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Alberto Rodríguez

“La educación occidental es un pecado”

“La educación occidental es un pecado”

Boko Harum es un ejército islámico nigeriano de cruzados de la pureza, que tiene contacto directo con el Profeta. Su líder, un iluminado paranoico, llamado Abubakar Shekau, recibió hace algunas semanas un llamado urgente del Profeta. Cómo se comunican, supongo que es algo que hace parte de la reserva del sumario. El mensaje, como el de todos los profetas, fue lacónico y preciso: secuestra 200 niñas, las violas – hay que entregarlas probadas – y luego las vendes. Y Shekau, como Abraham, no tuvo más remedio que hacer lo que su Señor le ordenó.

El finado Saramago, con razón decía, hablando de la orden recibida por Abraham, de su Señor, de sacrificar a su propio hijo, que tal cosa nunca debería haber sucedido. Y que si sucedió, por el placer de probar la fe de un hombre, no fue más que porque le Señor es un hijo de puta. Probablemente Saramago, después de lo que escribió,  no haya ido al cielo de los que creen en el cielo, sino más bien, al mismo infierno donde María Fernanda Cabal, mandó al pobre Gabo. Aun así, la declaración metafórica de Saramago, es una premisa para comprender las bellaquerías que se hacen amparadas en la religión.

Las niñas todavía no han aparecido. Llevan más de dos semanas perdidas en los bosques del noreste nigeriano, en manos de unos interlocutores de la divinidad. ¿Hasta cuándo se seguirá utilizando a dios para refrendar todo el horror de la conducta humana? Una pregunta, que desde el punto de vista de la civilización, nos propone un asunto: la “justificación doctrinaria” de los crímenes - de lesa humanidad, violación de los derechos humanos, secuestro colectivo, acceso carnal y esclavismo - como los que ha cometido la secta nigeriana, en su afán por acabar la cultura occidental. Una causa parecida, a la que pondría en marcha una secta, que se propusiese terminar con la cultura oriental. Algo tan delirante, que no cabe más que en la cabeza de los delirantes que ponen en vilo al mundo todos los días.  

Pero de la misma manera que las sectas utilizan el nombre de dios para justificar crímenes de lesa humanidad, los movimientos políticos de toda laya, utilizan “nobles ideales” para encubrir la violencia indiscriminada: los proyectos fascistas, la violación de derechos humanos, el expansionismo. Miren los proyectos de revolución bolivariana en Venezuela, de federación rusa, de centro democrático en Colombia, de rehabilitación en China.

Estamos hartos de iluminados religiosos y políticos. Estamos hartos, que a nombre de dios y la democracia, se adelanten proyectos contra la dignidad humana y la democracia.

Pelos de la misma perra

Pelos de la misma perra

 Estamos a una semana larga de las elecciones de mayo. Dos fuerzas se disputan la primera vuelta, pero no son los polos opuestos. Monseñor Uribe, acusa al Presidente, de que a su campaña del 2010 entraron dineros del narcotráfico, a través de la gestión del gurú JJ. Olvidó decir que él era el director de esa campaña, en la que se tramitó la delegación del poder a su ex ministro de defensa. Cualquier imputación, de comprobarse la acusación, tendría que afectar por igual a Monseñor y al Presidente. Pero es posible que ambos hayan aprendido la lección del 8000.

Una vez más Peñalosa regresará a casa sin nada debajo del brazo, los verdes están viches. La pelea por el poder es una pelea entre familia. Que Santos haga campaña con la paz, es apenas natural, entre otras cosas, porque terminó importándole más la reelección que la paz. Que Monseñor haga campaña con la “otra paz”, también es natural. Pero la diferencia no los hace distintos.

La campaña es una reyerta entre miembros de una pandilla que se dividió, a causa del botín estatal. Gobernaron juntos, Santos le hizo la U a Monseñor, mandaban en el periodo de los falsos positivos, son cómplices de todos los encabezados penales contra el gobierno de Monseñor. El país asistirá - impotente - a la disputa electoral, el último domingo de mayo, a una reyerta entre iguales.

La historia del hacker Sepúlveda, además de un cuentazo, pone en evidencia la naturaleza común de poder de quienes se disputan la primera vuelta. Sepúlveda es un traficante de información que se mueve hace varios años en el mercado negro. Termina contratado por la campaña de Z. Chuza a los delegados a las conversaciones de paz en La Habana, chuza al Presidente y chuza a algunos militares. Tiene una línea de negocio con miembros activos de las fuerzas armadas, que venden información reservada, a compradores independientes del mercado negro. Si la función declarada de Sepúlveda en la campaña de Z, era la de director de mercadeo digital, su otra línea de negocio, bien que le daba para ponerla al servicio de Z. ¿A quién más podría servirle? Nadie tendría que sorprenderse, si el director de la campaña es Monseñor. ¿Qué haría pensar que los métodos de su policía política, que tan bien le funcionaron, no podrían ser de utilidad en la campaña de Z? De hecho Sepúlveda negocia con algunos militares del gobierno Santos. Santos y Pinzón saben de un mercado de información desde los cuarteles. Y Pinzón nunca se calló, ni siquiera el escándalo de Andrómeda lo despeinó.

Monseñor Uribe lanzó un golpe sucio y fuerte, tan fuerte que lo afecta a él mismo. Sin embargo, corre el riesgo frente a la situación. Es necesario hacer tambalear a Santos, en los últimos asaltos, a cualquier costo. Monseñor estaría intentando asumir ese duro papel de ser el Pastrana de Samper, en la campaña contra Santos. El Fiscal, ante la acusación, obró con un dejo de automatismo, demasiado evidente, quiso poner a Monseñor contra las cuerdas, para que presentara las pruebas. Y en efecto, un día después de la citación, se presento a la oficina del Vice Fiscal, a decirle, que no había ido a declarar ante ellos, sino a recusarlos como autoridad. Sería bastante molesto para Monseñor, a su juicio, tener que entregarle las pruebas reina al fiscal de Santos.

Si las Farc, esta última semana de campaña, hicieran algo para ayudar a Santos, le estarían inyectando oxigeno a la preservación política de la ya acordado. Porque sí hay un acuerdo, antes aun de  haberlo acordado todo. Algo elocuente y posible. Algo así como el reloj de Pastrana a Tirofijo, que tanto lo ayudó en la última semana.    

Todo vale

Todo vale

 Los editorialistas bogotanos nos amenizaron el desayuno del domingo, hablando de la cochinada de campaña presidencial que nos ha tocado en gracia. Vaya una noticia. María Isabel Rueda, dice que lo que más le preocupa, es que no aprendimos la lección del 8000. Cuando al contrario, lo que está sucediendo, es que la aprendieron y la han mejorado. Mauricio Vargas, dice que las “élites le están pavimentando el camino a un Chávez colombiano”. Con lo que se une al coro del coco castro chavista (cccc), que dirige Monseñor Uribe.

Que en la campaña Z haya hackers - éticos por supuesto, como todo lo que hace el Centro Democrático - que trafican información con las fuerzas armadas, chuzan como en los mejores tiempos de Monseñor, interceptan y espían a las comisiones de negociadores en la Habana, por supuesto que es sucio, cochinísimo, apesta. ¿Pero qué esperaban? Se trata de la campaña del elegido por Monseñor, para que lo suceda. En la última en que participó, por una segunda presidencia, él hizo trampa, incurrió en cohecho. Se trata de una pandilla, acostumbrada a torcer todo lo que se pueda torcer. Su lema: todo vale.

Que en la campaña de Santos, se moviera oficialmente un personaje como J.J Rendón, es legal pero huele tan mal. Tan mal como las estrategias que hicieron de Rendón, el mimado estratega de las campañas derechistas en distintos países. Que él haya sido el puente para cubrir favores del Presidente, que hicieron entrar a su primera campaña, dos millones, cien, o mil, no es un problema, ni es nada nuevo; aprendieron la lección del 8000. Si alguna lección dejó el caso Samper, es que se le puede torcer el pescuezo a la ley, y seguir en el poder. Una lección inolvidable. Su lema: todo vale.

Es una campaña entre sucios, no podría ser limpia. Lo particular, es que después de una campaña de bostezos, se hayan tirado lodo infectado, cuando algunas encuestas comenzaron a destacar el repunte de Z. Tanto Monseñor como Santos, tienen en su poder, poderosos ventiladores, que bien pueden usar, el uno contra el otro. Ambos son perros de la misma perra. Son antiguos cómplices, hoy enfrentados. Podría ser que lo que tuvimos que ver la semana pasada, haya sido un “on” rápido y amenazante, que cada uno accionó, antes de la tormenta judicial que se levantaría, si cada uno de ellos, comenzara a utilizar, lo que sabe del otro, como parte de algo que más que una campaña, es una refriega entre antiguos sucios socios. Unos que levantan la bandera de la guerra, y otros que levantan la de la paz.

¿Tendremos que darlo todo por la paz?     

La vejez, el último demonio

La vejez, el último demonio

Sobre los viejos y los niños se han dicho las tonterías más elocuentes, y aunque de buena fe, no menos tontas. Mucho menos se ha hablado del problema con que tienen que lidiar el niño y el viejo, en su relación cotidiana con el adulto, en el que se centra el lugar de referencia, para juzgar, tanto al uno como al otro.

En una mesa redonda a la que me invitaron, en el encuentro nacional de Relata, el moderador inició, cuando fue mi turno, planteando el asunto del tiempo no convencional de los viejos. Lo primero que dije, es que en el supuesto de que el tiempo de los viejos y los niños fuera un tiempo no convencional, con relación al del adulto, sería en el caso de los viejos, porque el reloj ya no marca lo que ha transcurrido, sino lo que falta. Dos días después, le escuché decir a Fernando Vallejo lo mismo, en un conversatorio sobre Casa Blanca.

El problema es el mismo para el niño que para el viejo: falta de reconocimiento. Aunque desde luego, la sociedad moderna, su psicología, ha caído en cuenta que el desarrollo de los niños demanda reconocimiento. Hay que leerles antes de que nazcan, ponerles música, hablarles todo el tiempo, estimularlos con sonidos, colores, formas. Reconocerlos como sujetos acreedores de estimulación permanente. Así se han hecho merecedores del más alto reconocimiento, desde luego no todos los niños, los de la clase media, en particular. Al punto que de la falta de reconocimiento de los niños en el pasado, cuando ni siquiera había un concepto de niñez, se ha pasado a un sobre-reconocimiento que los ha convertido en adictos demandantes de todo lo que se les antoje demandar, el centro incorregible de la vida cotidiana. Es, como si le dijeran al adulto, usted está aquí solo para satisfacerme. Hemos llegado con los niños a una especie perversa de culto desaforado del principio del placer, a nombre del desarrollo.

Por el contrario, de la privilegiada situación de reconocimiento de los niños, los viejos, que no son promesa de futuro, con los que la inversión ya no se hace en desarrollo, la falta progresiva, algunas veces sutil, casi cariñosa, y otras, tajante y sin miramiento,  de reconocimiento, los ha puesto en los niveles más altos de riesgo y exclusión. El hecho básico de la jubilación es un acto indirecto de exclusión. Se lo saca de la “vida útil” del trabajo, para darles un “merecido descaso” y se quedan sin lugar. Lo primero que se les desconoce es la palabra, su anécdota repetida no despierta interés, nadie la escucha, se queda sin interlocutores, los contemporáneos se mueren, o es como si ya lo estuvieran, las familias los llenan de cuidado pero nadie se ocupa de su ego. Su opinión se acepta sin chistar, disparatada o no, igual no determina nada. Y como si algo faltara, a alguien se le ocurre condecorarlos, por la más anodina de las causas, entonces los visten, los peinan y los trepan en un estrado, en donde se les chanta una medalla con discurso y champaña barata, después de lo cual ya no queda sino morirse.

La soledad, la mayor y definitiva asechanza de la vejez, no viene porque sí, viene por la pérdida gradual de reconocimiento. Lo que dice, lo que piensa, lo que hace el viejo, o es una chochera, una excentricidad o una güevonada. Su palabra dejó de ser influyente, su recordación parece una obsesión, su incapacidad para manejar la tecnología le hace perder participación cotidiana. Si no sabe prender el DVD no podrá ver la película; si no sabe usar un celular, no llama; si no sabe usar la tableta, bien que podría picar cebolla encima de ella; si no saben usar el ayudante digital de cocina, no podrán picar la carne. Y si a la consecuencia social de la vejez que es la exclusión, le agregamos las celadas de la biología, tendremos el cuadro completo de la soledad. Un viejo es alguien que se pierde en el silencio de su propia especie.

Ser viejo equivale a no ser sujeto de reconocimiento, aunque todos los cuidados materiales estén a su disposición. Se es viejo cuando se deja de ser para los otros. Dicho de otro modo, ser viejo es aproximarse a la condición de insignificante, en todo el estricto sentido de la palabra.

Todo conduce a pensar que el reconocimiento perdido tenga una oportunidad, si entre los viejos se hacen pactos colectivos contra la soledad y por la vida.

Palabra Mayor: un ensayo de reconocimiento.  

Un derecho dictado por Kafka

Un derecho dictado por Kafka

El derecho, quiero decir los códigos y las leyes, lejos de ofrecer un criterio único, sólido y completamente claro, para la resolución de los contenciosos propios de toda sociedad civil con Estado de derecho, es un hervidero de contradicciones, de paradojas y ambigüedades, que hace que las decisiones en derecho, también puedan ser decisiones en revés.

A Petro la Procuraduría lo echó mal. Todo comienza con la violación de los acuerdos internacionales que se derivan del Pacto de San José, que en su época Carlos Lleras Restrepo defendió, como un sistema de garantías civiles de carácter internacional, que se le reconocen a toda la población de los países signatarios. En Colombia, donde la Procuraduría es un organismo creado por la Constitución del 91, sus fallos son vinculantes. Ordoñez desvinculó del cargo y le cercenó los derechos civiles a la población de Bogotá que votó por Petro, y los de él mismo. Pero eso no bastaba para echarlo. Era necesario que el fallo de la Procuraduría estuviera acompañado por un fallo de la justicia, un tribunal, la única instancia en Colombia que puede destituir a un funcionario de elección popular.

Durante todo el periodo – de diciembre a marzo - la alcaldía y Petro estuvieron en vilo, mientras el Presidente Santos ratificaba con un decreto el fallo de la Procuraduría, y la CIDH se pronunciaba respecto a las medidas de defensa tutelar solicitadas por Petro, ante lo que para él es una violación a los derechos humanos. Santos hizo lo que electoralmente menos le servía en Bogotá, pero que le evitaba echarse encima a toda la derecha, empeñada en decapitar a Petro. Esperó hasta última hora el pronunciamiento de la CIDH, y lo decapitó él mismo. Solo después cuando ya se había acometido la violación, la CIDH hizo conocer las medidas tutelares a favor del Alcalde. En un lapso de tres semanas hubo dos alcaldes en Bogotá, el de Santos y la de Petro. Y menos de 24 horas después de nombrada la alcalde interina, el tribunal de Cundinamarca, en su sección de restitución de tierras, emitió un concepto de favorabilidad, amparado en las consecuencias vinculantes de las medidas cautelares, a una tutela interpuesta para defender los derechos del alcalde. Y en consecuencia Petro es restituido en la Alcaldía.

La Procuraduría y el Presidente fueron derrotados en derecho, por un procedimiento completamente en revés. Todo lo que se ha hecho contra Petro, presuntamente en derecho, son medidas alrevesadas que violan los derechos humanos y dejan ver la intención política de decapitar políticamente al alcalde. Se lo destituye mal, en consecuencia, violando los acuerdos internacionales. La CIDH tarda en emitir medidas cautelares, con lo cual hubiera protegido a Petro antes del fallo presidencial, pero prefirió esperar a que fuera el Presidente el que diera el primer paso, para luego revirar, y dar pie a que la justicia doméstica, a partir de una tutela, obligase a restituir a Petro. Una vez Santos conoció de las medidas cautelares, sabía que por un acción de tutela, se podría cuestionar su decisión. Se anticipó a decir, que si un juez se lo ordenaba, restituía a Petro en su cargo.

Antes de ayer se supo que tanto la Presidencia – a pesar de la declaración de aceptación del fallo de un juez - y la Procuraduría, impugnaron el fallo de tutela que restituyó al Alcalde. (Solo faltaría que las mismas cortes que fallaron a favor la tutela, ahora aceptaran la recusación). La CIDH puso la bomba y ahora en un torneo de instancias judiciales, la justicia doméstica, las cortes, tienen un sus manos la suerte de Petro. Ya no es la Procuraduría, ni la Presidencia, las que deberán decirnos si Petro se va o se queda. No obstante, cualquier sea el fallo, sus derechos siguen siendo amparados por las medidas cautelares.

Si a los laberintos jurisprudenciales de una ley que parece haber sido dictada por Kafka, perfecta en lo formal y al mismo tiempo monstruosa y proteica, se le agrega la mala leche política con que se le tuerce el derecho, tenemos un salpicón espeso de medidas que se niegan entre sí, que enrarecen cualquier decisión en derecho. Posiblemente nunca hubo un Alcalde más juzgado desde todos los flancos. Si se lo hubiera echado bien, Bogotá se habría ahorrado muchos de los costos del desgaste administrativo. Habría sido traumático de todas maneras, pero mucho menos que los fallos en revés, que hacen ver la ley como una broma, o como una forma de venganza. Pero no se lo podía echar bien.

Al mismo tiempo, ha sido la justicia, la que dentro del mismo Estado le ha dado soporte jurídico a los derechos del alcalde, oxígeno, para que a pesar de tener la soga al cuello, todavía pueda sacar aire para gritar, que lo último que falta es que lo asesinen.   

El teorema de Londoño

El teorema de Londoño

Cuando un libro se salva desde el prólogo, siempre le dará al lector suficientes motivos para terminarlo. Y si además, se deja leer en cualquier orden, que es una invitación al desorden, no habrá como pagarle al autor. Julio Cesar Londoño el autor de ¿Por qué es negra la noche? consigue dos cosas con el libro: un prólogo con teorema incluido y una demostración escrita en 77 artículos.

El Londoño ensayista es una criatura especulativa. En el prólogo insiste que si el ensayo de divulgación tiene alguna gracia es ser especulativo. Pero ser especulativo para un bromista al pie del patíbulo, puede significar varias cosas. Por ejemplo, el ensayo como un pretexto para ironizar, como Diderot, o para llevar la “broma” al límite dramático con que la escenifica Kundera. O que el ensayo sea más manejable que la novela y el cuento, porque se hace a partir de información disponible y abundante, que el ensayista se come y luego vomita, además, no es algo que tome mucho tiempo ni exija muchas páginas. O que el ensayo sea ese soñado mediador escrito, que a él se le antoja interponer entre los humanistas y los callejeros.

Londoño es un tipo inmensamente serio, porque ampara el grueso de sus afirmaciones en la ciencia, la tecnología, el saber, pero al mismo tiempo carece de la seriedad engominada de los teóricos. Aprendió, para bien de sus lectores, a hablar sin comillas. Es tan sensato como para no tomarse en serio a sí mismo, y además con gracia. Lo único que parecería tomarse en serio es la broma, de la que bien vive. Dice no haber leído ni a Ortega ni a Gasset. Y como descendiente de Gargantúa y Pantagruel, da cuenta de su ancestro alimenticio: “A mí, lo confieso, se me hace la boca agua pensando en el sabor de un filetito de Keira Knightley en sus jugos”. Siempre es bueno saber de los apetitos del ensayista, antes de meterle muela a su ensayo.   Y aunque preconiza que una de las virtudes del ensayista es olvidarlo casi todo, él parece no olvidar casi nada, como algunas esposas.

En el prólogo de ¿Por qué es negra la noche? Londoño vaticina especulativamente que para sobrevivir a unas vacaciones con la mujer – la de uno se entiende – es preferible una novela – Lolita digamos – que un ensayo de José Obdulio Gaviria. Que para sobrevivir a un canazo, es mejor llevar  Las mil y una noche, que a José Ingenieros. Y que para encamarse con una nena más vale abordarla con un poema, que con las Doce tesis de Feuerbach. Nadie podrá decir que a Londoño le falta sentido común, aunque con los notables servicios que prestan los géneros en sus ejemplos,  empalidezcan los del ensayo.

Pero lo que le sobra de sentido, la falta de modestia. Así que sin miramiento se nos viene con el Teorema: el ensayo es el género más importante porque interesa a todos, desde el humanista hasta el callejero. Uno, frente a esto ya no sabe si defenderse, o volverse ensayista.

Un defecto de las consecuencias del teorema, el mismo de las tesis de Piglia, es que tiene demasiadas excepciones. El otro, es que termina graduando - por extensión - de ensayistas a los técnicos, los biógrafos, los columnistas, a los autores de superación personal, a los tratadistas exhaustivos, a los que hacen tesis, a los críticos y hasta los científicos. El contra argumento a semejante desmán democrático lo aporta el mismo Londoño, con el esbozo de perfil de ensayista: claro, sintético, literario y especulativo. Un monstruo perfecto. Rara avis.

       No es fácil entender en consecuencia, cómo, tratándose del género más importante y de mayor relevancia social, vivamos en un país que no ha dado más de cinco o seis ensayistas memorables, según el perfil: Germán Arciniegas, José Fernando Isaza, William Ospina, Andrés Holguín y Antonio Caballero.  Debe ser que el teorema está todavía en periodo de prueba, el libro apenas se lanzó en octubre. Habría tiempo de cacharrearle un poco más.

La exitosa fórmula de Hugh Hefner para Playboy “belleza y buen periodismo, materia y espíritu” es estrictamente aplicable para comprender el libro de Londoño. Muchos de los artículos del libro fueron previamente alumbrados en el afán de terminar la columna para enviarla a la prensa antes del sábado. Tiene el espíritu serio y el espíritu bromista cuya explosiva confluencia alimenta la materia especulativa. De la belleza, Dios y cada lector sabrán.

Una de las especialidades de Londoño en los artículos, es la biografía instantánea. Truman Capote, Santo Tomás, San Francisco de Asís, Voltaire, Kepler, Galileo, Jung y Freud, le sirven de motivos para emprender una hazaña de síntesis biográfica y de escritura. En ambos ejercicios Londoño pasa la prueba del lector más exigente. Podrá ser que muchas almas piadosas no compartan su socarronería ilustrada, con la que confiere gracia especulativa a los ensayos. Pero no será fácil, ni siquiera para un gramático, descubrir dislates, pifias, descuidos en su escritura. Es una escritura límpida, dotada de esa rarísima capacidad, de las “literaturas potenciales”, la de introducir la tormenta en la gota de agua. 

¿Cómo no va a ser más divertido, más gustoso leer la biografía instantánea de Truman Capote, escrita por Londoño, que la biografía séptica que aparece en Wikipedia? Para alguien que en su puñetera vida va a empacarse una biografía del Doctor Angélico, la biografía instantánea le informa, lo pone en contexto, lo ilustra, como si se tratara de una ordenada y amena conversación, cuya lectura  no le toma más de cuatro minutos.

El libro como las películas de Walt Disney, es “para todos”, como lo es por su naturaleza el ensayo divulgativo, “el que cierra la brecha que separa a esa élite de personas que hacen las ciencias y las humanidades, de nosotros los hombres de la calle”. Por tanto, es aconsejable a toda la gleba de desocupados capaces de proporcionarse regocijo con un libro: a los profesores que dejan de tarea para mañana un ensayo, a los estudiantes que son capaces de traer mañana un ensayo, a los que no quieran hacer un ensayo, a los profesores que no saben hacer un ensayo, a los bibliotecarios que no distinguen un ensayo, a los ensayistas que confunden información con conocimiento, a los periodistas a los que la información les aplasta la gracia, y a los simples “lectores  de la calle”, nosotros los callejeros.

 

 

 

“Condenado a morir de buen amor”

“Condenado a morir de buen amor”

 “Era por fin la vida real, con mi corazón a salvo, y condenado a morir de buen amor en la agonía feliz de cualquier día después de mis cien  años”                                                                   Memoria de mis putas tristes. Gabo

 Una representante electa al Congreso, María Fernanda Cabal, en un rapto de legítima sinceridad, una vez supo la noticia de la muerte de Gabo, lo mandó de un trino al infierno, en compañía de Fidel Castro. Su infierno, desde luego, que en nada se parecerá al del Gabo, ni al de Fidel. Pero si de todas maneras tuviera que irse a algún lugar, me pregunto, a dónde habría preferido irse, si al cielo o al infierno. De haberlo confesado a alguien, habría dicho: voy a donde estén mis amigos.

Un escritor muere cuando deja de escribir. Cuando Gabo puso el punto final, a la última versión de las Memorias, y el Sabio, a sus noventa años suelta la perla del epígrafe, Gabo murió. Como debía morir, con “el corazón a salvo” y “en la agonía feliz de cualquier día después de mis cien años”, por allá a mediados del 2003 en el silencio de su estudio. Y no en la atmósfera de una obra de menor cuantía, como muchos lo pensaron en su momento, y aún hoy lo piensan, sino en la atmósfera de un amor posible. Es la novela de un hombre viejo, con todo lo que conlleva la edad a la hora de hacer una novela, la última novela además y en primera persona, que según lo dijo, fue el homenaje público que rindió a Yasunari Kawabata, muerto precisamente un 16 de abril de 1972.

Gabo había comenzado a morir muchos años antes, cuando en una tormentosa madrugada de solitario esfuerzo debió matar al Coronel Aureliano Buendía. Murió en la coincidencia de su llegada a México, con el suicidio de su maestro Hemingway. Murió un poco con la muerte de nena Daconte, con la muerte del médico de La hojarasca. Porque un escritor como Gabo, no muere una vez, muere muchas veces, cada vez que se necesita que un personaje lo haga, para bien de la ficción, de la imaginación, de las buenas e inolvidables historias.

Hay dos cosas que son el mayor legado de Gabo, más allá de sus libros, de esa vasta selva hecha de una prosa fulgurante y calurosa. Lo que nos enseñó a todos los que escribimos, en el mundo. Fue un maestro de la novela, del cuento, de periodismo, de guión cinematográfico, de la crítica literaria, y del oficio de opinar. No hay nadie, que hoy escriba, que no tenga una deuda entrañable, para con el maestro que fue y que seguirá siendo durante otros cien años.

La otra cosa inolvidable fue ese legado tan Caribe, consumado al más alto grado, la mamadera de gallo y el horror ceremonial, comenzando por la entrega del Premio Nobel. Gabo, tan Caribe como Fidel, como Chávez, como Blades, nos enseñó que la irreverencia es una postura de vida ante el poder, los poderes, algo que lo atraía, como el vacio al suicida. Le mamó gallo a su última muerte, a la muerte que repta entre las pantanosas ciénagas tejiéndole trampas a la memoria, y que se le había anunciado a la manera como se anunció la peste del olvido en Macondo. Gabo había comenzado a olvidar, se había ido perdiendo en una vida que apenas reconocía y que había comenzado a serle tan suficientemente extraña, como para que el escritor que siempre será, no haya podido dar cuenta de ella. Algo parecido que lo llenó de un innombrable vacio, como el mismo que lo hizo estremecer con un texto breve y muy antiguo, Edipo Rey de Sófocles, el único libro que se llevó con él.

Pero no sé a cuento de qué, todos nos hemos empeñado que tras su última muerte, Gabo deba largarse para algún maldito lugar. Probablemente al confín del tiempo en un deceso definitivo o inconcluso. Así como Gabo le mamó gallo a la vida, tenía que hacerlo con la muerte. Le hizo pistola y le sacó la lengua  y lejos de ir a parte alguna, permanecerá, para siempre, aquí, con quienes tendremos que seguir leyéndolo. El único y más cierto de los homenajes que sea dado rendirle.

“Casi me atrevería a decir que el acto de perecer puede no ser simultáneo con el de morir, aunque el uno tiene que ser, consecuencia del otro. Pero, por fortuna, yo no soy diccionario para atreverme a decir tanto.”  Pero lo dijo y lo seguirá diciendo, o al menos, los que tanto lo quisimos, lo seguiremos escuchando, hasta que se consume esa segunda oportunidad sobre la tierra, para él y para todos nosotros.

Rosas amarillas sobre sus cenizas.  

Al fin tuvieron que sentarse

Al fin tuvieron que sentarse

 En una maratónica jornada de conversaciones, no exenta de tensiones,  se encontraron, con el acompañamiento de los cancilleres de Unasur y del nuncio papal, los miembros del gobierno venezolano y de la oposición, en una mesa de paz, como si vinieran de una guerra. En primer lugar, hay que reconocer, es una concesión a la oposición, que el gobierno de Maduro se vio políticamente obligado a hacer, tras más de cuarenta días de cruentos combates callejeros que han dejado casi cincuenta muertos. Y en consecuencia, una ganancia para la oposición, que lejos de ser expresión unitaria y sólida, es un retacero de tendencias que difícilmente es capaz de ponerse de acuerdo.

Maduro habló al final, cuando todos habían hecho sus cargos y descargos. Se mostró dueño de la situación, exhibió los indicadores que revelan que en Venezuela se ha hecho por la mitad más pobre  del país, lo que seguramente nunca antes se había por ellos, y que es el sello poderoso, la impronta de la “revolución pacífica”, que seguramente muchos de los que se sentaron en la mesa hubieran querido que fuese violenta. Una revolución que ha dejado, ha tenido que dejar,  por fuera, al otro medio país, para el que no solamente no gobierna, sino que parecería que lo hace en su contra.

Con la comisión de paz,  se instalaron la comisión de económica y la comisión social. Instancias avaladas en  el que parece un llamado insólito del gobierno a los dirigentes y empresarios de la oposición. Vengan, les dijo Maduro, vengan y participen en las mesas de concertación, traigan sus proyectos, concertemos, ayúdenos a resolver el problema de productividad, de  la violencia, ayúdenos a producir más y mejor. Un llamado, aparentemente generoso, aparentemente táctico, aparentemente forzado, que de alguna manera pone en entre dicho, por parte del gobierno, la viabilidad hegemónica del modelo económico, del manejo de la renta petrolero, de la inflación - la más alta del mundo -. Es viable preguntarse si la amplitud del ofrecimeinto del gobierno es generosidad táctica, o si por el contrario, ha reconocido que no puede seguir haciendo una economía y seguir legislando contra la mitad del país.

Es bueno que se hayan reunido, es bueno que se hayan dicho las cosas en la cara, que hayan sacado a bailar las diferencias sin tapujos y con franqueza, en ese tono de informalidad, de amigos, de conocidos, conque todos los caribes que se sentaron en la mesa, se tratan entre sí.  

Que el modelo chavista de revolución bolivariana se quede para siempre, como dice Maduro que será, aun reconociendo la insuficiencia para sacar del pantano a Venezuela, es algo que se dirimirá, como se ha dirimido su implantación, por la vía electoral. Es claro que Maduro carecerá de gobernabilidad, no podrá contrarrestar el efecto de la escalada, no podrá llevar condiciones de mejoramiento productivo al aparato económico, mientras insista en gobernar, como si se hubiera tomado el gobierno por las armas. No es posible gobernar a nombre de medio país en contra del otro  medio país, no al menos mientras exista una constitución que consagre la vía electoral, como la única vía constitucional para la toma del poder.

Los miembros del gobierno en general lucieron pálidos, repetitivos, dogmáticos, con discursos plagados de lugares comunes, en posición defensiva, no fueron suficientemente convincentes para justificar lo que ha sucedido. El hombre más destacado de ellos, fue sin dudas el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledesma. Diosdado Cabello, por el contrario, es un hombre cargado de poder y de resentimiento, incapaz de argumentar, incapaz de solventar soluciones efectivas.

Y de la oposición, se destaca como la figura definitivamente más pensante, lleno de argumentos y luces, Henry Ramos Allup, el Secretario General de Acción Democrática. Ddesmontó las falacias constitucionalistas - con constitución en mano - las falacias ideológicas, la falacia de la unión cívico militar, las falacias de los colectivos, conque la hegemonía se ha hecho fuerte. Los demás, tal vez con la excepción de un par de hombres que son capaces de pensar con coherencia, se revelan como víctimas quejumbrosas de una democracia arrasada en un juego maltrecho de poder, incluido el señor Enrique Capriles.

La comisión de paz un buen comienzo, un principio de esperanza civilizada, en la que los contradictores políticos se tuvieron que sentar a tratar de llegar a un principio de acuerdo, para reducir la violencia, para pensar en la profunda crisis económica y social a que la revolución ha llevado a Venezuela, desde luego con la ayuda internacional del cartel de enemigos declarados del proyecto chavista. Pese a todo, el optimismo, quizás no sea más que un hálito fugaz, porque a nadie se le olvida que todos los que sentaron en la mesa son políticos.   

Seguimos haciendo las cosas bien

Seguimos haciendo las cosas bien

 En los resultados de las pruebas Pisa de matemáticas, ciencias y lenguaje, dadas a conocer en diciembre, Colombia – que ha solicitado ingreso formal a la Ocde – se situó en el lugar 62, entre 65 países. No sobra decir que quien diseña y aplica las pruebas Pisa, sea precisamente la Ocde, para medir el desempeño de los aprendizajes como factor de productividad. La Ministra Ocampo entonces reconoció el significativo descalabro internacional, pero al mismo tiempo aseguró que su Ministerio estaba haciendo las cosas bien. Le pedimos entonces, que por favor no las siguiera haciendo tan bien, a ver si en la siguiente medición, al menos no descendíamos. Pero, según parece, el Ministerio las siguió haciendo tan bien, que en la última prueba de habilidades cotidianas, quedamos de últimos entre 44 países. Países como Montenegro y Chipre tienen una mejor educación que Colombia. Quizás lo mejor, es que no volvamos a participar en las pruebas Pisa, alegando justificadamente, que toda comparación es odiosa.

La prueba de competencias cotidianas mide la capacidad adquirida en el sistema escolar para enfrentar situaciones y problemas de la vida cotidiana. Nunca como antes, había sido tan acierto, aquello de que es urgente salir de la Escuela, para comenzar a aprender. Porque lo que de fondo deja ver la evaluación de competencias, de dársele credibilidad, es que la Escuela no prepara para la vida, es una Escuela sin pertinencia, que ni siquiera enseña a leer y a escribir. Que no enseña a jugar, que no enseña cine, que no enseña cómo se hace una mesa o cómo se consigue un pasaporte, o cómo se arregla una moto, o cómo se escribe una solicitud. Una Escuela que confunde información con conocimiento, y tecnología con aprendizaje.

Las soluciones que se nos ofrecen son tan críticas como la situación educativa. Una fórmula mágica se impone: hay que mejorar la calidad del modelo, de los maestros, del currículo, de la didáctica…de todo. ¡Hay que mejorar la calidad! Un consenso de expertos lo pregona, porque de no subir la calidad, el modelo educativo colapsa el modelo productivo, porque la baja educación impacta negativamente el desarrollo económico, porque afecta el PIB, porque dificulta la formación de capital humano. ¡Hay que cambiar! Vuelven y nos dicen, hay que terminar con la memorización, como si hubiera memorización, las matemáticas son divertidas, leer libera, hagamos de la clase algo activo.

¿Quién podría oponerse a tales soluciones? Lo cual no evita que nos preguntemos, por qué si desde hace más de veinte años, estamos dando las mismas soluciones, la situación de la Escuela, en vez de haber mejorado – habida cuenta de que necesitamos mejorar y cambiar – haya desfallecido, se haya hecho inane y más aburrida.

Mi hipótesis es que a pesar de los buenos diagnósticos y las buenas recetas, no hemos descubierto cómo hacer, no tenemos el “know how”. Y no lo hemos descubierto, porque en el fondo tenemos un interés más declarativo que efectivo de conseguir una educación mejor. La prueba es que a pesar de toda la propaganda, campañas, programas, a favor de la escritura y la lectura, los muchachos siguen siendo alfabetizados que no leen. Para ellos, entre las cosas que menos felices los hacen, una de las primeras es la lectura.       

 

Preferible verdes que desteñidos

Preferible verdes que desteñidos

En Peñalosa no se sabe qué es mejor, si que sea un mal político, o que no lo sea. Aunque con los buenos y malos políticos, siempre corremos riesgos. Incluso los que votamos por ellos. Ninguno de los dos nos representa, apenas se auto-representan. Tal es el signo de la democracia colombiana, de la que más vale no sentirse orgulloso. La misma democracia que decapitó políticamente a Petro. Y la misma, que ha hecho de Peñalosa un fenómeno de centro, útil para golpear el uribismo, desde un flanco y con fortaleza electoral, y al gobierno de la incontinencia de mermelada, que hoy tiene en sus huestes senatoriales, a los mismos filoparapolíticos que tuvo Uribe en su dos cuatrenios.

Con la validación – aun “haciendo lo que tenía que hacer” – del fallo destitutorio de la Procuraduría contra Petro, Santos pierde votos en Bogotá, se granjea enemistades, desgasta su figura de demócrata, se muestra prisionero de los poderes.  Es quien finalmente corta la cabeza del alcalde. Y Petro, al perder la cabeza, posiblemente gane votos, opinión, pero a quién dárselos. ¿Al Polo de donde salió, por la alcahuetería para con los Moreno, que desde antes de asumir el cargo ya tenían planeado cómo robarse a Bogotá? No queda sino Peñalosa. De hecho los Progres, que habían estado tan reactivos a él, después de la destitución en firme, corrieron a donde los Verdes, porque además por no ser aquellos un partido - ¿alguien sabe qué son? – no pueden presentar terna, así que fueron donde los Verdes.

Hoy el Consejo Electoral se pronunció sobre la legalidad: si los Verdes son quienes presentan la terna, todos los integrantes de ella deben ser Verdes. Con lo que Jaramillo se queda por fuera. Podrían pensar en Camilo Romero, el segundo en votación de la consulta abierta, joven, limpio, exideólogo de Tiene Huevo, movimiento que lideró a principios de siglo.

Bogotá es hoy el gran botín. Vale la pena volvérsela a robar. ¿Qué estará pensando Vargas Lleras – “el jefe político del cartel de los contratistas” - según Petro? Todos quieren a Bogotá. Santos puso a Pardo y en el primer fin de semana le dio un billón de pesos. Quiere que Pardo se quede, y la única forma de prolongar su estadía en el palacio Líevano – al menos durante la campaña electoral -, es que la terna se enrede. Petro le iba  a hacer el gran favor a Santos, de no presentar terna, más por resentido que por político. Cuando se dieron cuenta de la estupidez, acordaron una, que fue la que los Verdes presentaron.

Se aproxima todo el programa de contratación para el metro de Bogotá. Se va a mover, mucho, pero mucho billete. La contratación de las basuras. Las contrataciones para hacer casas gratis. Pardo siendo alcalde encargado puede presentarse como candidato a la alcaldía en las elecciones de junio. Haría campaña desde la alcaldía, con recursos de la nación, con el apoyo de la Presidencia, para quedarse hasta terminar el periodo original. A Santos solo le sirve Pardo en la la alcaldía de Bogotá. Asegura el respaldo del liberalismo y da base política a la carrera de Pardo, que para el 2018 tendría los suficientes años para aspirar con más peso. El primer signo de las intenciones santistas, lo dará el tratamiento que le dé a la terna de los Verdes.

Con lo que Peñalosa jalone electoralmente su partido, jalonará también el voto y la opinión, por el candidato Verde a la Alcaldía de Bogotá. Con una sola campaña se mueve la elección a los dos primeros cargos de la nación. ¿Pero quién demonios sería el candidato Verde a la alcaldía?          

¿Quién tiene a los chinos?

¿Quién tiene a los chinos?

Un avión de Malaysia Airlines, vuelo MH370, sale de Kuala Lumpur con destino a Pekín. Mal destino, sin duda. Un vuelo calculado de siete horas. Desaparece de los radares tras cuatro horas de vuelo. Datos recibidos de un radar militar prueban que el MH370 giró, saliéndose de ruta, al noroeste, cruzó la Península de Malaca y se internó en el Estrecho de Malaca. Vuela en dirección oeste cuatro horas. Un satélite chino lo detecta temporalmente en dos ocasiones y luego desaparece definitivamente. Viajan 239 personas: 227 pasajeros, 154 chinos, siete menores, y una tripulación de doce malasios. He ahí una propuesta de diseño narrativo para una crónica, con un material completamente vivo, palpitante.  

Se sabe que el avión fue desviado de "forma deliberada",  en consecuencia se "replanteará el despliegue de todos los activos" de búsqueda. Alguien desconectó el sistema de comunicación del aparato y pudo haber conducido el avión a Kazajistán. Los celulares de los pasajeros siguen sonando, no están bajo el agua. Seguramente se recogieron por seguridad. Más de una docena de países lo siguen buscando.

Tras la pregunta obvia: ¿En manos de quién está el avión? Viene una más específica: ¿Qué es lo que más importa los pasajeros o el avión? El vacio de tiempo y espacio en el que ha caído el MH370 es "un suceso causado por el hombre", que ha hecho desaparecer el avión  de los radares, de la telefonía y de los satélites. Y una pregunta aún más particular ¿Quién tiene a los chinos? Porque, sea un acto terrorista o un error de pilotaje, el hecho de que la mayoría de los pasajeros sean chinos, tiene une inmediata consecuencia, que el gobierno chino intervenga.  ¿Y quién va a querer a los chinos de enemigos?

En el dominio de la especulación, las preguntas se formulan en torno a quién está detrás del incidente. Y las respuestas están en una escala de probabilidades, que va desde Alqaeda, hasta un agujero negro en la cuenca del Himalaya, como los que hay en el triángulo de las Bermudas.



Memento Mori

Memento Mori

Si Tennessee Williams le dice a uno que la novela de Muriel Spark, es de “…una brillantez escalofriante”. Y John Updike, agrega que “sus tramas  son tan lujosas y misteriosas como despojado y claro su estilo; su deliberada claridad, como la de Kafka, subraya irónicamente el misterio de aquello que se está diciendo”, yo al menos, estaría completamente confiado en la recomendación de contra-caratula, que trae la edición de la Bestia Equilátera, en su edición de 2008.

La novela comienza con una esplendorosa nota de suspenso. Una anciana, y después otros más, recibe una llamada telefónica, en la que le dicen: “recuerda que debes morir”. Sobre esa tensión oculta, secreta, de una directa amenaza, de la que se da cuenta a la policía, se teje con vaporosa delicadeza una tensión fundamental. Sin embargo, Spark, no ha querido hacer una novela de suspenso, en la que seguramente algún pariente resentido, quiere asustar a su vieja tía. No, lo que Spark quiere hacer, es una novela sobre la vejez acomodada, en la que los viejos no se mueren de hambre, de frío, o de abandono, sino que son un círculo selecto, que ironiza, escribe, hace testamentos, gruñe, bebe te y hace visitas. Y los menos afortunados, los encontramos confortablemente alojados en casas inglesas de clase media alta, que sirven de hogares definitivos. Viejos, que aun muriéndose, reclaman sus derechos.

Hay dos formas de leer la novela. Quienes quieren un retrato de los viejos británicos. Y quienes van tras una trama prometida, acicateada con una presunta amenaza de muerte, que no resulta ser otra cosa, que una de las estrofas de un soneto shakespereano, titulado Memento Mori, escrito por Percy, alojado en casa de Guy Leet, del que hizo tres versiones, la primera de la cual, la mejor, dice así.

                   Desde lo profundo nos llega el descarnado sentir.                                                      Recuerda…¡Ay, recuerda que debes morir!

Si bien podría certificar que el estilo es tan claro como el de Kafka, no podría decir que tiene la música del checo. Diría que no tiene música, es de esas novelas que hay que leer a capela. Es de una frialdad perfecta, de una sucia limpieza, de un ascetismo que malogra el ritmo. No basta que sea a través de una forma tan ágil como el diálogo, como se hace avanzar la novela, se habría necesitado un algo más poético, al menos, una melodía agridulce.

Es una novela tan seca, como la ginebra inglesa, de esas novelas con las que no se puede salir a bailar, porque no baila.   

Entre el idealismo de Blades y el de Rodríguez

Entre el idealismo de Blades y el de Rodríguez

Rubén Blades le escribió una carta a Nicolasito, en la que le dice, resumiendo, que la chavista no es una verdadera revolución, que no le gusta lo que sucede en Venezuela y que no cuente con él como invitado.

Don Silvio Rodríguez le responde a Rubén, diciéndole que las “verdaderas revoluciones son siempre difíciles. Che Guevara que sabía algo de eso, decía que, en las verdaderas, se vence o se muere, porque una revolución no es una tranquila, pacífica obra de beneficencia…”.

La idea de la revolución como un vuelco a través de la violencia, motor de rupturas radicales, abruptos cambios, es hoy - siglo XXI -  una idea romántica, tan degeneradamente romántica, como que la revolución chavista se tomó el poder por la vía electoral, y se refrendó por una seguidilla de triunfos en las urnas, de los que el Generalísimo se sentía muy orgulloso. Él, el invencible electoral.

Aun siendo la mecánica de la sociedad, una mecánica de clases, la “perspectiva revolucionaria” – asfixiante lugar común -, en Venezuela, no es la de Bolívar, la de Fidel, la del Che, o la de los sandinistas. A las que Silvio se refiere como verdaderas. Ninguna de esas revoluciones se habría podido hacer a través del combate electoral. Chávez hizo la suya con votos, luego le metió petrodólares, armas rusas e hizo alianzas internacionales. Siempre entendió que la revolución necesitaba apoyo internacional, bloques fuertes, financiados, capaces de incidir en el manejo del mundo. Pero lo más importante, la revolución ocupó el aparato petrolero para darle aire al movimiento internacional de resistencia.

Nicolasito se merece su caracazo, no hay ningún presidente de Venezuela que no se lo haya ganado. A un año de la muerte del Generalísimo, la revolución que perdió el aire electoral (fue necesario intervenir los resultados de las elecciones para que Nicolasito se quedara), es un esperpento bolivariano, en manos de un hombre corpulento y asustado, un inepto de buena voluntad y fiel hasta donde pueda, que ha llegado al punto común de toda dictadura, tener que manejar a medio país por la fuerza. La crisis ha completado más de un mes, sin que la escalada de muestras de encontrar una solución.

La doble moral política del esperpento es deliciosa. Desde el gobierno venezolano se ha denunciado el paramilitarismo uribista en Colombia, sin embargo, Nicolasito tiene a su servicio unidades de “motorizados” – pistoleros móviles a sueldo – que le ayudan a las fuerzas armadas a tener un control más efectivo de la revuelta. Nicolasito, sin que sea consciente, ha terminado pareciéndose a lo que más dice odiar.

El gobierno bolivariano solo representa a la mitad de la población de Venezuela, la otra mitad ha sido declarada enemiga del régimen. Es la población que la revolución bolivariana no incluye, y que no va a incluir y contra la cual se hace la “revolución”. Tanto en las revoluciones y contra revoluciones se ha ensayado la eliminación física de quienes están en contra. La vía indonesia, de eliminación masiva, igual que la vía camboyana, o la vía colombiana, cuando se eliminó físicamente a toda una organización política, o la vía étnica africana, hutus y tutsis. Pero no Silvio, la vía venezolana, definitivamente, no es tan verdadera – tan radical – como para que pueda dar un tratamiento militar a un problema civil que le está quitando el oxigeno de manera desesperada a la gobernabilidad bolivariana.

La revolución del Generalísimo ganó la adhesión internacional y de los partidos políticos, porque dio a los más pobres lo que nunca les habían dado, les devolvió lo que les habían quitado, les reconoció los derechos. Pero se le quedó medio país en un limbo de poder, una bomba que la revolución nunca supo, ni sabrá cómo desactivar. En las elecciones los chavistas siempre se mostraron incluyentes. Atacaron los centros de poder, pero nunca dispararon contra medio país.

Ahora tal vez no sean los venezolanos más pobres - aunque algo se ha hecho desde el gobierno, quebrándolos con el control arancelario, de divisas, de cuentas, cierre de negocios, manejo político de las tarifas comerciales – pero podrían llegar a serlo, de seguir las cosas económicas como van. Son ellos, los excluidos de hoy, las víctimas de una revolución electoral, los enemigos, los que todos los días se levantan, salen  a las calles, protestan, corren frente a las arremetidas de los motorizados, los que ponen los muertos: universitarios, estudiantes de colegio, empleados, trabajadoras de comercio. Los que ponen los desaparecidos y los detenidos.

Rubén, la bolivariana, no será la “verdadera revolución” con que sueñas. Está bien que por un tiempo no regreses a Venezuela, pero no deja de cantar, a pesar de que a Silvio, ya no le gusta lo que haces.

Silvio, ni siquiera tus palabras de aliento, tu radical espíritu, le servirán a Nicolasito, de hecho tus recomendaciones son más útiles para él, que para Rubén. Pero ya no puede hacerse mucho, Nicolasito representa el comienzo del fin del chavismo. Porque si el Generalísimo, no tuvo a nadie más a quien dejar encargado de la “revolución bolivariana” se merece su fin. ¿En qué condiciones llegaría Nicolasito a unas próximas elecciones, si es que llega?

¿En qué quedamos?

¿En qué quedamos?

 A juzgar por las declaraciones de los dirigentes de todos los partidos, recogidas en entrevistas, la noche misma en que se conocieron los resultados de las elecciones legislativas en Colombia, no hubo perdedores. Lo cual significa, al tenor del optimismo triunfal de los partidos, que todos fueron ganadores.

Un análisis cuantitativo de los resultados para Senado deja las cosas del siguiente modo: La U retrocede, pierde siete curules. El Centro Democrático, lo gana todo, es la primera vez que va. El resultado fluctúa entre el paródico entusiasmo de Pachito Santos y el escepticismo de Ramiro Bejarano. El Partido Liberal se sostuvo. El partido conservador perdió tres curules. Cambio Radical ganó una curul. Los Verdes se sostuvieron. Y al Polo se le invirtió la polaridad. Perdieron tres en Senado y cinco en Cámara, teniendo al Senador más votado del país. El Polo es Robledo.

Así las cosas, en tal escala, el gran perdedor es Santos, y el gran ganador es Uribe. Pero al margen de la correlación senatorial de fuerzas, hay algo nuevo, el resultado político de la consulta de los Verdes. Movieron dos millones largos de votos, entre tres candidatos. Una consulta abierta, que más que consulta, es un preconteo electoral, antes de la primera vuelta. Una consulta no debe ser abierta, aunque cuando son tan pocos, hay que abrirla, más como efecto que como medición de fuerza.

Peñalosa tiene un lastre entre los verdes, su casquivanía uribista. Muchos de los Verdes se lo toman con recelo. Pero aun así, es la carta de los Verdes, para jugar, a eso que Navarro - el ideólogo verde, al que le luce la bufanda semiológica del mismo color – llama la tercería. Ya quisiera Uribe tener a Peñalosa de candidato para enfrentarlo a Santos. ¿Si es bueno para Uribe, por qué no lo sería para los Verdes? El resultado de los Verdes no hace plausible la idea del triunfo de Santos en la primera vuelta. Los Verdes, todos, deberían apoyar cerradamente a Peñalosa, para entrar a jugar de verdad en la segunda vuelta. De lo contrario lo que va a pasar es que será el contador siciliano, el que irá a disputarle a Santos la Presidencia.

Un poco de inteligencia política a los Verdes no les iría mal. Estoy casi seguro, que lo que Mockus querría, es que fueran otra vez los Verdes a disputarle la Presidencia a Santos, en mejores condiciones que la primera vez.

Los Verdes hicieron lo que no hizo ningún otro partido, salir a contarse públicamente. Y lo hicieron en el momento en que se abre la campaña para la primera vuelta. Y al hacerlo han entrado con un capital electoral que se debe concentrar.

En manos de los Verdes está que no vaya a ser que el contador siciliano, nos cope el programa de la segunda vuelta. 

 

El certamen

El certamen

 El argumento común para definir un sistema democrático es que haya elecciones. Con lo cual Ucrania, Cuba, Venezuela, Nicaragua, México, Colombia y Haití, son democracias. Sin embargo en cada caso se identifican vicios electorales tipificados como delito: el voto constreñido, la compraventa de votos (hoy en Sincelejo se estaba pagando el voto a cien mil pesos), la intervención directa en los escrutinios, la presión a los electores, las asociaciones electorales con actores criminales, la manipulación de votos,  la modificación del servicio consular para elecciones.

Las elecciones hoy en Colombia no son el resultado de una libre decisión popular, obedece más al alineamiento forzoso de los empleados públicos, las clientelas amarradas, los hombres del maletín, los torcidos electorales y al constreñimiento. Los resultados no pueden hacer sentir orgullosos, más que a los que tienen una definición tan pobre de la democracia.

El voto preferente engendró una figura, que salvo el voto en negro de la abstención, le gana muy por encima, al voto en blanco: el voto nulo. 1.490.000 de personas votaron mal, equivocaron las convenciones, no entendieron los formatos, se confundieron con la numeración, marcaron más de una vez. El voto nulo es la representación del voto de un país que no sabe leer. Agreegen 842.000 votos vírgenes, ni blancos, ni negros.

Las dos fuerzas disidentes de los partidos tradicionales, la U – el partido de Santos- , y el Centro Democrático – el partido de Uribe – ganan al partido conservador y al partido liberal, que han terminado tercero y cuarto. Aunque comparativamente con el 2010, la U pierde siete senadores y el conservatismo tres.

El Polo  que debería haber sido castigado con una votación que no le permitiera siquiera haber superado el umbral, perdió tres senadores mientras los Verdes, igualan su votación de hace cuatro años, es decir que no crecen. En principio, ambas fuerzas, deberían poyar a Santos en su proyecto de paz, con lo cual sumando los votos de la Unidad Nacional, que menos que más se mantiene en sus platas, conjurarían la amenaza a la gobernabilidad legislativa contra el proyecto de paz, que encarna el Centro Democrático.

El Senador Robledo – el más votado de todos – declaró hoy, que si el Polo  encuentra puntos en común con el Centro Democrático, podrían trabajar juntos. El Senador Robledo y el Senador José Obdulio Gaviria, haciendo gavilla contra los gavilleros de la Unidad Nacional. Solo en un país como Colombia, donde la idea de las elecciones sugiere democracia, se puede llegar a presentar reconfiguraciones del mapa electoral, que cada vez da más señales de que no hay partidos, sino empresas electorales, alimentadas con la mermelada espesa del poder.

Unas elecciones libres – votos de opinión - de los pecados electorales y una abstención no triunfante, deberían dar por resultado una mapa político completamente distinto al que hoy tenemos, que no tiene casi nada distinto al del 2010, y más bien todo lo malo conocido, de igual.

El pangansterismo ruso

El pangansterismo ruso

El gobierno ruso actúa como un gánster, porque es un gobierno gánster, dirigido por un gánster. Tras la caída, el sábado pasado, de Viktor Yanukóvich, ficha del inefable Putin, luego de protestas nacionalistas y pro occidentales, el centro de la crisis se trasladó a Crimea, donde fuerzas leales a Kiev y pro-rusas estarían enfrentándose, mientras escribo, hoy lunes.

Una banda de gatilleros, paramilitares de abrigos negros de cuero, se tomaron el jueves el Parlamento en Crimea y declararon: "Crimea es Rusia". El viernes fueron tomados dos aeropuertos, en las calles chocaron grupos separatistas con pro ucranianos y Rusia puso en alerta a 150.000 soldados en la frontera norte con Ucrania.

 Hay una lucha de poder entre Occidente (con la Unión Europea a la cabeza) y Rusia, por un área de influencia geopolítica y económica. Crimea es de sentimiento ruso, que hoy sería la palanca de un proyecto separatista de Putin, conducente a modificar el área de influencia, en donde Asia y Europa se tocan, precisamente en el momento en que en Siria, Occidente y Oriente, libran un juego de poder, cuyos efectos afectan lo que suceda en El Líbano, Israel, Irak, Irán. Pakistán y Turquía, y que enfrenta a Rusia y Usa en una órbita de confrontación que no se tenía desde la guerra fría.  

 Ucrania tiene 2,3 millones de habitantes, la mayoría de los cuales se dicen rusos étnicos y hablan ruso. La región votó por el depuesto Viktor Yanukóvich en las presidenciales del 2010, y la mayoría, haciendo eco a la postura de Putin, dice que se produjo un golpe de Estado. Y claro que lo hubo,  de qué otro modo sacar al gánster local que Putin había logrado poner para que dirigiera el departamento ucraniano. Rusia ha sido poder en Crimea durante los últimos 200 años, desde que la anexionó en 1783. Se la devolvió a Ucrania en 1954. Los musulmanes tártaros de Crimea, fueron mayoría en Ucrania, y deportados en masa por Stalin en 1944, por su presunta colaboración con los nazis.

 Putin, el gánster, mantiene su base naval de Sebastopol, en Crimea, donde puso su flota del Mar Negro. Formalmente su presencia en Crimea, está regulada por un contrato, que va hasta el 2042. El contrato estipula que no puede haber movimiento de tropas fuera de la base. Sin embargo, las leyes de defensa de Rusia, autorizan la ocupación de territorio  extranjero para "proteger a los ciudadanos rusos".

 Hoy Obama le dijo a Putin, que a pesar de las leyes de defensa de Rusia, lo que hace en Crimea, se llama violación de la soberanía, violación de los derechos de autonomía. Pero que más le va al gánster, la declaración bravucona del negro, si es que en conjunto, el mundo se maneja así.

 El mundo está manejado por gánsters con ideología, con tecnología, con armas. Los chinos, los rusos, los israelitas, los norteamericanos, han actuado, durante la historia, como gánsters. Han violado todas las soberanías, han intervenido donde se les ha dado la gana, han deportado minorías, han ejecutado desembarco de tropas, han hecho trasteos étnicos,  han hecho guerras calientes y frías, se han lucrado del mercado negro de armas, han metido sus manos en el mercado especulativo de capitales y han violado los principios de lesa humanidad.

 El ganster vistió su sobretodo negro de cuero, caló los guantes de cabritilla y salió de la oficina pasada la media noche. Había dejado el dispositivo completo para el asalto  de  Crimea.   

Piden renuncia al Ministro Pinzón

Piden renuncia al Ministro Pinzón

                                                                                                                   Redacción El Colombiano

El movimiento de víctimas y crímenes de Estado pidió este sábado la renuncia del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, por considerarlo como una amenaza para el proceso de paz

"Es muy preocupante que dentro de un gobierno que se apuesta por la paz, haya un ministro de Defensa que constantemente diga que él no quiere eso. Le hace daño al gobierno y al país. Hemos dicho que la única solución es el diálogo. En los últimos 50 años no hay ningún conflicto que se haya acabado por la vía militar", señaló a Caracol Radio, Camilo Villa, vocero de este movimiento.

Villa además invitó al Gobierno Nacional a que persista en los diálogos y no se levante de la mesa de diálogos, tras las reiteradas críticas de sectores contradictores al proceso.

Por otro lado, el ministro Pinzón criticó este sábado desde Cartagena la Justicia Transicional y la importancia que le está dando el Gobierno al marco jurídico para la paz.

"Esto demanda que no seamos ingenuos hacia adelante. El país va a tener que hacer unos grandes esfuerzos en una capacidad de justicia que este de la mano de los ciudadanos. Yo he visto con mucho interés como hay una gran discusión en la justicia transicional y todo eso. Perdónenme que les diga: el país no puedo poner su agenda en 20.000 bandidos porque este es un país de 47 millones de colombianos y lo que le duele a los 47 millones de colombianos no es lo que le duele a los 20.000 bandidos, eso es parte de la tarea", afirmó Pinzón.

Carta de Rubén Blades a Nicolás Maduro

Carta de Rubén Blades a Nicolás Maduro

Señor Presidente Maduro,

He tenido la oportunidad de ver un vídeo en el que se dirige a mi persona, en ocasión de una nota que he publicado en mi página de internet. No acostumbro responder comentarios, pero me siento obligado a referirme a sus palabras por el hecho concreto de que en el vídeo mencionado, usted me nombra directamente. Espero que el dicho vídeo no resulte una falsificación como las que hoy abundan en internet, y si lo fuera, confieso que es de muy buena calidad.

Con el respeto que merece su condición de Presidente, y como tal, representante de una Nación, debo iniciar esta nota agradeciendo el tono general de su comentario a mi escrito. Me complace entender en su gesto amable, que comprendió la buena intención de mis pensamientos, hechos con el corazón puesto en el pueblo venezolano.

Sin ánimo de entablar duelos epistolares, comento solamente con la intención de aclarar algunos de los temas por usted expuestos en el día de ayer, que me atañen de manera personal.

1. Los comentarios expresados por mí, en relación con la difícil situación que hoy vive Venezuela, no son derivados de las noticias de CNN, o de Univisión, o cualesquiera otra fuente noticiosa, “imperialista” o no. Nacen de cartas, comentarios y de reflexiones hechas por amigos, dentro y fuera de Venezuela, y de la lectura cuidadosa y analítica de innumerables publicaciones, tanto afectas como antagonistas a su gobierno. El carácter diverso del material que usualmente escojo para mis lecturas, tiende a nutrir amplia y objetivamente mis puntos de vista.

2. No me he sumado, consciente o inconscientemente, a ningún tipo de complot orquestado por la C.I.A., ni formo parte de ningún "Lobby Internacional" con el propósito de crear mala publicidad para gobierno alguno. Me sorprende escuchar una vez más este tipo de acusaciones, en pleno siglo XXI, cuando debíamos haber superado ese asunto de las etiquetas. Si critico a alguien que se considera de izquierda, soy de la CIA; si critico a quien se considera de derecha, entonces soy comunista; cuando critico al militarismo, soy “subversivo”.

3. Considero como una verdad, el hecho de que el extinto Presidente Chávez haya demostrado, con sus consecutivas elecciones ganadas, el desprestigio de la partidocracia tradicional en Venezuela, y el deseo de cambio expresado libremente en las urnas por la voluntad popular. Pero también es verdad que hoy Venezuela no es una Nación unida: es un país cuya población está polarizada políticamente, una sociedad sumida en contradicciones obvias, con un gobierno electo por un estrecho margen, 1.49%, que no alcanzó el 51% de los votos de alrededor de un 80% de la población votante y con un ausentismo electoral del 20.32%. Ese gobierno, sin embargo, está decidido a imponer un sistema político/económico (que no califico ni descalifico), pero que obviamente no es aceptado por la mayoría de la población. En una situación como la descrita, parece recomendable realizar una consulta nacional para que el pueblo tome su decisión. Sin ello, lo que se percibe es eso, una imposición. Creo que su gobierno, Presidente Maduro, no posee la mayoría representativa que justifique lo que le está haciendo al país. Por otro lado, la oposición, mezcla de lo que existió en el pasado político de Venezuela y de lo nuevo que hoy lucha por hacerse respetar y considerar, no está formada por cuatro gatos fascistas, como se pretende hacer ver. Es una vital cantidad de personas. En estas circunstancias, la realidad de Venezuela es hoy como sería la de una casa donde la familia esta dividida, y existen habitaciones en las que la otra mitad no puede vivir, ni transitar. La Venezuela de hoy no es la Nación que todos sus habitantes desean, es una versión de país a la que sólo parece apoyar el 50% de la población, tomando en cuenta el total de los votos emitidos en las elecciones del 2013. Esa realidad determina la necesidad de considerar una modificación del rumbo presente, en busca de un balance que permita el desarrollo del argumento nacional en sus propios términos, más realista y menos agresivo; una Venezuela en la que no sean necesarios los gritos de "Patria o Muerte", entre hermanos.

4. Como los Chavistas se auto-definen como "Socialistas", debemos asumir que comprenden de lo que hablan, y que han estudiado a quienes inicialmente convirtieron las teorías sociales de Marx y Engels, en propuestas experimentales del socialismo y el comunismo, particularmente en Rusia, tras la revolución bolchevique de 1917. Deben conocer, por ejemplo, los comentarios vertidos por Vladimir Ilich Lenin en su folleto titulado, "La Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el Comunismo", (este título no es un artificio al estilo Borges, así lo tituló el propio Lenin y si no lo creen, pregunten a Fidel, que él debe haberlo leído). En ese escrito cita Lenin los errores que se cometen en nombre del izquierdismo, por no considerar las circunstancias objetivas a la hora de tomar decisiones, y peor aún, las consecuencias históricas que produce no reconocer y rectificar dichos errores. Allí describe cómo, en 1918, los camaradas Radek y Bujarin, máximos representantes del entonces llamado "Comunismo de Izquierda", fueron obligados a reconocer públicamente su error, al no comprender ni aceptar inicialmente que, el argumento para justificar la Paz de Brest, no constituía necesariamente un compromiso con los imperialistas, sino que obedecía a una necesidad política determinada por las condiciones objetivas del momento, algo que Lenin describió como un “do ut des”, un te doy para que me des. La metáfora que hace Lenin sobre asaltantes y asaltados aclara muy bien el argumento. ¿No es, acaso, un “do ut des” el acuerdo que tiene Venezuela con el “imperialismo” en el caso del petróleo venezolano, que suple a Estados Unidos a cambio de los dólares que necesita la economía del país? 

5. Este mismo criterio indicaría que, en las presentes circunstancias, no resulta apropiado que su gobierno imponga sus deseos, o desconozca, o pretenda ignorar la validez de los argumentos planteados por sus críticos venezolanos. No creo que es a través de la represión, la censura, o el recurso demagógico que se produce la respuesta racional a una condición objetiva inobjetable. Tal actitud solo provocaría más violencia, que generaría la posibilidad de una ingobernabilidad, un vacío político que podría ser llenado con un golpe militar, la única institución con la capacidad de organización y poder coercitivo para enfrentar el caos institucional y civil resultantes.

6. Nunca he estado, no estoy, ni estaré de acuerdo con intervenciones armadas del país que sea en los asuntos internos de nuestras naciones. Categóricamente lo digo. El mío sufrió ese mal, y no lo justifico de ninguna manera.

7. Aunque agradezco su invitación a visitar Venezuela, no considero apropiado aceptar en este momento. Tal visita podría ser considerada como un endoso a su gestión y a la posición de su gobierno. De igual forma, tampoco aceptaría una invitación en tal sentido por parte de los que lo oponen; no ahora. Y para aclarar aún más este punto, he recibido también ofrecimientos de trabajo importantes para ir a Venezuela este año, y de igual manera las he rechazado porque no me parece correcto hacerlo en las actuales circunstancias que vive el país. 

8. En cuanto al "alma venezolana", señor Presidente, y a la nobleza de su pueblo, la conozco muy bien porque la llevo dentro, sin etiquetas, junto a mi alma panameña y latinoamericana. Ese argumento no entra en esta discusión. Esa alma, además, me la encuentro dentro y fuera de ese noble país, desde mi primera visita en los años 60. Y se acrecienta con los años y se reaviva en mi amistad con César Miguel Rondón, Pedro Leon Zapata, el finado, pero aun amigo, José Ignacio Cabrujas; Jonathan Yakubowicz,  Edgar Ramirez, Budu, Oscar de León, Clarita Campins, Marilda Vera, Gustavo Dudamel, Ozzy Guillén, el gran Luis Aparicio; en mi admiración por Don Simón Díaz -cuya desaparición justamente hoy tenemos que llorar-  Aldemaro Romero, el Profesor Abreu y tantos otros magníficos expositores del talento, capacidad y nobleza del pueblo de Bolívar. Todos ellos me refuerzan la presencia de esa alma. Y quizás ninguna me resuene por dentro más representativa que la de mi querido y recordado amigo, Luis Santiago, que se nos fue joven, durante la tragedia de La Guaira del '99, y por eso será joven eternamente, igual que el inspirador ejemplo planteado por la excelencia de los jóvenes de El Sistema, el grupo de las Orquestas y el vocal, todos maravillosos ejemplos de lo que logra el trabajo, la disciplina y la esperanza de ser mejores. Sin alharacas, ni alaridos panfletarios, con la guía de maestros venezolanos, el sector popular demuestra su calidad mundial.

No necesito ir a Venezuela para encontrar a su alma, porque ella va conmigo adonde sea que yo vaya, desde hace tiempo ya. 

9. No deja de tener credibilidad la afirmación de que, bajo gobiernos de lo que se denomina izquierda, se crean más oportunidades para el sector popular. Por regla general, los gobiernos que se dicen de derecha se preocupan más por sus intereses particulares que por los del pueblo al que alegadamente representan. Pero creo que hay distintas versiones con las que tipificar el empoderamiento del que usted habla (entendiendo que "empoderar" significa el dar posibilidad de hacer y poder) al "Pablo Pueblo" que describo en mi canción. Una de ellas es creando el espacio para que su dignidad sea respetada y sus derechos también. Otra es brindando la oportunidad para desarrollar su capacidad, no solo con subsidios que lo hagan dependiente de otros, o que estimulan los peores instintos que todos poseemos. Para mí, la verdadera revolución social es la que entrega mejor calidad de vida a todos, la que satisface las necesidades de la especie humana, incluida la necesidad de ser reconocidos y de llegar al estadio de auto-realización, la que entrega oportunidad sin esperar servidumbre en cambio. Eso, desafortunadamente, no ha ocurrido todavía con ninguna revolución. 

Le expreso mis opiniones, Señor Presidente, sin odio, sin agendas secretas, ironías, ni intereses subrepticios. Reitero mi agradecimiento por el tono de su conversación y por su consideración al otorgar la atención de su valioso tiempo a las palabras de este panameño de Latinoamérica. 

Termino con una especie de ruego a los bandos enfrentados en la querida Venezuela: empiecen a sumar y dejen ya de restar. Y que se detengan los insultos y la diatriba, para que los venezolanos empiecen a conversar; que el silencio es el mejor preámbulo a un diálogo razonado.

Viva Venezuela!


Atentamente,

Rubén Blades

20 de Febrero, 2014

El derecho a un polvo digno

El derecho a un polvo digno

Una diferencia entre seres humanos y animales, es que ellos no necesitan intimidad para aparearse. Carecen de ese paradisiaco pudor culpable, que tenemos de siempre, hombres y mujeres. De hecho, una de las situaciones más humillantes a que puede someterse a alguien, es la de ser violentado en su intimidad.

En el centro de reclusión de La Picota - Erón –, en uno de sus patios se cursan apuestas a peleas clandestinas. Y en otro, la actividad sexual de los presos es casi pública. Los internos reciben las visitas conyugales en el piso, en unas celdas semiabiertas sin baño, sin cortina, que convierten el amor de los presos, en un espectáculo de penitenciaria.

Deiler Enrique Sarmiento y once reclusos han puesto una tutela para que su actividad sexual se respete, para que puedan echarse su polvo con dignidad. El Tribunal envió una comisión para confirmar la queja, encontró que las cosas son más graves que la versión. Hay entre 20 y 25 compartimientos sin ventilación, sin luz, sin camas. Algunos testimonios de internos dan cuenta de su renuncia a las visitas íntimas. Además porque el tiempo que les dan es de 12 minutos y no tienen derecho a condones.

¿Habrá algo más denigrante que el polvo de un recluso? Además del castigo judicial que conlleva la pérdida libertad, se los castiga en la íntima dignidad del amor. Ya no va siendo amor, apenas un polvo veloz.

El Estado debe garantizar la protección de los derechos fundamentales del recluso y su pareja visitante. Así que la Corte Constitucional ordenó la creación de ‘campamentos higiénicos’ para el amor de los presos. Aunque la única manera de garantizar el respeto por la intimidad, sería darles a todos la casa por cárcel. Pero la Corte no ha podido hacer mucho para evitar que sean precisamente los “peligrosos para la sociedad” quienes tengan el derecho a echarse un polvo con toda dignidad. 
 

 No veo porque un defraudador como cualquiera de los de Interbolsa, que tumbaron monjas, colegios, viudas, jubilados, empresarios, no sea un peligro mayor para la sociedad, que el que se masturba contra el culo de una señora en el transporte colectivo. Que al fin y al cabo, termina siendo más desventurado que polvo de recluso, por la afrenta de la intimidad.

Si los reclusos quieren tener el derecho constitucional a un polvo digno, deberán emular con los agentes de Interbolsa. Mientras sean un “peligro para la sociedad”, y por tanto permanezcan encerrados, tendrán que renunciar al amor.




Entrevista con Haruki Murakami

Entrevista con Haruki Murakami

Xavi Ayén

Cada día, a las diez de la noche, Haruki Murakami apaga la luz y se queda dormido en un instante. A las cuatro de la mañana, se levanta para ir a correr por las calles de Tokio. Este japonés solitario y reservado es -nadie lo diría viéndole aquí, en La Pedrera de Gaudí, confundido entre la marabunta de turistas asiáticos- uno de los últimos ídolos literarios internacionales, con millones de lectores en todo el planeta. Sutil retratista del desamparo sentimental que nos rodea y explorador sin red de nuestros barrancos interiores, pocos escritores son capaces de provocar colas de jóvenes con un libro en las manos. Pero Murakami lo hace. Lo hemos visto recientemente en Santiago de Compostela o en Barcelona, ciudades que ha visitado para promocionar “After Dark”, su última novela publicada. Lo llaman el ‘David Lynch de la literatura’ y otros de sus títulos son “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, “Tokio Blues” o “Kafka en la orilla”.

Xavi Ayén: “After Dark” sucede en una sola madrugada. ¿Hay algo del alma humana que no pueda verse a la luz del sol?

Haruki Murakami: Esta historia empieza a medianoche y acaba al amanecer. Lo decidí antes de ponerme a escribir: ‘Haruki -me dije-, vas a narrar una historia que suceda en una noche’. Antes nunca había escrito nada así, de manera que quería probar qué tipo de historia podía surgir a esas horas. Lo explico como si tuviera una cámara de vídeo doméstico, y empezase a rodar lo que ocurre en la ciudad. Es extraño, porque yo personalmente me voy a dormir muy temprano. De modo que no tengo la más remota idea de lo que ocurre durante la noche. Simplemente, me lo he imaginado. Sin embargo, después de haber acabado de escribir, fui al centro de Tokio, para asegurarme de no haber escrito nada erróneo y pude ver que lo escrito era cierto. Para mí fue demasiado: salí hasta medianoche, e incluso me metí en una de esas habitaciones de hotel para amantes, que se cobran por horas.

XA: Pero usted regentó un club de jazz, algo debe de saber de la noche.

HM: Cuando tenía veintipico de años…

XA: Era un pájaro nocturno…

HM: Efectivamente. Y en los 70 y 80, cuando era estudiante universitario, trabajaba de camarero en un restaurante italiano que cerraba de madrugada. Así pues, yo sabía lo que ocurría en la ciudad durante la noche… pero, claro, hace cuarenta años.

XA: En sus libros aparecen bastantes personajes con problemas mentales. ¿Siente algún tipo de afinidad con la gente que sufre estas enfermedades?

HM: Todo el mundo, más o menos, tiene algún tipo de problema mental. Usted y yo, por ejemplo. Todos tenemos nuestro propio tipo de problemas mentales, que a veces podemos mantener en un plano inconsciente, sin que aparezcan en la superficie. Pero todos somos extraños, todos estamos un poco locos. Esa es mi convicción profunda. Cuando hago aparecer a alguien con una enfermedad mental, no lo hago aparecer como algo insólito, un freakie, sino como algo genérico, muy extendido, propio de la naturaleza humana.

XA: Algunos de sus personajes duermen profundamente, otros no muy bien…

HM: Yo sí. Me duermo en cinco minutos. Dormir como un tronco tiene algo de belleza, ¿verdad? Es como entrar en mis dominios, me gusta mucho.

XA: ¿Cuándo decidió ser escritor?

HM: Me acuerdo perfectamente: el 1 de abril de 1978, a las 13.30 horas. Dicho así, parece la cosa más estúpida que existe, pero es que fue así. Una epifanía. Estaba mirando un partido de beisbol en el estadio Jingu de Tokio, con una cerveza en la mano y un sol abrasador. En el instante en que Dave Hilton hizo una jugada perfecta, supe, de repente, que iba a escribir una novela. Fue una sensación muy cálida, que todavía puedo sentir si la rememoro. Luego, volví a casa y me puse a escribir.

XA: En Tokio, parece a veces que todos los hombres lleven el mismo traje. ¿Usted nunca lleva traje?

HM: No, jamás. En mi país es difícil ser un individuo. La gente te juzga en base al grupo, la oficina o la empresa a la que perteneces. Si trabajas en Sony, Mitsubishi o en la banca, y has estudiado en la Universidad de Tokio, te miran con admiración y dicen: ‘Es un gran hombre’, ‘una persona de prestigio’. Si no perteneces a ninguno de esos grupos, si no trabajas en un despacho u oficina, puedes ser una persona de talento, muy inteligente, pero eres un don nadie, un cero a la izquierda. Eso es lo que me sucedió a mí, después de graduarme en la universidad. Yo no quería trabajar en una gran corporación o en un despacho. Así que monté mi propio club de jazz, y lo gestioné durante siete años. Y luego me convertí en novelista. Pero seguía siendo un perfecto don nadie, no pertenecía a ningún grupo reconocido, me sentía muy inseguro. Quería ser yo mismo, pero eso, en Japón, no es algo fácil, de manera que abandoné mi país, en el que me sentía extranjero. Sencillamente me fui. Pero ahora las cosas están cambiando.

XA: ¿Qué recuerdos tiene de esos siete años en el club de jazz?

HM: Yo era muy feliz. Se llamaba Peter Cat. Escuchaba música desde la mañana a la noche, y era totalmente libre. La libertad es algo muy importante para mí. No lo es tanto para muchos japoneses, sin embargo. Otras personas prefieren la armonía, el trabajar muy duramente… La armonía es lo más importante en Japón. Pero, para mí, la libertad.

XA: ¿Dónde huyó?

HM: Viví en una pequeña isla griega, donde escribí ‘Tokio Blues’.

XA: Le gustan las islas, porque usted ha tenido casa también en la misma isla donde se rodó la serie ‘LOST’.

HM: Sí. Me gusta mucho esa serie, no me sentí influido por ella, como algunos dicen, pero sí hay similitudes con mis historias: esas personas que se van al otro lado y buscan un camino de vuelta.

XA: En “After Dark”, el chico músico es hijo único, como usted; tiene una especial relación con los gatos, como usted… ¿Qué otras características comparten?

HM: ¿Es hijo único? Ya no me acordaba… No leo mis propios libros y olvido muchos detalles. Algunos hechos reflejan mi propia personalidad, mi mentalidad, pero es un personaje de ficción, tiene 20 años. A lo mejor es idéntico a mí, en el fondo, quién sabe.

XA: Tenemos dos historias, una realista y otra surreal, onírica. ¿Qué pretendía expresar con este contraste?

HM:La realidad y la subrealidad están siempre juntas.

XA: ¿Qué quiere decir?

HM: Para mí son lo mismo, no se pueden distinguir, suceden a la vez. Cuando escribo, visito el aspecto oscuro de las cosas. Aquí la noche es como una metáfora, escribo sobre la noche urbana porque estoy escribiendo sobre la oscuridad que encuentro en mi mente. En este proceso, realidad y subrealidad van de la mano, no se contradicen. No puede uno saber qué es correcto y qué no, qué es real y qué surreal, no se puede distinguir nada. No sé si me creerá, pero no podría asegurar que esta conversación que mantenemos sea real.

XA: Pero aquí hay dos historias, una real y otra no, que se unen al final, cuando las dos hermanas se abrazan.

HM: Son hermanas, pero a la vez son una única personalidad, dividida en dos. Piénselo de esta otra manera: son la misma persona, dividida en dos, y ambas personalidades experimentan su propia vida. Cuando llega la mañana, se unen de nuevo.

XA: Cada una de las dos hermanas siente nostalgia de la otra. ¿Tiene que ver con alguna frustración suya por no tener una relación fraternal?

HM: Una de las razones por las que escribo novelas es porque busco en ellas mi alter ego.  Busco a la persona que habría podido ser. Esta historia es mi propio viaje en busca de mi alter ego. Es una novela corta, de apariencia sencilla, pero en realidad es una historia muy compleja. Esas hermanas del libro vuelven a unirse, pero dentro de mí las dos personalidades que tengo nunca se unen, mantienen vidas paralelas. Los novelistas somos esquizofrénicos, de algún modo. Esto es peligroso, profundizar en tu mente es bueno, pero al topar con su aspecto oscuro hay que tener cuidado. Pero si quiero una buena historia, tengo que zambullirme en la oscuridad de mi mente, agarrar mi propia historia y regresar, volver. Los que tienen trastornos mentales de gravedad no pueden volver, pero yo sí que puedo. Por eso soy optimista, porque siempre vuelvo a ver la claridad. Y en cada libro consigo adentrarme un poco más en el fondo del pozo.

XA: Pero entra tanto en ese pozo que a veces hace daño…

HM: El viaje del alma humana es un proceso en el que el ser humano experimenta cosas extrañas, un viaje donde la sensación de irrealidad se va acrecentando. Para mí, el realismo es describir minuciosamente lo irreales y alejadas de la cotidianeidad que son las cosas de la mente humana.

XA: Pero a veces al lector, por ejemplo en “Kafka en la orilla”, le cuesta leerle, por las escenas de gran violencia que incluye, que casi salpican. ¿Qué importancia le da a la violencia en su obra?

HM: Todas las culturas son violentas. Todas las naciones, todos los pueblos deben superar su propia historia de crueldad, sus hitos de salvajismo. Existen distintos tipos de prohibiciones a la hora de expresar esta violencia inherente al ser humano. En la cultura japonesa contemporánea, sin embargo, la expresión de la violencia no está prohibida, ni a nivel mental ni legal ni social. Personalmente, a mí no me gusta describir hechos violentos, es algo que odio…

XA: Pues la escena de los gatos de “Kafka en la orilla”….

HM: …ah, sí, y aquella otra en que se desuella a un hombre vivo, sí. Odio escribir ese tipo de cosas. Pero sentí que en ese libro tenía que hacerlo, porque la historia precisaba violencia, esas escenas sangrientas. Simplemente es una puerta de entrada al otro lado, al lado oscuro. Tiene uno que abandonar su yo normal para poder pasar al otro lado. La violencia, el sexo, los trastornos mentales, son eso, una especie de llave para cruzar la puerta. Usted vive una vida normal, en este mundo, pero tienes que abandonarlo si necesitas ir al otro lado, y necesitas llaves.

XA: Los personajes se refieren, en un momento, a esos filmes de Godard en que los personajes se pasan la película hablando. A veces sucede en sus libros, repletos de diálogos.

HM: Nunca he tenido ninguna dificultad para escribir un diálogo, es algo facilísimo para mí. En esta novela, por eso, primero escribí los diálogos y luego las otras partes, de modo que todo tiene la textura de un rodaje de película. Disfruto mucho escribiéndolos, me imagino dos o tres personas y lo que dicen, es algo natural.

XA: ¿Le tienta escribir para el cine?

HM: No. Yo quiero escribir solo, no colaborar con otras personas, no sirvo para eso, para trabajar con los demás.

XA: Sobre la película “Norwegian Wood”, la adaptación de “Tokio Blues”, ¿no controla nada?

HM: No, nada. Me pagaron y pueden hacer la película que les dé la gana.

XA: ¿Por qué conecta tanto con los jóvenes?

HM: No tengo ni la más remota idea. Yo soy un hombre que escribe solo, y que hablo de gente que está sola, igual que yo, gente que es libre pero que no pertenecen a ningún grupo. Y muchos jóvenes japoneses anhelan esa libertad, pero no saben cómo conseguirla.

XA: ¿Puede ser también porque las relaciones sentimentales en sus novelas tienen mucho que ver con lo que se encuentran los jóvenes en su mundo?

HM: Hace treinta años, cuando empecé a escribir, la manera de relacionarse era casi igual. Entonces, mis lectores ya eran gente joven. Ahora, tres décadas después, siguen siendo de la misma franja de edad, de los 20 a los 30 y pocos años, ese es el segmento generacional principal de mis lectores. ¡Igual que antes! En otras palabras, mis lectores son siempre jóvenes, y no sé por qué. Yo tengo 60 años, ¡no sé nada sobre la juventud de hoy en día! No he hecho ninguna investigación de mercado, simplemente escribo la historia que me gustaría escribir. Pero tengo una teoría: mis libros son apreciados por las personas que viven en una situación de caos, por ejemplo se vendieron muy bien en Rusia después del colapso de la URSS y en Alemania justo tras la caída del muro de Berlín, en EEUU justo después del 11-S, y en Japón después del colapso económico de 1995, y tras el atentado con gas sarín en el metro. Las personas, después de una situación caótica, aprecian mis libros. Tal vez España esté pasando por una crisis. Si la sociedad vive una situación estable, mis libros no son tan apreciados.

XA: Entonces, estamos en un buen momento mundial para su obra…

HM: Bueno y malo a al vez. Si mis libros encuentran lectores, eso implica que el mundo es caótico.

XA: Corre cada día, hace varios maratones al año, y ahora ha publicado en inglés un libro sobre correr.

HM: Escribo sobre correr, porque es una actividad muy parecida a la de escribir una novela, son dos actividades de larga distancia. Para escribir hay que entrenarse, prepararse, no sirve cualquiera, eso del escritor borracho es un mito, hay que tener una fortaleza física y psicológica. Cuando corres, además, te suceden cosas curiosas.

XA: ¿Cómo qué?

HM: Hace veinte años, corriendo en el Central Park de Nueva York, me encontré a John Irving -uno de los escritores que más admiro- en pantalón corto, corriendo también. Todos los escritores deberían correr. Uno va perdiendo vitalidad a lo largo de la vida y su prosa se resiente. A los 33 años decidí ser fuerte y sano porque, ¿sabe? si no tienes demasiado talento, como yo creía entonces de mí, sólo la fortaleza y la vida sana te permiten exceler en la creación. Si eres un genio, como Mozart, o Pushkin, puedes llevar cualquier tipo de vida y escribir, pero si no, hay que correr, amigo.

XA: Pero hay muchos ‘artistas malditos’…

HM: Estoy convencido de que los artistas que llevan una vida malsana se queman mucho más rápidamente. Los héroes de mi juventud eran Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin… todos murieron jóvenes. Jimi Hendrix era bueno, pero no lo suficiente por culpa de las drogas. Trabajar en algo artístico es una actividad insana, que el creador debe compensar con una vida equilibrada y deportiva. Buscar historias en el interior de uno y contarlas es muy peligroso, y correr cada día me advierte del peligro.

AX: Pero ¿por qué es tan peligroso?

-Cuando desarrollas una historia, te enfrentas a un veneno que anida en tu interior. Sin ese veneno, tu historia será aburrida, insípida como un pescado hervido. Es como el fugu, ese pez globo cuyo veneno resulta letal, pero que, si se ha limpiado bien, es un plato sabrosísimo. Mis historias están localizadas en la parte más peligrosa de la conciencia, siento el veneno en mi mente y ofrezco de él una buena dosis al lector, porque tanto él como yo tenemos unos organismos fuertes.

-¿Qué más le aporta correr?

-Optimismo. Seguridad. Cuando uno acaba una maratón, tiene la certeza de que, al ponerse a escribir, va a llegar al final de la línea y, después, de la página. Palabra a palabra, metro a metro. Corriendo, he aprendido cuánto puedo exigirme a mí mismo, mucho más de lo que pensaba al principio. He aprendido cuándo puedo permitirme una pausa y cuándo esa pausa está empezando a ser demasiado larga.

-¿Su mayor proeza como atleta?

-En 1995 corrí una carrera de 100 kilómetros. Tardé 11 horas y 42 minutos. Para mí, fue una experiencia religiosa.

-¿En qué sentido?

-A los 55 kilómetros, estaba destrozado, mis piernas no querían obedecerme, era como si dos caballos me estuvieran arrastrando a otro lado. Pero, a los 75 km, empecé a correr de un modo fluido, desapareció el dolor. Había traspasado una barrera. Me sentí profundamente feliz. Crucé la línea de meta eufórico, podría haber seguido corriendo toda mi vida.

-Ha acabado otra novela, ¿verdad?

-Se titula ’1Q84′, es un guiño al ’1984′ de George Orwell, un libro que me fascinó en mi juventud. Siempre he estado contra el Sistema, como Orwell. Pero él escribió ’1984′ en 1948, cuando ese año 1984 era el futuro. Ahora, en el 2009, 1984 es el pasado, y yo he escrito ’1Q84′ como una novela que vuelve atrás, no a un pasado real, sino de ficción. La ‘Q’ es de ‘question’, ‘pregunta’.

-¿Comparte la voluntad de crítica política de Orwell?

-No, yo no soy un escritor político, solamente escribo de temas personales. Me interesan las posibilidades. Si uno no ha hecho algo a los 20 años, y decidió hacer otras cosas, uno ya es una persona distinta de lo que hubiera sido. Si hubiera hecho algo distinto se encontraría en otro lugar. La novela se basa en esos presupuestos: ¿qué hubiera ocurrido en 1984 si…? Es un pasado muchísimo más oscuro que el verdadero. Es una historia de amor entre chico y chica a los que les han cambiado el pasado y ya no saben lo que es real y lo que no.

-¿Nos perdemos mucho de usted en las traducciones que nos llegan del japonés?

-Ustedes conocen a autores como Mishima o Kawabata, autores que aprovechan toda la belleza del idioma japonés, que lo utilizan en todo su esplendor, de una manera maravillosamente ambigua. Ellos sí son dificilísimos de traducir. Pero, en cambio, yo utilizo el idioma como una mera herramienta, sólo quiero contar mis historias. En ese sentido, es menos difícil traducir mis obras. Mi lenguaje no es ambiguo. Mis historias sí lo son mucho, pero no mis palabras. Lo importante es el flujo de la historia, no es correcto adornar las frases con elementos superfluos e impedir que la historia fluya con naturalidad. Me gustan las descripciones simples, claras y precisas. Como la ropa que visto, clara y natural, sin adornos.

-Pero sus personajes sí visten de marca

-Algunos. No puedes evitar, si describes la realidad, decir que comen Dunkin Donuts y que visten de Armani y de Comme des Garçons.

-Usted traduce a autores ingleses. Tal vez por eso nos resulta más cercano…

-No sé. Mis dos biblias, desde luego, son ‘El gran Gatsby’ de Scott Fitzgerald y ‘Un largo adiós’ de Raymond Chandler..