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Alberto Rodríguez

La rebelión de las ratas

La rebelión de las ratas

¿Podría ser la guerra en Ucrania un “ejercicio” tan imperialista como las guerras coloniales y neocoloniales del siglo XIX y XX? La modificación del mapa europeo – la más temible anticipación que se hace Europa -no sería más que la consecuencia de un modelo de disputa del  mundo, unas veces entre los fragores de las guerras calientes, y otras entre las estratagemas diplomáticas de las guerras frías. Así que bien podría ser tan sucia como una guerra entre ratas, utilizando el lenguaje de Putin.

El motivo de la guerra no es Ucrania como tal, aunque los territorios agrícolas puedan ser fuente de producción, no es el acceso al Mar Negro, ya lo tienen, tampoco el simple hecho de unir el territorio ruso con Crimea. Ni siquiera una ofensiva tardía frente a la derrota de los rusos en la guerra del Cáucaso en los años noventa.

Que a Putin no le guste el gobierno de Boris Yushshenko en Ucrania, es apenas natural. El anterior gobierno que actuaba bajo sus órdenes, fue sacado a patadas. Que la mayoría ucraniana quieran estar bajo el ala protectora del poder europeo, tampoco ha de gustarle, tener un país fuera de su órbita en su órbita, no es cosa que agrade a ningún emperador. Lo más plausible es la necesidad rusa de responder al hecho de que se le están metiendo  a su patio trasero, igual que si a USA se le metieran a Alaska. La ofensiva rusa tiene carácter defensivo. Occidente le está disputando Ucrania, ya se le quedó con la mitad. A lo que Putin respondió: me quedó con la Crimea y la Ucrania rusófona.

Pero la disputa hoy, carece de motivos ideológicos, humanistas, paneuropeos, de programa,  es una disputa como la que entablan las pandillas para defender sus calles. Tan imperial como la expansión belga en África o la inglesa en América.

En el tablero completo del ajedrez mundial, como en el del juego, un movimiento tras las líneas puede golpear más allá de las líneas enemigas. La repartición del mundo, descuartizando países, desarticulando etnias, produciendo grandes desplazamientos como en Siria, fuerza a que en el teatro de operaciones ucraniano, la tercera fuerza en el mundo, se vea obligada a participar, bien haciendo alguna alianza con una de las partes, o tomando una iniciativa independiente. Lo que pase en Ucrania se siente en Pekín.

Pekín acaba de romper su silencio sobre la crisis para ponerse del lado ruso. En el Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador chino ante las Naciones Unidas, Liu Jieyi, no condenó la presencia de tropas rusas en territorio ucraniano y señaló que "hay razones" que explican la situación. El discurso chino, ambiguo por tradición, declara una "profunda preocupación" por los acontecimientos. Pero queda claro que se ha hecho del lado de la trinchera del Kremlin, en oposición a la Casa Blanca y sus aliados de la CE y la OTAN. Para el 2014 se programaron cinco cumbres entre los dos países.

En el otro extremo, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ha ofrecido a Ucrania un paquete de ayuda de 10.000 millones de dólares, mientras que la UE busca más apoyo financiero a Kiev. Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE convocaron una reunión extraordinaria en Bruselas para examinar la situación.

¿Qué dice Putin? Que los EEUU experimentan con sus aliados europeos "como si fueran ratas" en el intento de quedarse con Ucrania.



China respalda a Putin frente a EEUU, la UE y la OTAN en el conflicto de Ucrania y Crimea - EcoDiario.es  http://ecodiario.eleconomista.es/asia/noticias/5592248/03/14/China-apoya-a-la-Rusia-de-Putin-frente-al-bloque-de-EEUU-la-UE-y-la-OTAN-en-el-conflicto-de-Ucrania-y-Crimea.html#Kku8Py92dDd3xIF8

Cortázar: cien años

Cortázar: cien años

“Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo”. La primera vez que toleré la pacífica renuncia a ser uno mismo, movido, aunque sin saberlo, por el principio budista que predica el desprendimiento, hasta  el del viejo ser, que no nos deja ser otros, fue durante la lectura de Rayuela, algunos años después de publicada en España durante la primavera de 1963. Había iniciado en la universidad y no se había publicado Cien años de soledad. Confieso que la leí, hasta un punto, sin aceptar que fuera la gran obra que nos ofrecía la publicidad editorial y la prensa. Luego me tragó, me suspendió, me dio uno de los mejores viajes literarios que he tenido. Me llevó y me trajo, me confundió y me hechizó, me perdió.

Descubrí que el cabrón de Cortázar, en su novela, estaba jugando con la literatura, con las palabras, con el argumento, con los personajes, con el lector. Todo era un juego, la literatura de un hombre de casi dos metros que imaginaba como un muchacho de su época. No quería ser más él mismo y se estaba desdoblando en un juego narrativo, por el que podía llegar a ser otros. Estar en París y Buenos Aires, antes, después y a la vez. Encontré en su escritura una nítida trasgresión literaria, una irresponsabilidad encantadora, una lúdica del orden y una pasión energúmena por el jazz.

Más de veinte años después la releí y me sucedió lo que me sucede casi siempre, la magnitud e intensidad del viaje, no fueron las mismas de la primera vez. Al revés de los niños, la repetición no me resultó sorprendente. Comprendí por qué el mismo Cortázar había dicho de su obra, que era una “contranovela”. La estaba leyendo a la distancia en el tiempo de la cultura y en el tiempo personal. Desde luego, que resistió la prueba del tiempo, la terminé, recuperando los tramos que había olvidado. Pero también adiviné que terminaría tragada por un tiempo más poderoso y extenso, el tiempo del no lector. La gleba para la cual, una cosa como Rayuela, ya no significa nada, ni va a significar nada.

En un taller de escritura literaria al que asistían 20 ó 25 chicos y chicas, recomendé en un momento, la lectura de Rayuela. Nadie la había leído, pero habían oído hablar, y habían leído, sobre ella. Me paré en el centro del salón e hice la apología del lector de los veinte años, el primer lector, y les dije que la novela me había proporcionado un viaje, tan lejano y extraño, que me había terminado afectando para siempre. Un par de meses después, o más, pregunté cómo les había ido con Rayuela. La mayoría no pudo leerla, apenas unos capítulos. Los más valientes la terminaron, pero desde luego Rayuela los aburrió. Y dos de ellos, un chico y una chica, me contaron que mientras la leían, habían tenido un largo viaje con música, incomprensible y feliz.

Los chicos que tuvieron un viaje llamado Rayuela, son la única garantía de que la obra permanezca, como los libros de Fahrenheit 451, y que cuando se celebren los dos cientos años del nacimiento del Gran Cronopio, el Merlín de la literatura argentina, aunque ya nadie sepa quién fue, todavía haya alguien en el mundo que se goce y padezca el viaje con música, “el melancólico alimento para los que vivimos de amor”.

El autismo de los halcones

El autismo de los halcones

Me he preguntado después de leer el artículo de David Grossman, “Un Israel sin ilusiones” publicado en The New York Times, al que respondió Miguel Ángel Bastenier en El Espectador: ¿Qué tan representativo –en sentido democrático – es Hamas, del millón ochocientas mil personas que viven en condición de refugiados permanentes, en una franja controlada geográfica y militarmente por Israel?

El punto de partida de Grossman es que Hamás y el gobierno de Israel viven encerrados en sendas burbujas, como si fueran los autistas geopolíticos del primer conflicto regional del mundo, con más de medio siglo de historia. Los habitantes de la franja de Gaza, desde luego que lo confirman, es como si todos hubieran sido aislados bajo “La cúpula” de Stephen King. El gobierno de Israel tiene mucho más aire, más capacidad internacional de juego, más recursos tecnológicos y el respaldo absoluto de USA. Dice Grossman que,  “Israel es un estado brillantemente creativo, audaz, que durante más de un siglo ha estado dando vueltas a la muela de un conflicto que podría haberse resuelto hace años”. Si el gobierno de Israel estuviera en una burbuja no haría tanto daño, no desbalancearía el delicado estado de cosas regional, no violaría resoluciones de la ONU -242- ni los derechos humanos del pueblo palestino. Así que debo lamentar que el ejemplo de las burbujas no resulte completamente ilustrativo, no hace honores al hecho comprobado, de que Hamas está aprisionado en una burbuja, y el gobierno de Israel, va tan libre como un halcón.

El carácter irresoluble del conflicto, después de 67 años, está pintado en lo que Bastenier llama las “tablas eternas”, que no se explicarían, a no ser, que reconozcamos que en ambos lados hay sectores a los que no les interesa la paz. Su negocio es la guerra. Guardadas proporciones, lo que sucede en Colombia. Del lado de las Farc y del lado del  establecimiento, hay sectores a los que no les interesa la paz. Sus negocios no pasan por ahí. Dice Grossman, que “en la época en que vivimos no hay victorias inequívocas”. No hay victorias, sólo una "imagen de victoria", que ribetea una verdad: en la guerra sólo hay perdedores. 

Israel y Hamas atacan, se defienden, mueven sus máquinas de guerra, hacen noticia. De lejos el conflicto que más disparidad informativa ha ocasionado. Ambos hacen “uso de su legítimo derecho a defenderse”, ambos buscan “dar lecciones ejemplares” al enemigo. Los lanzamientos de cohetes de Hamás, son tan terroristas, como el lanzamiento de  los cohetes de Israel. Su impacto de fuego se hace sobre población civil. ¿Qué tan representativo es el gobierno de Israel del pueblo de Israel? Grossman confirma la existencia de “grupos de presión que nos controlan”.

En cada caso la labor abierta y soterrada de los halcones de ambos bandos, nos confirmaría una perspectiva sin solución. Ni siquiera si  el primer ministro de Israel fuera David Grossman, y Hamas estuviera comandada por Mahmud Abas. Los halcones de ambos lados han echado al traste todas las tentativas de paz, todos los acuerdos, todas las resoluciones, con los que se ha intentado poner fin al conflicto. Su negocio no está en la paz.  

 Hamás y el gobierno de Israel son el principio activo de la resolución y/o la agudización del conflicto. Son los representantes bélicos permanentes. Si Hamás reconociera el estado de Israel, e Israel reconociera un estado árabe en Gaza, habría términos estables de resolución, apoyados en el contenido de un auténtico reconocimiento entre pueblos, que podría hacer valer el peso de los argumentos pacifistas, contra el mercado de la muerte de los halcones de ambos lados.

 “En marzo de 2002, la Liga Árabe reunida en Beirut ofreció el reconocimiento a Israel por todos sus miembros, con relaciones plenas, a cambio de una retirada también plena, y Simón Peres la rechazó displicentemente argumentando que era un artilugio de Arabia Saudí para distraer la atención mundial de la participación de sus nacionales en el atentado de las Torres Gemelas —septiembre, 2001—. ¿Quién sabe? El propio Grossman lamenta que Israel mirara para otro lado” acota Bastenier.

Una percepción realista de la naturaleza del conflicto, alumbra un sentimiento fatal, respecto al futuro cercano de una paz negociada. Que no dependería solamente de la liberalización bilateral de las actitudes, del paso de la vocación de paz, a los hechos de paz, de la aceptación del derecho de la existencia mutua de los estados, o de la convicción de que con la guerra pierden los dos. Y que tampoco dependería de la desactivación, o neutralización del poder de fuego de los halcones de ambos lados. O al menos no solamente. Sería necesario, que de parte y parte, hubiera una reconfirmación de legitimidades, de representaciones. Que los respectivos pueblos, víctimas directas del conflicto, ratificaran el grado de representación que les han conferido, tanto a Hamas como al gobierno de Israel, para que en su nombre, adelanten una puta guerra, que nadie va a ganar.        

Guerra de pandillas

Guerra de pandillas

Hablar de la Contraloría, debería significar hablar del ente estatal  que fiscaliza a todas las dependencias del Estado y a los particulares; es decir, un auténtico quiste en el  poder. El Estado le confirió el derecho de fiscalizar, seguir, calificar, el uso de los recursos públicos. La volvió un super-poder, igual que hizo con la Procuraduría. Por eso la riña enconada y astuta de poderes, cuando se aproxima la elección del próximo Contralor, que reemplaza a la “tristemente célebre” Sandra Morelli. El sucio espíritu democrático inflamado de los jefes de las distintas pandillas del poder, se disputa el botín, declarado en cerca de medio billón de pesos.

La Contraloría representa a la ciudadanía en el control de los recursos. Un sano principio democrático, que no tiene nada que ver con lo que en realidad hace y dispone el órgano de control. El Contralor siempre ha sido cooptado por los otros poderes, cada corte pone su candidato, luego van al Congreso y se produce una confrontación entre pandillas, al máximo nivel, un “encuentro de familias”. De ahí sale el nuevo Contralor, que obedecerá quienes lo pusieron ahí.

Miren quiénes son los candidatos. Edgardo Maya Villazón. Su hijastro, Hernandito fue impuesto como candidato a la gobernación del Cesar, por Jorge Cuarenta, siendo Maya Procurador. Su hermano, Ángel, fue el director del hospital Gómez Pumarejo, de Valledupar, que puso al servicio de las AUC. Su otro hermano, Jaime, fue cómplice del asesinato de tres sindicalistas a manos de las AUC. Nada de lo anterior compromete civil o penalmente a Maya, solo que la familia, de alguna manera revela el talante de sus miembros. El otro, es Gilberto Rondón (entre el 51 y el 53 hubo otro Rondón en la Contraloría) un abogado a sueldo de Gilberto Rodríguez que en su momento fue contratado para dilatar su extradición. Recibió pago anticipado por un trabajo que no hizo. Así que el Patrón pidió que le devolviera su dinero, pero Rondón no obedeció. Es uno de los acreedores del Patrón. El tercero es,  Carlos Ardila Ballesteros,  denunciado mientras ejercía como congresista  por irregularidad en contratos, compras ficticias, costos inflados con la canasta escolar, de miembros de su familia, mientras él ejercía como presidente de la Cámara. Las denuncias terminó tragándoselas el polvo y el olvido, se les echó tierra para siempre.

Y si se mira hacia atrás bastaría echar una mirada a los ejemplares de Contralor, que han ostentado el cargo. Personajes siniestros como Aníbal Martínez Zuleta, Rodolfo González, Manuel Francisco Becerra y David Turbay, corruptos profesionales y/o afines al Cartel de Cali. Becerra pagó cárcel durante el 8000.  ¿Qué coños puede esperar la ciudadanía de un organismo que pone en su cabeza, a quienes solo les garantizan a los jefes de las familias el control presupuestal y los negocios adyacentes de la Contraloría?

La disputa hoy ha enfrentado al jefe de gobierno y a su principal aliado político, el ex presidente Gaviria, que cada vez más va pareciéndose físicamente a un vampiro. Gaviria, a condición de meterse a la campaña de Santos, una de las cosas que le pidió la Contraloría para Rondón - un hombrea que se codea bien y ahora dice ser liberal -, no para él, que "está más allá del bien y del mal”, sino para Simoncito, que busca hacerse un lugar en las pandillas. De hecho ya fue jefe de la de su padre. Santos le dijo que sí. ¿A quién le iba adecir que no en campaña? El paro campesino le costo 2.2 billones y el arreglo con los maetros, costo 1.4 billones. Si estuvo dispuesto a poner eso en la mesa de las negociaciones, por qué iba adecirle a su socio mayoritario, el Vampoiro gaviria, que no, con lo del acrredor de Rodriguez? Pero una vez posesionado, se le atravesó, con otro candidato, Maya. Porque es - dice - el “que más nos conviene”, quiere decir, al pueblo, por supuesto. Aquí las inhabilidades no importan, ellas quedan para que oscuros profesores de derecho constitucional demanden como simple ejercicio académico.

La hoja de vida que Samper mostró en Unasur

La hoja de vida que Samper mostró en Unasur

No es claro el mensaje, el significado político preciso, del acuerdo continental de Cancilleres, para que Honesto Samper sea el nuevo Secretario General de la Unión de Naciones Suramericanas. He de suponer que la hoja de vida que presentó a consideración de los Cancilleres, con el debido loby colombiano y de Nicolasito Maduro, no es su hoja verdadera. Con ella, solo los empleadores para los que la hoja verdadera es una garantía, lo elegirían. Y no es el caso de los países suramericanos. ¿O sí? Así que no deja de expeler un cierto aroma su elección, justamente en el comienzo del segundo mandato de Santos. Lo que para la retórica de la cancillería, sería la elección de un agente de la paz en el organismo continental, podría ser en una retórica, menos uniforme, una bendición política de exculpación a todos los prontuarios de las relaciones entre los políticos y la mafia en América Latina.    

Por un alineamiento sideral de los astros, emergió con una serena madurez, el expresidente socio del Cartel de Cali, que se había enterrado en su Fundación, con la que todavía es noticia, por una publicación o un evento. Un hombre que debería estar en la cárcel por concierto criminal, pero que fue precluido de todos los cargos, por quienes se beneficiaron de los recursos del cartel de Cali en la campaña de 1994.

En una cumbre programada para el 22 de agosto en Montevideo, se había programado que Alí Rodriguez le entregaría la Secretaria a Samper, con presencia de todos los Cancilleres. Sin embargo, la cumbre se postergó para octubre, por razones que no se han dado a conocer.

Por lo pronto nos libramos de Samper en Colombia. En una discreta “posesión por ventanilla”, Correa le dio la bienvenida. Un clima de pálida cortesía en Quito. Se tomaron la foto.

La primera declaración de Samper en Quito es un asqueroso lugar común, “voy a trabajar por la integración”. Pero la segunda, es menos común e inquietante "Yo espero que Quito sea a la UNASUR lo que Washington es a la OEA". Bastará recordar que Washington siempre ha sido para la OEA el cuartel central del “ministerio de colonias”. Fue Washington la que  negó la visa norteamericana a Samper y la OEA no hizo nada. Un  presidente vetado por USA no puede ser más que un heroe o un pillo.

Así que Samper hará todos los arreglos para que en algunos meses pueda sentirse viviendo en Washington, de donde Pastrana debió levantar el vuelo, cuando a Monseñor Uribe, se le dio por sacar a Samper de su agujero y enviarlo como Embajador a Francia.

Samper que no pudo entrar a USA, que no podía pasearse por Washington, por sus torcidos con su exsocio Gilberto Rodríguez, extraditado en el 2004, pagando treinta años, hoy vive en Quito. Nada extraño que termine arrebatado en su propio sueño continental ante el Chimborazo.     

Nebraska

Nebraska

Don Quijote siempre sale, siempre debe salir, debe andar caminos, tener un punto fijo que lo conduzca. No importa qué tan loca sea la empresa. Desde salvar una dama en apuros, hasta ir a cobrar un millón de dólares de una aviso publicitario. Aunque, en este caso, el Quijote tiene 80 años, y ya no sabe muy bien de las cosas cotidianas, pero tiene muy claro que necesita una camioneta y un compresor de aire. El whisky y la edad lo han puesto un poco catatónico. Es un film, que menos mal no ganó todos los premios a que estuvo nominado en la última edición del Oscar. Es un film de escenas memorobles. La búsqueda de la caja de dientes en la carrilera, la familia de Woody en el cementerio y el robo del compresor de aire, en la casa del antiguo socio de Woody.

Alecander Payne nos había entregado A propósito de Schmidt (2002) y Entre copas (2004). Con Nebraska llega a un punto de cinismo narrativo, a un punto de realismo gerontológico,  que convierte la pieza en una joya minoritaria. Se da el lujo de hacerla en blanco y negro.

La aventura, el viaje a toda costa de Woody, el regreso a Nebraka, al pasado, es el centro de gravedad del film. Es su fuerza narrativa, la almendra del cuento. El expediente del amor filial es la antiestrofa. Tanto como lo es, la historia de la esposa de Woody. Es tan fuerte el peso del viaje, que termina arrastrando a toda la familia, a la madre y al otro hijo. Los pone en el cementerio donde está toda la familia enterrada. Los sobrevivientes son una pandilla de camioneros salvajes.  

Payne regresa a Nebraska, su hogar natal (su Yoknapatawpha), para contarnos la historia de un viejo que regresa con un motivo muy norteamericano, un milón de dólares ficticios. El hecho jala toda la historia, es la locomotora de las historias aledañasa. El conjunto es una pieza pulida, económica, sin ningún aspaviento. Payne escribió el texto para que lo interpretara Gene Hackman.

Todos ellos, gente y pueblo, retratados por la cámara aguda y contrastada de Payne, como fantasmas vivientes en vía de extinción. Una película de un viejo, para viejos. Un retrato generacional en blanco y negro. 

¿Hasta dónde es posible tragarse sapos?

¿Hasta dónde es posible tragarse sapos?

 Estaba harto de la política, de la cosa sucia, simulada, de doble faz, con la que todo se maneja en la vida electoral del poder. La forma tan afrentosa como Santos ganó las elecciones, usando una mixtura de miedo a Uribe y mermelada. Hipotecando las parcelas de su poder. Y amparado en unos indicadores económicos, que le dan fortaleza a su gestión.

Porque estaba harto, me había prometido no escribir por un rato de política, pero hoy es siete de agosto, no hay cómo no hacerlo. Durante algunos minutos, entes del acto de posesión – al que como Uribe no asistí -, estuve viendo a los hombres del poder en el patio de armas, bajo sombrillas blancas. Las delegaciones extranjeras, los poderes, la diplomacia, las fuerzas armadas. No faltaban sino las FARC.

Dije en alguna columna, hace más de un año, que a Santos más que la paz le interesaba la reelección. Ahora está reelegido. A todos quienes le preguntan, les responde lo mismo. Colombia eligió la paz. Así que una vez atornillado, va el segundo round con el cartel rojo.

Si las conversaciones se levantan, Santos ya está reelegido y posesionado. Si se sigue negociando en medio del conflicto, como va a ocurrir,  se debe esperar toda la porquería del conflicto, de lado y lado. Las Farc, por falta de unidad de mando, por desarticulación entre frentes, por la división interna, no hace nada bien. Sigue atacando objetivos civiles, afectando grandes comunidades, como una respuesta terrorista al carácter político de las conversaciones que los representan en La Habana. En manos de los medios sus monstruosidades al mejor estilo paramilitar y mafioso, no hacen más que golpear, el posible futuro político del cartel. Lo que Pablo Escobar quiso para el cartel de Medellín, cogobernar, es lo que podría conseguir el cartel de las Farc. Por lo pronto ya les dictaron a los del gobierno, los términos de una reforma agraria territorial.  

El segundo round, y el último, va por todo. Y cuando lleguen al asunto de la justicia y la participación, van a tener un auténtico foso de distancia, y seguramente las actividades militares y terroristas, se van a incrementar. Santos, obligado por el estamento militar, su ministro de la defensa, y los aliados más a la derecha, va a tener que decidir.

Creo, sin embargo, que todavía tendríamos que tragarnos muchos más sapos, en el esfuerzo de desactivar el poder de fuego del cartel rojo. En el pos-conflicto, tendremos sapos mucho más grandes que tragar, una vez se hayan tomado la foto de firma del acuerdo en La Habana.

 

El Capo Jaramillo

El Capo Jaramillo

La tercera temporada RCN-FOX del Capo volvió con un escupitajo de originalidad, que en tres semanas ha dejado en claro, que la campaña publicitaria con la que se montó como espectáculo en la tele, es la de la legalización de la droga. Bravo, una buena causa.

El Capo condenado a treinta años en una prisión de la Florida, en el mismo patio con el Señor de los Cielos, es repentinamente solicitado por el director de la cárcel, para que vaya en ayuda del Director General de la DEA. Una misión no oficial de estado. De por medio está la vida de la esposa y del hijo del máximo funcionario de las drogas en USA.

Así, el Capo vuelve  a estar libre, de modo que puede pasearse como un rabino ortodoxo, que va a cenar al café de un hotel viejo en New York. Ahí donde todo se mueve de la mano durísima de Asimov, el Zar de Manhattan.

Pero el Capo, por ser paisa, llega con un proyecto, como si supiera que sus amigos – Bruna y Tato - lo van a sacar. Un proyecto anti empresarial, que consiste en hacer lo único que hay que hacer para combatir el narcotráfico, de modo que alguien se lo pueda creer, quebrarlo.

Así es el Capo. Un hombre que se apellida Jaramillo y que siempre va para adelante. Tiene buenas respuestas para preguntas difíciles. Tiene palabra. Temple para las causas duras. Y está absolutamente convencido de que tiene razón.

Y como Mario Puzo, y como Ford Coppola, en un momento impreciso en la historia, el Capo encuentra los hilos de una “mano invisible” que lo maneja todo. Se trata de un poder asentado en Roma, siniestro, absoluto y ecuménico. El capo di tutti capi.

Tiene la serie de temporada muchos aciertos, y muchos defectos argumentales, fisuras de verosimilitud, escenas desbalanceadas, actores secundarios malos, poca acción cinematográfica, diálogos flojos. Pero aún así montaron la historia sobre una línea audaz. Y eso vale para que seamos capaces de sentarnos todos los días, una hora, entre las nueve y las diez, a ver cómo es qué Jaramillo va a quebrar el narcotráfico.

Ocioso que es uno.    

 

 

El sueño del Celta

El sueño del Celta

Es una novela tan bien escrita que se lee como crónica. Y a su vez, la crónica de una vida, que se lee como novela. La novela del año del Nobel. Pero ante todo, un punto en la carrera de un hombre completamente entregado a las letras. Un novelista y un periodista que ha intentado dar cuenta de su época a través de la escritura. La obsesión intelectual más constante en Mario Vargas Llosa.

Vargas Llosa nos pone en el momento en que las potencias coloniales europeas intensifican la disputa de los mercados de materias primas, necesarios para los desarrollos industriales que hicieron posible echar a andar el carro asesino de la guerra de 1914. Se está explotando el mercado del caucho en el Congo y en el Amazonas, para, entre otras muchas cosas, servir a la industria de los neumáticos de carros, con los que iba ser posible movilizar tropas más rápido en la primera guerra. Se estaba cocinando el proceso de acumulación de capital industrial para financiar el estallido. Porque la guerra no comenzó en 1914. Cuando Roger Casement remontaba las aguas del río Congo en 1903, ya había comenzado  

Casement: irlandés anglicano-católico, diplomático homosexual, aventurero africano, defensor de los derechos humanos, nacionalista, traidor, etnógrafo amazónico, conspirador, orador. Fue condenando a muerte por el imperio inglés. Se le ocurrió que si Alemania atacaba a Inglaterra, los irlandeses podrían lanzarse a su revolución independentista, el levantamiento de Pascua.

Es una novela adictiva. En la que la velocidad de lectura tiende a acelerarse, el ritmo es variable pero sostenido, tiene varios hilos de tensión, que entrelaza saltando tiempos, con lo que refuerza la armazón, en concreto fundido. Es una novela sólida, firme, en el argumento, la voz y los tiempos. Sabe balancear la cantidad de información y la cantidad de invención, para dar el tono preciso de novela histórica.

El Sueño del Celta, hace parte de esa clase particular de novelas, en la que la persona y el personaje se encuentran. Una novela digna de un Premio Nobel, y digna de Roger Casement, que superó al personaje.  

Una vez el imperio inglés ahorcó a Roger Casement, una fría mañana de 1916, en la prisión de Pentoville, dos cirujanos enviados por las autoridades, solicitaron una verificación del cadáver. Se pusieron los guantes y le inspeccionaron el culo al cadáver, para informar al Ministerio del interior y a la Cancillería, sobre las dilataciones rectales que delatarían el gusto de Casement por prácticas anormales.

Roger Casement, el más valiente etnógrafo de comienzos del siglo XX, que con su “Informe sobre el Congo” desnudó el genocidio belga colonial del rey Lepoldo en los territorios de explotación cauchera. Y con el “Informe sobre el Putumayo”, reveló al mundo, el imperio de crimen y terror en las caucherías de Julio  Cesar Arana.

Roger Casement, el mismo hombre, a cuyo cadáver insepulto el imperio británico le metió la mano al culo para que la condena fuera eterna.  

El lobo de Wall Street

El lobo de Wall Street

La maldita película trata de una manada de lobos. Gruñe, resopla, está viva, muerde. Su fuerza está en la historia, pero la historia puesta en cine llena la pantalla de una furiosa energía cinematográfica que se produce cuando Scorcese, Di Caprio y Terence Winter, el guionista, se juntan. De una manada de lobos urbanos dedicada a la especulación, al juego de trabajar con el dinero ajeno que se enseña y se aprende en Wall Street.

Es la historia de Jordan Belfort. Una crónica, todos los hechos narrados están documentados, el guión se trabajó con extractos de sus memorias. Un personaje americano.  

Es una película de escenas memorables, de momentos, de exageraciones al estilo mafioso, al parecer todos los que hacen mucho dinero y muy rápido, se parecen. Escenas intensas, humillantes, delirantes.

La memorable escena didáctica: el primer día de Jordan en Wall Street. El almuerzo de bienvenida. La lección del brooker que dará a su formación, todo lo que necesita para organizar su pandilla de mil lobos. A través del teléfono montaron la más grande operación de defraudación de fondos privados, ventas ficticias, estafa accionaria, corretaje criminal,  manipulación de valores y lavado de activos, en USA.

Primera lección: el negocio consiste en que lo que está en el bolsillo de tu cliente, pase al tuyo.

Segunda lección: mover los papeles hasta difuminar el valor, hacer que sea volátil, irreal, que no esté en la tabla de elementos.

Tercera lección: que toda la economía especulativa se mueva con papeles, está bien, siempre y cuando nosotros tengamos efectivo.

Cuarta lección: dos pajazos diarios, una prescripción. Toda la presión de la tecnología con que trabajamos, hay que soltarla.

Quinta lección: la cocaína. Si no la metes revientas y además te hace pensar más rápido.

Jordan, antes de iniciar cada mañana su tarea de líder de la manada, se mete un par de líneas largas utilizando un billete de cien dólares, que luego arruga y tira al cesto de la basura que se ve repleto.

Una escena: navegando cerca a las costas de Cerdeña, el yate de Belfort se ve en una tormenta nocturna que conducirá al naufragio. Cuando el yate hace agua y una ola está a punto de quebrar la ventana del puente, Belfort le pide a su amigo sus “ludes” (cualudes). “No creas que voy a morir en sano juicio”, le dice.

Otra escena: está con una zorra en la habitación. La hace poner en cuatro y que levante el culo, se lo llena de cocaína y aspira agradecido.

Blue Jasmin

Blue Jasmin

La máscara de la risa con la que se representa la comedia, tiene su contrapartida en la máscara del llanto, con la que se representa la tragedia. Blue Jasmin, el último film de Woody Allen - tras el ciclo de tres comedias europeas, en las que algunos quisimos ver un síntoma de desfallecimiento - es una tragedia americana.

Todo el juego de expresiones se hace entre la risa y el llanto. Blue Jasmin se inventa del lado del llanto. ¿A qué mas conduciría  la descomposición progresiva de una mujer, que seguramente ha muerto sin darse cuenta? Una tragedia sin redención, sin reversa, que termina con la pérdida total de reconocimiento, cuando el personaje comienza  a hablar solo, en raptos alucinatorios que anuncian la tragedia.

La hypokrisis, de donde viene hipócrita, significa actuar o fingir, que es justamente lo que hace el actor, el portador de la máscara. Hypo es máscara. La diferencia de la tragedia moderna con la tragedia griega clásica, es que ya no necesita máscaras. Los actores se han hecho su propia máscara. Jasmin pasa de reír a la histeria, de la confianza a la pérdida.

La palabra tragedia proviene del griego  tragos que significa chivo, y de oide, que significa oda. Literalmente la tragedia es un “canto de chivo”. Por sinécdoque, los cuernos del chivo se toman por el todo, con lo cual el canto del chivo se convierte en “canto de cuernos”. Y si bien se recuerda, algunas de las primeras máscaras teatrales utilizadas en el Asia Menor y en la Grecia homérica, tenían cuernos. Jasmin o Janette (Cate Blanchett) vive en New York, está casada con un millonario que le proporciona la mejor vida, tienen un hijo que estudia en Harvard. El marido, un capitalista tramposo y corrupto, le pone los cuernos. Un día, tras haber sido descubierto con su última amante en el Ritz de París, le anuncia que la abandona. Ella, en venganza lo delata al FBI, que lo captura. Todo lo pierden, sobreviene la bancarrota, ella debe ir a San Francisco – aunque muy poco aparece San Francisco en la película - donde su medio hermana a vivir de arrimada. Conoce un hombre de posición social, al que miente respecto a su vida pasada, para conquistarlo. Él de manera súbita se entera de la verdad y la abandona. Ella busca a su hijo, que la rechaza, no quiere saber nada de ella. Así que queda completamente abandonada, camina perdida mientras llora, hasta que llega a la banca de un parque en donde se sienta completamente tragada por la tragedia.

La tragedia: le ponen los cuernos, pierde la fortuna, su matrimonio, a su hijo, y no le queda más que su medio hermana, a la que siempre despreció por pobre. Y el hombre que se consigue, se entera por el exmarido de su hermana, una víctima más de su propio exmarido, que todo lo que le ha dicho de su vida, es mentira.

Todo lo que Jasmin tenía era falso, comenzando por su vida. Ahora es una mujer sin nada que termina hablando sola, el último canto del chivo.  

En Brasil como en La Habana: nunca habíamos llegado tan lejos

En Brasil como en La Habana: nunca habíamos llegado tan lejos

  “Nuestros muchachos” “escribieron una página de gloria”. Nunca un equipo de futbol colombiano “había llegado tan lejos” en unas “justas mundialistas”. “Colombia los recibe alborozada”. Se les “brindó una bienvenida de héroes”. Lo único bueno de que Colombia haya salido del mundial, es que se pone fin a la agotadora temporada de lugares comunes en que se hundieron la radio y la televisión.

Brasil ganó el partido contra Colombia, no porque jugara un buen futbol, no porque jugara mejor, sino porque es Brasil. Y jugaba en casa. Y la señora Dilma necesita que gane, para que el escándalo por el negociado de los estadios, se oscurezca con el triunfo. Y la FIFA también necesita que gane Brasil, su socio estratégico en el manejo de la inversión y en la definición de la junta.

El pueblo revuelto del Brasil, el que no puede ir a los estadios, aprovechó la vitrina para sacar toda su rabia y esparcirla en las calles. A ellos también, hay que darle un campeonato. Con la confianza de que fútbol mata pobreza.

Colombia jugó un primer tiempo presa de toda la presión que suponía llegar a ganarle al Brasil. No pensaban perder, al contrario temían llegar a ganarle y sacarlo en su propia casa y perfilarse como un posible campeón mundial.

El futbol vivo, armado, travieso, se vio reemplazado por un juego nervioso, entrecortado, en el que no encontraron el ritmo. Además fue un partido sucio, en el que el Brasil llegó a las treinta faltas. También estaba nervioso, más que los colombianos. Tenían más que perder y eso los puso tensos.

En el segundo tiempo Colombia intentó ser lo que es, lo que nos mostró que sabe hacer. ¿Qué les dijeron en los camerinos? Lo que haya sido, la resistencia violenta, la presión sobre el equipo de Brasil, la hinchada, y un árbitro demasiado brasilero, se impusieron. No fue la jerarquía, fue el miedo. Aun así Colombia mostro fútbol. Mostró entrenador, talento individual, trabajo en equipo, disciplina. Lo que nos metió en los ocho mejores equipos del mundo. Ya veremos en el 2018.

 

 

El espectáculo de la palabra

El espectáculo de la palabra

Quienes escuchamos el mundial de fútbol de 1962 en Chile nos quedamos con la versión que nos dio la palabra de los partidos transmistidos por la radio. Primero escuchamos el cuatro-cuatro con Rusia y solo después lo vimos en los noticieros de la época. De entonces ahora los nativos radiales hemos tenido que aprender a hacer un tránsito a lo visual. La magia de la fantasía medíatica consiste en permitirnos, hoy todavía, escuchar el partido,  ver el partido, con o sin volumen, o sin volumen y con transmisión radial.

A un chico de diez años la idea de escuchar el partido de futbol por radio no le aparece en el menú. Sin embargo, los locutores de la tele transmiten los partidos como si lo estuvieran haciendo para la radio. No es que no se les haya ocurrido pensar que narran para quienes ven lo mismo que ven ellos. Lo saben, pero también saben que hay un valor agregado a la imagen, la palabra, que dota el espectáculo visual de una fuerza retórica, que atrapa a las audiencias, tanto como lo hacen los pastores. Quienes tienen la palabra, y en eso son iguales locutores y pastores, gobiernan una fuerza de sentido sobre lo que vemos. Cuando vemos una información audiovisual, por ejemplo en un noticiero o una crónica, siempre tendremos la opción de comprender de una u otra forma, según el discurso con el que se interpretan las imágnes que nos presentan. Porque no es la imagen la que interpreta la palabra, sino la palabra la que interpreta la imágen. Es tal el misterio de la palabra que envuelve el futbol. 

Así podría pensarse que el valor del odioso aforismo, de que más vale una imagen que mil palabras, también puede llegar a ser odiosamente relativo.

La televisión colombiana, en futbol, sigue en la era de la radio. Sin embargo, el hincha que no va a los estadios no se satisface en el futbol con independencia de los medios. Debe haber una relación uno a mil, entre quienes van a un estadio, y quienes no. En Brasil, son millones de personas las que no pueden comprarse las entradas porque no tienen con qué. Para ellos hay grandes pantallas en descampados, donde celebran al aire libre con fiesta, alcohol y samba. El resto, los que no caben en ningún espacio público donde se presenten los partidos del mundial, tendrán, hasta en la última casa de la última favela, un plasma, frente al que apeñuscados en la habitación caerán víctimas de la ilusión optimista o siniestra que la palabra hace de la imagen.

En la narración europea de la tele, el ritmo lo pone la seguidilla de nombres que orientan al que ve. Mencionan el de quien la tiene, el del quien la recibe y el de quien la gana. Una narración lenta, salpicada de comentarios discretos. Hasta hace pocos años, los goles se narraban con una tranquila y monótona flema BBC, que no le daba más sabor al gol del que tiene un saque de banda.  Hoy, el gol es el gol de los jóvenes, tiene mucho más sabor latino, más alma, más orgasmo.

La narración de la televisión colombiana es emotiva, rápida, tentadora, descriptiva, repetitiva, por lo que se da el lujo de narrar como si nosotros en la casa, no estuviéramos viendo el partido. Con la palabra se empuja la acción del campo. Editorializa, juzga, anticipa, vaticina. Siempre es parte interesada del juego. Colombia hizo del futbol y los medios espectáculos gemelos.

Con el efecto de la retórica mediática del futbol - como con la retórica religiosa - el mismo partido, es y no es. Todos no vemos el mismo partido. El imaginario y el inconsciente colectivo del hincha, tanto como el del practicante de una fe, se apoya siempre en la confianza de que locutores y pastores ven algo más que nosotros, aunque todos estemos en el mismo partido.

 

 

Rodear al gobierno

Rodear al gobierno

 

Alberto Donadio/El Espectador

 

Revela Juan David Laverde en El Espectador, el presunto pago de 12 millones de dólares a un asesor de confianza de Juan Manuel Santos y el director de El Tiempo, en lugar de pedir explicaciones al Gobierno, se viene lanza en ristre contra uno de sus columnistas, Fernando Londoño Hoyos, acusándolo de “revivir las páginas más oscuras de nuestra historia, las mismas que solo dejaron como balance estelas de horror y de sangre”.

¿Es este el mismo Roberto Pombo al que le concedieron en febrero un premio de periodismo que lleva el nombre de ese adalid de la libertad de expresión que fue Guillermo Cano? Pombo es un tipo chirriadísimo, que sería muy aplaudido como presidente de una gran agencia de publicidad o de relaciones públicas, pero que no tiene talante para representar el cuarto poder. Es un conciliador nato, alérgico a la polémica.

Cuando debería estar formulando preguntas incómodas al presidente, exalta “la reputación” de todos los candidatos presidenciales pues “tienen hojas de vidas respetables y cuentan con las condiciones de dirigir los destinos de la patria”.

Pombo sería un gerente idóneo del Jockey Club, de Los Lagartos o del Gun Club, donde con gran tino podría mediar las disputas que se presenten entre los socios, al calor de un buen whisky. Pero no está hecho para servir de vocero del interés público. No va con él la definición que daba Eduardo Santos en el mensaje que dirigió al Congreso el 3 de septiembre de 1939: “La democracia exige e implica libertad en las discusiones, severidad en los juicios, crítica inexorable de todos los actos”. El obsecuente Roberto Pombo practica la lánguida herencia de su suegro y tío del presidente, Hernando Santos, que a lo largo de su vida como periodista y director de El Tiempo escribió un solo editorial ante todos los escándalos y ante todas las circunstancias que se registraron en distintos períodos de la vida nacional: rodear al Gobierno, rodear al presidente, rodear las instituciones, rodear al Ejército, rodear a las Fuerzas Armadas.

Sí, esa visión pobre y simplista, sin matices, esa subordinación asordinada frente al turbayismo, frente al llerismo, frente al gavirismo, frente a todos los presidentes.

Un ejercicio de rodeo que no solamente constituye una puñalada trapera al periodismo libre e independiente sino que traiciona el Estado de derecho. Los que verdaderamente defienden las instituciones y defienden a este y a todos los gobiernos son quienes ejercen la crítica y la oposición, aun cuando lo hagan con elevado apasionamiento. Pombo le pide a Fernando Londoño “recuperar la mesura, propia de su condición de exministro de Estado”. ¿Entonces la democracia es un costurero de señoras bien? ¿Podría el director de El Tiempo revelar los correos que Santos le ha enviado en este gobierno y contar públicamente cuántas veces lo ha llamado el presidente y para qué? ¿Podría divulgar si alguna vez se ha apartado de una solicitud del Presidente, obviamente dentro de “normas elementales de decoro”? ¿Podría explicar por qué jamás el editorial de El Tiempo formuló una sola crítica por el escándalo de Interbolsa al presidente, encargado por la Constitución de evitar esos atracos financieros? En el 2007, Anna Politkovskaya recibió, póstumo, el Premio Mundial de Libertad de Prensa Unesco-Guillermo Cano. Ella se enfrentó en Moscú a Vladimir Putin. En este cuatrienio, ¿a qué poderes gubernamentales se le ha enfrentado en Bogotá el director de El Tiempo, con o sin ataques arteros?

 

 

 

Las encuestas: contabilidad de la democracia

Las encuestas: contabilidad de la democracia

 ¿Qué es lo que las encuestas electorales realmente miden? Las encuestas acertaron, o no acertaron, son los comentarios que se producen después de cada elección. En la segunda vuelta por las presidenciales 2014, en la que se enfrentaron Santos y la zorra Zuluaga, participaron en los programas de medios, las cuatro grandes agencias encuestadoras en Colombia. Una de ellas dio por ganador a la zorra. Dos predijeron un empate. Y otra acertó. ¿Acertaron las encuestas?

Las encuestas están para que las campañas las modifiquen, es la opinión de Cesar Caballero, Director de Datos y Conceptos. Sin embargo la tendencia marcada por una o varias encuestas, influye en la intención de voto, de quienes votan por ganador. Lo cual significa que una franja de votantes, también lo hace por perdedor. Por la constancia que ratifica el derecho a la oposición. Durante la década de los setenta, en la que el Moir rompió la tradición abstencionista de la izquierda legal en Colombia siguiendo los pasos del Partido Comunista, estuvimos votando a perdedor. Como votan hoy los electores que lo hacen por el Polo Democrático o por la Alianza Verde.

Una de las características del comportamiento electoral es la variabilidad del voto. Es decir, que un mismo elector ya no vota, como en la época del Frente Nacional, siempre por un mismo partido. El voto hoy es oscilatorio, las adhesiones se hacen por motivos diferentes. De la misma manera, una cantidad significativa de votos, no se otorgan a favor de un candidato, sino en contra de otro. Ambas cosas hacen que la realidad electoral sea mucho más variable e impredecible que en la época heroica de las definitivas adhesiones partidistas. Es una razón para que las encuestas obren como orientadoras de tendencia, una fuente de información más. Y la otra razón que justifica plenamente su existencia, es que representan el cumplimiento del derecho a la información. Tenemos el derecho de conocer los mapas de opinión que se arman y rearman dinámicamente durante las elecciones en cualquier país. Y las encuestas son los cartógrafos.

En las elecciones que acaban de pasar, Santos le ganó a la zorra, porque sumó más. Pero a quiénes sumó. A todos los que con pavor advertimos que con el triunfo de la derecha, se reviviría en el país, el más oscuro de los regímenes, el de los hombres oscuros cuyo negocio es la guerra.

Y aunque el discurso de los hombres oscuros sea también el discurso de la paz, ya conocemos de esa paz que nos ha dejado más de cinco millones de desplazados, organizaciones políticas desaparecidas de la faz de la tierra y casi tres mil víctimas de los falsos positivos. Y todo, para que los ricos pudieran volver por carretera a sus casas de campo.

 

Ganó el miedo

Ganó el miedo

Más que la paz, el responsable del triunfo de Santos fue Uribe. Nunca nadie en la reciente historia, había logrado hacer reaccionar a un país, de la manera como lo hizo,  contra la amenaza de continuidad uribista con que nos amenazó Zuluaga. A medio país electoralmente participante, para ser más exactos. Logró que en un “frente amplio” cupiera el Partido Comunista y el General Naranjo, el grueso del Polo Democrático – López y Cepeda – y Roy Barreras, Petro y Simón Gaviria, Aida Abella y el Mira, Peñalosa, Lucho Garzón y Antanas Mockus, Claudia López y el Senador Gerlein. Un sector mayoritario del empresariado y de los medios masivos de comunicación. El Cardenal Rubén Salazar y Timoschenko.     

En el sentido más primitivo, habría sido el miedo civil – con toda la variedad de matices que le caben - causado por la amenaza rediviva de un gobierno de vocación criminal, que hizo del “todo vale” una política de estado; desde chuzar a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, implementar un programa de “falsos positivos”, hasta tener conversaciones de sótano presidencial con miembros de la mafia. Un irreprochable oscuro mandato, al lado del cual el de Honesto Samper, fue una pilatuna de liceo.

A cualquiera con sentido de decencia política y algún espíritu de legalidad, debería causarle miedo un gobierno como el de Zuluaga, bajo la estricta suposición de que necesariamente fuera una continuación del proyecto uribista. Si les causa miedo a quienes carecen de decencia política, la mayor parte de los aliados de Santos, cómo no será a quienes sí la tienen.

Que Santos no se crea que la unidad electoral de decentes e indecentes, para detener a Uribe, es una apuesta política a favor de su gobierno. Yo no sé de dónde va a sacar Santos para pagar tantos y tan diversos favores. Tendrá que agilizar la producción, en todas las plantas donde se cocina la mermelada.

No creo que lo que haya estado en juego en las elecciones haya sido la paz. Una vez convertida en bandera electoral, la más grande y vistosa, hace pensar en que de por medio, en las conversaciones de La Habana, existe una subagenda política que favorece mutuamente a las partes, y cuyos acuerdos no son objeto de publicidad. A Santos más que la paz le interesaba la reelección. Y a las Farc, más que la paz, le interesa el negocio. Ahora, que si como consecuencia global de los acuerdos, los fusiles se acallan, se respetan los derechos humanos, se dicen algunas verdades y se repara a algunas víctimas, bienvenida la negociación de Santos y las Farc.

¿Cómo se explica  que para el grueso de los colombianos la paz ocupe el sexto lugar de sus preocupaciones? Para ellos, según las encuestas, el problema no es la paz. Para Santos fue la palanca nacional e internacional más potente para lograr la reelección, para los uribistas es una papa caliente. Para muchos militares es un mal negocio.  Para las víctimas, una oportunidad de reparación. Para la economía, un alivio presupuestal equivalente a 3.5 puntos del PIB.

Ojalá hubiera ganado la paz. Es lo que la decencia política reclamaría. Pero el “frente amplio” electoral por la paz no está destinado a durar, más allá de haber exorcizado la amenaza uribista. La paz todavía está sujeta a largas transacciones, aunque a partir de mañana ya no tendrá en La Habana la presión electoral.

Un signo de cultura política fue lo que hizo el Polo – Gaviria, López, Cepeda -, decirle a Santos, votamos por usted para atajar a Uribe, sin dejar de ser oposición.

Un susto lo tiene cualquiera, pero la verdad fue que a casi ocho millones de electores, de algún modo nos asustó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La educación occidental es un pecado”

Boko Harum es un ejército islámico nigeriano de cruzados de la pureza, que tiene contacto directo con el Profeta. Su líder, un iluminado paranoico, llamado Abubakar Shekau, recibió hace algunas semanas un llamado urgente del Profeta. Cómo se comunican, supongo que es algo que hace parte de la reserva del sumario. El mensaje, como el de todos los profetas, fue lacónico y preciso: secuestra 300 niñas, las violas – hay que entregarlas probadas – y luego las vendes. Y Shekau, como Abraham, no tuvo más remedio que hacer lo que su Señor le ordenó.

El finado Saramago, con razón decía, hablando de la orden recibida por Abraham, de su Señor, de sacrificar a su propio hijo, que tal cosa nunca debería haber sucedido. Y que si sucedió, por el placer de probar la fe de un hombre, no fue más que porque le Señor es un hijo de puta. Probablemente Saramago, después de lo que escribió,  no haya ido al cielo de los que creen en el cielo, sino más bien, al mismo infierno donde María Fernanda Cabal, mandó al pobre Gabo. Aun así, la declaración metafórica de Saramago, es una premisa para comprender las bellaquerías que se hacen amparadas en la religión.

Las niñas todavía no han aparecido. Llevan más de dos semanas perdidas en los bosques nigerianos, en manos de unos interlocutores de la divinidad. ¿Hasta cuándo se seguirá utilizando a dios para refrendar todo el horror de la conducta humana? Una pregunta, que desde el punto de vista de la civilización, nos propone un asunto: la “justificación doctrinaria” de los crímenes - de lesa humanidad, violación de los derechos humanos, secuestro colectivo, acceso carnal y esclavismo - como los que ha cometido la secta nigeriana, en su afán por acabar la cultura occidental. Una causa parecida, a la que pondría en marcha una secta, que se propusiese terminar con la cultura oriental. Algo tan delirante, que no cabe más que en la cabeza de los delirantes que ponen en vilo al mundo todos los días. 

Pero de la misma manera que las sectas utilizan el nombre de dios para justificar crímenes de lesa humanidad, los movimientos políticos de toda laya, utilizan “nobles ideales” para encubrir la violencia indiscriminada, los proyectos fascistas, la violación de derechos humanos, el expansionismo. Miren los proyectos de revolución bolivariana en Venezuela, de federación rusa, de centro democrático en Colombia, de rehabilitación en China.

Estamos hartos de iluminados religiosos y políticos. Estamos hartos, que a nombre de dios y la democracia, se adelanten proyectos contra la dignidad humana y la democracia.

La espantosa trivialización del mal

La espantosa trivialización del mal

Antes de que Juan Manuel Santos se posesionara como presidente en el 2010, alguien escribió un grafiti en una pared del centro de Bogotá: “SE VA EL MAYORDOMO, LLEGA EL DUEÑO DE LA FINCA”.

En la mayoría de los casos, las elecciones son encerronas de la democracia, como las que van a ocurrir el próximo domingo electoral en Colombia, en las que se elige Presidente para el periodo 2014-2018. Es cierto, las dos opciones políticas en juego, llámense como se llamen, Centro Democrático o Unidad Nacional, son las mismas, lo cual significa que no hay opción.

Ambos, Uribe y Santos, como gobernantes y representantes, cada uno de una elite, son incapaces de resolver los problemas crónicos de la sociedad colombiana, ambas van con las manos untadas por inconfesables procederes de poder, responsables de lesa humanidad, repartidores de mermelada, corruptos y corruptores, manipuladores de los poderes públicos en propio beneficio, acaparadores de la propiedad, cooptadores de los medios de comunicación. Nunca han dejado de hacer lo que tuvieran que hacer para quedarse con el poder. Su consigna: todo vale.

William Ospina, en su oscuro opúsculo, dice que Santos representa una élite, la de la rancia aristocracia bogotana, la camarilla santafereña del poder, la de los negocios respetables y tradicionales. Pero oculta, que Uribe representa otra, la élite criminal, la aristocracia paisa de mercaderes del poder, que prevalidos de los procedimientos de la mafia y las mañas de los paramilitares, refundaron la patria. En la cronología de Ospina, la de Santos y los suyos, es responsable de las desgracias de este país hasta finalizar el siglo XX. Pero no Uribe y los suyos, responsables de las guerras sucias, la exclusión y concentración, los desplazamientos, el espionaje interestatal, los cohechos, los falsos positivos y la intimidación a la justicia, del siglo XXI

Si la élite de Santos se derrota el próximo domingo electoral, que es a lo que invita Ospina,  la élite de Uribe, comandada por ese zorro que es más una zorra, habremos conseguido hacer valer la diferencia de dos propuestas, a favor de  una nueva élite  
en la que “sus  parlamentarios, sus embajadores, sus ministros, sus jefes del DAS, sus comisionados de paz ante los paramilitares” están hoy judicializados. “Sus vecinos rurales del creciente latifundio de El Ubérrimo, como Mancuso, el jefe de las AUC a quien Uribe trajo ante un parlamento de uribistas que le recibió la visita con aplausos y le aplaudió también el discurso patriótico-uribista. Sus parientes, como su primo Mario, el hoy expresidiario que iba detrás comprando fincas abandonadas en la estela de las motosierras; su cuñada y su sobrina, reclamadas en extradición por narcotráfico; su hermano Santiago, señalado como jefe del grupo paramilitar de “los doce apóstoles”; sus hijos Jerónimo y Tomás, meteóricamente enriquecidos gracias al regalo paterno de zonas francas; su difunto padre, cuya avioneta personal fue encontrada en las cocinas de Tranquilandia del Cartel de Medellín, y cuyo cadáver fue a rescatar el mismo Álvaro Uribe en un helicóptero que le pidió prestado al narcotraficante y asesino Pablo Escobar. Sus colaboradores más cercanos: esos consejeros jurídicos que recibían en los sótanos del palacio presidencial a narcotraficantes que a continuación caían asesinados, esos compadres que canjeaban notarías por vacas, esos generales palaciegos que narcotraficaban, esos comisionados de paz que hacían montajes teatrales de rendición de falsos guerrilleros de guardarropía y recibían de falsos paramilitares armas de utilería. Y los responsables de la más innoble y horrenda farsa: la de los “falsos positivos” en los que tres mil –tres mil– inocentes, inocentes en todos los sentidos de la palabra, fueron asesinados para que sus cadáveres disfrazados con uniforme de guerrilleros engordaran las cifras triunfalistas de la “seguridad democrática”. ¿Qué responsables? El entonces ministro de Defensa Camilo Ospina, que dio la largada, los capitanes y coroneles y generales que ampararon la infamia, y el propio presidente Uribe que la justificó diciendo con desprecio sobre los asesinados: “No estarían cogiendo café…” (Antonio Caballero)

 

El emperador del Giro

El emperador del Giro

Con el “poder endemoniado” de sus dos piernas y una “férrea voluntad” de triunfo, sobre su “caballito de acero”, Nairo Quintana, un “humilde boyacense”, se ha convertido, tras “levantarse con el título” del Giro de Italia, en el “más cotizado" ciclista del momento. “Una joven revelación” del “ciclismo colombiano”, que le ha dado los “más  altos triunfos a nuestra nación”.

“El tricolor colombiano”, hoy primero de junio, ha vuelto a “ondear en cielos” italianos, lo que para “cualquier colombiano” “constituye motivo” de “auténtica satisfacción”. “Qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano” fue el mensaje que los “escarabajos colombianos” enviaron al mundo, tras haber “subido al podio”, para “alzar al cielo” el trofeo dorado en espiral “que los acredita como campeones”.

Los “créditos criollos”, “demostraron una vez más” que les “sobra valor” para “enfrentar con coraje” los “desafíos en tierras extranjeras”. “Tenemos equipo pa´ rato” han declarado los “representantes nacionales” que acompañaron al equipo en Europa.  

Los “colombianos debemos sentirnos orgullosos” de que de los “confines de la provincia”, salgan quienes hoy son “honra y brillo de la patria”, en el deporte internacional. No hay colombiano que hoy no haya sentido “henchido el corazón de júbilo”, mientras a los “acordes del himno patrio”, “nuestros muchachos”, recibían los “preciados trofeos”.

Sería de esperar, que tras el “incuestionable triunfo”, los más altas autoridades deportivas, “tomen cartas en el asunto” de “invertir a futuro” en eldeporte insignia” colombiano, ya que es el que más “triunfos nos ha brindado”, y que “constituye ejemplo para las  nuevas generaciones” de muchachos, “amantes de la paz”, que han “entregado su vida”, a darle al país “honrosas satisfacciones”.

El triunfo de Nairo y Rigoberto “es de todos”. Colombia los estará esperando para “darles la bienvenida que se merecen”, tras “un justo descanso” que se tomarán en Italia, antes de regresar “envueltos en gloria” a “la patria que los vio nacer”, donde “todos a una” estaremos prestos a vitorearlos como “ellos bien se merecen”.

 

La guerra y la paz: dos negocios

La guerra y la paz: dos negocios

Domingo electoral. Declaraciones de cajón. Caras largas. Entusiasmo patriótico. Cifras incuestionables. Y lo más importante, tres semanas más de arreglos políticos, por encima y por debajo de la mesa. Y naturalmente, trabajo para los hackers.

El triunfo de Monseñor Uribe, a través del Contador Zuluaga, fue vaticinado por algunas encuestas. Los nueve millones y medio de votos de Santos en el 2010, eran el capital político de Monseñor. Es algo menos que ridículo, que hoy toda la Unidad Nacional no le haya ganado. Serpa no le ganó a Zuluaga en Santander.

Hoy en la contienda electoral participaban: el candidato de Monseñor Uribe; su candidato del 2010; su candidato a la alcaldía de Bogotá 2012 y su ex Ministra de Defensa. Uribe, como dios, parece estar en todas partes. Todos han tenido que ver con él. Hasta fue novio de Clara López.

Y que no se diga que Santos no hizo todo lo que había que hacer. Repartió hectáreas de mermelada de papaya, con énfasis en la costa, que terminó absteniéndose. Y a las Farc, les aceptó una declaración escrita en la que hacen constar que el negocio se acabó. Pero ni la gestión ni el proyecto de paz le dieron para ganar, como si el país no le creyera, al menos el país votante.

El fenómeno Uribe es un sustrato de toda la política que se hace en el país; o se está con él, o se está contra él. Y sobre esa tensión constante, se configura el perfil de la acción política electoral. Monseñor dice no oponerse a la paz. La condicionarán, los uribistas en el poder, al punto que podrían estrangular el proyecto y poner fin a la mesa en La Habana, para regresar a una costosa confrontación sin fin, la única en el hemisferio.

La guerra es un negocio. La paz también lo es. En el fondo las grandes diferencias políticas, giran en torno al cambio de modelo de negocio. La misma diferencia que enfrentó a los empresarios en USA, los que tenían sus intereses puestos en la guerra de Vietnam, y quienes los tenían en el fin de la guerra.

Lo que se viene es una redistribución de los votos de las fuerzas eliminadas  en la contienda, cuyos resultados se conocieron hora y media después de  cerradas las urnas. Supongamos en un ejercicio perfectamente ideal, en el que el abstencionismo disminuye y el voto en blanco crece y las dos únicas fuerza políticas fueran las de Doña Clara, que se los pone intactos a Santos, y la de Doña Martha Lucía, que se los pone intactos a Zuloaga. La segunda vuelta la ganaría Z. En condiciones reales ¿qué pasará con el millón de Peñalosa? Claudia López dijo hoy, que los Verdes no van a ir a hacer cola detrás de los ñoños y los musas, para que Santos los corteje. Y en el debate en Caracol, Peñalosa dijo que no apoyaban a Santos, que apoyaban un proceso de paz. En términos ideales, ese millón de votos, para dónde va a coger.

El cálculo para el siguiente domingo electoral, aceptando que una cantidad de votos no son endosables, podría indicar una misma tendencia electoral, alrededor de un punto que inevitablemente surca toda la agenda electoral: la guerra o la paz.

El próximo domingo electoral los colombianos vamos a votar por dos males. Parece ser la maldición de la democracia, que marca a todos los hijos, de los hijos, de los hijos, de un país desventurado, “sin remedio” y “sin perdón”.     

El caballo de Troya de Pachito

El caballo de Troya de Pachito

Algo extraño está ocurriendo en el Centro Democrático (CD) a menos de una semana del domingo electoral. Monseñor Uribe dice que en el video del escándalo, no hay nada ilegal. Pachito dice que sí es Zuluaga, pero que está por pendejo. Zuluaga dice que es un doble. Y Jose Obdulio, dice que Sepúlveda, la mano derecha del gurú JJ, es un chiflamicas.  

La campaña por la primera vuelta presidencial en Colombia no terminó en la confrontación de dos programas por una mejor Colombia para todos, hasta para los políticos. Terminó en un asunto de baranda, en la Fiscalía, una investigación criminal, alrededor de unos incidentes de tal gravedad que supondrían la comisión de  los siguientes delitos: interceptaciones ilegales (chuzadas), espionaje, tráfico de información reservada, sabotaje, mercado negro de información en las fuerzas armadas, coacción, falsificación documental (ediciones incriminantes), ataques cibernéticos, y por supuesto, traición a la patria. En tales condiciones llegamos al domingo electoral. Con una Fiscalía, que Monseñor Uribe, señala como un organismo que trabaja para Santos, y en consecuencia, para Petro.

¿Qué ha dicho el uribismo? Z lo negó al comienzo. Ha ido recuperando la memoria, a medida que los medios lo acosan. Hoy ya se acordó que la campaña había contratado a Sepúlveda, con oficina y todo, recordó a Lina Luna (las iniciales de todos los nombres, de todas las mujeres de Supermán son LL), por Hoyos. Y recordó que alguna vez fue a conocer la oficina de Sepúlveda, y que tuvieron una breve reunión, en la que el tema era: la interceptación de comunicaciones de las Farc. Un arma para darle  a los guerrillos, pero al mismo tiempo para golpear a Santos y su proceso de paz.

Han dicho que es un montaje. Es decir que no es lo que vemos. Hay alguien que suplanta a Sepúlveda, y alguien que suplanta a Z - su doble -, que lo que dicen no es lo que dicen, y que el lugar no es el lugar. Un montaje modifica la secuencia original, en audio y video, para decirnos: no es lo que parece. La misma disculpa del adúltero pillado en flagrancia.

Han dicho -la versión ingeniosa es de Pachito- que  al affaire Z es el resultado de una campaña de infiltración de Santos a la campaña del Centro Democrático. De ser así, Santos es el duro. Hay que reconocerlo. Recuerden los antecedentes. Para el CD, como para cualquier ciudadano respetable, el gurú Rendón es una porquería. Ha trabajado en cinco o seis países como asesor de campañas, y en todas ha dejado el vaho tramposo de sus recursos para ganarlas. Todos lo saben, pero todos lo quieren contratar. Hasta Santos. Sepúlveda venía trabajando con el gurú desde mucho antes del incidente, en las campañas en Centroamérica y México, él se ocupa de hacer posibles las ideas del gurú. Así que al gurú se le ocurre venderle un hacker a Z, y Z lo compra, para que haga con él lo que ha hecho con JJ. Imposible que el CD contrate la mano derecha del gurú, el que según ellos mismos fue el intermediario entre la mafia y Santos para hacer llegar aportes a la campaña del 2010, de la cual Uribe era el director espiritual. ¿A quién se le ocurriría contratar a Sepúlveda sabiendo lo que hace y para quién trabaja? Lo cual deja sin sustento alguno la original idea del caballo de Troya, con que tanto nos divirtió Pachito en Blu Radio.

La campaña del CD sería la única que compraría un caballo a sabiendas de que viene lleno de enemigos. Y fuera de eso lo hacen seguir, y hasta lo contratan. No, ellos no son estúpidos, tampoco van a decir, que lo que pasa, es que también les gustan los procedimientos de JJ. ¿Acaso la policía política de Monseñor no le prestó tantos buenos servicios contra sus enemigos?

Lo bueno de todo esto es que Z llega al domingo electoral, en un empate con Santos, pero defendiéndose, negando, mintiendo, contraatacando. Situación difícil en la que la distribución de fuerzas políticas para la segunda vuelta, no lo favorecen contra Santos. Nadie va a querer tomarse la foto con un imputado, cuyo jefe no ha sido capaz de mostrar las pruebas contra Santos.