estaría orgulloso”(Ibid., p. 50). En el siglo XX, los ideólogos del fascismo y el nazismo irán hasta suplantar a la familia y a la escuela para privar a los jóvenes de su juventud y convertirlos en “soldados de una idea”. El día del cumpleaños de Hitler (20 de abril),  esta frase hacía parte de juramento que los jóvenes alemanes debían pronunciar a los catorce años ante la bandera: “Juro dedicar todas mis energías y mis fuerzas al Salvador de nuestra nación. Adolf Hitler. Estoy dispuesto a ofrecer mi vida por él, y a Dios me encomiendo”. En estos periodos europeos, a la juventud se le prohibió pensar y se le prohibió vivir. Había nacido para la guerra y punto.

El Viejo Mundo fue el precursor en materia de niños-combatientes y jóvenes kamikazes.En Colombia se ha tenido la costumbre de ver toda intervención de los jóvenes en  conflictos que dejan resultados mortales como hechos relacionados con el devenir “del movimiento estudiantil”; no obstante, podríamos pensar que una parte de estos acontecimientos también son un capítulo de la instrumentalización de los jóvenes como mano de obra bélica por parte de “grandes ideas”. Un ejemplo de eso son las jornadas de mayo del 57 en que los partidos Liberal y Conservador aplaudieron a los estudiantes, y sus manifestaciones que desataron la caída de Rojas Pinilla, para luego, en el Frente Nacional, convertirlos en villanos. Otro ejemplo es el papel que jugarán los jóvenes en los planes de la guerrilla: “Los años 1966, 67, 68 ven multiplicarse los comunicados y los discursos sobre la estrategia revolucionaria, sobre la necesidad de los famosos “focos” y de la táctica consistente en llevar la acción a las ciudades para “distraer las fuerzas militares de la represión de las guerrillas existentes en el campo”[2].

A través de las décadas, la intrumentalización de los jóvenes para la guerra se ha intensificado. Con el Servicio Militar Obligatorio, con el enrolamiento –muchas veces también obligatorio- en los ejércitos de “las grandes ideas”, con la violación sistemática de las adolescentes en las zonas de fuego cruzado, nuestra juventud está siendo privada de su derecho a vivir su juventud. Con todo, podíamos esperar que los jóvenes que tienen el privilegio de estudiar en una universidad pública, ellos sí, tuvieran el derecho de no participar en la guerra; podíamos esperar que los estrategas de las “grandes ideas” dejaran que al menos una parte de la juventud colombiana no hiciera parte de “su” mano de obra bélica.Esa expectativa, a pesar de la reciente muerte de otro estudiante en un campus universitario, no debe abandonarnos. La universidad existe para que los jóvenes vivan su juventud y no para que mueran.    



[1]Sabina LORIGA, “La experiencia militar”, Historia de los jóvenes II. La edad contemporánea, Giovanni LEVI ; Jean-Calude ACHMITT (Eds.), Madrid, Taurus, 1996, p. 48.

[2] Yvon Lebot, Educación e ideología en Colombia, Editorial La Carreta, Bogotá, 1979, p. 107.

La contradictoria unidad del Polo

La contradictoria unidad del Polo

  ¿Hasta cuándo podrá Papá Noel sostener la unidad del Polo Democrático? El Polo está menos unido que lo que sería necesario. Lo saben dentro del Polo y lo sabemos quienes estamos afuera. La atmósfera política se ha ionizado, la colcha democrática de retazos está polarizada. No es un frente, tampoco un partido. Es una alianza pacientemente anudada entre el extremoizquierdismo infantil, el sindicalismo rojo y pálido, la social democracia tropical, mucho liberalismo, izquierdismo inteligente y demócratas silvestres. Para evitar que la colcha se rasgue es necesario un acto de equilibrismo de autoridad, que medie entre los apetitos de quienes ya han saboreado el poder. Ya saben que una cosa es hacer oposición desde la izquierda y otra cosa es gobernar como izquierda, para bien y para mal. Gobernar es gobernar.  El destino habitual de nuestros movimientos políticos es la división. El Polo quiere seguir gobernando. Garzón está convencido que su alcaldía es el pasaporte a la candidatura a la presidencia. Y tiene razón. El Polo electoralmente hablando pesa más que el Partido Liberal. En estas elecciones tiene una obligación política, volverle a ganar al liberalismo. Eso le significará liderazgo en la oposición contra Uribe, que es de lo que vive. Nunca una oposición había tenido tantos y tan profundos motivos para convertirse en opción legítima.   Samuel Moreno ganó la consulta interna en Bogotá, contra Navarro, Petro y Garzón. Robledo, Dussan y Moreno midieron fuerzas. Fue una división por una candidatura externa. Uno no sabe si Doña Emma es la que funge de fórmula vicepresidencial de Serpa o de candidata a la alcaldía de Bogotá por el Polo. La candidatura importada se debió a que para Navarro y Petro, la Señora es la única que podría enfrentar exitosamente a Peñalosa. Por supuesto que esa división es propia de cualquier organización política. Pero es una división curiosa, basada en la idea de que para ganarle a Peñalosa es mejor una candidata liberal que un candidato del Polo. ¿Juegan a ganador? Quienes votaron la consulta interna piensan lo contrario. Papá Noel jugando a ser neutral no lo hace mal. Quizás el Polo no se divida antes de elecciones. De los resultados va a depender la futura cohesión. Si le va mal habrá muchos más motivos para restregarse el fracaso y propiciar la división. Si les va bien, los cargos, el margen administrativo y de gestión, los tendrá unidos por razones de Estado. Gobernar es gobernar. Hoy las encuestas señalan a Moreno – que era el candidato de López - tres o cuatro puntos por encima de Peñalosa, el candidato de Uribe. ¿Qué estará pensando el “ala liberal” del Polo que vaticinó que ir con Samuel equivalía a perder? Todavía tiene un margen de tres meses para que la historia les de o les quite la razón.  

Literatura y ausencia

Literatura y ausencia

 Juan Moreno Blanco  

De las historias que las literaturas nos narran, comprendemos y recordamos las de personajes que sirven de pivotes de acontecimientos y acciones de intriga. Gracias a que un personaje es así o hace esto o aquello, nuestra caprichosa memoria nos permite reconstruir una historia; yendo de un personaje a otro, podemos comentarla e incluso interpretarla.

Por la fuerza de lo obvio estamos convencidos de que una historia es una red que vincula entre sí a personajes de evidente presencia a los que nuestra imaginación les ha atribuido rasgos más o menos fijos y precisos. No obstante, hay tejidos literarios en que la historia desplegada, además de incluir a personajes de evidente presencia, vincula a personajes que se definen por la condición completamente contraria: su ausencia. Incluso se puede afirmar que hay una literatura que, intencionada o inintencionadamente, ha hecho que nuestra imaginación también le dé un rostro a aquellos personajes ausentes de los que no sabemos nada, o casi nada.

La vehemente evocación de la ausencia de la amada por parte del poeta, muy temprano se hizo tema primordial de la poesía. En el poema “A una mujer que pasa” de Charles Baudelaire, la mujer, fugaz como relámpago en la noche, es aparición e inevitable desaparición: “¡Un relámpago… y después la noche! Fugitiva belleza / cuya mirada me hizo de súbito renacer / ¿No te volveré a ver sino en la eternidad?”

En Paul Verlaine esa mujer que se hace ausencia viene de la inmaterial fugacidad de un sueño. En su poema “Mi sueño familiar”, la mujer está impregnada de la irrealidad –la ausencia- de lo onírico: “Tengo a menudo ese sueño extraño y penetrante / de una mujer desconocida, y que yo amo y que me ama / y que no es, cada vez, ni del todo la misma / ni del todo otra, y que me ama y me comprende”.

Más perenne y corporal es la ausencia de la mujer en el poema “Ausencia” de Jorge Luis Borges: “¿En qué hondanada esconderé mi alma / para que no vea tu ausencia / que como un sol terrible, sin ocaso, / brilla definitivamente y despiadada?”

Más allá de los poetas que escriben sobre la ausencia del ser amado que los agobia hay que mencionar otra ausencia que se ha salido del estricto marco de la intriga literaria para extenderse al plano de la relación entre el lector y el personaje. Esta pareja nace en la lectura, escapa a la subjetividad del autor de la historia y entra a participar en los afectos de las personas concretas, en virtud de la empatía: un personaje literario ha nacido y el lector se ha acostumbrado a él. Sin su presencia algo le faltaría; su ser contribuye a conformarle al lector el universo al que se ha habituado y, de alguna manera, su ausencia le dolería.

Muchas veces el escritor inflige al lector la ausencia de un personaje que se había ganado su credibilidad. Sherlock Holmes desaparece, dejando en una soledad incómoda a su amigo Watson, en medio de la intriga de “El perro de Baskervilles” y al lector con la impresión de que Connan Doyle le juega una mala pasada, Al final de la lectura de la novela comprende las argucias del novelista y consiente la pasajera ausencia del personaje que había llegado a extrañar.

Sin embargo, este artificio de la ausencia no siempre es un recurso voluntario del autor. En la literatura, muchos personajes han sido desaparecidos por mera inadvertencia de su creador, mientras que el lector permanece con la impresión de que le queda faltando alguien de quien no volvió a saber nada. Así, en virtud de las jerarquías que el autor concede a sus personajes, los que podrían ser llamados “personajes secundarios” son dejados a la vera de la novela y convertidos en ausencia, para tribulación de aquellas posibles parejas que, por empatía, se habían constituido entre ellos y los lectores.

Por ejemplo, en “La metamorfosis” de Kafka, la hermana de Gregorio Samsa se espanta al verlo convertido en insecto, entonces nos enteramos de todas las vicisitudes de la experiencia, pero el autor no nos deja saber nada de la experiencia de la hermana que ha encontrado a un miembro de su familia bajo un aspecto monstruoso. Nuestras preguntas sin respuestas son una ausencia que el narrador no está dispuesto a remediar; quizá Kafka desistió de darle más vida a este personaje porque hacerlo le hubiera significado hacer otra novela.

Encontramos otra ausencia (buscada o accidental) en “Cien años de soledad”: uno de los últimos miembros de la estirpe Buendía es un bebé llegado a Macondo en brazos de la religiosa de una institución del lejano altiplano en donde su madre (Renata) lo trajo al mundo. García Márquez nos ha privado de la presencia de esa madre lejana, de quien no volvemos a saber nada. En la novela, los personajes que están lejos de Macondo casi no existen; así, para el lector que se percató de la ausencia de Renata, la novela termina con cabo sin atar.

Quizá en la literatura las ausencias con nombre propio sean tan numerosas que con ellas se podría crear una nueva enciclopedia. Quizá con esos personajes se podría hacer una literatura paralela que le diera una segunda oportunidad de más vida a los protagonistas de la ausencia.   

El Profesor Moncayo

El Profesor Moncayo

 La tragedia del Profesor Moncayo es que el intercambio humanitario dependa de las FARC y del Gobierno de Uribe. Ninguno de los dos puede ser humanitario. Ambos quieren victorias, no sólo Uribe, como le dijo López a última hora. La gesta caminante del Profesor es el recurso extremo de la sociedad civil para hacerse oír, cuando ni el uno ni el otro son sus interlocutores. Un pedido pacífico y efectista a que renuncien a las victorias a cambio de los hombres.    

De cómo un hombre se transforma caminando. Uno es el Profesor que salió de su casa en Sandoná el día del padre. Y otro el que llega a Bogotá. El que recibe al Presidente en su oficina, en una carpa que el Alcalde Garzón le puso a disposición. Un hombre que 47 días después de haber salido de su pueblo ahora se cree más su misión. Los medios y la gente le han hecho el favor de proyectarlo y esa imagen le da fuerza para caminar, para creer, para hablar. ¿Qué va a ser de ese hombre, que de ciudadano padre pudiera convertirse en causa? Una causa espontánea, inocente, sentida, justa. 

De la mera petición para que le devuelvan a su hijo, hoy está el Profesor con el proyecto de una mesa nacional de la sociedad civil para el acuerdo humanitario. Tiene invitaciones de varias ciudades del país y de afuera. Ha apelado al mismo recurso de Gandi y Luther King. Un hombre encadenado, con los pies ampollados, la barba descuidada, con un aura de arrogante humildad. El Profesor Moncayo es el personaje de la obra nacional que resume el sentimiento de desesperanza de las víctimas de un conflicto que los gobiernos no entienden, y que el de Uribe ni siquiera acepta. Como si el carácter terrorista de las FARC le quitara realidad.  

Toda la caterva de oportunistas electorales, de fundaciones pantalleras, el clero, la policía, la defensa civil, el Alcalde, los partidos y los candidatos irán en peregrinación a la carpa de la Plaza de Bolívar   a ofrecer asistencia, recursos, cooperación. Todos los que nunca fueron a la casa del Profesor en Sandoná, vendrán para ser sus aliados. Dios libre al Profesor Moncayo de caer en la tentación de esas solidaridades.   

Pese a todo, lo que más cuenta no es lo que ha cambiado el Profesor tras haber caminado 1200 kilómetros. Lo que más cuenta es la forma como lo ve un país. Mañana podrían sacarle enfermos a la vera del camino. Le pedirían que los tocase, que se dejara tocar. Lo que diga podrá ser creído. Se lo consultará y se lo oirá con respeto. Ya vimos hoy cómo interrumpió el discurso de Uribe, quien descendió de su podio frente a las columnas del Congreso para ir a entregarle el micrófono.  

Las FARC, tan estratégicamente brutas y contrahumanitarias, por supuesto no mediarán para el intercambio del Cabo Pablo Emilio. Si lo hacen rompen una posición política y militar, pero si no lo hacen, le dejan la puerta abierta a Uribe, para que la falta de humanidad de su gobierno pueda ser convenientemente escudada en el argumento de que es la guerrilla quien lo tiene. Pero igual, la sociedad civil ya no sabe ante quién tramitar, si ante el Gobierno o las FARC. El Profesor Moncayo también estuvo en el Cagüan y los jefes no lo recibieron.                              

Un sol en la tierra

Un sol en la tierra

                 ¿Qué va a pasar cuando se agote el petróleo en el mundo? Las reservas actuales no aguantan más de cuarenta años. El mundo se traga mil millones de barriles cada 18 días. Las reservas actuales son de 1.14 de billones de barriles. El barril de petróleo está llegando a ochenta dólares. La demanda por encima de la oferta pone muy nervioso al planeta. Los campos están operando al 98.5% de su capacidad. La frontera petrolera se está agotando. La mayoría de pozos son de crudo pesado – de baja calidad – con un contenido alto de azufre que afecta el ambiente planetario. En los últimos quince años se han destinado 300.000 millones de dólares a exploración y apenas se han descubierto dos campos “elefante”. El 87% de la energía que utilizamos hoy proviene de recursos fósiles no renovables, cuya combustión es una causa del desequilibrio térmico mundial. Para el 2050 la población del mundo habrá llegado a los 9.000 millones. 

                           Para los Estados Unidos - con el 5% de la población del planeta - la crisis tendría proporciones críticas. USA se chupa el 25% del petróleo del mundo. En el período de los últimos cuarenta años su producción bajó de nueve millones de barriles diarios a cinco hoy. Si USA dependiera sólo del petróleo de México y Canadá, tendría abastecimiento para doce años más. Una conjunción de los efectos de la guerra en Irán y Afganistán y un agudización de la crisis de abastecimiento petrolero a mediano plazo, serán el núcleo de una crisis sin antecedentes. Pero la demanda asiática va en aumento. El crudo del medio oriente no va a seguir fluyendo a USA como hasta ahora. La India, China, Japón y Corea del sur están en condiciones de pagar mejor a los árabes su crudo. 

                          

                                USA, Rusia, la Unión Europea, Japón y Corea del Sur, han encarado a partir del 2005 un intento de solución al problema de provisión mundial de energía. Se trata del proyecto ITER (International termonuclear experimental reactor) que involucra 3000 científicos y 38.500 millones de dólares.  Es un proyecto de “ciencia-ficción” que trabaja para asegurar energía al mundo para los próximos cien billones de año. Energía limpia que no utiliza uranio, sino deuterio, sacado del hidrogeno no radiactivo de las aguas de mar. Se trata sin más de hacer un sol en la tierra. Un centro de fusión (integración) atómica que opera con temperaturas de 45 millones de grados centígrados.  De 550 litros de agua marina se pueden obtener 10 gramos de deuterio. Un gramo de deuterio produce 100.000 kilovatios de energía por hora. Una cantidad productivamente superior en cuatro veces al petróleo. 

                                    

Greenpeace no cree en ITER, asegura que es un proyecto incierto, excesivamente costoso, que nos hará perder tiempo precioso para implementar alternativas energéticas posibles de origen solar, eólico y de biomasa. Dice la ONG que no está segura que el asunto funcione, y que si llegase a ser comercialmente viable no lo sería antes del año 2047. Con lo que se está invirtiendo en el proyecto se podría dotar de cocinas solares a 90 millones de hogares y proporcionar electricidad a otros 40. Por lo pronto, con los costos actuales del barril, el Coronel Chávez podrá seguir financiando su proyecto bolivariano de socialismo de exportación. 

Ni verdad, ni justicia, ni reparación

Ni verdad, ni justicia, ni reparación

 Si algo queda en claro es que el Estado no está del lado de las víctimas, más allá de la letra impresa de la ley. Tan no estará que cuando los representantes de las organizaciones de las víctimas fueron a hablar al Congreso, el noventa por ciento de los congresistas se dio la tarde libre, incluidos algunos del Polo y muchos del Partido Liberal, la bancada convocante. 

La ley de “justicia y paz” es la madre de todos los vicios jurídicos con que se ha maquillado la impunidad esperpéntica a que conduce el proyecto histórico de “pacificación uribista” de la patria. Ese es el precio, pero el precio de qué, el paramilitarismo no ha muerto, el aparato aunque reducido sigue en píe, Vicente Castaño todavía anda suelto, reorganizando los negocios con el narcotráfico y reagrupando fuerzas. Sí, la impunidad es el costo que la sociedad civil debe pagar por la paz con los paramilitares. Pero la paz hasta donde va el “proceso” no tiene garantías. La experiencia de las víctimas en otros conflictos da testimonio de las concesiones que entrañan impunidad, aunque en la perspectiva de un desmantelamiento creíble y no de un desmantelamiento táctico.   

 Impunidad moral, jurídica, histórica, material y legal. En Colombia se hizo una ley sobre medidas para los paramilitares a efecto de negociar la desmovilización. El delito se ajustó jurídicamente a la necesidad del cliente. El desmonte, concentración y detención de los desmovilizados, han sido laxas e inmoralmente complacientes. Ralito era una “zona franca” de la estirpe de la Catedral. 

Si lo que han contado los jefes paramilitares es cierto, cómo será lo que no han contado.  Los crímenes – hasta los que según los códigos no son de lesa humanidad – no son moralmente reparables. Y las disposiciones de la ley que enuncian la reparación material, como condición, no tienen dientes ni los tendrán. Es algo más parecido a un chiste malo a costa de las víctimas, que a la voluntad estatal de recuperar todos los bienes saqueados de los paramilitares para devolverlos a las víctimas.    

La impunidad jurídica ha hecho que los paramilitares vayan camino de recuperar sus derechos civiles, para participar en las próximas elecciones. Por disposición de los decretos reglamentarios de la ley, se establece una diferencia entre el delito de rebelión y el de sedición. El primero consiste en intentar derrocar o derrocar el Estado legítimamente instaurado. En cambio, la sedición no pretende el derrocamiento sino la substitución del Estado. Pero tal substitución tipificada, en Colombia no se hizo ni al margen ni a espaldas del Estado legítimamente instaurado. Ahora el Presidente le pide a las cortes que asimilen el concierto para delinquir con la sedición, para que la limpieza de los cargos sea completa y los paramilitares no encuentren obstáculos para hacer su política.  

Donde había Estado y donde no lo había, se hicieron pactos de colaboración con los paramilitares. Fue en esas condiciones que pudieron manejar alcaldes, elegir consejos, orientar el presupuesto, tener contratos, prestar plata, arreglar conflictos matrimoniales y montar escuelas de descuartizamiento humano.  

La impunidad histórica del “proceso” viene por la vía de la restitución de los derechos civiles a los paramilitares desmovilizados, que habiendo sustituido al Estado, ahora el mismo les devuelve sus derechos enajenados, sin que hayan dicho toda la verdad y sin posibilidad alguna de consumar la reparación. No será imposible pues, asistir al espectáculo civil, de Ernesto Báez presidiendo el Consejo Municipal de Aguadas.

Ni fumigación ni manualidades: legalización

Ni fumigación ni manualidades: legalización

 

 Uribe anunció en su discurso de instalación del Congreso un giro a la política del Plan Colombia. Menos fumigaciones y más erradicación manual. Uno podría pensar que diplomáticamente es un doble mensaje, al Congreso norteamericano, para decirle que las fumigaciones no han dado resultado, y al Ecuador, para bajarle presión al conflicto fronterizo de las fumigaciones. El gobierno ecuatoriano tiene toda la razón en estar molesto, Uribe no ha tenido el tacto ni la palabra para manejar el asunto. Con un vecino así, es preferible Chávez.    

Las fumigaciones son un fracaso, lo sabe la DEA, la CIA, el Congreso y el Gobierno norteamericanos, el Gobierno colombiano, Chávez, las FARC, el narcotráfico, y los paramilitares. Y después de que el ex general Daniel Castro se hizo fumigar en una demostración de medios, ya a nadie le puede caber duda. Al general lo ha debido erradicar, sin embargo lo que no hizo el glifosato, lo hizo Uribe dos meses después, lo erradicó por el afair de las chuzadas “legales”. Pero la alternativa, uno no sabe si es un chiste o es porque no hay más que proponer. Recuerden que a partir del 2000 se le metió el grueso de los recursos a las fumigaciones, porque la erradicación manual había fracasado. 

La erradicación manual en condiciones normales es más barata que la fumigación. Pero en condiciones reales, a costos de hoy, sube los costos, porque hay que destinar mucho a protección de soldados, campesinos, mercenarios – antiraspachines - , cubrir desplazamientos y levantar campamentos. Una erradicación manual acompañada por una sustitución automática de cultivos y la distribución de la tierra entre quienes la trabajan, hubiera sido un giro inteligente y posible hace 30 años. En el gobierno de López Colombia ya era el mayor exportador mundial de cocaína.  

Antes de seis meses estaremos escuchando a los funcionarios de las  agencias internacionales y a sectores del gobierno, diciendo  que los cultivos no se reducen, que la coca sigue llegando USA, que es necesario volver a las fumigaciones. El Gobierno ensayará otro giro pero seguirá víctima de una cadena de inútiles alternativas, que no resuelven el problema, porque el asunto no quiere ser resuelto. 

El Plan es un esfuerzo institucional, militar y económico de lucha contra el narcotráfico, que no busca erradicarlo. Porque no optar por la solución fuerte, la legalización, equivale a sostenerlo. El papel invertido del Plan consiste en que en vez de quebrar el narcotráfico, arruinarlo como negocio, darle directo al corazón del mercado, termina cumpliendo el papel de regulador indirecto de los precios favorables en el mercado de USA y Europa. Es inquietante, que sean precisamente los gobiernos y las mafias los más resueltamente opuestos a la legalización.

Primero amar a la patria, segundo amar a la patria y tercero amar a la patria, por encima de todas las cosas

Primero amar a la patria, segundo amar a la patria y tercero amar a la patria, por encima de todas las cosas

“Veintijuliero” es una palabra que designa a una persona o acto grandilocuente, retórico, populachero, demagógico, promesero, populista, ridículo, impostado. Inmerecida connotación a la fecha patria, pero útil para caricaturizar la mala conciencia de los políticos y los gobernantes. Por ejemplo, es veintijuliera la visita de Uribe y sus dignatarios a San Andrés y Providencia, durante la celebración del veinte de julio. ¡Oh júbilo inmortal!

  La reclamación nicaragüense contra Colombia en la Corte Internacional de la Haya despertó súbitos sentimientos celebratorios en el gobierno, suficientes para que el Presidente y sus Ministros se hayan puesto de punto en blanco para hacer presencia en la islas, por primera vez en un 20 de julio, ejerciendo – según ellos -  un “acto de soberanía”, el lugar común más veintijuliero. Lo malo no es que hayan ido, desde luego, lo malo es que vayan a celebrar la fecha cuando el archipiélago es objeto de una reclamación. Si no hubiera habido demanda no habrían ido. El carácter más político que jurídico de la reclamación nicaragüense no le quita el carácter veintijuliero a la visita; es un acto de patriótica hipocresía, de impostada cortesía para con los isleños, más que de soberanía.  

Un segundo caso. El Presidente anunció en su discurso de instalación del Congreso, la reducción de la fumigación aérea – un mensaje para el Congreso de los Estados Unidos -, no sólo para intentar atajar las consecuencias de la falta de tacto, de palabra y de política, en las relaciones con el Ecuador, sino porque no es una estrategia que sirva. Eso no lo va decir el gobierno, pero entonces ¿por qué más se descartaría dentro de la lógica política del Plan Colombia? Mírese la disparidad de resultados de erradicación de cultivos que manejan la CIA y la DEA, respecto a los optimistas datos del gobierno. Ahora, de hecho, hay menos presupuesto para fumigaciones, tanto por la reducción de recursos, como por la ampliación de los recursos de inversión social. Se desprende de la declaración veintijuliera, que la estrategia de erradicación en Colombia, queda en manos de los soldados, los colonos y los mercenarios. Todos expuestos al riesgo de las minas anti erradicación conque las FARC protege sus cultivos. 

  El Partido Liberal, que no podía quedarse atrás, también hizo gala de su espíritu veintijuliero. Como una forma, en primer lugar, de aquilatar la oposición a Uribe, le pareció prudente proponer la revocatoria de la ley de reelección presidencial, el 20 de julio. Y en segundo lugar, para precaverse contra cualquier tentación chavista de Uribe por atornillarse al poder. Mandaron al Cristico a decir que no más reelección. No fue Gaviria, el que en un escenario distinto al del 20 de julio, saliera a proponerlo. ¿Qué habría dicho López? tendrán que preguntar de ahora en adelante. Pobre Colombia, ahora que ya no tiene quien la haga pensar.

Asedios a le lengua de Cali

Asedios a le lengua de Cali

  

Juan Moreno Blanco

La primera vez que pasé por una plaza muy principal de Cali me asombró no encontrar  la estatua de Bolívar. En su lugar, la estatua del centro de la plaza y la placa del zócalo atrajeron mi curiosidad. Ahí leí por primera vez la palabra “vallecaucanidad”. Desde entonces, la pregunta “¿qué es la vallecaucanidad?” acompañó discretamente las experiencias que me confirmaban la existencia de un ser-estar propio a esta región o a la localidad y del que poco a poco me iba haciendo consciente. La vastedad de esa pregunta y las enormes exigencias de conocimiento de toda índole necesarias para poder responderla me llevaron a ignorarla y a tratar de olvidarla. No obstante, la interacción con el entorno y la consciencia cotidiana de mi propia diferencia cultural me llevaron a pensar que sí hay una forma de empezar a responder a esa pregunta allanándola por un sendero que nos conduce al tesoro espiritual que toda colectividad cultiva: la lengua. De ese asomo de consciencia de la diferencia, la mía y la del otro, vienen los siguientes tanteos sobre la lengua que se habla en Cali.  La voz “chuspa” y su derivada “enchuspar” dan fe de vectores y procesos de formación cultural que anclan la memoria local a regiones del país y del continente. Ese ejemplo de la extensión de la lengua quechua permite deducir que Cali recibió migraciones que le aportaban desde el sur bagajes culturales que no “subieron” hacia otros polos urbanos del país colombiano. Tal vez en otras palabras propias a la lengua de Cali reluzca ese anclaje que da cuenta de las migraciones que nutren la cultura local. Así las cosas, un ejercicio comparativo con la lengua de otras partes de Colombia puede hacer relucir los matices, la edad y el origen de las palabras con que los caleños han hecho y  hacen el “aquí” de la cultura.  Mientras muchos colombianos dirán “escalera” para indicar la construcción fija que permite subir o bajar a otro piso, el caleño dirá “las gradas”. En vez de “las vueltas”, que se utiliza en muchas partes para llamar al cambio que se recibe en una compra, en Cali se dirá el nombre en singular enriquecido con la partícula “de”, que explicita la acción de devolver: “la devuelta”. “El vigilante” o “el policía” de otras partes del país en Cali es “el guarda”. Cuando por una contrariedad una persona reacciona hoscamente ante otra, en la lengua de otras partes del país se dirá “se puso bravo”, “se disgustó”, mientras en Cali se empleará una palabra que de ordinario los no caleños sólo frecuentamos en la lengua de los libros : “se enojó”.  Por ese fenómeno de contraste lexical (que para algunos lingüistas también será semántico), el caleño detecta la diferencia de orígenes de quien le habla. Más aún, el hablante del más allá de la comunidad de habla de Cali puede emplear palabras que le informen a su interlocutor local no sólo de su exterioridad sino también de su pertenencia específica a otra comunidad de habla. Así, si dice “talego” en lugar de decir “bolsa” y “esfero”, en lugar de “bolígrafo”, el caleño podrá concluir que no solamente se las ve con alguien que no es del Valle sino que además se trata de alguien sujeto a la fuerza gravitacional del habla de Bogotá.  A no dudar, hay una fuerza generativa que aflora en la lingüisticidad del habla de toda comunidad y que viene desde lo más profundo de la identidad. En la lengua de Cali la triada “mirá”/ “ve”/ “oís” deja pensar en una especie de umbral de palabras que acusa la pertenencia a la comunidad de habla y que por tener tan íntimo conexión con los intangibles culturales nos resulta, a nosotros los foráneos, tan ajena. A tal punto, que la pronunciación de estas palabras en nuestros labios se llena de segunda intención o nos ridiculiza. Más arcano tiene aún, para la gente de tierra fría, el andamiaje expresivo no lingüístico en que se funda la inmediatez fraterna que une a los hablantes de la lengua de Cali y que se corporaliza en el “vos” o en el “tú”. Me atrevo a pensar que la soldadura de tipo lingüístico que da cercanía casi física a estos hablantes no es sino un acabado formal que completa otra soldadura de tipo visual en que la comunidad se reconoce. En Cali la lengua primero se ve, después suena; los gestos, la cadencia de los movimientos, las miradas, la medida de las distancias, las modalidades de interpelación, el acompasamiento de las casi-palabras, dicen tanto o más que las palabras. Es por eso que los foráneos, que tenemos más afincados los protocolos de acercamiento en las soldaduras lingüísticas, a veces nos sentimos sin recursos para entrar en la lengua de Cali.  Tenemos que reconocerlo: si hay una "vallecaucanidad", las raíces de su idiosincracia van más allá de la cepa de las palabras.