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Alberto Rodríguez

La primera guerra informática ha comenzado

La primera guerra informática ha comenzado

Osvaldo Calle Quiñonez

Parecía una posibilidad lejana, pero ya está aqui, entre nosotros. La primera guerra informática ha comenzado. Los intentos de acallar a Wikileaks han desencadenado lo que bien puede llamarse la primera gran guerra en la era de la información.

Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos en su papel de primera potencia en el mundo hizo de Osama bin Laden su principal enemigo en la guerra contra el terrorismo. Casi 10 años despues de esos atentados, ahora el nuevo enemigo de Estados Unidos es Wikileaks y la transparencia informativa.

Los documentos publicados por Wikileaks pusieron en evidencia el asesinato de Namir Noor-Eideen, reportero de la agencia de noticias Reuters. Más tarde se revelaron los llamados “diarios de la guerra de Agfanistan” y los de la “Guerra de Irak”, a los que se revelaba que las autoridades estadounidenses dejaron sin investigar cientos de informes que denunciaban abusos, torturas, violaciones e incluso asesinatos durante los años que duró la ocupación iraquí.

A fines de noviembre comenzarona a publicarse los papeles del Departamento de Estado, conocido ahora como el “Cablegate”, con más de 250.000 documentos que ponen en evidencia el accionar de la llamada diplomacia estadoinidense. Estados Unidos quedó en ridículo y varias voces afirman que habrá un antes y un después del “Cablegate”.

La irritación en Estados Unidos llegó a tal extremo que la conservadora Sarah Palín pidió tratar al fundador de Wikileaks, Julian Assange, como terrorista, mientras el comentarista de la cadena Fox, también conservador, Bill O‘Reilly calificó a los miembros de Wikileaks como traidores que "deberían ser ejecutados o encarcelados de por vida". Más directo, Thomas Flanagan, asesor del primer ministro canadiense, pidió asesinar a Assange.

A 10 días de publicarse los primeros documentos del Cablegate, Assange fue detenido por la policía en Londres, a petición de la fiscalía de Suecia que investiga la denuncia de dos mujeres que acusan a Assage de violación. El caso fue desestimado en Estocolmo, pero fue reabierto en otra ciudad a instancias de un político. Las acusadoras hablan de sexo consensuado que luego se convirtió en un abuso. Los medios de comunicación revelan escenas de celos provocado por un triángulo amoroso. Una de las acusadoras, Anna Ardin, tiene en su blog un manual de siete pasos para vengarse de los hombres, uno de los cuales sugiere averiguar cómo se puede obtener una venganza sistemática.

Dias atrás, Wikileaks había sufrido ataques de denegación de servicio que dejaron fuera de linea a la página. Más tarde Amazón canceló el servicio de alojamiento a las páginas de Wikileaks y unos días después PayPal le cerró la cuenta de donaciones para el sitio, un banco cerró la cuenta personal de Assage y Mastercard anunció que no gestionará más la recaudación de fondos para una organización que apoya a Wikileaks. Uno de los cables publicados da cuenta que el gobierno estadounidense presionó a Rusia en favor de Visa y Mastercard.

Si la estrategia era desactivar a Wikileaks, sacarla de línea y ahorgarla en sus finanzas, el resultado fue el inicio de la primera guerra informática. Después de cerrado el primer sitio de Wikileaks, se abrieron otros en diferentes países y en poco más de 48 horas se conoció que existían al menos 750 réplicas de Wikileaks esparcidos en todo el mundo. El sistema descentralizado de información, la idea generada en el Departamento de Defensa de Estados Unidos que dio origen a la Internet, es ahora aplicada para que un grupo de “hacktivistas” le hagan frente.

Al principio ataques DOS (denegación de servicio) con origen desconocido bloquearon el acceso a Wikileaks, pero distribuidos de la forma en la que ahora están, los expertos coinciden de que es prácticamente imposible dejar fuera de línea al sitio por esa vía. Además, el mismo Assage anunció que los materiales están en poder de al menos 100 mil personas en todo el mundo.

En contrapartida, se activo la operación Payback (devolución) y los que comenzaron a sufrir los ataques son las organizaciones que intentaron bloquear a Wikileaks, muy posiblemente liderados por quienes ahora pueden ser definidos como seguidores de Assage.

En otros sitios hay llamados a boicotear a servicios como Amazon y Paypal. En el sitio de twitter, el Departamento de Estado niega haber presionado a PayPal para cerrar el servicio a Wikileaks, aunque la empresa ha reconocido presiones del gobierno estadounidense.

El movimiento autodenominado “Anonymous” comenzó bloqueando la página web de Schweizer Post, el banco que le había cerrado la cuenta a Assage. La página web de Mastercards también fue atacada y la noche del martes los sitios web de la fiscalía de Suecia, y los abogados que acusan a Assage también fueron atacados.

"Los sitios web que se han agachado ante la presión del gobierno se han convertido en objetivos", dijo un miembro de „Anonymous“ a quien BBC lo identifica como Coldblood (sangre fría).

"Siempre hemos tenido una posición firme respecto a la censura y la libertad de expresión en internet y luchado contra quienes buscan destruirla por cualquier medio. Sentimos que WikiLeaks se ha convertido en algo más que filtración de documentos, se ha convertido en el campo de batalla de la gente contra el gobierno", agregó.

„La gente ha dicho que estoy contra la guerra: para que conste, yo no lo estoy. A veces, las naciones necesitan ir a la guerra, y hay guerras justas. Pero no hay nada más equivocado que un gobierno que miente a su población acerca de las guerras, a continuación, hacer que esos mismos ciudadanos pongan sus vidas y sus impuestos en la línea de esas mentiras. Si la guerra está justificada, digan la verdad y el pueblo decidirá si lo apoyan“, escribió hoy Assange en un artículo publicado hoy en The Australian.

Jazmines sobre el Magreb

Jazmines sobre el Magreb

La mayor desgracia de los pueblos es ser gobernados. Y serlo por gobernantes con ínfulas monárquicas, desplegadas en el teatro de la democracia. Esta semana ha circulado un chiste, dice que los egipcios se enteraron de que había democracia por Google, tras lo cual salieron a tumbar a Hosni Mubarak. Él tenía el firme propósito de ampliar la democracia egipcia, no presentándose después de treinta años de gobierno a las próximas elecciones, había dicho que lo haría su hijo, siguiendo bien el ejemplo de las monarquías hereditarias.

Al parecer la gente de Túnez, Marruecos, Jordania, Yemen y Egipto también ha tenido acceso a Google. En Túnez tumbaron al rey Ben Alí, que huyó llevándose tonelada y media en lingotes de oro, sustraídos del Banco Central, por su esposa, antes de salir.

Hosni Mubarak subió al poder tras el golpe de 1981, en el que Anwar Sadat fue asesinado por sus propios militares. El Egipto de Mubarak, es el país en donde todavía se practica generalizadamente la ablación a las mujeres, la mitad de sus 83 millones de habitantes vive con dos dólares diarios. No hay libertad de prensa, los índices de analfabetismo superan el 40% y el desempleo pasa del quince. El mismo país donde Mubarak ha podido gobernar, por haberse robado las elecciones cada vez que fue necesario y por haber contado siempre con el apoyo de los gobiernos de los Estados Unidos. Hoy recibe dos mil millones anuales de dólares en ayuda militar.

Egipto en el juego de la geopolítica tiene el papel de contención e intermediación a favor de los Estados Unidos en el mundo árabe. Es el mediador principal entre palestinos y judíos, es intermediario  con los jeques árabes, con Sudán y controla la frontera de la faja de Gaza. Es un instrumento imperial necesario, sin el cual los Estados Unidos se quedarían sin su aliado principal en la región.

Pero si el levantamiento, los incendios, las pedreas, el saqueo, la muerte de más de 400 personas en Egipto, han incendiado el extremo magrebí, hasta Alejandría, el incendio en Washington, aún siendo menos caliente, pude ser más devastador.

El temor profundo del gobierno de Obama, es que tras la revuelta popular por la democracia, por comida, por empleo, por techo, el gobierno egipcio termine en manos de la Hermandad Musulmana, los malos del paseo, con lo cual Egipto se perdería para los Estados Unidos, y probablemente se alinearía al eje Irán, Siria, Gaza. Aún así el gobierno de Obama ha tenido que decirle a Mubarak que debe irse, él insiste en terminar el periodo, pero el levantamiento no habrá de darle más que algunos días.

Mubarak sin los Estados Unidos y con el pueblo encima tiene las horas contadas. Y como si fuera necesaria una desgracia más sobre el pueblo, la suerte de la democracia egipcia y la de todas las monarquías con ancestro y sin ancestro, sobre las que ha caído una lluvia ácida de jazmines, seguirá estando suspendida.

¡Google para los árabes!

 

El último de los malditos

El último de los malditos

Louis Ferdinand Celine, el último de los malditos “ es un excelente escritor, pero también un perfecto cabrón” dijo la semana pasada Bertrand Delanoe, el alcalde de Paris, intentando explicar por qué el maldito bastardo habría sido excluido de las celebraciones literarias del 2011 en Francia, cuando se cumplen cincuenta años de su desaparición. Pero no se fíen, no está tan muerto como muchos quisieran.

El maldito fue reclutado en las filas del ejército francés que marchó a trincheras durante la primera guerra mundial. Y fue en las trincheras, en medio del lodazal y las balas, que entendió, que la guerra siempre es la disputa de los señores, que se dirime con la carne de los débiles, los de la calle. “…la infernal imbecilidad podía continuar indefinidamente…”.

Como en la obra de Döblin, Berlín Alexanderplatz, el maldito trabaja con los despojos de guerra, con los sobrevivientes, con el dolor revolcado de las víctimas. Una vez escapó de las trincheras con el armisticio, lo menos que podía hacer para curarse la infección, la podredumbre, el hedor épico de la guerra, era convertirse en médico. Y lo menos, para soportar esa condición, era hacerse escritor. Y como tal nos dejó dos libros. Viaje al fin de la noche, su primera novela aparecida en 1932, que es el Grito de Münch en una novela, pero con humor devastador, es la experiencia de un sobreviviente que tiene el privilegio de arrastrarse en el mundo de la post guerra, es una brusca experiencia de escritura y lectura, filtrada por el esfuerzo de dar cuenta de la mierda en que dejaron al mundo lo señores de la guerra. En 1936, aparece La muerte a crédito, que se ocupa de la infancia y la juventud del maldito, la preguerra,  los albores de la maldición, habla una primera persona más cuajada que en el Viaje, aunque carece del clima de devastación, la atmósfera de desastre del Viaje, que ocurre “al otro lado de la vida”. Del que Celine dijo, en el prólogo a una edición después de la segunda guerra, “de todos mis libros el único verdaderamente  dañino es el Viaje”.

El maldito fue representante en la entre guerra de la Liga de las Naciones para África y los Estados Unidos. Cuando los alemanes ocuparon Francia en la segunda guerra se adscribió como médico a una clínica en Vichy, la región sur de Francia, donde los colaboracionistas, entre los que había muchos antisemitas, cogobernaron con los alemanes. El espíritu maligno que promovió el caso Dreyfus no se había extinguido todavía, el colaboracionismo no era ajeno al contenido antisemita de la política de ocupación nazi en el gobierno de Vichy. El aire anti semita que se respiraba en Francia, y a quien Celine prestó su pluma ya desde 1933, para inflamar la indignidad - Bagatelas para una masacre y Escuela de los cadáveres -, hoy no se le perdona, a pesar de que después de su destierro en Dinamarca, Francia le concedió el derecho al regreso en los años cincuenta. Lo que lo hizo más maldito, más maldecido y más maldecible, a ojos de los franceses.

Las ocho obras posteriores a la Muerte, aún hasta su obra póstuma Rigodón, se quedaron sin fuerza, como si toda la que hubiera reunido la hubiera gastado en sus dos primeras novelas. Los puntos suspensivos, los ensayos narrativos flojos, la pereza de estilo, se apoderaron de su literatura.

El maldito, como Ezra Pound, cometió un pecado mortal, oponerse a los aliados. El primero condenado por anti semitismo y el segundo por anti norteamericanismo, el primero desterrado y el segundo llevado, como don Quijote, en una jaula, a los Estados Unidos. El sovietismo de Sartre, que siempre presupuso un stalinismo larvado a la francesa, se le perdonó, se olvidó. Tanto, que occidente le otorgó el Premio Nobel. Pero al maldito antisemita francés nunca se le perdonó. Hoy su natalicio ha sido excluido de la celebración cultural del 2011.  A Dios gracias, porque habría sido el maldito, el primero en renegar acerca de que el estado francés pretendiera convertir su aniversario de muerte en una exposición.

Pero no se fíen, el maldito no está tan muerto, como el Ministro Frederick Mitterrand de la Cultura, quisiera.    

"Céline es un excelente escritor, pero un perfecto cabrón" Bertrand Delanoe. Alcalde de París

"Céline es un excelente escritor, pero un perfecto cabrón" Bertrand Delanoe. Alcalde de París

 Mario Vargas Llosa/Periódico El comercio. 23 de marzo 2008

Curioso por el entusiasmo que despertó en Onetti, sobre el que escribo un ensayo, la primera novela de Céline, he vuelto a leer --¡después de casi medio siglo!-- al último escritor "maldito" que produjo Francia. Como escribió panfletos antisemitas y fue simpatizante de Hitler, muchos se resisten a reconocer el talento de Louis-Ferdinand Céline (1894-1961). Pero lo tuvo, y escribió dos obras maestras, "Viaje al final de la noche" (1932) y "Muerte a crédito" (1936) que significaron una verdadera revolución en la narrativa de su tiempo. Luego de estas dos novelas su obra posterior se desmoronó y nunca más despegó de esa pequeñez y mediocridad en que viven, medio asfixiados y al borde de la apoplejía histérica, todos sus personajes.

En aquellas dos primeras novelas lo que destaca es la ferocidad de una postura --la del verboso narrador-- que arremete contra todo y contra todos, cubriendo de vituperios y exabruptos a instituciones, personas, creencias, ideas, hasta esbozar una imagen de la sociedad y de la vida como un verdadero infierno de malvados, imbéciles, locos y oportunistas, en el que solo triunfan los peores canallas y donde todo está corrompido o por corromper. El mundo de estas dos novelas, narradas ambas en primera persona por un Ferdinand que parece ser el mismo (en "Muerte a crédito" cuenta su niñez y adolescencia hasta que se enrola en el Ejército y, en "El viaje al final de la noche", su experiencia de soldado en la Primera Guerra Mundial, sus aventuras en el África y en Estados Unidos y su madurez de médico en los suburbios de París), sería intolerable por su pesimismo y negrura, si no fuera por la fuerza cautivadora de un lenguaje virulento, pirotécnico y sabroso que recrea maravillosamente el argot popular y finge con éxito la oralidad, y por el humor truculento e incandescente que, de tanto en tanto, transforma la narración en pequeños aquelarres apocalípticos. Estas dos novelas de Céline, más que para ser leídas, parecen escritas para ser oídas, para entrar por los oídos de un lector al que los dichos, exclamaciones, improperios y metáforas del 'titi' parisien de los suburbios le sugieren todo el tiempo un gran espectáculo sonoro y visual a la par que literario. Qué oído fantástico tuvo Céline para detectar esa poesía secreta que escondía la jerga barriobajera enterrada bajo su soez vulgaridad y sacarla a la luz hecha literatura.

No hay un solo personaje entrañable en estas novelas, ni siquiera alguno que merezca solidaridad y compasión. Todos están marcados por el resentimiento, el egoísmo y alguna forma de estupidez y de vileza. Pero todos imantan al lector, que no puede apartar los ojos --los oídos-- de sus disparatadas y sórdidas peripecias, sobre todo cuando hablan. El menos repelente de todos ellos es, sin duda, el astronauta e inventor de "Muerte a crédito", Courtial des Pereires, --una versión gangsteril y diabólica del tierno Silvestre Paradox de Pío Baroja-- que luego de estafar a media Francia con sus delirantes invenciones y sus exhibiciones aerostáticas, termina descerrajándose un escopetazo en la boca que lo convierte en una masa gelatinosa que pringa las últimas cincuenta páginas de la novela y hasta a los lectores los ensucia de pestilentes detritus humanos. No creo haber leído jamás unas novelas que se sumerjan tanto y con semejante placer y regocijo en la mugre humana, en toda ella, desde las funciones orgánicas hasta los vericuetos más puercos de los bajos instintos.

Siempre se ha dicho que el Céline político solo apareció después de escribir sus dos primeras novelas, cuando su antisemitismo lo llevó a excretar "Bagatelles pour une masacre" y otros repugnantes panfletos de un racismo homicida. Pero la verdad es que, aunque, en términos estrictamente anecdóticos, estas novelas no desarrollen temas políticos, ambas constituyen una penetrante radiografía del contexto social en que el nazismo y el fascismo echaron raíces en Europa en los primeros años del siglo veinte. El mundo que Céline describió en sus novelas no es el de la burguesía próspera, ni el de la desfalleciente aristocracia, ni el de los sectores obreros de lo que, a partir de aquellos años, se llamaría el cinturón rojo de París. Es el de los pequeños burgueses pobres y empobrecidos de la periferia urbana, los artesanos a los que las nuevas industrias están dejando sin trabajo y empujando a convertirse en proletarios, los empleados y profesionales que han perdido sus puestos y clientes o viven en el pánico constante de perderlos, los jubilados a los que la inflación encoge sus pensiones y condena a la estrechez y al hambre. El sentimiento que prevalece en todos esos hogares modestos, donde los apuros económicos provocan una sordidez creciente, es la inseguridad. La sensación de que sus vidas avanzan hacia un abismo y que nada puede detener las fuerzas destructoras que los acosan. Y, como consecuencia, esa exasperación que posee a hombres y mujeres y los induce a buscar chivos expiatorios contra la condición precaria y miedosa en la que transcurre su existencia. Bajo las apariencias ordenadas de un mundo que guarda las formas, anidan toda clase de monstruos: maridos que se desquitan de sus fracasos golpeando a sus mujeres, empleados y policías coloniales que maltratan con brutalidad vertiginosa a los nativos, el odio al otro --sea forastero al barrio, o de distinta raza, lengua o religión-- el abuso de autoridad, y, en el ánimo de esos espíritus enfermos, en resumen, la secreta esperanza de que algo, alguien, venga por fin a poner orden y jerarquías a pistoletazos y carajos en este burdel degenerado en que se ha convertido la sociedad.

Todos estos personajes son nacionalistas y provincianos en el peor sentido de estas palabras: porque no ven ni quieren ver más allá de sus narices. Como el Ferdinand Bardamu de "El viaje al final de la noche" pueden recorrer el África negra y vivir en Estados Unidos, o, como el Ferdinand de "Muerte a crédito" pasar cerca de dos años en Inglaterra. Inútil: no entenderán ni aprenderán nada sobre los otros porque, por prejuicio, desgana o desconfianza, son incapaces de abrirse a los demás y salir de sí mismos. Por eso, regresarán a su suburbio aldeano, a su campanario, como si nunca lo hubieran abandonado. No saben nada de lo que ocurre más allá de su entorno porque no quieren saberlo: como si romper las celdas en que se han encerrado por el miedo crónico en que viven, fuera a hacerlos más vulnerables a esos misteriosos enemigos de que se sienten rodeados. Pocos escritores han descrito mejor que Céline ese espíritu tribal que es el peor lastre que arrastra una sociedad que intenta progresar y dejar atrás los prejuicios y hábitos reñidos con la modernidad. En Céline no hay la menor intención crítica frente a esta humanidad obtusa y estúpida que describió con intuición genial. Para él, el mundo es así, los seres humanos están hechos de ese apestoso barro y nada ni nadie los mejorará.

Céline pertenecía a este mundillo y nunca salió de él. Por sus simpatías hitlerianas, al final de la guerra huyó a Alemania tras los nazis que escapaban de París y, luego de un peregrinaje patético que narró en unas seudonovelas que no son ni sombra de las dos primeras que escribió, terminó en una cárcel danesa. Dinamarca se negó a extraditarlo argumentando que si lo entregaba a Francia no tendría un juicio imparcial y sería poco menos que linchado. (Estuvo a punto de ser asesinado durante la ocupación por un comando de la resistencia en el que, por lo menos eso juraba él, participó el escritor Roger Vailland). En 1953, fue amnistiado y pudo regresar a París. Volvió a la banlieu donde acostumbraba jugar a la 'pétanque' con amigos de su barrio. Jamás se arrepintió de nada. Poco antes de morir concedió una entrevista en la televisión a Roger Stéphane. Nunca he olvidado esa cara del viejo Céline con la barba crecida y sus ojos enloquecidos, clavados en el vacío, mientras, apretando su puñito esquelético, su vocecita cascada rugía, frenética, ante la cámara: "¡Cuando los amarillos entren a Bretaña, ustedes, franceses, reconocerán que Céline tenía razón!".

Lima, marzo del 2008
© Mario Vargas Llosa, 2008.
© Diario "El País", SL/ Mario Vargas Llosa. Prisacom.
Exclusivo para el diario El Comercio en el Perú.

El beso de Carolina

El beso de Carolina

Carolina Díaz besó a una reclusa de la cárcel distrital de Bogotá. Le clavaron treinta días en un calabozo de alta seguridad, sin ventanas y con derecho a sólo dos horas de sol. No hubo quejas, nadie denunció lo sucedido. Funcionarios de la cárcel encargados de monitorear las celdas, reportaron al Consejo de Disciplina, el beso de Carolina.

Carolina presentó una tutela ante un juzgado de Bogotá por violación de sus derechos. El 5 de marzo de 2009,  el Juzgado 27 Penal Municipal negó la tutela, aduciendo que, según el Código Penitenciario del Inpec, la reclusa había cometido una falta grave. Un atentado al pudor carcelario. Una “conducta obscena”, en un lugar de donde la obscenidad está desterrada.

En el fallo, el juez encargado del caso concluyó, que Carolina no aportó argumentos suficientes. Además, ya había cumplido su mes de aislamiento. ¿Treinta días encerrada en un calabazo no es un argumento contundente? El hecho de que la pena haya sido cumplida no le quita validez a la reclamación. Se le violaron los derechos humanos, hubo abuso de autoridad, se manipuló el código penitenciario para imponer una sanción desproporcionada. Una leguleyada para tapar una infamia contra las lesbianas. Si hubieran tenido sexo las habrían quemado.

El caso llegó a la Corte Constitucional. Con ponencia del magistrado conservador,  Nilson Pinilla —el mismo que calificó hace dos años a las parejas homosexuales como enfermos que necesitan atención psicológica— el 9 de agosto pasado el alto tribunal falló en contra Carolina.

 La Corte Constitucional no se manifestó acerca del contenido del video aportado por el Inpec, titulado como sigue:”Actos Obscenos -Pabellón Esperanza - Carolina Díaz y otra”. Tampoco se pronunció sobre la legislación que opera en las cárceles respecto a demostraciones de afecto. Confirmó el fallo adverso y conceptuó: “No existe vulneración, pues las preferencias sexuales no conllevaron un trato discriminatorio o peyorativo; por el contrario, se dio cumplimiento a las exigencias del Código Penitenciario”. En el numeral 6 del artículo 121 del Código Penitenciario,  no se tipifica la “conducta obscena”.

 ¿Quién define los límites de las conductas pudibundas y obscenas? ¿Los guardianes? ¿Los jueces? ¿El Director? ¿La Corte?  Un beso de amor, de ganas, de amistad, de recocha, el que sea, tiene un castigo más severo, moralizador y ejemplarizante, que las conductas delictivas de los reclusos, que las conductas corruptas de los carceleros, que las conductas acomodadas y leguleyas de los juzgados y las cortes.

Pero ni los jueces, ni las cortes ni los consejos disciplinarios, ni los organismos de derechos humanos, encontraron irregularidad en el confinamiento de 30 días impuesto a Carolina. Más vale que ese beso haya sido dado con todo, para que haya valido la pena. Carolina, como Lisbeth Salander, es víctima de todos.

 

 

El vuelco del cangrejo

El vuelco del cangrejo

Es un buen documental, lástima que se exceda en pretensiones y duración. El argumental que quiso hacer el Director, Oscar Ruiz Navia, nos lo queda debiendo, para la próxima vez. La historia está a mitad de camino, se quedó en borrador. Hay que decir que Ruiz en su opera prima termina reconociendo a todos esos nombres que tanto han ayudado al cine en Cali. Al menos es agradecido.  

La historia no es privativa del argumental, un documental puede contar una historia, a la manera de los cronistas. Y la historia en el argumental,  a pesar de ser la nuez, no es por sí misma garantía de una buena adaptación al cine. Hay historias muy simples, leves, triviales, que están tan bien contadas, que se elevan, por ello,  a la categoría de consagradas. Comer, beber, amar, el film chino de Ang Lee de 1994. Y en literatura, el ejemplo perfecto, La paloma, de Süskind.

La historia: un forastero aparece en la Barra buscando un transporte para continuar. Se encuentra con Cerebro, el dueño del lugar, con su sobrina, la niña y el paisa. Se alquila para limpiar la playa mientras espera que los pescadores regresen. La niña, el personaje más logrado, más cargado,  le proporciona al final un bote a motor y un bidón de gasolina. En principio, de una historia tal no se podría decir si sale o no, una buena película. Va a depender de una operación singular de complicidad creativa entre el creador de la historia, que suele ser el guionista, y el director que va a ponerla en escena. Siendo, en este caso, guionista y director el mismo sujeto, cabe pensar que esa complicidad es completamente intrínseca. Lo cual deja toda la responsabilidad final del resultado, al trabajo de Ruiz Navia.

La historia es como un mecanismo de relojería, como un rompecabezas. Y aunque el director no puede afectar su estructura, se le ofrece como una cosa abierta, para que ejerza libremente su recreación audiovisual. Recibe un qué para que le ponga un cómo.

El qué del Cangrejo es una promesa de historia, le falta entramado, le falta riesgo, le falta acción, rapidez, intensidad, fuerza. Es una historia destemplada, apenas sugerida, cortada, “editada” en el peor sentido, que carece de efecto. Los personajes son pálidos, dramáticamente neutros, contenidos, opacos. Las circunstancias particulares son objeto de un sentido de tacañería narrativa, que torna flácido el film.

El cómo de la historia está tristemente vinculado a problemas que no se resolvieron en la historia, a faltantes en el guión, a déficit en las caracterizaciones. Así que la narración audiovisual necesariamente resulta precaria en el ritmo y la velocidad. No es que sea una película lenta, en tanto refleja el modo del tiempo en el escenario elegido, sino que el conflicto siempre es una promesa, se toma demasiadas largas para proponerse. El conflicto no tiene cuerpo, no pasa de ser la amenaza progresiva contenida, que termina restándole movilidad y viveza a la historia. Un aura soporífera invade el film, en el que personajes inexpresivos, casi aburridos, entran en unas relaciones sin desarrollo, sin riesgo expresivo,  en bocetos dramáticos más que en escenas, explicable quizá, por ser una ópera prima.

Ruiz sabe iluminar, encuadrar, cortar, grabar, el resultado técnico es muy decoroso. La dirección de fotografía es un alivio. Es un rodaje limpio, ordenado, que no pretende darle protagonismo a la cámara, que no juega por jugar con las secuencias ni los montajes. Las escenas en el agua son muy profesionales. La escena de Daniel – el forastero – y la niña en la playa, mientras él la hace reír con un ingenioso juego de cambio de rostros a medida que tapa y destapa con su mano, es preciosa. Deplorable la penúltima escena, en la que al fin al guionista se le ocurrió abrir el conflicto. Una aparición casi guiñolesca de los personajes, que en una arrebato operático cantan y luego como una unidad revolucionaria de ópera china, sacan con graciosa simetría los machetes para enfrentarse al “muro paisa”. Faltó la escena de la despedida de Daniel y la niña, la última en la que ella en un acto de amor, mediado por la madre,  ofrece el bote al forastero, para que se marche, a pesar de estar queriéndolo, como se quiere a los hombres que hacen reír a las mujeres.

La apuesta por los actores naturales es creativa, casi necesaria para conseguir la atmósfera del film. Pero no basta con que el sentido etnográfico de reparto, haga que los protagonistas de la vida, sean también los del film. Es necesario aprender a dirigirlos, para que sean completamente creíbles,  para que los defectos actorales no tengan que taparse con tantas economías de diálogo, expresión  y escena.

El socialismo de segunda en América Latina

El socialismo de segunda en América Latina

Nada como el socialismo ha sido tan manoseado impúdicamente por politicastros liberales de cualquier laya, socialdemócratas pálidos, y dictadorzuelos de estirpe militar que han hecho campaña a su nombre, para ocultar propósitos hegemónicos. La mueca socialista, que todavía merece credibilidad en algunos sectores, huele mal. Los lugares comunes que inflaman sus consignas, apenas tapan los negocios sucios del populismo de tierra caliente, que compra pobres, para sostenerse contra los ricos.

Al socialismo de segunda se les ven los remiendos desde lejos. Jugando a ser transparente resultó expandiendo su vocación corrupta a todos los intersticios del poder, Chávez, Ortega, los Castro y la Señora K. Jugando a ser productivos, sus políticas económicas hacen aguas, por desconocimiento de la economía, por un gasto demagógico de recursos, por falta de visión, Chávez, Evo, Correa, los Castro, la Señora K y claro Zapatero. Jugando a ser populares han resultado ser los más elitistas, la mayor parte de todos sus esfuerzos legales e ilegales, se han ido en fortalecer círculos de poder, directamente proporcionales a su vulnerabilidad. Chávez, los Castro, Ortega. Jugando a ser pacíficos han emprendido un escalamiento presupuestal incomprensible para financiar la armada agresiva de sus fuerzas. Chávez y Evo.

Chávez y Evo han tomado medidas económicas desesperadas con las que intentaron ponerle un tanque de oxigeno a sus economías,  que arrasaron con la benevolencia populista del régimen. Medidas que parecen dictadas por el Fondo Monetario Internacional. Desmontaron subsidios, incrementaron precios y asaltaron el bolsillo de los ciudadanos.

 Evo, a la manera de las democracias solapadas, el 26 de diciembre por decreto aumentó en un 57% el precio de la gasolina y en un 83% el del diesel. Con lo que desató un levantamiento auténtico, que lo obligó a echar para atrás las medidas, a pesar de haber hecho una oferta demagógica de elevación de salarios al 20%. El gasolinazo le quitó autoridad, mostró la debilidad y el sentido completamente errático de su  gobernabilidad.

Chávez llevó el dólar preferencial de 2.60 a 4.30 bolívares, buscando la devaluación, autorizó alzas del 65% en los medicamentos y los productos de la canasta familiar y amenazó con elevar el IVA. La reacción fue masiva y radical. El martes de la semana pasada se vio obligado a derogar los decretos. En la Argentina, el pésimo manejo de las empresas públicas, hizo que los argentinos recibieran el nuevo año entre apagones continuos y desabastecimiento de combustibles. En el Ecuador la pobreza ha aumentado respecto a la tasa con que entregó el gobierno anterior.

Todos los socialistas de segunda, que nunca supieron qué era el socialismo, o que supieron pero prefirieron quedarse apenas con el nombre, han logrado mantener su proyecto, a punta de una mezcla de alto octanaje de autoritarismo y populismo.

Los primeros días del 2011 han mostrado la debilidad de la coartada socialista, de los gobiernos “radicales” y “revolucionarios” de América latina, que en los hechos no han tenido más alternativa, para hacer frente a la crisis desatada por las medidas, que mostrase como lo que son, simples mamarrachos neoliberales.

Machete

Machete

Machete Cortez es el superman mexicano. Imbatible, rudo, fuerte, resistente, silencioso, no le entran las balas, es inmune al bien y al mal. Decapitan a  su mujer delante de él, pero Machete sobrevive sin saberse cómo. Machete lo resiste todo. Es un federal mexicano, traicionado por la policía corrupta. Un héroe de tira cómica, un héroe sin atenuantes, que con su machete, sus cuchillas, sus puñales, sus sierras, venga a los emigrantes mexicanos del “espíritu norteamericano del mal”.

El film escrito y dirigido por Robert Rodríguez es la recreación cinematográfica de una narrativa de comic de acción. Es un comic audiovisual con una fórmula eficaz de relato: acción constante, rapidez, violencia, antagonismo exacerbado, tensión creciente y juego de estereotipos. La historia tiene los tres momentos clásicos del relato: el héroe en infortunio, el héroe en su retiro y la venganza del héroe.

 Los malos son malísimos y representan el “espíritu del mal “ que  Rodríguez ha recreado en los “personajes” del Senador asesino, que basa su política en el odio a los inmigrante, el mafioso que hace negocios a ambos lados de la frontera, el intermediario entre el mafioso y el Senador, a quien financia, y a quien ordena asesinar como estrategia electoral, y el cazador, un jefe de asesinos que en las noches  sale con sus muchachos a cazar emigrantes junto a la alambrada.

Pero aún siendo el film una rapsodia homicida, sangrienta y sin concesión,  no resulta hiperbólica frente a la violencia que hoy se vive a ambos lados de la frontera, azuzada por el narcotráfico y las corrientes clandestinas de emigración. La violencia política de la ultra derecha evangélica, no menos violenta, que la mafia que defiende su negocio legal e ilegalmente, cortando más cabezas y con más frecuencia que las que corta Machete. La violencia legal frente a los emigrantes, la violencia armada de los cazadores. Ayer justamente, en la masacre de Tucson Arizona, fue baleada la congresista Gabriella Giffords. El TEA party se ha puesto en el ojo del huracán del debate norteamericano. El representante de distrito trece de Arizona, Frank Prat, también fue atacado en su propio negocio.

Rodríguez ha mostrado el “espíritu del mal”, al que ha opuesto al superman mexicano. Pero él es un federal, un policía heterodoxo, que va detrás de todos. El héroe en su combate total. Podrá sortear la prueba porque cuenta con la ayuda de una policía norteamericana, que se mantiene fuera de la vorágine de la maldad.

Un héroe mexicano fuerte, una heroína norteamericana y cuatro antihéroes brutales. Son los puntales del relato. Por lo demás hay un despliegue técnico de recursos de rodaje que espantan, violencia escenificada en proporciones alucinantes, tensiones sostenidas, que a cualquier espectador, amigo del género de frontera, le dará para gozarse el thriller de un comic, devastadoramente realista, anticipatorio, que a pesar de su naturaleza cinematográfica, no traiciona la realidad de la que Rodríguez saca todo ese material narrativo con el que salpica al espectador durante 110 minutos.   

 

La prueba de que Dios no existe es Haití

La prueba de que Dios no existe es Haití

Peor que hace un año. ¿Cómo podría ser Haití peor que hace un año, si ya entonces era peor? Si les parece que el título es osado, entonces digamos que Haití es el fracaso de la omnipotencia de Dios. Ha intentado acabar con esa isla de negros, desde el comienzo, y no ha podido.

Las pruebas:

  • Veinte millones de metros cúbicos de escombros no han podido ser recogidos, tras el terremoto de hace un año. No se han terminado de restablecer los servicios públicos. Hay desabastecimiento de comida, de agua potable. La inseguridad se ha incrementado en al menos un cincuenta por ciento. El pillaje, el vandalismo, el asalto, la agresión. La fuerza pública es un chiste.
  • El gobierno no era viable antes, ni durante ni después del terremoto. Sin embargo las bandas políticas se tranzan en unas elecciones en medio de los despojos, que laceran la tragedia. Unas elecciones que como todas, terminaron en  fraude.
  • El terremoto causó 1.5 millones de damnificados. Hoy, 1.3 millones continúan viviendo en 1200 campamentos improvisados, los mismo del primer día. Se necesitan 100.000 refugios más. Se han construido 25.000. La población de Haití es una población refugiada en su propio país. Pero los refugios no alcanzan. El resto vive en la calle como en Calcuta.
  • Las pérdidas materiales se calcularon en 7.800 millones de dólares. El 31 de marzo en Nueva York se reunió la mesa de donantes. Se comprometió a reunir y a entregar cinco mil tres cientos millones de dólares. No han llegado.
  • La peste llegó en medio del desastre. El cólera ha cobrado la vida (octubre 19) de 3658 personas, desde que se inició el brote. La seguridad sanitaria no alcanza a la reparación de los servicios. Los servicios hospitalarios no dan abasto. Hay 157,000 personas afectadas, la ONU  intenta recoger  165 millones indispensables, pero apenas ha recibido la quinta parte. La epidemia se inicio en el campamento de cascos azules nepalíes de la ONU.
  • Hay indicios de que la corrupción de las bandas políticas haitianas y los intermediarios internacionales, le han echado un mordisco a los pocos recursos que han llegado. Además la tragedia sorprendió a Haití en medio de la más profunda crisis económica de los Estados Unidos y  Europa.  El club de los donantes no la está pasando bien.
  • Pandillas  salvajes de violadores armados irrumpen en las noches, en manada, a los refugios y violen indiscriminadamente a las mujeres. Depredadores sexuales que asaltan la miseria, que reptan hambrientos entre hambrientos.    
  • Diez millones y medios de personas viven en Haití. Su renta per cápita es de 722 dólares anuales. Sesenta dólares mes. Dos dólares diarios. El país más pobre del continente.

Y si todavía creen que exagero un celemín, oigan esto: el doce de diciembre llegó a Haití en misión humanitaria la Señora Sara Pahlin. Algunas horas después de su visita, en su página web apareció su primera declaración, en la que dijo: “realmente he disfrutado de conocer esta comunidad”.

El escritor fantasma

El escritor fantasma

Cuando me senté en la butaca frente a la película, mi expectativa no estaba puesta en un thriller más, como el que hizo Polanski, y de los cuales creo haber visto mil y uno. Habría querido ver una película de escritura fantasma en acción. Un thriller retórico.

El escritor fantasma, rodada después del escándalo Polanski en Suiza por cuenta de un pedido de extradición, es otra película más que se escurre por las ramas del espinoso tema de la escritura en el cine. Del libro El poder en la sombra de Robert Harris, Roman Polanski hace una película donde el protagonismo fantasma del escritor no está en el primer plano de la acción, está por fuera de la escritura. Así que el escritor fantasma termina, por la gravedad protagónica del thriller, convirtiéndose en el investigador involuntario de un crimen, que conduce a una cadena de crímenes de Estado. La editorial que lo ha puesto en la casa del ex primer ministro Adam Lang - a quien las malas lenguas británicas identificaron con Tony Blair, cosa que Harris se apresuró anegar - está interesada en el escándalo que ha estallado por el manejo ilegal de prisioneros de guerra, por lo que pide al escritor, que en un par de semanas envíe una crónica, que le daría la vuelta al mundo.  

Es una película con el escritor como personaje, hay dos opciones. O la trama se construye en el hecho que define el escritor, que es la escritura y sus actividades asociadas. O la escritura se convierte en un telón de fondo, de otra cosa, otra historia, una investigación criminal, en este caso. Las dos opciones presuponen “estilos” distintos de contar. La segunda será de alta tensión, con muchos riesgos, hechos directos, antagonismo protagónico. La primera será algo menos tenso, con los riesgos de la escritura - la investigación de fuentes, las versiones, lo pertinente, la redacción, la edición, la publicación, el escándalo, la demanda -, hechos indirectos y con un antagonismo letrado.

Polanski llamó a tres buenos actores, Ewan McGregor, Olivia Williams y Pierce Brosman, seguidos de un reparto en el que no se ahorró nada. Fiel a la novela de Harris, a quien le interesa el poder y sus juegos, Polanski adoba las circunstancias conflictivas del poder en privado, como una sarta de intereses que confluyen en una trama previsible en conjunto, un riesgo típico, que termina resolviéndose con la violencia usual. Reiterando el oxímoron: violencia/poder.

Si bien el comienzo promete un conflicto de escritura, pronto se desvanece para darle paso a circunstancias muchas más tensionantes que la escritura. El conflicto de escritura está contenido, pero no tiene desarrollo. El primer escritor fantasma, que alcanzó a dejar una versión de 500 páginas de la autobiografía del ex primer ministro, ha sido asesinado. El nuevo escritor fantasma debe tomar la versión y a partir de eso, apoyado en entrevistas,  hacer algo mejor en un mes. El problema de lo pertinente, de lo que debe aparecer o no, para que el ex ministro aparezca o no como un idiota, es una fuente inmensa de conflicto entre  el interés del auto biografiado y el enfoque del fantasma. El escritor quiere una autobiografía con “corazón”, enfoque con el que convenció al editor. Mostrar al ex ministro, no solamente en lo que ya se sabe que es, como político, manipulador público del poder, sino y también en esa intimidad posible de contar, en los rasgos que lo revelan como un hombre, en toda su completa dimensión. Ese solo conflicto habría servido de línea de fuerza de todo la tensión, para hacer una película sobre la escritura. Pero Harris y Polanski están interesados en el problema del poder.

Así que una acusación internacional sobre manipulación ilegal de prisioneros de guerra, estalla, mientras el escritor y su auto biografiado trabajan, con lo que se interrumpe la película sobre la escritura, para dar lugar al thriller: asesinato, sobre con pruebas pegado debajo de un cajón del closet, declaraciones sobre el crimen, seguimiento en Google, el fanático resentido, intento de asesinato, y el descubrimiento en clave que el escritor fantasma anterior dejó, a la manera de un acróstico capitular en la auto biografía, sobre cómo un respetable profesor, de la mujer del ex primer ministro, la reclutó mientras hacía su pasantía en Harvard, para la CIA.

Todos los lazos argumentales que vinculan los hechos, son aburridamente previsibles, siguen un esquema común que no sorprende, en el que se repiten lugares comunes de la resolución dramática. Y, por supuesto, después de correr todos los riesgos, se termina por descubrir el pastel. El escritor no escribe nada y la autobiografía se la lleva el viento.

A Polanski hay que verlo. Pues bien, quien lo vea ahora, encontrará en  su película, bien hecha, los nudos corredizos del poder, las sinuosas relaciones secretas entre Inglaterra y los Estados Unidos, el affaire noticioso del terrorismo, el papel de los “final clubs” y de la corte penal internacional. Del oficio de escribir a la sombra, casi nada.

Ciudades de la llanura

Ciudades de la llanura

Antes de terminar la novela, mucho antes del epílogo, tuve ganas de escupir mi corazón, todavía encogido por Magdalena y John Grady. Ciudades de la llanura es una cruda historia de amor: la puta, el vaquero, su amigo y el alcahuete.  Magdalena, nacida en  Chiapas, trabaja en el White Lake de Ciudad Júarez, y como Lisbeth Salander ha sido víctima de todos. John, un muchacho de 19, es vaquero del rancho de Mac McGobern. Billy, es el amigo viejo de John, su representante. Y Eduardo, alcahuete del burdel donde trabaja Magdalena. Una historia de amor para putañeros literarios, entrañable artificio de sentimientos difíciles, dramatizados con economía y precisión. Más o menos que una novela negra es una novela oscura.

En el tercer volumen de la Trilogía de la frontera, Ciudades de la llanura, Cormac McCarthy reúne a los protagonistas de los dos anteriores, John Grady de Todos los hermosos caballos y a Billy Parham, protagonista de En la frontera. De McCarthy se ha dicho que pertenece a esa “pandilla salvaje” de Pynchon, Burroughs y Sallinger. Y también que alcanza cimas de estilo, a la altura del viejo Melville y el viejo Faulkner.  

John y Billy trabajan en el rancho McGovern, son amigos, cabalgan, trabajan juntos, van al burdel, se detienen en los filos a ver las montañas de México, cazan perros, beben whisky y comparten la mesa. Billy es un vengador, sobreviviente, termina a los 78 años haciendo de extra en una película que se rueda en El Paso.

Ciudades de la llanura es una novela tranquila, demasiado, especialmente en la primera parte, una ordalía de cotidianidad rural que se desarrolla a una fatigante velocidad cotidiana, a pesar de la fluidez de McCarthy para contar. Podría comenzar después y terminar antes. Se perdería la exhibición descriptiva del comienzo, y la reflexión filosófica del final.

Los diálogos son compactos, cortantes, abruptos, y sin atribuciones. Suelen ser largos, así que las voces sin atribución terminaron traicionando mi memoria. Comienzan entonces a proponerse como diálogos de sentido, en los que el autor confía que el lector podrá navegar sin atribuciones, sin guiones, sin marcadores de actitud. Los personajes de McCarthy se distinguen - se construyen - por lo que dicen. Así que los diálogos pueden prescindir de indicaciones sobre cómo lo dicen.

John Grady es introspectivo, solitario, reflexivo y además tímido. Para sacar a Magdalena del burdel debe comprarla. Así que envía, a su pesar, a Billy, a que la negocie como cosa suya con Eduardo. Grady  embrujado de amor vende su caballo, lo único que tiene un vaquero, para pagar por ella. Arregla con sus propias manos una cabaña abandonada en las montañas, que sería su primer hogar, con Magdalena. Cuando Billy se presenta a la oficina de Eduardo, no reconoce que sea él que quiera comprarla. Además ¿quién ha dicho que se vende? pregunta. Ella está aquí porque quiere.

Grady y Billy matan a tres perros salvajes que se han estado comiendo los terneros, y al día siguiente salen a rescatar una camada de perros recién nacidos, en una cueva a la que penetran con una maniobra de mecánica ingeniosa, utilizando un grueso varejón de fresno y la fuerza de los caballos. Si alguna escena muestra lo que son John y Billy, es esta.

En la edición de DeBols!llo, la novela podría terminar en la página 248 así: “…siguió cabalgando por los días del mundo. Los años del mundo. Hasta que se hizo viejo”. No es el final, pero tiene el tono más justo que le cupiera a una novela de vaqueros. Sin embargo, McCarthy, como lo hace en La Carretera, y en Sin lugar para los viejos, como Melville y Faulkner, se recrea como autor de reflexión, validando sus personajes por la hondura con que son capaces de tocar el corazón, con sus palabras, a la orilla de un camino.

A pesar de convertir a Billy, el vaquero de 78 años, en un hermeneuta de sueños míticos, capaz de exponer una teoría sobre la narración y lo narrado, sobre la democracia en el sueño, que “creyó ver en el silencio del mundo una gran conspiración”, Mc Carthy no trastorna con un ensayo de treinta páginas, el cierre novelesco de una historia de vaqueros.

El final, o mejor lo que está más allá del final,  es un prodigioso ensayo especulativo sobre la “facultad de hablar del mundo”, que bien podría titularse: ¿Qué clase de hombre comparte sus galletas con la muerte?

Ruleta Rusa 13

Ruleta Rusa 13

 

Gela Babluani. Un tipo para tener en cuenta. Escritor, editor, director, director de casting. Tiene a su haber cuatro películas. Es georgiano como Stalin, nació en Tblisi, hace 31 años. La Ruleta Rusa del 2010 es un remake de la francesa 13 Tzameti, dirigida y escrita también por él. RR 13 ganó el premio del jurado del festival internacional de Sundance. Babluani ha conseguido la atmósfera cruda del film sin más, con un auténtico desprecio por la vida, que ni siquiera es un canto al nihilismo. Es un thriller de una negrura épica, que recuerda la crueldad  del primer Polanski.

El personaje de Sam Riley tiene a su padre en el hospital, su familia va a perder la casa, y su madre administra una cafetería con un salario de mierda. Por el puro azar, que lo ampara durante casi toda la película, asume la personalidad del ruletero 13, un adicto que ha sido invitado por un empresario británico de ruleta rusa al encuentro en Chicago. El adicto muere, y la suplantación, sin conocer de qué se trata, se convierte en un riesgo sin retorno. Otro jugador es un convicto (Mickey Rourke) que es sacado en un baúl de una prisión de Ciudad  Juárez, para ser vendido como ruletero. Otro (Ray Winstone) es un enfermo mental, al que su hermano tiene en un sanatorio y lo saca cada vez que va  a haber un torneo. El británico adinerado (Jason Statham) termina ganando con el ruletero 13, que vino a dar al torneo por los más fríos y desconocidos juegos del azar. Y desde luego, un policía que sigue la pista del juego ilegal, pero que no puede hacer nada. Todos los elementos de un thriller concentrado, violencia sin tapujos que consigue ese rango enervante para el espectador. Es una puesta en escena de una limpia crudeza actoral, respaldada por la construcción a cincel de personajes marcados, directos, sin ambages.

Es un gran cine negro que desciende sin dificultad al sótano, al subterráneo donde viven los monstruos que el sistema ha hecho, al lugar donde están todos los elementos más sofisticados contra la vida. La vida no vale nada, es el mensaje extremo, si alguien insiste en querer sacar mensajes de la película. No vale nada. Los muertos no son más dignos que los que quedan en la vida, y los que sobreviven no valen nada.

El secreto dramático con el que se le imprime la eficacia al film – a la historia - está en la pérdida completa del respeto a la vida. Solo así Babluani le imprime credibilidad dramática a los ruleteros y a la situación que cruza sus historias. Conseguir que los personajes se muevan y actúen como suicidas contratados, es lo que le da el sabor ácido al film, agresivo por naturaleza. Un sabor que se esparce durante 120 minutos a través del gusto absurdo con que se logra comprometer al espectador, a quien se le muestra el evento tan limpio, tan organizado, tan lleno de reglas, en un local de primera, con apostadores de clase alta, jueces y asesores, y en el que se mueve mucho dinero en el mercado negro de la muerte, como si estuvieran en una ferie de mascotas, o en una competición escolar de jardinería.

Antes de salir, en un salón cerca a la salida, están tirados los once cadáveres de los ruleteros que se quedaron, como bultos de basura después de la fiesta de la muerte.

 

 

 

 

Cuando Dios dejó sus zapatos

Cuando Dios dejó sus zapatos

New York. New York.

La familia: padre, madre y dos niños. El padre pierde su opción de trabajo como boxeador profesional, pero no va a insistir en ser boxeador. Una primera señal importante de la historia, que no termina siendo la de un boxeador desafortunado que cae, y parece extraviar su carrera, y vuelve a caer, y se levanta, y resiste los golpes, pero que termina triunfando, sobreponiéndose a las inclemencias  para terminar en una escena gloriosa donde triunfa a pesar de todo.

El film no replicar el espíritu de las historias que no escapan al destino triunfador del héroe, tanto como estrategia de mercado, como efecto de una concepción cinematográfica y narrativa, que alienta películas cuya gracia es mejorarle la plana a la vida.

Cuando Dios dejó sus zapatos no le mejora la plana a nada, muestra la vida de muchos, la vida de una familia amparada por la caridad institucional de las iglesias, que dan abrigo a los homeless, un poco de sopa, un colchón por un par de noches. Una caridad más elaborada que la caridad precaria de los países pobres, aunque una caridad que no da abasto, pero que como toda caridad condicionada, nada puede frente al drama de fondo: la vida que no perdona.

La familia como centro de la historia es el escenario vital de la historia, en particular la relación padre e hijo, leit motiv del film, un padre adoptivo que ha reemplazado al primer marido de ella y que para desgracia de la familia se convierte en el salvador de última instancia, al que la familia en un amoroso acto de dignidad compartida termina renunciando.

Todos los recursos institucionales fallan, la seguridad social, la caridad, las agencias de empleo y de alquiler, los contratantes, para dejar a la familia sujeta al destino antropofágico de una ciudad inclemente, que termina por devorarse a los personajes, construidos con la paciencia dramática y el cuidado de un artesano.

El padre, de origen latino intenta no rendirse, busca empleo, pero tiene pasado carcelario. El único trabajo que pudo conseguir, para mostrar un contrato de trabajo a la agencia de arrendamiento, lo pierde por su pasado, que también es el de un soldado – se repite la historia de los ex Viet Nam – de la primera campaña de Irak, a donde fue a nombre de los Estados Unidos de América, a pelear por la libertad y la democracia.

Con su hijo, el ex boxeador llega a la mendicidad, en New York, donde la mendicidad es más rentable que en cualquier otro lugar. Consiguen el dinero que el padre ha dejado en un almacén a donde el chico lo llevó a robar ropa, como le ha enseñado su madre. Pero no importa lo que hagan, no importa si tienen coraje o no, voluntad de resistir, están metidos en un callejón sin salida que los arrastra a la periferia. Justamente el día de navidad, tras pagar una cena para todos, con el dinero que mendigaron en Times Square, pierden el albergue, tras una pelea, así que terminan en el metro, el único lugar cubierto, que la ciudad les ha dejado.

Cuando dios dejó sus zapatos es una película contra la esperanza, tan dura como la pobreza, sin concesiones, sin ilusiones, en la que los ciudadanos de segunda están condenados como los hijos de Cronos a ser devorados.

Dirección y guión: Salvatore Stabile - Interpretes: John Leguizamo (Frank Diaz), Leonor Varela (Angela Diaz), David Castro (Justin Diaz), Samantha M. Rose (Christina Diaz), Jerry Ferrara (Vinny).

Face Book versus Zuckerberg

Face Book versus Zuckerberg

Zuckerberg es un tipo blanco que estudia en Harvard. No se emborracha, no fornica, agrede a las mujeres, y la única con la que hubiera podido tener algo, le dice que la historia no lo recordará como a un nerd, sino como a un imbécil.

A Zuckerberg no le interesa el dinero, es cierto, le interesa el proyecto. Es oficialmente un estudiante de programación, pero su talento es el de un hacker. Lo que hace es metérsele a la base de datos de la universidad, donde está toda la información de estudiantes, sacarla y ponerla en archivos, que enviará a unos cuantos, “no importa a quién – dice Z – lo que importa es a quién se la mandarán ellos”. La estrategia, sin embargo, fue posible porque  Eduardo Sabian, su mejor amigo,  le proporcionó el algoritmo con el que califica el desempeño de los ajedrecistas. Lo que empieza como un juego de calificar chicas, termina como una bomba de tráfico en internet, que a las cuatro de la mañana, ocho horas después de que Zuckerberg y sus amigos comenzaron el juego, había saturado los servidores de Harvard.

Zuckerberg es citado a una reunión con los jefes, decanos, entre ellos alguno de los 17 premios Nobel de la universidad, donde se le presentan cargos disciplinarios por conducta irregular. Zuckerberg se pone de pie, pide perdón a las mujeres, a las asociaciones femeninas, a todos los grupos, que pudieran haberse ofendido. Pero dice que además merece un  reconocimiento por parte de la universidad. Nadie entiende. Quien conduce la reunión le pide que explique. Es sencillo, dice él, detecté para la universidad deficiencias en su sistema. El jefe de sistemas que está en la reunión, le dice que el sistema marcha bien, la prueba es que lo detectaron cuatro horas después. Zuckerberg se ríe, y le responde, que si funcionara bien, lo habrían detectado desde el principio.

Zuckerberg tiene un sueño arribista, ingresar a un “final club”, selectas asociaciones del salvajes de Harvard, con tradición plagadas de ritos y tiesuras, que los estudiantes escupen en orgías de gente culta. Jamás puede ingresar, los remeros mellizos, lo invitan a uno de ellos, pero solo entran hasta la recepción.

Zuckerberg tiene idealizada la inteligencia, le preocupan los cocientes intelectuales, compara los que hay en China, con los que hay en USA. Tiene un afecto plano, no se ríe, es obsesivo, incapaz de abrazar, ni siquiera es capaz de recibir un abrazo. Este fue el tipo que inventó FB.

FB propuso una actividad social con un alto contenido erótico, que tuvo velocidad contaminante de difusión, estalló en una comunidad académica de tipos blancos, ricos, protestantes,  que se las quieren comer a todas, y en una comunidad de mujeres que se sintió legítimamente agredida. Logró en la primera salida 22.000 visitas por hora, multiplicó el traficó, puso a mover la red al ritmo de la vida social, lo que consiste en ponerse en una vitrina virtual, con videos, fotos, identificación, donde digo quién soy, qué me gusta y cuál mi perfil. Puedo enviar los mensajes que me den la gana, para que le lleguen a quien me dé la gana, durante 24 horas diarias. Con un negocio así, Zuckerberg terminó apoderándose de la red. Luego se metió a las redes de Yale, New York,  Berkeley, Texas, y cuando probó el éxito imparable del tráfico, la puso FB en la www.Hoy FB tiene 500 millones de usuarios.

A Zuckerberg está dedicada la película, es su historia. Que tenía que terminar en las cortes, como buen negocio norteamericano. FB utilizando harvard.edu le fue sugerida por los mellizos remeros, que terminaron llevándose apenas 65 millones en el litigio legal.

Trilogía Millenium

Trilogía Millenium

Para quienes ya no leemos libros de más de trescientas páginas, ni leemos sagas, ni frescos, la Trilogía Milenio viene a sernos una prerrogativa del cine. Dos experiencias distintas, dramáticamente distintas, y estéticamente no comparables. La lectura de más de mil seiscientas páginas, que con tiempo y a ritmo sostenido saldrían en diez días, no es equiparable a sentarse seis horas frente a la pantalla. Lo no cinematografiable de la novela, nos lo perdemos los perezosos, a quienes solo nos queda el remiso recurso de los hechos en la escena. No siempre tan bien dramatizados como en la novela. Nos toca pues, confiar a los perezosos en los buenos guionistas, en los buenos directores, como el danés Niels Arden Oplev autor de la versión fílmica de la trilogía,  en los reconocimientos internacionales, en los comentarios elogiosos y en el número de entradas de Google.

Stieg Larsen el autor sueco de la trilogía, la publicó, vio cómo su novela se movió por el mundo en tantas lenguas a las que fue traducida, que ya no le quedó sino morirse. Larsen y ahora Lapidius - Dinero fácil- han sido comparados con la bestia negra de la novela criminal en USA, James Ellroy, el autor de Ola de crímenes. Suecia sin embargo, tiene una tradición de novela criminal muy respetable, de la que ambos han ido a sacar lo suyo: Maj Sjöwall y Per Wahloo.

Hay dos personajes sobre los que se monta la historia. Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist. Ella es una víctima de todo, de la familia, de la seguridad nacional, del Estado, de la psiquiatría, de los psiquiatras, de los procedimientos, de los hombres, del amor. Y como víctima actúa. Es hacker, sabe defensa personal, es investigadora, bisexual, fumadora, tiene pinta de emo con doble piercing. Labios pintados de negro y no conoce la alegría. Nuestra Lisbeth, la que soñaba con el bidón de gasolina. Él es un periodista independiente, investigador, dirige la revista Millenium, cuarentón, separado, obsesivo con su trabajo. Un tipo de olfato, denunciante, con vocación a enfrentarse a los poderes. Un periodista valiente, nuestro héroe mediático.  

Pero de fondo lo que siempre está en el escenario es la familia. Ella tiene una familia monstruosa, un padre ruso- Zalachenko- todo un salvaje eslavo, una criatura que nunca debería haber existido, espía superior, que los servicios de seguridad suecos reclutaron en los setenta, para ayudar con el trabajo sucio a la corona. Escuadrones no oficiales, conocidos genéricamente como “la Sección”. Pasados nazis, tradiciones de violencia secreta, terrorismo de estado, procedimientos KGB, son una mezcla depredadora que se agita y se esparce sobre las circunstancias familiares, que le dan el mejor sabor ocre a la película. La familiar es la peste, terminó disolviendo todos los sentimientos humanos. El medio hermano de Lizbeth es un “hombre” que solo sabe asesinar, tan fuerte como un oso, que como el tigre mata para vivir. Es un tipo que ni siquiera habla. Lisbeth arroja gasolina a la cara de su padre y luego lo incendia - tras un episodio donde él casi mata a su madre - por lo cual es recluida, desde los doce, en un psiquiátrico, donde el jefe de la sección abusaba de ella, la tuvo 381 días amarrada.

Pero si la familia es una peste, del otro lado hay una más extendida, la del Estado, representado por los defensores de familia, los psiquiátricos oficiales, la policía, la fiscalía, los tutores, los agentes de custodia. Los dos grandes enemigos de Lisbeth y Blomkvist.

Mikael jamás fue amigo de Lisbeth, por la que tiene una atracción contenida, porque nadie llega a serlo. Él termina solo, como ha estado hace mucho tiempo, apenas con una relación entrecortada y en suspenso con la administradora de la revista, una mujer madura, un poco desgraciada.

Como una buena serie, al final, todos los malos terminan muertos o detenidos, la justicia hace justicia, la revista termina saliendo después de una odisea, en la que todos los periodistas se vieron amenazados de muerte. Lisbeth y Mikael se salvan de morir y en Estocolmo amanece.

Las tres películas Millenium, podrían servir para una buena maratón de cine, una noche de sábado.

      

 

 

 

Rabia

Rabia

Sirvienta colombiana, albañil mexicano y decadente familia española, todos en un vetusto y feo caserón de cinco pisos, con ático y habitaciones cerradas, oscuras, húmedas, en el claustro alto de la mansión.El entramado es conocido. El celoso inmarcesible, el mexicano absoluto. Indecorosamente enamorado de una sirvienta colombiana, que ya quisiera cualquier mexicano tener en su casa. El personaje es arquetípico, por eso el actor no acaba de refinarlo dramáticamente en toda la primera parte de la película – hasta que se esconde en la mansión -, solo entonces el personaje se desdobla en una especie creíble de Robinson Crusoe, perdido en la isla de la casa, robando comida, caminando descalzo, ocultándose como una rata, durante meses. El único lugar a donde la policía no iría a buscarlo, por el asesinato del jefe de obra donde trabajó, hasta cuando agredió a dos tipos en un taller, a causa de sus celos. 

Sirvienta colombiana preñada por un violento. Un cuadro más que típico. Vive con su amante en la misma casa sin darse cuenta, durante todo el embarazo y hasta después del nacimiento, cuando descubre que las llamadas que le hace, salen de una línea en la casa.

La escena más obscena es el asesinato del hijo de la familia, que actuando como un personaje típico, quiere follarse a la colombiana. Durante toda la primera parte le hace lances, se le insinúa, le improvisa confianzas. En la segunda parte, sus arrebatos son más atrevidos y patéticos, pero minuciosamente espiados por el asesino que lo asecha en su propia casa, sin que nadie lo sepa. Una noche, el hijo está  borracho frente al televisor, aletargado, solo. El mexicano aparece como una alucinación, pero no le da un segundo. Salta y lo aplasta con una almohada a la que imprime una fuerza descomunal, que termina con la vida del tipo en un minuto. Se incorpora, mira el cadáver, da una vuelta, observa los objetos de la habitación, se sienta y prueba una presa de pollo que ha dejado el hijo en un plato, y luego de mascarla varis veces, se la saca de la boca y se la introduce al muerto bien adentro, en la boca. La escena tiene una delicadeza negra, un acabado tarantinesco, que dejan ese agridulce que agrada, el rancio acabado de las resoluciones criminales dramáticamente perfectas.

La cosa termina en una especie de alegoría, de señalamiento metafórico del punto en que la vida se toca con la muerte, en un cuadro de dolor sagrado, donde la madre acerca al niño recién nacido, al pecho de su padre, que en el suelo está viviendo sus últimos instantes.

Yo habría preferido una variante de final a la que nos entregó el director Sebastián Cordero. Que al regreso de la clínica donde ella va a dar a luz, lo encuentren muerto, después de una fumigación que han hecho para eliminar todas las ratas y alimañas de la casa. Que con los ratones que aparecieron muertos en la cocina, hubieran encontrado el cadáver del mexicano, como si hubiera sido un náufrago, tranquilamente acostado en la cama de la sirvienta colombiana.

 

 

Ley de deshonores al nadaismo

Ley de deshonores al nadaismo

Los únicos que recuerdan el nadaísmo son los nadaistas. El nadaísmo fue un escándalo necesario, un bochinche que se le metió al país de 1958. Dejó muy poca poesía, porque lo que más les interesaba a los nadaistas, no era escribir. Dejó un reguero de babas malditas, diatribas poéticas, cuentas por pagar y hasta un manifiesto. La última vez que supe de él, fue porque me invitaron a los cincuenta años de la proclamación del primer manifiesto en 1958. Una retahíla metafísica y libertaria, doctrinal, liberal, que decía textualmente en un fragmento: “La misión es ésta: no dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante será examinado y revisado”.

Monseñor Uribe, cuando fue a candidato a la presidencia la primera vez, utilizó un poema malo de Gonzalo Arango, como consigna: “Una mano/más una mano/no son dos manos…” y seguía un kilómetros de manos, una extensa manipulación que bien se avenía al carácter de la propuesta política de Monseñor.

Arango fue el Papa del nadaísmo, el mejor bufón de la corte poética, un muchacho paisa, de Andes, que fumaba Pielroja mientras leía a Rimbaud. Flaquito, tímido, de poco comer, insomne, que un día iluminado por el rayo del demonio de la poesía, se fue de la casa, como un culebrero, a encantar con la palabra. Su viuda Angelita dice, que el nadaísmo murió en 1976, en Tocancipá, el día que Gonzalo se mató como Camus.

En septiembre de 1996 se expidió una llamada “ley de honores” – la 359 – por la cual “se exalta la vida y la obra de Gonzalo Arango”. Claro que se trataba de un formalismo aprobado por la acción de algunos chiflamicas legislativos, que regularmente promueven leyes de honor, para las que no hay ni habrá disposición presupuestal. Ley de honores para el emérito cuerpo de bomberos de Sandoná, para la liga antituberculosa colombiana, para la casa del artesano en el Socorro, y para Gonzalo Arango.   

Más bajo no pudo llegar su nombre en la historia. Que una ley del Congreso, ese del 96, lo exalte a uno cuando se ha muerto, es como para volverse a morir. Un Congreso de bandidos consagrando a un nadaista. El viejo Elmo Valencia fue capaz de decir en una carta que mandó al Espectador (domingo cinco de diciembre) que ”…los poetas nadaistas nos sentimos orgullosos de que el máximo cuerpo legislativo del país le rindiera un cálido homenaje…”.

Los únicos que creyeron que la ley aprobada en el Congreso -que estipulaba una asignación de recursos para actividades culturales y educativas - era un honor, fueron los nadaistas, los cuatro que quedan vivos. En realidad fue un deshonor a un tipo como Gonzalo, que no se lo merecía, aunque hubiera trabajado en Nueva Frontera. Los sobrevivientes lo que han debido hacer es, demandar al Congreso, por daño en cosa ajena.

 Así que catorce años después de expedida la 339 del 96, los únicos que todavía se acuerdan que fue expedida son los nadaistas. Y como nunca les entregaron los recursos,  fueron a demandar a la nación, por no haber pagado el “honor” declarado. La juez del juzgado séptimo administrativo de Bogotá, rechazó por improcedente la acción de cumplimiento, que deja en firme, que la ley no compromete recursos, que es un honor, y nada más que un honor, con lo cual el país terminó debiéndoles  esa platica a los nadaistas.

El honor del Congreso fue un cheque chimbo girado al nadaismo. No era para esperar más del Congreso. Pero qué hacer, aunque el nadaísmo murió, ellos siguen vivos.  

En lo que si estoy completamente de acuerdo con Elmo, es que es mejor leer la Nausea en ayunas, que el Código Penal empastado.   

Batalla on line

Batalla on line

El bloqueo de la página de Mastercard alerta de una posible guerra de hackers. También se produjeron ataques a una cuenta suiza. Los castigadores son ahora los castigados. El próximo podría ser PayPal que admitió presiones de EEUU para cerrar la cuenta de Wikileaks. Son interesantes el recordatorio de la BBC sobre el caso de Estonia y el reportaje del The New Yorker: On line threat. La posibilidad de una guerra sin ejércitos, sin fronteras que mover ni territorios que conquistar empieza a ser real. Un día sin móviles y sin Internet sería más dañino económicamente que la explosión de una bomba.

Un fulano llamado Julian Assange

Un fulano llamado Julian Assange

La opinión pública norteamericana está en un perfecto empate. Un 42% está en contra de la publicación de WL, y un 43% la aplaude. El otro 15% dice que depende de las implicaciones penales. Que el mundo se entere de la información cruda que los subalternos en el mundo envían a la Señora Clinton en Washington, es un golpe muy bajo de Julian Assange. Tan bajo, que voces al interior de los Estados Unidos  lo han convertido en  objetivo militar, o han pedido cadena perpetua o muerte legal para él, lo que sea con tal de sacarlo del juego. Es un monstruo, del tipo Bin Laden,  solo que Assange podría tumbar más torres, sin costo de vidas humanas, lo que lo hace un monstruo moralmente superior.

Si bien Assange no ha dado a conocer nada que no se supiera, por la red, por los medios, por informes institucionales, o por los blogueros, el valor de su operación consiste en romper el círculo de los secretos de estado. En adelante ningún estado podrá tener la certeza de no ser filtrado, denunciado, publicado en su más intimas, altas  y despreciables privacidades. El contenido de sus políticas, sus estratagemas, sus opiniones reales, el contenido de sus líneas de información cifradas, ya no estarán a salvo de la lectura pública del mundo.

  Se trata de una información que era cifrada y ahora completamente pública, subrepticiamente desclasificada, que pasó de ser del estricto dominio del Departamento de Estado, a bien público, que desde luego le sirve tanto a los amigos como a los enemigos de los Estados Unidos.

 El mercado negro de la información de estado se agitará como nunca antes, hasta hacer que los más leales se vuelvan traidores y que la mayor parte de lo que se publique sea noticia.

Hay tres cosas interesantes en la jugarreta de Assange. Que haya encontrado y persuadido de colaborar a los eslabones más débiles de la cadena de informantes de estado. Desde “garganta profunda” no había un soplón más espectacular, que el cabo Bradley Manning.

Que los servidores transmitan copias digitalizadas de los documentos para ser encriptadas, de donde pasan a la mesa de re-lectores, para luego proporcionarse, a través de un número clave, a los “periódicos asociados” (NY Times, Le Monde, The Guardian, El País, Der Spiegel). La función de ellos es convalidar – legitimar -  la información que alimenta a WL.

No se trata pues, de un adolescente que publica desde su habitación los chismes de su escuela en FB. O de un hacker que accede a algunos archivos del City Bank. Se trata de una asociación de TICs y medios, para informar a pesar del Estado, el mismo que administra las leyes de prensa, la jurisprudencia sobre la libertad de informar, el libre flujo  de información y el acceso a los medios, el derecho a la expresión.

La publicación de WL, como afrenta de estado, es mucho menos “ilegal” que todas las estratagemas a las que los Estados Unidos han apelado durante toda sus historia  para defender sus intereses. Que en un mercado negro de la información alguien compre información robada, la examine, la verifique, hasta estar seguro de lo que publica y lo haga, es menos ilegal que todo lo que los Estados Unidos han hecho con “diplomacias cañoneras” para derrocar y poner gobiernos en el mundo.

Los novelistas dieron cuenta del “estilo de nota” con que trabaja WL, la formalidad diplomática y la superficialidad convencional de los cables que se escriben todos los días en las embajadas. Norman Mailer, en El Fantasma de Harlot, se regodeó imitando el estilo de los cables, los informes y los reportes de la CIA.

Chávez, gracias a WL, ahora sabe que Obama no tiene interés en invadir Venezuela, y Evo podrá rascarse con mayor tranquilidad su nariz.

WikiLeaks

WikiLeaks

Que la Viuda K haga pensar que está un poco loca, que es más ambiciosa que el finado, que se auto medica y que es víctima del estrés, no es noticia. Que Rusia es un estado mafioso, donde gobierna Putin como Iván el Terrible, y que para cuidar las apariencias dispone de un presidente de mentira, tampoco lo es. Que a México se lo tomó la mafia más agresiva, más ambiciosa y más enriquecida, al punto que a Fox se le ha ocurrido proponer la legalización de la droga, tampoco lo es. Que el programa nuclear pakistaní pudiera terminar vendiendo servicios a grupos terroristas, y que las tensiones con la India van en crescendo, tampoco. Que Silvio Berlusconi fornica para poder gobernar, que gobierna porque es bueno para el negocio y que su salud está muy mal, tampoco lo es. Que el gobierno de Corea del sur está calculando un eventual desplome del régimen de Corea del norte, tampoco. Como no lo es, que la cooperación norteamericana con el régimen de Yemen se está viendo afectada, por el escándalo sobre la responsabilidad de los bombardeos contra bastiones de Al Qaeda. Que el gobierno de Lula siempre supo de la presencia de las FARC en Venezuela, pero que se hizo el de la vista gorda, tampoco es noticia. Tampoco, que Zapatero se portó como todo un lameculos socialista con la política de USA en Irak. Que Chávez trabaja para levantar el eje Teherán, Caracas, La Paz, no es noticia. ¿Entonces qué lo es?

Si hiciéramos el ejercicio de listar los personajes más influyentes de la primera década del siglo, yo ahí pondría a Julian Assange. Aunque con mucha pena, me parezca que la última información que le vendieron es basura diplomática, 250.000 documentos cruzados entre las embajadas norteamericanas en el mundo y el Departamento de Estado.

Para ser justos, digamos que si hubo una noticia al menos, que la embajada que más reporta es la de Turquía.