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Alberto Rodríguez

Las FARC si tienen quien le escriba

Las FARC si tienen quien le escriba

609 gigabytes: un volumen tal de información, que convertido a texto, equivale a cuarenta millones de páginas. Leyendo cien páginas diarias, un lector eficiente se gastaría mil años en leerlo todo. Con lo que desde ya se puede sostener que las FARC sí escriben y tienen quien les escriba, aún a pesar de los elogios al analfabetismo. Recuérdese el castigo que impusieron a los asesinos de los indigenistas en Arauca hace algunos años: aprender a leer.

Con un volumen tan alto de información se puede hacer de todo. Se puede alegar la violación de la cadena de custodia de los computadores (tres, tres memorias USB y dos discos duros portátiles), la integridad de la información, la manipulación interesada, la utilización política de la información. Da para que Chávez diga que todo es un “show de payasos”, para que la comunidad europea acepte que el resultado de la investigación de la Interpol son buenas noticias, da para alegrar a Bush, para intranquilizar a todos los amigos vergonzantes y declarados de las FARC. Da para manipulaciones concertadas, para publicidad contra las FARC.

Lo que ha dejado Reyes en su procesador es una bomba de tiempo en manos de Uribe. Su gran victoria, más que militar es informática. Es posible incluso que sin alterar nada del contenido, la información sea suficientemente comprometedora. Por la cantidad de información disponible, no es muy probable que el gobierno en unas cuantas semanas haya tenido el tiempo de intervenirla para ladearla de su lado. Incluso no sería necesario, la información por sí misma – suponiendo que el computador fuera de Reyes, lo que aún sin descartarse no ha sido reprobado, y posiblemente no lo sea, por la calidad de las pruebas, que por ejemplo condujeron a la casa de un par de viejos profesores mexicanos que guardaban un dinerito en su casa de campo a las FARC – es tan abundante que durante mucho tiempo será una amenaza real contra quienes como Chávez y Correa, son amigos de las FARC. Algo que para nadie hoy es un misterio.

La transparencia en el manejo de la información por parte del gobierno, bien puede ser puesta en duda, no sería la primera vez que gobierno recurriera a técnicas no transparentes para defender sus intereses – recuérdense los falsos positivos –, pero el hecho es que es el gobierno el que tiene en la manga la acreditación de la Interopol. Lo que quiere decir: la policía de 180 países certifica que el manejo ha sido transparente y que por tanto el gobierno ha adquirido una patente de corso para utilizar a discreción, contra quien sea y cuando sea, la enciclopedia informática de las FARC.

Perro como perro

Perro como perro

 

Cali es Cali. El parque del San Nicolás es el parque de San Nicolás. Se consiguen armas, pasaportes y droga. Los perros en la calle siempre andan con hambre. Los perros muerden. A los perros les entra la rabia. Los perros se utilizan para apostar en las peleas. Hay perros callejeros y perros de raza, pastores alemanes, gozques y gozques lebrel. Viven en las mansiones y en la calle. Son alegres como las putas con plata, pero también saben ser tristes como un tipo al que la mujer lo ha cortado. Y hay también perros de peluche pardo a los que se puede rellenar de billete.

Victor Peñaranda vivía con una mujer – Martha –con la que tiene una hija. Martha lo ha dejado. Víctor le baja un billete al Orejón, que los había enviado a buscar unos dolaritos en casa de los Mellizos. Víctor se quedó con el dinero, para hacerlo tuvo que matar el pastor alemán que cuidaba en la casa de los mellizos, y de paso al mellizo que no era el del asunto. Lo ahogan por asfixia con una bolsa plástica.

El motor de la película es una chuspa de plástico negro con medio millón de dólares. La película es un auténtico thriller negro de mafia criolla, una película de la gesta criminal en Cali. Una película de asesinos creíbles. Diálogos económicos y certeros. Caracterizaciones sólidas. Rudeza efectiva, negrura local, proporciones en la escena. Descache en el guión al final.

Peñaranda es el asesino consagrado. Mata al pastor alemán, a uno de los mellizos, luego descuartiza al otro con una motosierra y mata al portero del hotel. Un asesino enamorado, un tipo que sufre por su mujer y su hija, capaz de tentar la ira del patrón. Lo bajó de billete y todos los indicios conducen a él. El Orejón es una decantación sobria de la maldad, el alma del patrón, rotunda y acosada, por la brujería. El mafioso que no escucha el ruego de la bruja, de dejarle ese platica a las ánimas, que si saben cobrar. El sabor de brujería con toda esa magia del Pacífico está tan bien cocinado, que logra que los retorcijones del más allá acosen sin piedad a los vivos de este lado. (Los peces del acuario del Orejón mueren a dentelladas) Un enredo de superchería y animismo con el sabor de mafia.

El hombre que llama a la habitación del hotel durante toda la película, es un sorpresivo broche argumental, que apuntala al mejor estilo, la salida inesperada, la solución creativa más alternativa. Un remate casi accidental, que da gracia a la historia. Todo el tiempo el hombre ha estado llamando a Víctor, para preguntar por una mujer, como él mismo que llama a Marta y jamás la encuentra. Ese hombre es el único que logra descontrolarlo. Le advierte que no sabe con quien está tratando, con un aire tan serio como tan cómico; un humor crudo en proporciones venenosas. Víctor regresa al hotel, tras la muerte del Orejón, y tras haber dejado tirado al Negro Benítez, en manos de esa perramente, que se la había jugado con Víctor para repartirse el dinero.

La historia, pero ante todo la forma de contarla es una armazón pulida de la nueva y genuina maestría de Carlos Moreno. Un aplauso se merece, es un bacán. El lunar. Después de que Benítez mata al Orejón no podía salir vivo. Además ¿para qué dejarlo vivo? ¿para que haberlo hecho retornar de esa manera? Ni siquiera como fantasma servía que Benítez hubiera regresado para llevarse el dinero, además porque no sabía dónde estaba. El ha debido hacer lo que tenía que hacer, sacrificarse a la perramenta para que Víctor escapara. Una vez en el hotel y después de matar al portero, con el que tenía cuentas pendientes, sube a la habitación y rellena el perro de peluche con los dólares, pero al ir a salir encuentra al hombre del teléfono. La auténtica sorpresa de remate de clásico de cine negro. Un gigante iracundo que ha venido a matarlo por una mujer que Víctor jamás conoció. Lo único que tenían en común era la línea telefónica, la de la habitación del hotel. El hombre del teléfono asesta el golpe mortal a Víctor, busca a la mujer y antes de salir le echa mano al perro más importante de la película, el que tiene los billetes adentro.

Un autor

Un autor

Andrés Barba llegó en jeans, venía de España, 38 años, pero a lo más muestra 30, cabellera abundante y desordenada, calza unos tenis viejos y sucios. No hubo ninguna presentación, ni una palabra acerca de él, como si todo el auditorio conociera al muchacho, que carga con un título en filosofía y otro en filología hispánica, y que ha publicado siete novelas. Con la primera de 1998 – una novela corta de ochenta páginas – ganó el Premio Sender, con la segunda – La hermana de Katia – fue finalista del Premio Herralde. Con Versiones de Teresa ganó el Premio Torrente Ballester. Con su ensayo, La ceremonia del porno, ganó en el 2007 el Premio Anagrama de ensayo. Su obra ha sido traducida al inglés, al francés, al alemán, al servio al holandés, al italiano. Creo que en el auditorio nadie lo conocía. Fue mejor así, porque no llegó precedido de nada, simplemente se sentó y comenzó a hablar.

El tema: los talleres literarios. Seis momentos de trabajo que utiliza como pretexto para despacharse a hablar de la novela durante tres horas. Ha leído todas las novelas del mundo y ha digerido aquello de un modo afirmativo y sosegado. La tarea del taller – comienza - es educar para pensar narrativamente. Se necesita ampliar la inteligencia narrativa para que la escritura convoque inteligentemente a los lectores. Y algo de esa inteligencia consiste en la capacidad para escenificar, es decir, para inventar lugares y tiempo donde los personajes interactúan de manera comprometedora para el lector. Barba filosofa en voz alta, porque “el pensamiento se hace en la boca”.

La moral del relato. Un tema que como filósofo no puede eludir y como escritor le resulta perceptivamente contradictorio. De una parte acepta que las novelas cumplen un papel moral frente al lector, puesto que tienen que ver con su vida;pero, de otra,  frente a la “suspensión moral” que Kundera se ve necesitado de introducir para marcar la diferencia – que a la novela conviene - entre la vida y la escena, dice Barba, aún bajo el efecto de la suspensión, la novela resultará moral, anulando así el medio de defensa a favor de Rushdie, que puso en escena un personaje que soñó un guionista que a su vez soñó el guión de una mala película en la que moralmente se ofende a un dios.

“Lo extraño no es que nos odien, lo extraño es que nos quieran”. Teníamos que llegar al mal en la novela, y más precisamente a la trivialización del mal, por el cual se lo despoja, o se lo desvictimiza de los efectos del juicio moral. Habla por Hanna Arendt y vuelve a reconocerse presa de esa ambigüedad en la que siempre terminamos instalados cuando nos movemos en la escena levantada entre los fronterizos dominios, de lo que por necesidad de referencia llamamos la realidad, y la ficción.

Y naturalmente el cine que cambió en la novela el modo de narrar. Pero se encanta recordándole al auditorio que hay escenas de novela que jamás el cine podrá mostrar. La prueba de la insuficiencia audiovisual frente a la novela es la voz en off. Hay un intangible narrativo no escenificable en el cine, y entonces Barba nos lleva a Proust: imágenes poderosas de una intuitiva inteligencia reflexiva que pone a los personajes en un constante ejercicio de imaginación-evocación, por el cual el presente se hace comprensible en la medida de un pensamiento no visualmente escenificable en el dominio de la palabra

Y termina con la “ceremonia del porno”. Un relativo incalificable, una ambigüedad moral y corporal, una trampa para moralistas, una bomba para el inmoralismo. En un artículo de Teresa Tejeda, sobre el ensayo de Barba y Montes, ella recupera el sentido contradictorio del porno y de sus formas de pensarlo. Termina preguntándose si hay algo más porno que el porno, que analizar el porno, puesto que no existe una mirada más perversa y obscena que la del crítico.

Las dos Compañías de Jesús

Las dos Compañías de Jesús

 

Miembro de la Compañía de Jesús, el Padre Antonio Ramírez Jiménez, de 58 años, fue denunciado a la Fiscalía por los padres de unas niñas, y una nieta, por hacerles fotografías “obscenas” en el Unicentro de Cali. El sábado a las dos y treinta de la tarde, el centro abarrotado, las mesas llenas, las católicas familias de paseo sabatino.

El jesuita, profesor de la Universidad Javeriana de Cali, no se sabe si de fotografía o de axiología, armado con una cámara digital de profesional, al otro lado de la plazoleta, y con el zoom erguido, encuadra los dulces y tibios genitales de las niñas, que se le ofrecen sentaditas, patiabiertas y sin bragas.

Los padres de las niñas, probablemente aficionados a la fotografía, se percataron a tiempo del trabajo del jesuita, pero no de que todas sus niñas estaban tan bien sentadas y sin bragas. Entonces corrieron donde el fotógrafo y le suplicaron que les compartiera las fotos. Como se negó - por razones profesionales - llamaron a la policía. La policía revisó la cámara. ¿Y que creen que encontró? Pues todo los coños de las niñas Sánchez Barona, que habían posado para el Padre Antonio.

En vista de que las fotografías no son gran cosa, al Padre no se le acusó de pornografía, lo que hubiera dado lugar a detención. En sus descargos dijo que las fotos las utilizaba para su propia satisfacción sexual – a la que tiene derecho como toda criatura del Señor – y para una revista cultural. Se le acusó de un delito más noble, por cierto, injuria por vía de hecho (artículo 266 del CP), es decir, por hacer fotografías digitales a los coños en la calle. Vamos, debería haberlas injuriado por la vía del derecho, para que todo fuera dentro de la ley.

Hay una Compañía de Jesús, la de Jesús Moreno, para ser exactos, una web española que ofrece la dulce compañía de chicas complacientes en Madrid. Tal vez el Padre Antonio, por cuadrarse un ingresito extra, trabaje free lance para las dos compañías. En una en las cosas del arte, y en la otra, en las de la fe.

La rebelión contra la Corte

La rebelión contra la Corte

De seguir las cosas como van, las plenarias del Congreso terminarán haciéndose en la Picota. Casi 60 congresistas uribistas está detenidos o investigados por las acuerdos que hicieron con los paramilitares, para conseguirse los votos al Congreso y que bien sirvieron para elegir y re elegir a Monseñor Uribe Vélez.

De un gobierno que ha reclutado para sus filas a personajes tan oblicuos como Fernando Londoño, José Obdulio Gaviria y Carlos Holguín, bien puede esperarse que las determinaciones de la Corte Suprema de Justicia, lo hagan reaccionar de manera tan desinstitucionalizadora.

Epígonos siniestros, oscuros, biliosos, afines a causas non sanctas, como la del gobierno de Monseñor, portadores de los instintos políticos más perversos, que hablan por el régimen. Álvaro Gómez hubiera podido invocar una vez más la necesidad de tumbar el régimen y estaría acertando, desde la esquina política desde donde lo hubiera hecho, de no haber sido víctima de un crimen de Estado, detrás del cual estuvo Ernesto Samper.

El Gobierno le esta diciendo a la Corte que no es objetiva, que está sesgada, que está actuando por intereses políticos, que no investiga suficiente, que se extralimita. Con lo que se está llevando por delante, como es su estilo, el principio de esa babosa democracia de la que se jactan: el respeto a la independencia de poderes.

Una declaración de José Obdulio, respecto a que en la marcha de 6-M las FARC participaron, ha ocasionado diez muertos. 23 congresistas norteamericanos protestaron en una nota, contra lo que es una declaración oficial, auque él diga que como hombre libre opina, y que sus declaraciones no comprometen al Gobierno. Un gran servicio le ha prestado a los sectores anti TLC del Congreso de los Estados Unidos. Tan buen servicio como el que Londoño le prestó al régimen cuando chantajeó a su propio partido – el conservador – con que sin no le aprobaban lo que exigía Uribe renunciaba.

Cuando casi 60 socios parapolíticos de Monseñor están en la cárcel o investigados –Mancuso dice que se quedó corto en el cálculo, tanto como Pachito Santos -, cuando la Corte apunta a las torres – Carlos García y Nancy Patricia Gutiérrez –, el Gobierno no atina a una respuesta más delatora y nociva, contra esa institucionalidad que tanto les preocupa.

En cambio de apoyar a la Corte para que aclare todo a satisfacción de un país que merece conocer la verdad, responde poniendo en duda la independencia y seriedad de la Corte, lo cual resulta más desistintucionalizador, que la crisis de corrupción política que va a disolver el Congreso.

Si la Corte Suprema no está actuando en derecho, si está violando el debido proceso, si está ajustando sus procedimientos a un enquistado espíritu antiuribista, entonces que el Gobierno la demande. Que presente pruebas e instaure querella contra el máximo tribunal de justicia, en vez de hacer que sus corrompidos voceros le disparen desde los medios.

La silla definitivamente vacía

La silla definitivamente vacía

¿Se debería revocar el Congreso? Sí, pero no solo, se debería revocar también al Presidente, porque el último eslabón de la cadena de delitos políticos en connivencia con el paramilitarismo, termina en él, así como la cadena de delitos cometidos con el narcotráfico, terminaba en Samper. Y ante todo se deberían revocar los partidos. Darle cristiana sepultura a las bandas de bandidos de viejo y nuevo cuño, que cometen todos los días delitos de lesa humanidad: valerse del Estado para sus propios fines. Revoquemos la democracia de los bandidos perfumados. De los paisarretes ambiciosos, de la aristocracia sin honor, de la perramente parlamentaria, de los criminales bien hablados, de esos que creen que el fin justifica los medios.

Que la democracia es imperfecta. Sobra decirlo. Que la democracia parlamentaria es más imperfecta, también. La participación ronda la propaganda comunitaria y el mito. A los políticos se les llena la boca diciendo: esto es una democracia porque todo el mundo puede votar, “la democracia necesita partidos fuertes” (sic), el congreso es el foro democrático por excelencia. No hay partidos fuertes, ni siquiera hay partidos. Hay unas bandas que se distinguen por el número de políticos judicializados y no judicializados.

Revisemos los argumentos: todo el mundo puede votar, pero las elecciones se arreglan, el dinero compra votos, los paramilitares obligan a votar, se hacen trasteos de votos, las registradurías locales terminan de escrutar, se cambian los registros, las FARC queman puestos de votación, el Presidente se hace reelegir, rompiendo las reglas del juego electoral. ¿Partidos? El partido conservador se acabó desde tiempo de Álvaro Gómez, lo que queda es un apéndice de manzanillos uribistas que usufructúan puestos gubernamentales. El partido liberal es una banda de manzanillos en la oposición, sin credibilidad, sin gobierno y sin redención, que vive de un “glorioso pasado” que a la mayoría de los colombianos nos tiene sin cuidado. La coalición de “partidos uribistas” (U, CR, Alas y todos los demás alías) son excrecencias de segunda, de los viejos partidos, que por conveniencia se alinearon con Monseñor Uribe. Son los cómplices de primera instancia de los crímenes democráticos del régimen. Todos, a su vez, hicieron negocios con los paramilitares, acuerdos para que les pusieran votos a cambio de Estado.

Graciosas, por decir algo, resultaron las declaraciones de Papá Noel del Polo, diciendo, que está de acuerdo con la revocatoria del Congreso – ni más faltaba siendo del Polo – para relegitimarlo. Habría que preguntarle si alguna vez fue legítimo, y si lo fue, cuando dejó de serlo. ¿Con el escándalo de la parapolítica? Tal vez porque el Polo es Congreso, y tiene la más grande bancada en la historia de la oposición, no hablaron de la revocatoria antes.

Revoquemos, revoquemos, revoquemos con indignación civil. Las bandas del poder merecen el repudio definitivo. Si no las sacamos del poder no van salir. Pero tampoco van a salir a bala. En este país ya se ha echado toda la bala que le cabía. Ahora la única munición efectiva es la indignación civil: la lucha simbólica.

Paraíso Travel

Paraíso Travel

La mierda metropolitana de las entrañas del “sueño americano”, Simón Brand se la hace tragar al espectador, que aguanta hasta el último minuto – lo cual no resulta difícil, y que es ya una primera gracia del film – simplemente porque está bien empacada. La película es la miserable utopía de los emigrantes en la ciudad de nadie, en la “sin city”, el submundo colombiano, esa otra suerte de “colombian dream”, donde la mierda se expande en matices creíbles, claroscuros, valiéndose de sentimientos que la película explota sin el amaneramiento comercial de muchos directores jóvenes.

Jorge Franco y Simón Brand hacen una buena pareja. La segunda película de Simón, una por año, muestra que hay un director: sabe lo que quiere y lo sabe hacer. Todo el cine que ha visto le ha servido, ha digerido los buenos trucos, ha aprendido de los buenos directores. Franco tiene ese talento de hacer pegar sus historias, no solamente porque tiene el asqueroso y efectivo gusto de sacarlas de los albañales, sino porque es capaz con su desparpajo paisa, de dotarlas con ese humor oral tan difícil de conseguir para un texto. Comparte con Vallejo esa gracia de la trascripción oral que hace tan cercano el texto al lector, como si fuera una cachetada.

De una historia que ha devenido lugar común, los emigrantes que huyen de su país, por lo que sea, deudas, pobreza, problemas con la justicia, hastío familiar, o ganas juveniles de ir a comer mierda sin imaginar qué tanta les corresponde, se ha hecho una historia, que sin vadear los lugares comunes (robo para conseguir los pasajes, mentiras, huida por el hueco, comida de mierda, restaurante colombiano, el hábitat del paria) no es un lugar común. Paraíso Travel nos mete de una en el dolor de un tipo – Marlon - al que se le pierde la noviecita – Reina - tan pronto llega a Nueva York.

Paraíso Travel es realismo sucio, no es un juego como los que a Carver encabronaba. Narración directa, diálogos precisos y económicos, caracterizaciones nítidas, sin concesiones sentimentales, es dura y blanda. No da vueltas innecesarias y conserva la dosis de crueldad suficiente para estimular los bajos instintos narrativos. Los colombianos salen del estereotipo de los depredadores latinos, de los narcotraficantes sin alma, para ser tipos blandos, perdidos, compasivos, con rasgos de insólita solidaridad, sucios, mezquinos, en un conjunto cerrado de emociones tiernas y sucias, que aún así tienen que ver con la porquería de sueños de los que cada uno vive.

El casting es un punto a favor. De donde quiera que hayan salido Aldemar Correa y Angélica Blandón – el casting se hizo en Colombia - se la echan, hay de donde sacar y están bien dirigidos. La conjunción de una buena historia y un buen casting, hace que la película no muestre las costuras, como las muestran las películas que se terminan en la sala de edición. Es una película, para referencia, mejor que María llena eres de gracia: más honda, realistamente más sucia, sin concesiones, sin efectivismos que riñen con la verosimilitud y asquerosamente colombiana.

Se ha hablado, sin mayor cuidado del papel de la ex diva Margarita Rosa. La deformación deliberada de su personaje – la mamá de Reina y que es el motivo verdadero de su viaje - ha sido sobrestimada. Se le fue la mano a Simón, no a Franco, la exageración convirtió al personaje en una caricatura mal lograda, lo cual terminó trivializando su condición. La película no necesitaba de la caricatura, y la actuación no fue suficiente para rescatar al personaje de esa veleidosa condición a que lo condenó Brand. Ese personaje, que en la novela es inmensamente cargado, contrastado, en la película terminó siendo una mal chiste sucio.

Balzac y la pequeña costurera china

Balzac y la pequeña costurera china


Era entonces un país de libros prohibidos, de libros quemados, de libros doctrinarios, de solo libros rojos, de manuales, guías de partido, y cartillas. La China de la revolución cultural es una versión real de la ficción pirómana de Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury, en la que los bomberos buscan libros para quemarlos. En China no fueron los bomberos, fueron los políticos locales, regionales y nacionales, que siguiendo órdenes del Partido Comunista, incitaron a las hordas semi analfabetas de guardias rojos a perseguir los libros, la palabra escrita y la literatura del mundo. Los que no alcanzaron a quemar los prohibieron. Hicieron lo mismo que las huestes nacionalsocialistas, que arrojaron a Marx, Freud, Einstein y Mann a la hoguera.

La película de Dai Sijie, una coproducción franco china del 2002, es una película de la edad media roja. Toda la inmensa brutalidad cultural, apalancada en esa tormenta plomiza de los sueños anticapitalistas, que condujo a la proscripción de la literatura, por un decreto más que imperial, que produjo en China un paréntesis histórico de atraso y ostracismo, roto al cabo de los años. La película es la historia de una persecución a la historia, en la que el afecto y la amistad, terminan pesando más que el dogma y la disciplina.

La película está basada en la novela del mismo director, publicada originalmente en francés, que al momento de hacer la película no había encontrado traducción al chino.

La revolución cultural puso como ejemplo de vida, la de los campesinos, que eran mayoría en China. Exaltó su laboriosidad, su sufrimiento, su resistencia y sus sueños. Y para que los pequeños burgueses ilustrados de la ciudad, los estudiantes y los intelectuales, aprendieran, el Emperador los envió al campo.

En una maleta, el estudiante miope, el mismo que pierde sus gafas mientras ara con un buey en el pantano, esconde libros prohibidos, los franceses: Balzac, Flaubert y Sthandal. Ella, la pequeña costurera, analfabeta, incita a los dos estudiantes que han ido a reeducarse, a que los roben. Y los roban porque son los libros los únicos que podían salvarlos de ese inmenso infierno rojo al que han sido enviados. Deben ir a esconderlos a una gruta lejana, en donde clandestinamente se reúnen a leerlos, a encontrarse con esos hombres de otro tiempo y otra lengua, cuyas palabras llegan a ellos para unirlos, iluminarlos, salvarlos o perderlos.

La literatura como refugio es un lei motiv de Balzac y la costurera. El mundo cifrado, como una construcción laboriosamente humana, que sin que la costurera lo sepa, allá en el último rincón rural de la China, habrá de servir para auto reconocerse en el derecho – clandestinamente ejercido - de leer a otros hombres, de otra época, prohibidos, para que cientos de miles de campesinos no pudieran leerlos, cuando aprendieran a leer, si alguna vez les enseñaron.

Una película del afecto posible, del amor sencillo y directo, de humor casi agropecuario, con una trama en clave de trío, en medio de una sociedad agobiadoramente agraria. Una sociedad prometida, "nueva, curada de los vicios del pasado", que aún así, los obliga al aborto, a esconderse para leer y a renunciar a la música del mundo. Pero esa luminosa promesa de sociedad en construcción, por la que debieron ir a reeducarse, es también la instauración de un mundo deliberadamente rezagado, donde la superchería (el paludismo se cura a garrotazo limpio) pesa más que la ciencia, el analfabetismo más que la libertad de expresión, y el dogma más que la literatura.

Resoluciones insulsas

Resoluciones insulsas

 

La resolución salida de la reunión de cancilleres de la OEA respecto al conflicto entre Colombia y Ecuador, es una cascada de babas y medias tintas, ni se dijo lo que se tenía que decir ni como se tenía que decir. El “Ministerio de Colonias” no satisfizo completamente a ninguna de las partes, aunque aisló a los Estados Unidos, al no haber incluido un aparte que recogiera el sentido del artículo 51 de las Naciones Unidas, que faculta a los estados a intervenir – actuar y defenderse, lo que quiere decir agredir militarmente - en otros países cuando son atacados desde esos. Un artículo hecho a la medida de las necesidades intervencionistas de los Estados Unidos, que quieren que se haga valer para justificar la intervención militar de Colombia contra un campamento permanente de las FARC en Ecuador. Un acuerdo internacional que Colombia no ha invocado.

Ecuador quería una condena y le dieron un rechazo. Estados Unidos quería reconocimiento explícito del artículo 51, y los cancilleres de todo el continente se le hicieron los de la vista gorda. Colombia quería que se condenara a las FARC, y el comunicado habla de “grupos irregulares” y “organizaciones criminales”. Colombia merecía una condena por la violación territorial. Ecuador también, por albergar campamentos de las FARC.

La OEA no avanzó un centímetro con relación a los acuerdos de la reunión de Santo Domingo. Insulsa y los insulsos latinoamericanos no hicieron nada, ya los presidentes se habían dado el abrazo y salido en primeras páginas. No fueron capaces de condenar nada, como si no hubiera que condenar. Ni siquiera tuvieron el valor y la integridad para haber dejado un protocolo explicativo de por qué la OEA no acepta el artículo 51.

La OEA reiteró la plana vigencia del principio de territorialidad, un lugar común retórico que viene repitiendo desde que se fundó; reiteró la intangibilidad, pero no habló de la soberanía popular, (los Estados Unidos nunca permitieron tocar el asunto) el principio que protege la sociedad civil en riesgo, aunque no se violen las fronteras. Entre esta declaración y la de la Cumbre de Río, no se avanzó en política, ni en agenda. La falta de carácter y el alma desleída de la Organización, sus defectos de nacimiento, no le permiten más.

Chávez es más peligroso por sus complicidades con las FARC, que por el despliegue súbito de diez batallones a la frontera. Es más peligroso por el oxígeno que pueda dar que por los misiles que nos pueda lanzar.


Las FARC le dan una manito a Uribe

Las FARC le dan una  manito a Uribe

 

Jotamario hizo un inventario bueno pero incompleto de las manos: la mano negra, la mano peluda, la mano poderosa, la mano de Dios, la de Maradona, la mano devota, la mano que peca, la mano de las cartillas de lectura y la de los viejos avisos de prensa, la mano amiga, la mano tendida y la mano al coño.


Supimos, cómo al mejor estilo mafioso, el jefe de seguridad de un jefe del Secretariado lo asesinó mientras dormía con una mujer, le cortó la mano y la envió a las autoridades como prueba de su participación. El jefe tenía un precio - cinco mil millones de pesos – lo cual es prueba de que la política de delación, común a toda guerra, en momentos es más efectiva que la acción militar directa.


Necesitan sostener la política de delación como instrumento agresivo contra las FARC, por eso pagan, pero tendrán que mejorar las ofertas. De aquí en adelante todo es más caro. Jurídicamente es una complicación, pero se puede vadear. La recompensa no se da por el asesinato, no se paga el delito, ¡ni más faltaba!, lo que se paga es la información. (Y en materia de delitos de información somos muy laxos) Antes de pagar, es preciso que el confeso se presente a la justicia a responder por el asesinato.


En términos de inteligencia y filtración, la muerte de Iván Ríos, es más importante para Uribe, que la de Reyes. En lo de Reyes el botín fue la información. (Acaban de entregar una validación, situando una caja fuerte en la casa campestre de dos viejos profesores costarricenses, que sin saber – dicen ellos - guardaban medio millón de dólares a las FARC). En lo de Ríos, el botín es el efecto de una bomba en la retaguardia, un misil económico tras las líneas.

El gobierno negocia con un sector de los farcistas, el de los delatores y posibles delatores. La mano más que la prueba de un asesinato, es la prueba de un acuerdo no humanitario, que Uribe necesita para producir impacto adentro y afuera.


La dura verdad es que en la guerra todo vale, el derecho internacional humanitario, es gloriosa letra muerta, salvaguarda farisea de los derechos de cientos de miles de personas a la vida. Y que no obstante perecieron y perecen en Darfur, Salvador, China, Colombia, Camboya, Bosnia, Ruanda, Argentina.


El abrazo bolivariano de Judas

El abrazo bolivariano de Judas

Chávez dijo de Uribe que era un criminal, un mafioso, un paramilitar. Correa dijo de Uribe que era agresor del Ecuador, responsable de una guerra que no quería terminar, responsable de que el acuerdo humanitario no se diera. Todos dijeron que Uribe trabaja para Bush. Uribe amenazó a Chávez con denunciarlo ante la Corte Penal Internacional por auxiliar y cooperar con grupos en la lista de terroristas del mundo, tanto en su país como en Colombia. Acusó a Correa de hacerse el de la vista gorda con los campamentos de base de los farcistas en Ecuador, de haber recibido recursos de ellos durante la campaña presidencial que lo llevó a la presidencia. Daniel Ortega condecora a Marulanda, rompe relaciones con Colombia, aparece invitado a declarar en la mesa de Correa y Chávez. Chávez coopera con las FARC, no de otro modo se explican las entregas unilaterales de secuestrados que recibe en Miraflores. Uribe fumiga la frontera, viola la territorialidad, y es el centro de gravedad del proceso de la parapolítica en Colombia. Correa sabía de la existencia de campamentos de las FARC en Ecuador, ocho notas de cancillería se lo advirtieron. Uribe personalmente le llevó a Chávez el mapa de campamentos de las FARC en Venezuela. Chávez ha emprendido una carrera armamentista que para nadie en el mundo es secreto.

Todos en el poder mienten, todos trabajan para sus intereses y los de su grupo, todos manipulan la información, todos se defienden sin escrúpulo y todos - a su vez - están rayados por el mesianismo, la inevitabilidad histórica de lo que hacen. Juegan a encarnar bolivarianismos, a ser tocados de socialismo sureño, a representar grandes causas: revolución en Venezuela, seguridad democrática en Colombia, y en Ecuador el socialismo. Todos tienen generosos rabos de paja, a los que cada uno de los pueblos sobre los que ejercen gobierno, bien debería con grandes teas ir y arrimarles la candela.

Hay dos alternativas. O lo que se dijeron no era cierto, por lo que con una reconvención un privado podría pasarse el asunto. En ese caso se pregunta uno ¿estaban cañando los tres con lo que más duro pudiera pisar? ¿Si es así, qué confianza pueden tener las sociedades civiles de Venezuela, Colombia y Ecuador en sus presidentes? O lo que dijeron es cierto, como debería ser cuando lo dice un presidente al que la nación le ha otorgado el deber de conducirla en sus relaciones internacionales. Y si es así, lo que vimos al final de la cumbre de Río en Santo Domingo, donde Chávez cantó, donde Correa repostó y donde Uribe se defendió con el computador de Raúl Reyes, fue un abrazo forzado, un juego de miradas rayadas, distancias aviesas, falsas congratulaciones de primera página. El abrazo bolivariano de Judas.

Cada uno regresará a seguir trabajando en lo mismo, a sacar adelante su agenda de prioridades. Uribe se quedó con el computador, Chávez evitó una demanda, Correa recibió las debidas disculpas y Daniel aprovechó para mover políticamente el diferendo.

El torturador del norte

El torturador del norte


La política de seguridad nacional de Bush se apoya en la práctica de la tortura, aún y a pesar del descrédito en que ha caído para bien del mundo la CIA. La responsable institucional de las más costosas estupideces bélicas internacionales cometidas por los Estados Unidos a lo largo de su historia, y que convirtieron a los sucesivos presidentes en criminales de guerra.

La confesión de Michael Hayden sobre torturas a detenidos acusados de participación en los sucesos de 11-S, deja en claro que Bush, no solamente estaba enterado de tales prácticas, sino que las autorizó, como parte de su política.

El Congreso de los Estados Unidos acaba de aprobar, en una votación más o menos equilibrada (51/45), una ley contra la práctica de la tortura. De hecho, antes si moralmente decían que estaba condenada, legalmente no. Bush respondió frente a la aprobación, diciendo que las políticas del Capitolio están poniendo en riesgo la seguridad nacional. Considera que la tortura es un “método clave” en la lucha contra el terrorismo. En consecuencia, utilizando su poder de veto, reprobará la propuesta para garantizar la seguridad nacional.

Como será la crisis a que ha llevado Bush a los propios Estados Unidos que la CIA está que se cierra. Tienen los norteamericanos el déficit de cuenta corriente más grande de la historia, están al borde de una recesión, en medio de una crisis hipotecaria de proporciones catastróficas y con un déficit fiscal que los ha puesto en el límite de la insolvencia y la iliquidez.

Hoy el torturador republicano responsable de la política de seguridad nacional de los estados Unidos ha aparecido ante las cámaras, en uno de los jardines de la Casa Blanca, para ratificar su apoyo incondicional a Monseñor Uribe Vélez, en el conflicto regional que precipitó la muerte de Raúl Reyes.

Mico Mandante acusó a Uribe de ser un criminal, de haber asesinado a Raúl Reyes. Lo bombardeó mientras dormía a pierna suelta en un campamento de base de las FARC en territorio ecuatoriano, dijo. El nuevo “cachorrillo del imperio” arrebujado más que nunca en los brazos únicos del Señor Bush, se prepara para sortear la crisis regional originada en el ataque que sacó del juego al número dos de las Farc - si es que el número uno todavía vive - y que desnudó las lealtades políticas y militares de los gobiernos vecinos con la narcoguerrilla, a quien la comunidad internacional puso en la lista de terroristas del mundo.

Monseñor Uribe Vélez, Mico Mandante y Correita

Monseñor Uribe Vélez, Mico Mandante y Correita


Del bombardeo del ejército colombiano al campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano se salvaron tres computadores y tres mujeres que dormían. Un periódico venezolano – La Verdad – publica hoy 4 de marzo en primera página el siguiente titular: Venezuela y Colombia al borde de la GUERRA.

El comercio legal entre fronteras se derrumbó, ni gasolina de allá para acá, ni combustibles de aquí para allá. Desaparecen cientos de empleos directos, se reducen las ventas y por lo tanto los ingresos. Las maniobras de Mico Mandante han contribuido a acelerar el conflicto típicamente social a ambos lados de la frontera.

El computador de Reyes no tenía la información cifrada como el de Jorge 40. Se habla de tres computadores sobre los que un enjambre de analistas, apoyado por los Estados Unidos, se afana en salvar y reproducir documentos, cifras, fotos, correos, para darle a Uribe con qué responder en el encuentro del grupo de Río en Santo Domingo, en la OEA y la ONU.

El gobierno estudia las condiciones para demandar a Mico Mandante ante la Corte Penal Internacional por apoyo financiero y logístico a las FARC. Venezuela firmó el Pacto de Roma y lo ha roto.

Las FARC tienen un vendedor en Bogotá que les ofrece 50 kilos de uranio, a dos millones y medio de dólares cada uno. Dispone de cincuenta. Se asume por la recomendación de Reyes al Secretariado, que el uranio sería para vender. Las FARC con uranio no hacen nada, no tienen ni la tecnología ni la infraestructura para ensamblar dispositivos nucleares. Lo que harían sería vender el material a países interesados. Venezuela en primer lugar.

El Mico Mandante de las huestes bolivarianas rompe relaciones con Colombia, militariza con diez batallones la frontera, evacua su embajada en Bogota, tras la muerte del camarada Raúl Reyes. Por quien guardó un minuto de silencio. Fue un buen revolucionario, dijo.

Si algo, en este primer capítulo de la temporada de opereta tropical, queda claro, es que Chávez está con las FARC, contra Uribe y contra Bush. Correita, es el peón de brega, un socialistero alquilado al bolivarianismo ofensivo. No tiene política propia, no representa los intereses nacionales. Se le informó que 47 campamentos de las FARC operan en territorio ecuatoriano. Se limitó a decir que el Ecuador limita por el norte con las FARC. Prestó a espaldas del pueblo ecuatoriano su territorio para bases de las FARC, a pedido de Chávez. No tiene palabra. Por la mañana se muestra comprensivo y cooperador con Monseñor, por la tarde, tras el llamado de Mico Mandante, se lleva su embajador de Bogotá.

Ahí hay una novela.

Lo que hay del 4-F al 6-M

Lo que hay del 4-F al 6-M


La sola condena a la marcha del 6 de marzo hecha por el Montecinos del régimen (el primo de Pablo Escobar que trabaja en Palacio como ideólogo de la seguridad democrática) y por ese cuervo de mal agüero, ladrón y vituperante de Fernando Londoño, es una razón adicional para salir a caminar contra el paramilitarismo y los crímenes de Estado. Sirva o no al propósito de reparar a las víctimas, que debería ser la consigna central de la movilización.

Ambas marchas, la del 4 de Febrero y la del 6 de Marzo, han terminado por convertirse en reveladoras demostraciones de la posición política real del Gobierno y la sociedad civil. El argumento gobiernista que repiten los idiotas adeptos, si es que se le puede llamar argumento, es que no marchan porque es una marcha organizada por las FARC, para desquitarse de la que se hizo contra ellas.

 

Tan miserable pero tan revelador el “argumento”, aunque comprensible. ¿Qué presentación tendría una marcha encabezada por Monseñor Uribe Valezque, seguido de ese díacono aprovechado del Uribito, el Mono Holguín, el primo de Pablo Escobar y esa especie de jesuita mutante que es Londoño Hoyos, contra sus socios parapolíticos, veinte de ellos tras las rejas y otros veinte investigados?

 

En la sociedad civil dividida, también se revela esa doble moral uribista que se le ha atravesado como rapto de popularidad al alma de las mayorías. No hay explicación plausible para no participar en la marcha del seis, como tampoco la hubo en la del cuatro – salvo que se repita el argumento del gobierno –, que seguramente será el de los que se abstengan. Valga en sentido contrario, recordar que sería tan estúpido no participar, cómo lo fue no participar en la anterior, con el “argumento” de que era organizada por el gobierno.

Ambos casos revelan una tontería pedante que supone que la sociedad civil es completamente imbécil, manipulable y por tanto sin ninguna autonomía para moverse en una u otra dirección y con el riesgo que todos corremos, el de equivocarnos. Quienes así piensan son las aves negras de la perdición: sin remedio definitivo. Los abstencionistas de ambas marchas, seguramente muchos más en la segunda, deberían explicar cómo es que para ellos hay violaciones a los derechos humanos de segunda y primera categoría, víctimas de primera y segunda, secuestrados de primera y segunda. Que unos merezcan la participación y otros el silencio.

¿Qué diferencia hay entre un secuestrado por las FARC y un secuestrado del paramilitarismo? ¿Qué diferencia hay entre las víctimas de la violencia de Estado, de las FARC y de las AUC? ¿No es acaso la vida, en últimas, el respeto completo a los derechos de todos los ciudadanos, lo que nos debería animar a marchar cuando quien convoca es la sociedad civil? Por sentido de respeto, no dejemos de reconocer que la sociedad civil es un actor.

¿Qué tan pobre es la literatura del Valle del Cauca?

¿Qué tan pobre es la literatura del Valle del Cauca?

A finales de 2007 un artículo de Julio Cesar Londoño, en la fenecida gaceta de El País de Cali, levantó un alboroto provinciano y divertido alrededor de la literatura regional. Palabras más, palabras menos, Londoño reconoce que el origen es Jorge Isaacs y que el presente es pobre, lánguido y aburrido. No obstante se atrevió a hacer una lista de los que a su juicio representan hoy lo mejor de las letras locales. Naturalmente los excluidos protestaron en la pluma del Licenciado Fabio Martínez, quien a su vez publicó su propia lista. En la pugna entre los autores de la literaria regional terminó interviniendo el ex infante terrible de la poesía vallecaucana, Alvarado Tenorio, quien se apresuró a decir que las dos listas estaban equivocadas. Para Londoño el panorama de las letras es pobre – como lo dijo en la reunión de directores de talleres de Renata en Cartagena en Enero 2008 –, para Martínez el panorama no es desolador, hay producción, autores. Se cuida de mencionar que lo que no hay es lectores. Para Alvarado, ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Estuve tentado a enviar una nota al País, para burlarme del alboroto que causó la socarronería provocadora de Londoño, su graciosa maledicencia, aplicada al arte de hacer rabiar a los académicos. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, por los días en que se esperaba la segunda respuesta de Martínez, sorpresivamente la Gaceta cerró. (No sé si se enteraron de lo que les iba). Lo que pensaba decir era que la discusión si tiene sentido, salvo que se elimine el derecho a comparar la producción literaria entre regiones. Sería interesante comparar el número de escritores publicados en promedio en un período de veinte años, el número de títulos año, las páginas de narrativa año, el total de ejemplares, el número de editoriales, de la Costa, Antioquia, Bogotá y Cali (un buen proyecto de tesis en literatura). Si Londoño no hubiera sido tan mamagallista y perezoso, habría publicado las estadísticas, habría comparado y hecho públicas sus conclusiones acerca de la relativa pobreza de las letras regionales en el Valle del Cauca. Aclarando, desde luego, que la calidad de las obras, está por encima de estos indicadores. Una literatura regional puede ser pobre en conjunto y sin embargo tener una obra grande. Me parece que hay un primer tramo en el panorama regional que va de Jorge Isaac a Andrés Caicedo, entre la patria boba y la rumba brava. Hay entre estos dos, por lo menos cincuenta autores citables, en un periodo de un poco más de cien años. El siglo fundacional, en el que sin embargo no aparece en el Valle un Tomás Carrasquilla, un Vargas Vila, un Barba Jacob, un García Márquez, un Germán Espinoza, ni un Rojas Herazo. La literatura regional después de Caicedo, tiene tres hitos locales. Humberto Valverde, un escritor de un solo libro recordable, del que hasta Cabrera Infante habló bien alguna vez. Fernando Cruz, el filósofo de café, el narrador que pudo haber sido y no fue, que no debió haber incursionado en las letras, a pesar del oficio que tiene. Y Álvarez Gardeazabal, que dijo haber interrumpido la escritura de novelas, porque para qué si la gente no las lee. El cuadro pues, se completa - de una parte - con un vaticinio regional que nos pone a la altura de las metrópolis posmodernas, donde hay tiempo para especular, como lo ha hecho hasta George Steiner, sobre la “muerte de la novela”.  Capítulo aparte merece Ángela Becerra, publicada en Colombia por Villegas Editores, la misma editorial que publica a Roberto Rubiano, nuestro director nacional de Talleres. A ella hay que leerla con cariño, que aunque menos ciego que el amor, sabe hacerse el de la vista gorda.

¿Si perdemos la confianza en la sociedad civil, qué nos queda?

¿Si perdemos la confianza en la sociedad civil, qué nos queda?

 Cuatro de febrero de 2008. Más de un millón de personas en Bogotá. 600.000 en Cali, 550.000 en Medellín. 220 ciudades en el mundo mostraron a los colombianos, como sociedad civil (Kuala Lampur, New York, Londres, Pekín, Sidney), más allá de los alcances manipulatorios del régimen, de las garras de los políticos y de las trampas de los medios. Claro, de todo esto debió haber, porque ni el gobierno, ni los políticos ni los medios, dejarían escapar una convocatoria, que resultó ser la más grande de las que se tenga noticia. Internet mostró su alcance como herramienta eficaz en la convocatoria civil.  

Es fastidiosamente insulso y provocador partir del supuesto general de que la sociedad civil no tiene ninguna autonomía, que es irremediablemente tonta, manipulable y desorientada. Que nada hay que pueda hacer por si misma, y que sus gestos simbólicos, sus ademanes multitudinarios, siempre son el resultado de una maniobra encubierta de los poderes adversos. Pero en este caso, ninguno de ellos tuvo la fuerza para promover y controlar la movilización civil. ¿Habría sido lo mismo si hubiera convocado el gobierno, o el Partido Comunista o el Partido Conservador, o el Polo, o las familias de los secuestrados?

  

Y como la sociedad civil por naturaleza es plural, su pluralidad ejercida le puso color a la manifestación. Desfilaron los estrictos seguidores de los promotores, que propusieron una marcha contra las FARC, con camisetas blancas y letreros negros que decían “Yo soy Colombia”. A ellos se pegó el gobierno, Uribe en Valledupar alzando niños en la tarima de Francisco el Hombre y Uribito en Florida y Pradera, en compañía de ese otro muchacho que ahora es gobernador del Valle. Participó el Polo y los sindicatos afines, recordando que la lucha también es contra el paramilitarismo y el gobierno. Se escuchó reiteradamente, incluso por altoparlantes: “El pueblo unido jamás será vencido”. Marchó la iglesia que se tomó las tarimas para hacer un llamado piadoso y publicitario contra toda clase de secuestro y por la paz. Desfilaron los rabiosos anti FARC que pidieron guerra y muerte a los guerrilleros. Marcharon los antichavistas que le pidieron al coronel mantener sus manos fuera de Colombia: “Chávez go home”. Marcharon las asociaciones de víctimas del paramilitarismo pidiendo justicia. Marchó la clase alta diciéndole a Uribe que lo está haciendo bien, que continúe. Marcharon Consuelo y Clara, por el acuerdo humanitario. Marchó Petro por su amiga Ingrid Betancur y las familias de los secuestrados, pidiendo su regreso. Y en las cárceles, los grupos de condenados de las FARC, se manifestaron contra el secuestro y le dijeron a las FARC que no contara con ellos para el intercambio.

  

Quienes no marcharon, por muy respetables que sean sus razones, dejan ver el cobre en algo definitivo: sienten desconfianza por la sociedad civil, rechazo a una manifestación de masas, con minúsculos argumentos que fueron sepultados por la participación plural. Si uno está contra todas las violencias, como yo, necesariamente ha de estar contra la de las FARC (pero algunos de los que no marcharon parecieran tener en lo profundo de su corazón una simpatía vergonzante). Cuando las marchas se hacen contra el gobierno, nunca se ha escuchado a quienes en ellas no participan, que no lo hacen porque no se señala también a las FARC. Y lo mismo cuando se han hecho marchas contra el paramilitarismo, no se ha escuchado a nadie decir que no participa, porque no se llama a combatir a las Farc Pero cuando se llama a marchar contra las FARC, - valga decir que cuando la movilización por el asesinato de los diez diputados la marcha se hizo contra las FARC – entonces no salimos, porque el llamado no incluye explícitamente a los paracos y a Uribe.

  

Con la lógica de la desconfianza y el desprecio por las acciones civiles, con que se leen las expresiones masivas, los que no marcharon (incluyendo a Doña Piedad y a Doña Astrid) en vez de hacerle un favor a la solución civil, se están prestando con su intolerancia y su falso neutralismo, a la solución de fuerza, o a la que sería peor, a la falta de solución. Porque si no es la sociedad civil, la que con sus acciones presiona a los actores de la guerra, ¿entonces quién?

 

El violín

El violín

Una obra de bajo presupuesto, en blanco y negro, con el estilo de fotografía del Indio Figueroa, en el escenario rural mexicano, con actores naturales. Nominada en Cannes y con cuatro premios más de la crítica cinematográfica en su haber. De Francisco Vargas Quevedo sabemos poco, nunca lo habíamos visto. La película tiene esa extraña sobriedad de los documentales donde la imagen lo dice casi todo. Una película de largos silencios, de rostros adustos que inventaron expresiones para hacerse creíbles. Una historia de familia.  Ha pasado tiempo desde Canoa hasta El violín. Pero igual, tanto la una como la otra caben en la iconografía de las películas de izquierda. La película comienza con una sesión de tortura y violación que los Federales mexicanos inflingen a un campesino y a una mujer en el interior de un rancho de madera. Una escena que pareciera haber sido clandestinamente rodada. Sus ángulos, su plano fijo, el sonido, bien harían pensar que el camarógrafo estaba escondido mientras la filmó.  La película está contada desde la familia: el abuelo, el padre y el hijo, una unidad  dramática, mediada por el juego de un violín. El padre es guerrillero, apoya logísticamente -­ armas y municiones ­- a los irregulares que están en el monte. El conflicto comienza con el éxodo de las mujeres, cuando la familia llega de la ciudad, después de un viaje de un día. Los Federales han entrado a sangre y fuego, incendian los ranchos, matan a los animales, asesinan a los hombres y producen una migración. La munición que está enterrada en el maizal del abuelo, Plutarco Hidalgo, ha quedado bajo el dominio Federal.  Pero, también la película, serviría a los fines de la derecha, si pasando por alto la bestialidad oficial, se reservan los hechos finales, como ilustración de que la guerrilla no es sostenible. Los irregulares son emboscados, hechos prisioneros y conducidos a un rancho. Todo termina resolviéndose a favor del ejército, que en un golpe de invisible inteligencia, logra utilizando el rastro del violín, para dar captura a los auxiliadores y a la columna.  La tortuosa sensibilidad del oficial que comanda los Federales y la ejecución del violín que Plutarco Hidalgo toca atándose el arco con una cuerda al muñón de su mano, se encuentran en un juego lento, mesurado, hasta llegar a una última escena, en donde el oficial le exige al viejo que toque su violín, que ha dejado enterrado en la caleta del maizal, para utilizar el estuche para sacar la munición. El dramatismo de la expresión del viejo y del oficial, la gravedad de los largos silencios, la intensidad con que el director - productor y guionista – resuelve el conflicto particular, en el que el viejo campesino se mete cuando el oficial le entrega el violín para que toque. De una buena historia, aunque no siempre sale una buena película, siempre se tendrán las condiciones para hacer una película inolvidable.

Contra las FARC

Contra las FARC


Si  un amigo te apuñala por la espalda – decía el finado Fontanarrosa – con confíes en él.  Hay enemigos de enemigos. Enemigos declarados, indirectos y taimados. Contra la sociedad civil conspiran todos. Pero lo hacen de distintas maneras, en distintos tonos y con recursos diferentes. Las Farc son el enemigo directo, declarado y activo de la sociedad civil. Si su guerra se limitara a combatir al régimen, a las tropas, a objetivos militares, a las ideas del régimen, a las políticas miserables, habrían ganado ante el mundo el reconocimiento de fuerza beligerante. Pero las FARC son un cartel, administran campos de concentración, tienen objetivos civiles, secuestran con fines extorsivos, compran secuestrados al hampa y no combaten una sola idea política del régimen. Se han ganado internacionalmente el reconocimiento legítimo de terroristas. Y contra todo terrorismo hay que estar.

 

No hay razón para que la sociedad civil no esté contra las FARC: con un editorial, con una denuncia pública, con una película, con una marcha, con símbolos, con gestos colectivos, con el silencio. La resistencia civil en Portugal se enfrentó al ejército del régimen con claveles. Gandhi se enfrentó al imperio británico, como los cristianos, poniendo una mejilla y luego la otra. La sociedad civil norteamericana se enfrentó a la guerra en Viet Nam con marchas pacíficas. No hay razón moral ni política para no estar contra el terrorismo. Se trata de una sencilla y casi instintiva reacción civil contra lo que promete matarnos, lo que nos pone en riesgo, lo que daña la vida. Una sola concesión al terrorismo, hace tan malos a los buenos.

 

Solo una porción mezquina, ciega y torpe de opinión, que ha perdido hasta el sentido común, podría creer, que no se debe participar en la marcha del 4 de febrero porque Uribe está contra las FARC. Porque está contra las FARC. De ahí su persistente y costosa guerra, que todavía no gana, pero con la que le ha reducido el campo y el margen de respuesta al cartel rojo.

 

Imaginemos una situación completamente ficticia: de aquí a mañana a Bush se le da por evacuar a los prisioneros afganos y paquistaníes de Guntánamo, propiciar una revisión de sus procesos a la luz del derecho, respetar la condición de prisioneros de guerra y permitir que la comunidad internacional supervise un nuevo proceso. Eso no lo haría Bush. Claro que no. Pero si lo hiciera, uno no podría salir a decir que mantengan el campo de concentración en Guantánamo, que no revisen los procesos, por el hecho de estar coincidiendo con Bush. Tampoco se podría quedar uno callado. Si lo que hemos pedido es que acaben con el campo, que se respeten sus derechos de prisioneros de guerra, que se revisen los procesos. ¿Cómo podríamos cambiar el punto de vista por el hecho de que a Bush se le de por coincidir? Pero es una ficción.

 

Si al gobierno de los comerciantes en China se le diera por abrir sus campos políticos de prisioneros, retirar la censura oficial, abrir un compás verificable de respeto por los derechos humanos, ¿tendríamos  que coincidir o no con el gobierno chino? aún conducido por la mano diestra de gángsteres rojos. Pero no es más que otra ficción.       

Vito Corleone y Lucky Luciano

Vito Corleone y Lucky Luciano

Si Uribe, según Chávez es un émulo de Vito Corleone, Chávez lo sería de Lucky Luciano. Uribe es un cobarde, un mentiros, cizañero y maniobrero, y jefe de una banda de mafiosos, émulo de Don Vito Corleone, un guerrerista santafereño que por cuenta de los designios acatados de Bush, se ha convertido en el principal obstáculo para la paz en Colombia. Mientras sea presidente será poco menos que imposible el intercambio humanitario y un acuerdo duradero. Palabras más, palabras menos, del Coronel socialista.

No obstante, lo cortante y brutal de la declaración, en la que el gobierno de Venezuela prescinde de toda diplomacia y prudencia, para decirnos lo que piensa de su vecino, y después de la cual el rompimiento de relaciones se pone al orden del día, ha venido a convertirse en un favor para Uribe. En efecto, tras la actitud camorrista y retadora, en Colombia se ha producido un espontáneo plebiscito - originado en ese oportunista sentido del nacionalismo sentimental - de respaldo al Presidente, que lo fortalece y que se refleja en una súbita elevación de su popularidad. Valiente gracia la de Chávez.

Uribe tiene rabo de paja, y bien grande. En Colombia, sólo algunos ácidos opositores editoriales como Felipe Zuleta y Alvaro Bejarano, se atreven a arrimarle la candela, con más desenfado aún que el Polo, y que otros sectores independientes. Lo que ha hecho Chávez es arrimarle una tea ardiente, que no obstante, por ser alimentada por cuenta del tercero en disputa - las FARC - ha venido a tener un efecto doméstico positivo.

El embajador Pavel Rendón ha sido llamado a consulta, y por lo que se sabe no regresará a Colombia. La frontera ha sido militarizada. Hay amenaza de restricción en la compra de autos a Colombia, las tensiones fronterizas han subido su temperatura. Y el gobierno de Colombia, más apocado que prudente, más intrigante que político, ha tenido que tragarse los sapos que le llueven de Venezuela. Seguimos sin Embajador en Venezuela (que supongo es uno de esos señorones que por razones clientelistas fue enviado por Uribe a Caracas).

Las FARC, a su turno, le devolvieron a Clara y a Consuelo a Chávez, pero acto seguido secuestraron seis civiles en el Chocó. Son tan imbéciles como Uribe y como Chávez. Hacerlo justamente cuando se han empeñado en una maniobra conjunta para obtener el reconocimiento de insurgencia, que conduzca a sacarlos de la lista internacional de terroristas, no permite que se los califique de otro modo. Uribe ha salido corriendo a Europa, para hablar con Sarkozy, con Rodríguez Zapatero, con el Rey y con el Señor Solanas, de quienes espera apoyo irrestricto para seguir manteniendo a las FARC en la lista de terroristas. Un viaje que probablemente hubiera podido ahorrase, habida cuenta que la imbecilidad política, y el alma delincuencial de las FARC, harán imposible el más mínimo consenso internacional, para que a los administradores de los campos de concentración en Colombia, a los capos del más grande cartel de narcotráfico en el mundo, la opinión pública mundial pudiera dejar de tenerlos como vulgares terroristas. Solamente a Chávez, que se ha convertido además en un buen socio del negocio de exportación de las FARC, se le antoja plausible una declaratoria en sentido contrario, con el argumento de que es el camino para la paz.

Colombian Dream

Colombian Dream

 Este comentario no refleja mi apreciación global sobre la película de Felipe Aljure, porque confieso que por momentos me dormí, aunque la estaba viendo a las ocho de la mañana. Es posible que lo bueno me lo haya perdido.   

Colombian Dream es una pepera, pero una mala pepera, repetida, circular, ahíta de lugares comunes, alrededor de una corrompida historiecita de compra venta de pastillas. Felipe Aljure, del que siempre podrá uno acordarse por la  Gente de la Universal, lo que hizo fue tomar una historia lánguida y aburrida y salpicarla con caricaturas negras de la sicariesca y luego agitar su cámara y hacer planos como loco, más de 1300. Moverla con osadía y sollarse la edición. Eso está bien, aun siendo la primera obligación de un espectador exigir historias buenas y bien contadas. En eso está toda la gracia.  

Pero un historiecita, de muchachitas lánguidas, sicarios negros, caricaturas sicilianas, bebés que narran, amas de casa ratas y gomelitos y gomelitas, por mucho que se estire no logra, a punta de caricaturas negras y cámara loca, ser una buena película. Lo que sí podría ocurrir en algún caso, en la situación contraria. Aljure quería sollarse su película, ponerse al borde de la ruina, quedarse un rato más en Girardot, y lo hizo, y eso está bien.  

 Me pareció muy curioso lo que los muchachos me dijeron de la película. De hecho esperé a verla después de haber acercado la oreja en la opinión de la generación de los veinte. Es áspera, rara, dijeron. Es una pepera, pero chévere. Un agite, superrápida. La historia es una mierda pero de lo que se trata es de jugar. Eso quedaría bien en animación, quedarían más parecidos los personajes. La historia es una mierda, pero Aljure quería jugar con mierda, como si fuera plastilina. Y bueno, estas y otras opiniones, me terminaron influyendo, cómo podría negarlo. Lo que vendría a probar, que un comentario sensato no depende siempre de las malas influencias. Me quedó con la película de Fito Páez.   

Mientras Kim Ki Duk hace una cosa como el Espíritu de la Pasión (prosaicamente también traducida como Hierro 8) y los Coen, hacen algo como, El hombre que nunca estuvo, y Gonzáles su Babel, Aljure está como un bachiller al que el papá le regaló su primera cámara, para que ruede todo lo que quiera, mijo. Desde luego Aljure es un bachiller aprovechado, aunque hizo mejores cosas mientras estudiaba, que esta que ahora nos presenta en su graduación. Más que una historia negra, le quedó como una historia rosa de subterráneo.