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Alberto Rodríguez

Otra guerra que se pierde

Otra guerra que se pierde

Cualquier cosa que hubieran hecho, de lo que podrían haber ido a hacer los norteamericanos a Irak, de nada habría  servido. La guerra estaba perdida desde que Bush la inicio, bajo cuatro  “supuestos”: había armas de destrucción masiva, era posible capturar a Saddam, era indispensable tener el control directo de la producción petrolera y era posible implantar la democracia en Irak.

Es cierto, capturaron y ahorcaron a Saddam, mantienen el control sobre la producción petrolera, pero a unos costos de guerra, que hacen insostenible el negocio y que terminaron poniendo su cuota en la quiebra del 2009. Los otros dos supuestos son falsos y risibles. La inteligencia norteamericana sabía que no había armas de destrucción masiva, pero Bush necesitaba el argumento, para afirmar la exigencia a la ONU, de intervenir. En cuanto a eso de ir a implantar la democracia, bien vale creer que esa  es una tentativa propagandística, con la cual revisten con el ideal el trabajo sucio, el sucio ideal del peor sueño americano. A nombre de la democracia han azolado el mundo. ¿Quién les dijo que estaban para eso?

Las tropas norteamericanas que llegaron el nueve de abril de 2003 a Irak, lo primero que hicieron  fue derribar la estatua de Saddam Husein en la plaza Fardus. A su salida, el 19 de agosto de 2010, dejan un país mil veces peor que el que encontraron: económicamente quebrado, culturalmente vaciado, con sus yacimientos expropiados, en una guerra civil, prevalida de los recursos más terroristas y mafiosos que encontraron. Lo más distinto, a lo que alguien, que no fuera norteamericano, podría creer que es la democracia.

El 12 de abril se conoció la noticia del saqueo del Museo Arqueológico de Bagdad, 14.000 piezas fueron robadas y destruidas las salas. El 14, se quemaron un millón de libros de la Biblioteca Nacional. Las quemas de libros nacional socialistas a su lado, no pasarían de ser una fogata. Ardió el Archivo nacional con sus diez millones de registros del periodo republicano y otomano. Luego fueron la biblioteca de Awqaf y las bibliotecas universitarias. Los norteamericanos no tuvieron tiempo de hacer mucho para defender el patrimonio cultural de la humanidad, aunque iban a implantar la democracia, porque estaban supremamente ocupados cuidando los yacimientos de petróleo y el Ministerio de Energía.

La invasión norteamericana abrió la caja de pandora, de donde salieron todos los demonios santos de los sunitas, chiitas y kurdos, para darse un festín de sangre y fuego por el que vengan ancestrales rencores, injusticias bíblicas, desaguisados milenarios,  que terminaron convirtiendo a Irak, con ayuda de Al Qaeda,  en un desolladero infernal. Mientras los ladrones de piezas, que las sacan clandestinamente por Siria, organizados en bandas armadas con AK-47, recorren el país para alimentar el mercado negro más culto de la historia.

Fueron evacuados 110.000 hombres, quedan 50.000 que saldrán el año entrante. Entre tanto y después de la evacuación final, serán los “contratistas”, una especie de mercenarios industriales creada por los norteamericanos, encargada de todos los hilos de la guerra sucia.

 Obama, muy campante, fue capaz de decir “prometí que acabaría con esta guerra y eso es lo que estoy haciendo”. Si el negro hubiera dicho la verdad, habría afirmado: Prometí que acabaría con esta guerra, pero no pudimos, aún así cumplo con la promesa de retornar 110.000 hombres a casa. No sé cuántos muertos más signifique nuestra permanencia hasta agosto del 2011”.

 

“El mensaje de la bomba es mafioso”

“El mensaje de la bomba es mafioso”

“De confirmarse que el ataque a Caracol no vino de las guerrillas, sería obvio que detrás de todo podrían estar unos energúmenos que ahora se sienten huérfanos de poder o que creen  que nadie más es capaz  de persistir en el empeño de perseguir a los alzados en armas” dice Ramiro Bejarano en su columna de El Espectador del domingo 15 de agosto. En la misma fecha Felipe Zuleta escribe:”A su vez la pusieron (la bomba) en una zona de estrato seis, para que los habitantes de la zona piensen que sólo habían pasado cinco días desde que salió Uribe para que las Farc volvieran a tomar a Bogotá”.

Un bombazo a Caracol, léase: contra Darío Arizmendi, Julio Sánchez y Feliz de Bedout, pone las cosas como si los periodistas de Caracol fueran los mayores blancos  elegidos por las FARC, o por la derecha terrorista, que “habla” por el depuesto régimen. En la interpretación editorial de Zuleta, la razón por la que ponen la bomba en el estrato seis, es determinante para pensar que fue la derecha terrorista. Bejarano propone una situación condicional, “de confirmarse que el ataque…” Pero aunque deja la puerta abierta, más adelante hace una caracterización de los terroristas, que no deja duda del origen de la autoría. “…esos que solo creen en la política de sangre y fuego, aquellos que reclaman que no cese la guerra, los que cantan el himno nacional haciendo gestos patrioteros…hombres providenciales que son capaces de todo, hasta de cavar con lo que supuestamente más aman”.

No hay dudas, lo que Bejarano y Zuleta nos están diciendo es que estamos frente a una cosa que coloquialmente podríamos llamar el “terrorismo uribista”. No han pasado quince días del nuevo gobierno, para que las lacras infectadas, lacerantes, extendidas y profundas del antiguo régimen comiencen a aflorar. A Babas Pretel lo destituyen con una imputación criminal, ser la cara de la moneda del cohecho a la que se debe la segunda elección de Monseñor. Cesar Mauricio, que reemplaza a Babas, se va a Italia imputado, encochinado, comprometido en la investigación sobre  las chuzadas. Fernando Londoño inhabilitado por doce años, el gobernador uribista del PIN, Juan Carlos Abadía, inhabilitado por diez. Uribito, llamado a declarar por el delito de lesa humanidad de robarse el dinero de los campesinos, para pagar favores de campaña del patrón. El hermano de Valencia Cossio, condenado. Edmundo del Castillo y Jorge Mario Eastman, llamados a declarar dentro del proceso de las chuzadas. Dilian Francisca hasta el pescuezo en la investigación por vínculos con el paramilitarismo. Ochenta socios electorales de Monseñor en la cárcel. Sería una injusticia que Pachito Santos terminara en la Modelo, mientras Honesto Samper sigue libre. El único que no está imputado es el Mono Holguín Sardi. ¿Cómo? Si se la pasó todo el tiempo durmiendo.

De creerles a los editorialistas, de aquí en adelante, la sociedad civil y el Estado estarían expuestos a un doble fuego, de las dos vertientes del terrorismo nacional. Los investigadores, por lo que saben, han dicho que los patrones de la acción no son los del las Farc, se trataría  pues,  de terroristas más chapuceros, más dolidos, más patrióticamente viscerales, que se presentan en su premier como los viejos-nuevos actores, reciclados del conflicto.

Que el bombazo haya sido de baja intensidad, en hora muerta y contra un medio, lo que indica es que se trató de un anuncio, de una advertencia contra los periodistas de Caracol. Si Caracol hubiera desaparecido, si el poder del bombazo se hubiera parecido al de Escobar contra el edificio de Das en Paloquemado, o como el de las Farc en el Nogal, RCN, tendría hoy un competidor menos.     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ananda Bazar Patrika

Ananda Bazar Patrika

La dignidad del comercio

La dignidad del comercio

Monseñor Uribe se jactaba de que había hecho valer la dignidad por encima del comercio, en su litigio con Venezuela. Dignidad que nos costó medio millón de empleos, un punto del PIB, caída de las importaciones del noventa por ciento, crispación de fuerzas y agrietamiento de la unidad continental. Cosas muy menores, comparadas con la dignidad de la seguridad democrática.

La prosperidad democrática del Santo, a la luz de los hechos acontecidos desde el momento en que es él el que da las órdenes, ha cambiado el rumbo. Ahora el Santo y su Canciller se van a tragar los sapos de la seguridad democrática, van a bajarle tensión a la reclamación, renuncian a la verificación, desinflan la “espectacular denuncia” en la OEA, aceptan a la Unasur como garante suficiente y como palabra de estado, deben aceptar que Venezuela ni patrocina, ni alberga, ni apoya a los grupos terroristas colombianos. Bendito sea el comercio, que no ata a ninguna de esas dignidades. La “tercera vía” prefiere el comercio.

Para completar la escena, hace dos días, la Corte Constitucional echó para bajo el acuerdo de Colombia con USA para la utilización de siete bases colombianas. Fue un acuerdo que no pasó por el examen del Congreso. No tiene validez. Mico-mandante podrá respirar mejor, así no le guste el Santo. Del que ha hecho el siguiente cuadro: aristócrata santafereño, de familia dueña de medios, mafioso, belicista y un peligro para la región. Todo lo contrario a él, salvo en lo de ser un peligro para la región. Aún así hay que ir a Santa Marta a estrecharle la mano, a decir que cree en su palabra, para activar todos los mecanismos de restablecimiento binacional.  Todos son potencialmente un peligro para la región.

Hay beneplácitos mutuos. Santos dicen que es “pragmático”, lo que significa que no le importa la dignidad, que le importan los negocios, le gustaría que le pagaran a los industriales colombianos la cartera pendiente, le gustaría que le abrieran el mercado, que se abrieran las fronteras, que dejaran tranquilo al contrabando. Mico-mandante necesita regularizar las relaciones para las elecciones, necesita el mercado colombiano, bajar costos de importación, abastecer las tiendas y reducir las tensiones.

Se necesitan. ¿Cuánto va a durar la luna de miel entre el par de zorros? Es la pregunta que se hacen quienes creen conocer a Mico-mandante. Hay quienes se preguntan si la actitud diplomática frente a Venezuela, del gobierno del Santo, no equivale a enmendarle toda la plana a Monseñor. Que Mico-mandante sea más amigo de las FARC que de los aristócratas santafereños, ya no será un asunto capital para definir el curso de las relaciones.

Al desideologizar las relaciones con Venezuela, el gobierno del Santo está sacando de la agenda a las FARC, con el claro objetivo de liquidarlas por dentro. No es peleando con Mico-mandante, sino reduciéndolas militarmente, como se maneja el asunto con Venezuela. Pero a diferencia de las épocas de Monseñor, el péndulo después de ocho años, regresa al punto donde se abre la puerta a las conversaciones. El Santo sabe que no es lo mismo conversar con las Frac hoy a hace ocho o seis años. Y además, está seguro, que militarmente seguirá en ascenso.

Yo me pregunto: ¿La distancia que toma el gobierno del Santo frente al de Monseñor, es pactada, o resulta de una división política de fuerzas en la coalición de gobierno, frente a las relaciones Chavez-Farc?   

La nausea

La nausea

¿Qué es lo que en realidad vomita un anoréxico? Desde luego vomita lo que come, pero más allá de la devolución de una masa - que tranquiliza sin nutrir - se vomita a sí mismo. Se rechaza rechazando un miedo. A los anoréxicos la cultura en occidente y oriente les introdujo una compota envenenada: el temor psicótico a la gordura. El mismo horror que los barrocos sentían por el vacio, lo sienten ellos por la obesidad.

El horror al cuerpo tiene tradición. El horror doctrinario de las iglesias, el islamismo y el catolicismo, por el cuerpo expuesto, por el desnudo, las carnes. Un horror de sabor pecaminoso, que sugiere el horror a la condición corporal del instinto. El horror medieval al cuerpo del leproso, por el horror a la contaminación, más que por un gesto de piedad. El horror al cuerpo tatuado sobre las rudas carnes, que la moral reinante atribuyó a marinos y ex presidiarios. El horror a los enanos, a la desproporción contra natura. La anorexia es el horror cultural más moderno al cuerpo. Es la patología más perversa, porque devuelve al que la padece contra sí mismo. Por eso se vomita.

No conozco anoréxicos, lo cual me lleva a intuir una relación perversa entre patología y género. Las anoréxicas que conozco son criaturas manipuladas, víctimas de la experimentación con el miedo, que se horrorizan con las mujeres de Rubens y Botero, y aman las de Giacometi y las de Bacon. Rechazan el cuerpo generoso, los cuerpos que ofrecen mucho de donde tocar, el esplendor de las carnes feromónicas. Primero muertas que gordas, es su consigna.  

El veneno cultural es un mensaje implícito y explícito: si eres gorda nadie te va a querer. Un mensaje que se condensa en idea fija, y que revela la otra cara del déficit, el temor a no ser queridas. Se teme al cuerpo gordo, más que por la gordura abstracta, por ser la causa de que no me quieran. Un mensaje absolutamente perverso y falso que convierte a la anoréxica en suicida programada.

A las anoréxicas les cosificaron la imagen del cuerpo y el cuerpo mismo, eficazmente retocado por el éxito de las compotas que regalan los medios masivos y la publicidad. Son portadoras positivas del modelo de desnutrición psicótica, que baja los índices de asimilación, los niveles de defensa inmunológica, la eficiencia metabólica. Al haberles introducido la compota, es como si les hubieran programado un dispositivo interno de muerte lenta.

Lo más grave de una anoréxica es que sea consecuente con su consigna. Así se matan a un ritmo más acelerado que el estándar, porque el modelo las induce contra su propio cuerpo. La ingesta ya no se hace para nutrir, es un placebo alimenticio, que intenta frenar con ansiedad la sensación inevitable del hambre. Lo más pavoroso de la trampa es que por huir de la gordura, como de la plaga, terminan matándose.

Cuando Benetton colocó un valla enorme en las ciudades de Europa con la foto de cuerpo entero de una anoréxica semi acostada, la sociedad protestó, protestaron las mujeres, las anoréxicas, la academia, y claro está, los políticos, como hubieran protestado si se mostrara a un niño sudanés muriéndose de hambre bajo un enjambre de moscas, o a una nigeriana víctima del sida, tirada en una estación de bus, o a una afgana mientras es lapidada.

La mujer de la valla era una  flacucha, desteñida, casi verde, esquelética y escuálida. Todos dijeron que era una imagen agresiva. Benetton dijo que era necesario poner de cuerpo entero el cuerpo del problema. La imagen estaba llamando a que los europeos reaccionaran de alguna manera frente a un problema de salud pública, a una enfermedad cultural muy agresiva que se halla en expansión.

Si no nos gusta mostrarnos enfermos, menos nos gusta que nos muestren enfermos, porque tenemos otro horror, al cuerpo que se aniquila, que se auto elimina, que se rechaza a sí mismo, en la tentativa casi desesperada de huir de la imagen amenazante que introdujo una corrompida compota envenenada.

Bye, bye Monseñor

Bye, bye Monseñor

Si me tocara componer, para un futuro libro de historia de Colombia, una página sobre Monseñor Uribe, diría:

Álvaro Uribe Vélez. Presidente de Colombia entre 2002 y 2010. Hubiera podido ser hasta el 2014, si la Corte Constitucional hubiera obrado sin independencia. Su gran legado es la “refundación de la patria”, valiéndose de todos las formas de lucha. Fue un gamonal paisa, hacendado, paterfamilias y máximo ideólogo de la seguridad democrática. Combatió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, desde el primero hasta el último de los días de su gobierno, ganó muchas batallas, pero no ganó la guerra. Lo que consiguió fue que se pasaran del lado de Venezuela. Con cuyo gobierno revolucionario tuvo las más productivas, respetuosas y cordiales relaciones, que gobierno alguno haya tenido con sus vecinos.   Se lo conoció como el hombre que sostenía un tinto a lomo de caballo, sin que se le derramara una gota. Fue un creyente fervoroso, católico, apostólico y romano, hombre de camándula y comunión. En una memorable ocasión se le apareció a la virgen de Fátima, en Portugal. Puso el gasto de guerra en los cinco puntos del PIB, y a su gobierno como un largo tapete extendido a la Casa Blanca, en la que tuvo a George Bush – tan de feliz recordación – como su amigo, mentor y aliado continental. “Un hombre genial e irrepetible”, según feliz caracterización que hizo de él, el Presidente Santos, quien lo sucedió en el cargo. Uno esperaría que de verdad, fuera irrepetible, si no es demasiado pedir. Su legado es noble e invaluable, dio a su país una demostración memorable de obstrucción a la justicia. Se hizo reelegir mediante la figura del cohecho, contenida en esa magnífica página de democracia sucia, que se conoció como la de la “yidispolítica”. Casi noventa de sus socios políticos en el proyecto de seguridad democrática terminaron en la cárcel, por diferencias con sus antiguos socios, que los delataron, por lo que terminaron siendo extraditados.  Se supo rodear siempre  de los mejores hombres de la patria, los más nobles patricios, preclaros e insignes, como Fernando Londoño Hoyos, José Obdulio Gaviria, Edmundo del Castillo, Carlos Holguín, Valencia Cossio, Juan Manuel Santos, Sabas Pretel de la Vega, y Andrés Felipe Arias. Fue el arquitecto magistral de una campaña clandestina e ilegal de seguimiento telefónico a las altas cortas, sus magistrados, a periodistas, investigadores, congresistas, sindicalistas y políticos de oposición, que se conoció como el “expediente de las chuzadas”. Utilizó con creatividad e ingenio a su policía política – llamada DAS – para el control técnico político de sus adversarios. Permitió que se implementara una estrategia militar conocida como el “sistema de falsos positivos”, que estimuló a sus tropas, elevó su moral de combate, mejoró su identidad militar, a través de estímulos debidamente aplicados. Fue así como dio de baja a cerca de 3000 infiltrados en  las fuerzas armadas. Recibió el país con una tasa de desempleo cercano al 12% y la entregó con un próspero y transparente 14%. Tras haber hecho dejación del cargo fue invitado por las Naciones Unidas, a trabajar en la comisión de investigación sobre el asaltó israelí a los miembros de las embarcaciones turcas que llevaban ayuda al pueblo de Gasa. Un año después de haber dejado el cargo fue llamado, por la Corte Penal  Internacional, a que respondiera por delitos contra los derechos humanos durante el ejercicio de su gobierno. Mientras era juzgado, en un proceso que se prolongó por casi dos años, pereció. Su tumba es visitada todos los años por centenares de peregrinos paisas que no lo olvidan. Actualmente se tramita ante el Vaticano un proceso de beatificación”.

 

 

La maravillosa vida breve de Oscar Wao

La maravillosa vida breve de Oscar Wao

Oscar Wao es un gringo dominicano que pesa 300 libras, desafortunado en el amor y pintado en la última parte del poema de Derek Walcott, que Junot Díaz - el autor - pone en la primera página:

           "Solo soy un negro pelirrojo enamorado del mar,

            recibí una sólida educación colonial,

            tengo algo de holandés, negro e inglés,

            así que no soy nadie, o soy una nación”.

Oscar Wao es la pronunciación en inglés dominicano de Oscar Wilde, el maricón inmortal. La novela fue Premio Pulitzer en el 2008, concedido al dominicano de nacimiento, Junot Díaz, hijo de Virtudes Díaz, y adoptado como escritor norteamericano, profesor de escritura creativa en el MIT. Díaz escribe en inglés y le traduce Achy Obejas, que más que un nombre, parece un coloquial pseudónimo. El libro está dedicado a Elizabeth de León y contiene el agradecimiento final a los nueve clanes que le ayudaron a escribir.

Oscar, el nerd del gueto del fin del mundo, Lola su hermana, Belicia su madre, la Inca su abuela, el narrador su amigo, e Ybón, su amor, son cada uno y a su vez centros de una novela sin centro, que avanza con la perfecta armonía de una bola de billar. Todos son protagonistas, porque la protagonista es la familia, sobre la que caído el fukú. Es una novela desdoblada, entre la vida en USA y la vida en la isla, sobre las que ha caído como mierda, la maldición, la llevadez, la infamia, el trujillato, el desarraigo, la enfermedad y el desamor.

  “Dicen que lo primero vino de África, en los gritos de los esclavos; que fue la perdición de los taínos, apenas un susurro mientras un mundo se extinguía y otro despuntaba; que fue un demonio que irrumpió en la Creación a través del portal de pesadillas que se abrió en las Antillas: Fukú americanus”. Una tragedia que para nuestros personajes consiste en no ser ni de aquí ni de allá, en no ser queridos en ninguna parte.

 Todo lo que quiere Oscar es amor, se conformaría con un beso de verdad, pero el fukú le pesa sobre su última y más grande necesidad, la de todos. Va a creer que lo encuentra – porque necesita creerlo – en una vieja puta dominicana, Ybón, por la que regresa a la Isla a morir, tras lo cual el narrador deberá  preguntar si no seremos más, que diez millones de Trujillos.

 La historia a varias voces está contada con sabrosura, con swing, a ritmo de deliciosos localismos, cabrerismos, juegos de palabras, dominicanismos, que le dan un sabor a novela encoñadora, a novela musical. Una novela fusión de culturas, de lenguas, ocupada en contar una historia de la vida, aunque todas lo sean, pero de una vida tan cruda, que no necesitaría de la ficción, más que para darse un clima literario, salpicado por largos píes de páginas históricas, que nos ponen a sentir en la crónica de una familia, la crónica de una nación, como Rushdie, Naipaul, Coetzee, Morrison lo han hecho, pero a un ritmo melódico, que lo hace a uno sentir como si la novela no fuera para leerse, sino para bailarse.  

De cuernos y derechos

De cuernos y derechos

Es posible que los toros tengan alma. Y posible que los toreros también. Si hasta la edad media, las mujeres no tenían alma, es posible que en la globalización del siglo XXI, la psicología animal descubra el alma de los cornudos. En tal caso los defensores de los derechos de los animales tendrían un argumento tan fuerte, como el argumento de que los indios también tienen alma y por tanto no se los puede salir a cazar, como quien caza chigüiros.

Que Cataluña haya prohibido las corridas de toros a partir del 2011, envalentonó a las huestes anti taurinas y alertó el alma festiva de los taurinos en el mundo. Alfredo Molano, Antonio Caballero y César Rincón, han sacado a bailar un argumento cultural fuerte para la defensa, el de la tradición, que tanto tiene que ver con la identidad.  El argumento es: no es democrático prohibir las tradiciones populares de los pueblos. Molano se encarga de aclarar, que la defensa, no coincide para nada con el punto de vista de Tradición, Familia y Propiedad.

Los defensores, con su argumento, se ponen en una posición demasiado conservadora. Me pregunto, si toda tradición, por ser tal, debe respetarse, prolongarse y defenderse. Es una tradición el asesinato, el robo, la mentira, el engaño, la demagogia, la pólvora, la monarquía, el contrabando, la piratería, la ablación, la lapidación. Desde la Biblia y las Mil y una noches, se consagraron como tradición en la historia de todos los pueblos. ¿Y acaso deben defenderse para prolongarlas? Una buena parte de la modernización democrática consiste en abolir tradiciones que no son compatibles con el proyecto de sociedad moderna. Esa sociedad abierta, plural, democrática, que garantiza de hecho los derechos a todos por igual.

Los detractores de la fiesta invocan a favor los derechos de los toros, el derecho a no tener que morir ahogados en su propia sangre, el derecho general a que el dolor de ninguna criatura viva sirva de espectáculo de nadie. No tenemos el derecho de infringir dolor a ninguna criatura, con alma o sin alma. Es tan altruista el argumento, que no ha faltado quien sospeche detrás de él un inmenso fariseísmo.

La fiesta no atenta contra ningún derecho fundamental, dicen los defensores. Y desde luego, tiene razón, el derecho de los animales no está consagrado, luego no puede atentarse contra él. Lo que a hoy existe es la prohibición internacional para la caza y pesca, de algunas especies. Prohibición que las empresas de alimentos violan todos los días. Por lo demás, en todos los mataderos del planeta, se siguen sacrificando vacas, toros, bueyes, ovejas, llamas, camellos, caballos, burros, gallinas, micos y peces, de la manera más dolorosa, “inhumana” e industrial, que cualquier defensor pueda imaginar. La vida de los pollos criados con luz 24 horas, sin espacio para moverse, con sobredosis de esteroides, o la de los cerdos industriales con droga anti estrés, para que no dañen la carne cuando perciben la cercanía de la muerte, es mil veces más cruel, más prolongada en la sevicia con que se los ceba, que la muerte transida de un miura en las Ventas.

Los defensores de los toros, tendrían, para ser completamente consecuentes, que luchar por la prohibición de la muerte de todas las especies animales, que sufren antes y durante la muerte. Y no sabemos aun, mientras no se dirima lo del alma, si después también. 

¿Pero qué coños es lo que tanto les gusta a los taurinos? ¿El arte del torero y la reciedumbre del ejemplar? ¿O el hecho de la muerte? Si los taurinos son como los paganos que atestaban el coliseo romano para ir a complacerse en el espectáculo de leones africanos comiéndose unos desnutridos cristianos, si es la muerte la que los convoca y excita, la muerte su motivo, su catarsis colectiva, no hay nada que hacer.

Si el alma de la fiesta brava, no es la muerte del toro como tal, sino el arte de enfrentarlo con maestría, un punto de acuerdo, en el que se respetaría tanto la tradición popular como el derecho animal, sería consagrar como única modalidad de fiesta brava, donde existe la tradición, el toreo portugués: sin muerte y con fado en vez de pasodoble.

Bautismo y extremaunción

Bautismo y extremaunción

Cualquiera que sea un poco supersticioso, podría pensar que fue cosa del demonio que no descansa, y que en sana lógica, también goza del recurso del “libre albedrío”. Un cura de Moldavia - Vaceslav Ungureanu – ahogó a un bebé de seis semanas, en la pila bautismal, mientras oficiaba el santo sacramento. Lo que a su vez, llevaría a que por seguridad industrial se promoviera una reforma de las iglesias, por la cual se sustituyeraa el bautismo por inmersión, por el de aspersión.

“El cura no cubrió la boca del bebé cuando lo sumergió en la pila bautismal”, aseguran varios testigos del hecho. “Puso una mano sobre su cabeza y otra sobre su entrepierna y lo sumergió”. Tanto el padre como la madre, no creen que el cura no supiera lo que hacía. Y si lo sabía, entonces técnicamente lo que hubo fue una lamentable confusión sacramental, el bautismo por la extremaunción. Lo cual, más allá de las implicaciones penales, debería hacer reflexionar a los fieles sobre la responsabilidad de Dios en el asunto, porque nadie en sus cabales podría argumentar que él no está moralmenbte implicado en los hechos.

Por su parte, el clérigo, como cualquier clérigo que se respete, negó cualquier responsabilidad en el hecho. La policía de Rascani, al noreste de Moldavia, continúa las investigaciones luego de que un forense confirmó la muerte por inmersión del bebé.

El terrible momento quedó registrado en la cámara de uno de los participantes, encargado de filmar el evento, tal como se muestra en el video que circula profusamente en youtube. Por su naturaleza evangélico-criminal, no se recomienda el video para menores de edad y personas de alta sensibilidad religiosa. Podría ofender susceptibilidades.

Moldavia horrorizada, debería apelar más que a la justicia  ordinaria, a la justicia divina. Tribunal supremo, en cuya sabiduría están los recursos para aclarar la naturaleza criminal del hecho bendito, que compromete no solamente la naturaleza del arcaico rito, sino la de la omnipotencia divina.

Porque, aunque no haya sido una acción voluntaria el crimen cometido por el cura, los padres y los parientes, jamás entenderán, cómo fue posible que Dios permitiera tal cosa. Y si fue voluntario, extrema aplicación del libre albedrío, entonces definitivamente estamos frente a un expediente del demonio. ¡Dios nos libre!

 

¡Oh gloria inmarcesible!

¡Oh gloria inmarcesible!

Venezuela, Colombia, la OEA, la ONU, la CIA, la Secretaria de Estado, los medios, los gobernadores de frontera, los  servicios de inteligencia de ambos países, y naturalmente los ganaderos venezolanos que están siendo extorsionados y secuestrados por las Farc en su propio país, saben que las Farc operan en Venezuela con el apoyo del gobierno de Hugo Chávez.

La mayor desgracia en la circunstancia del conflicto entre  Colombia y Venezuela, es que sean Uribe y Chávez quienes estén al mando. A ambos lados de la frontera y a nombre de la dignidad, ambos se “equivocan” de mala fe en el manejo de las relaciones bilaterales, porque ambos anteponen los obcecados propósitos de sus proyectos paranoicos de Estado, a las necesidades de los dos pueblos.

Ayer asistimos al “último acto” de una ópera bufa, patrocinada por la acción oblicua, de un par de gobernantes sin gracia, que ninguno de los dos países se merecería, aunque los pueblos se merezcan a sus gobernantes. La solicitud de Colombia a la OEA, para que se ventile la presencia aupada y patrocinada por el gobierno venezolano de las Farc en Venezuela, tiene un sabor extemporáneo, oportunista, maniobrero de Uribe, que no quería irse sin haber estrangulado las relaciones. El debate se debería haber dado hace dos años, cuando se tuvieron las primeras pruebas documentadas. Y la respuesta venezolana, que no vino a agregar nada nuevo a la situación efectiva de deterioro binacional, de romper relaciones con Colombia, aprovechando la visita casual de Dieguito Maradona al palacio de Miraflores. Una señal inequívoca y radical de que Venezuela no va a permitir ninguna acción de verificación internacional en su territorio.  

A pesar de la denuncia colombiana, ningún país miembro de la OEA condenó a Venezuela, en este sentido Colombia se quedó sola. Se limitaron los miembros del lánguido organismo  a ofrecer insulsas declaraciones de ocasión a favor de la mediación para el pronto  re establecimiento de relaciones.

Babosa y meliflua la diplomacia de Uribe en la OEA. Meliflua y babosa la acción de la OEA, frente a un caso que debería prender todas las alertas continentales (aunque Colombia nunca haya gozado del reconocimiento de terroristas a las Farc, por parte de los países miembros de la OEA) y meliflua y babosa, la cortina de humo de Chávez, rompiendo oficialmente unas relaciones que ya estaban rotas, como respuesta chata y torpe a las denuncias en la OEA, y como recurso de oportunidad para tener un motivo patriótico para promover la campaña electoral de septiembre.

De la insulsa OEA no salió una exigencia perentoria de verificación, que sería el único paso práctico, buscado con la acción colombiana en la sesión extraordinaria de la OEA donde exhibió sus pruebas. Ahora bien, o el carácter de las pruebas es deleznable, porque son artificiales, y porque responden a un montaje mediático, como lo dijo el Embajador Charendton, o las pruebas son sólidas, suficientes, como para que Colombia pueda presionar legítimamente, para que una comisión internacional de verificación, vaya a Venezuela y confirme, si en el sitio que dice Colombia que están los campamentos, efectivamente están o estuvieron – porque a estas horas se debe estar produciendo, por obvias razones de seguridad un movimiento de tropas – los comandantes de las Farc en el cálido exilio venezolano.

Sin embargo, para efectos prácticos, en medio del aire melifluo y baboso que encubre la perversidad política de los actores del conflicto bilateral, da lo mismo que las pruebas sean o no un montaje,  porque la frontera venezolana ha estado, está y estará cerrada para cualquier tipo de verificación. Y ningún organismo – de toda la ristra babosa de organismos internacionales - tiene la competencia para forzar ya condiciones de verificación. Por tanto, la situación seguirá siendo, la de una tensión sin salida, la opera disonante de Chávez y Uribe, hasta el siete de agosto.

No nos los merecemos, y si nos los merecemos, es porque somos países tan babosos y melifluos como los gobernantes, conque la providencia nos castigó. Uribe ha debido dejar el asunto en manos de Santos, si en algo lo estima como su sucesor, y Chávez en vez de romper con Colombia, debería haber roto con las Farc.  

El secreto de tus ojos

El secreto de tus ojos

Si no fueron los ojos de la actriz - Soledad Villamil – que de paso presta a Irene Hastings,  no sé que pudo haber dado lugar al nombre. A esos ojos bien vale la pena concederles el nombre y el alma de una película.

 El secreto de tus ojos, está dirigida y escrita por Juan José Campanella con Eduardo Sacheri, a partir de su primera novela, La pregunta de tus ojos.
Le valió el Óscar a la mejor película extranjera del 2010, votado por un jurado en el que estaban Tarantino y Almodóvar. Un reconocimiento a la carrera de Campanella, una vida entera dedicada al cine.

 Tres cosas importantes: el guión, la tecnología y el reparto superlativo. El guión es de relojería, tiene ese cuidadoso mecanismo esférico, que hace que la historia ruede como una bola de billar, algo de la misma perfección de Nueve reinas de Bielinsky, aunque más espontánea y fluida. Es una historia de una armadura casi artesanal en todos sus hilos, en el oscilar perfecto entre el presente, cuando Benjamín Espósito ya está jubilado, y el pasado, cuando trabajaba en el juzgado y conoce del crimen. Ambientada en Buenos Aires a lo largo de dos décadas, incluyendo los años de plomo. La película no intenta explicar que los argentinos sean así, no hay una tesis, es un relato de crimen y amor, hasta las más extremas consecuencias: la venganza y el amor que se perdió. Es un film hecho por un amante del cine que descree del prestigio del tedio.

 Hay un plano secuencia, el del estadio, que nos intriga a todos, espectadores y realizadores. Hace parte de la diversión, que todos queramos saber “cómo lo hizo”. Sólo diré – dice Campanella - que nos llevó dos años de preparación, tres días de rodaje con actores y 200 extras, y nueve meses de postproducción, empleando en parte el programa Massive, que usó Peter Jackson en El señor de los anillos, para rellenar un estadio de futbol con más de diez mil personas, generadas en 3D con un resultado a la altura de las producciones de Hollywood. Es la primera y única película latinoamericana que hasta hoy ha utiliza esta herramienta.

La actuación de Ricardo Darín, el señor actor del cine argentino, Soledad Villamil, un par de ojos inolvidables que matizan una actuación soberbia  y de Rago, son un seguro de éxito, que hace de El secreto de tus ojos, una película que huele a premio, que bien vale la pena ver más de una vez, y que ingresa a la lista de nominados internacionalmente, que ratifica el primer lugar del cine argentino en Latinoamérica.

Solamente un bache, en el guión. Que el comienzo  de la búsqueda, que lleva a Espósito a encontrar el enmarañado hilo de la trayectoria de un asesino brutal, se haga de una manera tan inmotivada, fácil, arbitraria, sin articulación lógica argumental, utilizando el cotejo de las fotos de un álbum familiar en el que la víctima aparece, entre otros muchos, acompañada por el asesino. Un recurso del guionista que no encontró otra alternativa para la resolución de la trama. Un facilismo, que ante tanta calidad se perdona.  

Yo, también

Yo, también

Ella: ¿Por qué sientes que me quieres?

Él:    Porque contigo puedo ser normal.

Ella: ¿Y para qué quieres ser normal?

Pablo Pineda, en la vida real es un mongólico, que hace el papel de un mongólico – en la película de Álvaro Pastor y Antonio Naharro - que se enamora de una mujer normal, la que podría llegar a enamorarse de un mongólico, aunque se gaste la película entera tratando de aceptar que pueda sentirse atraída por un mongólico.

Yo también, yo también, parece ser el grito más o menos desesperado de una población especial que ha sido extrañada dentro de los linderos de su propia especie. A la que la sociedad entera, la educación, la religión, la familia y el trabajo, han tratado como si no fuera de la misma especie. Terminamos colocándola en una monstruosa interdicción sobre el ente persona.

Yo también, es una desesperada alarma expresiva que atraviesa con sobriedad y solidez cinematográfica las barreras del silencio, es una grieta profunda hecha a la extrañación  y una comprobación biológica de que todos, todos, necesitamos excitarnos, enamorarnos, tirar, amar.

La película se instala en el espacio afectivo donde el instinto, las hormonas, el corazón, la razón, se dañan mutuamente, para hacer posible, creíble, efectivo el único conflicto que permite al director hacer una recreación de resolución de la diferencia, por vía de las ganas y el amor.

La expresión monstruosa de esa extrañación es el alma del sistema terapéutico con el que hasta ahora hemos tratado a los mongólicos, que consiste en enseñarles a ser como nosotros, para poderlos aceptar. Una terapia muy poco generosa, comparada la terapia de la película, la danza, el combustible de la atracción.

La danza de los mongólicos a pesar de su cotidiana gestualidad corporal emparentada con la gestualidad simiesca o la infantil, es fina, atinada, rítmica. En el baile sobrepasan la frontera de la especie, y dejen que el cuerpo se atraiga con el sentido de una corporalidad profunda, una biología que reacciona, en una puesta de escena sin conmiseración y sin patetismo.

Dos mongólicos que se encuentran en la danza, huyen de una pastelería llevando un ponqué y algunos billetes para irse a refugiar por un par de horas a unas residencias, el derecho que todos tenemos, lo que todos bien deseamos. Pero la extrañación, bien a nombre del amor o del cuidado, interviene interrumpiendo el amor de los mongólicos,  por la presencia de la madre, la policía, la prensa, los curiosos. Como si fueran de otra especie.

Yo también es una película especial, de gente especial y no especial, con un guión alimentado por el sentido de atracción en la diferencia,  que le  concede una originalidad especial, una belleza cruda e ingenua, reconocida en San Sebastián y en el Sundance, que hace que sea una de esas películas de volver a ver.

La sucesión

La sucesión

 “El crimen en plena gloria consolida la autoridad” decía Cioran, alma bendita. Tras las elecciones en las que el anaranjado Santos aplastó al verde Mockus, los comentaristas políticos se han enfrascado en un debate que intenta dirimir si el gobierno de Santos será la continuidad del de Uribe, o será el gobierno de Santos. Las versiones van entre las que aseguran que el perdedor real de las elecciones fue Uribe, porque Santos es Santos, y hará un gobierno diferente, autónomo, que no estará sujeto a la tutela política de Monseñor. Hasta las de quienes dicen que Santos será la continuación necesaria del uribismo por otros medios. Una prolongación con la misma política de estado, con la misma teoría y modelo económico y con el aura común de la nefasta Seguridad Democrática.

Yo más amigo de las mediaciones, diría que el gobierno de Santos no puede deslindarse del lineamiento uribista, porque es su resultado histórico, su remasterización política, su  engendro. Una cantidad mayoritaria de los políticos que lo apoyaron, lo hicieron precisamente porque les aseguró la continuidad: hacer hasta lo legal para sostenerse, todo vale, negocios para el círculo, lucha abierta contra las cortes, corrupción transparentemente administrada, demolición de la constitución del 91, utilización discrecional de la policía política, extradiciones políticas y agro ingreso seguro.

Pero de otro lado, están quienes se atienen al talante de Santos y están convencidos que su único destino es traicionar a Monseñor. Porque su naturaleza lo obligará, porque necesita redimirse de los pecados de Monseñor, quitarse de encima las acusaciones heredadas, el peso de la ristra de fracasos en relaciones internacionales, agricultura, empleo e infraestructura. Seguramente va a necesitar que la sucesión no le imponga la enjundiosa responsabilidad de defender a la ristra de criminales imputados que lega el gobierno de Monseñor.

Santos será tan dependiente como independiente en la acción política para sostener la coalición en que basa su gobernabilidad, el pacto clientelista que él llama de “unidad nacional”. Si se deslinda, si cobra distancia, perderá el apoyo de los huérfanos del poder que buscan saciar su ayuno en un gobierno de unidad, y el de quienes están convencidos que las condiciones y las garantías, deben ser exactamente las mismas que tuvieron con Monseñor. Pero si no se deslinda, el peso de la herencia lo aplastará.

No quisiere estar en los zapatos de Santos. Su “tercera vía”, más pronto que tarde, le impondrá traicionar y ser traicionado. Lo cual no deja de ser un doble juego afiladamente peligroso para la subsistencia de su “unidad nacional”. Así  comienza uno a explicarse cómo un hombre sin ningún carisma, aliado de todos los gobiernos, mimado del poder y los medios, sin “credenciales morales para gobernar” (Zuleta Lleras), pudo haber concitado el apoyo clientelista que le permitió una cómoda mayoría del 85% en las cámaras y una votación sin precedentes, la mayor que cualquier candidato en el pasado haya tenido en Colombia.

Santos tendrá que jugar entre la doble agua, la de beneficiarse de su condición publicitada de ser el sucesor,  por lo que sus aliados lo acompañan, pero rehusando tener que pagar el alto costo histórico de los últimos ocho años de equivocaciones y desmanes de su antiguo jefe, el que será el ex presidente más incómodo que haya tenido el país.

El turno del escriba

El turno del escriba

 No son muchos los libros que hoy me causan la deliciosa ansiedad de otras épocas, que me obligaba a salir de casa para ir a la librería. Aún así, cuando en marzo del 2005, leí en un diario argentino, una entrevista a Graciela Montes y a Ema Wolf, por el recién concedido Premio Alfaguara, sentí una gana grande de salir a buscar el libro. No lo hice en ese momento, y pasó mucho tiempo antes de que llegara a mi propia librería. No podía ser más atractiva la historia que prometía El turno del escriba. La de un libro – en formato diario – que el veneciano Marco Polo, relató a Rustichello, el escriba pisano, tras haberse encontrado ambos en una misma mazmorra genovesa en el 1298.

Yo conocía los diarios de Marco Polo, las aventuras de un viajero europeo, el primero que llegó a la China, pero me conmovía que alguien – dos encantadoras señoras a quien había conocido antes del Premio – me contaran cómo fue el dictado, los pormenores de esa íntima relación de la palabra, entre quien la dice y la escribe, en una sucesión difícil de acuerdos y concesiones, solo merced a las cuales llega a ser posible el libro. Rustichello, con las mañas propias de escritor y editor, hizo sutiles y vulgares arreglos a la versión oralmente referida, enmendaduras y remiendos, y en veces agregados, convencido de la necesidad de que el relato resultara noble y verosímil. Marco Polo protestó por lo que consideró intromisiones indebidas, pero Rustichello, además de haber recogido la versión, transcrita clandestinamente en medio de las más difíciles condiciones, fue también el editor de la crónica fantástica- a la que dividió en tres partes - de un viaje que sin salir del mundo, llevó a Marco Polo, a otro mundo.

Pero cuando llegué a la página cien y todavía no comenzaba la historia, sentí indignación profunda de lector. A cambio de novela, había recibido, en buena prosa, un cuadro casi etnográfico de costumbres de la Génova del siglo trece, una descripción amanerada y larga de su cotidianeidad mundana, la del puerto, la prisión y la vida en las calles. Una prosa que aun habiendo sido destilada cuidadosamente a cuatro manos, no me evitaba sentirla cargada, lenta, a veces amanerada,  regodeándose a expensas del lector, en una recreación engolada de la cultura urbana, en el mismo escenario donde unos poderosísimos personajes se despilfarraban, a costa de las bajas pasiones literarias, de un par de escritoras, a las que la historia se les fue de las manos.

Creo que con pocos libros había sentido tanta y aplastante frustración. El desocupado placer de dar vueltas eternas en el escenario, sin arriesgarse a la acción, el devaneo especulativo de las prosistas, su engolosinamiento con la cultura, les impidió avanzar, contar, contar, lo que se esperaba de ellas. El resultado es una novela pretexto, a la que le sobra la mitad. Descorazonadora por su falta de alma, por la falta de complicidad narrativa de las autoras con los personajes, por la falta de corazón con que la pareja que escribe desde el siglo XXI, se ocupó de narrar desde las tripas, el modo como esa otra pareja de prisioneros en el siglo XIII, escribió en la misma celda, en compañía de un imbécil.

Montes y Wolf no actúan como novelistas, lo hacen más como historiadoras, etnógrafas de ocasión, que se ocuparon de visitar todos los centros, universidades, museos,  archivos, institutos, a los que al final agradecen, para rastrear la cultura italiana de la época, con la que enajenaron la novela. Qué pálido resultado es, El turno del escriba, a gusto de un lector dispuesto a dejar que una novela arrase con su corazón ansioso.

No deja de sorprenderme que siendo una novela a cuatro manos, no se encuentre en una sola página, trazo del zurcido, el más mínimo bache, que interrumpa la unidad de estilo, que las dos argentinas encontraron para escribir lo que debiera haber sido una gran novela.

Casi dos meses me tomó terminar algo más de 250 páginas, que en otras condiciones no me hubiera llevado más que un par de tardes. Casi no puedo terminar el engendro etnográfico premiado por Alfaguara. Si lo hice, fue solo para concederle legitimidad a mi disgusto. Fui por lana y salí trasquilado.

 

 

Animales domésticos

Animales domésticos

El último libro de Antonio Garcia es de cuentos. El grupo editorial Norma le apunta al género, en manos de un autor, que con el mismo grupo publicó en el 2001, Su casa es mi casa, y en el 2006, Recursos Humanos. El libro tiene cuatro secciones, en las que el lector encontrará una gama surtida de calidades.

En Trapecistas, hay un par de cuentos que podrían olvidarse muy rápido. Impregnados de la aburrida cotidianidad en la que todos los personajes chapalean en buscan de un poco de afecto. Unas criaturas repetitivas, perdidas en la costumbre. No deberían ser los primeros, o hubieran podido omitirse.

En Héroes, hay un par de cuentazos, ambos en tercera persona. Gordito tiene tensión, suspenso, humor, sexo, yerba y aire limpio. Impecables recursos humanos. Cuentos que no se olvidan. Retrato de familia con Papá Noel, es un cuento bien contado, una historia poderosa, con una tensión que no deja decaer la gana del lector. Es inmensamente divertido y ágil. De los mejores del libro.

Testigos, como lo sugiere el título, está formado por un par de confesiones – primera persona – en los que además de la historia que se cuenta, vale de mucho el ensayo de hacer creíbles las voces de personajes que cuentan la tragedia de forma divertida, y la diversión de forma trágica. El gran Rafa, es contada por una niña de trece años a la que no le ha llegado la regla, y Bobby, es contado por un muchacho de diez años. Antonio logra hacer completamente creíble el tono y la cadencia de las voces testimoniales. Esa es una gracia, difícil de lograr.

Y Animales Domésticos, el último, que da título al libro, el más extenso, es la confesión de una señora colombiana viuda, mayor de cincuenta años, que se va a trabajar de sirvienta a casa de colombianos acomodados en Miami. Una mujer que menciona a todos los personajes que aprecen en su escena,por su nombre, pero que no nos cuenta el suyo, porque no importa, o da por sentado que cada lector le pondrá el que mejor le suene. María Helena, como la he llamado, cuenta hechos, ante todo hechos, no sa da el lujo de reflexionar. En algunas ocasiones hace un ligero ejercicio de introspección, que no altera el carácter extrovertido de su narración. La construcción de María Helena deja la sensación de que es ella la que cuenta, que su voz encarna la realidad de lo que cuenta en sus palabras. Un grado de construcción que oculta por completo la voz infundida del autor, como si hubiera logrado con su personaje femenino, un absoluto acuerdo de identidad, suficiente para que no se le noten las costuras al relato prolongado en primera persona.

Animales Domésticos es un libro en el que la memoria se surte de lo inolvidable; para lo otro, no hay memoria que valga. En Héroes la ricura de las historias, en Testigos, la tragedia recreada en la voz de sus protagonistas, frescos, vivos, creíbles. Y en Animales, la voz contundente, que recrea lo cotidiano, sin pretender ser más de lo que es el personaje que la invoca. Es lo inolvidable, sin duda, lo que hace que el libro de Antonio, merezca ser leído.

 

¡El diablo ha muerto! ¡Viva el diablo!

¡El diablo ha muerto! ¡Viva el diablo!

Si el Vaticano hubiera podido hacer con José Saramago - lo que hizo el imanato iraní en 1989 con Salmand Rushdie -,  lo habría hecho con teológica saña. Gracias a hombres como Saramago, hoy el Vaticano, no tiene una santa inquisición. Ya quisiera Vallejo, que con su Puta de Babilonia, el Vaticano le tuviera la mitad del odio que desplegó contra el portugués maldito. En la agenda católica oficial, Don José, deberá estar haciendo cola en los profundos infiernos, para ir a dar cuenta de la requisición.  

A Claudio Toscani, filósofo-columnista de ocasión, le  fue encomendado por L´Osservatore Romano, una necrología  a la muerte del novelista. Una de cuyas gracias fue haber sacado de quicio a toda la clerigalla vaticana. Podrá estarse de acuerdo o no con Don José, pero semejante gracia no se la da cualquiera.

El primer ataque es elogioso. Se lo culpa de haber sido fiel al marxismo hasta el final. El hubiera estado de acuerdo, y lo habría celebrado. Lo acusan de haber sido un hombre “sin admisión metafísica”. Como si se tratara de un club. Algo muy poco probable, tratándose de un evangelista, que transcribe el evangelio según Jesucristo. Para bien o para mal.

Toscani apunta a un problema capital, el de la libertad del escritor para “hacer mundos”, como si fuera Dios. Se titula: La omnipotencia (presunta) del narrador. Revive el expediente Rushdie. Pero a un autor – persona –, un ficcionador, embustero, exagerador, no se lo puede juzgar más que por su obra, es su jurisdicción natural: la ficción, distinta a la vida. Cualquier otro juicio – moral o civil – distinto al juicio estético, asalta la suspensión moral de la literatura, un cosmos de ficción. Que es un truco en favor del autor, se ha dicho. Aceptemos, pero un truco sin el cual no sería posible la literatura. Un truco modernista que consagra la libertad de creación. Un truco por el cual se diferencia civilizatoriamente la persona, del personaje, así ambos pro vengan de la máscara.   

La novela de Saramago es la de "una estructura autoritaria totalmente sometida al autor, más que a la voz narradora". Los ataques no son despreciables. Creo que el Vaticano entendió la hondura del dedo metido en la herida, como en Irán entendieron la broma clavada en la fe. Pero no por in despreciables, retorcidos. Es un pleonasmo decir que la obra es una estructura totalmente sometida al autor. ¿De qué otra forma podría alguien escribir una novela? Pero a lo que va el argumento  es a subrayar un acto de suplantación, que indirectamente cuestiona la existencia del personaje. Porque si la voz del narrador o la de los personajes se suplanta por la del autor, ellos se quedan sin voz, y como tal sin existencia. Luego no estaríamos enfrentados a un cuerpo de novela, sino más bien una pseudo novela que encubre el panfleto. Un recurso retorcido que sirve para despojar a la obra de Saramago, de cualquier calidad estética.

Más adelante: "un intento imaginativo que no se molesta en encubrir con la fantasía la impronta ideológica de eterno marxista". ¿Y si era un marxista visceral, como haría para escribir despojándose de su condición? ¿O es que Claudio Toscani podría deshacerse de su catolicismo visceral para escribir columnas fletadas en el diario del Vaticano? Pero lo que más hondo les caló, fue el tono, que ellos quisieron interpretar como "un tono de inevitable apocalipsis con un presagio perturbador que pretende celebrar el fracaso de un Creador y su creación". Que es tanto como ensayar un segundo despojo, más gravoso, que consiste en decir que la novela de Saramago es un canto a la muerte, que niega la vida. Don José no habría podido celebrar jamás el fracaso de un Creador, era un redomado ateo.

Un Papa que en su juventud lució la enseña de las Hitlerjugend, no debería estar atizando  odios cervales, a través de columnistas de segunda, como José Obdulio, contra un viejo comunista, al que alguna vez un alto prelado católico le preguntó, cómo se podía ser comunista después de la Perestroika, a lo que  Saramago  respondió, que de la misma manera en que se podía seguir siendo católico después de la inquisición.

El columnista sugiere que Don José habría enloquecido a causa de “la banalización de lo sagrado” o que la banalización, por gracia de su materialismo libertario, desestabiliza la fe de los lectores. Si una novela logra semejante hazaña, es porque la fe ya está perdida, o la novela es muy buena. En tal caso, lo que el vaticano siente por Saramago es una pecaminosa envidia.

Dice Luis Sepúlveda que para Saramago, "ser comunista en el confuso siglo XXI" era sencillamente "una cuestión de ética frente a la historia", más que de ideología. Quizás por esa ética lacerante de la que no se despojaba par escribir novelas, hizo verter ríos de bilis al Vaticano, lo cual, aunque es una fuente de contaminación  ambiental, es un mérito del portugués maldito.

El círculo de la U

El círculo de la U

 Uribe es Uribe y Santos es Santos. Pero entre uno y otro fluye la complicidad de un mismo proyecto de poder, que Santos se atrevió a teorizar como el de la “tercera vía”. El proyecto co-administrado de guerra de la seguridad democrática es el común rasero, el talante, el alcance, el hígado  de la Seguridad Democrática: el proyecto de refundación de la patria, que sirve a tipos como Uribe y Santos y a todos sus socios en el poder. El proyecto de Uribe, ya lo vimos durante los aciagos ocho años, es una conspiración. Hizo todo lo que un gobernante hace para sostenerse en el poder: utilizar “todas las formas de lucha”. 

El proyecto de Chucky se abre con el espectáculo reconciliador, unitario, patriótico, de la “unidad nacional”, que consiste en abrirle la puerta a todos, y a todos es a todos, incluyendo al PIN PAN PUN, alianza que Micomandante ha tachado de mafiosa.

Todos los derrotados de pasado uribista se deslizaron como pedestres batracios al círculo de la U. Los conservadores disecados y los tecnocráticos, como Uribito. Noemí se precipitó – le conviene hacerlo, quién quita que le den la embajada en Ecuador – en medio de airadas y chistosas reclamaciones de acuerdos programáticos. A Pardito, los liberales se le habían ido desde antes de la primera vuelta, los que quedaron adhirieron apenas se conoció el ganador. Pardo regresó de donde había salido: el uribismo. El papel del pereirano marrullero es ofensivo. Habiendo sido completamente derrotado, adhiere al vencedor, pidiéndole que prescinda de la cultura del atajo, que reconozca que no todo vale. Uribe debió haberle roto la cara, marica. Como si hubiera alguna diferencia entre el uribismo, que a Gaviria le parece un asco, y el santismo, un círculo de poder que le abre los brazos antes de su muerte política. Como si ambos proyectos hermanados por el sentido de la seguridad democrática, no se hubieran hecho valer justamente por coger los atajos. El “todo vale” es el común esquema de poder. Varguitas, derrotado, no tuvo otro camino, que unirse al contrario, comerse los sapos, explicando que todos los puntos de su programa serán adoptados. Él también cabe, porque como Pardo, está regresando a donde salió.

Adentro ya estaban todos los demás, medios, empresarios, bancos, terratenientes, intermediarios, la casta uribista empoderada, y el círculo de la U. Todas las banderas azules y rojas pueden venderse al mejor postor. Con la entrega el partido liberal y el conservador terminaron sus días. Existirán solo como clubes asociados de poder en el Congreso y en el Ejecutivo.

Hoy, un par de días después haber accedido al poder, Chucky terminó absorbiendo el viejo partido de su tío abuelo, Eduardo. Se chupó los trapos rojos desteñidos por el 8000. Se fagocitó los últimos restos del conservatismo, el humus del parasitismo del poder. Son curiosos los godos, estaban en el poder, se salieron para presentar alternativas distintas al uribismo, los derrotaron como se sabía y luego regresan al uribismo en manos de Chucky. Hubieran podio ahorrase toda la vuelta, y habrían seguido por solución de continuidad. Todos los que entran son socios muy menores. Entre todos representan menos electores que los verdes. Son unos despojos que van a comer a la mesa de quien los derrotó. 

En el Congreso, los acuerdos que no fueron posibles durante la campaña, entre amarillos y verdes, tendrán que pactarse por necesidad. Son un grupúsculo de no más de 15 personas, que tendrá la tarea, de representar bien a cinco millones de personas que votamos por ellos.

La condena de un defensor de la democracia

La condena de un defensor de la democracia

En la última semana antes de las elecciones presidenciales, y en medio del campeonato mundial de futbol 2010, una joven juez del Juzgado Tercero Especializado de Bogotá, profirió condena y pena de treinta años, contra el Coronel Luis Alfonso Plazas Vega, por hecho ocurridos hace casi 25 años, durante la retoma por parte del ejército del Palacio de Justicia.

La Juez María Estela Jara, se dedicó con exclusividad al caso, durante los últimos ocho meses, estudio 46.000 folios, leyó 100 CD, y estuvo en veinte sesiones con el psiquiatra.

Para el Ex Fiscal Alfonso Gómez, lo que hubo alrededor del proceso fue “una especie de pacto de silencio del establecimiento, que no quiere dejar llegara la verdad”.  

Monseñor Uribe exclamó sobrecogido:”Veo con dolor que condenen a un integrante de las Fuerzas Armadas que estaba defendiendo la democracia (…) Lo único que demandamos es una justicia imparcial y oportuna”. Para Monseñor ni siquiera hay conducta delictiva, no hay irregularidad, los muertos del Palacio, los de adentro y los de afuera, no constituye ningún hecho que merezca siquiera una investigación, porque para él, son el resultado natural de conductas defensivas propias de la democracia. En tal caso se explica el dolor, a causa de una condena a un defensor de la democracia, que ha sido condenado por una justicia, que es parcial, e inoportuna. Nada distinto ha hecho Monseñor al conocer la condena, a lo que hizo desde su primer choque con las Cortes,  desconocer el fuero de la justicia, descalificar las actuaciones, controvertir los fallos, amenazar directa e indirectamente a los jueces. Para la Seguridad Democrática, la Justicia está con ella, o está en contra.

Para el Ex General Harold Bedoya “se ha condenado a alguien que estaba cumpliendo órdenes del Presidente de la República”. Desde luego que  la responsabilidad de Arias, ni es individual ni es aislada. Técnicamente en el banquillo, debería estar recibiendo la condena, toda la línea de mando, de la que él era una parte operativa. (Actualmente se está juzgando en el mismo proceso a los Generales  Arias Cabrales e  Iván Ramírez y al Coronel Edilberto Sánchez).  Si el Presidente supo o no, posiblemente lo sabremos antes de que se muera. Existen evidencias históricas que llevarían a creer que durante 24 horas hubo, no exactamente un golpe de Estado, sino en relevo técnico del mando en las operaciones militares. Aún así el Presidente de la época, al que hoy vi llorar por la muerte de Saramago, tiene responsabilidad política.

El atorrante Jaime Castro dice “que la conducta del Coronel ha debido juzgarla un tribunal militar y no un tribunal civil”. Hoy tendríamos unos resultados distintos del proceso, seguramente Arias no estaría condenado a treinta años, y lo más importante, se habría demostrado que las asociaciones de familiares de las víctimas del Palacio de Justicia, no tienen razones para reclamar justicia.       

Y otro Ex General, Juan Salcedo Lora, tan descarnado en el desconocimiento de los fallos judiciales, como Monseñor y Castro, considera que “los testigos son falsos y no tienen idoneidad ni credibilidad. Las pruebas no daban ni para una detención domiciliaria”. Las pruebas habrían dado, según Salcedo, para condecorar a  Arias, por la defensa cerrada de la democracia. Para Salcedo la Justicia es un adefesio, un exabrupto, que viola todo los principios procesales, falla con testigos falsos, prefabricados y sin pruebas.

Salcedo debería demandar a la Juez Especializada Jara, por haber condenado sin elementos a un defensor de la democracia.

Fútbol 2010

Fútbol 2010

Suráfrica prende los reflectores. Durante cuatro semanas que equivalen a 64 partidos de futbol, la atención mundial estará dirigida sobre el evento más multitudinario: la copa del mundo de fútbol. Es el país en el que hasta solo hace 16 años tuvo sus primeras elecciones libres, y cuyo  ex presidente Nelson Mandela – hoy de 92 años - estuvo 27 años en la prisión de Robben Island.

Es la primera vez que un mundial de fútbol abre con un concierto y además con dos grandes estrellas colombianas: Juanes y Shakira. No tenemos un equipo entre los 32 que participan, porque nuestro futbol, está muy lejos de poder representar el país, a la manera de los cantantes. La farándula pesa más que el futbol, y será así por mucho tiempo, mientras el fútbol se libra del aura corrupta que opaca los sueños deportivos.

 Al mismo tiempo Suráfrica es noticia, porque los ladrones locales no podrían tener mejor y más bella oportunidad, que el millón de turistas que serán declarados objetivo de los ladrones locales, que ya han hecho víctimas a los griegos, cuyo país quebró, y a los chinos, el país que más e beneficiará de la quiebra de los pobres de Europa.

Para Suráfrica el mundial es un negocio, más precisamente para los empresarios blancos surafricanos, para los mestizos de los clanes que tienen su negocio de publicidad, televisión, hoteles, turismo, aerolíneas, restaurantes y toda la cadena de consumo que se ha levantado para satisfacer la demanda del millón de turistas que durante este mes serán víctimas de la avidez futbolística.

También Suráfrica, como cualquier otro país de los nuestros,  embellecerá sus escenarios, y parques, también guardará sus mendigos, limpiará las calles, para mostrar que son mejores de lo que son, que pueden sufragar una campaña de maquillaje para que el mundo crea que no es un país tan desigual, donde la riqueza está tan mal distribuida como en todos los países, donde las desigualdades, apenas ocultan el  pasado de apartaheid.

El mundial es una forma vistosa, costosa  y brillante de tapar un país, que en el fondo no le importa a ninguno de los hinchas que puede pagarse un pasaje para ir hasta las graderías y comprarse una cerveza para sentarse tranquilamente a ver el juego. Un país que no le importa a los hinchas, atrapados en el frenesí idiota por el futbol, cuyos reflectores no dejarán que se vea la Suráfrica del Soweto.

Tal vez la única voz de todo el lindo espectáculo, sea la  de Desmond Tutú – Premio nobel de la paz- que ha dicho · : “A pesar de lo que somos,  de lo que tenemos, la corrupción nos está llevando hacia atrás, una minoría gobernante se está enriqueciendo y los pobres son cada vez más pobres”. Una minoría negra, que ha reemplazado a la minoría blanca. O si prefieren algo más radical, la voz de  Julius Malema, un personaje tan insólito, como que ha llegado a ser comparado con Hugo Chávez, lo cual no enorgullece a nadie, no obstante lo cual es posible que se lo haya comparado, porque Malema ha levantado la más agria bandera del racismo, incitando a la lucha radical y frontal contra los blancos, reviviendo todo el odio racial, con la diferencia de que ahora son los negros radicales quienes llaman a “matar al boers,  a los granjeros”.     

El hombre que nunca estuvo allí

El hombre que nunca estuvo allí

Es una película del 2001. Ambientada en 1949 en un poblado al norte de California. La mayor gracia del film, en blanco y negro, es que el espectador se siente viendo una película de 1949 en 1949, como si estuviera asistiendo al estreno en un teatro de barrio, cuatro años después de terminada la segunda guerra.

El tratamiento atmosférico, climático de época, es quizás la mayor gracia a que accede el film, la de situarnos en una época precisa en medio de una historia con elementos universales: cuernos, venganza, desamor, codicia, asesinato, estafa y suicidio. Elementos clásicos de una historia negra contada sin ningún aspaviento, sin pretensiones y con un aire de tranquilo suspenso que se tensiona en medio de la más tranquila, normal y limpia sordidez, la de la Norteamérica pueblerina.

El asistente del barbero, Ed Crane, es un hombre que prende un cigarrillo tras otro, adusto, hierático, frío, casado con una mujer de la que parece su sirviente. Un hombre humilde callado, respetuoso, sin humor, que simplemente sirve de asistente a su cuñado en la barbería. Sin embargo, detrás de esa apariencia, está el hombre capaz de urdir la venganza, de imaginar la revancha, de olfatear el negocio, de chantajear sin dolor. Una versión urbana y contemporánea de Jekyll y Hyde.

Y como una figura, que parecería no casar en la ensambladura dramática de la historia, Coen introduce una adolescente pianista de música clásica, capaz de conmover la sensibilidad de Ed. Una dulce niña que ocasiona el accidente automovilístico de Ed, en su intento de agradecerle el reconocimiento y la gestión ante un afamado maestro de piano, que descubre que detrás de la ejecución musical no hay ningún talento, con una felación, mientras viajan de regreso. Memorable la imagen de copa de una de las llantas del auto, que gira como un platillo volador a lo largo de la carretera, tras el accidente, y que vincula el texto general con el subtexto enigmático de los platillos voladores, tan en boga en el imaginario asustadizo de las buenas gentes de la nación.

La historia está cargada de un denso aroma negro, una atmósfera viciada, en la que los personajes no pueden ser más que sórdidos, ingenuos, fatales, aburridos, monótonos, indiscretos, casi banales. Sin que en ningún momento, por efecto del guión y la dirección, deba apelarse a los estereotipos con que fácilmente se rellenan las historias de época. Se trata de personajes anodinos, pueblerinos, sin vuelo, metidos en un drama que sobrecoge la aburrida tranquilidad cotidiana, en el que los sentimientos se revuelven, nos excitan y nos incitan, en medio de la tranquila normalidad de un villorrio en el que no solía pasar nada.