La venezolanización del intercambio humanitario

Las FARC internacionalmente aisladas, consumidas en el miasma inexorable de su condición de maphiosos con programa, en particular, después del asesinato de los diez diputados del Valle, encuentran en la mediación un aire necesario. Al día siguiente de haberse presentado Piedad en Caracas con su reciente investidura, pidieron a través de la página de Anncol, al gobierno de Chávez, que les abra una oficina de información en Caracas, en la perspectiva de su reconocimiento como fuerza beligerante. Se dice que Chávez y Raúl Reyes ya hablaron a través de lo que Chávez mismo llama el “teléfono negro”. El mayor riesgo en la operación binacional lo corre el Gobierno de Uribe. Una vez echada a andar la parafernalia humanitaria, Chávez por fuerza de las circunstancias a que lleva su expresa voluntad mediadora, tendrá que tomar una posición, delicada y diplomática, pero que terminará poniéndolo más cerca de Uribe o más cerca de las FARC. Un riesgo completamente previsible para el gobierno colombiano. Uribe previendo las consecuencias, se adelantó en una arremetida política, que coincidió con la llegada de Piedad a Caracas, a calificar a las FARC de “pandilla hitleriana” con la cual no habrá acuerdos para el despeje de un solo milímetro de territorio. (A diferencia de Piedad, para Uribe el no despeje es el punto clave) Para ambientar su posición en el marco diplomático de la venezolanización del conflicto, sacó al Ministro Uribito a la plaza pública, hace tres días en Pradera y Florida, a promover una cruzada nacional contra el despeje.
A la sociedad civil se le abre una esperanza, a las familias en particular, para quienes cualquier cosa que se haga es útil, venga de donde venga. Aun después de haber sido históricamente defraudadas por el Gobierno y las FARC en el curso de las distintas aproximaciones, que terminaron todas en lo mismo, queriendo manipular el intercambio para obtener ventajas tácticas que repugnan al espíritu humanitario.
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