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Alberto Rodríguez

El final de la pandilla mediática

El final de la pandilla mediática

Cuando Roberto Pombo leyó la columna de José Obdulio Gaviria en su propio periódico, el Tiempo, la mañana del 18 de septiembre mientras desayunaba, descubrió que su editorialista se había convertido, de la noche a la mañana, en un cuentista, un mal cuentista, desde luego. Pero la columna ya se había publicado y corría a velocidad de torpedo.

Cuando a Claudia López la despidieron del Tiempo por patear la lonchera, el primero en aplaudir rabiosamente fue Gaviria, el primero y más caracterizado lameculos de Monseñor Uribe Vélez.

Del incidente mediático de sabotaje que terminó con la carrera editorialista del primo de Pablo Escobar en el Tiempo, se derivan dos hechos de bulto. El primero, que la pandilla mediática de los uribeños finalmente ha sido desmantelada. El segundo, que los tres propagandistas mediáticos de la pandilla, se cayeron, más por pendejos, que por malévolos. Yamure el filoparamilitar que disparaba desde las páginas editoriales del Espectador, y Pachito Santos, el falangista, que disparaba desde los micrófonos de RCN.

Gaviria escribió un “editorial” en formato de noticia, que por sí misma era un torpedo de alta potencia en contra de las conversaciones de paz entre el gobierno y las Farc. Nada de lo que dijo sucedió, inventó los protagonistas y los hechos. Curioso que un periódico como el Tiempo no tenga el control editorial de lo que publica, no de otra manera se explica el gol editorial. El respeto por el punto de vista de los editorialistas, no puede llegar al punto que el periódico pase por alto el contenido de las columnas que publica semanalmente. Gaviria inventó un secuestro en Bogotá que había terminado negociándose en La Habana, entre el Jaramillo del gobierno y el de las Farc.

Pero al mismo tiempo, nadie puede ser más perversamente ingenuo, que el mismo Gaviria, que supuso que con una ficción, podría desde las páginas del Tiempo, hacer estallar el proceso. Se necesita creer imbéciles a los lectores, al gobierno y al periódico. Más que su mala fe narrativa, lo que no se le perdona es que nos haya creído a todos imbéciles, aunque tal sea la común y constante tentativa de los uribeños.

Ahora Gaviria, podrá intentar, enviar sus cuentos al Malpensante.

Un encuentro con Gabo

Un encuentro con Gabo

Debió haber sido por allá en 1977. Era por entonces estudiante de filosofía de la Universidad Nacional en Bogotá, aunque mucho más que la filosofía, lo que me había atrapado por completo era la reportería periodística. Trabaja en la revista Teorema, que ya para la fecha,  era la segunda más importante – en términos de circulación – después de la revista Eco de Don Karl Bucholz.

La revista no tenía una división del trabajo como las revistas modernas, departamentos de edición, de redacción, de mercadeo. El puñado de izquierdistas que éramos, lo hacíamos todo: la reportería, las notas, los editoriales, las fotografías, corregíamos los textos  en  interminables reuniones, vendíamos la pauta, contratábamos la impresión, hacíamos la diagramación, asistíamos a la impresión en los talleres en que nos fiaban, y recibíamos los bultos de la revista oliendo a tinta fresca. El momento que pagaba todo el esfuerzo, pero también capaz de aguar la alegría, al momento de encontrar las erratas, que a todos se nos habían pasado.  Nos repartíamos la edición entre todos y nos echábamos  a la calle, a las universidades, colegios, sindicatos, barrios, pueblos, librerías y naturalmente a las concentraciones políticas, a vender el órgano de la “cultura revolucionaria”.

Una noche en la que había salido solo a vender la revista en el sector de Chapinero, andaba husmeando entre corrillos de intelectuales, estudiantes nocturnos y mesas de café, en donde se arreglaba entra tanda y tanda de tinto el mundo, y en las que a veces resultaba una buena venta, cuando no era menester salir corriendo, para evitar un "debate" con los contradictores políticos. Así que sin saber exactamente cómo, llegué hasta el antiguo Teatro de la Comedia en la calle 62 con novena A, donde hoy está en el mismo local, el Teatro Libre de Chapinero.

Debió haber sido una obra de teatro la que se presentaba, ya no lo recuerdo. La calle estaba atestada de autos y hombres y mujeres elegantes. Una obra de cartel. Así que me situé en la entrada, y a cada quien que ingresaba le iba ofreciendo la revista. Ya no era necesario explicar de qué se trataba, bastaba decir Teorema. Costaba quince pesos.

De pronto se detuvo un carro negro frente al hall del teatro, largo como una limousina, y descendió acompañado de alguien más, Gabriel García Márquez, vestido con un impecable saco negro de terciopelo, por el que entresalian las puntas de una camisa blanca. Sacó de su bolsillo lateral lo que parecía un pase  de cortesía, eludió la taquilla y siguió. La obra había empezado hacía unos cuantos minutos. Así que cuando llegó hasta donde yo estaba, le extendí la revista mientras nos cruzamos una rápida mirada. El hombre se detuvo, hojeo rápidamente la revista y luego del bolsillo ineterior del saco, de entre una cartera de cuero negro, sacó veinte  pesos y me los extendió.

-         Es un obsequio – le dije - llévatela, me haces un honor si la lees.

-         Coño, no seas pendejo, si sigues regalando la revista, se van a quebrar.

Un pollo para Shakira

Un pollo para Shakira

Al embarazo los escándalos laborales no le caen bien. Qué podría pensar el bebé de Shakira, suponiendo que pensara, de la demanda que le ha caído desde Bogotá. Que su mamá desconoce derechos, que por algo será, o que la están calumniando. Lo mismo que cualquiera pensaría tratándose de una estrella, un monstruo perfecto, como Truman Capote llamó a tales criaturas.

Está en manos de Abelardito de la Espriella. Sus quince minutos de gloria, cotejándose en los tribunales con el astro pop, su majestad Shakira, a quien acusa de desconocer los derechos laborales de Maritza Ávila, su ayudante de cámara y Diwier Hernández, asistente-chofer - ambos de nacionalidad colombiana-, al despedirlos después de 24 y 11 años de servicios. Soportaron  todas las íntimas tormentas solares del astro pop y una madrugada salieron por la puerta de atrás con seis mil dólares cada uno.

Si yo fuera el bebé de Shakira me negaría a creer lo que se dice de ella. No es posible, en qué cabeza cabe, que el hada de los pies descalzos, la telonera de la paz, la educadora volante, pudiera terminar con algo que es más que un contrato, una vida, con un pago simbólico. Los servicios de Maritza y Diwier son como los de la deuda externa, impagables. No hay gratitud que alcance si se traduce a euros.

El incidente que originó la demanda, según Abelardito, es título de un capítulo de novela de realismo sucio: “DESPEDIDOS DESPUES DE UN CUARTO DE SIGLO, POR NEGARSE A ASAR UN POLLO A LAS DOS DE LA MAÑANA” El pago simbólico se acompañó seis días después del despido con un documento que debían firmar renunciando a su derecho de reclamación. Así que los dos súbditos del astro no tuvieron más que cometer un acto de prosaico arrojo e ir a un tribunal en Barcelona. Igual que en una novela sucia, los abogados de Shakira, una vez requeridos, procedieron a demandar a los demandantes, por extorsión. La habían asistido desde que el astro tenía nueve años.

Abelardito ha pedido que muestren las pruebas. Si existen, alguien las habría puesto en youtube. Y si no, Shakira debería cambiar de abogados. Y para responder con la misma moneda de los abogados españoles, acusó a Shakira de evadir impuestos cuando vivió en Bahamas. Se esperaría que en Bahamas ya lo supieran y algo hubieran hecho, si se tiene en cuenta que Shakira estuvo una temporada en la isla en el 2009.

 El astro pop quería comerse un pollo. Digamos que fue asaltado en su buena fe por uno de esos vulgares antojos de embarazo que atacan hasta a los astros. Pudo haber sido que esa madrugada Gerard aun no hubiera llegado y ella ardiese en deseos de un pollo. ¿Qué tiene de raro? Hasta yo, a esas horas, hubiera ido en moto a llevarle un pollo, si me lo hubiera pedido.

Abelardito quiere comerse un astro, llevar a Shakira a Paloquemado. ¡Ublime! ¡Ublime! 

 

“Golpe de estadio”

“Golpe de estadio”

Si el tiempo que se come un tema en los noticieros es indicador de importancia, el futbol es para los colombianos más importante que las conversaciones de paz. Lo que no debe extrañar, quién no prefiere los goles de Falcao en la cancha, que los goles en una mesa de pino en Oslo.

La unidad nacional se hace con el futbol. Solo en una película, como la de Sergio Cabrera – Golpe de estadio - , ocurre que guerrilleros y policías se sienten a ver un partido. Es ficción, pero qué bueno que un día ocurriera. Que los combatientes soltaran los fusiles y fueran a jugar al futbol, que se levantaran cuadriláteros en todo el país para que subieran con guantes a sellar la paz.

La idea de las comunidades indígenas en el Cauca, de que los actores del conflicto desalojen el escenario étnico, no es tan despreciable como creen los políticos. Para que haya guerra se necesitan al menos dos. No escapa en tal lógica y en medio del conflicto, que el problema siempre sea el tercero. El negocio. De ser consecuentes las partes, la discusión del punto de la agenda sobre narcotráfico, debería producir una declaración conjunta que propendiera por explorar el camino de la legalización, como lo expuso Santos en Londres.

Al rastrear el tráfico de mensajes en las redes sociales sobre del partido Colombia-Chile, el martes en Santiago – no sé si en el mismo estadio donde los militares asesinaron a Víctor Jara – se observa el mismo efecto de la radio y la televisión. La noticia es el futbol. Y lo seguirá siendo durante las eliminatorias, y lo será más, si Colombia clasifica al mundial. Tendremos una agenda noticiosa de un año, que atraerá la atención de la opinión pública con una visceralidad, una fuerza y una feliz irresponsabilidad,  mucho más unitaria que la que la que deberían despertar las conversaciones. Apenas natural, y deseablemente mucho más prolongadas.

La discreción en torno a las conversaciones, es todo lo contario a la mega publicidad del futbol. La estrategia en ambos casos es secreta. Aunque sea más fácil adivinar la de Pekerman, que la de Santos o la de Timochenko. Lo común  a todos, es que quieran ganar.

En la película de Cabrera, una empresa petrolera norteamericana ha instalado un campamento en un caserío en Colombia,  bautizado Nuevo Texas. Con ese nombre, se convierte en objetivo militar de la guerrilla, que sostiene enfrentamientos con policía  de la zona, hasta que las eliminatorias  al mundial de fútbol de Estados Unidos 1994, los reúne frente al único televisor del poblado a ver el encuentro entre Colombia y Argentina.

¿Qué tal Marcos Calarcá y el General Mora Rangel saltando a la par por un gol de la selección?  ¿O la viuda de Don Manuel abrazada celebrando con Frank Pearl? El futbol es el olvido de la guerra. Y si solo en la ficción hemos visto a los unos y a los otros celebrando, es porque en la realidad ni los unos ni los otros se han tomado todavía en serio el asunto de la paz.

¿Nos serviría un empate en Oslo?

 

Free Pussy Riot

Free Pussy Riot

 

Punkeras feministas rusas encarceladas en Rusia. Toda su obra se reduce a seis canciones y cinco videos. Sus grabaciones aficionadas, sus voces poco educadas, han sido desestimadas por no ser profesionales, y en cambio, provocadoras y obscenas. Sus videos dan cuenta del movimiento de resistencia civil ruso, contra ese fantasma vivo de la KGB, Putin el Maldito, que las condenó a dos años de prisión por el delito de vandalismo (artículo 231 CPR)

Fueron condenadas por interpretar una “oración punk” en la catedral de Moscú en febrero, que protesta por el apoyo de la Iglesia Ortodoxa Rusa a Putin. El grupo se presentó con diez miembros, cubiertos con pasamontañas de vivos colores, cantando “Lancen los adoquines”, una protesta con humor y rabia contra las inminentes elecciones parlamentarias. “Las boletas de voto serán usadas como papel higiénico”, dijeron en su blog.

La primera canción y video del grupo fue difundido el siete de noviembre, día de la celebración del aniversario de la revolución bolchevique de 1917. Un mes antes, Putin anunció que él y su protegido, Dimitri Medvedev, intercambiarían sus cargos. El anuncio sucedió a las elecciones regionales. Observadores y críticos del gobierno denunciaron fraude y salieron a las calles.

En su blog, precisan las chicas del grupo, que “comprendieron que la Primavera árabe rusa, carece de liberación política y sexual, osadía, un látigo feminista y una presidenta”.

Aunque no entiendo lo que cantan, me gustaría que me flagelaran con el látigo de su música y con el otro si fuera posible, me gusta la osadía sexual que pregonan, me gustan sus caras, su expresión de alegre dignidad en el momento de recibir la condena, me gusta que el mismo día hayan tenido otra canción que regalaron al mundo, me gusta que hasta los punketos y las punketas se levanten contra esa abominable engendro del poder que es Putin, alimaña venenosa de muy oscuro pasado, me gustaría que la de las Pussy Riot, fuera otra causa, como la del soldado Manning y la de Julián Assange.

Me uno a Amnistía Internacional, a Madonna, a Paul McCartney, a Elton Jones, y a millones de personas en el mundo para gritarle a Putin y a todos los que se le parecen: Free Pussy Riot.

Así van a ser

Así van a ser

No es que las conversaciones para el fin del conflicto en Colombia hayan comenzado mal, es que así van a ser, porque lo único que no se puede soslayar, es el carácter de quienes se sientan a “firmar la paz”.  

Ayer desde la Habana, vimos después de diez años a los hombres de las Farc, El Médico, París, Granda, Calarcá, convertidos en interlocutores del gobierno de Santos. Como a plomo no se pudo, pues hay que hablar. Y para hablar, el gobierno, más que las Farc, tendrá que tragarse una variedad adobada de sapos venenosos. Al fin de cuentas se está hablando con el “cartel rojo”. Eso no se le puede olvidar a nadie.

Lo primero que pidieron las Farc, fue que Simón Trinidad, condenado a sesenta años en una cárcel norteamericana, sea liberado, para que vaya a Oslo a conversar. El primer sorprendido debió haber sido el gobierno. No caben dudas que fue una primera sorpresa, lo que nos hizo pensar que las conversaciones preliminares, hubieran podido ser utilizadas como mecanismo para agitar la causa de los “presos políticos” en cárceles norteamericanas. Si no hubiera sido una sorpresa, el gobierno habría tenido que disuadir a las Farc de la petición de última hora, porque no es realista, según Santos. No está en manos de los negociadores satisfacerla. De no haber sido posible disuadirlos, no se habría publicitado el inicio de una ronda más de conversaciones para la terminación del conflicto.

No es que se haya producido un aborto. Ninguna de las partes quiere desistir, porque a ambos les conviene. Al gobierno porque de lograrse, Santos se convertiría en el “presidente de la paz”. Y a las Farc, porque les permitiría hacer política, ir a la cámara y al senado, como Pablo Escobar, como el Gordo García, como Eleonora Pineda, o Alberto Santofimio. Y además, se le bajaría la presión al negocio de los “empresarios de la industria vegetal”, como se autocalificaba Gustavo Gaviria.

El mensaje que deja el primer round, es que los hombres del “cartel rojo” llegan como si tácticamente no hubieran sido golpeados; como si  hubieran utilizado las conversaciones previas para sacar de la chistera un conejo explosivo, jugándole sin realismo al gobierno; diciendo que desde febrero no secuestran oficialmente, aunque las asociaciones  de víctimas del secuestro de las Farc reportan entre 500 y 800 secuestrados; y llegan diciendo que ya no son narcotraficantes.

Nada de qué sorprenderse, son los hombres que se van a sentar al otro lado de la mesa, empresarios del terror, administradores de campos de concentración, secuestradores, homicidas, violadores, narcotraficantes. Tienen el prontuario suficiente para ser senadores.  En ningún cálculo está, que acepten que son lo que son, aunque de hacerlo – con justificaciones por causa del conflicto – darían una bofetada política a todos los gobiernos, al de Santos, haciendo explícita la aceptación – tantas veces rechazada con patriótica indignación – de que es con terroristas y narcotraficantes con quienes hay que negociar el fin del conflicto. Es realista.     

El laberinto de la agenda

El laberinto de la agenda

A tono con los tiempos modernos el primer problema para el proyecto de paz en Colombia es la agenda. Necesita tener en cuenta tres flancos internos. El carácter de los interlocutores, la negociación en medio del conflicto y el cese al fuego. Los aspectos logísticos, el dónde (no es lo mismo conversar en La Habana que en Oslo), la confidencialidad (que una vez conocidos los pronunciamientos de Santos y de Timochenko, se echó a perder) y el plazo, se han estado discutiendo desde que Santos asumió el gobierno.

Se va a negociar con un grupo narco terrorista, reconocido por la Unión Europa, los Estados Unidos y los delegados del gobierno. De tal forma que el narcotráfico tendría que estar en la agenda. Por fatal que suene, aunque se inscriba, ninguna negociación afectará la existencia del negocio, mientras no haya un acuerdo internacional de legalización. Que no haría parte de la agenda.

La escalada del gobierno contra las Farc desde la muerte de Reyes y la escalada de las Farc, justamente al final del primer tiempo del gobierno Santos, son catalizadores del proceso que comienza. Un cese al fuego es un solo y exclusivo punto de una agenda preliminar ad hoc. ¿Gobierno y Farc están dispuestos a un cese al fuego? No lo creo, son enemigos crónicos, retrecheros y mañosos, ambos. No son capaces de darse la prueba de confianza.

Sobre el término de negociación, su horizonte, Fabio Valencia dijo hoy al Espectador  “Por eso digo que esto no debe durar más de seis meses. Más allá es carreta”.

El asunto de la mediación internacional, la participación de Venezuela en particular,  es un componente nuevo, con respecto a las agendas de Betancourt, Barco y Gaviria. Venezuela es parte del conflicto. Pretendió declarase neutral respecto a él, aunque los lazos bolivarianos con las Farc, lo que quiera que sean, son vinculantes. El entorno del narcotráfico en Venezuela no es ajeno a la presencia de las Farc al otro lado de la frontera. Si se firmara la paz en Colombia, lo que sería mucho tiempo después de las elecciones de octubre en Venezuela, Chávez podría reclamar éxito en su mediación. Parecería muy poco, al lado del crédito efectivo que Santos se daría en un plazo cómodo en su agenda de reelección.   

En cualquier condición y en cualquier orden que se maneje la agenda de las conversaciones de paz, serán los intereses del grupo de poder en cada país, los que orienten el curso posible de entendimiento necesario para llegar a un acuerdo.

¿Quién se la juega por la paz? Esa paz, que parece más una ficción nacional, una esperanza desesperanzada, un rey de burlas, siempre aplazada en los últimos cincuenta años. Porque si algo queda claro es que en todo el tiempo, las partes nunca se la han jugado de verdad por la paz.    

¿Se puede llegar a la paz sin ganar la guerra?

¿Se puede llegar a la paz sin ganar la guerra?

                                                               La pregunta que guía el sentido de una nueva ronda de negociaciones. Cuando Santos dice que “la victoria es la paz”, está reconociendo que por la guerra no se pudo. Ocho años de Monseñor no sirvieron para un carajo.

La paz en Colombia es como un péndulo, oscila según las conveniencias políticas de los gobernantes. Belisario la ensayó y terminó con la toma del Palacio de Justicia, Barco la ensayó y terminó con la extinción de la Unión Patriótica, Gaviria la ensayó y terminó con Casa Verde, Samper la ensayó y no terminó en nada, como siempre pasa con él. Pastrana, fue el campeón, hasta divagó con el Premio Nobel, terminó con el secuestro de un avión en el que iba un senador, que obligó a que el ejercito entrara por la fuerza a la república independiente del Caguán. Hasta Monseñor Uribe la ensayó, con emisarios, propuestas discretas, aproximaciones, pero para él, tanto como para las Farc, la vocación es la guerra. Que Santos la ensaye, no es la excepción, es la regla. Sabe que militarmente la pelea no se gana. Van cincuenta años y  lo que fue el sueño de un grupúsculo de marxistas de la Universidad Nacional, se convirtió en el negocio violento del cartel rojo. Con la paz nunca se ha ganado. 

No se olvide, que se van a sentar a negociar – seguramente con asistencia del Garzón citadino, ya nombrado para sumir  funciones - con un cartel de traficantes de cocaína, que administra campos de concentración y hace terrorismo entre la población civil. Un ente monstruoso, mafioso, etnicida, ecologicida, muchos de cuyos desertores corren a las filas del paramilitarismo, y muchas de cuyas mujeres son víctimas del sexualismo de guerra. Lo primero para negociar con las Farc, es saber quiénes son esos tipos que están sentados al otro lado de la mesa.

Para Santos la paz como política es necesaria, ha invocado la constitución para amparar la iniciativa, porque según sus voceros las condiciones están dadas, porque su hermano sin cargo oficial está monitoreando los contactos en la Habana, y porque es la primera de su carro de campaña a la reelección.

La rabieta del “señor de los anillos” no hay que tomarla a la ligera. Monseñor Uribe sabe que las Farc no tienen vocación de paz. Sabe que las Farc no están interesadas en la toma del poder, como quiso hacer creer Alfonso López cuando dizque ponía a pensar al país. Siempre que se han sentado ha sido para sacar ventaja táctica, para darse oxigeno, para reagruparse, para fortalecer el aparato. La paz para las Farc, es un recurso de guerra. Al menos es lo que la historia muestra. El dilema de Monseñor, es que la vía armada tampoco es la solución. El más que nadie, que utilizó todas las formas de lucha contra las Farc, sabe que mientras el negocio fluya, militarmente no van a ser reducidas. Después de que dio el golpe a Reyes, tácticamente redujo el embate, para dejar el problema vivo, como argumento político a favor de la necesidad de la segunda reelección. El coletazo se escaló en lo que va del año, más golpes, más voladuras, más asaltos, más minados, más muertos. Después de la muerte de Cano, las Farc reaccionaron como reaccionó el cartel de Medellín, cuando extraditaron a Carlos Lehder.

Para llegar a la paz hay que ganar la guerra, dicen los generales uribistas infiltrados en el gobierno de Santos. Lo que en romance se entiende: no vamos a llegar a la paz. Con tal ecuación no se puede negociar.

El sentido político más fino de la negociación parte de reconocer quiénes están sentados del otro lado, Timochenko, Márquez, Gómez, Catatumbo. ¿A qué han venido a sentarse con los delegados de un gobierno que necesita la paz como combustible de campaña?

Con las Farc hay que ser muy duros en la guerra económica, en cuyo campo no hay negociación. El arma estratégica de esa guerra es la legalización. En el terreno de lo negociable, el gobierno sabrá sopesar el costo de cualquier compromiso. Hoy más alto que el que debieron pagar los gobiernos pasados, en su intento por conseguir la paz.

La guerra, en efecto, es algo tan serio que no debe estar en manos de los generales.

Los antiguos socios

Los antiguos socios

Que Salvatore Mancuso, el más poderoso y sanguinario jefe paramilitar, hoy  tras las rejas en una prisión norteamericana, se vea obligado a pedir protección a las autoridades para su familia en Colombia, como consecuencia de sus declaraciones contra Monseñor Uribe Vélez, sugiere la peligrosidad que supone delatar al ex presidente.

Un temor similar habrá de asaltar al General Santoyo, el más poderoso intermediario político-militar entre el ex presidente y los paramilitares, cuando por motivos de garantías, prenda su ventilador.

La fórmula samperista de “todo a mis espaldas” que en su momento fue una babosada olímpica, un insulto a la inteligencia, no le sirve a Monseñor. A Samper, salvo el bobo Botero, no se le descarrilaron los secuaces, todos se mamaron el canazo sin haberse convertido en sapos.

El eslabón más débil de todas las formaciones mafiosas, oficiales y no oficiales, está en la figura del “antiguo socio”. Es una ponzoña natural que se clava cuando el “cuerpo” hace crisis. Lo que Monseñor hizo en su doble periodo, al menos la mitad de los colombianos, lo sabemos. Y muchos de sus defensores gratuitos, también, pero lo defienden. Es el “efecto Uribe” en la cultura del país.

Santoyo, el chuzador, fue exonerado por el Fiscal, al servicio del ejecutivo. Es el ventilador más peligroso contra el cuerpo de poder de Uribe. Viene de su entraña administrativa. Mancuso era un aliado por debajo de la mesa. Uribe ascendió a Santoyo, lo mantuvo en el cargo, porque para el verdadero cargo, Santoyo era el mejor.  Hoy Monseñor se desmonta con los generales. Si la junta de generales, si el ministerio, si el General Naranjo, aprobaron el ascenso, por qué no él.

Mancuso aseguró que el candidato presidencial Uribe obtuvo el apoyo de las Autodefensas para su campaña del 2002 en el departamento de Norte de Santander. ¿No fue Uribe quien le pidió a los congresistas investigados por nexos paramilitares, que votaran antes de que los encerraran? recordó Mancuso. El paramilitarismo, desde el comienzo, tuvo a Uribe "como un aliado". “Vimos en él un enemigo fuerte en contra de las guerrillas”. Las unidades paramilitares repartieron fotos de Uribe y su fórmula vicepresidencial, entre la población, y dijeron claramente, por quién había que votar. 

Iván Laverde - otro jefe paramilitar – dijo que le “invirtieron unos 200 millones de pesos”. Repartieron camisetas con la cara de Monseñor, en los principales municipios y veredas del Norte de Santander. “Íbamos a esos municipios a hablar con los concejales afines al partido de Uribe”. El Iguano dijo que “usamos buses y camiones para llevar a los campesinos y pobladores a votar”, el día de las elecciones presidenciales de 2002.

 

Los urabeños dirán que es una vendeta de personas,  a las que por su condición, no se les puede creer. Lo que liminalmente significa, que al único que se le puede creer es a Uribe.  ¿Qué nos dirán hoy, cuando el peón de brega de Monseñor en Urabá, general Rito Alejo del Rio, acaba de ser condenado a 25 años de prisión?

 

Deseamos a Rito Alejo un largo y venturoso ventilador.

 

La mala leche de Yoani Sánchez

La mala leche de Yoani Sánchez

El affaire Assange se origina en la internacionalización de un volumen muy alto de información del aparato diplomático norteamericano, que se fugó y fue utilizado con fines informativos. Mostró algo que todo sabíamos, el oscuro fondo del accionar norteamericano en el mundo, pero esta vez con pruebas documentales de origen oficial. Assange actuó  como un “Robin Hood de la información”, declaró Yoani Sánchez en su blog del 17 de agosto.

Si Assange hubiera sido un bandido, un Doctor No de la información, se habría puesto en contacto con funcionarios de estado para pedir rescate por la información, con el riesgo natural que conlleva chantajear el gobierno norteamericano. O hubiera intentado vender a países interesados la información privilegiada. Pero Assange no es un bandido, lo que hizo fue apelar al derecho de libertad de expresión para compartir con el mundo la información reservada.

El conflicto sigue estando centrado en la internacionalización. Assange es reclamado por cuatro países. Inglaterra bajo cuya jurisdicción está y que surte de intermediario oficioso para cumplir una exigencia de la fiscalía sueca, que reclama a Assange por un “delito sexual”, como pretexto para extraditarlo a USA, que ha guardada una sospechosa discreción frente a la maniobra. Y Ecuador, que reclama el derecho al salvoconducto para que pueda ir a visitar a Correa en su casa.

En el desafortunado comentario de su blog, Yoani Sánchez se pierde, se aparta del punto, el derecho a la información, por el que ha luchado durante los últimos cinco años. Le parece “singular” que haya sido el Ecuador el país que le tendió la mano a Assange. Le parece “paradójico”. Como si con ironía objetara el derecho de asilo.

Digamos que sí, que es “singular y paradójico”, pero es que el punto no es el carácter antidemocrático de la política de medios de Correa. El punto es la confrontación internacional en el campo de la información, que origina el “delito” por el cual Assange, es hoy un perseguido político de la información. Lo demás es mala leche o simple falta de visión.

La declaración es desorientada, miope, tonta o de una mezquindad estremecedora. El anticastrismo de Yoani la cegó para ver en el affaire la oportunidad de insistir en el problema del cual ella misma es la víctima internacional más famosa de Cuba. Lo que le preocupa a ella no es lo que le pueda pasar a Robin Hood, sino que alguien como Correa le haya tendido la mano, que si bien le roba a los ricos no reparte a los pobres. Pero, hoy Yoani, ese no es el problema.

El asunto es, cómo arrebatar por vía de la opinión internacional, a Julián Assange de las garras imperiales de los Estados Unidos. ánchez

 

¡Hackers de todos los países uníos!

¡Hackers de todos los países uníos!

¿Recuerdan al soldado Manning? Había que salvarlo, no, hay que salvarlo. Fue él quien entregó el material a Julian Assange con el que destapó el sistema diplomático de las comunicaciones norteamericanas en el mundo. En el día de hoy recibió de la cancillería ecuatoriana la autorización de asilo político. Aplaudo al gobierno de Correa, aunque domésticamente, tanta liberalidad con Assange, sea apenas la otra cara de la moneda, la de la política antidemocrática para con los medios de comunicación de su país.

Para todos es claro que los Estados Unidos quieren a Assange. Buscan una condena perpetua, como la del soldado Maning. ¿Qué se ha creído Assange que son los Estados Unidos?  No es alocado pensar que podría ser objeto de una expedición internacional de cuerpos élite, que fueran por él a la embajada ecuatoriana, como fueron por Bin Laden.

El daño simbólico causado por las publicaciones de Assange, es equiparable al daño físico causado por el ataque a las torres gemelas. Aunque el primero tenga repercusiones más duraderas, que demostrarían dos cosas: la porquería política del sistema de control mundial de los Estados Unidos en el mundo, y la vulnerabilidad de los sistemas diplomáticos de comunicación en la era del internet.

Julian Assange, según la fiscalía sueca, cometió violación. Una doble violación, al calor de un menage a trois, muy sueco por cierto, en circunstancias que fueron publicitadas en la red. Lo doble violación, más que la brutalidad física de un hombre, parece el libreto de unas testigos alquiladas, que presionadas por la fiscalía, han convertido una noche de amor, en cabeza de un proceso criminal, que a nadie en Suecia le importa, pero que busca entregar en bandeja sueca la cabeza de Assange al gobierno de Barac Obama.

Suecia, como un sucio perro de presa, se ha prestado con autoridad judicial a reclamar a Assange, por un asunto que en otras circunstancias no habría pasado de una sucia noche de amor. Pero es de lo único de qué agarrarse para sostener la reclamación.

Esta noche Assange permanece en la embajada ecuatoriana en Londres, prisionero de la misma ciudad, en la que estuvo durante casi un año, el General Pinochet. La declaración del gobierno inglés al conocer la noticia del asilo, fue cortante: ¡nada hay cambiado, será extraditado! Nos cagamos en el derecho de asilo, no lo reconocemos, nunca lo hemos reconocido. Fanáticos imperiales para los que la razón de estado está por encima del derecho. Pero los perros no contaban con que Ecuador se atravesaría.

Reclamado por cuatro gobiernos. Legatario de material que compromete a los Estados Unidos, aun no revelado. Una historia de derecho internacional y de unidades élite. Que el espíritu de Anonimus proteja a Assange.

Hay que salvar a Julian Assange.¡ Hackers de todos los países uníos!      

Bansky: el terrorista del arte

Bansky: el terrorista del arte

El Museo Británico exhibió en Abril del 2005 en la sala 41 un fragmento de piedra datado de 38.000 años con la figura de un hombre esgrimiendo una lanza en pos de un bisonte. Varios días después, Bansky a través de Internet y en versión que el Daily Telegraph recogió, hizo saber que la piedra era falsa. Nadie en el museo, ni los curadores, ni los antropólogos, ni las autoridades del museo, ni los cientos de espectadores, se habían percatado que en la pieza hay dibujado un carrito de supermercado. El Museo retiró inmediatamente la pieza reconociendo que es una falsificación. En el revés encontraron la siguiente inscripción: “Hombre primitivo camino al supermercado” escrito en inglés. Lo que se sabe del artista es que se llama Robert Bansky y vive en Bristol. Tiene a su cuenta varias órdenes de captura por donar sus obras de manera no oficial a las salas de los museos. También lo ha hecho en la Galería Tate. Al Museo de Brooklyn, en New York, le donó subrepticiamente una lata de sopa de tomate como las de Andy. Al metropolitano de Arte, un escarabajo armado con misiles y antena parabólica, al museo de Arte Moderno, el retrato de una mujer y al Americano de Historia Natural, un dibujo de un militar del siglo XVIII con una lata de cerveza en la mano. Bansky utilizando peluca, barba postiza, gafas oscuras, sobretodo largo  y sombrero Stetson, penetra en los museos y deja sus piezas en exhibición, como si fueran parte de la colección. En una entrevista electrónica con el periodista Randy Kennedy, Bansky dijo que ha pensado incluir en su lista de donaciones al Museo Guggenheim. Ahora Bansky merece estar en la primera plana del New York Times. Sus quince minutos de gloria.

 ¿Un falsificador? ¿Un terrorista? ¿Un mamador de gallo?  Posiblemente nadie se ha preguntado, algo que podría parecer obvio ¿un artista? De hecho no es un falsificador. El fragmento de piedra con el hombre primitivo llevando con la mano derecha el carrito de supermercado y con la izquierda en alto apuntando al bisonte, no es una falsificación ¿de qué lo sería? Bansky ha tomado un motivo y lo ha ampliado, introduciéndole otro elemento. Lo que él deja clandestinamente en las salas de los museos son creaciones, así le cueste mucho a los museos reconocerlo. ¿Un terrorista? ¿Además del orgullo administrativo y técnico de los Museos objetos de donación, quién más sale lesionado? ¿Un bromista? Desde luego que sí, un terrorista que con una broma acaba con la credibilidad cultural de los museos, administradores seculares del gusto social consagrado.

 El affair Bansky lo primero que revela es la falta profunda de profesionalismo de los museos, comenzando por el Museo Británico, y por tanto la poca credibilidad que pudiera tener su autoridad y su canon. Estamos en una época en la que cada vez es más difícil - de lo que siempre ha sido - establecer la autenticidad de las obras, pero además, fijar la frontera canónica entre lo que es y lo que no es arte. Después de que en los sesenta Andy expuso sus latas Campbell de sopa de tomate, la frontera se corrió con aceptación social hasta el Pop Art. La siempre sinuosa y volátil frontera que separa el objeto de arte del objeto cotidiano, no hizo más que precipitarnos al relativismo estético. Si la frontera ha sido históricamente esquiva, hoy cuando los medios han proporcionado velocidades creativas sin antecedentes, el papel de los museos de arte, aceptados como órganos canónicos del gusto social, ha terminado.

 Parecería ser que a la broma de Bansky, los museos han respondido con la broma de sus curadurías, con la broma de su propia seriedad. Es posible que su lata de sopa sea mejor que la de Andy. Su fragmento de piedra de 38.000 años duró colgado una semana en el Museo Británico.  

 

 

¿Qué es un buen cuento?

¿Qué es un buen cuento?

Cada quien tendrá su forma de saber si un cuento es bueno o no. La mía es sencilla: un cuento es bueno si lo recuerdo con el tiempo. Si me dijo algo, o me hizo sentir algo, que permanece. No olvido por ejemplo, El viaje a la semilla, de Alejo Carpentier, El sueño del estratega de Mutis,  Mirian de Capote.

¿Qué fue lo que hizo que no los olvidara? Porque debo reconocer, que después de haber leído muchos cuentos en mi vida, una especie de inercia de la memoria me conduce al olvido. Hasta el punto de que he llegado a creer que hay algo en los cuentos mismos que los hace memorables, más allá del especial atributo de memoria literaria del lector.

Los buenos cuentos dan cuenta de un incidente o un personaje, que me revelan algo nuevo, tal vez no original, pero sí algo, que por la manera como se me presenta, surte el efecto de una revelación.

El buen cuento me saca del tiempo cotidiano, como si el haber estado suspendido en la atmósfera del cuento, me hubiera permitido una especie de paréntesis temporal, que me deja ser en un segundo mundo, distinto al cotidiano, de donde salen los cuentos. Lo particular del tiempo del cuento, es que ocurre de manera distinta al tiempo cotidiano. Por el contrario, un mal cuento malo, nunca nos arrebata de lo cotidiano, carece de la fuerza para empujar la experiencia a un  tiempo que solo existe en y por el cuento.

Ah, y nunca un cuento es bueno por el tema. El tema me tiene sin cuidado. Cada lector tendrá la libertad de decidir el tema, a la manera como se hace en la escuela. Al igual que la lectura que admite variadas y plurales interpretaciones, los temas de los cuentos están al arbitrio variado y plural del lector.  No deja de sorprenderme, que por ejemplo, uno muestre su cuento recién terminado, cuyo tema es la morbosidad del poder, y un lector diga que el tema es el castigo, y el otro diga que es la ambición.

Son tan pocos los cuentos que recuerdo.

El Polo denuncia infiltración marxista en el PC

El Polo  denuncia infiltración marxista en el PC

La vocación divisionista de la izquierda en Colombia, no es la única causa de su inmerecida opacidad histórica, de su falta de fortaleza y de la incapacidad para ser alternativa. Hay causas genéricas, que como en el caso del Polo Democrático, obedecen a una  incontenible gravedad que lleva a todas las organizaciones en el poder a competir en corrupción, burocratismo y  mala administración. Es la historia de todos los socialismos en los últimos cincuenta años. El socialismo español y el socialismo francés, son ejemplos rotundos. Y en nuestro caso, el Polo de los hermanos Moreno, que terminaron en la cárcel, como responsables de la mayor debacle de una administración en Bogotá.

El desastre electoral del Polo en las últimas elecciones de alcaldía, se dijo en su momento, era la cuenta de cobro que el electorado le había pasado al Polo. Los electores premiaron a un disidente, expulsado por cierto de sus filas, que hoy funge como el alcalde del amor. A las circunstancias más deplorables a que pudiera llegar el Polo, debió apelar de emergencia a la figura patriarcal de Carlos Gaviria, que se había retirado de la dirección, por desacuerdos inevitables y conocidos.

La noticia con que hoy nos levantamos es que el Polo expulsó de su seno al Partido Comunista, lo cual lejos de ser una equivocación, quizás sea un acierto, aun con el costo electoral que seguramente habrá de tener. Pero el argumento, que doña Clara López, esgrimió públicamente, es el menos verosímil, respecto a un aliado que nunca dejó lo que ser lo que es. Dijo ella, que se lo había expulsado por doble militancia. ¿Pero qué carajos significa eso? En el contexto en que se produjo la expulsión, la explicación no cuadra.

El Ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, desempolvó el argumento, de que las “marchas patrióticas” están financiadas por las Farc. Verdad o mentira, es el mismo y recalentado argumento que todos los gobiernos esgrimen para explicar cualquier movilización popular. Es curioso, por decir algo, que la “explicación”, coincida precisamente con lo que cientos de veces se le ha pedido a las Farc, que dejen de hacer la guerra y hagan política. La última vez que aceptaron, a la Unión Patriótica, la invitación les costó cinco mil muertos.

En el ambiente recalentado por el movimiento indígena del Cauca y las marchas populares, la explicación no solamente carece de presentación, sino que hace que una vez más, el Polo no haya  tenido condiciones, por su propio rabo de paja, de contarnos la verdad. Implícitamente queda la idea de que el afair tiene que ver que la teoría de “todas las formas de lucha”, que no solamente practican las Farc, tambien los gobiernos, los paramilitares, y las mafias. Aunuqe de haber sido tal, el PC jamás  habría ingresado al Polo.

¿En qué consiste esa doble militancia? En que por un lado los comunistas se sientan en el Congreso a legislar a nombre del Polo, y por el otro persuaden a las Farc de hacer política, finaciando las marchas.

Doña Clara necesitaría más verdad política, más sinceridad, para explicarnos por qué  prescindieron del socio más importante de la coalición. Sin el cual, pese a todo, hoy el Polo, no parece ser más que una agrupación folclórica de hombres libres sin capacidad de responder desde la izquierda al país.    

A mitad de camino

A  mitad de camino

A dos años de iniciado un gobierno, normalmente los defectos y desaciertos, hacen más bulto que lo que se ha conseguido. A la hora del balance, en mitad de la vida útil del gobierno Santos, no se  sabría a quién le va peor, si a Santos o a Petro. En ambos casos, por cuenta de sus enemigos, que en ambos casos son denunciados como responsables de la pérdida de popularidad y credibilidad.  

De cada cien colombianos, 56 desaprueban el gobierno de Santos. Pero tal cosa en realidad no tiene mayor importancia. Que nadie se asuste por una cifra, que tomada en serio, sería demasiado grave. Pero tomada políticamente, bien podría subir, llegar al setenta o al ochenta, y no afectaría ni la gobernabilidad ni el proyecto futuro de gobierno. La desaprobación o aprobación son hechos nominales, más estadísticos que reales, que carecen de consecuencias efectivas. Por ejemplo, que si un presidente baja durante dos años consecutivos de la media de aprobación pudiera ser revocado. Los resultados lamentables, comienzan a ser importantes, solo cuando como en el caso Santos, el  actual gobierno es una plataforma para un relanzamiento a un segundo período.

Las dos grandes verrugas del gobierno Santos son los problemas de orden público (desaprobación del 70%) y los de la salud (desaprobación del 67.2), que rajarían definitivamente la gestión presidencial, y que hacen más bulto que los logros, por ejemplo en relaciones exteriores, como lo muestran las encuestas. Pero el orden público y la salud no son los mismos problemas para la gente que para el Presidente. Para él lo son en la medida en que afectan la imagen conque a futuro, le  está apostando a su segundo período. Desde hace un mes se mueve más, es más ubicuo, da más abrazos, que si estuviera en la recta final de la campaña.  

El problema de seguridad, que va por cuenta de las Farc, que con su escalda, sus nuevas tácticas – incluida la de publicar cartas mensuales haciendo ofertas de diálogo -,  grupos élites, marchas indígenas, columnas caucanas, ha hecho todo lo posible, pera que al menos medio país, eche de menos a Uribe.

El problema de la salud consiste en que prácticamente al sistema lo desmantelaron los corruptos, de todos los partidos y de todas las tendencias, y el gobierno no tuvo, no tiene y no tendrá, la capacidad de combatirlos con autentica decisión, por incapaz o por cómplice, o por ambas cosas. A punta de investigaciones que solo se anuncian, paños de aguas tibias, tímidas declaratorias, el sistema va inexorablemente a su quiebra.  Pero el gobierno, hasta ahora, el mensaje que ha enviado, es que es mejor dejar los santos quietos.

Van las cosas tan mal en términos de efectividad de gestión y resultados, para Santos y Petro, que no faltará quien ya haya comenzado a añorara a Monseñor Uribe y a Samuel Moreno.

El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno

“Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer”.

El libro mítico que ha vendido más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo, hoy ya no se vende, porque cualquiera lo tiene en su ordenador. Creo que es un libro que ha sido sobrestimado. Su gracia es que el protagonista tiene quince años y habla en primera persona. Holden Caufield, protagonista, se convirtió en el antihéroe por excelencia de los adolescentes de la guerra fría, que vieron en Caufield un crítico feroz contra la escuela, la familia y la moral de los cincuenta. Caufiel no envejece por esa eternización de la obra, que todavía, le sigue diciendo algo a los adolescentes del siglo XXI.

Holden Caufield, como protagonista del Guardián, significa  mucho todavía, él, como personaje que se autoconstruye, porque tiene más peso, guarda más memoria que la novela como tal. El personaje remontó la novela y quedó engarzado en el cielo contestatario de la juventud. Más que una “novela de culto”, esa zalamera expresión tan utilizada por los medios, el Guardián, representa un “personaje de culto”, en tanto encarna la idealización de la revuelta contra los adultos. Un tema que siempre será popular entre los chicos.

El relato es casi nimio, un chico de quince años que se vuela del colegio para pasar tres días en Nueva York antes de aterrizar en su casa. Parece un cuento largo; sin arabescos; sin mayores virtudes literarias; aburrido por momentos; lineal y obsesivo.  Todo lo que cuenta lo rememora desde un hospital psiquiátrico.

John Hinckley, que intentó asesinar a Ronald Reagan en 1981, declaró que se había imbuido con Caufield desde el colegio. Mark David Chapman, el asesino de John Lennon en 1980, lo cito para explicar su acto.

El otro lado, extraliterario del Guardián, es el halo de misterio que rodeó a su autor. Tras la publicación del libro, huyó y se refugió en una cabaña, como Toreau. El libro se publicó en 1951, y su primera traducción al español se produjo diez años después, con el título de El cazador oculto. En otra traducción, la de 1971, apareció con el nombre del Guardián, que ha sido criticado por los lectores norteamericanos. Sólo concedió una entrevista, en 1974 a The New York Times y por vía telefónica, para defender su vida privada. "Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer", dijo Jerome David Salinger.

 

 

La virgen sus cabellos arranca en agonía

La virgen sus cabellos arranca en agonía

Los desocupados redactores del periódico inglés Telegraph se dieron a la tediosa tarea de examinar las letras de los himnos nacionales de todo el mundo para establecer el top de las diez más espantosas. Las letras de todos los himnos, valga decirlo, son cantos de guerra, de muerte, de alzamiento, de depredación, de conquista. Valores salvajes debidamente matizadas con metáforas contratadas de libertad y gloria. Hemos seleccionado una estrofa de algunos de los diez himnos escogidos:

Orientales, la Patria o la tumba
Libertad, o con gloria morir
Orientales, la Patria o la tumba
Libertad, o con gloria morir 

Uruguay: ya sabemos de dónde salió la consigna cubana, la de los extraditables y la de los elenos. Cantos que han dejado regueros de muertos. Es un estribillo necrófilo. Y la libertad de la que habla nunca llegó.

¡Viva España! Alzad los brazos, hijos
del pueblo español, que vuelve a resurgir.
¡Gloria a la Patria que supo seguir
sobre el azul del mar, el caminar del Sol! 

 España: en principio da la impresión de un asalto. La estrofa no tiene nada que envidiar al himno falangista - De cara al sol -, escrito por una “escuadra de poetas”, que como los que escribieron el himno, lo matizaron con espadas y fe.

Oh compañía de al-Báth, orgullo de los leones, 
el pináculo del orgullo y de la gloria heredada, 
avance, trayendo terror, a una victoria cierta 
y resucita la época de al-Rashid en nuestra tierra!

Irak: una estrofa consagratoria de depredadores, carnívoros que heredan la gloria. Un canto victorioso que en nada desentona con el estado permanente de guerra que se le ha impuesto a Irak. Terror a una victoria incierta.

La virgen sus cabellos arranca en agonía

Y de su amor viuda los cuelga del ciprés

Lamenta su esperanza que cubre loza fría

Pero glorioso orgullo circunda su alba tez

Colombia: una virgen, literalmente histérica que a causa de un amor perdido, se arranca a manotadas las mechas para ir a colgarlas sobre el árbol más triste de todos. No se puede uno imaginar de dónde saca tanto orgullo la calva y pálida energúmena.  

Juramos por el rayo que destruye,
Por los arroyos de generosa sangre derramada,
Por las brillantes banderas que ondean,
volar con orgullo en la alta montaña,

Argelia: le habría ido bien al himno de la Libia de Gadafi. Rayos que destruyen y que dejan arroyos de sangre. En medio de semejante espectáculo de barbarie, es apenas natural que cualquiera se quiera volar.  

Al tiempo que respeta nuestras madres y el respeto

La crema de la crema de nuestra nación en ascenso

Damos la bienvenida a todos los malhadada y golpeado por la ruina...Nuestra patria, la estepa, una cuna sagrada

Kazajastan: debe ser un país donde hay muchas madres y vacas que levitan. Podría ser una estrofa que bien le caería al himno de la India, aunque aquí – al menos lo reconoce – todos han sido favorecidos por la ruina.

El regreso del Guasón

El regreso del Guasón

James Holmes mató a doce personas e hirió a otras 58 en un cine de Aurora, en las afueras de Denver, durante el estreno de la última película de Batman,’The Dark Knight Rises’. Una vez en la cárcel del condado de Arapahoe preguntó a un policía: "¿Viste la película?", “¿Cómo termina?”. De hecho no fue el único que se quedó sin saber el final. La ficción en la pantalla fue arrollada por la realidad en la sala.

Holmes envió a un psiquiatra de la universidad de Colorado, una semana antes,  un cuaderno manuscrito con detalles sobre la planeación y ejecución de la matanza. El paquete, por una razón tan real como ficticia, no fue remitido el mismo día en que se estampilló, contrariando la puntualidad y profesionalismo del servicio postal. El cuaderno de espiral le llegó al psiquiatra después del crimen. Entonces descubrió que Holmes no era el Guasón.

 "Había dibujos de lo que iba a hacer, dibujos e ilustraciones de la masacre", dijo una fuente policial. En uno de ellos se ven dibujos esquemáticos de seres humanos con armas de fuego disparándoles a otros. La madre de Holmes no sospechaba de su hijo, no sabía del cuaderno y Batman la tenía sin cuidado (Madre acusado masacre Aurora).

 Tal vez el cuaderno del Guasón habría alertado sobre el crimen, tan perfectamente consciente, que no es cosa de un loco. Tendría que estar uno loco para hacer algo así, pero Holmes no lo estaba. Un estudiante de neurociencia, 24 años, buen hijo, retraído, discreto, respetuoso, un buen muchacho, como diría Monseñor Uribe, del que se podría esperar un desplante en un cumpleaños, pero no una matanza super cinematográfica. Una masacre que hubiera podido ser evitada, o que, de haber llegado a tiempo el envío, habría disparado mecanismos de seguridad que hubieran reducido la probabilidad. Pero el correo no se envió a tiempo, alguien en los correos norteamericanos evitó que se supiera, contrariando aun al Guasón, que se había tomado el trabajo de poner su cuaderno de matanza al correo. Algo que no alcanzó a ser todo lo que debería ser, el fusil de Holmes se atascó.

 En la enfermería donde lo alojaron a Holmes, por seguridad, debieron ponerle un protector de plástico negro en el rostro, para evitar que escupiera a los guardias. También, grilletes y chaleco antibalas.

 Una sociedad, cualquiera que sea, no puede esperar que la ficción industrial del entretenimiento, la industria cultural de la violencia simbólica y física, termine siendo impune. Siempre habrá alguien que se trague el cuento. Y lo peor es que ya no se necesita que esté loco para que arremeta como un ciclón homicida contra la gente, aunque seguramente el abogado defensor le habrá dicho que es necesario que se declare loco.

Los asesinos que inventan en las pantallas, siempre terminan siendo desteñidos frente a los que inventan entre las audiencias. El sueño de la razón de la sociedad norteamericana engendra  monstruos. 

El clan de los uribeños

El clan de los uribeños

Alfredo Molano en el Espectador del pasado domingo hizo una cuidadosa reflexión de lo que para Colombia podría significar el proyecto de Monseñor Uribe: puro centro democrático. Aunque noté más preocupación que rigor, no dejo de compartir con él, el cálculo certero del riesgo.

El nombre con que bautizaron el engendro, por sí mismo no es la fuente más confiable de análisis. Y Molano, como un semiólogo, se entrega a desentrañar los significados nominales de ese “centro” y de ese “democrático”, que tienen asidero en la red de antecedentes, aunque no alcanza a revelar del todo el “tapao” de la propuesta política de la derecha, esa sí pura, purísima.

En proporción al desgaste del gobierno Santos gana fuerza la propuesta del “centro democrático”. Un gobierno que dice más que lo que hace, de extrema debilidad ejecutiva, de ministerios fantasmas, de resultados vaporosos y ambiguos, atiza la reagrupación de las fuerzas más oscuras y violentas, que ya una vez intentaron “refundar la patria” a imagen y semejanza de una para-república corporativa de fuerza y orden.

La conspiración uribista inconclusa, detenida constitucionalmente por una especie instintiva de percepción institucional del peligro, no ha sido desterrada del espacio político, por el contrario, frente al vacio gubernamental le da al proyecto corporativo encubierto, la fuerza, con que después del atentado de las Farc a Londoño, se reactivó sin agüero.

Conocemos perfectamente a los socios de Monseñor Uribe. Sabemos quiénes son. Unos encarcelados, otros investigados, otros extraditados o pedidos en extradición, otros prófugos de la justicia y otros amparados en dudosos asilos.

De la misma manera como las Farc encubren su actividad de narcotraficantes con un esmirriado y desnaturalizado discurso “revolucionario”, el clan de los uribeños presenta su novedoso centro democrático, bajo la bandera de una cruzada por la seguridad nacional. El gobierno Santos reemplazó la seguridad por la prosperidad. Pero los nubarrones y los desórdenes del orden público le inyectan motivos y fuerza al proyecto conspirativo.

La pureza del proyecto, es de esa pureza que hace tan atractiva la cocaína colombiano para el consumidor norteamericano.

Por lo de centro democrático, ni centro, ni democrático. Primero porque en Colombia no hay centro político. Es una democracia descentrada. Y segundo, porque el único flanco que han ocupado, ocupan y ocuparán las fuerzas de Monseñor es el derecho, de donde provienen sus generales paisas. Y mucho menos democrático. Envuelve prosperidad para los dueños de la tierra, confianza inversionista para los socios internacionales del saqueo, TLC para los empresarios que están en el juego, fuego a las Farc y  a los indios y satanización política a todas las otras fuerzas: si no están con nosotros están contra nosotros.

Un proyecto para el cual los contingentes uribistas no descartan “todas las formas de lucha”. Y conociéndolos, todas son todas. Lo que cifra la realidad exacta del peligro, que se huele Molano. 

¿Qué tiene Dios contra los pastusos?

¿Qué tiene Dios contra los pastusos?

Quienes escucharon las trasmisiones radiales y vieron las de televisión, habrán oído y visto al director técnico y a los jugadores del Santa Fe, declarar con absoluta convicción, casi delirante, que el triunfo se debió a Dios. ¡Dios, Dios, Dios! Gritaba Wilson Gutiérrez, ahogado en la “embriaguez del triunfo”, que “nos devolvió una ilusión”.

La verdad es que le hice fuerza al Deportivo Pasto. Lo cual no me deja juzgar imparcialmente el triunfo, tras 37 años de veda. Aun así, puedo pensar que ambos equipos se encomendaron a Dios, ni más faltaba. Lo cual debió poner en aprietos a Dios. Ambos equipos confiaban en su parcialidad para obtener el triunfo. Y los santafareños lo refrendaron. Pero solo uno podía ganar. Y Dios hizo ganar al Santa Fe. ¿Qué coño de bronca tiene Dios contra los pastusos? ¿Por qué se fue con Santa Fe? Daniel Samper P dirá, sin que se le mueva un pelo, que Dios también es santafereño. Pero habría que dudar de un argumento tal. ¿Si lo es, cómo fue que les negó el triunfo durante 37 años?

No, no es porque Dios sea santafereño ni pastuso, sino porque Dios tomó partido. Nadie le puede pedir algo a Dios y al mismo tiempo pretender que no tome partido, que se parcialice, por la razón que sea. Probablemente es un misterio, como muchas de las cosas suyas a las que nos ha acostumbrado con cariño. Dios sabía que Santa Fe iba a ganar, anticipadamente, desde el momento en que tomó partido y concedió el gol de la honrilla, que en el segundo tiempo, se le metió de una pelota quieta a la malla del arquero pastuso. No estaría de más darle alguna protección al muchacho, al que Dios asignó el mayor castigo.

Pero aun así no se explica la decisión divina. Equipos parejos, un primer partido cero a cero, en el que mostraron equilibrio de disposición y fuerza, y un segundo partido, con el estadio incendiado por hinchas santafereños, que se decidió por la mínima diferencia.

Ahora entenderán que no me equivoqué en tomar partido por el Deportivo Pasto.