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Alberto Rodríguez

Un negocio entre ricos

Un negocio entre ricos

 El Coronel socialista, en su informe anual a la Asamblea Nacional de Venezuela, pidió reconocimiento de insurgencia para las FARC y el ELN, al gobierno de Colombia. Tres horas después los comentaristas colombianos ya estaban develando la siniestra alianza política entre las FARC y Chávez, en el marco del proyecto global bolivariano. Tienen, coinciden casi todos, un proyecto político para Colombia financiado con petróleo y narcotráfico, el eje Chávez-FARC. De facto Chávez ya dio reconocimiento de insurgencia a las Farc, habla con ellas como si fueran Estado. Para él las pruebas son contundentes: son un ejército, tienen un proyecto, una territorialidad y visten camuflado.  El siguiente paso es abrirles una oficina en Caracas.  

 El negocio es claro. Las FARC le entregarían a Chávez, a Consuelo y a Clara, a cambio de que Chávez hiciera de vocero internacional para el reconocimiento de su condición de insurgentes, como primer paso para hacerse sacar de la lista de terroristas. Hay quienes creen, que aún así, Chávez no se salvó de la cuenta de cobro. Si quería tener un show con las dos señoras, tendría que pagar. Pero qué más da si el barril de petróleo ha llegado al cielo de los cien dólares. Es una negociación entre ricos.  Chávez habiendo conseguido en seis meses lo que Uribe no ha conseguido en cinco años, y no conseguirá mientras sea Presidente, pretende golpear a Bush, dándole un directo en la quijada a Uribe. Los Estados Unidos no quieren que la guerra en Colombia termine, porque su negocio son las guerras.   

La operación rescate estuvo completamente en manos de un oscuro y castrense personaje: Ramón Rodríguez Chacín, - un peligroso cruce bolivariano de Montecinos y José Obdulio - implicado en una investigación criminal en Venezuela. Al momento de recibir de manos de una unidad de las FARC a las dos secuestradas, les dijo: sigan adelante, tengan fe, estaremos pendientes de ustedes. Dicho eso por el Ministro del Interior de Chávez, no hace falta ser un comentarista, para imaginar la manguala, que Chávez siempre negó.   Pero los bocones, aunque causan estruendo, no siempre son eficientes. Se equivocó el Coronel al mostrar las cartas en la Asamblea Nacional, al día siguiente de haber recibido a Clara y consuelo en Miraflores. Se equivocó Rodríguez al haber expresado su sentir político respecto a las FARC, aunque dirá él, si el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua, se refiere a Marulanda, como su camarada y su hermano, qué más da pedirles a las FARC, que tengan fe, para que todo salga bien.  

  Uribe, entre tanto, acompañado de su José Obdulio, del Mono Holguín, y los Santos, apenas si alcanzó a emitir un comunicado de prensa, en el que a falta de cualquier iniciativa política y diplomática, tratándose de un asunto grave de intervención el los asuntos de Estado, vertió un suave chorro de babas santafereño.     

El amor en los tiempos del cólera

El amor en los tiempos del cólera

                       No ha habido un autor más desventurado que Gabriel García Márquez en las adaptaciones que de sus obras se han hecho para el cine y la televisión. Es cierto que siempre ha sido renuente a vender los derechos, lo saben los agentes del negocio que en ocasiones han debido insistir por años. Ninguna de ellas, hasta donde se recuerde, ha ganado el derecho a ser mejor o igual que el libro, si es posible que tal cosa alguna vez sea posible con cualquier película. (Aunque no encuentro otro motivo distinto a la implícita presunción de que -en efecto – lo sea,  a juzgar por la comparación que nos vemos obligados a hacer. Al menos, los que leímos el libro, que apareció en las navidades de 1985).    

 

Aún así, de todas las adaptaciones, esta de Mike Newell, 27 años después, es la que más se aproximaría a eso que esperaríamos algunos lectores-espectadores, una adaptación decorosa.  Una aproximación decorosa, que no obstante deja el sabor metálico de esa barrera entre la lengua del texto y la lengua del cine, que ningún realizador ha podido transgredir. Falta quien, un día venga y descubra al fin, el feliz tránsito entre la poética extensiva del texto y la poética lapidaria del cine. El amor en los tiempos del cólera, podría ser la película que menos desgraciado haya hecho al autor del libro.      

Al comparar las adaptación con el libro, la película termina pagando los costos de la desadaptación, a cuya cuenta van aparar los reclamos y el sinsabor de quienes lo han leído. El infortunio de Gabo es que no ha encontrado todavía el guionista. El guionista que pueda olvidarse del texto literario para hacer su trabajo. Hasta ahora los guionistas han sido incapaces de olvidarse del Gabo, de prescindir del tono marcado de la obra escrita,  para construir su propia obra, así se trate de una adaptación. Los guionistas a los que ha caído en desgracia hacer las adaptaciones, no han encontrado una poética visual propia, independiente, capaz de recrear visualmente la poética de los libros.  

El amor en los tiempos del cólera acierta en la puesta en escena, apelando a una dramaturgia calculada, una dirección de arte atildada, una ambientación fresca y colorida. Shakira ha sobreimpuesto con calidad el tono lírico de su canto a los grandes planos paisajísticos, a las escenas de viaje. Pero aún así, los personajes del film no pierden esa hibrides entre el tono poético de la prosa y el tono instantáneo y rotundo del diálogo, que los condena a no terminar por ganar su independencia estética, que los hace completamente creíbles.    

Las escuetas declaraciones de gusto del Gabo, después de la exhibición en privado de la película, resultan forzadas y comprensiblemente laudatorias. El sabe que una opinión suya en contra, no favorecería  el acuerdo comercial sobre el recaudo de sus propios derechos. Gabo nunca en público ha denigrado de los resultados de “sus” películas, ha sido generoso y respetuoso del trabajo de los otros. No obstante, llegó a decir, que ni un solo fotograma de todas las películas hechas corresponde a la situación tal como la imaginó mientras escribía.  

El amor en los tiempos del  cólera resulta inmerecidamente tacaña con la duración de las escenas, más allá del proverbial conflicto de meter  330 páginas de prosa en dos horas de película. Resulta inverosímil, aunque en el original no lo sea, la calentura de la viuda Montiel, que en medio del estruendo y las explosiones de los cañones de la guerra civil, pueda llegar hasta la habitación de Florentino y soliviantarlo con el ardor frenético de un polvo, que se echan mientras los techos se vienen abajo. Son poco creíbles los ritmos comparativos de envejecimiento de los personajes. Y el lunar central: el casting fallido del Doctor Juvenal Urbino.    

¿Quién piensa en Emmanuel?

¿Quién piensa en Emmanuel?

                             Que desgracia haber tenido razón cuando advertí que de Chávez, Uribe y las FARC, no se podía esperar más que un fiasco. Que desgracia para las familias haber sido birladas. Qué desgracia para la credibilidad del proyecto. Que desgracia para la civilidad de estos países bolivarianos. Todos los actores, al cual más, sacándose los dientes mientras se regalan sonrisas, tomándose fotos mientras conspiran, diciendo verdades a medias en los medios, manipulando información, dejándose los ases bajo la manga.  Chávez tenía preparado el gran show internacional, con invitados de nueve países, hasta su compadre Kirchner había venido del sur. Aviones venezolanos volando el espacio aéreo de Colombia, por el corredor despejado concedido por Uribe. Helicópteros en Villavicencio y comunicación directa con las FARC. Esperaba que todos los medios estuvieran cuando recibiera los tres secuestrados en el aeropuerto de Maiquetía, entonces alzaría a Emmanuel, le estamparía un beso bolivariano y lo levantaría  en sus brazos para mostrarlo al mundo. 

 

Las FARC habrían logrado que su promoción unilateral de entrega de tres de los secuestrados, Emmanuel incluido, les diera aire, prestancia beligerante. El cartel revolucionario de la droga recibido en Miraflores. Un reconocimiento que necesitaban, una visibilidad necesaria, después de cinco años en que Uribe lo ha golpeado, chupándose el presupuesto nacional y la ayuda norteamericana.  

Uribe no estaba para pasar por ausente del show bolivariano de la liberación, del golazo político que le metió Chávez, que parecía haber logrado en seis meses, lo que Uribe no ha logrado en cinco años. Debajo de las declaraciones de garantías para la operación, mantuvo a sus unidades alerta en la zona, con apoyo de sobre vuelos, sin que se hubiera presentado combate. Y de otra parte, disponía secretamente de una carga de profundidad, con la que le dio el puntillazo final al show del coronel socialista. Se apareció en Villavicencio, cuando los garantes internacionales llevaban cerca de 50 horas esperando autorización para ir a recibir a los secuestrados. Fue y les dijo que Emmanuel estaba en el Instituto de Bienestar Familiar, bajo la protección del estado colombiano. Desde luego lo presentó como una hipótesis. Que hizo todavía más ordinaria la maniobra.  Toda la atención de la entrega, por arte de los medios, se volcó automáticamente sobre la identidad de Emmanuel.

¿Quién miente Uribe o las FARC? Los hechos terminaron hablando. Las FARC estaban cañando, y el gobierno utilizó a Emmanuel como el último as bajo la manga, para torpedear la operación. Se guardó la información hasta que tuvo valor político.  Hoy sabemos que Emmanuel es el hijo de Clara Rojas. Las FARC a través de un comunicado de la Agencia Bolivariana, lo reconoció tras acusar al gobierno de haber secuestrado al niño, que a su vez estaba secuestrado por ellas. Las coordenadas nunca las entregaron, porque las operaciones militares nunca se suspendieron. El gobierno denunció que el niño había sido entregado con leshmaniasis, paludismo, desnutrido y con signos de tortura.  

¿Quién piensa en Emmanuel?

La mentira: el personaje del año

La mentira: el personaje del año

 Si hay un típico personaje del año en Colombia es la mentira. La de origen oficial, las que perpetran los medios, las ordinarias de los políticos, las sofisticadas de los círculos académicos, y las que ingenuamente repiten miles de colombianos, todos los días del año. Tal vez la realidad es tan dura, que necesitamos mentirnos para resistir, matizando la crudeza, si tal cosa es posible. Aún así, en la encuesta internacional sobre felicidad, Colombia aparece como uno de los países más felices del mundo. Así somos. Mentir también nos hace felices o la felicidad esquiva la verdad.  Aquí va la lista:

  • Las FARC se proponen tomar el poder.
  • La tragedia del narcotráfico se resuelve sin necesidad de legalizar el consumo.
  • Uribe no tiene nada que ver con el paramilitarismo.
  • La desmovilización de los jefes y los paramilitares rasos desmontó el paramilitarismo en Colombia.
  • Se redujo la pobreza en el 2007.
  • El gobierno de Uribe promoverá la reforma agraria.
  • La educación en Colombia ha mejorado.
  • Lucho Garzón seguirá en el Polo Democrático.
  • La prensa independiente no tiene que temer a la censura.
  • El TLC le sirve al país.
  • La Ley de verdad, justicia y reparación, conlleva veracidad, justeza y compensación.
   

Lobos con piel humanitaria

Lobos con piel humanitaria

 Son las siete de la noche del domingo 30 de diciembre de 2007, y la operación Emmanuel que comenzó hace 48 horas pende de unas coordenadas.  La operación se dirige desde el Palacio de Miraflores. Uribe le dio el portazo a Chávez, por “aprovecharse” de la situación y querer meter manos en la política colombiana. En Villavicencio siete representantes de países amigos, esperan. Desde Venezuela se han movilizados tres aviones y dos helicópteros con las insignias de la Cruz Roja. Los familiares de los secuestrados, por cuenta de Chávez,  esperan en el Hotel Meliá de Caracas. 

Hoy la prensa nacional se ha desleído en entusiastas comentarios, unos más velados que otros, sobre el acto unilateral de las FARC. Fuera de contexto se podría leer que los administradores de los campos de concentración, de repente han sido capaces de una actitud política, por demás inteligente. Que de repente han entendido la validez humanitaria de la liberación de algunos rehenes. Que han comprendido la necesidad de avanzar en el sentido de un proceso de paz. Que el cartel militar de Marulanda, lo que no parece dejar dudas, ha ganado status de beligerancia. Que todos los países, los que hasta hace poco decían que era un imposible moral negociar con terroristas, se han prestado para reconocerlos, hablar, citarse y finalmente encontrase con ellos en “algún lugar de la selva colombiana”.    

Por lo demás, Chávez le ha quitado a Uribe el protagonismo en la publicitaria tarea de liberación. Las Farc hablan con él y no con Uribe. Siete países atienden la invitación de Chávez a ser garantes de la entrega. Los aviones y los helicópteros que recogerán a los rehenes son venezolanos. Estos serán llevados a Venezuela, donde finalmente se encontrarán con sus familiares. No quedan dudas que el fac totum de la operación es nuestro “Coronel socialista”. Él no necesita que lo inviten, no necesita que Uribe lo reconozca como facilitador. Por sí mismo entra en contacto con las FARC, pacta las condiciones, pone a disposición la logística, arma una cumbre internacional en Villavicencio, recogerá los secuestrados y los entregará él, a sus familiares. Uribe lo único que pudo hacer fue autorizar el despeje aéreo para que las aeronaves de Chávez entren a recoger a los rehenes. La lección más que clara: lo que no ha podido hacer Uribe en seis años lo hace Chávez en seis meses.  

El conflicto armado en Colombia, el mismo que José Obdulio no necesita ver por razones doctrinarias, ahora pasa por el meridiano de Caracas. Si Uribe no quería caldo, Chávez le dio diez tasas. Tal vez la inmediata y necesaria solidaridad para con las familias de los rehenes, la sensibilidad de la fecha, el humanitarismo sentimental alrededor del caso Emmanuel, han nublado la naturaleza y catadura de las FARC. Tal vez nadie esté para ser aguafiestas, o hacer de abogado del diablo. Todos queremos que los entreguen, pero no todos confiamos en el “humanitarismo” de las FARC. ¿Por qué no soltar a Ingrid?  

Sería ingenuo que el “acto unilateral” se convierta en un disipador disuasivo de los intereses prácticos de las FARC. La liberación de los tres rehenes, es una forma productiva de trepar  por la cuerda que Chávez les ha tirado. Chávez vino con oxigeno, con prensa, con reconocimiento de status, con apoyo internacional, a poner a los hombres del cartel en la primera plana, a legalizar la necesidad de reconocerlos para tramitar acuerdos humanitarios puntuales en la perspectiva de un proyecto de paz. ¿Quién quita que un proyecto convenido a largo plazo con las FARC dependa más de Venezuela que de Colombia? Lo que sigue será la consecuencia intrincada de un primer acuerdo, que está por conducir a la liberación de tres rehenes. Sin embargo, a esta hora del domingo, después de casi una semana en vilo, las FARC no han entregado las coordenadas a Chávez, eso dice Chávez, para que sus helicópteros –estacionados en Villavicencio desde el viernes - aterricen en un claro de selva a recoger a Clara y a su hijo. 

¿Por qué no liberan a Ingrid?

¿Por qué no liberan a Ingrid?

                     Con la cruzada por rescatar a los secuestrados de las FARC, se han visto beneficiados: la Senadora Piedad Córdoba, las FARC, Chávez y Sarkozy. Uribe y su seguridad democrática son de los menos favorecidos. Los que no se han beneficiado en nada son los secuestrados.                    Chávez finalmente pudo meter las manos legalmente en los asuntos del estado colombiano, gana protagonismo internacional con una causa humanitaria, termina siendo un intermediario oficioso para la liberación de los gringos y sensibiliza a la endurecida opinión venezolana en torno a una buena causa. Su problema, la imprudencia, la falta de tino, que usualmente se lo escamotea su megalomanía.   Sarkozy necesita meter basa en América Latina, necesita hacer notoria su gestión ante la endurecida opinión francesa, gana protagonismo como mediador y apunta a subir unos puntos de popularidad, consiguiendo la liberación de una ciudadana francesa. (Esto en Francia es una fórmula). Su problema es que no conoce las condiciones, creyó que con su intervención - acatada por Uribe - el asunto se resolvería en semanas. Ahora le manda cartas y videos a Don Manuel, diciéndole que si algo le pasa a Ingrid es su responsabilidad.                    La Negra se puso en la palestra, en las primeras planas, salió con el cargo de facilitadora del Palacio de Narquiño, cambió las aburridas sesiones del congreso, por una vitrina internacional, cobró fuerza política ante su propio partido, pasó a ser parte del staff bolivariano de Chávez para la liberación, ganó imagen ante la endurecida opinión colombiana, tanto que algunos comentarista de prensa ya la han metido al abanico de presidenciables para el 2010. (El Espectador la declaró el personaje del año). Visitó en su campamento – arrasado por el ejército unos días después – al viejo Reyes, en un kiosco como los de las cocinas en medio de la selva. Luego con Iván Márquez, en un acto amistoso de distensión se coloca una boina de las FARC, que es algo más que un sombrero, es un símbolo que se cuida de dejar explícito en la foto de Caracas. Los senadores gringos la consultan, las familias de los secuestrados norteamericanos le hacen lobby. Toma un avión, recién posesionada Cristina Kirchner en Argentina, para ir a pedirle ayuda.                  Las FARC volvieron a ser noticia. Internacionalmente se valida el hecho que los secuestrados – prisioneros de guerra según el Secretariado – son un capital de negociación. Chávez les da a las FARC reconocimiento explícito, la página de Anncol gana visibilidad, se legitima el hecho de que los Estados si necesitan negociar con los terroristas. Márquez es recibido en Miraflores. Dos presidentes les hacen lobby. Y lo más importante, la jugada guerrillera, deja ver las maromas, los bandazos de urgencia y las improvisaciones de la política de seguridad democrática de Uriba.                      Ahora tenemos la promesa de las FARC de liberar unilateralmente a tres secuestrados, incluyendo a Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, que las malas lenguas, aseguran que no es de ella sino de Ingrid. Lo normal en este caso es el escepticismo. Las Farc le han mamado gallo a Pastrana, a las Naciones Unidas, a Francia, a España, a Suiza, a la Conferencia Episcopal, a Uribe, hasta a la Cruz Roja. ¿Quién nos asegura que no es una inocentada? ¿A cambio de qué las FARC otorgan una liberación unilateral? ¿Por qué no liberan a Ingrid?                    Ingrid se queda porque es un valor de cambio, que está atado al resultado político que se espera con el “acto humanitario” anunciado. Pero que hay que hacerlo todo, con tal de que los liberen. De acuerdo.         

“Me parecía insoportable vivir sin ella”

“Me parecía insoportable vivir sin ella”

       “Cómo se las arregla uno para  vivir si un ser querido nos ha     

        gritado  en vano:piedad".                            

        Simone de Beauvoir. Una muerte muy dulce  

                               Carlos Framb. Poeta con cara de seminarista casto. Hoy en  la cárcel de Yarumito, acusado por el delito de homicidio agravado contra la persona de su madre. Prefiere que no le digan poeta, aunque tiene dos libros: Antinoo de 1987 y Un día en el paraíso de 1994. “No tengo preferencias para cuando ya no pueda tener preferencias” (Fernando Pessoa) le dice a su hermano, en la carta donde hizo constar que ella quería que la muerte la tomara en la cama y durante el sueño. “Esto fue un acto de amor de dos personas adultas y lúcidas” agrega.                        

                      Su madre le pidió morir. El preparó una pócima mortal, una mezcla de sedantes, morfina e insulina,  que había sacado de un libro. Se la dio a tomar y luego él mismo bebió el resto. La miró por última vez, ella estaba ciega. Se abrazaron mientras se tendían en la cama. El puso en le tocadiscos la cantata de Bach, Jesús sigue siendo mi alegría, y se dispusieron a morir. Cuando Carlos  Framb despertó dos días y medio después  en una cama del Hospital San Vicente de Paul, rodeado de fiscales, abogados, policías y periodistas, pensó al ver toda esa gente: “debí haber llegado al infierno”. Supo entonces que su madre había muerto y que él estaba acusado de homicidio agravado.     

                          El juicio contra Carlos Framb se inicia hoy. De ser culpable el poeta pasaría 30 años en la cárcel. “Morir me resulta fácil (…) no tengo aspiraciones metafísicas, pero sobre todo porque me parecía insoportable vivir sin ella, que se había convertido en toda mi vida”.  El le había dicho de lo bello que sería acompañarla. “Ella no estuvo de acuerdo en que me fuera con ella, pero yo no le prometí nada”. “No hay más vida y más muerte que las propias” grita Fernando Vallejo en El desbarrancadero, en el que el personaje aboga por el derecho a matar a su padre para que no sufra.                       

     

                          El suicido asistido, es un derecho que mientras la iglesia tenga sus agentes en el Congreso, encontrará la férrea “resistencia moral”, con la que se tapa la muy inmoral crueldad católica. Si a Framb lo condenan por homicidio, lo habrán condenado por un acto de amor que no se consumó del todo, porque Iván, su hermano, alcanzó a llegar antes de que él muriera. La vida no quiso que muriera, a pesar de lo hermoso que hubiera resultado. Pero también la vida lo pone ahora la borde de una condena, no por haber cometido un crimen, sino por haber consumado un acto de amor definitivo. Framb no reconoce haber cometido ningún delito, lo hice por amor “sin odio, sin armas, sin violencia” a la manera de cómo Albert Spaggiari, el ex mercenario francés, lo reseñó en un graffiti, tras el robo del Banco de Niza.  

La prueba Elisa de la literatura

La prueba Elisa de la literatura

                 Separar la obra de un autor de su posición política, es deshonesto y sobre todo tonto, dice Margarita Valencia en su columna de Arcadia (#26), amparándose en George Steiner. Me pareció un refrito de grasa saturada, eco de una vieja discusión por allá de finales de los sesenta, que hasta donde creí se había cerrado por motivos literarios. Si se tratara de ser completamente honestos y juzgar la calidad de las obras, por las posiciones (acertadas o equívocas) o la falta de posición política de sus autores, el ejercicio nos llevaría a descalificar toda la literatura.                  

 

                                Russeau, para comenzar, no resistiría la prueba. Gorki, tampoco se salvaría. Cuántas veces le pidió Lenin que mantuviera la boca cerrada. Kipling – a quien Valencia trae a colación – se salvaría si lo juzgan los tenderos ingleses, pero se condena si lo juzgan los sindicalistas hindúes. Ni qué decir de Rushdie. En tierras del Islam estaría perdido. Grass también contaría con el voto encontrado de sus lectores. Balzac resultaría fastidiosamente monárquico. Borges estaría perdido, su transparente reaccionarismo lo condenaría eternamente. El Gaviero tendría que ser juzgado por su inocente monarquismo, por su peor culpa política: la negación aristocrática del presente. Fernando Vallejo resultaría consagrado por los anarquistas y enviado a los más profundos infiernos por las “gentes decentes”. Al mismo García Márquez, se le podría reprochar su liberalismo lopista de otras épocas, o su incondicionalidad con Fidel Castro, según quien lo lea. Pobre Reinaldo Arenas y Barba Jacob ¿Y con eso qué se habría logrado? A lo más, patentar la prueba Elisa para las letras.

 

                            Hacer de la lectura de una obra una lectura entre líneas de las ideas políticas del autor, es perdonable si quien lo hace es un oscuro profesor de literatura contemporánea; no puede hacer otra cosa y la academia se lo patrocina. Pero que un lector común enajene la dicha de un viaje estético, al afán de diseccionar la ideología política del autor (en razón de que son inseparables),    no será deshonesto, pero irremediablemente tonto – con perdón de Steiner, que desde luego decía tonterías -  y peligroso. Qué mal le iría a la literatura en esta dirección políticamente arriesgada. Y si no, recuerden la crítica oficial del stalinismo a la literatura de la época, según cómo hubiese votado el autor en el último Congreso de Escritores, o los juicios de reprobación de las obras durante la revolución cultural china, por razón de las “desviaciones políticas” de los autores.

 

                          Para efectos literarios, es tan tonto insistir en la separación como en la fusión, porque la literatura no es “el espejo del alma política del autor”. ¿Qué coños nos interesa el alma política del autor, si la obra es reveladora, exultante, conducente, intensa, recordable? ¿Qué pasaría con el juicio literario  de la obra de aquellos autores desconocidos, sin antecedentes, de los que apenas conocemos su obra? Qué jartera que para ser honrados tuviéramos que leer la biografía antes de la obra, como si estuviéramos en el noveno grado.                          

                         Me temo, que  la columna de Margarita (que en realidad fue escrita para hablar de sus libros favoritos de Kipling) le podría llegar a gustar a Hugo Chávez. Esperemos que no haya leído Arcadia.                              

Los desnudos de Veracruz

Los desnudos de Veracruz

        

Sobre la Avenida Juárez, en un flanco del Palacio de Bellas Artes- que pesa 87.000 toneladas y se hunde seis centímetros anuales – todos los días a las diez de la mañana se encuentran los “Campesinos del movimiento de los 400 pueblos”, que protestan desde hace cincuenta y cuatro días, en su última temporada, (comenzaron a hacerlo hace cinco años) por el despojo de sus tierras. 

Algunas mujeres completamente desnudas, indias, cobrizas de pelo negro, se pasean tranquilamente entre los transeúntes, repartiendo octavillas informativas. Los manifestantes desnudos son 130 ese día. Apenas se cubren los genitales con un afiche a color y del tamaño justo, con la foto del Senador Dante Delgado, a quien responsabilizan del saqueo de sus tierras cuando era gobernador de Veracruz.  

Al son de un gran tambor rítmico y repetitivo, avanzan en una danza ritual en la calle; cuando cambia el semáforo se la toman y cuando va a rojo retornan. El tambor no cesa. Llevan pancartas como las de los obreros norteamericanos, textos impresos, adheridas a madera que soportan con parales. Todo el tiempo se mueven. 

El Senador Dante Delgado que apoya a Felipe Calderón, no ha respondido a las demandas de los desnudos de Veracruz. El Senado tampoco. Presidencia no les ha dicho nada. Pero se les respeta el derecho a que vayan todos los días hábiles a protestar. 

Todos los hombres van ataviados con máscaras de caucho que imitan la cabeza de Dante, de Calderón, de Fox y de Salinas. Las máscaras de una dinastía, que según ellos sigue practicando el muy mexicano arte del despojo de tierras. Los veracruzanos han esperado más de quince años para protestar de este modo, primero interpusieron alegatos jurídicos y los perdieron, apelaron a los recursos de ley, pero la ley no ha sido hecha ni por ellos ni para ellos.  

La desnudez con que los seres humanos impresionamos en privado a otros seres humanos, se ha convertido en la esquina de Bellas Artes, en una desnudez sin intimidad, es decir una desnudez pública, que atrae a paseantes, locales y turistas, que les hacen fotos, como a los aztecas que bailan emplumados, también al ritmo de los tambores, en el Zócalo, para una vez terminado el espectáculo pasar el sombrero. 

       

          No es exactamente una celebración corpórea a los dioses, es una imprecación urbana por sus tierras perdidas. (Tal vez una mentalidad demasiado urbana ya no logre comprender esto). Es una advertencia urbana con el cuerpo. Más que la palabra, el cuerpo simple, desnudo, colorido. Lo único, que por cierto, les han dejado. Lo que se celebra con esa desnudez de avenida, ya no es  algo por lo cual el cuerpo se haga más grande, más digno, más sensible. Los cuerpos morenos, despojados urbanamente del erotismo con que se cargaría su exposición en otras condiciones, son ahora instrumentos para sostener un prolongado movimiento monorítmico que escenifica la protesta, reemplazando la voz.  

         

              A la manera de los méxicas prehispánicos que invocaban con la danza, más que con la palabra, la audiencia de sus dioses, estos desnudos de Veracruz  podrían preguntarse: “De manera  que es aquí donde será, puesto que vimos lo que nos dijo y ordenó Huitzilopochtli” (Crónica Mexicayotl).  

              Los cuerpos se han convertido en vallas humanas, soportes de íconos contra los cuales se protesta, instrumentos publicitarios que en su momento produjeron primeras planas, pero que poco a poco se están convirtiendo en un espectáculo callejero, que cuando usted vaya a México, no puede perderse.                     

Nicolas Gómez Dávila: de la demofobia a la biblioteca

Nicolas Gómez Dávila: de la demofobia a la biblioteca

Juan Moreno Blanco

Los “Escolios…” tratan una gran diversidad de temas; éstos son, sin embargo, limitados. Si se hiciera su inventario se empezaría a dibujar el perfil intelectual de su autor y el ámbito o contexto que escogió para abrirse paso con sus tesis, ideas y afirmaciones. Por ejemplo, el tema de los méritos de la humanidad (“Pocos son los países que no merecen que un tirano los gobierne”, Sucesivos E…, p.168); el optimismo (“Deprimente, como un texto optimista”, Sucesivos E…, p. 166); la ridiculización de la política (“Los partidos políticos no se disputan hoy por los programas. Se disputan, al contrario, los programas”, Escolios…, Vol. 2, p. 183). Se podría decir que no hay un tema al que el autor haya concedido más importancia que a los otros sino que todos están sabiamente dosificados para lograr, como en la técnica pictural pointilliste, un paisaje temático total sin centro pero con coherencia global. Empero, podríamos tratar de concentrarnos en una pareja de temas que parecen corresponderse y alimentar conjuntamente una coherencia local. Es el caso de, por un lado, la aversión de Gómez Dávila a las multitudes y a lo que de ello se deriva y, por otro, el culto de la experiencia individual de lectura en el refugio de la biblioteca.

La biblioteca y la experiencia de lectura en ella es asociada con frecuencia al aislamiento social. Parece un dispositivo de protección contra el “mundanal ruido”. Así lo menciona Jorge Larrosa a propósito de la decisión de Michel de Montaigne de retirarse del mundo para estar solo con sus libros:“Las paredes de la biblioteca querían ser una barrera de protección tras la que mantenerse a distancia: un dique firme edificado contra un mundo que no era sino variabilidad y simulacro, una muralla erigida contra la usura del tiempo.”[2] Este aislamiento vivido por muchos escritores de diferentes épocas y culturas es una elección personal que no necesariamente es presentada como un valor contra algo o contra alguien. En contraste, en Gómez Dávila, aunque no encontramos la afirmación explícita de ello, pareciera que la biblioteca se presenta como un contrapeso que la experiencia logra salvar del “peligro” de lo común o lo masivamente compartido. En el espacio/tiempo de la biblioteca la experiencia-mundo es radicalmente opuesta a la experiencia-mundo en vecindad con le démos, el más de las gentes, el pueblo, la masa. Gómez Dávila cree que cuando los hombres se juntan el resultado es que la identidad individual se pierde y con ella la lucidez y el buen criterio : “Los hombre, en su inmensa mayoría, creen escoger cuando los empujan” ( Escolios…, vol. II, p. 224). La masa comporta ausencia de belleza, de suerte que por defensa de la belleza habría que repudiar a la masa: “La definición de densidad demográfica óptima debe darla la estética” ( Escolios…, vol II, p. 219). En la masa las calidades humanas se pierden: “La presión demográfica embrutece” (Sucesivos…, p. 142). Tras la masa se pierde la dignidad: “El individuo se declara miembro de una colectividad cualquiera, con el fin de exigir en su nombre lo que le avergüenza reclamar en el propio” (Escolios…, vol. II, p. 142). En las antípodas de esta experiencia junto al Otro amorfo que se confunde con la masa, el ser vive la soledad que se parece a una plenitud: “El espíritu es el florecimiento del silencio y de la rutina”, “Tedio es el antónimo de soledad” ( Escolios…, vol. II, p.213). Y ese lugar en que la soledad revive al hombre y le da su lugar en el mundo es la biblioteca: “El ‘elitismo’ (como dicen hoy los imbéciles), es el principio de base tanto de las instituciones como de las bibliotecas” ( Nuevos…, vol. 2, 119).

Pero, para Gómez Dávila, la biblioteca, donde se vive la experiencia de la soledad, no es un valor en sí. Ella tiene valía porque es en ella donde se perpetúa lo único que se salva del espíritu humano: los saberes que vienen de los pisos antiguos y lejanos de la Europa occidental: “Las ideas de menos de mil años no son totalmente fiables” (Nuevos…, vol. II, p. 86); “No leer sino latin y griego durante algún tiempo es la única manera de desinfectar el alma” (Nuevos…, vol. II, p. 115); “Suprimir la enseñanza de los lugares comunes que abundan en las letras latinas y griegas es privar al hombre del alfabeto de la sabiduría humana” (Nuevos…, vol. II, p. 177). Y el legado euro-occidental no tiene que ver nada con las prácticas de comunicación aural (frente a frente), en que la palabra se impregna del evento y sus coordenadas presentes, más bien su perpetuación se da mediante la comunicación diferida que se hace mediante el libro, tesoro de la biblioteca: “El hombre no se comunica con otro hombre sino cuando el primero escribe en su soledad y el otro lo lee en la suya. Las conversaciones son divertimentos, engaño o esgrima”; “El libro nos permite evitar la conversación con los discípulos” (Nuevos…, vol. II, p. 88 y 83). Gómez Dávila es pues un sujeto cultural cuya existencia sería imposible fuera de la Galaxia Gütemberg, es decir, de la cultura letrada. Su desconfianza ante la palabra en situación de comunicación frente a frente y ante el ser común y corriente cuya cultura es tan diferente a la suya, lo lleva a ver en la biblioteca el centro del espíritu humano y en el libro el único medio de salvar lo que en la historia merece ser salvado. Más allá de las orillas de esa cultura marcada por la letra, el mundo no existe.


[1] “Démos”, pueblo; “fobia”, aversión.

[2] Jorge Larrosa, “El laberinto y el río (Montaigne en su biblioteca)”, La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación, FCE, México, 2003, p. 316.

La colombianización del negocio mexicano

La colombianización del negocio mexicano

 El negocio de la droga es transnacional por naturaleza. Los ritos de violencia local que impone, las complicidades políticas que necesita y las rutinas logísticas propios de la oferta subterránea, son las mismas aunque se trate de distintos países. El  narcotráfico mexicano revive con saña y fuerza, el modelo del narcotráfico colombiano, que en los últimos 25 años creó un modelo de negocio, que infiltró a la guerrilla, al Estado y al paramilitarismo, y que expandió sobre la sociedad civil, una bocanada de conductas y símbolos agresivos.  

La narcocultura: una forma de referirse al efecto global del negocio en la sociedad civil, se levanta sobre una red de complicidades culturales, sin las cuales el negocio no tendría de dónde agarrarse, no tendría como hacerse histórico. Si bien nadie en público defiende o patrocina las actividades del narcotráfico, con las que de paso se sataniza hoy a cualquiera, aunque no tenga que ver con el negocio, en privado y clandestinamente, se refuerzan las amarras de complicidad con los ejércitos del mercado negro. El narcotráfico produce una simbiosis de aceptación comunitaria, en la medida en que da trabajo, hace fluir el dinero, valoriza a los muchachos dándoles un lugar remunerado en sus ejércitos (en México la edad promedio de los sicarios es de 17.5 años) y además abre oportunidades de movilidad al consumo - participación adquisitiva - entre sectores nada despreciables de la población que no deben nada a los partidos ni al Estado.  

El narcomodelo colombiano ha hecho carrera en México, es cierto, con una fuerza explicable por las tensiones del mercado en la frontera con USA, el mayor consumidor en el mundo. La guerra en México, podría llegar a ser más dura y prolongada que lo que ha sido en Colombia. Mientras la tasa de ganancia se sostenga la repartición violenta será la ley. Los socios naturales del narcotráfico mexicano son los colombianos, que necesitan de la expansión, como forma de sostener el mercado directamente o a través de alianzas. Pero las alianzas siempre entrañan muerte.  

En el 2007 el índice de muertes por los negocios de narcotráfico en México subió un 22%. Para quienes descreen de las estadísticas esto equivale a 2514 ejecutados. Los tres focos principales de las vindictas están en Sinaloa, Guerreo y Michoacán. Como en Colombia, es un negocio que surte para todos, por lo cual engendra un espectro muy grande de conflicto. El Estado aunque oficialmente lo combate, no puede impedir que miembros de las distintas ramas y fuerzas adhieran por lucro. Dando vigencia criminal al principio clásico de sostenibilidad histórica de la mafia. Aún así el costo de víctimas entre los miembros de las fuerzas armadas va en este año en 197.  

La mafia, en Colombia, en México o en cualquier país, necesita Estado. Las armas utilizadas en la mayoría de los asesinatos en México son de uso exclusivo del ejercito: nueve y 7.62 milímetros (cuerno de chivo). La violencia ha tocado a los 32 estados.  

Pero el Estado mexicano como el colombiano, compartiendo esa bochornosa, hipócrita e inútil posición de “combate frontal” contra el narcotráfico, apoyada por las exigencias inmorales de las certificaciones de la Casa Blanca, no sólo no logran frenar el narcotráfico, sino que por el contrario lo estimulan. Cualquier medida que afecte el sistema de distribución por acción represiva de las autoridades, no hace más que ayudar a subir los precios en las calles de USA. Y a ambos estados, lo único que se les ocurre es aplicar más fuerza. Y para eso, la fórmula mágica es subir impuestos. Se calcula que cada 24 horas los mexicanos tributan un adicional de 453.872 pesos para mejorar la calidad de los operativos de la Policía Federal.  

El Estado mexicano, si de verdad quisiera darle un golpe cierto y mortal al negocio, debería estar promoviendo un sistema multilateral de acuerdos entre la comunidad internacional, para la firma de un pacto de naciones por la legalización del consumo. Es lo único que tornaría creíbles, legítimas y efectivas las acciones de una política nacional de lucha contra el narcotráfico, en México y Colombia.    

La miseria educativa latinoamericana

La miseria educativa latinoamericana

 En los últimos exámenes PISA (Programa internacional de evaluación educativa) los países latinoamericanos ocuparon los últimos lugares, por debajo de Europa, Norteamérica y el Asia. En los TIMSS (Programa de evaluación en matemáticas y ciencias) pasa otro tanto. En los PIRLS (Programa internacional de evaluación de competencias de lectura) los dos únicos países que participaron fueron Argentina y Colombia, quedando respectivamente en el puesto 30 y 31, entre un grupo de 35 naciones. Varios países de América Latina (Cuba y Venezuela) se niegan a participar o no dan a conocer sus resultados.  

A los países nuestros les ocurre lo contrario a lo que está ocurriendo en algunos países asiáticos, China, Corea del Sur, India. Ellos están al alza en resultados educativos, de lo que se permiten ratificar la relación entre buena educación y su alta productividad nacional; nosotros estamos a la baja, cada vez peor calificados en resultados de calidad educativa.   

Apenas se dan a conocer los resultados, sale en cualquier país de la región un funcionario educativo con una lánguida e idéntica declaración acongojada y retórica. Vean lo que dijo la Secretaria de Educación Pública de México, Josefina Vásquez Mota: “Hoy recibimos estos resultados sin autocomplacencia, lo hacemos con un espíritu crítico y también de reflexión y de toma de decisiones sustantivas”. (Excelsior, viernes 7, pag 19). He ahí la babosa respuesta de ocasión que podría ponerse en labios de cualquier sustantivo ministro de educación del continente.  

Mientras Finlandia se enorgullece de encabezar por tercera vez consecutiva el listado de países que participan en la prueba PISA (548 puntos en matemáticas) en América Latina, deberíamos preguntamos que pasó con la educación argentina, mexicana, la del Brasil, la colombiana. Todos han hecho en los últimos diez años, esfuerzos notorios en materia educativa, han construido más escuelas, han nombrado más maestros, han abierto bibliotecas, han editado más libros de texto que nunca, han llevado televisión y computadores a las aulas.  

Finlandia invierte 7578 dólares anuales por estudiante de secundaria, México invierte 1377. Más que Colombia y Argentina. Con una desproporción tal de inversión, podría uno preguntarse, si el nivel de inversión educativa no es suficiente para obtener tasas más significativas de calidad educativa. Lo que sugeriría una regla simple: a más inversión educativa más resultados de alta calidad. En esta lógica del costo-beneficio, la argucia está en hacer creer, que la calidad educativa es el resultado directo de la inversión. Si a Colombia y México les fuera dado incrementar la proporción de su PIB educativo, y dispusieran de 10.000 dólares anuales per cápita, la calidad no resultaría inmediatamente, como resultado de un súbito incremento de la inversión.  

 

La UNPF (Unión nacional de padres de familia) de México ha pedido que se aplique a los docentes mexicanos la prueba TALIS (Programa de evaluación internacional de enseñanza y aprendizaje) porque tienen sospechas de que podrían salir peor evaluados que sus estudiantes. Hizo también severas críticas a la política del texto único, de la que dijo “…debemos acabar con esa política que nos hace el hazmerreír del mundo”.       

¿Si usted comprando un voto, pudiera evitar que se vendiera un voto, lo haría?

¿Si usted comprando un voto, pudiera evitar que se vendiera un voto, lo haría?

                  Aunque parezca que la cantidad no cuenta, cuenta, a pesar de tratarse de una pregunta de principio. Si la pregunta se hubiera hecho así, y no de 50.000 a 50 votos, el candidato lo habría pensado. Por un voto no vale la pena ensuciarse. Pero si le dicen 50.000, interpreta sin mayor reflexión que es un mal mayor, como en efecto lo pensó. Y la compulsión de librar a la ciudad de un mal mayor, lo lleva a decir sí, sin dudarlo. Las trampas de la cantidad también surten en la ética.            

      ¿Una equivocación reveladora? Peñalosa contragolpea, diciendo que no cabe la equivocación, puesto que es una pregunta de principio. Uno se equivoca en un cálculo, en una suma, al recordar un nombre, marcando un número, pero no se puede equivocar éticamente. Moreno se equivocó, pero sólo lo advirtió cuando terminó el programa y habló con sus asesores. Así que lo que hizo al día siguiente, fue aceptar que se había equivocado éticamente, lo que parecería no reducir el riesgo, aún tratándose de una situación hipotética.  

                Fue una equivocación la respuesta, no la pregunta. No podría serlo. ¿O es que un candidato no admite dilemas? ¿O es que un candidato no admite hipótesis problemáticas? Por el contrario, es una pregunta interesante, porque obliga a pensar. Y eso hace falta, en particular a los candidatos. Si la pregunta hubiera sido interpretada como un dilema, el candidato Rojas se hubiera negado - aún en situación hipotética - a responder afirmativamente, para vadear inteligentemente la situación a que conlleva una afirmación. Rojas no tuvo tiempo de dudar, por lo que adoptó la rápida alternativa de elegir un delito para contra restar otro. No habría habido escándalo y la respuesta le hubiera dado un rango moral que le hubiera caído muy bien en la última semana de campaña.  

               

                Se necesita ser oblicuo para responsabilizar a la pregunta por la respuesta. Mockus no solamente no se equivocó, sino que acertó al poner a prueba la inteligencia del candidato. Pero a las FARC, a Anncol, y a Voz, la pregunta les pareció  de “mala leche”, propia de un “sofista”, de un “fariseo”, un retórico. Sólo por una mezcla invaluable de mala fe e ignorancia, pueden “disparar” contra Mockus, cuando el que se equivocó fue Rojas. ¿O es que Rojas no está para dilemas morales?  

               

La pregunta es dilemática, no sofística, entre otras cosas porque no hay preguntas sofísticas. Un sofisma es un argumento de verdad aparente, que como tal se enuncia como una afirmación: el agua es buena para la vida, luego ahogarse no es malo. Aquí lo único de mala leche, es la impugnación corrompida a la pregunta, que representa la históricamente peligrosa oposición al pensamiento, a la inteligencia. Se hace necesario defender una respuesta equivocada, increpando la pregunta, lo que a la postre – para hacer mucho más estúpida y obvia la maniobra política de respaldo – pone a Rojas contra las cuerdas. Porque hay dos adhesiones que en este país nadie soporta públicamente sin consecuencias adversas: la de Samper y la de las FARC. 

El gángster rojo

El gángster rojo

  China está condenada a ser en el futuro cercano el país capitalista de la peor catadura imperial que haya dado la historia. Y si no creen, vean el perfil: un régimen enfermizamente autoritario, que hizo el milagro de pasar al “socialismo” por la vía capitalista sin una revuelta. Una sola, cuando millones de chinos concurrieron a la plaza de Tien an Men para protestar contra la corrupción y fueron metódicamente abaleados, al punto que como en la masacre de las bananeras, no sabremos cuántos fueron los muertos. Un régimen que para hacer negocios conserva la forma centralizada, hegemónica y cerrada de “Estado Socialista”, de partido único, de dictadura de partido, donde florecen los campos de reeducación (concentración para disidentes), la censura hasta en la Internet , el militarismo rampante, una carrera armamentista desaforada, donde se violan los derechos humanos. Un régimen que autoriza a sus comerciantes a vender veneno a occidente, sostenido por siniestras camarillas de poder, donde el mercado negro tiene su enclave, un gobierno profundamente corrupto, en un país avasalladoramente productivo. 

Burma siempre fue como un país de sueños y bruma. Cuando se convirtió en Birmania cayó en manos de un grupo de matones de Rangún, organizados en una cosa que ellos mismos llaman “junta militar”, matones uniformados que controlan el país, como gángsters chinos un barrio de New York. Un régimen que considera a los ciudadanos propiedad del Estado. El régimen técnicamente, es el más corrupto del mundo. Y se sostiene a pesar de la censura de Naciones Unidas, y hasta de los Estados Unidos, gracias al apoyo chino. 

China apoya militar, política y económicamente los regímenes más corruptos y agresivos del mundo. Es el patrón rico de la pandilla de matones oficiales que manejan sus países como fincas. Detrás de Robert Mugabe en Zimbabue, un gangster africano que trata a su gente como a esclavos, esta China. Detrás del gobierno de ese delirante play boy de campo de concentración en Corea del Norte, que juega a hacer armas nucleares mientras el pueblo se muere de hambre y frío, está China. Detrás del régimen iraní de Ahmadinejad, un tipo que se cree capaz de controlar la vida sexual de sus siervos, está China proporcionando armas, tecnología y dinero. Y lo más criminal: China a cambio de petróleo, entrega cubiertas diplomáticas y armas al régimen genocida de Sudán para la “limpieza” de Darfur. En el pasado los chinos defendieron a Slobodan Milosevic, el carnicero de los Balcanes, y dieron su voto y su favor a Saddam Hussein, el cazador de chiitas y kurdos. 

El mundo debería vetar la realización de las Olimpiadas de Beijing en el 2008.       

El Che

El Che

 Está en las camisetas de miles de adolescentes en el mundo. En los pins de las mochilas escolares. Como calcomanía en los buses y busetas. En las boinas de guerrilleros casposos y de izquierdistas trasnochados de suburbio. En la publicidad de Renault Megane en Francia. En el sello del vodka Smirnof, la familia zarista. Está en el reloj Swatch de colección. En los marcadores Stabilo. Estampado en las matrioskas rusas. En posters que se venden en el piso de las calles y los festivales. En las paredes de las universidades públicas en América Latina. En tatuajes en pectorales, bíceps y nalgas. En cadenas de colgar al pecho, como si fuera un santo. Hasta en una gran valla heráldica en la Plaza de la Revolución de la Habana. En los millones de millones de fotos reproducidas, de la que una tarde de 1960 Alberto Korda le hiciera en un balcón. En miles de páginas web. En las motos de quienes van por el continente. Y en medio de la iconografía gótica del Heavy Metal. El mito del Che ya no es el del “guerrillero heroico”, es más el de una marca del capitalismo. Hasta en las tangas aparece.  

El médico asmático al que la historia puso en México para que se encontrara con el Patriarca. El triunfador militar de la Sierra Maestra. El Gerente del Banco Nacional, el que firmaba los billetes. Al que se le ocurrió que la producción no necesitaba estímulos materiales sino morales, y llevó la economía al desastre. El polemista de Betelheim. El que hizo que tras el colapso se precipitara el cortejo ruso de asesores. El que no pudiendo manejar el conflicto interno con Fidel voló al África, a meterse al Congo como Tarzán. Y luego, como el menos marxista de los héroes corrió a América, su América, para irse a internar a Bolivia. Igual que Butch Cassidy. Traicionado por todos los partidos comunistas, sin recursos materiales, sin la respuesta obrera, sin comunicaciones, diezmados, agotados, el Che se encontró en el ahogo definitivo de su asma. Herido fue llevado a una escuela en donde a la una de la tarde del nueve de octubre, el soldado Mario Terán lo remató de dos ráfagas. El día anterior el agente de la CIA, Feliz Rodríguez, había intentado interrogarlo. 

Hoy a nadie le daría por ponerse una boina para ir a hacer la revolución en Bolivia. Salvo que hablemos de una feminista, anoréxica y radical holandesa, que sueña con internarse en las montañas, para ir a meterse en una revolución en América Latina. Lo más aleccionador del Che, a todas las posteriores generaciones de libertarios, son sus enseñanzas acerca de lo que no se debe hacer. Sus grandes y honradas equivocaciones, vistas en perspectiva, son un legado, más útil y contundente que sus románticas ideas de los diarios, sus delirios tácticos, sus teorías económicas y hasta de ese vago romanticismo que se cristalizaba en una incierta tristeza que resumían sus ojos.        

Veneno chino

Veneno chino

  El cinco de mayo Eduardo Arias, un indígena kuna de 51 años, fue a comprar discos compactos al almacén Vendela en ciudad de Panamá. Al entrar encontró, con precios de promoción, como todo lo que se vende ahí, un arrume de cremas dentales chinas que se vendían a 59 centavos de dólar. Se detuvo a ver la pasta y encontró que explícitamente el empaque anunciaba que el producto contenía dietilenglicol.  

 

           El dietilenglicol es dulce, verde  y venenoso. Y en Panamá tenía por qué saberse: el año pasado se mezcló – involuntariamente según el gobierno panameño – con 260.000 jarabes para la tos y mató o dejó inválidas a 138 personas. Curiosamente ninguna dependencia de salud, de control de importaciones o de comercio, del gobierno de Panamá se percató – involuntariamente dirán los funcionarios – antes del hallazgo involuntario de Arias, funcionario medio del gobierno. 

 

¿Están exportando veneno los chinos? El anterior vendría ser el cuarto escándalo sobre exportaciones venenosas en el último año. En principio la “estrategia china de ventas” es un atentado criminal, es terrorismo. Colateralmente, un expediente de juego sucio de mercado. Así lo han visto los chinos, que al parecer más inquietos que por las consecuencias sobre la vida humana, han señalado los eventuales beneficios del escándalo para USA. Pero han ido más allá, han sugerido que es una estrategia de boicot comercial.   Como una medida elemental de protección los productos envenenados se han retirado de los estantes para salvar a occidente de un veneno que ya ni siquiera es rojo. 

                 En los Estados Unidos la misma pasta de dientes fue distribuida, involuntariamente asegura el New York Times, a prisioneros, retrasados mentales y muchachos con problemas de conducta, a los enfermos de algunos hospitales y a los ricos de algunos hoteles de cinco estrellas. 

                El gobierno chino respondió de una manera pronta a la denuncia del gobierno panameño, que puso en alerta a 34 países, de Viet Nam a Canadá. Reconoció que hay problemas y prometió una reforma urgente para regular el uso – involuntario hemos de suponer - de ciertas sustancias en la fabricación de juguetes, alimentos, medicinas y otros artículos. La compañía china que vendió el producto a Panamá es una compañía no certificada para venta de productos farmacéuticos, que además vendió la pasta con etiqueta adulterada - ¿involuntariamente?-. 

                   En 1990 Nigeria tuvo su propia experiencia mortífera con el dietilenglicol, otra vez por causas involuntarias, cientos de niños perecieron tras ingerir medicinas envenenadas. Sin embargo, hasta julio de este año el gobierno chino prohibió el uso del dietilenglicol, ¿también involuntariamente?     

“Dos, tres, muchos Viet Nams”

“Dos, tres, muchos Viet Nams”

  La guerra en Irak estaba perdida desde el comienzo para los Estados Unidos, porque ya pasaron los tiempos en que las ganaba. El gobierno impune y criminal de Bush lo está patentando. No había, no hay y no habrá como ganarla. Dijeron que iban a implantar la democracia cuando la verdad es que lo único que les importaba era el petróleo. Entraron con el argumento de que había armas químicos, y no las había. Entraron por Osama y Sadam. Encontraron a éste en un hueco,  lo colgaron (hablar de un juicio es desproporcionado) y lo único que logaron fue que el avispero islámico cobrara proporciones bíblicas y que el pueblo irakí los odiara más. A Osama jamás lo encontraron. Creyeron que la cosa era poner un virrey, tener un gobierno “amigo”, meter algún dinero para la reconstrucción y normalizar la industria petrolera. La fórmula de los gobiernos norteamericanos para “implantar” la democracia tendrá que ser revisada a futuro, si de algo ha de servir todavía.  Una retirada no va a modificar la situación, salvó quizás en la reducción de costos y la disminución de la presión del pueblo norteamericano contra un gobierno que lo metió en el fangal. Los Estados Unidos podrían salir mañana y eso no modificaría la estructura de la confrontación política y militar dentro del Islam, en nada cambiaría el curso terrorista, ni la pugna ancestral. Pero en cambio haría ver - a quienes todavía no han visto - que la guerra de Bush fue una estupidez, muy propia de él, porque además de carecer de cualquier causa justa, estaba asentada sobre un error estratégico de apreciación. 

Pero una retirada, posiblemente no ocurrirá hasta que un gobierno demócrata esté en la Casa Blanca. El “honor petrolero” de Bush – mientras siga gobernando - no  aceptará bajo ninguna circunstancia una retirada, ante de que se haya terminado “de implantar la democracia”. Pero si eso es posible, no serán otros que los propios iraquíes quienes puedan hacerlo, sin necesidad de que una potencia militar decadente, con 170.000 hombres en terreno, venga con las armas a llevarle la libertad al pueblo más antiguo de la tierra. 

El destino de Irak es la balcanización. Las legítimas demandas de los kurdos están vivas, también las de los chiítas. Siria no duerme, es un vecino de cuidado, aliado de Irán y con sus manos metidas en el conflicto del Líbano. Irán acumula recursos atómicos. Afganistán se desestabiliza velozmente a medida que los poderes locales se fortalecen, a pesar de la cruzada norteamericana por llevarles, también a los afganos, la democracia. 

      

       Lo único que logró la invasión norteamericana a Irak fue que se destapara la caja islámica de Pandora. El gobierno de Bush, el más estúpido, torpe y criminal, se tiene bien merecida la derrota, aunque  ella también signifique la desgracia de cientos de miles e familias, a las que la guerra les destruyó la vida a causa de la “democracia”. 

Se necesita maquillador experto

Se necesita maquillador experto

 El Dane debería privatizarse, convertirse en una agencia absolutamente independiente, algo como Yankelovich, o Napoleón Franco, cuyos datos pudieran ser avalados por auditorias internacionales de estadística. Hay que sacar al Dane de las dependencias oficiales, blindarlo hasta donde sea posible de las órdenes de Planeación Nacional. Mientras siga siendo una dependencia oficial, no tendrá más credibilidad, que la que tiene un gobierno que debe maquillar las cifras para mejorar su gestión.   De partida, cualquier colombiano estaría en condiciones de aceptar que los gobiernos le meten la mano a las estadísticas, entre otras cosas porque para eso está el Dane, para ser intervenido. Mientras los gobiernos necesiten políticamente de las cifras, nadie podrá creer en la independencia técnica del Dane, especialmente en lo que tiene que ver con cosas tan sensibles como las cifras de crecimiento, pobreza, empleo y costo de vida.   El chiste nacional sobre el Dane es el del ama de casa que pregunta: ¿dónde hacen mercado los del Dane? Las cifras o son un chiste, o no se publican o efectivamente favorecen a los gobiernos. El Dane no puede seguir siendo la caja menos estadística de los ejecutivos, a los que nos les tiembla la mano para remover funcionarios que no se prestan al juego.   En el Dane de Uribe, ya van dos directores que renuncian, tras haber denunciado ingerencias indebidas, presiones de Planeación Nacional, manipulaciones abiertas a efecto de modificar – hasta con argumentos técnicos – resultados. Lo extraño, sin embargo, no es que se ejerzan presiones, sino que haya directores que no quieran aceptarlas y las denuncien. ¿Para qué harían algo así? Nunca las aceptaron y por tanto tienen la autoridad moral para denunciar a Uribe. ¿O fue acaso la primera vez que de Planeación le mandaron la orden a Rojas Morales?    

Los directores se están cortando la cabeza porque no le quieren mentir al país. Quisiéramos saber si Rojas Morales tiene algo más que contarle al país, acerca de las prácticas de intervención a la base estadística oficial. El aviso para conseguir el nuevo director del Dane podría ser:

 
SE NECESITA FUNCIONARIO CALIFICADO PARA MAKE UP, QUE MANEJE MACHETE Y TENGA EXPERIENCIA CERTIFICADA EN HACER CUADRES EN BASES DE DATOS
 .

Problemas de bipolaridad

Problemas de bipolaridad

 Quiera Dios que los brotes de quintacolumnismo de las FARC en el Polo Democrático, que suscitaron la pasada crisis, sean casos aislados dentro de la izquierda democrática. Gustavo Petro ha denunciado una “santa alianza” entre el uribismo y las FARC para liquidar al Polo. Las FARC, a través de sus voceros, hacen declaraciones a favor del Polo, que no le sirven al Polo, pero sí mucho a Uribe.    Le hipótesis baratera con la que la prensa explica lo que han llamado el “abrazo del oso” de las FARC al Polo, es que sería un pésimo ejemplo para el país, que un movimiento de izquierda democrática, llegara a tomarse el poder. Lo que mostraría que la vía armada es inútil. Lo más peregrino del asunto, es el supuesto con el que se nos vende la hipótesis, que las FARC estarían interesadas en tomarse el poder. Ese sólo supuesto obliga a un reconocimiento político y como tal a aceptar un estatuto de beligerancia. ¿Qué diferencia habría entre esto y reconocer carácter sedicioso a los paramlitares?     La izquierda democrática, según clasificación de politólogos y periodistas, es democrática justamente por el abandono efectivo de la fórmula leninista al “uso de todas las formas de lucha”. Pero la renuncia programática y “tranquilizadora” al proyecto de toma violenta de poder, no se hizo porque históricamente la vía revolucionaria hubiera sido sepultada por la vía electoral, sino porque el derrocamiento de la burguesía salió del libreto. El modelo del socialismo “siglo XXI”, es: primero la toma pacífica el poder, y luego administrativamente, por la vía de la reforma constitucional, de la expropiación, se producirá el desmantelamiento del estado, de la economía y el capital, tal cual la “vía chavista al socialismo”.   En el Polo concurren dos circunstancias que son y van a ser fuentes potenciales de división. Sólo una parte de los miembros del Polo ha entendido la diferencia entre ser oposición de izquierda y gobernar como izquierda (y por tanto tomarse con toda seriedad el proyecto de toma del poder, para algunos, posible al 2010). Y la otra circunstancia, es que en lo profundo de la democrática colcha de retazos políticos que es el Polo, todavía campean – en algunos sectores - solidaridades implícitas con la vía armada al poder. Como si jamás se hubieran tomado en serio la “crítica de las armas”, o como si una condena clara, tajante y sin vacilación, contra la condición de criminales de guerra, fascistas rojos, y gángster, a los de las Farc, en vez de darles más credibilidad frente a la sociedad civil, los acercara a Uribe.   Los comunicados tibios, las condenas a medias tintas, los implícitos babosos y las torpes declaraciones de neutralidad de Dussan (ni a favor ni en contra de las FARC), las dualidades oportunistas del Polo, lo pusieron en la semana que pasó en una doble confrontación, con el uribismo necesariamente, pero también consigo mismo. Esta vez hubo crujir de dientes, exhibición de torpeza política, sectarismo, pero aún así se conservó la unidad. Papá Noel salió apaleado, y eso no es bueno para su record. Petro fortalecido, y la organización con una disposición política a cumplir el doble reto: no perder la alcaldía de Bogota y ganarle las elecciones - otra vez - al partido liberal.

Antonioni 2: “Filmar es mi vida

Antonioni 2: “Filmar es mi vida

  

El amor sensiblemente contradictorio, el claroscuro del deseo, entre el silencio y la palabra. El código del silencio sincopado, el grito quebrado, los susurros inconducentes, la interrogación truncada, el lapsus amanerado, los subtextos que como redes intrincadas subyacen al relato.

 Las imágenes están abiertas a la interpretación, de la que se espera sirva para entrelazar las lenguas y las imágenes. Antonioni estaba convencido del poder comunicativo de su cine, pese al esteticismo que siempre le endilgaron.

Hay lugares del cine de Antonioni sin espacio narrativo, sin mayor representación pictórica y visual, que parecerían conducir a una repentina disolución de la acción en la acción. En Antonioni no existe la clásica causalidad lineal de la acción, ella y sus consecuencias no parecen ensambladas de acuerdo a un modelo. "Los eventos futuros no son indiciados y por tanto nada es auto evidente. El espectador debe poder entrar en una relación emocional no atenuada, que gire menos en el desarrollo particular de eventos y más en el estado del arte de la historia” (Chatman 1975).

Antonioni despliega su maestría, en el manejo entre la toma y la producción informativa del relato. Un ejemplo: los últimos siete minutos del Pasajero. Un lenguaje más cifrado en el silencio que en lo verbal, más en la contemplación, que en la acción.

Los films de Antonioni son primero textos, en sentido estricto. Interactuamos con ellos durante toda la exhibición. Siempre quedaron incompletos, son textos abiertos, serán para siempre incompletos si alguien no los completa.

Ya sin Becket, sin Cioran, sin Ionesco, sin Calvino, sin Bergman, sin Antonioni, no tenemos ángeles que canten al babelismo de la lengua. Pero si ya no se necesitan ángeles, estamos en el siglo XXI, despertad porque aquí no hemos venido a dormir. Lo que el espectador quiere es adrenalina, super acción, movimientos extremos, persecuciones y acción corporal. ¿Incomunicación? ¿Qué es? Alguien ha oído hablar de esto, es chistoso mencionarlo en la época de la hiperinformación y el hipertexto. Aquí todos nos comunicamos perfectamente.