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Alberto Rodríguez

Temas de opinión

Primeros presagios

Primeros presagios

No me pregunten cómo hice para predecir la parte de la historia que me concierne, aquella en la que el destino colectivo - el de la especie - es el que me garantiza la subsistencia individual. Es mi historia, la que he vivido, la única que tengo, la mía.

Asia: las Coreas, China y Japón, juegan de punteros de la guerra de sistemas (la guerra 2015). La gran banda de información está sujeta a controles. Los administradores de la banda son removibles mediante una guerra de posiciones, que involucra tecnología, ciencia y conocimiento. Aumenta en el Asía el número de los institutos de la información: centros de guerra lógica, extremadamente limpia y extremadamente sucia.        

Europa: la crisis de la que no ha podido reponerse no encuentra salidas, ni ortodoxas ni heterodoxas, no se ve la luz al otro lado del túnel. Muchos de sus países quebraron. Una ola de desempleo barrió las calles. El estado benefactor desapareció. Europa está vieja y empobrecida. Solamente una comunidad de inteligencias, trabajando con ardor, podrá encontrar una solución para que Europa halle su lugar en el juego de fuerzas global.

América: deshielo en el Caribe. Los grandes enemigos se encuentran. Se inició el fin de la era del bloqueo. Se aproxima la apertura de embajadas. USA económicamente repunta. Venezuela no toca fondo, el chavismo resiste. México seguirá en manos de las mafias, el primer país donde las mafias ganaron una ronda. El gobierno de Colombia y las Farc se tomarán la foto.     

Medio oriente: la franja de Gasa, Líbano, Siria, el país kurdo, Irak, Irán, Paquistán y Afganistán, representan la cadena del conflicto, cuya mayor tensión seguirá siendo el sur de Siria, el norte de Irak y el país kurdo. El proyecto fundamental seguirá avanzando,  exigirá una cuota mayor de intervención. El área será el primer foco de guerra internacional del planeta, con consecuencias no del todo predecibles.

Un feliz 2015 

Deshielo en el Caribe

Deshielo en el Caribe

 Diez años después de que USA arrojó dos bombas atómicas en el territorio japonés, los dos países habían restablecido sus relaciones. Un poco más demoraron USA y Vietnam en restablecer sus relaciones, después de la guerra. En ambos casos se restablecieron plenamente relaciones después de que pasó lo peor. ¿Por qué Cuba y USA no pueden re-establecer su relación, tras 54 años de veto?

Durante el lapso del bloqueo ambos países desarrollaron sus respectivos aparatos de seguridad e inteligencia, los llevaron al límite corrompido en el que se utilizan procedimientos mafiosos, como la tortura física y psicológica, la mutilación (vean la película Cinco dedos)y el trastorno de conciencia provocado. Prisiones extraterritoriales y territoriales, donde no impera ningún derecho, distinto al del victimario. El grado cero de los derechos humanos.

Tanto Cuba como USA utilizaron el mismo argumento a favor de sus procedimientos, cada vez que han sido acusados de violentar los derechos humanos, en las cárceles que se conocen, la defensa nacional. Ambos perciben que sus sistemas de seguridad son vulnerables, frente a enemigos fuertes. Así que corrompieron su inteligencia política para que ninguna traba constitucional impida la libre operación, rompieron los protocolos, se llevaron por delante las enmiendas, y se olvidaron de los derechos humanos, todo por razones de estado. Con el argumento de, “la democracia está en peligro” y “los ataques contra el socialismo”, se han cometido las peores bellaquerías en este continente.

¿Por qué no re-establecer relaciones entre USA y Cuba? Ninguno de los dos tiene autoridad moral para reclamarle al otro, limpieza, transparencia. Mutuamente aprendieron a corromper los mecanismos de su seguridad. Las cárceles cubanas donde algunos presos mueren en prolongadas huelgas de hambre, donde se aplican procedimientos en seco de persuasión, no tienen nada que envidiarle a Guantánamo   y Abu Ghraib, o los centros clandestinos de detención que tiene la CIA en Alemania. Auténticos agujeros negros donde los prisioneros se pierden, sin que nadie nunca haya sabido que estaban ahí.

Detrás de la iniciativa de deshielo hay una gama de intenciones, que desde luego no todas serán oportunamente reveladas. Pero hay una, de dominio público, que será arrasadora para Cuba, el libre comercio. Los republicanos hispanos, el viejo exilio de Miami, protestan por la reactivación de unas relaciones, que se rompieron, para tratar de evitar que pasara lo que efectivamente pasó. Que Cuba a pesar de todo lo que USA intentó, desde bahía Cochinos hasta los diez intentos de asesinato a Fidel, permaneciera como la oveja descarriada en su patio trasero. La Cámara de Comercio de USA, por el contrario, aplaude la medida. Cualquier favorecimiento a la expansión de mercados, será bienvenida.

Lo que Obama calculó, sin mayor riesgo a equivocarse, es que ambos países se necesitan por razones de mercado. Restablecidas las relaciones diplomáticas, abiertas las embajadas, se tramitará el desmonte de la Ley Burton, se abrirá el libre tránsito de viajeros, el movimiento de capitales, y espacios de inversión. El paquete completo de movimientos contenidos en las cláusulas bilaterales, lleva el veneno definitivo de la revancha de USA contra Cuba. A Cuba no se la derrota manteniendo un aislamiento inútil, un bloqueo artificial, un muro de Berlín en el Caribe. Se la derrota rompiendo las barreras, juntándose, revolviéndose, dejando que las puertas se abran y los productos fluyan. Telecomunicaciones, tecnología digital, procesamiento de alimentos, plantas de montaje de tractores y autos, centrales de energía, ropa, teléfonos, video juegos, revistas, comidas rápidas. ¿Si la bandera de McDonalds flamea en Pekín y Moscú, por qué coños no puede flamear en La Habana?

En quince años, si las relaciones bilaterales se reactivan positivamente, Cuba podrá llegar a tener las condiciones de Puerto Rico. 

La novela del General Alzate

La novela del General Alzate

Primera hipótesis: el generalato uribista y el Ministro de Defensa uribista, convencieron al General Alzate de que se ofreciera para un secuestro, a cambio de prebendas suficientemente atractivas, como para aceptar. El oficial de más alto rango capturado por la guerrilla en cincuenta años, obligaría a Santos a suspender las negociaciones en la Habana, tal como se han echado a perder las anteriores negociaciones. Ganador el CD.

Segunda hipótesis: es un jugada del mismo Santos, que quiere medirle el aceite a la oposición y a la guerrilla, frente al proceso de paz. Una situación artificial, de la que el General también obtendría algunas prebendas, a cambio de un favor político de Estado. Prestarse como víctima de un secuestro.

Tercera hipótesis: la versión oficial de las Farc, en una columna del tres de diciembre firmada por Timochenko. Se trató de una retención, que los negociadores de La Habana no quisieron confirmar en la rueda de presa del día siguiente al secuestro. Dice que el gobierno de Colombia envió "en secreto" un emisario para gestionar la liberación. "Nadie que baje la guardia un segundo, ni siquiera el comandante de una fuerza multidisciplinaria de combate, aun en medio de su área de operaciones, se encuentra a salvo de una acción de la guerrilla en Colombia" termina.

Cuarta hipótesis: los pobladores del caserío de Las Mercedes dicen que el General llegó como un turista, venía a hablar con los mineros, que por cierto grado de prebenda, conseguirían protección para el trabajo de las dragas. De hecho, el secuestro no se produjo en Las Mercedes. El general se embarcó río abajo con los mineros y más adelante lo interceptaron las Farc.

 Quinta hipótesis: el General había salido a dar un paseo con su amiga íntima, una abogada de la mayor confianza,  que estudia con él, y que ha viajado a su lado a Canadá, USA, Costa Rica, ella le maneja el plan estratégico para el Chocó. Era un domingo por la tarde, hacía buen tiempo, así que de civil y sin escolta, fueron río abajo oyendo música, hasta Las Mercedes, en lo que parecería más una pequeña locura romántica con consecuencias tormentosas.

 

Sexta hipótesis: el General tiene negocios de oro y cocaína con el frente de las Farc en la zona. Fue a negociar prebendas mutuas y mientras lo hacía lo retuvieron. Los guerrilleros recibieron una orden de arriba, para que no lo dejaran ir. No es seguro, si el secuestro estaba planeado, o fue una iniciativa del momento.

 

Séptima hipótesis: el General fue a encontrarse con las Farc, para negociar su paso a filas de la guerrilla. Por eso iba sin escolta, sin armas, en disposición de ser “capturado” para sentarse a hablar de prebendas. No hubo secuestro, y de paso las Farc se quedaron con el trofeo de un General, que “devolverían” tras provocar un cese de las negociaciones, en las que ellos también le miden el aceite a Santos.   

 

Octava hipótesis: es un domingo por la tarde, el General y su amiga, que trabajan más que un uribista, se van a Las Mercdes a pasar revista a las obras del plan estratégico, pero como el ejército tiene resistencia en la población civil, para percatarse de primera mano, van de civil y sin escolta. Es la hipótesis del propio General. Reconoce haber roto todos los protocoles de seguridad militar, pero lo justifica diciendo que ya se ha hecho otras veces para “infiltrarse” en las comunidades por las que el Ejército trabaja.

 Santos le twitea al General: le dice que le debe una explicación al país.

Hasta el General, no tiene más que hipótesis. A tal punto que ha solicitado su baja, como lo exige el honor militar. Se declara indigno. Y aun así no tenemos más que hipótesis.     

 

 

 

 

 

Séptima hipótesis:

La madre de casi todos los vicios

La madre de casi todos los vicios

 El ocio representará el problema más acuciante, pues es muy dudoso que el  hombre se aguante a sí mismo. Friedrich Dürrenmatt

 Si como hipótesis ociosa aceptáramos que el ocio es la madre de todos los vicios, habría que interesarse más en el vicio, que en el ocio, porque la madre, sin duda, es Gea. Lo que no sabemos es quiénes son sus hijos declaradamente viciosos.

Gea es madre porque es la primera después del caos, o es la primera porque es madre, como quieran. Ella sola, igual que María madre, da a luz sin intervención ajena, a Urano y a Ponto, los cielos y el mar. En un posterior matrimonio incestuoso con Urano engendra seis hijos, el menor de los cuales es Cronos.  Instigado por su madre contra el hijo/padre con quien lo ha engendrado, Cronos acepta atentar contra él. Así que en la noche, cuando Urano cubre a Gea, Cronos entra a hurtadillas a la habitación de sus padres y le corta las pelotas al viejo. Habrase visto ociosidad.

Se me ocurre, que un origen mitológico del ocio se podría representar en la escena de Cronos, el dios del tiempo - el único que no conoce reposo – que castra a su padre con consecuencias perfectamente inútiles, si se acepta que el interés era evitar la progenie. De nada sirvió, la sangre derramada por Urano terminó fecundando a Gea, por lo que de ella salieron los Gigantes y las Ninfas. Tan inútil hazaña marcó el curso de la historia de los hijos de los hijos  de Gea, capaces de gastar el tiempo en las cosas más disfuncionales, como la poesía, la ensoñación y la borrachera.    

Por las raíces mitológicas del ocio el origen del concepto se sitúa en la Grecia clásica. Y aunque el ocio no es un concepto moderno, hay que reconocer que la modernidad le ha quitado bríos. El ocio griego se denotó con el término skholé, que al latín clásico pasó como otium. Skholé es una palabra que designa las acciones que desatienden la mera subsistencia. Lo cual tiene dos consecuencias notables en el supuesto tácito del ocio: que es posible subsistir sin atender la subsistencia. Y la otra, que alguien deberá encargarse de la subsistencia propia y de la del ocioso. Ambas prefiguran las dos caras de la moneda de una misma perversidad histórica: la sociedad esclavista.

El otium romano se asociaba con la liberalidad, de origen griego, con las actividades libres, independientes, intelectuales, meditativas, contemplativas y poéticas. Era un otium digno. Algo inalcanzable al entendimiento de los esclavos que cubrían el tiempo de trabajo de los patricios, para que ellos ejercieran su ociosa dignidad.

Fue en Roma que se estableció la relación entre otium y negotium. El negotium siempre denotó actividad útil e interesada, la negación del otium, desinteresado e inútil. El negotium se asoció al trabajo, una palabra de tortuoso ancestro que viene del latín tripalium, un sofisticado adminículo de tortura para los esclavos. Lo que hará ver que en la visión greco-romana, tenga mucha más dignidad el ocio que el trabajo. El razonamiento es bien simple, el trabajo está más cerca de la esclavitud que del ocio. Una distancia trágica, cuya conciencia promovió en un ocioso como Nietzsche, un cierto dolor por el progreso.

En la edad media occidental, la iglesia católica, le espichó los cojones, y le apretó el pescuezo al ocio, como hizo con todo lo distinto a ella: el judaísmo, la ciencia y el humanismo. El ocio se vio constreñido a los grilletes de la salvación, un acto compulsivo por lavar las culpas del pecado, rechazando lo inútil y desinteresado; el placer del cuerpo; la ensoñación curiosa y el desinterés mundano, que pasaron a la lista negra de los pecados mortales. Sin embargo, el retiro monástico, la clausura absoluta, la entrega contemplativa total, practicadas por las órdenes, como formas legítimas del ocio divino, jamás fueron condenadas. Cuánto tiempo gastaron los ociosos doctores angélicos buscando el número de ángeles en la punta de un alfiler, o develando racionalmente el misterio alado de la santísima trinidad, sin que una bula prohibiera su ocio. Los campesinos preparaban la tierra, esparcían la semilla, regaban los surcos, recogían los frutos y los llevaban a los conventos, la iglesia era la dueña de las tierras.  Sin siervos y sin ocio, con seguridad, no habría sido posible construir un aparato teológico tan monumental como el de la iglesia de Roma.

El protestantismo fue el más recalcitrante en su condena al ocio, tanto como un medio para la moralización pública, como por la necesidad de condenar cualquier cosa que se opusiera al sentido útil e interesado del modelo de trabajo, que contribuyó a forjar en las sociedades donde ejerció influencia. El negotium no admite el ocio. Conclusión inapelable. En la visión protestante, la ética del trabajo es el bien supremo.

En la modernidad el ocio sigue siendo un bien paradójicamente distribuido. Está en manos de los más interesados, de los más útiles, que a su vez condenan el ocio, porque el “tiempo es oro”, “al que madruga dios le ayuda”, “a juventud ociosa, vejez trabajosa”, “de dios para abajo cada quien vive de su trabajo”, “echar por el atajo no siempre ahorra trabajo”, “quien trabaja con afán pronto ganará su pan”, y cientos de refranes más  que nos martillan como una maldición calvinista, que el ocio es y será la negación del negocio.

Durante la revolución industrial que nos lanzó de lleno a la sociedad capitalista, un obrero inglés trabajaba hasta catorce horas diarias, su mujer trabajaba y sus hijos trabajaban, y apenas obtenían para comer. Todos los excedentes que producía el trabajo de los miles de familias trabajadoras de la naciente industria iban a parar al bolsillo de los dueños de las empresas o a las arcas de los banqueros. Una situación tan dolorosa para los trabajadores en particular, terminó indignando más, a un ocioso radical como Marx, que a las víctimas directas. Así que en un venenoso opúsculo dado a la imprenta en 1848, anunció un método para poner fin a la sociedad dividida entre trabajadores y ociosos, en consecuencia al Estado, para que con conocimiento y productividad, la sociedad entera pudiera dedicar más tiempo al ocio que al trabajo: el “paraíso comunista”.

El Manifiesto Comunista, un ejemplo perfecto de libro de autoayuda para obreros, ha despertado fundadas sospechas, ha inspirado condenas profundas, e instigado toda clase de prohibiciones. Pero percibieron quienes condenaron con tanto ardor el Manifiesto que detrás de la condena cerrada, lo que avanzaba era una rauda cruzada infernal contra el ocio. ¡Horror! La condena tajante al fin último del Manifiesto es una condena al ocio. Condena que aplauden los judíos y los protestantes. 

Un hombre con trabajo es promisorio, responde a lo que de él espera la sociedad productiva y su familia, un ejemplo de adaptación. El desempleado arrastra siempre algún fracaso, no es ni lo que él mismo esperaría ser, seguramente está desempleado porque no puede adaptarse, o por razones que nada tienen que ver con él, porque no hay trabajo. Pero aun así, y para su desgracia no es un ocioso, porque la necesidad que se lo traga no se compadece con el estado de inutilidad y desinterés propio del ocio. Se encuentra en un limbo entre el ocio y el trabajo. Ahora, que un ocioso además de serlo, esté desempleado, es algo comprensible, casi natural. No por nada, Buda le recomendaba a todos sus seguidores que antes de entregarse al interesado trabajo, se dedicaran a la mendicidad, una forma alternativa de hacer que el ocio lo paguen otros. ¡No se empleen! En el desinterés está la dignidad. El sabio ascetismo budista sospechaba algo capital, que trabajar es el tiempo que se le roba al ocio trascendente. Lo entiendo, yo no podría tener la imagen de un monje budista, trabajando como portero de motel, parrillero en un asadero de carnes, o como auxiliar de contabilidad.

Cuando alguien siguiendo el principio budista de la renunciación llega a ser capaz de renunciar a todo lo terrenal, se ha puesto en el grado máximo de obrar con inutilidad y desinterés. Todo devino inútil, ya no tiene sentido el interés. En el extremo de la renunciación, que es renunciar a sí mismo, hay una ociosa luz que se va debilitando a medida que todo se hace inútil, y el interés se difumina. El ocio trascendental.

Es mayo de 1891. Un ex poeta francés, enfermo, que viene de Adén, desembarca en Nápoles y se encuentra en el muelle, en un día cualquiera de trabajo,  a cinco desocupados cómodamente tirados a la sombra y un poco pasados de copas, recordando las canciones de su vieja Italia. Se detiene ante ellos y le ofrece tres liras al más ocioso de todos. Cuatro de ellos se levantan para reclamarlas, así que se la dio al único que no se levantó, porque le pareció el más ocioso, el más desinteresado e inútil.

Quiera Dios que al terminar de leer lo anterior, ninguna asociación del trabajo, congregación espiritual, cívica o de jóvenes, me tomen tan en serio, lo suficiente como para que nadie me demande por incitar al ocio.

Declaro que la educación como incitación es la única en la que creo, a pesar de que el pernicioso y jactancioso Wilde, se le dio una noche al cerrar la velada, por decir una de sus ociosidades, de las tantas que le salían tan naturales, que arruinó mi confianza pedagógica, “nada que valga la pena se puede enseñar”.

 

 

 

 

 Hace 25 años, desde antes del nueve de noviembre, que retumbó con estruendo en el mundo, estaba por casarme por cuarta y última vez, sin que desde luego lo supiera; y mi amigo Burkhart, de Frankfurt, había llegado de improviso con noticias frescas de Alemania, a alojarse conmigo en el apartamento que todavía era de soltero.

La misma noche que llegó nos reunimos con los amigos de él, que había vivido en Cali durante cinco años, y los míos, algunos de los cuales se conocían. Carlos Arango, un psicólogo comunitario de la Universidad del Valle, entre ellos, que había trabajado con Burkhart en el Cauca. Bebimos y fumamos marihuana, no invitamos mujeres y gastamos una buena parte de la noche en el balcón con veraneras, hablando de lo que estaba pasando en Alemania. Desde el 85 la Perestroika había abierto la caja de Pandora del sovietismo, de la que salieron todos los monstruos de la razón y de la fuerza, que terminaron por devorarlo hasta los huesos.

Las noticias que Burkhart rajo eran suficientes para vaticinar que algo duro estaba por pasar. Al inicio de la semana los húngaros abrieron la frontera con Austria, y los alemanes se precipitaron a través de la frontera, con la misma urgencia que si estuvieran escapando de un campo de concentración. El mismo día de que el muro cayó, en una reunión del Partido Comunista de Alemania Democrática, se había recibido un informe de uno de sus departamentos económicos, en el que se anunciaba oficialmente que Alemania estaba en quiebra. Había dejado de ser viable.

La noche que cayó, a través de emisoras de onda corta, estuvimos alerta de las noticias incompletas que llegaban desde Europa. La crispación del éxodo ambientó la caída, aquella madrugada en la que después que se abrieron las compuertas, los alemanes del este entraron a Berlín occidental, como si hubieran llegado de Neptuno.

No tuvimos más que emborracharnos.

Hoy, 25 años después, el mundo no sabe la lección. Tenemos muros de la infamia en Israel, en USA, en Corea, en India y otros tres o cuatro países. Nunca aprendimos que los esfuerzos por contener la infamia, no hacen más que aumentar la infamia.

Las puertas se abrieron, gracias a un oficial del este que antes de producir un baño de sangre oficial, siguiendo órdenes, prefirió abrir las compuertas y que la gente del este pasara la frontera que se había hecho para que no escaparan. Desde la sovietización de Alemania en el 49 hasta el 61, cuando se levantó el muro, en promedio habían estado escapando 200.000 estealemanes por año.

Lo que celebro es el fin de la era de los campos de concentración, el fin de un régimen contra los hombres, el fin de la ideologización del mal, el fin de la cortina de hierro que Khrushchev levantó, tomándose los países aledaños. Celebré y celebro que un muro ha caído, pero lamento una vez más, que a pesar de haber caído uno, se hayan levantado otros, que la solución a los problemas, cualquiera que sean, entre gringos y mexicanos, entre las dos Coreas, entre israelitas y palestinos, crean resolverse como se resuelven los problemas de los animales: poniéndoles una cerca para que unos estén a salvo de otros.    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una muerte saludable

Una muerte saludable

Julio Cesar Londoño

Aunque hay matices que las diferencian sutilmente, las posiciones del debate se reducen a dos: los que consideran que la vida es sagrada y que cualquier acto que atente contra ella es sacrílego, sea por mano propia o ajena, y los que pensamos que es crucial defender a toda costa los derechos individuales de las personas.

La eutanasia también se divide en dos: la pasiva, que consiste en suspender los auxilios mecánicos o abstenerse de practicar procedimientos de urgencia a un paciente terminal; y la eutanasia activa, que es la intervención directa de una segunda persona para procurarle una “muerte asistida” a un paciente agobiado por un sufrimiento físico o psíquico insoportable.

La eutanasia pasiva es una práctica corriente en los hospitales del mundo, y ningún médico, agnóstico o creyente, la cuestiona. La activa pisa un terreno tabú. Suministrarle una sustancia letal al paciente sigue siendo un tópico de difícil digestión para el médico y el legislador (y mucho más para el paciente, claro) en casi todos los países del mundo.

Holanda tiene la legislación más laxa. Allá, “cualquier paciente puede pedir la eutanasia activa, así no padezca sufrimientos insoportables. Las peticiones de eutanasia las pueden hacer menores de edad, con el consentimiento de los padres (entre los 12 y 16 años inclusive) y aun sin su consentimiento, aunque participan en la decisión final, para la cohorte comprendida entre los 16 y 17 años” (www.vida-digna.org).

Los opositores a la eutanasia tienen, todos, una fuerte filiación religiosa. Sus argumentos son siempre de orden teológico, con frágiles refuerzos lógicos: “La eutanasia es peligrosa porque puede ser utilizada por parientes inescrupulosos para echarle mano a la herencia del paciente”. Es verdad, pero también es cierto que si nos ponemos a eliminar las leyes sensatas que tienen resquicios para prácticas inmorales, nos quedamos sin ley alguna.

En Occidente, los principales objetores de la eutanasia son los cristianos y los católicos, es decir, los seguidores de Jesús, un hombre que desafió a un imperio y buscó la muerte para redimir a la especie humana. Es un caso particular del suicida heroico, un personaje reverenciado en todos los tiempos, credos y culturas.

Hay una paradoja histórica en esto. El cristianismo es la suma del monoteísmo judío, la filosofía griega (concretamente el idealismo neoplatónico) y el imperialismo romano. Es decir, nace de dos culturas que practicaron los sacrificios humanos para halagar a potencias sobrenaturales, y de Roma, donde el suicidio era una salida honorable reservada exclusivamente a la casta patricia.

A mí me gustan los “eutanistas”. Brindan una salida humana que no es normativa (nadie está obligado a tomarla) y no pretenden imponerle a nadie sus ideas. Los “sagrados”, en cambio, son intolerantes, duros como piedras, y viven convencidos de que su cosmología, una de tantas, es la única verdadera; y que las leyes laicas tienen que estar inscritas en ese marco fabuloso. Mejor dicho, creen que el mito es la Constitución y que los hombres deben limitarse a escribir el Código de Policía.

Yo sólo pido una cosa: cuando esté con la lengua afuera esperando mi dosis personal de cicuta (y el día esté lejano...), que nadie me hable de fábulas mitológicas ni de legislaciones moralistas. Ante un dolor muy intenso, del alma o del cuerpo, la única actitud de verdad humana consiste en suministrar un analgésico temporal... o definitivo. Hablarle en esos momentos al pobre tipo de códigos y fábulas, es un chiste macabro.

 

Occidente decapita a occidente

Occidente decapita a occidente

La diferencia entre el proyecto EI (Estado islámico) y el proyecto Al Qaeda, está en el programa. Al Qaeda quería aplastar al demonio occidental, sacarlo de su territorio y hacerle sentir en carne propia, el dolor infringido a su pueblo. Y para eso está dispuesta a la acción terrorista hasta las últimas circunstancias.

El EI – en sí mismo una crítica a Al Qaeda por la contaminación de la agenda religiosa y nacionalista, y la falta política de un programa de estado– es un programa de Estado, con estatuto de territorialidad, con ejército, regido por la figura ultraimperial del Califato. Una institución de poder que comienza en el 632 y va hasta 1924. Que se guía por la constitución de Medina y tiene en el Corán un libro constitucional, de gobernanza, de legislación. Su última sede estuvo en Estambul. Su centro siempre ha sido móvil, ha estado en Damasco, en Bagdad, en El Cairo, en Córdoba y Estambul. Con la revolución de 1926, que terminó con el imperio otomano, el califato se disolvió en Turquía.

El EI “gestiona” con su guerra un territorio de Siria e Irak, donde viven ocho millones de personas. Se pretende restaurar el califato con el propósito ecuménico de unir a todo el Islam del orbe. Un supercalifato siglo XXI, levantado sobre la insurrección del terror, de la masacre fría, de los ajusticiamientos colectivos frente a las fosas de tierra. El moderno engendro más endemoniadamente fascista y regresivo del mundo presente. Un Estado levantado, siglo XXI, sobre la política de eliminar físicamente a los infieles, el rasgo arquetípico de todo fascismo. Matar a todos los que no son como él ordena que sean. Y a los “apóstatas”, los musulmanes traidores. El Califato se reserva el derecho privilegiado de tener la verdad absoluta, fuera de la cual solo está la muerte. Es su ley.

El EI ha provocado a occidente – USA y su aliados de la Otan – de la manera más abierta, contundente y viral. Han practicado decapitaciones al mejor estilo de las Mil y una noche, solo que ahora las han grabado en video UHD y a los pocos minutos de haber ocurrido han trepado las imágenes a la red, para que el mundo vea lo que hacen con los demonios de los demonios, los periodistas.

Han decapitado a tres periodistas, dos norteamericanos y uno europeo, para decirle  a occidente, que vaya por ellos. Por los ejércitos negros de demonios negros del Islam que amenazan a occidente. USA y sus aliados europeos y regionales han movilizado una fuerza internacional para cazar “califas”. Han calentado el conflicto interno sirio, estimulado la causa kurda y provocado cientos de miles de refugiados. Van por la cabeza del califa, como en cualquier película de acción norteamericana. Como fueron por la cabeza de Hussein y de Osama Bin Laden  Y seguramente la conseguirán, como consiguió Tarantino en su film, matar a Hitler, encerrándolo como una rata en un teatro en París.

El acto simbólico de cortarle la cabeza a un infiel occidental utilizando a un verdugo occidental - un hombre de acento inglés identificado - es una perversión simbólica demasiado cruda, porque muestra lo que el Islam ya le ha hecho a occidente tras las líneas. Como las que descubrió Henry Levy, rastreando durante varios años los hilos del califato mafioso con centro en Karachi, que decapitó al periodista Frank Pearl en 2002.

Un neo nazi alemán, holandés, francés, o los matones irlandeses, o los bárbaros ingleses y los islamistas paneuropeos, tienen en EI el proyecto perfecto. Bien vale la pena echarse el morral al hombro, comprar un pasaje a Turquía, pasarse a Siria, presentarse a filas del ejército del EI y comenzar a cazar infieles. Como los “Malditos bastardos” que fueron a Francia a cazar nazis para arrancarles el cuero cabelludo, a la mejor manera comanche.  

 

Omertá

Omertá

 La ley del silencio es el código de honor siciliano que prohíbe hablar de los delitos. El honor consiste en permanecer en silencio para proteger a terceros, aún a costa de la vida. En la cultura mafiosa, romper el silencio se castiga con la muerte. El término omertà, es de origen incierto. Se encuentran trazas de uso en lengua siciliana hacia 1800. Una teoría asegura que deriva de humilitas (humildad), adoptada a los dialectos de Italia meridional como umirtà, que se convirtió al siciliano en omertá.

Los estúpidos sostienen, hasta con razones, que el Congreso no es un escenario para debatir el carácter político de las fuerzas que toman asiento. El debate Uribe-Cepeda no debería haberse hecho, según ellos, porque no se debe hablar del pasado político-criminal de sus miembros, por una especie corporativa de fuero mafioso, implícitamente instalado en el Congreso.

A Cepeda le pusieron toda clase de obstáculos para debatir una cosa que hay que debatir: el carácter de las fuerzas políticas que convergen en torno al proyecto de país. Porque es el punto que nos interesa a todos, quizá con excepción de ellas. No es lo mismo un congreso donde se pueden sentar los pablo escobares, los gordos garcías, los albertos santofimios, o a donde pueden ir para ser aplaudidos los mancussos y los isazas, que un congreso en el que no se lesgisle  a favor de los legisladores. Es estúpido decir que no se debe  debatir sobre una fuerza política, que representa todo aquello a lo que en la ultima vuelta electoral nos opusimos quienes no votamos por la Zorra Zuluaga.

Quienes creemos que hay pruebas suficientes para que un tribunal – nacional o internacional – despolitizado, analice el acopio, su legitimidad, y establezca probatoriamente la relación entre Uribe y el paramilitarismo, no nos quedamos contentos con que el asunto no se pueda discutir, aquí en el Congreso y ahora. Entre otras cosas, porque si los hechos no se convierten en objeto de verdad en el Congreso, las Cortes no se ocuparían de él. Nada casual que Uribe rehuyera el debate para ir a la Corte Suprema de Justicia a demandar a Cepeda.

No nos interesa que se legisle sin que sepamos con quién y para quién se legisla. A ellos sí. “Negar las relaciones de Uribe con el paramilitarismo es como negar las relaciones de Timochenko con las Farc” (Claudia López). 

“Lo hago de manera escrita por el suicidio que he cometido…”

“Lo hago de manera escrita por el suicidio que he cometido…”

Se llamaba Sergio Urrego, tenía 16 años, pelo negro, unos ojos grandes cuajados de inocencia que irradiaban una luz tímida sobre el rostro de niño asustado. En la foto que publicó El Espectador parece estar succionándose el dedo gordo de la mano izquierda. Dejó tres notas a su madre. Cuando ella entró a la casa ya no lo encontró. En la mesa de comedor encontró la primera. Le decía “se presentó un problema, no pude ir al colegio”. Cuando estuvo en su cuarto, encontró la segunda, decía “estas cosas solo las puede tocar mi madre o mi padre…”. Y ahí mismo, en el cuarto, halló la tercera:”Espero que lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto, caminando al lado de hombres y mujeres imbéciles que aparentaban vitalidad…” más adelante “…me lamento de no haber leído tantos libros como hubiera deseado”. Y termina diciendo “…ya puedo observar la infinita nada”. Era gay, estaba enamorado y pertenecía a la anarquista Unión Libertaria de Estudiantes.

En un aparte de la carta final, explica que la decisión es la respuesta a la denuncia por acosos sexual que los padres de su expareja interpusieron. “Lo hago de manera escrita por el suicidio que he cometido…” agrega. Cuando escribe en el presente ya se da por muerto, siempre lo estuvo, aclara. Lo mató la discriminación, desde que se enfrentó al mundo en su condición de gay. Pero también dejó dicho:”Mi sexualidad no es mi pecado, es mi paraíso”. Todavía está en FB.

De un colegio en Tenjo lo trasladaron sus padres al Gimnasio Castillo Campestre. Y en el colegio encontró el infierno que siempre ha sido para muchos, y que a él lo llevó a morir. Un profesor inicia la cacería de brujas cuando decomisa un teléfono, donde hay una foto de Sergio besándose con su novio. De ahí en adelante el colegio lo quemó con guantes y psicología, como si fuera una bruja de la España negra. Ensayaron una política de la crueldad, de la inhumanidad, refinadamente  antieducativa, fascismo institucional. Encontró el colegio la forma de hacerle pagar por ser anarquista y gay, al punto que sus padres, antes del grado, debieron sacarlo del campo de concentración. Exigieron el reembolso de los derechos de grado, y el colegio se los robó, argumentando que ya se habían causado costos.

Los padres del novio, que no podían matar a su propio hijo por lo que consideraron sucio, pecaminoso e inmoral, volcaron toda su ansia castigadora, su ansia fascista, contra Sergio, hasta que lo mataron. Decidieron que el amor de los dos muchachos, no era más que acoso sexual por parte de Sergio.

Así que después de dejar las tres notas en que se reconoce muerto de siempre, salió de la casa sin comer, como a eso de las siete de la noche, caminó hasta el centro comercial Titán Plaza, subió a la terraza, caminó hasta el borde y se lanzó.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La rebelión de las ratas

La rebelión de las ratas

¿Podría ser la guerra en Ucrania un “ejercicio” tan imperialista como las guerras coloniales y neocoloniales del siglo XIX y XX? La modificación del mapa europeo – la más temible anticipación que se hace Europa -no sería más que la consecuencia de un modelo de disputa del  mundo, unas veces entre los fragores de las guerras calientes, y otras entre las estratagemas diplomáticas de las guerras frías. Así que bien podría ser tan sucia como una guerra entre ratas, utilizando el lenguaje de Putin.

El motivo de la guerra no es Ucrania como tal, aunque los territorios agrícolas puedan ser fuente de producción, no es el acceso al Mar Negro, ya lo tienen, tampoco el simple hecho de unir el territorio ruso con Crimea. Ni siquiera una ofensiva tardía frente a la derrota de los rusos en la guerra del Cáucaso en los años noventa.

Que a Putin no le guste el gobierno de Boris Yushshenko en Ucrania, es apenas natural. El anterior gobierno que actuaba bajo sus órdenes, fue sacado a patadas. Que la mayoría ucraniana quieran estar bajo el ala protectora del poder europeo, tampoco ha de gustarle, tener un país fuera de su órbita en su órbita, no es cosa que agrade a ningún emperador. Lo más plausible es la necesidad rusa de responder al hecho de que se le están metiendo  a su patio trasero, igual que si a USA se le metieran a Alaska. La ofensiva rusa tiene carácter defensivo. Occidente le está disputando Ucrania, ya se le quedó con la mitad. A lo que Putin respondió: me quedó con la Crimea y la Ucrania rusófona.

Pero la disputa hoy, carece de motivos ideológicos, humanistas, paneuropeos, de programa,  es una disputa como la que entablan las pandillas para defender sus calles. Tan imperial como la expansión belga en África o la inglesa en América.

En el tablero completo del ajedrez mundial, como en el del juego, un movimiento tras las líneas puede golpear más allá de las líneas enemigas. La repartición del mundo, descuartizando países, desarticulando etnias, produciendo grandes desplazamientos como en Siria, fuerza a que en el teatro de operaciones ucraniano, la tercera fuerza en el mundo, se vea obligada a participar, bien haciendo alguna alianza con una de las partes, o tomando una iniciativa independiente. Lo que pase en Ucrania se siente en Pekín.

Pekín acaba de romper su silencio sobre la crisis para ponerse del lado ruso. En el Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador chino ante las Naciones Unidas, Liu Jieyi, no condenó la presencia de tropas rusas en territorio ucraniano y señaló que "hay razones" que explican la situación. El discurso chino, ambiguo por tradición, declara una "profunda preocupación" por los acontecimientos. Pero queda claro que se ha hecho del lado de la trinchera del Kremlin, en oposición a la Casa Blanca y sus aliados de la CE y la OTAN. Para el 2014 se programaron cinco cumbres entre los dos países.

En el otro extremo, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ha ofrecido a Ucrania un paquete de ayuda de 10.000 millones de dólares, mientras que la UE busca más apoyo financiero a Kiev. Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE convocaron una reunión extraordinaria en Bruselas para examinar la situación.

¿Qué dice Putin? Que los EEUU experimentan con sus aliados europeos "como si fueran ratas" en el intento de quedarse con Ucrania.



China respalda a Putin frente a EEUU, la UE y la OTAN en el conflicto de Ucrania y Crimea - EcoDiario.es  http://ecodiario.eleconomista.es/asia/noticias/5592248/03/14/China-apoya-a-la-Rusia-de-Putin-frente-al-bloque-de-EEUU-la-UE-y-la-OTAN-en-el-conflicto-de-Ucrania-y-Crimea.html#Kku8Py92dDd3xIF8

El autismo de los halcones

El autismo de los halcones

Me he preguntado después de leer el artículo de David Grossman, “Un Israel sin ilusiones” publicado en The New York Times, al que respondió Miguel Ángel Bastenier en El Espectador: ¿Qué tan representativo –en sentido democrático – es Hamas, del millón ochocientas mil personas que viven en condición de refugiados permanentes, en una franja controlada geográfica y militarmente por Israel?

El punto de partida de Grossman es que Hamás y el gobierno de Israel viven encerrados en sendas burbujas, como si fueran los autistas geopolíticos del primer conflicto regional del mundo, con más de medio siglo de historia. Los habitantes de la franja de Gaza, desde luego que lo confirman, es como si todos hubieran sido aislados bajo “La cúpula” de Stephen King. El gobierno de Israel tiene mucho más aire, más capacidad internacional de juego, más recursos tecnológicos y el respaldo absoluto de USA. Dice Grossman que,  “Israel es un estado brillantemente creativo, audaz, que durante más de un siglo ha estado dando vueltas a la muela de un conflicto que podría haberse resuelto hace años”. Si el gobierno de Israel estuviera en una burbuja no haría tanto daño, no desbalancearía el delicado estado de cosas regional, no violaría resoluciones de la ONU -242- ni los derechos humanos del pueblo palestino. Así que debo lamentar que el ejemplo de las burbujas no resulte completamente ilustrativo, no hace honores al hecho comprobado, de que Hamas está aprisionado en una burbuja, y el gobierno de Israel, va tan libre como un halcón.

El carácter irresoluble del conflicto, después de 67 años, está pintado en lo que Bastenier llama las “tablas eternas”, que no se explicarían, a no ser, que reconozcamos que en ambos lados hay sectores a los que no les interesa la paz. Su negocio es la guerra. Guardadas proporciones, lo que sucede en Colombia. Del lado de las Farc y del lado del  establecimiento, hay sectores a los que no les interesa la paz. Sus negocios no pasan por ahí. Dice Grossman, que “en la época en que vivimos no hay victorias inequívocas”. No hay victorias, sólo una "imagen de victoria", que ribetea una verdad: en la guerra sólo hay perdedores. 

Israel y Hamas atacan, se defienden, mueven sus máquinas de guerra, hacen noticia. De lejos el conflicto que más disparidad informativa ha ocasionado. Ambos hacen “uso de su legítimo derecho a defenderse”, ambos buscan “dar lecciones ejemplares” al enemigo. Los lanzamientos de cohetes de Hamás, son tan terroristas, como el lanzamiento de  los cohetes de Israel. Su impacto de fuego se hace sobre población civil. ¿Qué tan representativo es el gobierno de Israel del pueblo de Israel? Grossman confirma la existencia de “grupos de presión que nos controlan”.

En cada caso la labor abierta y soterrada de los halcones de ambos bandos, nos confirmaría una perspectiva sin solución. Ni siquiera si  el primer ministro de Israel fuera David Grossman, y Hamas estuviera comandada por Mahmud Abas. Los halcones de ambos lados han echado al traste todas las tentativas de paz, todos los acuerdos, todas las resoluciones, con los que se ha intentado poner fin al conflicto. Su negocio no está en la paz.  

 Hamás y el gobierno de Israel son el principio activo de la resolución y/o la agudización del conflicto. Son los representantes bélicos permanentes. Si Hamás reconociera el estado de Israel, e Israel reconociera un estado árabe en Gaza, habría términos estables de resolución, apoyados en el contenido de un auténtico reconocimiento entre pueblos, que podría hacer valer el peso de los argumentos pacifistas, contra el mercado de la muerte de los halcones de ambos lados.

 “En marzo de 2002, la Liga Árabe reunida en Beirut ofreció el reconocimiento a Israel por todos sus miembros, con relaciones plenas, a cambio de una retirada también plena, y Simón Peres la rechazó displicentemente argumentando que era un artilugio de Arabia Saudí para distraer la atención mundial de la participación de sus nacionales en el atentado de las Torres Gemelas —septiembre, 2001—. ¿Quién sabe? El propio Grossman lamenta que Israel mirara para otro lado” acota Bastenier.

Una percepción realista de la naturaleza del conflicto, alumbra un sentimiento fatal, respecto al futuro cercano de una paz negociada. Que no dependería solamente de la liberalización bilateral de las actitudes, del paso de la vocación de paz, a los hechos de paz, de la aceptación del derecho de la existencia mutua de los estados, o de la convicción de que con la guerra pierden los dos. Y que tampoco dependería de la desactivación, o neutralización del poder de fuego de los halcones de ambos lados. O al menos no solamente. Sería necesario, que de parte y parte, hubiera una reconfirmación de legitimidades, de representaciones. Que los respectivos pueblos, víctimas directas del conflicto, ratificaran el grado de representación que les han conferido, tanto a Hamas como al gobierno de Israel, para que en su nombre, adelanten una puta guerra, que nadie va a ganar.        

La hoja de vida que Samper mostró en Unasur

La hoja de vida que Samper mostró en Unasur

No es claro el mensaje, el significado político preciso, del acuerdo continental de Cancilleres, para que Honesto Samper sea el nuevo Secretario General de la Unión de Naciones Suramericanas. He de suponer que la hoja de vida que presentó a consideración de los Cancilleres, con el debido loby colombiano y de Nicolasito Maduro, no es su hoja verdadera. Con ella, solo los empleadores para los que la hoja verdadera es una garantía, lo elegirían. Y no es el caso de los países suramericanos. ¿O sí? Así que no deja de expeler un cierto aroma su elección, justamente en el comienzo del segundo mandato de Santos. Lo que para la retórica de la cancillería, sería la elección de un agente de la paz en el organismo continental, podría ser en una retórica, menos uniforme, una bendición política de exculpación a todos los prontuarios de las relaciones entre los políticos y la mafia en América Latina.    

Por un alineamiento sideral de los astros, emergió con una serena madurez, el expresidente socio del Cartel de Cali, que se había enterrado en su Fundación, con la que todavía es noticia, por una publicación o un evento. Un hombre que debería estar en la cárcel por concierto criminal, pero que fue precluido de todos los cargos, por quienes se beneficiaron de los recursos del cartel de Cali en la campaña de 1994.

En una cumbre programada para el 22 de agosto en Montevideo, se había programado que Alí Rodriguez le entregaría la Secretaria a Samper, con presencia de todos los Cancilleres. Sin embargo, la cumbre se postergó para octubre, por razones que no se han dado a conocer.

Por lo pronto nos libramos de Samper en Colombia. En una discreta “posesión por ventanilla”, Correa le dio la bienvenida. Un clima de pálida cortesía en Quito. Se tomaron la foto.

La primera declaración de Samper en Quito es un asqueroso lugar común, “voy a trabajar por la integración”. Pero la segunda, es menos común e inquietante "Yo espero que Quito sea a la UNASUR lo que Washington es a la OEA". Bastará recordar que Washington siempre ha sido para la OEA el cuartel central del “ministerio de colonias”. Fue Washington la que  negó la visa norteamericana a Samper y la OEA no hizo nada. Un  presidente vetado por USA no puede ser más que un heroe o un pillo.

Así que Samper hará todos los arreglos para que en algunos meses pueda sentirse viviendo en Washington, de donde Pastrana debió levantar el vuelo, cuando a Monseñor Uribe, se le dio por sacar a Samper de su agujero y enviarlo como Embajador a Francia.

Samper que no pudo entrar a USA, que no podía pasearse por Washington, por sus torcidos con su exsocio Gilberto Rodríguez, extraditado en el 2004, pagando treinta años, hoy vive en Quito. Nada extraño que termine arrebatado en su propio sueño continental ante el Chimborazo.     

¿Hasta dónde es posible tragarse sapos?

¿Hasta dónde es posible tragarse sapos?

 Estaba harto de la política, de la cosa sucia, simulada, de doble faz, con la que todo se maneja en la vida electoral del poder. La forma tan afrentosa como Santos ganó las elecciones, usando una mixtura de miedo a Uribe y mermelada. Hipotecando las parcelas de su poder. Y amparado en unos indicadores económicos, que le dan fortaleza a su gestión.

Porque estaba harto, me había prometido no escribir por un rato de política, pero hoy es siete de agosto, no hay cómo no hacerlo. Durante algunos minutos, entes del acto de posesión – al que como Uribe no asistí -, estuve viendo a los hombres del poder en el patio de armas, bajo sombrillas blancas. Las delegaciones extranjeras, los poderes, la diplomacia, las fuerzas armadas. No faltaban sino las FARC.

Dije en alguna columna, hace más de un año, que a Santos más que la paz le interesaba la reelección. Ahora está reelegido. A todos quienes le preguntan, les responde lo mismo. Colombia eligió la paz. Así que una vez atornillado, va el segundo round con el cartel rojo.

Si las conversaciones se levantan, Santos ya está reelegido y posesionado. Si se sigue negociando en medio del conflicto, como va a ocurrir,  se debe esperar toda la porquería del conflicto, de lado y lado. Las Farc, por falta de unidad de mando, por desarticulación entre frentes, por la división interna, no hace nada bien. Sigue atacando objetivos civiles, afectando grandes comunidades, como una respuesta terrorista al carácter político de las conversaciones que los representan en La Habana. En manos de los medios sus monstruosidades al mejor estilo paramilitar y mafioso, no hacen más que golpear, el posible futuro político del cartel. Lo que Pablo Escobar quiso para el cartel de Medellín, cogobernar, es lo que podría conseguir el cartel de las Farc. Por lo pronto ya les dictaron a los del gobierno, los términos de una reforma agraria territorial.  

El segundo round, y el último, va por todo. Y cuando lleguen al asunto de la justicia y la participación, van a tener un auténtico foso de distancia, y seguramente las actividades militares y terroristas, se van a incrementar. Santos, obligado por el estamento militar, su ministro de la defensa, y los aliados más a la derecha, va a tener que decidir.

Creo, sin embargo, que todavía tendríamos que tragarnos muchos más sapos, en el esfuerzo de desactivar el poder de fuego del cartel rojo. En el pos-conflicto, tendremos sapos mucho más grandes que tragar, una vez se hayan tomado la foto de firma del acuerdo en La Habana.

 

En Brasil como en La Habana: nunca habíamos llegado tan lejos

En Brasil como en La Habana: nunca habíamos llegado tan lejos

  “Nuestros muchachos” “escribieron una página de gloria”. Nunca un equipo de futbol colombiano “había llegado tan lejos” en unas “justas mundialistas”. “Colombia los recibe alborozada”. Se les “brindó una bienvenida de héroes”. Lo único bueno de que Colombia haya salido del mundial, es que se pone fin a la agotadora temporada de lugares comunes en que se hundieron la radio y la televisión.

Brasil ganó el partido contra Colombia, no porque jugara un buen futbol, no porque jugara mejor, sino porque es Brasil. Y jugaba en casa. Y la señora Dilma necesita que gane, para que el escándalo por el negociado de los estadios, se oscurezca con el triunfo. Y la FIFA también necesita que gane Brasil, su socio estratégico en el manejo de la inversión y en la definición de la junta.

El pueblo revuelto del Brasil, el que no puede ir a los estadios, aprovechó la vitrina para sacar toda su rabia y esparcirla en las calles. A ellos también, hay que darle un campeonato. Con la confianza de que fútbol mata pobreza.

Colombia jugó un primer tiempo presa de toda la presión que suponía llegar a ganarle al Brasil. No pensaban perder, al contrario temían llegar a ganarle y sacarlo en su propia casa y perfilarse como un posible campeón mundial.

El futbol vivo, armado, travieso, se vio reemplazado por un juego nervioso, entrecortado, en el que no encontraron el ritmo. Además fue un partido sucio, en el que el Brasil llegó a las treinta faltas. También estaba nervioso, más que los colombianos. Tenían más que perder y eso los puso tensos.

En el segundo tiempo Colombia intentó ser lo que es, lo que nos mostró que sabe hacer. ¿Qué les dijeron en los camerinos? Lo que haya sido, la resistencia violenta, la presión sobre el equipo de Brasil, la hinchada, y un árbitro demasiado brasilero, se impusieron. No fue la jerarquía, fue el miedo. Aun así Colombia mostro fútbol. Mostró entrenador, talento individual, trabajo en equipo, disciplina. Lo que nos metió en los ocho mejores equipos del mundo. Ya veremos en el 2018.

 

 

El espectáculo de la palabra

El espectáculo de la palabra

Quienes escuchamos el mundial de fútbol de 1962 en Chile nos quedamos con la versión que nos dio la palabra de los partidos transmistidos por la radio. Primero escuchamos el cuatro-cuatro con Rusia y solo después lo vimos en los noticieros de la época. De entonces ahora los nativos radiales hemos tenido que aprender a hacer un tránsito a lo visual. La magia de la fantasía medíatica consiste en permitirnos, hoy todavía, escuchar el partido,  ver el partido, con o sin volumen, o sin volumen y con transmisión radial.

A un chico de diez años la idea de escuchar el partido de futbol por radio no le aparece en el menú. Sin embargo, los locutores de la tele transmiten los partidos como si lo estuvieran haciendo para la radio. No es que no se les haya ocurrido pensar que narran para quienes ven lo mismo que ven ellos. Lo saben, pero también saben que hay un valor agregado a la imagen, la palabra, que dota el espectáculo visual de una fuerza retórica, que atrapa a las audiencias, tanto como lo hacen los pastores. Quienes tienen la palabra, y en eso son iguales locutores y pastores, gobiernan una fuerza de sentido sobre lo que vemos. Cuando vemos una información audiovisual, por ejemplo en un noticiero o una crónica, siempre tendremos la opción de comprender de una u otra forma, según el discurso con el que se interpretan las imágnes que nos presentan. Porque no es la imagen la que interpreta la palabra, sino la palabra la que interpreta la imágen. Es tal el misterio de la palabra que envuelve el futbol. 

Así podría pensarse que el valor del odioso aforismo, de que más vale una imagen que mil palabras, también puede llegar a ser odiosamente relativo.

La televisión colombiana, en futbol, sigue en la era de la radio. Sin embargo, el hincha que no va a los estadios no se satisface en el futbol con independencia de los medios. Debe haber una relación uno a mil, entre quienes van a un estadio, y quienes no. En Brasil, son millones de personas las que no pueden comprarse las entradas porque no tienen con qué. Para ellos hay grandes pantallas en descampados, donde celebran al aire libre con fiesta, alcohol y samba. El resto, los que no caben en ningún espacio público donde se presenten los partidos del mundial, tendrán, hasta en la última casa de la última favela, un plasma, frente al que apeñuscados en la habitación caerán víctimas de la ilusión optimista o siniestra que la palabra hace de la imagen.

En la narración europea de la tele, el ritmo lo pone la seguidilla de nombres que orientan al que ve. Mencionan el de quien la tiene, el del quien la recibe y el de quien la gana. Una narración lenta, salpicada de comentarios discretos. Hasta hace pocos años, los goles se narraban con una tranquila y monótona flema BBC, que no le daba más sabor al gol del que tiene un saque de banda.  Hoy, el gol es el gol de los jóvenes, tiene mucho más sabor latino, más alma, más orgasmo.

La narración de la televisión colombiana es emotiva, rápida, tentadora, descriptiva, repetitiva, por lo que se da el lujo de narrar como si nosotros en la casa, no estuviéramos viendo el partido. Con la palabra se empuja la acción del campo. Editorializa, juzga, anticipa, vaticina. Siempre es parte interesada del juego. Colombia hizo del futbol y los medios espectáculos gemelos.

Con el efecto de la retórica mediática del futbol - como con la retórica religiosa - el mismo partido, es y no es. Todos no vemos el mismo partido. El imaginario y el inconsciente colectivo del hincha, tanto como el del practicante de una fe, se apoya siempre en la confianza de que locutores y pastores ven algo más que nosotros, aunque todos estemos en el mismo partido.

 

 

Rodear al gobierno

Rodear al gobierno

 

Alberto Donadio/El Espectador

 

Revela Juan David Laverde en El Espectador, el presunto pago de 12 millones de dólares a un asesor de confianza de Juan Manuel Santos y el director de El Tiempo, en lugar de pedir explicaciones al Gobierno, se viene lanza en ristre contra uno de sus columnistas, Fernando Londoño Hoyos, acusándolo de “revivir las páginas más oscuras de nuestra historia, las mismas que solo dejaron como balance estelas de horror y de sangre”.

¿Es este el mismo Roberto Pombo al que le concedieron en febrero un premio de periodismo que lleva el nombre de ese adalid de la libertad de expresión que fue Guillermo Cano? Pombo es un tipo chirriadísimo, que sería muy aplaudido como presidente de una gran agencia de publicidad o de relaciones públicas, pero que no tiene talante para representar el cuarto poder. Es un conciliador nato, alérgico a la polémica.

Cuando debería estar formulando preguntas incómodas al presidente, exalta “la reputación” de todos los candidatos presidenciales pues “tienen hojas de vidas respetables y cuentan con las condiciones de dirigir los destinos de la patria”.

Pombo sería un gerente idóneo del Jockey Club, de Los Lagartos o del Gun Club, donde con gran tino podría mediar las disputas que se presenten entre los socios, al calor de un buen whisky. Pero no está hecho para servir de vocero del interés público. No va con él la definición que daba Eduardo Santos en el mensaje que dirigió al Congreso el 3 de septiembre de 1939: “La democracia exige e implica libertad en las discusiones, severidad en los juicios, crítica inexorable de todos los actos”. El obsecuente Roberto Pombo practica la lánguida herencia de su suegro y tío del presidente, Hernando Santos, que a lo largo de su vida como periodista y director de El Tiempo escribió un solo editorial ante todos los escándalos y ante todas las circunstancias que se registraron en distintos períodos de la vida nacional: rodear al Gobierno, rodear al presidente, rodear las instituciones, rodear al Ejército, rodear a las Fuerzas Armadas.

Sí, esa visión pobre y simplista, sin matices, esa subordinación asordinada frente al turbayismo, frente al llerismo, frente al gavirismo, frente a todos los presidentes.

Un ejercicio de rodeo que no solamente constituye una puñalada trapera al periodismo libre e independiente sino que traiciona el Estado de derecho. Los que verdaderamente defienden las instituciones y defienden a este y a todos los gobiernos son quienes ejercen la crítica y la oposición, aun cuando lo hagan con elevado apasionamiento. Pombo le pide a Fernando Londoño “recuperar la mesura, propia de su condición de exministro de Estado”. ¿Entonces la democracia es un costurero de señoras bien? ¿Podría el director de El Tiempo revelar los correos que Santos le ha enviado en este gobierno y contar públicamente cuántas veces lo ha llamado el presidente y para qué? ¿Podría divulgar si alguna vez se ha apartado de una solicitud del Presidente, obviamente dentro de “normas elementales de decoro”? ¿Podría explicar por qué jamás el editorial de El Tiempo formuló una sola crítica por el escándalo de Interbolsa al presidente, encargado por la Constitución de evitar esos atracos financieros? En el 2007, Anna Politkovskaya recibió, póstumo, el Premio Mundial de Libertad de Prensa Unesco-Guillermo Cano. Ella se enfrentó en Moscú a Vladimir Putin. En este cuatrienio, ¿a qué poderes gubernamentales se le ha enfrentado en Bogotá el director de El Tiempo, con o sin ataques arteros?

 

 

 

Las encuestas: contabilidad de la democracia

Las encuestas: contabilidad de la democracia

 ¿Qué es lo que las encuestas electorales realmente miden? Las encuestas acertaron, o no acertaron, son los comentarios que se producen después de cada elección. En la segunda vuelta por las presidenciales 2014, en la que se enfrentaron Santos y la zorra Zuluaga, participaron en los programas de medios, las cuatro grandes agencias encuestadoras en Colombia. Una de ellas dio por ganador a la zorra. Dos predijeron un empate. Y otra acertó. ¿Acertaron las encuestas?

Las encuestas están para que las campañas las modifiquen, es la opinión de Cesar Caballero, Director de Datos y Conceptos. Sin embargo la tendencia marcada por una o varias encuestas, influye en la intención de voto, de quienes votan por ganador. Lo cual significa que una franja de votantes, también lo hace por perdedor. Por la constancia que ratifica el derecho a la oposición. Durante la década de los setenta, en la que el Moir rompió la tradición abstencionista de la izquierda legal en Colombia siguiendo los pasos del Partido Comunista, estuvimos votando a perdedor. Como votan hoy los electores que lo hacen por el Polo Democrático o por la Alianza Verde.

Una de las características del comportamiento electoral es la variabilidad del voto. Es decir, que un mismo elector ya no vota, como en la época del Frente Nacional, siempre por un mismo partido. El voto hoy es oscilatorio, las adhesiones se hacen por motivos diferentes. De la misma manera, una cantidad significativa de votos, no se otorgan a favor de un candidato, sino en contra de otro. Ambas cosas hacen que la realidad electoral sea mucho más variable e impredecible que en la época heroica de las definitivas adhesiones partidistas. Es una razón para que las encuestas obren como orientadoras de tendencia, una fuente de información más. Y la otra razón que justifica plenamente su existencia, es que representan el cumplimiento del derecho a la información. Tenemos el derecho de conocer los mapas de opinión que se arman y rearman dinámicamente durante las elecciones en cualquier país. Y las encuestas son los cartógrafos.

En las elecciones que acaban de pasar, Santos le ganó a la zorra, porque sumó más. Pero a quiénes sumó. A todos los que con pavor advertimos que con el triunfo de la derecha, se reviviría en el país, el más oscuro de los regímenes, el de los hombres oscuros cuyo negocio es la guerra.

Y aunque el discurso de los hombres oscuros sea también el discurso de la paz, ya conocemos de esa paz que nos ha dejado más de cinco millones de desplazados, organizaciones políticas desaparecidas de la faz de la tierra y casi tres mil víctimas de los falsos positivos. Y todo, para que los ricos pudieran volver por carretera a sus casas de campo.

 

Ganó el miedo

Ganó el miedo

Más que la paz, el responsable del triunfo de Santos fue Uribe. Nunca nadie en la reciente historia, había logrado hacer reaccionar a un país, de la manera como lo hizo,  contra la amenaza de continuidad uribista con que nos amenazó Zuluaga. A medio país electoralmente participante, para ser más exactos. Logró que en un “frente amplio” cupiera el Partido Comunista y el General Naranjo, el grueso del Polo Democrático – López y Cepeda – y Roy Barreras, Petro y Simón Gaviria, Aida Abella y el Mira, Peñalosa, Lucho Garzón y Antanas Mockus, Claudia López y el Senador Gerlein. Un sector mayoritario del empresariado y de los medios masivos de comunicación. El Cardenal Rubén Salazar y Timoschenko.     

En el sentido más primitivo, habría sido el miedo civil – con toda la variedad de matices que le caben - causado por la amenaza rediviva de un gobierno de vocación criminal, que hizo del “todo vale” una política de estado; desde chuzar a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, implementar un programa de “falsos positivos”, hasta tener conversaciones de sótano presidencial con miembros de la mafia. Un irreprochable oscuro mandato, al lado del cual el de Honesto Samper, fue una pilatuna de liceo.

A cualquiera con sentido de decencia política y algún espíritu de legalidad, debería causarle miedo un gobierno como el de Zuluaga, bajo la estricta suposición de que necesariamente fuera una continuación del proyecto uribista. Si les causa miedo a quienes carecen de decencia política, la mayor parte de los aliados de Santos, cómo no será a quienes sí la tienen.

Que Santos no se crea que la unidad electoral de decentes e indecentes, para detener a Uribe, es una apuesta política a favor de su gobierno. Yo no sé de dónde va a sacar Santos para pagar tantos y tan diversos favores. Tendrá que agilizar la producción, en todas las plantas donde se cocina la mermelada.

No creo que lo que haya estado en juego en las elecciones haya sido la paz. Una vez convertida en bandera electoral, la más grande y vistosa, hace pensar en que de por medio, en las conversaciones de La Habana, existe una subagenda política que favorece mutuamente a las partes, y cuyos acuerdos no son objeto de publicidad. A Santos más que la paz le interesaba la reelección. Y a las Farc, más que la paz, le interesa el negocio. Ahora, que si como consecuencia global de los acuerdos, los fusiles se acallan, se respetan los derechos humanos, se dicen algunas verdades y se repara a algunas víctimas, bienvenida la negociación de Santos y las Farc.

¿Cómo se explica  que para el grueso de los colombianos la paz ocupe el sexto lugar de sus preocupaciones? Para ellos, según las encuestas, el problema no es la paz. Para Santos fue la palanca nacional e internacional más potente para lograr la reelección, para los uribistas es una papa caliente. Para muchos militares es un mal negocio.  Para las víctimas, una oportunidad de reparación. Para la economía, un alivio presupuestal equivalente a 3.5 puntos del PIB.

Ojalá hubiera ganado la paz. Es lo que la decencia política reclamaría. Pero el “frente amplio” electoral por la paz no está destinado a durar, más allá de haber exorcizado la amenaza uribista. La paz todavía está sujeta a largas transacciones, aunque a partir de mañana ya no tendrá en La Habana la presión electoral.

Un signo de cultura política fue lo que hizo el Polo – Gaviria, López, Cepeda -, decirle a Santos, votamos por usted para atajar a Uribe, sin dejar de ser oposición.

Un susto lo tiene cualquiera, pero la verdad fue que a casi ocho millones de electores, de algún modo nos asustó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La educación occidental es un pecado”

Boko Harum es un ejército islámico nigeriano de cruzados de la pureza, que tiene contacto directo con el Profeta. Su líder, un iluminado paranoico, llamado Abubakar Shekau, recibió hace algunas semanas un llamado urgente del Profeta. Cómo se comunican, supongo que es algo que hace parte de la reserva del sumario. El mensaje, como el de todos los profetas, fue lacónico y preciso: secuestra 300 niñas, las violas – hay que entregarlas probadas – y luego las vendes. Y Shekau, como Abraham, no tuvo más remedio que hacer lo que su Señor le ordenó.

El finado Saramago, con razón decía, hablando de la orden recibida por Abraham, de su Señor, de sacrificar a su propio hijo, que tal cosa nunca debería haber sucedido. Y que si sucedió, por el placer de probar la fe de un hombre, no fue más que porque le Señor es un hijo de puta. Probablemente Saramago, después de lo que escribió,  no haya ido al cielo de los que creen en el cielo, sino más bien, al mismo infierno donde María Fernanda Cabal, mandó al pobre Gabo. Aun así, la declaración metafórica de Saramago, es una premisa para comprender las bellaquerías que se hacen amparadas en la religión.

Las niñas todavía no han aparecido. Llevan más de dos semanas perdidas en los bosques nigerianos, en manos de unos interlocutores de la divinidad. ¿Hasta cuándo se seguirá utilizando a dios para refrendar todo el horror de la conducta humana? Una pregunta, que desde el punto de vista de la civilización, nos propone un asunto: la “justificación doctrinaria” de los crímenes - de lesa humanidad, violación de los derechos humanos, secuestro colectivo, acceso carnal y esclavismo - como los que ha cometido la secta nigeriana, en su afán por acabar la cultura occidental. Una causa parecida, a la que pondría en marcha una secta, que se propusiese terminar con la cultura oriental. Algo tan delirante, que no cabe más que en la cabeza de los delirantes que ponen en vilo al mundo todos los días. 

Pero de la misma manera que las sectas utilizan el nombre de dios para justificar crímenes de lesa humanidad, los movimientos políticos de toda laya, utilizan “nobles ideales” para encubrir la violencia indiscriminada, los proyectos fascistas, la violación de derechos humanos, el expansionismo. Miren los proyectos de revolución bolivariana en Venezuela, de federación rusa, de centro democrático en Colombia, de rehabilitación en China.

Estamos hartos de iluminados religiosos y políticos. Estamos hartos, que a nombre de dios y la democracia, se adelanten proyectos contra la dignidad humana y la democracia.

La espantosa trivialización del mal

La espantosa trivialización del mal

Antes de que Juan Manuel Santos se posesionara como presidente en el 2010, alguien escribió un grafiti en una pared del centro de Bogotá: “SE VA EL MAYORDOMO, LLEGA EL DUEÑO DE LA FINCA”.

En la mayoría de los casos, las elecciones son encerronas de la democracia, como las que van a ocurrir el próximo domingo electoral en Colombia, en las que se elige Presidente para el periodo 2014-2018. Es cierto, las dos opciones políticas en juego, llámense como se llamen, Centro Democrático o Unidad Nacional, son las mismas, lo cual significa que no hay opción.

Ambos, Uribe y Santos, como gobernantes y representantes, cada uno de una elite, son incapaces de resolver los problemas crónicos de la sociedad colombiana, ambas van con las manos untadas por inconfesables procederes de poder, responsables de lesa humanidad, repartidores de mermelada, corruptos y corruptores, manipuladores de los poderes públicos en propio beneficio, acaparadores de la propiedad, cooptadores de los medios de comunicación. Nunca han dejado de hacer lo que tuvieran que hacer para quedarse con el poder. Su consigna: todo vale.

William Ospina, en su oscuro opúsculo, dice que Santos representa una élite, la de la rancia aristocracia bogotana, la camarilla santafereña del poder, la de los negocios respetables y tradicionales. Pero oculta, que Uribe representa otra, la élite criminal, la aristocracia paisa de mercaderes del poder, que prevalidos de los procedimientos de la mafia y las mañas de los paramilitares, refundaron la patria. En la cronología de Ospina, la de Santos y los suyos, es responsable de las desgracias de este país hasta finalizar el siglo XX. Pero no Uribe y los suyos, responsables de las guerras sucias, la exclusión y concentración, los desplazamientos, el espionaje interestatal, los cohechos, los falsos positivos y la intimidación a la justicia, del siglo XXI

Si la élite de Santos se derrota el próximo domingo electoral, que es a lo que invita Ospina,  la élite de Uribe, comandada por ese zorro que es más una zorra, habremos conseguido hacer valer la diferencia de dos propuestas, a favor de  una nueva élite  
en la que “sus  parlamentarios, sus embajadores, sus ministros, sus jefes del DAS, sus comisionados de paz ante los paramilitares” están hoy judicializados. “Sus vecinos rurales del creciente latifundio de El Ubérrimo, como Mancuso, el jefe de las AUC a quien Uribe trajo ante un parlamento de uribistas que le recibió la visita con aplausos y le aplaudió también el discurso patriótico-uribista. Sus parientes, como su primo Mario, el hoy expresidiario que iba detrás comprando fincas abandonadas en la estela de las motosierras; su cuñada y su sobrina, reclamadas en extradición por narcotráfico; su hermano Santiago, señalado como jefe del grupo paramilitar de “los doce apóstoles”; sus hijos Jerónimo y Tomás, meteóricamente enriquecidos gracias al regalo paterno de zonas francas; su difunto padre, cuya avioneta personal fue encontrada en las cocinas de Tranquilandia del Cartel de Medellín, y cuyo cadáver fue a rescatar el mismo Álvaro Uribe en un helicóptero que le pidió prestado al narcotraficante y asesino Pablo Escobar. Sus colaboradores más cercanos: esos consejeros jurídicos que recibían en los sótanos del palacio presidencial a narcotraficantes que a continuación caían asesinados, esos compadres que canjeaban notarías por vacas, esos generales palaciegos que narcotraficaban, esos comisionados de paz que hacían montajes teatrales de rendición de falsos guerrilleros de guardarropía y recibían de falsos paramilitares armas de utilería. Y los responsables de la más innoble y horrenda farsa: la de los “falsos positivos” en los que tres mil –tres mil– inocentes, inocentes en todos los sentidos de la palabra, fueron asesinados para que sus cadáveres disfrazados con uniforme de guerrilleros engordaran las cifras triunfalistas de la “seguridad democrática”. ¿Qué responsables? El entonces ministro de Defensa Camilo Ospina, que dio la largada, los capitanes y coroneles y generales que ampararon la infamia, y el propio presidente Uribe que la justificó diciendo con desprecio sobre los asesinados: “No estarían cogiendo café…” (Antonio Caballero)

 

El emperador del Giro

El emperador del Giro

Con el “poder endemoniado” de sus dos piernas y una “férrea voluntad” de triunfo, sobre su “caballito de acero”, Nairo Quintana, un “humilde boyacense”, se ha convertido, tras “levantarse con el título” del Giro de Italia, en el “más cotizado" ciclista del momento. “Una joven revelación” del “ciclismo colombiano”, que le ha dado los “más  altos triunfos a nuestra nación”.

“El tricolor colombiano”, hoy primero de junio, ha vuelto a “ondear en cielos” italianos, lo que para “cualquier colombiano” “constituye motivo” de “auténtica satisfacción”. “Qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano” fue el mensaje que los “escarabajos colombianos” enviaron al mundo, tras haber “subido al podio”, para “alzar al cielo” el trofeo dorado en espiral “que los acredita como campeones”.

Los “créditos criollos”, “demostraron una vez más” que les “sobra valor” para “enfrentar con coraje” los “desafíos en tierras extranjeras”. “Tenemos equipo pa´ rato” han declarado los “representantes nacionales” que acompañaron al equipo en Europa.  

Los “colombianos debemos sentirnos orgullosos” de que de los “confines de la provincia”, salgan quienes hoy son “honra y brillo de la patria”, en el deporte internacional. No hay colombiano que hoy no haya sentido “henchido el corazón de júbilo”, mientras a los “acordes del himno patrio”, “nuestros muchachos”, recibían los “preciados trofeos”.

Sería de esperar, que tras el “incuestionable triunfo”, los más altas autoridades deportivas, “tomen cartas en el asunto” de “invertir a futuro” en eldeporte insignia” colombiano, ya que es el que más “triunfos nos ha brindado”, y que “constituye ejemplo para las  nuevas generaciones” de muchachos, “amantes de la paz”, que han “entregado su vida”, a darle al país “honrosas satisfacciones”.

El triunfo de Nairo y Rigoberto “es de todos”. Colombia los estará esperando para “darles la bienvenida que se merecen”, tras “un justo descanso” que se tomarán en Italia, antes de regresar “envueltos en gloria” a “la patria que los vio nacer”, donde “todos a una” estaremos prestos a vitorearlos como “ellos bien se merecen”.