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Alberto Rodríguez

Temas de opinión

El olvido

El olvido

Una de estas madrugadas entré al azar a un canal donde pasaban una película de gangsters de opereta, matones que manejan Ferraris, héroes británicos en estado de idiotez pura, que a pesar de todo tienen su amor, escondido y en peligro. Vamos a suponer que uno es A (Jason Statsman) y el otro es B (Clive Owen), cada uno al mando de una pandilla que disputa el poder del clan. El comienzo es patético, una escena de violencia refrita, que aun así atrapa la atención. Fue como si me hubieran escupido un poco de adrenalina, antes de comenzar a contarme la historia. Tanto A como B son personajes acartonados que la tecnología energiza en la escena. En un momento, mientras las pandillas se reorganizan para disputarse el poder, se me olvidan los personajes, jamás me había pasado. Cuando presencio las escenas de A no me acuerdo siquiera del rostro de B, y al revés. Cuando pasó una segunda vez, me preocupé. Se me había quedado media película en un tiempo muerto, sin registro. Pero se me quedaba alternativamente una y otra mitad. Las olvidaba por igual. La preocupación del partido paranoico unido me propulsó al túnel oscuro de Alzheimer. Entonces me levanté fui a buscarme un trago, salí a la terraza, encendí un cigarrillo, y para reivindicarme del olvido, recordé la forma que tenían todas las nubes sobre Santiago el once de septiembre de 1973.

El comienzo no es auténtico, es una caricatura. La violencia sobreactuada falsifica la expresión. El abuso del recurso, autos a cien millas, en contravía, por carriles contrarios, que no respetan semáforos, que causan choques múltiples, y a los que no les pasa nada. La inverosimilitud es tan dulce como un coma diabético. Conmovedora, nada me deja creer, pero sigo como un buen imbécil pegado al film, teniendo tres cientos canales más. Cuando se produce el colapso de memoria ya no hay nada que hacer. No creo posible salir del tiempo muerto sin volver a colapsar. Estoy pendiente del final, no sé que vaya a pasar y qué vaya a pasarme a mí, cuando termine. Anticipo, A sobrevive, se queda con su amor y su padre, B muere. Una tonta anticipación digna de mi tontería, el más vulgar lugar común para un cierre. Pero apuesto por esa.  

Me gustaría que mataran al héroe de cartón, al rudo impenetrable, y que lo matara su amante. Me gustaría que sobreviviera el viejo y ella, y la película terminara con ellos en una casa rodante. Imaginé varios finales. Pero el film terminó en aquel por el que había apostado. Una vez terminó recuperé  la memoria. Terminé recordando a B y a A, como un par de cabrones de largo metraje que terminaron trucando algunos de mis cables.

Moraleja innecesaria: ver mal cine produce olvido.  

Medios intocables

Medios intocables

Sandra Borda

No me sorprendió la reacción que generó la columna de León Valencia en Semana sobre la labor periodística de RCN TV Noticias: se produjo solidaridad de gremio y se descalificaron los argumentos, al presentarlos como “ataques”. Tristemente, esta intolerancia del periodismo a la crítica es algo que después de un par de años de trabajo cerca de ese gremio, estoy empezando a identificar como tendencia.

 Creo que Julio Sánchez fue la persona que articuló este miedo con más claridad. Dijo que le resultaba “muy extraño que los periodistas se vuelvan jueces de otros periodistas; el único juez que tiene un periodista es el oyente, televidente, lector”. Viniendo de la academia, en donde el principal mecanismo para asegurar la calidad del trabajo que se produce es la temida evaluación de pares, me parece que censurar la crítica entre periodistas es contraproducente.

 Periodistas y directores de medios no se pueden escudar en la libertad de expresión para decir lo primero que se les ocurra, de la misma forma que un profesor no puede entrar a un salón de clase y soltar un sartal de barbaridades arguyendo la libertad de cátedra. Por supuesto que no es un debate legal, porque poder poder... pues pueden, y nadie los va a llevar a la cárcel por hacerlo. Pero no deben, y así como hay formas (ciertamente imperfectas) de asegurarse de que un profesor dicte una buena cátedra, también las hay para lograr que un periodista haga bien su trabajo. El problema es que en ese gremio se rehúsan a emplear el mecanismo. Ya lo sentenció Sánchez: ¿cuándo se ha visto que un periodista critique públicamente a otro?

 El argumento de Sánchez es que en este asunto de la calidad periodística es la audiencia la que juzga y decide. Pero la audiencia no tiene formas de comunicación directa con los medios para manifestar su insatisfacción y, peor aún, los medios no tienen mecanismos serios de rendición de cuentas frente a la audiencia. Lo único que puede hacer el consumidor de información es cambiar de proveedor, y con una oferta tan restringida, es un descaro salir a decir que la audiencia está en libertad de escoger el medio. En Colombia, simplemente, y digámoslo claro, no hay de dónde escoger. No nos hagamos ilusiones ni engañemos con argumentos de libre-mercado en medio de semejante monopolio.

 La otra contradicción es fácil de identificar a lo largo de la entrevista que le hace Sánchez a Claudia Gurisatti. Ella primero asegura que no está buscando peleas políticas, que solo está buscando noticias, solo está informando. Después, sin embargo, insiste en que ella tiene absoluta libertad de definir su línea editorial, y Sánchez la apoya con un argumento de autoridad un tanto lamentable, que voy a dejar sin discutir justamente por lo lamentable: “una periodista con esa hoja de vida es libre de decir y de expresar lo que quiera”.

 Esa contradicción que existe entre decir que los periodistas se dedican “solo al negocio de informar”, y asegurar que pueden “tener la línea editorial que quieran”, es clave. De hecho, todos los días periodistas y directores de medios transgreden la línea que divide el ejercicio de informar del de opinar y analizar. Yo no tengo problema con eso. El asunto es que las facultades de periodismo y comunicación insisten en enseñar que dicha barrera no se debe cruzar, y que la información debe ser entregada de forma aséptica y sin “contaminarla” con posiciones políticas.

 En vez de hacer eso, deberían de una vez por todas aceptar que dicha contaminación sucede, y más bien enseñarles a los periodistas a contaminar bien: con sofisticación, con análisis bien informados y sobretodo, con rigurosidad. Porque el problema que tenemos con nuestros medios hoy, es que de todas formas tienen líneas editoriales, informan y analizan/opinan simultáneamente (creo yo, inevitablemente), pero lo hacen a punta de intuición y vísceras. No saben cómo hacerlo de otra forma.

 Mi problema con las líneas editoriales no es que existan, mi reparo está en que no son reconocidas abiertamente (“solo estamos informando”) y son muy pobres conceptualmente. Y si el periodismo sigue promoviendo pactos de silencio como el que propone Sánchez al mejor estilo de una mafia, la cosa no va a mejorar. Ese silencio con cara de complicidad en la mediocridad, es lo que no permite avanzar. Nadie tiene más autoridad y criterio para identificar cuándo se hace buen periodismo y cuándo no, que un periodista. Propongo que los medios se enfrasquen en la sangrienta revisión de pares que usamos los académicos. El costo del buen producto que resulta de ese ejercicio son sólo unas magulladuras en el ego. ¡Imposible que no puedan con eso! 

 

¿Quiénes deben hacer parte de una comisión de la verdad?

¿Quiénes deben hacer parte de una comisión de la verdad?

Nunca una comisión de la verdad, en ningún país ha llegado a la verdad civil integral sobre las monstruosidades de las que las encargan investigar, porque, “el país necesita conocer la verdad, las víctimas necesitan conocer la verdad, la justicia necesita conocer la verdad”. Todos necesitan conocer la verdad. Aunque si llegáramos a conocer toda la verdad nos haríamos imperdonables.

La sociedad civil ha tenido que hacer suyo  el compromiso, que tiene mucho de religioso en el mal sentido, de conocer la verdad para perdonar. Si no dicen toda la verdad, no perdonamos, sin advertir que el resultado podría ser que al conocer toda la verdad, resultara imposible perdonar. Sí, conocer de la verdad para ensayar un “olvido” imposible, que hiciera que el pasado dejara de pesar sobre el presente, para hacer posible cualquier perdón de carácter colectivo. Apagar la historia por un minuto, a la manera de una “ley de punto final” y reiniciarla, para que la verdad brille, sobre el mal, y se inicie una era nueva, sin la acuciante amenaza diaria del conflicto.

Después de conocer la verdad con carácter extrajudicial, contenida en los testimonios rendidos a la comisión, con o sin nombres de los responsables, en el poder seguirán los victimarios. El poder mafioso, el poder de las bandas criminales, el poder de las pandillas políticas, el poder de los victimarios de Estado, el poder de los dueños de tierra – así haya cambiado de manos tras el conflicto –, el poder del empresariado que financió el paramilitarismo, el poder de las transnacionales, el poder de los corruptos en el Estado. La diferencia será que las FARC, como pandilla política, abanderada en un movimiento “democrático, popular, renovador, progresista, patriótico ” irá a elecciones en los mismos pueblos que antes asolaron, irán a las mismas asambleas en donde secuestraron diputados, e irán con circunscripción electoral al mismo Congreso, que alguna vez tuvo un 35% de representantes de los paramilitares.

Para las víctimas, los siete millones de desplazados, los miles de mutilados, los que perdieron la tierra, los que sirvieron de señuelos para los falsos positivos, las mujeres sexualmente agredidas, los liberados de los campos de concentración, los indígenas masacrados, los policías emboscados, la verdad les significará más dolor,  más escarnio, un advenimiento testimonial doloroso, tal vez necesario, pero no suficiente, para ser el  garante de la reparación moral y material.

No tendremos la verdad, de una comisión conformada por victimarios. Una comisión que no podrá decir toda la verdad, que nos dirá verdades a medias y que nos dejará tres tomos gruesos con los testimonios de las víctimas. A juzgar por la reacción de los diferentes victimarios ante el proceso de restitución de tierras, casi con seguridad diríamos que la reparación se va a ver muy bien en los “protocolos del pos conflicto”, pero no cubrirá a la totalidad de las víctimas, porque no va a haber responsables integrales que reparen de conformidad al daño. Tendremos procesos eternos, restituciones imposibles, retornos improbables, garantías a medias, una reparación que será una burla simbólica a los despojos de guerra.

No es políticamente correcto oponerse a que haya una “comisión de la verdad”, una vez se firme el acuerdo para la terminación del fin del conflicto (incluso antes). Casi todos coincidimos. Pero, sin embargo, yo no pondría todas las castañas al fuego por los actores de la comisión que van a torear la monstruosidad histórica. Tal como nos lo han hecho saber, la comisión estaría conformada por tres miembros del estado, tres miembros de las FARC, y tres miembros cooptados por los seis anteriores.

¿No tendría más sentido que fuera entre víctimas y victimarios quienes seleccionaran el grupo de ciudadanos que tienen la tarea de desentrañar la verdad?  Si de entrada se excluye a los representantes de las víctimas, los más interesados en conocer la verdad, lo que sea que nos vaya a entregar la comisión, al cabo de tres o cuatro años de trabajo, será algo más parecido a la verdad de los victimarios.  

La Fifa Nostra

La Fifa Nostra

El hábil movimiento político de Joseph Blatter en la FIFA, durante los cuatro periodos cumplidos, es como el hábil movimiento de Monseñor Uribe y Honesto Samper, en su momento. Cayó una buena parte del staf de Blatter, pero aún quedan 25, a los cuales él va a señalar. Cayó el enlace en Costa Rica, Eduardo Li, Jack Warner en Suráfrica, el contable Takas en Hong Kong, el compañero Rafael Esquivel, de la Federación Venezolana, hoy en manos de las autoridades suizas. El inmarcesible Nicolás Leoz, siniestro exdirector de la Conmebol, ayer hospitalizado de emergencia en una clínica privada. José María Marín, el zar del Brasil. Todos con orden de detención, detenidos, a borde de ser procesados con el resultado de las investigaciones del FBI. Y, sin embargo, Joseph Blatter, es reelegido, y sale orondo y festivo como si fuera un maldito inimputable.

Lo más extraño es que solo hasta ahora, una fiscal norteamericana, la Señora Loretta Lynch, sea quien destape con suficientes pruebas, la venta sistemática de votos, los sobornos, los negocios ilícitos con los bancos, el manejo irregular de cuentas, las contabilidades dobles. Una arremetida, que no me asombra por lo agresiva  - pruebas es lo que hay, faltaba que alguien como el FBI se pusiera en la tarea -, me asombra por el momento, por lo intempestiva y coincidencial situación. USA se fue con todo contra una federación criminal, que levantó un estado internacional paralelo a las Naciones Unidas, con más miembros, y de la que recibe una subvención. 

 El juego de poderes dentro de la FIFA tiene una representación política de tensiones entre los estados miembros, en ningún caso ajenos, o desconocedores del juego más o menos permitido, de sus representantes. La mayoría de Estados, sino todos, sabía lo que se cocinaba en la FIFA, desde hace mucho tiempo. ¿Pero qué o quién es un estado, un gobierno, para enfrentar a la Fifa Nostra? De hecho, desde el 2002 se produjo un escándalo debidamente sofocado, a raiz de la primera elección de Blatter, de la que se dijo que había sido comprada. 

 Vladimir Putin acusó a USA de haber presionado a Blatter para que Rusia no se quedara con el mundial 2018. Catar – informó el  Daily Telegraph – simplemente le compró el mundial 2022. Estados Unidos quería a Blatter fuera de la FIFA. De hecho, su candidato, Ali Bin Al Hussein, salió derrotado en la elección. Y la explicación es sencilla: la mayoría de los países quieren que siga Blatter, es una garantía, porque sin escándalos se puede tapar todo entre familia. ¡Qué miedo que hubiera llegado Hussein a la presidencia!

 Cuando el cálculo electoral previo a la elección, tras cabildeos intensos, mostró que Hussein, de la familia real de Jordania, no alcanzaría ni al treinta por ciento de los votos, como se demostró en la elección, la fiscal Loretta Lynch dio el zarpazo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De la vida no se preocupen: nadie sale vivo de ella

De la vida no se preocupen: nadie sale vivo de ella

Uno se muere antes de que el cuerpo se estire. Se muere, tratándose de muerte natural, cuando las emociones se mueren, cuando ya no tenemos energía para reaccionar a las mil provocaciones del mundo. Cuando la vida deja de decirnos cosas, o cuando ya no queremos que nos diga más.

Ex extremo clínico de la muerte emocional es la catatonia. Me parece que a la mayoría de viejos la muerte emocional nos acerca a una variedad benigna o maligna de catatonia, el reflejo de prensión forzada.

Ninguna muerte es evitable. Pero la muerte emocional al darse en “vida”, nos persuade a tratarla como un asunto evitable, como una contravención anímica, a la que siempre se le podrá dar algún tratamiento. Al momento en que cualquier viejo ya sabrá que de la vida no hay que preocuparse, porque hagas lo que hagas, no saldrás vivo.

Los familiares insisten en devolverlo o devolverla a la vida, pero el viejo murió emocionalmente. Es necesario reconocer, el momento - un largo momento sin precisión en escala conocida – en que el hecho se produce. De la actitud de los que aun están vivos, depende el sosiego o la desdicha, que supone cargar una muerte en un cuerpo vivo. Y a veces, en medio del más caluroso afecto familiar, la angustia termina traicionando los buenos sentimientos.

Algunos de los síntomas de la muerte emocional, según mis amigos: ya no le importa al viejo que gane o pierda el Cali, ya no lee los editoriales del Tiempo, ya no quiere cambiarse de ropa, dejó de asistir al club o a la asociación, la televisión lo aburre, permanece enclaustrado como un león derrotado, los amigos se murieron, para qué ir al café, además los cafés también se murieron. Entre más largos y oscuros sean los silencios, más cerca se estará del final

Es como si la vida se encargara de arrinconarnos, mediante el sucio truco de disolvernos el valor de las cosas y las personas, que nos mantienen vivos. No debería ser así, si se piensa que el asunto de la muerte, siempre está al amparo de alguna fe, que nos provee de imaginarios que ayudan a mitigar la ansiedad metafísica inevitable. La misma ansiedad de Camus, revelada en el Mito de Sísifo, que lo llevó a pensar que la filosofía solo sirve para saber si vale la pena o no vivir.

Para el budismo la vida y la muerte son un todo, la muerte es un tránsito a otra vida, un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida. La idea de ver la “vida entera” en los instantes antes de partir, es de origen budista. Cualquier fe religiosa debería proveer recurso, mandamiento, para que la muerte emocional se pudiera evitar, porque nada habría que pudiera diezmar la emoción por Dios y su obra.

Pero ni la reencarnación budista, ni la promesa de estar a la diestra del dios padre, ni la resurrección judía, ni el paraíso islámico, parecieran ser bálsamos que nos evitaran la muerte de las emociones. Como si la biología se empeñara, hasta última hora, en decirnos que siempre habrá algo más poderoso que la fe.

 

 

Los buenos muchachos

Los buenos muchachos

Kiko Gómez y el clan Char del Atlántico han sido amigos, socios y cómplices de las alianzas electorales de Vargas Lleras en la costa, desde hace mucho tiempo. El mismo Vargas que quiere ser presidente, a nombre de CR, en el 2018. El mismo que con casco y botas exige al Ministro de Hacienda el billete para su campaña de cemento.

CR es el partido político más afectados proporcionalmente en los procesos contra los para políticos, fue fundado, entre otros, por Alfonso Valdivieso, pariente de los Galán en 1998. Hasta abril de 2008, por orden de la Corte Suprema de Justicia y de la Fiscalía, habían sido detenidos siete congresistas y cinco más todavía están siendo investigados.

Cuando se embarcó en la tarea de ser vicepresidente del Santico, y después de una serie de vendettas programáticas dentro de CR, Vargas terminó dejando a ese buen muchacho Galán, encargado de la banda, con su respectivo secretario, Álvarez Lleras.

Al muchacho Galán, que parecía buen muchacho, lo seduce el poder como a muchos de su estirpe. Pero qué pena estar en el Partido Liberal, después de que la pandilla roja estuvo al mando de Honesto Samper, que ganó las elecciones ayudado por la misma clase de gente que asesinó a su padre. Qué pena estar en la U, el partido que el Santico ultrauribista, ministro de la defensa durante los falsos positivos, se inventó para llevar a Monseñor, por segunda vez, a la presidencia.

Ahora, digo yo, si Galán entró a CR y llegó a ser elegido director, es porque definitivamente no es un buen muchacho. Se arrimó a una pandilla que hoy lo ha obligado a renunciar, ante la más burda y explícita suplantación de poderes partidistas. La candidata de Kiko Gómez a la Gobernación de la Guajira - aunque ella lo negará siempre - obtuvo su aval sin la autorización del director, a través de una firma del secretario Álvarez Lleras, suficiente para los Char.

La llamada “Princesa negra” - Oneida Pinto -, la que dejó la alcaldía de Albania para salir a politiquear, y la entregó, como si fuera una herencia, a uno de sus asistentes, tiene una investigación preliminar en la Fiscalía, por manejo irregular de fondos cuando fue alcaldesa. Galán, por supuesto tenía de que quejarse. Le preguntó al Secretario Álvarez Lleras, por qué había firmado el aval, y el Secretario le dijo la verdad: “…porque la candidata obtuvo el respaldo de los directorios municipales de CR, en todo el departamento”. Así que el buen muchacho viene sobrando. No le quedaba más que irse. Víctima de su ambición terminó siendo el mamarracho “decente” con el que se pretendió tapar la fealdad y suciedad detrás de esa R invertida, que tiene tanto de azul como de rojo.

Pero si será mal muchacho, se va de la dirección del partido, no por dignidad, sino por el miedo a la ruina política, pero no se va del partido, ni suelta su curul. Qué rico, el indignado, decente y transparente muchacho, no le importa quedarse en el partido de los Char, de Kiko Gómez y Álvarez Lleras.

Y no se va, con el argumento, de que a pesar de haber sido tratado como un mamarracho, él necesita de CR, para hacer las propuestas que el país necesita.

Y CR, que con la renuncia del muchacho, no pudo haber visto otra cosa que el repudio al procedimiento de los avales, lo deja con su curul, porque el que alguna vez fue buen muchacho, hoy sus amistades lo han convertido en uno más de la pandilla. Los Galán dan para todo.  

Guerra de pandillas dos

Guerra de pandillas dos

Lo que marulleramente se ha llamado el "proyecto de acto legislativo de reforma de equilibrio de poderes y reajuste institucional", no es más que una disputa entre pandillas en el poder, para modificar por ley el reparto de facultades y recursos. Aprovechando el afair Pretelt, el Congeso y el Ejecutivo le pasaron la cuenta a todo el poder judicial. Por primera vez en cincuenta años cayeron en cuenta que la Comisión de Acusaciones, es algo menos que inútil, y se inventaron un Tribunal de Aforados. Habrá un tribunal de aforados encargado de investigar y juzgar la conducta de los magistrados de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo de Estado, al Procurador General de la Nación, al Contralor General de la República y al Fiscal General de la Nación, aunque hubieren cesado en el ejercicio de sus cargos. Una instancia para controlar la "mafia" giratoria, la que trafica con los procesos, la que viola la ley, la que se elige, la que instaló su negocio en las cortes, la que desde la Procuraduría, la Contraloria y la Fiscalía se yerguen como poderes paralelos, extralimitándose, opinando, haciendo política, interviniendo en todo. Un cambio de nombre en efecto, pero con menos intención absolutoria.

Los conflictos, entre los grupos de poder que tienen sus manos puestas en el Estado,  suelen ser focalmente más mortíferos, que los conflictos ordinarios con la sociedad civil. Y lo son, por que es un conflicto entre bandidos. Desde luego, los miembros del Tribunal serán nombrados por concurso.

El Presidente se reservó el equilibrante poder de ternar a quienes lo fiscalizan. Él propone y el Congreso dispone.

Y a las cortes se les fueron con todo: los magistrados tendrán un periodo de inhabilidad despues de terminar su labor en las cortes, se los juzgará por fuera del sistema judicial, se les hacen muchas más exigencias para ingresar, se les ponen más trabas para continuar el negocio.

La vendeta va tan en serio, que el benemérito Fiscal, en compañia de los presidentes de las Cortes, ya declaró que de ser aprobado el proyecto como ley modifictoria y orgánica, la demandarán de inmediato, ante la Corte Constitucional.

Con lo cual tendremos el desequilibrio de poderes más efectivo que el que hubiera podido imaginar cualquier ley. El sistema de pesos y contrapesos completamente desorientado, la guerra de pandillas declarada, todos disparando,  amparados en la "constitucionalidad" y pensando siempre en el país.

 

Una gallera bogotana

Una gallera bogotana

La FIL Bogotá 2015 costó 4000 millones de pesos, según fuentes de la Cámara Colombiana del Libro. Y el pabellón de Macondo, se gastó la mitad. Con esos 2000 millones que se invirtieron en una innombrable gallera de madera de mala calidad, improvisada, paródica, esperpéntica,  reducida, incómoda, sin accesos adecuados, sin sonido, se hubiera podido financiar la Biblioteca Gabo, una colección para mil escuelas en Colombia, y haber trabajado la lectura literaria con docentes y estudiantes. Sin embargo, había que conmemorar el año de la muerte. Había que ser más oficiales, que eficientes. A la gallera, más que a la educación. Así es Macondo.

Nadie desde luego, se opone a que las instituciones celebren un año de la muerte del “más famoso de los colombianos”, pero es cuestionable el resultado del pabellón frente a la inversión. El pabellón lo recibe  a uno con un mapa de los lugares imaginarios de la literatura, un túnel con fotos gigantes iluminadas, mientras la voz cansada de Gabo resuena desde bambalinas. Luego la gallera, una réplica burda de una gallera, en la mitad de un gran salón. En la gallera no cabrían más de cien o ciento veinte personas, apretujadas. Afuera había más de quinientas, esperando oír al menos. Pero ni siquiera adentro había sonido.

Una agenda de buena calidad se echó a perder por haber querido darle uso a esa caja de bocadillos beleños, donde los creativos, pretendieron meter a los miles de interesados en asistir. La gallera sobraba, inútil y costosa, no tanto desde luego como debió haber sido cotizada. Los lectores de Gabo nos merecíamos un salón grande, para que la conmemoración hubiera sido masiva. El “folklorismo” de los diseñadores, curadores, pintores, escritores, fotógrafos, montajistas, en el intento fallido de encontrar la atmósfera de Macondo en el pabellón, es tan pobre como la muestra de periódicos, revistas, primeras páginas, fotos, dedicatorias, cartas, de Gabo.

El anticuario de la memoria rodeaba la gallera. Pero los gallos jamás se escucharon. Tal vez el de una rabación que dejó oír a lo lejos un gallo destemplado.

La celebración FIL de Gabo en Bogotá 2015 es una revelación aparatosa y sin alma del espíritu institucional de la cultura oficial, que a su modo, celebra un año de la muerte del escritor. E insiste en la intentona de forjar una especie de culto a la personalidad del autor, más que de reconocimiento a su obra. Lo primero es fácil, basta un presupuesto, unos contratos, y el aval oficial.

Qué pena con Gabo, si se hubiera levantado de su tumba para haber ido un fin de semana a la FIL Bogotá, a ver el esperpento conmemorativo de Macondo. 

Uno más

Uno más

Un paro de maestros más, por lo mismo, dinero. Si el paro se hiciera por calidad, sería permanente e indefinido. Un paro de maestros de la educación pública, es algo tan colombiano, como el pan de la tienda de la esquina, el saqueo al presupuesto público, la arepa y el chorizo, o el fútbol. Los paros de maestro los conocemos desde la primera mitad del siglo pasado. Siempre faltará dinero para cubrir la demanda, es decir, pagar los maestros y costear el proyecto educativo. En esa medida, el costo educativo en Colombia es muy bajo, primero porque paga mal a los maestros, y segundo, porque no invierte en calidad. Las constantes políticas del Ministerio de Educación, sea el ministro un señor homofóbico, de chaleco y gafas de carey, o una linda lesbiana de gafas acorazonadas de gata.

Hasta que el gobierno de Santos no entendió que la condición para que Colombia entrase a ser parte de la OCDE, era subir la calidad, no pensó en serio en buscarle contrapartida al proyecto educativo. Debieron contratar al director General de las pruebas Pisa, pagado por los países miembros de la OCDE, para que viniera a redactarles la agenda programática de calidad. Pero en un país que es el tercero más corrupto del mundo, después de México y Filipinas, y en la lista de Transparencia Internacional 2014, está el puesto 97 entre 175 naciones, las posibilidades de financiar el programa de calidad, son prácticamente nulas.

El Congreso no autorizó, que la solución financiera a la endemia del conflicto docente, se incluyera en el actual Plan de Desarrollo. De entrada les iban a hacer conejo a los docentes. Así que la situación hoy es perfectamente comprensible: nueve millones de niños sin clases, 300.000 maestros parados, suspendidas las conversaciones, diferencias porcentuales irreconciliables para el acuerdo, una negativa rotunda del Ministro Hacienda.

Arreglar a los maestros no es como arreglar a los paperos o a los transportadores. Todos vitales para la economía. Pero sin duda, el paro del sector educativo tiene un mayor impacto, porque hace fracasar la condición reivindicativa de la educación como clave para el proyecto de paz. Un paro le quita razones al prospecto de ingreso a la OCDE. Y muestra que la elevación de calidad, que pasa por la sostenibilidad de la nómina docente, no tiene muelas. Sigue siendo un saludo a la bandera.

Al gobierno y a la linda Ministra de educación, les va a tocar aceptarles todas las colas petitorias a Fecode y dobletiarse en su propuesta financiera, para que una nueva sentada tenga visos de aceptabilidad. Les va a tocar renunciar a lo que consideran una actividad inherente a la elevación de calidad: la evaluación docente.

Y bien que harían en quitar el requerimiento evaluativo, de la manera que lo han propuesto, que en Inglaterra llevó a al paro más largo de la historia del magisterio oficial, la evaluación docente. Porque, si la hicieran bien, y tuviera efectos de contratación, habría que echar a más de la mitad de los maestros. Y porque la forma más inteligente de evaluar a los maestros es evaluando a sus estudiantes. Las pruebas Pisa, Saber, Icfes, Censales, Ekaes, evalúan a los estudiantes, pero lo que en realidad muestran, es que los docentes se rajan.

Si quieren saber qué tan bueno o malos son los maestros, evalúen a los estudiantes a su cargo.

Encerrona informativa a la sociedad civil

Encerrona informativa a la sociedad civil

El objetivo de un cese unilateral del fuego es presionar al enemigo al cese, para un alto al fuego bilateral, mejor como anticipo que como consecuencia, de la firma de un acuerdo para la terminación del conflicto. En principio parece una medida inteligente, dejar de disparar. Salva vidas de los contendores y de la sociedad civil. Pero a la sociedad civil se le propone una pregunta, que el gobierno y las Farc, deberían haber respondido ya. ¿Cómo se verifican los ceses unilaterales al fuego? ¿Quién los verifica? A no ser que agentes neutrales - fuerzas internacionales de monitoreo - se “enrolaran” en las filas de cada uno de los bandos, no hay forma de saberlo. Los primeros partes del frente - mediados por los medios -  que nos llegan sobre las violaciones al cese, son de la contraparte.

El gobierno describe la acción de Buenos Aires en el Cauca, como una “masacre” a sangre fría. Eran más de las once de la noche, llovía, rayos y centellas saltaban en el firmamento, la luz en el pueblo se había ido. Los “soldados de la patria” dormían en un salón prefabricado sobre un montículo a la altura de la línea de fuego enemiga. De repente, un ataque combinado por tres flancos con granadas y fuego abierto, se abatió sobre el salón.

Las Farc, que normalmente se comportan de manera más oblicua que el gobierno, no son claras, tajantes, demostrativas en sus argumentos. O la información no fluye bien  entre ellos, o los hechos no les permiten ser claros y directos. El incidente se dio en una zona donde en los mismos días se habían desarrollado combates. Al extremo oeste del departamento, en línea recta con Santander de Quilichao. El cese unilateral, de hecho se había roto en la zona, las Farc  estaban respondiendo al ejército que hacía patrullaje antinarcóticos de rutina. Informan, de manera destacada que la unidad atacada en el salón no recibió apoyo aéreo. También, y de hecho, los bombardeos habían sido suspendidos por el gobierno.   

¿Cómo nos orientamos en medio de versiones de guerra? ¿Cómo tener una mirada precisa a partir de información imprecisa y fragmentada? Los hechos nos llegan como los hechos de las partes, actores armados o desarmados. Una simple adhesión sin argumentos ni motivos, con alguna de las partes, quizás alivie el conflicto informativo, pero no salve la responsabilidad civil.

Los profetas malignos, han vaticinado, que estaríamos en el punto más crítico de las conversaciones, lo que bien podría llevar a que se rompiera el proceso. Los profetas benignos, dicen, que es uno de los tantos sapos que tendremos que tragarnos, para hacer que las Farc retorne a la legalidad. Un sapo venenoso que se les obliga a tragar a las familias de los muertos en combate.

Las conversaciones están paradas en la discusión sobre las penas, el punto más excitante que tendrá que resolver la justicia transicional, el modelito que el Fiscal escogió para ajustárselo al proceso, lo mismo que el gobierno de Uribe hizo para con los paramilitares que se reinsertaron.

Yo, como sociedad civil, me declaro desinformado, víctima de manipulación informativa. Todo lo que nos llega está mediado por intenciones políticas del gobierno, de las Farc, de los medios. Es información parcial, recortada, editada, intervenida, dictada.

La forma como interpretamos y comprendemos el conflicto depende en una buena medida de la información sucia que nos llega. Carecemos de fuentes directas. Incluso la población civil en áreas de conflicto, siempre que los medios llegan hasta ellos, nos dan una información presionada por las partes. Lo que un campesino diga ante las cámaras de un noticiero, le puede costar la vida. No se me hace extraño que en esta guerra, como en todas, todos tengamos que estar sesgados. Una aceptación de parte de que en toda guerra lo primero que se pierde es la verdad.

 

La bajeza de las altas cortes

La bajeza de las altas cortes

Mirando las fotografías y los videos donde aparece el ciudadano Jorge Pretelt, merecidamente expuesto a la avidez mediática por el escándalo, le descubro rasgos físicos que me recuerdan a Alphonso Capone, cuando tenían la misma edad.  Aunque sin agregar al parecido el hoyuelo del mentón, a lo Kirk Douglas.

Claudia López definió los acontecimientos de la Corte Constitucional como una vendeta entre bandidos. Agrego: de cuello blanco, toga y corbatas verdes con sirena. Solo les falta la peluca, que en las cortes europeas les daba una dignidad monárquica.

El sistema de las Cortes y los Consejos, que maneja la justicia en Colomb ia es tan impune como el 98% de los casos que ventilan, en el tiempo que les conceden sus negocios privados. Y no me pidan que no generalice, porque si bien hay togados que quizás todavía tengan las manos limpias, no han hecho lo que tenían que hacer, al verse rodeados de cuellos blancos y manos sucias, y eso los hace cómplices.

El sistema judicial es tan corrompido, como el Congreso, el Gobierno, las Farc, los Paramilitares y la Mafia, todos con plural, para que no queden dudas de la altura de su bajeza. Cada poder se transformó en carrusel, al que van a hacer negocios, dinero, a costa de todo. La nueva clase: los capos de estado. El Estado, la Nación y el Pueblo, son su botín. Una clase fagocitadora, para la que la ley es solo para sus enemigos.

Ahora, después de la primera temporada de la telenovela corrupta, en la que de repente se ven enredados varios de los miembros de la Corte Institucional, el Doctor Santos revive la reforma política que se había inventado el Doctor Gómez Méndez, para darle transparencia a la justicia (con minúscula). Se trata de una corte de corruptos con experiencia de al menos veinte años, independientes de las otras ramas, que investigará a los corruptos con fuero. Se discute, ahora mismo, si debería tener capacidad de juzgamiento o no.

Una vez más, el Doctor Santos vende el sofá para resolver el problema. Crear otro Consejo es una variación sobre el mismo tema. La corrupción en Colombia está institucionalizada, es parte del ser mismo del Estado. Es el aroma del tufo natural de la nueva clase.

Los corruptos están devorando el Estado. Y como sigan así, lo van a quebrar y entonces, solo entonces se vendrán al suelo.  

La mutación de los géneros

La mutación de los géneros

Una amiga que vive en New York, con la que he estado hablando en las últimas noches, me cuenta, entre todo lo que me cuenta, de un fenómeno entre la población juvenil de USA, la de sus urbes.

Para decirlo de manera figurada, la virilización de las chicas y la feminización de los chicos, en el rango entre doce a 18 años. Una transmutación de género, cultural, biológica, de roles, de poder entre los sexos. Al punto que una buena madre, ya no se ocupa de cuidar, proteger, acompañar a su niña, sino a su niño. Los peligros que antes corrían ellas, ahora los corren ahora ellos.

Para mí que se trata de la generación Z de mujeres, herencia  de la revolución femenina iniciada por Doña Betty Friedman. De todas esas ideas que vivieron de Europa en los libros de Simone de Beauvoir, y las enseñanzas radicales de Ángela Davis.

Las Pussy Rior, rusas, punkeras, son una manifestación radical y virilizante de la toma de poder de roles. Las Femen, ucranianas, que con su cuerpo protestan, que se desnudan para denunciar, que con sus pechos, como coraza de guerrero, enfrentan al poder, como antes lo hacían los hombres.

Algunos estudios genéticos reportan haber encontrado cromosomas masculinos en organismos femeninos y al revés. La dotación genética de los seres humanos están virando hacia la ambigüedad, hacia la pérdida definitiva de la polaridad, a una velocidad que ignoramos. Cuando desde la genética se advierte la mutación, será perfectamente previsible que tengamos que reconocerla en el comportamiento cultural.

Logramos, en algunos sectores, clases, ciudades, que un movimiento callado, que atormenta a padres y maestros, y uno público, que atormenta a la policía y a los gobiernos, nos muestre a las mujeres, a las niñas, convertidas en aquello que fue el objetivo: la lucha contra los hombres, con todos los motivos legítimos que hubiera. Para ser lo que necesitan ser, necesitan ser hombres. Y los hombres, los chicos de las urbes norteamericanas, un poco cansados del rol, participan de la inversión, se feminizan, se androginizan, al punto de tocar la imagen incierta del Emo. El andrógino del siglo XXI.

Si hay algún personaje en la literatura que muestre a los mutantes genéricos, en sus rasgos, la capacidad de actuar, la autonomía, la fuerza vengativa, la lógica, es Lizbeth Salander, la protagonista de Milenio, de Stieg Larsson. Ella que con un bidón de gasolina y una cerilla consumó para siempre el parricidio.

Quizás, y visto desde comienzos del siglo XX, la inversión cultural de los roles, la transmutación de los poderes entre sexos, sea una consecuencia narrativa, que se impone a la historia, del Orlando de Virginia Woolf, para quien la historia tuvo que ser contada, en un capitulo como hombre y en otro como mujer.

Solo cuando las mujeres sientan y actúen como los hombres, y los hombres nos feminicemos hasta el extremo, volveremos a querer ser lo que somos, sin olvidar que todos somos un poco hombres y un poco mujeres, desde el comienzo. Desde que Eros arrojó la manzana a Afrodita, según se cuenta en el Banquete.       

Pensar sin el deseo

Pensar sin el deseo

Lo que ni la guerrilla ni los distintos gobiernos, en cada fase del conflicto, consiguieron por acción militar directa, los llevó  a tener que negociar.

A ambos les interesa un principio de fin del conflicto. Lo que no quiere decir que cada uno evite sacar ventajas políticas en la mesa. La guerrilla, o el “cartel rojo”, le impuso una política de tierras al gobierno. Le dicto la línea del asunto agrario. En materia de narcotráfico, se pusieron de acuerdo con relativa facilidad, se comprometieron a erradicar cultivos y a no producir ni traficar. Casi nadie se lo creyó, pero igual es una declaración oficial de la negociación. La participación política es clara. Una vez entreguen las armas se les reconocen derechos políticos. Las Farc dicen, no entregamos las armas, las dejamos, lo cual equivale a: las encaletamos mientras vemos qué pasa. La reparación no se va a hacer, se formalizarán los compromisos, se seguirán reclutando víctimas para que vayan a La Habana a hablar con los victimarios. O si se hace, nunca se sabrá en qué año. Las buenas intenciones se perderán en los trámites de la burocracia del pos conflicto. Los académicos publicarán libros negros, libros de la verdad, largas listas de asesinados y desaparecidos. Dejarán constancia histórica. Lo más peliagudo, hasta ahora, es el problema de la justicia. Descartada la justicia ordinaria, para atender la masa del delito, entrará en ejercicio una nueva justicia, que concede algún tipo de status a los excombatientes, y cuyas penas no pasan necesariamente por prisión, lo que se ajusta a la situación de reintegro de una población que estaba fuera, a  la civilidad. La justicia de la transición, aplicable al proceso de retorno de un grupo que al desarmarse regresa a la civilidad. “No vamos a pagar un solo día de cárcel” han dicho las Farc. Y Santos ha dicho que no se puede esperar que sin haber sido derrotados, vayan a dar a una cárcel. En eso ya hay un acuerdo.

De ahí en adelante, profetizo la tragada de todos los sapos, si queremos que los comandantes de las Farc, no tengan que salir por la noche de La Habana a dar la orden a todos sus frentes de reiniciar acciones militares. Que el estatuto de Roma, que la CPI, que la Comisión Interamericana, que la Carta de las Naciones. Nada, para parar la gresca, gobierno y Farc se llevarán en las astas todos los protocolos.

El secreto de la paz está en que de un lado aprendamos a tragarnos crudos los sapos, y que del otro lado paguen el cover de ingreso, respetando las reglas de la sociedad civil.

Si los sapos crudos les saben muy feo, tenemos un menú alternativo: sapo en mermelada.

 

Usted no sabe quién soy yo

Usted no sabe quién soy yo

Un país diverso. Nos atraen las noticias que vienen de La Habana o de Madrid, la baja de los precios del petróleo, la escalada del precio del dólar, el debate electoral en torno a la alcaldía de Bogotá, la suerte del pueblo venezolano, pero también nos atrae la estulticia. El ridículo escándalo que causa el que alguien en estado de alicoramiento sea capaz de decir que es miembro de la CIA y sobrino del Ex Gaviria.

Yo propondría que cuando en un caso de policía el incriminado responda “usted no sabe quién soy yo”, o “usted no sabe con quién se está metiendo”, automáticamente quede detenido por disposición legal. Una ley contra el uso indebido de los apellidos.

Si le creo a Gaviria, ningún imbécil como Nicolás, sería de su familia, dicho enfáticamente con un No en mayúscula. Aunque no estoy seguro que no pudiera haber imbéciles semejantes en la familia del Ex.  

La policía se está dejando manosear, por miedo a los duros, a los senadores, los políticos, los magistrados. En un país en el que la policía renuncia a ejercer la autoridad, escándalos  como los del “agente de la CIA” no le sirven más que a los canales comerciales de noticias. La historia de un gomelo borracho que mete miedo diciendo que es pariente de Gaviria. Razón suficiente para que lo detuvieran.

Solo agredir a un policía de palabra debería dar arresto inconmutable de 48 horas. De ahí en adelante cualquier maniobra debe causar arresto inmediato. Pero una policía intimidada por los apellidos, y no sin razón, es la imagen representativa de un país de apellidos, pocos, pero poderosos.

A Nicolás hay que decirle que la próxima vez que quiera escándalo, diga:“usted si sabe quién soy yo”. Colombia entera lo sabe.

 

Hablar desde Washington

Hablar desde Washington

La visita a los Estados Unidos de la guardia uribista tiene un propósito político inmediato, relacionado con el sitio judicial que se le está tendiendo en Colombia a Monseñor Uribe. Mostrar el accionar de la justicia como persecución política. Eso le queda bien a la izquierda, a la derecha no le luce.

El Fiscal está en condiciones, con lo que tiene, de capturar a Monseñor Uribe. Todos sus antiguos círculos de gobierno están imputados. El grueso de sus lugartenientes, sus candidatos, están detenidos, son prófugos internacionales, están encausados o investigados. Su primo y su hermano con generosos pasados judiciales, no ayudan con la imagen. Sus antiguos socios, los jefes paramilitares, extraditados por él a USA, cuentan desde las cárceles, cómo fue el proyecto de asociación, cómo se hizo el negocio y entre quienes. Un tipo que es el centro de toda la conspiración, no es una buena persona, tampoco puede ser inocente.

Solo Monseñor, tiene cuentas pendientes en más de cien juzgados. El CD tiene un hacker, al que contrataron durante la campaña para que les diera información sobre los miembros del gobierno y las Farc en La Habana, viviendo en un sótano de la Fiscalía. La ex directora del DAS, organismo tan podrido que fue necesario liquidar, está entre rejas, en manos del Fiscal. Ambos tienen suficiente que decir como para poner en las cuerdas al uribismo, a sus procedimientos mafiosos desde el gobierno y desde la oposición. Y Uribe, tiene por cuenta del Tribunal Superior de Antioquia, una indagatoria pendiente para responder por la masacre del Aro.

Uribe está más asediado que nunca desde el flanco judicial. La acumulación de incriminaciones va a rebosar la copa, lo cual puede demorarse mucho más que lo que cualquier persona de bien podría desear.

Los pasos de animal grande los están sintiendo cerca, así que empacaron maletas de invierno, y Uribe se fue con su bestiario a Washington, a donde van todos los que quieren ser escuchados desde allá, aunque allá no los escuchen. Se fue con la Zorra y la Paloma, que más parece gavilán, a contarle al mundo que son perseguidos políticos. Que el Gobierno, las Cortes y la Fiscalía los persiguen, les niegan garantías, los interceptan – lo que hicieron los uribistas cuando estaban en el gobierno – los reducen a una celada judicial.

En USA, por supuesto, se entrevistaron con los halcones, los gavilanes, los republicanos, los anticubanos, los antiinmigrantes, los que recortan la seguridad social; se reunieron con las huestes más oscuras del imperio, para mostrarse como víctimas de un gobierno con complacencias castro-chavistas.

Un círculo de delincuentes comunes - chuzadores, conspiradores, perseguidores, socios de las AUC durante el uribato, contratadores de hackers, que le entregaron el DAS al paramilitarismo, que infiltraron las Cortes – ahora se ponen el abrigo negro de los presidentes y declaran ante el mundo que están siendo perseguidos, porque se oponen a los acuerdos de La Habana y les repugna la paz con impunidad.

Los hasta ahora impunes, claman como víctimas fementidas, de una "persecución" legal contra su prontuario. Ni un senador republicano del Tea Party, se tragaría el cuento. El viaje se perdió.

El sapo del perdón

El sapo del perdón

Uno de los problemas gordos del posconflicto: ¿qué hacer con la población de desmovilizados una vez firmado el acuerdo de fin de la guerra? La agencia de reinserción del Estado tendrá que tener un plan aprobado y financiado para darle solución a una situación de la que depende el futuro del acuerdo y que reposa sobre el acierto con que la sociedad colombiana consiga reintegrar legítimamente al grueso de los efectivos de las Farc.

Los más románticos dicen que el futuro del acuerdo reposa sobre el perdón. No discrepo, pero la experiencia en Colombia no me deja ser un optimista del perdón. No importa que no se perdone, basta que los antiguos adversarios cumplan las reglas de convivencia establecidas por la sociedad civil.

Que en el fondo de los corazones todo se perdone es conmovedor, pero si no se perdona, porque sobre el corazón no mandan leyes, es necesario sostener los acuerdos, respetar las reglas del juego una vez ha cesado el conflicto. Me parece difícil, sino imposible, que una familia campesina, que perdió a dos de sus niños y dejó sin pies a una niña, por las minas de las Farc en espacios de uso civil, la perdone. Tan difícil, como que Monseñor Uribe perdone a los asesinos de su padre. El perdón práctico significa desminar el corazón.

Pero, eso sí, exijo que las Farc desminen completamente al país, y que la sociedad civil de víctimas no apele a la venganza, como forma de darle curso a su falta de perdón.

La prueba de que el perdón no es un bien generoso, es que nunca, desde las primeras guerras civiles del siglo XIX, hemos perdonado, como se debe perdonar. Un hilo interrumpido de venganzas oscuras se tejió entre una aguerra y otra. Para Tirofijo la guerra comenzó en la venganza que debió llevar a cabo cuando las fuerzas militares le mataron los gallinas y los cerdos.

Los pronóstico respecto al futuro de la población desmovilizada de las Farc, es más o menos así: una parte – no sé pronosticar cuánta –permanecerá en la ilegalidad del narcotráfico, de las bacrim y los paramilitares. Otra parte se reintegrará la vida civil, si se le ofrece oportunidades de reintegración mediante el trabajo. Otra – la minoría – se dedicará a hacer política, los “marxistas”, los del secretariado, los jefes de bloque y sus cuadrillas de escoltas, irán con programa, bandera, por salones, espacios de televisión y prensa, haciendo campaña. Tendrán una circunscripción especial - por acuerdo -  y se sentarán con los legisladores a participar del juego de la democracia, que alguna vez dijeron que querían destruir.

Una opción que sugirió el Presidente fue la de incluir a la población desmovilizada en un cuerpo de policía rural de paz. Sin armas, con un bolillo, dice Clara López. Con caballo, como el cuerpo de carabineros que es nuestra gendarmería. No es una idea nueva, se ha hecho en Irlanda, en el Salvador donde se reintegraron en la Policía Nacional Civil, en Guatemala, y en algunos países africanos. La idea del Presidente salió de una idea que Petro dejó salir casi al desgaire, sobre la reinserción de militares ilegales activos en cuerpos militares legales. La derecha, el uribismo hirsuto, el ministro de la defensa, los periodistas lameculos, lanzaron rayos y centellas contra la idea. Nada de perdón hay en ellos, lejos están de aceptar que perdieron la guerra, lejos de aceptar que se tuvo que negociar y que la consecuencia natural de una negociación es que la sociedad civil, le abra campo a los  efectivos de un proyecto que fracasó.

¿Cuáles son las ideas alternativas? Reinsertamos a cinco o seis mil combatientes en la industria, en el comercio, los escolarizamos, les damos crédito para que se inserten a través del comercio y la empresa familiar? ¿Qué debe hacer la sociedad colombiana con ellos? Solamente si se acierta en la solución del problema de la reinserción, Colombia tendría una garantía real de que el conflicto terminó. De nada nos servirá que tras la reinserción, los miembros de las Farc corran la suerte de los guerrilleros liberales del llano que se reinsertaron con Rojas Pinilla, o de los casi tres mil asesinados de la Unión Patriótica.

Mientras la derecha vengadora que no olvida, no perdona y seguirá condenando después de la firma del acuerdo, no tendremos más que la zozobra de la reactivación del conflicto. Más que en el perdón, creo en el acatamiento a los términos del acuerdo y a las reglas de la constitución, aunque en los corazones trepiden aun los ecos del dolor.  

El perdón es algo de la íntima conciencia, del trasfondo del corazón, que cada uno verá cómo resuelve. Para el Procurador y el uribismo, los conservadores y una buen aparte de los liberales, el perdón siempre será un sucio sapo que no se van a tragar. 

Carta abierta de Oscar Collazos a Rodolfo Llinás

Carta abierta de Oscar Collazos a Rodolfo Llinás

Oscar Collazos

Apreciado Dr. Llinás: disculpe que le dirija esta comprometedora carta abierta, una pequeña trampa que le hago al formato habitual de mi columna. Buscaba un interlocutor y lo encontré a usted: neurólogo, investigador de reconocido prestigio, científico de talante humano. Nos une, además, algo muy sencillo: usted y yo podríamos ser paciente y médico.

Le explico: en agosto pasado me diagnosticaron una esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Uno de los neurólogos consultados prefirió no bautizarla y dejar su diagnóstico en una “enfermedad de las neuronas motoras”. Si no hubiera buscado los orígenes de una disfonía que empecé a padecer un año atrás, no habría pasado por toda clase de exámenes y diagnósticos que buscaban explicar las causas de ambas anomalías.

Descartadas algunas patologías, se llegó a los exámenes neurológicos. Y fue cuando, después de dos electromiografías, se llegó al diagnóstico que está cambiando mi vida y volviendo dolorosa la de seres amados que se resisten a aceptar como definitivo el sello fatal que lleva la enfermedad.

Han pasado apenas seis meses desde el diagnóstico final hecho por el Dr. Miguel Camacho Samper, corroborado en Cartagena por el Dr. Édgar Castillo. Los síntomas posteriores corresponden a la pérdida acelerada de masa muscular y al debilitamiento del aparato respiratorio. Tengo dificultades de deglución y el habla registra retrocesos preocupantes. Me puedo mover por mis propios medios, pero me fatigo pronto y demasiado.

Mi vida intelectual, en cambio, sigue siendo casi la misma: escribo mis columnas de opinión cada semana y trabajo en la escritura de una nueva novela, mientras descubro una dimensión desconocida del amor y me conmuevo con la solidaridad de los amigos. Esto me ha fortalecido. He tratado de instalar mi mente en el presente, desechando la tentación de dejarme llevar hacia el impredecible escenario del futuro.

A veces descubro en mí una forma de espiritualidad que, a lo mejor, permanecía dormida en mi conciencia. La dejo fluir a manera de silenciosa oración por la vida. No sé si hice bien al negarme a buscar información sobre la enfermedad. No deseaba cargarme de prejuicios ni maltratar mi ánimo diario.

Las enfermedades inventan sus mitos, amables o atroces. Y esta es una de las que han dejado crecer toda clase de leyendas trágicas. Y, también, una que otra leyenda heroica: Stephen Hawking en su silla de ruedas, hablando como un robot de asuntos nada robóticos, como el origen del universo.

Dr. Llinás: ¿qué podemos esperar de la ciencia a corto o a mediano plazo? ¿Se está trabajando en esta enfermedad con entusiasmo, como para abrir ventanas esperanzadoras a los pacientes? Si no hay un camino de regreso, ¿se conocen al menos casos en los que la enfermedad haya frenado su ímpetu? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que la ciencia le devuelva la “paternidad” a esta otra “enfermedad huérfana”?

He visto en seis meses numerosos médicos y enfermeras, y en casi todos he adivinado la discreción de quien no quiere ser el mensajero de un acontecimiento trágico. La enfermedad ha requerido a su alrededor de neumólogos, cardiólogos, gastroenterólogos, otorrinos, nutricionistas, terapistas de respiración, fonoaudiólogos, infectólogos y otros tantos profesionales de la medicina; trabajan, no tanto para curarla, sino para preparar, en el mejor de los casos, la futura calidad de vida del paciente.

Esta reseña, doctor Llinás, no tiene otro propósito que el de conocer su opinión sobre la enfermedad. Espero que acepte esta modalidad de correspondencia: la carta abierta. Miles de colombianos le vamos a agradecer sus respuestas.

 

 

El sapo refrendatorio

El sapo refrendatorio

La pregunta, un poco santanderista, es si hay o no que refrendar los acuerdos, que el gobierno Santos firme con las Farc  en La Habana, que sellan el fin a un conflicto de cincuenta años en Colombia.

No se utilizó ningún mecanismo de consulta para dar inicio - de manera secreta - a las conversaciones con las Farc en la Habana. El gobierno daba por sentado que nadie se opondría a que se buscara una salida negociada. Una vez firmado el acuerdo, la pregunta refrendatoria no tiene que ver con el objetivo inicial, ya conseguido, sino con los contenidos de los acuerdos. Lo que obligaría a que cualquier consulta tuviera que ser kilométrica e enjundiosa. Además una consulta previa habría roto el sistema de reservas que dan carácter confidencial en la negociación.

Una consulta promovida por el gobierno, lo que busca es que un resultado afirmativo le de fuerza electoral suficiente para la gobernabilidad en el posconflicto. Amén de ser un acto de naturaleza democrática, que solicita al constituyente primario, su aprobación a lo ejecutado, a nombre de una paz posible. Para la guerrilla es su segundo triunfo político. Que unos “narcoterroristas” que han violado todos los códigos del país, terminen consiguiendo una aprobación nacional, para lo que pusieron en lo acordado con el gobierno, lo es. En particular la política de tierras, cuya discusión llegó a buen puerto en La Habana.

Las Farc desde el comienzo dijeron que el mecanismo de refrendación es una Asamblea Constituyente. Es decir que lo acordado sea materia de una reforma a la constitución, y quede como principio de estado, para darle legitimidad absoluta a lo acordado en la negociación.

Desde octubre del año pasado el gobierno presentó al Congreso una propuesta de marco legal para la paz, acompañada de una propuesta de “referendo para la paz”, que se haría en las elecciones de octubre del presente año.

Timochenko en un comunicado de entonces le dijo a Santos que había incumplido su palabra. El Presidente se apresuró a presentar una iniciativa que debería haber sido discutida en La Habana, por las partes, antes de someterla a aprobación legislativa. Juanito Lozano no tuvo empacho en coincidir con Timo, a pesar de calificarlo de narcoterrorista, al señalar la inconsecuencia de Santos. Sin embargo, no se levantaron de la mesa. Se dejaron meter un gol del gobierno.

El Fiscal General acaba de decir dos cosas, que no se necesita refrendar el acuerdo en La Habana. Y que si fuera necesario refrendarlo, no sería el referendo el instrumento adecuado. El referendo es uno de los mecanismos de participación ciudadana previstos en el artículo 103 de la Constitución y en la Ley 134 de 1994. Los referendos - aprobatorios y derogatorios – son consultas sobre proyectos de acto legislativo o leyes que no fue adoptadas por corporación pública. Desde el exilio el Doctor Ternura coincide con el Fiscal, en lo que parece ser su alejamiento del uribismo.

¿Y un plebiscito? (según el artículo 7 de la Ley 134 de 1994, el plebiscito es una consulta convocada por el Presidente, mediante la cual busca refrendar una decisión ejecutiva). La discusión en La Habana sobre el mecanismo va a agitar el aire de las conversaciones, a calentar la atmósfera de confrontación de fuerzas que pugnan por el resultado.

El país entero se ha entregado a la discusión sobre el mecanismo refrendatorio, juristas, políticos, diplomáticos, fiscales, medios. Una solución medianera, no es necesario refrendar, porque cualquier consulta, no sería más que la ratificación implícita de un proceso que se echó a andar.

Si a nombre de la paz hemos tenido que tragarnos, yo no sé cuántos sapos, el de la justicia transicional del Fiscal, y el del mecanismo refrendatorio, podrían ser los más grandes. Cierren los ojos y pasen con las mieles del posconflicto.

 

 

 

 

 

¡“Es la economía, imbéciles”!

¡“Es la economía, imbéciles”!

La política económica venezolana de la era chavista estaba basada en los 102 dólares que entraban por cada barril de petróleo, y en un proyecto político sostenible de nación, basado en el apoyo popular. Hoy el barril de petróleo cerró a 48.69 y la segunda generación del régimen chavista está minada por dentro y por fuera, en Miraflores y en la OPEP, en Cuba y en China, por la oposición mayoritaria y desorganizada y por una imagen negativa real, a la que los medios de comunicación internacional le dieron brillo y definición. Pero no es lo más grave. Para mí, lo más grave es que se cerró en Venezuela por mucho tiempo, un proyecto social progresivo, democrático, capaz de entender y ejecutar las tareas revolucionarias del siglo XXI.

El bajón de la economía petrolera fue un sucio golpe de la historia que tomó desprevenido al gobierno chavista, y si no lo estaba, no adoptó las medidas necesarias, o ya no era posible corregir el rumbo de la nave económica, desviada de órbita. La economía chavista es como un gran meteoro desorbitado que va aceleradamente a estrellarse a algún planeta. Un sucio golpe de la historia. El esperpento habría tenido una más larga vida, si hubiera flotado sobre una nata negra de petróleo.

Cuando había altos precios, a todos  se les dio petróleo, hasta a los “homeless” en USA. Hoy cuando Nicolasito tiene que salir a poner el sombrero  a los países de la OPEP, encuentra que ninguno desembolsa, China ofrece una inversión importante sin decir para cuando, y Putin, que ya ve a Nicolasito de salida, le da unas palmadas en su ancha espalda y firma algunos inocuos convenios de cooperación. Mientras tanto en Venezuela, por todos lados, se corren los rumores de golpe. Rumores, rumores, aclaro. Las fuerzas de la oposición y las fuerzas chavistas que se dividieron desde el momento de la muerte del caudillo, de su falta de presencia poderosa, casi mítica, han tensado sus fuerzas para una nueva toma del poder que se avecina en el encuentro electoral de octubre, crispado de tensiones. Las malas lenguas en Caracas, me dijeron, que en realidad Nicolasito se había ido de viaje, buscando una oferta de asilo.

Se lo ve disminuido, cansado, su cara de galán latino carga con un peso que a un hombre como él, o como a cualquier otro, se le sobrepone. El talento de Nicolasito apenas le dio para proponerles a los países de la OPEP que visitó, que entre todos controlaran los flujos internacionales de petróleo, para hacer subir el precio. La inteligencia económica del régimen no comprendió la naturaleza de la crisis petrolera del 2014. Regresó con las manos vacias, tituló la prensa mundial. Como tenía que ser.

Una caída del gobierno de Nicolasito, vía electoral o de facto, abrirá en Venezuela un estado de desestabilización institucional muy fuerte, y en medio de la crisis económica más severa de toda la historia del chavismo gobernante, que llevó, según datos del Banco  Central de Venezuela, a que en septiembre del 2014, la inflación acumulada hubiera alcanzado un 63.4%. Hoy es la más alta del mundo, bordea el 90.

En un panorama paralelo al de la lucha legal del poder en Venezuela, hay un contexto que pesa demasiado. De una parte, un índice de escasez (mide la falta de oferta de necesidades básicas y reducción de capacidad adquisitiva) que prendió el bombillo rojo de la economía venezolana. Alarma. Alarma. ¡La nave puede estallar! Y de otro lado, un índice de violencia desmadrado. Cerca de 80 por cien mil, la tasa nacional de homicidios, rango de guerra civil y superior a la de Colombia, en el marco del conflicto guerrillero, paramilitar, mafioso  y oficial, al finalizar el siglo XX.

Los alegres defensores del chavismo fuera de Venezuela, donde resulta muy cómodo serlo, un poco light, deberían obrar con consecuencia al destino del régimen, hundirse con la nave, con su capitán. Es la economía, imbéciles.

 

A nombre de dios

A nombre de dios

Quien al ejecutar una masacre por motivos de ofensa a la fe, lo hace a nombre de un dios, cualquiera, es porque su dios es más valioso que la vida. Como matar por honor, en las viejas gestas.

Un lugar común del periodismo occidental: “partimos aclarando, antes que nada, que consideramos una atrocidad el ataque a las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo en París y en consecuencia bajo ninguna circunstancia puede ser justificable declarar a un periodista objetivo militar”. Hecha la aclaración, como lavándose las manos, se preparan para presentarnos el PERO, que van a introducir a continuación.

Son tres las situaciones éticas y políticas que propone la masacre de Charlie Hebdo. Respeto absoluto por la vida, ni siquiera a nombre de Dios se puede matar. Derecho a la libre expresión: todo se puede decir. Derecho al respeto: no se puede ofender la fe de nadie.  

La pena de muerte para los guerreros del Islam salvaje es una orden divina. Hay que defender el Islam, al Profeta, el Libro y el Califato. Nada hay más sagrado que Dios, ni siquiera la vida humana. Se abrogan el derecho a ejecutar la pena de muerte, por orden de Dios, a quienes resulten señalados de infieles. Charlie Hebdo no reconoce límites. Se caga en el socialismo, en el capitalismo, en el liberalismo, en el Islam, en el papado, en los anglicanos, en los judíos. Su acción simbólica no tiene límite. Los diez miembros del Consejo Editorial acribillados mientras hablaban sobre Houlebecq, no estaban dispuestos a respetar ninguna fe. Para el humor no hay nada sagrado. En eso consiste el humor, en la desacralización satírica.

El Gran Hermano nos vigila.

Charlie Hebdo es intolerante, racista y arrogante, como los colonialistas. Es el PERO.

A la agresión simbólica de Charlie Hebdo, se puede y /o se debe responder. Lo cual no casa en la declaración inicial de condena a la masacre. Se podría y se debería, es la situación efectiva que se propone por encima de la condena. Si “yo no soy Charlie” es porque reconozco dos cosas: el derecho al respeto a la fe, y en consecuencia, límites al derecho de expresión.  Y por lo tanto, frente a una situación que enfrenta los límites del derecho a su acción práctica, el PERO termina siendo una inevitable justificación. Dependiendo del rango de inteligencia operativa, la acción  podría ir desde la más atroz masacre, con fusiles de asalto y muerte a sangre fría, a un ataque mediático, una acción simbólica de asalto.

La carátula de la edición 1099 de Charlie Hebdo tituló, “Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas”. La caricatura era la de un musulmán protegiéndose de las balas infieles con el Corán. Alguien sugería, visto el asunto desde el otro lado, que el titular de una caricatura islámica podría ser “Matanza en París. Charlie Hebdo es una mierda: no detiene las balas”. Desde luego que sería preferible responder  así que con una mascare. Aunque el motivo de la inversión daría lugar a la peor caricatura. El Corán es lo más sagrado, Charlie Hebdo, es lo menos sagrado.

Responder al ataque simbólico, a través de los medios, con otro ataque simbólico, como convención de guerra, podría ser un principio de entendimiento en el conflicto. Si no se respeta la fe, que se respeten las armas simbólicas.

Je suis pas Charlie.

Je ne suis pas Charlie.