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Alberto Rodríguez

Poesía

Poesía

La  película coreana de Lee Changdong, ganadora del premio al mejor guión en el Festival de Cannes en el 2010, cuenta la historia de Mija, una mujer de 66 años que busca la poesía. Asiste a clases de poesía con un maestro que les dice a sus alumnos que el secreto de la poesía está en saber mirar, saber oler, saber escuchar, saber saborear. Asiste a aburridísimas veladas de poetas aficionados, donde conoce a un policía en licencia - por accidente - que se levanta y va a leer su poema. Cuando termina, dice que le da seguridad tener una tercera pierna. Para ilustrarlo, echa mano a su verga.

Mientras Mija busca la poesía se encuentra con el crimen: una violación colectiva y continuada a una estudiante, en un laboratorio de química de un colegio de secundaria, que tras seis meses de vejaciones, se suicida, saltando desde un puente. Mija descubre que su nieto, que vive con ella, es uno de los violadores.

Los personajes: Mija, su nieto y el viejo, del que ella es sirvienta, están tallados a mano, son caracterizaciones elaboradas, precisas y repletas de humanidad, dueños de un ritmo sosegado y seguro en el relato, donde la poesía y el crimen se encuentran en la antesala del olvido.

El guión tiene una estructura de conflicto apoyada en tres sub conflictos que se cruzan: el anuncio de que Mija padece Alzheimer, la dificultad para encontrar el camino a la poesía. Y el conflicto que la toca, como consecuencia del crimen.

Los padres de los seis chicos se reúnen y ofrecen a la madre de la víctima, 30 millones de wones, que ella acepta, para no denunciarlos. Cada uno debe poner 5 millones. Mija no los tiene. El colegio se hace el de la vista gorda y a los periódicos que meten las narices, se les acerca persuasivamente. Y todos felices.

 Mija va al campo a buscar a la madre de la suicida, pero no le toca el asunto. No es capaz. Aún así se comprometió  a conseguir el dinero para pagarle. A medida que incurre en el soborno, que la lleva al chantaje, se va acercando al momento de su encuentro con la poesía.

Un poeta que los visitó en el club de poesía, le había dicho que la inspiración no está ahí, disponible para cualquier poeta, a la hora que la necesite. La inspiración se mendiga, la inspiración se mendiga, fue lo que dijo.

Cuando se termina el curso de poesía, el único poema que se presenta, es el de Mija. Lo ha dejado entre las flores que le trajo a su maestro. Deja el ramo y se va. Tenía que ir al encuentro definitivo entre la poesía, el crimen y el olvido.

¡¡La inspiración se mendiga!!     

 

TLC: soberanía y negocios

TLC: soberanía y negocios

El TLC es un arma de doble filo. No es solo condenable por ser nocivo para algunos sectores de la industria, el agro, los productores de pollo, los trabajadores y otros. Tampoco es solo aceptable, porque sea un buen negocio para algunos industriales, porque abre mercados en USA, por el incremento comercial. Ambas posturas son simplistas, fragmentarias. La integración comercial en la globalización, la apertura de mercados, la producción para el mercado externo, el ensanchamiento de la base industrial, no son opciones. Hoy las economías se abren o se abren, el curso de la historia del mercado, lo impone. Así que pelear contra una tendencia, es un buen ejercicio político o académico, pero improductivo.

Convertir el TLC en panacea, en promesa de crecimiento, en augurio para el desarrollo, en ampliación de la base laboral, es una trampa de industriales y políticos, que tienen amarrados buenos negocios. Por lo pronto, la tarea de aprobación ha abierto la puerta, para una injerencia directa de USA en asuntos internos colombianos. No es algo nuevo, es lo que siempre ha sido la relación con la Casa Blanca.

 Obama hace un cálculo: el TLC expandirá las exportaciones norteamericanas en 1.100 millones de dólares y se abrirán cincuenta mil nuevos puestos de trabajo. Un buen negocio, solo falta que los demócratas en el Congreso, encuentren la forma de participar en él.

Para Colombia, a ciencia cierta, no sabremos en términos de cifras, cuál será la ganancia o la pérdida. Estamos negociando sin estimativos reales, a partir de proyecciones que se formularon desde que se discutió el tratado. Sin embargo, se nos ha fijado una agenda, que sitúa al gobierno y al congreso de USA, como colegisladores y coadminstradores de una agenda interna. Por ejemplo, nos exigen que de inmediato entre en operación el programa de protección de los maestros colombianos y que se hayan hecho todas las reubicaciones laborales. Hay que hacer una reforma al código penal para criminalizar las acciones contra los trabajadores. La Fiscalía tendrá que abrir una nómina de cien investigadores judiciales de tiempo completo para que ayuden a los fiscales a aclarar los crímenes contra los sindicalistas. Habrá que aumentar los fiscales y la policía judicial en las regiones. Hay que producir una legislación contra las cooperativas que atentan contra el derecho al trabajo. En los próximos cuatro años, hay que contratar 480 nuevos inspectores laborales y abrir programas de inspección, a los cultivos de palma, azúcar, minería, puertos y flores. Se deberá eliminar el derecho a la contratación colectiva, que afecta los intereses del sector laboral no sindicalizado. No son recomendaciones relativas a la negociación de un TLC, son órdenes de trabajo de la Casa Blanca al gobierno de Santos.

Una agenda muy liberal, a favor de los trabajadores, condenatoria de los crímenes del ejército y los paramilitarismo contra los sindicalistas y trabajadores. Santos ha regresado de USA a tramitar las órdenes de trabajo, ha puesto a todos los ministerios y a sus bancadas, en la tarea de promover las modificaciones legales necesarias para comenzar a hacer los buenos negocios.

No deja de ser paradójico o ridículo. Que sea el imperio el que venga a ordenar legislaciones y políticas para la defensa de los trabajadores, de los sindicalistas, de los maestros. La tarea, que Santos está dispuesto a hacer para la firma, siguiendo la obsecuente tradición de los gobiernos colombianos con USA, es el resultado de su visón “pragmática”, que significa, no importa que tantas concesiones haya que hacer, con tal de hacer buenos negocios. Nada lo muestra mejor, que la obsecuencia pragmática en sus tratos con Micomandante.

  

 

“Lo bello es el comienzo de lo terrible”

“Lo bello es el comienzo de lo terrible”

El gusto primero está asociado con el sabor y el sabor con la boca. Así que el primer y más elemental gusto es el saboreo, distinto a mascar, a deglutir. Pero hay un gusto más visual, más auditivo, el gusto por los objetos, y entre ellos, en un rincón de la galaxia de los creados por los hombres, las obras de arte.

¿Qué es el gusto estético por una obra que aceptamos que es de arte? Un asunto espinoso, cuyos fundamentos comprensivos fueron esbozados en el siglo XVIII por Joseph Adisson, que explicó el gusto como una facultad para discernir la belleza.

Cuando la belleza definitivamente entró en quiebra, a finales del siglo XIX, el gusto de estirpe dieciochesca se quedó sin piso, sin sobre qué juzgar. Una facultad entonces significaba entender, imaginar o sentir. Cuando Nietzsche en el novecientos anunció la muerte de Dios, lo que de verdad estaba anunciando, era la muerte de la belleza. Con él, la estética se independizó de la filosofía.

El gusto se expresa siempre  a través de juicios. Kant escribe un libro – La crítica del juicio - para explicar la naturaleza de ese juicio originado en lo sensible que carece de carácter lógico y resulta, más bien, sentimental, pero con una especificación definitiva, su contenido particular revela lo universal. Hay que decir que eso fue antes de la revolución francesa, y antes de Sade. Sade pudo haber sido el primero que con su vida y su obra anunció el final de la belleza, de esa belleza de origen griego que se había regodeado durante más de veinte siglos, hasta llegar a ser la belleza romántica, que terminó descomponiéndose mientras las “flores del mal” envenenaban el aroma clásico de la belleza, la disolvían, como se disolvían los leprosos, hasta la primera guerra mundial cuando fue decapitada. Lo que llevó a Rainer María Rilke a exclamar: “lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”.

El gusto de la era en que ya no hay que juzgar, es el gusto que no deriva de juzgar el patrón, el molde, el corsé del estilo, la norma, “el buen gusto”, el ideal burgués, la perfección académica, el canon. ¿Entonces qué es lo que juzgamos si lo que encontramos en las obras ya no es la desaparecida belleza?

La pregunta por el gusto, es la pregunta por el objeto del gusto. Un gusto que se enuncia siempre como juicio. Así que ponerle la cara al problema del gusto hoy, significa encarar al menos dos preguntas muy gordas: ¿Si el objeto estético ya no es aquel del cual la facultad de juzgar juzga la belleza, qué clase de objeto es? ¿No siendo el juicio del gusto algo puramente emocional (sensible) ni puramente lógico (conceptual) qué clase de juicio es?

Molestias del pensamiento estético, que todavía dan brega a los desocupados, como yo.

Sade

Sade

"Un infierno habitado por los de nuestra misma especie, a pesar de todas las torturas, es mucho más deseable que un cielo ocupado por los seres monótonos a quienes nos presentan como modelos de virtud.”  D.A.F.Sade

La mayor parte de la obra del Marqués de Sade resulta ilegible, aun para quienes lo admiran. Su nombre, no en vano, se utilizó para designar el placer en el dolor ajeno. Los diez volúmenes de sus Jornadas de Florabelle, fueron quemados con la instigación de su propio hijo. Si todavía se lo pudiera recordar, no sería por la leyenda de su nombre, esparcida en el aire corruptible del dolor, del sufrimiento, sino porque toda su “Filosofía en el tocador”, que inspira los actos contumaces de su vida, es un honrado combate contra la virtud.

No hay un retrato fidedigno del Marqués. El 7 de mayo de 1793, a sus 53 años, en un certificado de residencia, se lo describió así:”…cinco pies, doce pulgadas, cabellos casi blancos, rostro redondo, frente descubierta, ojos azules, nariz común, mentón redondo”. Desbordes y Nodier, lo describen de tal forma que podría uno creer que era una mezcla pintoresca de Wilde y Montesquieu.  

Odió a su madre, a su mujer y a su suegra, a quienes debe la gloria de todo su dolor, aunque no tuvo con la autoridad que le separó del mundo, la relación imposible del anarquista. Subordinó su existencia al erotismo, porque era la única forma de concederle un poco de sentido a su vida. De su sexualidad ensanchada sacó material para hacer una literatura, mal que bien, que le dio un lugar en las letras de Francia. No era en sentido estricto un depravado común, si eso todavía hoy nos dice algo, era un escritor – a más no poder – que consagró en su obra el robo como un afrodisíaco. Carecía de aversión al peligro. Frente a la invocación moral del bien, se sintió en la necesidad de invocar el mal, como principio.

Sade era más que un demonio de la carne, era un demonio retórico que se dio el placer de sacar sus obras clandestinamente del sanatorio, para que se imprimieran clandestinamente y luego fueran lanzadas a las calles, para envenenar a esos nuevos lectores, que buscaban huir de tanta virtud, participando de una revolución.

Sade se infringía placer. Pero al mismo tiempo encontraba que la exaltación placentera solo la encontraba en el peligro. En 1771 lo encerraron por primera vez, por deudas, esa fragancia propia de la juventud. Mientras huye a Italia con su cuñada, lo condenan a muerte  por contumacia. Su efigie es quemada en la plaza de Aix. En 1777, su suegra lo hizo encerrar tras el subrepticio retorno a Paris, en el castillo de Vincennes, y de ahí fue enviado a la Bastilla, donde permanecerá por once años. A medida que fueron matando al hombre, el escritor fue emergiendo, como una bestia simbólica “tras las diecinueve puertas de hierro”.

A partir de 1782 ya no podrá vivir, más que por el hecho de conservar la capacidad de escribir. Le conceden la libertad el viernes santo de 1790. En 1793 fue nuevamente encarcelado por la revolución bajo la acusación de “moderado”. La sociedad naciente y convulsionada, que no había hecho más que darle universalidad a la crueldad, al ajusticiamiento de las virtudes monárquicas, a través de un régimen de terror, tampoco podía confiar en Sade. Ni la aristocracia, ni la burguesía revolucionaria, ni el Directorio, podían confiar en un hombre que negaba la virtud, se jactaba en el dolor y despreciaba la gratitud.

 “El exceso de terror ha hastiado el crimen” escribió Saint Just.

A comienzos de 1800 se encuentra en el hospital de Versalles, muriendo de frio, de hambre, de soledad y nuevamente amenazado con prisión, a causa de las deudas. Lo que en efecto se hizo efectivo en abril de 1801. Ingresa a Santa Pelagia, en donde reducido al mayor abandono que un ser como él podía soportar - ya sin fuerzas para escribir, sin ánimo de escándalo, sin familia y sin recursos - entrega su alma al Señor.

Toda su ética, confirma Simone de Beauvoir “es la identidad fundamental entre el coito y la crueldad”.   

 

 

    

Carta desde el Japón

Carta desde el Japón

Acabo de recibir un mensaje de un amigo que tiene información de un oficial del ejército japonés. Dice que en la planta nuclear de Fukushima el reactor nuclear  ha empezado a fundirse y que no hay nada que se pueda hacer para prevenir la explosión, todo lo que están intentando hacer es simplemente retrasarla.

Hay cuatro o cinco veces más combustible nuclear en Fukushima que en Chernobil, y lo que hace esta situación mucho peor es que Fukushima tiene seis reactores uno junto al otro y el tercer reactor  está siendo utilizando como combustible mox (mezcla de óxidos) que contiene plutonio, y como sabéis el plutonio tiene una radiactividad muy alta. Lo que quiero deciros es que, por favor, no desperdiciéis esta oportunidad.

Es cierto, hay tantas informaciones circulando ahora mismo en Japón, un montón de afirmaciones y rumores. Cuesta mucho averiguar qué es realmente verdad. La televisión dice una cosa y en los periódicos vemos otra. Hay e-mails de advertencias y mensajes de móvil alertando sobre nuevos terremotos.

Y la compañía eléctrica que no nos informa de la verdad a tiempo. Todo ello nos confunde y nos agota y lo peor podría ser que la gente cayera en el pánico. Pero el hecho es que el peligro al que nos estamos enfrentando ahora es vuestro también. Si la explosión ocurriese, la radiación se extendería por todo el mundo, a través del mar, la comida, el aire...

El desastre de Three Mile Island en 1979, Chernobil en 1986: los humanos no aprendimos las lecciones que nos costaron tanto. Un proverbio japonés dice: "Después de tragarlo te olvidas de que quema". Significa que cuando la comida que quema está pasando por tu garganta sientes el dolor y dices que no más... pero al cabo de un momento lo olvidamos como si nada hubiese pasado y tomamos otro bocado que quema.

Oí que hubo una manifestación en Alemania en contra de las centrales nucleares. Por favor, seguid. Si todos nosotros no podemos aprender la lección de ésta catástrofe, nos costará el planeta.

Por favor, no perdáis el tiempo. Si creéis que los japoneses necesitamos ayuda, hay algo que sí podéis hacer: ¡Por favor, cambiad el mundo! Dijimos “¡No más Hiroshima y Nagasaki!” y nosotros los japoneses, el único país que ha sufrido bombardeos atómicos, nos enfrentamos a este desastre humano una vez más. Los desastres naturales no los podemos parar, pero los desastres humanos si los podemos detener. Es hora ya. ¿No crees?

Con amor y esperanza.

Megumi Miyata

La mujer de los ojos violeta

La mujer de los ojos violeta

Elizabeth Taylor comenzó a actuar a los diez años. Trabajó con Lassie y luego montando a caballo, saltando por las azules praderas de Kentucky y terminó haciendo de suegra de Pedro Picapiedra. Salvo por su papel de Martha en Quién le teme a Virginia Woolf (Mike Nichols 1966, basada en la obra de Edward Albee) no la recuerdo como una actriz. La recuerdo como la mujer de los ojos violeta que hizo 45 películas, se casó ocho veces y jamás fue feliz.

La película fue nominada a los Premios Óscar en cada categoría elegible (película, actor, actriz, actor de reparto, actriz de reparto, director, guión, dirección artística/decoración del set (blanco y negro), cinematografía (blanco y negro), sonido, diseño de vestuarios, música y montaje). Cada uno de los cuatro actores fue nominado, pero sólo la Taylor (mejor actriz) y Sandy Dennis (mejor actriz de reparto) se llevaron la estatuilla. El trabajo de cámara de Haskell Wexler también ganó. Fue la última película nominada en esa categoría, antes de ser eliminada.

Ha muerto una vieja de casi noventa años a la que su corazón le falló. Le venía fallando desde hacía muchos años y a medida que le fallaba iba ganando peso y perdiendo pelo. El maquillaje y el dinero hicieron el milagro de disfrazarle decorosamente su vejez. Las últimas veces que la vi la llevaban en silla de ruedas, todavía repartía esa misma falsa sonrisa de niña buena, conque conquistó los corazones de la clase media.

No sé por qué la imagino insoportable en privado, caprichosa e indolente. No me la puedo imaginar como una viejita buena. Tal vez porque ninguna estrella pueda serlo. La Taylor no tiene en mi recuerdo, el sabor auténtico de la tragedia que encarnó Marilyn Monroe, ni la elegancia actoral de Katherine Hepburn, ni el desdén inolvidable de Lauren Bacall, ni era la Garbo, ni la Bergman, ni María Feliz.

Ignoro si la Taylor creía o no en la reencarnación, si tenía alguna fe auténtica, si alguna vez tuvo accesos religiosos de verdad. La recuerdo consumiendo barbitúricos, sedantes, pastas para dormir. La recuerdo desenamorándose y enamorándose, como si hubiera venido al mundo, diciendo: ¡No quiero que me comprendan, solo que me amen!

Paz en su tumba. Una vez más, irá a encontrarse con Michael Jackson, en un lugar más allá de la tierra de zombis, entre la nada y el olvido.    

El último encuentro

El último encuentro

 En El último encuentro, Sándor Márai revela un cierto grado de parentesco con el Rainer María Rilke de los Cuadernos de Malte Laurids Brigge, en donde Sartre encontró ese expresionismo con el que decoró su Nausea. Con el Musil del Estudiante Törless, con el Döblin de Berlin Alexanderplatz, pero ante todo con el Broch, de Pasenow o el romanticismo.

Malte, Törles, Biberkopf, Joachim y hasta Samsa, tienen algo que Márai introduce en su General y en su Konrad. El reparto del Último encuentro es el mismo de Pasenow. Joachim es el equivalente al General,  de 75 años, que vive con su nana de 92. Von Bertrand es Konrad, y Ruzena es  Krisztina. La misma estructura de reparto, y el mismo conflicto, que en el Werther de Goethe: Werther, Lotte y Alberto.

   Pero no solo los personajes están emparentados por una estructura de relato triangular que coincide en una base común: el amor y la amistad. No solamente por la atmósfera común de extrañamiento, de cierta tranquila ausencia en los personajes, cargados de paradojas, de misterios cotidianos, de sacrificios éticos profundos y de un grado de neurosis ejemplar. No solo por el aire lúcido de la conversación, por la finura de la reflexión de los personajes, que parecen cumplir todo su destino, en la medida en que cazan perfectamente en el tamaño de su tragedia. Están emparentados además, porque aun apreciando que todos hacen lo que tienen que hacer, jamás logran certidumbre.

El último encuentro tiene veinte capítulos. Más de la mitad del libro, desde el capítulo diez, está ocupada por un monologo exterior que el General le dirige a Konrad, que ha regresado de los trópicos después de 41 años, diez después de que hubiera muerto Krizstina. Un monólogo que intenta hacer dos preguntas, el General necesita confirmación, certidumbre. Pero al final descubre que ha hecho mal las preguntas. No importa, le dice a Konrad, yo sé las respuestas, que después de beberse un par de botellas de vino, le dice que no pensaba responderle ninguna pregunta después de 41 años.

Se despiden de mano, Konrad sale al frio de la madrugada austriaca, a la calzada del palacio, donde una calesa lo espera.

Entonces Señor ¿Qué coños viene siendo el Japón con relación a vos?

Entonces Señor ¿Qué coños viene siendo el Japón con relación a vos?

 ¿Si Haití es la prueba de que dios no existe, Japón qué viene siendo? Como respeto a todos los creyentes, aunque su creencia me atosigue, asumo la diversidad de las posibles respuestas. Por lo pronto, aquí no va más que la mía:

El mismo país que hace 66 se despertó una mañana con el ensayo colectivo de muerte, más altamente sofisticado que se hubieran inventado los hombres, un día se despierta con un terremoto que estalló el techo de la escala arbitraria de Richter, para sismos de intensidad registrada, al treparla a nueve. El escalón previo al grado diez, que la escala califica como de “sismo épico”. Nunca ha ocurrido. Conlleva modificaciones en la corteza. Las placas podrían invertirse. Como consecuencia del sismo submarino, la monstruosidad de las entrañas de Gea, que se agitan sin moderación bajo los lechos marinos, la fuerza energética liberada levantó una megaola, de un tamaño tal que sus últimas crestas podrían esperarse en América doce horas después. El oleaje en dirección al Japón, desmanteló el noroeste país. Pueblos completos de diez mil habitantes desaparecieron de la faz. Y como consecuencia los reactores nucleares de la planta de Fukushima Daichii, se desajustaron, la interrupción de energía eléctrica impidió operar los sistemas de refrigeración, los núcleos se recalentaron y comenzaron a producir explosiones que liberan dosis de radiactividad. Se han controlado dos reactores. Un tercero está crítico, estado cinco de alerta en escala de siete. Una dosis de radiactividad ha contaminado el agua dulce y los vegetales. Una crisis masiva de vivienda, de agua y de comida, es un proyecto de muerte tan serio, como el de agosto de 1945.

La “naturaleza”, esa creación de Dios, sobre la que dio en poner a los hombres, parecería estar jugando la final de un partido de ajedrez con Japón. Un ataque de los elementos, coordinado, devastador, sin dar tiempo. Y lo más refinado, hacer que la energía atómica con fines pacíficos, se convierta en la energía de la muerte, como en Hiroshima y Nagasaki.

Pero, para ser justo, reconozco y acato que para los creyentes esa naturaleza entre comillas obedezca a las leyes de dios. No conozco todavía a uno solo que acepte que la gravedad no sea su creación. Porque ningún creyente aceptaría que en el  dominio de la creación del Señor, haya una brizna de heno que no esté en sus manos.

Entonces Señor ¿Qué coños viene siendo el Japón con relación a vos?  

AZ57: reservado

AZ57: reservado

Hace siete meses que Monseñor Uribe Vélez terminó su reinado. Esperaría que antes del fin de año, en  alguna Corte Penal en el mundo, se lo cite para que responda por el delito de conspiración.

Se cayeron los plomeros, los del primer círculo, los alfiles de los partidos, los gatilleros electrónicos del DAS, ministros, familiares y comisionados. Y por primera vez la Fiscalía ordenó investigar al Ex Monseñor, por las interceptaciones ilegales del DAS. Hay una resolución de acusación contra cinco ex funcionarios del G3, el grupo de apoyo de Narváez y Yamure. Expediente AZ57.

A nombre de la “seguridad democrática” se traspasaron límites legales, se violaron disposiciones, se quiso hacer concurrir “todas las formas de lucha” para sostener el “estado uribista”. Se le mintió a la opinión pública, se incurrió en un perjurio de Estado. Toda la política se hizo bajo la bandera del  “todo vale”. La configuración delictual del Caso Uribe en Colombia, es bastante más complicada que la del caso Nixon en USA.

En la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes ya existe una investigación contra el Ex por el mismo motivo. La Fiscalía le envió copias de evidencias contenidas en el AZ57, con una sección especial titulada:”Presidente Uribe”.

Del resto de la banda, se sabe que: Cayó el Primo, ya fue condenado. José Obdulio era “el jefe de las chuzadas”, está siendo investigado por la Fiscalía. Bernardo Moreno imputado. Edmundo del Castillo investigado. Uribito y el último ministro de agricultura, fueron embargados en sus bienes y llamados a responder por la desviación de recursos del Estado. Pachito metido en la investigación por tratos con los paras. Sabas, hasta el pescuezo en el caso de la Yidispolítica, por cohecho,  y ahora llamado para que responda por sus conversaciones con el paramilitarismo para la segunda reelección. Se conoció un WL de la embajada norteamericano que informa de la agria disputa entre Sabas, como ministro de la política y el Comisionado de Paz, el abullonado Doctor Ternura. Sabas acusó a Ternura de “haberle metido 12.00 paras” al proceso de reinserción. Lo cual pone a Ternura a responder por una cadena de falsas desmovilizaciones, que buscaban inflar los resultados de la “seguridad democrática”; por haber mentido respecto a las entregas de la FARC; por haberse inventado frentes de las AUC, para hacerles el favor a los mafiosos; por suplantación de protocolos de reinserción e intermediaciones con la mafia para financiar reinserciones. Cayó hasta Ciro Ramírez.

Se han abierto investigaciones por corrupción en Notariado y Registro, por legalizaciones del robo de tierras, en la División de Estupefacientes, donde los políticos uribistas negociaban la administración de los bienes transferidos por extinción de dominio. En el Banco Agrario, el Ministerio de Agricultura, y al sistema de regalías.

Los que siguen “libres”, aparte de Monseñor, son dos de sus ministros cómplices. El de la política en el segundo gobierno, cuyo hermano acaba de ser condenado por trabajar desde los tribunales en Medellín para el paramilitarismo. Y el otro, que por estos días se dedica al “buen gobierno”. El mismo que declaró esta semana “Porque el Presidente Uribe –y yo puedo dar fe personal de eso– es un hombre limpio, es un hombre probo, es un hombre comprometido en la lucha contra la corrupción”.

 

El punto G de la degradación

El punto G de la degradación

Debo comenzar por decir que no leo los editoriales del País, ni de Madrid, ni de Santiago de Cali. Aún así, por casualidad, el 27 de febrero encontré en la página A21 del último, un curioso editorial, arriba, a la izquierda, en una columna titulada Evangelio, firmada por Darío de Jesús Monsalve. Su primer nombre me pareció una alegoría cuando advertí que es un Monseñor.

Occidente instauró la “dictadura del lucro salvaje y de la voracidad empresarial y bancaria, convirtiendo el dinero en la medida de todas las cosas” dice Monseñor. A primera vista se diría que quien suscribe tal cosa es un marxista, parafrasea con juicio en su lid, lo que Marx había escrito en 1948, en el temido Manifiesto, que occidente quemó de mil formas.

Pero Monseñor va más allá, dice algo severo, a tener en cuenta. El afán de lucro lleva al olvido de Dios. El capitalismo no es un buen aliado de él. La queja editorial es tajante, franca, hasta termina ironizando con la “prosperidad”. Introduce algo gracioso, que llama con sonoro nombre: el Punto G de la degradación. Trátase de un quiste que le sale a la prosperidad y le supura por la G: guerra, ganancia, gasto, gusto, y agrego yo, gobierno, gravámenes y garantías. (Hasta aquí la columna izquierda).

En la columna derecha, Monseñor comienza con una oración de seis líneas tan saturada de lugares comunes, que no dice nada. Pero vuelve y afirma algo propio: “la paz se hará cuando la gente quiera hacerla”. Aquí Monseñor ya no es un marxista, es un liberal aventajado.

Pero Monseñor, antes que nada es un Pastor, así que al final, como en una especie de publicidad ideológica, nos pide que volvamos al Evangelio. La tarea es metafórica, no creo que podría ser de otro modo en un juicio: “reubicar la vida en lo esencial de Dios”: Coño, Monseñor, con esa me has matado. Todo Santo Tomás, todo Kant, todo Hegel, no bastarían para conseguirlo, porque semejante reubicación es cosa absolutamente concerniente a Dios, capaz de cambiarse a sí mismo. De modo que frente a la dimensión extraordinaria, ficticia de la tarea, bien podemos olvidarnos de Dios, y entregarnos al capitalismo, excitándonos comunitariamente el punto G. Ea Monseñor.

“Pero él - Dios – jamás se olvidará de nosotros”, cierra Monseñor.  ¿Cómo podría si está condenado a no olvidar nada?”. Aunque de ahí a olvidarlo todo, no hay más que una brizna, que agitaría la más leve duda.

 

 

 

 

 

Inception: técnica de instalar ideas a través del sueño

Inception: técnica de instalar ideas a través del sueño

Director: Christopher Nolan, Guionista: Christopher Nolan, Actores :Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt and Ellen Page. Cuatro premios Óscar, mejor fotografía, mejor mezcla de sonido, mejor edición de sonido y mejores efectos visuales. Tres premios BAFTA, a mejor diseño de producción, mejor sonido y mejores efectos especiales. Obtuvo el tercer lugar de taquilla en el 2010 según la ABC.[4]

La trama de la película se elaboró muy cuidadosamente sobre una teoría del sueño artificial, una variante computacional de la teoría poética del “sueño experimental” de Tristan Tzara. Se trata de provocar una intervención administrada en el flotante mundo inconsciente, liberado durante el sueño. Una ingeniería ha logrado desarrollar una tecnología para entrar al inconsciente e inocular “sueños diseñados”. Una "maquina de sueños" que se conecta al durmiente, alimentada con un software y algo de sedante, lo predisponen a un sueño artificial. La creación del software es un reto de ingeniería onírica para el relato de ciencia ficción. Se trata de crear un sueño en red en tres niveles con sistema de proyección. Lo que quiere decir: varios soñantes conectados en red entren a un sueño común, que tiene tres pisos, como en los dibujos de Escher, en el que algunos agentes de vigilia, como si fueran fichas de ajedrez que se han perdido y se reintroducen al juego, interviniendo el curso del sueño en cualquier momento, de tal forma que se modifica la secuencia diseñada. El sueño diseñado trabaja en una escala temporal completamente diferente a la escala de vigilia. Pero vigilia y sueño son reales. Todo, en el fondo, tiene el costo de la realidad. En alguna ciudad de oriente Cobb encuentra - un salón donde inducen sueños y diseñan sedantes - a unos hombres acostados en medio de una viciosa penumbra, que no han ido a buscar un sueño, apenas un poco de vigilia, que les ayude a despertar.

Un guión de diseño, con gasto teórico, con un trabajo de equipo que perfectamente daba para competir por el Oscar de guión. Aun así, una mala película. Hizo el diseño teórico de la trama, pero se enredó a la hora del relato. Lo peor es que no logra mostrar la diferencia verosímil  entre estar viviendo y estar soñando. Con lo que se permite jugar a la confusión plausible y reiterativa, entre lo vivido y lo soñando todo el tiempo, con recursos de edición, jugando  a desorientar al espectador, enlaberintando la trama, aun aceptando que el laberinto es una de las formas de la estructura del programa de sueño. Puede ser un sueño, puede no serlo, termina importando poco. Solamente hay una obsesión única en el sueño y la realidad, el suicidio de la mujer de Dom Cobb - Mal - que se arroja desde lo alto de un edificio. Una vigilia recurrente, un sueño obligado, empujado, proyectado, a la manera de la continuidad de las cosas que no se alcanzaron a vivir o de las que no se terminaron de soñar. Como la otra vida en esta, intercambiándose al ritmo de las costuras del guión, de problemas del relato no resueltos por los guionistas, de la mano de un director pretencioso, de una historia saturada y cargada de resoluciones narrativas chapuceras.

Todo lo demás es un mal sueño, que no alcanza a pesadilla,  y que en muchos momentos ni siquiera lo parece. Y cuando lo parece - como en la escena del puente, el rio, la alameda y los grandes espejos giratorios que hacen rotar el paisaje hasta la réplica infinita – el relato no se sostiene. Tal vez al final, después de un gran sueño en el que Cobb ha estado vagando desde la muerte de su mujer, cuando regresa a casa y encuentra a sus dos hijos, mientras el tótem - su peonza - gira en la mesa de caoba. Tal vez.

¿Gregorio Samsa sueña que es un insecto monstruoso, o un insecto monstruoso sueña que es Gregorio Samsa?

“El perro loco del desierto”

“El perro loco del desierto”

“El perro loco del desierto” lo llamó Ronald Reagan, el mismo vaquero que disparó contra Libia desde sus barcos apostados en el Mediterráneo, a finales de los años ochenta. Si de alguien me gustaría escribir la biografía, sería de Muammar El Gadafi. Porque en él, él límite incierto y nómada que separa la condición de persona y personaje, se rompe, ingresando así  a la galería de personajes literarios.

Nació en el seno de la tribu Kadafa al sur de Bengasi. Militar de carrera, golpista, ambicioso, cruel, sin intestinos, encabezó apoyado por el nasserismo  una revuelta cruenta contra Idris, un reyezuelo puesto por los italianos para que les administrara el petróleo. Escribió un Libro Verde, tal como Mao escribió su Libro Rojo. Se inventó una forma de la revolución árabe, a la que llamó Jamahiriya. Maestro del terrorismo internacional. A él se debe el atentado en la discoteca de Münich en 1986 y la explosión de un avión en pleno vuelo sobre los cielos de Escocia en 1988. Pero ni siquiera el bombardeo de Reagan lo pudo sacar. Fue proveedor de armas del IRA. Nacionalizó el petróleo y se hizo rey revolucionario de todas las tribus del desierto.

 Un atuendo ordinario de Gadafi en público puede costar 70.000 dólares, sin incluir la corona de oro puro, los tres anillos de oro y unas gafas negras de mafioso mexicano que cuestan 25.000 dólares.

Cuando viaja, siempre va en dos aviones, lleva una carpa suficiente para sesenta personas, tres camellas recién paridas para que le den leche en las mañanas. Su anillo íntimo de seguridad lo forma una legión de veinte vírgenes lituanas uniformadas, que se encarga de todo. El anillo externo lo forman 180 vírgenes armadas, que protegen el primer anillo. Así fue cuando estuvo en Roma, en Belgrado, en las  Naciones Unidas. En Nueva York  levantó su carpa, con todo, en el  solar de la casa de Donald Trump.

Físicamente hablando el perro encuadra en el casting de una película de Tarantino, tiene la morbidez displicente de los personajes de los Coen, la palidez cetrina del General  Noriega, incluso hasta las cicatrices, la grasa facial de Ortega, las mechas ralas y grasientas de un matón de Robert Rodríguez, la barbita de chivo libidinoso de Bin Laden y los modales corporales de Machete Cortez.   

A finales de los ochenta sufrió todas las sanciones económicas del mundo y Libia fue víctima del mayor aislamiento al que se hubiera sometido a un país alguna vez hasta entonces, pero sobrevivió. Para el 2007, con la ayuda de unos de sus hijos, Saif a Islam Gadafi, y el petróleo naturalmente, logró el milagro, la redención por Occidente. Se hizo perdonar todo y les siguió vendiendo petróleo, se hizo accionista de la Fiat, con el 15% de las acciones actuales, y fue recibido y abrazado por  Obama, Blair, Sarkozy, Cameron  y su carnal Berlusconi, que siente una profunda envidia por él, y desde luego, por Chávez, ni más faltaba. El 2009 fue el año de la apoteosis, el New York Times le abrió sus páginas. Como si a Tiro Fijo se las hubiera abierto el Washington Post.  

Hoy el perro está dando su última batalla, contra su propio pueblo. Se encontró de frente con unas mayorías iracundas, con la fuerza de una bocanada de dragón de las tribus, que le han pedido que levante, que mueva las camellas y regrese al desierto con sus vírgenes lituanas.

Occidente lo perdonó, su propio pueblo no.

En una declaración de la semana pasada, dijo que el responsable de la revuelta en Libia es Osama bin Laden.

 

 

El discurso del rey

El discurso del rey

Todos los reyes son tartamudos o sordos, cualidad que heredaron a los gobernantes que los sucedieron. Gadafy, Chávez, Ahmadinayad, Berlusconi, la Señora K, Putin, Calderón y los demás. Así que un idiota colérico, abusado de niño, ahíto hasta las entrañas de una corrompida nobleza, que lo enferma y no lo deja hablar, el futuro Jorge VI, no es por sí mismo suficiente para una historia original. La originalidad comienza con la terapia, con la magia del doctor Lionel Logue.

La película de Tom Hooper, incluida en la selección oficial del Sundance Festival y con siete nominaciones al globo de oro, lejos de ser una fabricación comercial de una historia sobre la realeza, los herederos de Jorge V, quienes van a tener que vérselas con Hitler, es una magistral demostración de lo que significa construir personajes en el cine.

Para hacer a los dos personajes, a Alberto Federico Jorge Guillermo, Príncipe de York, y al australiano Lionel Logue, Hooper debió considerar a dos superlativos actores ingleses, capaces de dotar de vida propia, de carácter profundo, de fuerza, a los personajes entresacados de la historia inglesa. Colin Firth a cargo del tartamudo venido a rey, el moderno Claudio del imperio británico, y el terapeuta de la palabra, el logómaco, Geoffrey Rush: más que un psicoanalista, más que un terapeuta de lenguaje, más que un asistente del Rey, un actor, un amigo, un bromista.

Es de esas películas que conllevan la tentación inmediata de volverla a ver, una vez se termina. Una película de una nobleza dramática que instiga el gusto. Cuidada en cada uno de sus detalles, en cada diálogo, cada mirada, cada gesto de acercamiento entre un hombre común y corriente con sentido común, y uno que es rey y se lo cree, a costa de sí mismo.

La terapia de Logue, consiste en que siquiera por un momento, Bertie – el rey -  deje de creerse rey y actúe como un simple mortal, para alejarse de la fuente del mal. En eso consiste la terapia. Logue lo obliga a hablar indignándolo, desacralizándolo, poniéndolo a bailar, a respirar, a moverse, a sentirse corporalmente vivo, a indignarse, a cantar, a no fumar.

La escena de la más refinada magia logoterapéutica, es a su vez el punto de giro magistral de la película. Es la primera consulta, aun no siendo rey, a la que lo ha conducido su esposa – interpretada sin ningún hálito especial por  Helena Bonhamcarter – entonces Logue le anuncia que le va a grabar la voz. Le pone unos audífonos, por los que le llega una música atronadora, que le opaca el mundo sonoro, y lo deja a solas, aislado consigo mismo. Luego le entrega el texto de Hamlet y le pide que lo lea en voz alta. El Príncipe de York, a regañadientes acepta, toma el texto y comienza “To be or not to be…” y termina el parlamento con una voz sostenida, tonificada, que modula con gracia el verso. Antes de irse Logue le entrega el acetato en el que ha hecho la grabación.

La magia profesional de Logue, la tecnología y la agresividad contundente de la terapia, obligan al tartamudo real a regresar a la consulta, a regresar a él, del cual ya no va separarse más mientras viva.

Más que lo que hace un escritor fantasma detrás del rey, Logue es el artífice de una logomaquia, que bien llevaría a concluir que no es Dios el que hace hablar a los reyes, sino los hombres del común, un modesto australiano hijo de un fabricante de cerveza.     

Antes de que el diablo sepa que has muerto

Antes de que el diablo sepa que has muerto

TÍTULO ORIGINAL Before the Devil Knows You’re Dead  

2007

                                                Ver trailer externo

DURACIÓN

117 min.

                                           Trailers/Vídeos

PAÍS:USA

  

DIRECTOR Sidney Lumet GUIÓN Kelly Masterson MÚSICA Carter Burwell FOTOGRAFÍA Ron Fortunato REPARTO Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, Rosemary Harris, Aleksa Palladino, Michael Shannon, Amy Ryan, Brian F. O’Byrne, Lee Wilkof PRODUCTORA THINKFilm GÉNERO Thriller.

Basura americana. La película más negra de un genio del cine. Un viejo de 83 años, Sidney Lumet,  que a su edad desciende al fondo de la negrura, para hacer una recreación de la tragedia americana. Es cierto, han ido a la luna, son capaces de poner un tonto en la Casa Blanca, pero también se han deslizado por las grietas hasta el abismo, en donde la luz ha desaparecido.  

Si por robar a tu padre matas a tu madre, no es culpa tuya, estaba muy vieja. Por el dinero es capaz de todo. Todo vale, corromper al hermano, robar al padre, matar indirectamente a la madre, asesinar al gordo cliente de su amante transexual y al chantajista del hermano. Jefe de personal y periquero. Casado con una mujer florero. Es nuestro Andy.

Sídney  Lumet, a sus 83 años, asistido en la escena por  Philip Seymour Menton, hace una película, muy a la manera de las de la mejor televisión. ‘Antes que el Diablo sepa que has muerto’ fue debidamente ignorada por la Academia, no podía ser nominada, tal vez fue no merecía ningún Oscar, además fue el año de Sin lugar para los viejos (8 nominaciones) Pozos de ambición (8), American gangster (2) y el asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2).

Como en los buenos thrillers, la trama inicia con algo intrascendente. Lumet tiene el tino mesurado de la complicación, es un administrador clásico de la tensión. Sabe rellenar a los personajes, sabe dirigir los actores, es un maestro de la escena. Viene de una época dorada, del cine de  los cuarentas y cincuentas, la sabiduría europea para el drama y la técnica de dirección norteamericana, y eso es Lumet.

El orden del relato está atravesado por flashbacks, Lumet ya hizo películas lineales, ahora es el tiempo de reordenar los tiempos, de contar de tal modo, que los riesgos del juego temporal, se atenúen con la finura constante  de la tensión y el ritmo. El thriller es el maestro de la tensión.

El elenco de actores: Ethan Hawke es Hank, el fracasado y Philip Seymour Hoffman, es nuestro Andy. Marisa Tomei es la mujer florero de Andy. Su escena de cama está  hecha con gracia. El veterano Albert Finney, es el padre, que necesariamente corre a convertirse en asesino, antes de que el diablo se entere.

Al final el padre camina hacia una luz, un falso cielo, que lo aleja del infierno real que han vivido. Final perfecto. Que no se entere el Diablo, de que todavía no la han visto.

Un polvo de Estado

Un polvo de Estado

Berlusconi sería la prueba viviente de que el poder estimula la libido, al punto de convertirla en asunto legal, oficial. Por un asunto libidinoso que bordea lo ilegal “Il Cavalieri” ha sido llamado al tribunal de Milán por la jueza Cristina de Censo. La primera audiencia en la 4ª Sección Penal del Tribunal estará presidida por tres mujeres: Carmen D'Elia, Orsola De Cristofaro y Giulia Turri. Tal cual le ocurre al personaje que hace Marcello Mastroiani en la Ciudad de las Mujeres, de Fellini.

La historia podría haber sido así: Berlusconi conoce a Karima El Mahroug, de 17 años, egipcia. Es un bombón magrebí llegado de Alejandría. Il Cavalieri, como Don Quijote, que vio en Teresa Panza a su Dulcinea, vio en ella a la sobrina de Hosni Mubarack, hoy expatriado. Para protegerla de cualquier acechanza, de todo mal amén, la lleva a su palacio de Arcore, en las afueras de Milán. Se encierra con ella 15 noches, durante las cuales la unge y es ungido. Permanecen en reflexión y ayuno, hasta que el ángel de Teorema se les aparece para decirles que el ayuno ha terminado. Karima, que en realidad es Ruby la Robacorazones, abandona el palacio y se mete en problemas por andar con emigrantes africanos en Roma. Una noche la detienen, y ella ni corta ni perezosa, llama a su papi. Y su papi llama a la estación de policía para ordenar que la suelten, con el propósito de evitar el lío diplomático con Egipto, según dijo. Y la sueltan.

El tribunal le imputa dos cargos: haberse tirado a Ruby y haber abusado de su autoridad para que la soltaran, pretextando una mentira. Desde una lógica exclusivamente masculina, diría que el abuso es concomitante al poder, la mayoría de las acciones de Estado son abusivas. En cuanto a que Il Cavalieri se hubiera tirado a Ruby y Ruby se hubiera tirado a Berlusconi, es más o menos entendible que un anciano de 74 años, con todo el dinero del mundo, todo el poder que los zoquetes italianos le han conferido, no haya sido capaz de esperar a que Ruby cumpliese 18. ¿Cómo creen ustedes que un hombre en tales condiciones puede ser paciente?

Si a Julian Assange, una corte inglesa lo juzga por no haber usado condón una noche de fiesta en Oslo, creo que las mujeres del tribunal de Milán, bien pueden condenar a Berlusconi. Que sea por un polvo prematuro que lo condenen a 15 años, no importa, lo que importa es que lo condenen, por todo lo que le debe al pueblo italiano.

 

Unos caballos muy lindos

Unos caballos muy lindos

                                 En la foto:Cormac McCarthy y los hermanos Coen

John Grady Cole, 16 años, un gringo joven en México, que comparte con el Gringo viejo de Fuentes, evocando a Bierce en la revolución mexicana, el sentido de un viaje más allá de la frontera, a  donde irremediablemente y sin que lo sepan van a encontrase con la tragedia. Como si el destino de cruzar la frontera, pusiera a los unos y a los otros, a caminar al filo de una navaja, “porque ni siquiera Cervantes podía imaginar un país como México”.

Un viaje a caballo por el norte de México. Y un viaje en tren hasta San Luis Potosí, a buscar a Alejandra. Un viaje de formación como los que hiciera Goethe en su juventud. Grady y su amigo Rawlins llegan a un gran rancho mexicano, en el que vive una mujer descendiente de Francisco Madero. Son capaces, para ganarse la vida, y de paso el respeto, de amansar 16 potros traídos de la sierra en menos de una semana.

Amansadores de oficio, de pocas palabras y mucha humanidad, son los personajes que Cormac McCarthy pone en el volumen primero de su trilogía de la frontera, en 1992, y que la prensa especializada en libros, se encargó de poner en el cielo. Dijeron cosas como: otro Faulkner, con el peso de Melville y lo oscuro de Hawtorne. Yo quisiera ver en él, el mejor Steinbeck y la rudeza de Hemingway, o de Mailer. Aunque ignoro a quién se debe McCarthy, debe deberse a aquellos novelistas de los que aprendió. Su aprendizaje desembocó en tres grandes fortalezas: la descripción, la escenificación y el diálogo. Con las que terminó, de él se puede decir, adueñándose de un estilo, que lo metió en la historia de las letras norteamericanas.

Después de haber estado en la cárcel, donde John Grady mató a un hombre, enterrándole un cuchillo en el corazón, que se le partió adentro, regresa al rancho, habla con la abuela Madero, pide un caballo prestado y sale de nuevo de viaje a encontrarse con Alejandra. En el camino se encuentra con unos niños, uno de los cuales pregunta: ¿es bonita su novia? Entonces Grady les cuenta la historia, que es la historia del libro: “Les dijo que habían venido a otro país dos jóvenes jinetes a lomo de su caballos, y que habían encontrado a un tercero que no tenía dinero ni nada que comer ni casi ropa con que cubrirse y que se había unido a ellos y compartido todo cuanto tenían. Este jinete era muy joven y montaba un caballo magnífico, pero entre sus miedos había el miedo de que Dios le matara con un rayo y a causa de este miedo perdió su caballo en el desierto. Luego les contó lo ocurrido con el caballo y que lo habían encontrado en el pueblo de Encantada y que entonces el muchacho había vuelto al pueblo de Encantada y allí había matado a un hombre y que el policía había ido a la hacienda, donde lo arrestó a él y su amigo, y que la abuela había pagado su fianza y prohibido a la novia que volviera a verle”. (pag 225, edición Seix Barral)

       

La conexión cubana

La conexión cubana

Pasado lo que ha pasado en Túnez y en Egipto, y lo que está pasando en Yemen y Jordania, y en el Irán del sátrapa persa de los sacerdotes, Ahmadineyad, ninguna dictadura en el mundo puede estar tranquila. Los blogueros y los hackers – los sangrefría – han conformado un frente en red contra todas las dictaduras, de cualquier color, olor y sabor. Desde las más sangrientas hasta las más democráticas. 

Los Castro parecen haber comprendido la lección, como debería comprenderla Chávez, la Señora K, Bouteflika, Salhi y hasta el rey Abdalá. Podría creerse que comprendieron, dependiendo de cómo se interprete el que el pasado martes 8 de febrero, más de 100.000 personas que leen a Yoani Sánchez, recibieran la noticia. “¡Puedo ver mi blog!” dijo la bloguera.

Los Castro levantaron súbitamente la censura que pesaba contra el blog de Sánchez y de centenas de blogueros cubanos, a los que el régimen ya no tiene cómo controlar. La oposición virtual, que es el fenómeno nuevo, radical, que logra resultados con una celeridad fuera de cualquier escala conocida en los procesos sociales de cambio, no puede ser controlada por ningún régimen, por ningún servicio de inteligencia, con ningún arma convencional. Nadie controla el flujo de opinión, la información independiente, los ataques virtuales, las unidades de “anonymous”. Las dictaduras del futuro buscarán tener más blogueros y más hackers que la oposición. Los frentes de guerra estarán en cada habitación.

 Hay factores que podrían explicar lo que acaba de pasar en Cuba, que calientan el caldo de cultivo, las condiciones dadas, como las había en Túnez y Egipto, y como las hay en Yemen y Argelia, que no son las de Irán, ni las de la China o Corea del norte. La llegada, por ejemplo,  a una playa de Siboney, en Santiago de Cuba, el mismo martes, de un cable de fibra óptica que conecta la isla con Venezuela. La conexión multiplica por 3.000 la velocidad de transmisión de datos, lo que automáticamente priva a los Castro del argumentó con que justificaron que el Internet estuviera solo al alcance de los privilegiados – burócratas, militares y científicos - y claro de los turistas, los que dejan dólares en Cuba. Solo 14 de cada cien cubanos tienen acceso a la red.

Algo sintomático fue la difusión intensa a través de las redes sociales, el mismo martes, de un video del Ministerio del Interior, de casi una hora, en el que un experto en nuevas tecnologías, agente de inteligencia, explicó la estrategia imperialista de invasión virtual a la isla, lo que él llamó la “lógica del imperio”.  Alertó sobre la guerra cibernética que se cierne sobre Cuba, llamó a defender al régimen de los “mercenarios digitales”, como Yoani Sánchez y el ejército de blogueros del frente.

La respuesta del frente, el mismo martes, fue penetrar en un ataque rápido, el sistema del Ministerio del Interior cubano. El golpe definitivo. Los sangrefría pueden meterse a cualquier sector, pueden bloquear las páginas, pueden sacar información, pueden contaminar la red y pueden denunciar. Como se metieron en enero a las páginas del Ministerio de Finanzas de Zimbabue o a todo el sistema oficial en Túnez. Los secretos de Estado ya no lo son tanto, como los dictadores quisieran.

En Túnez y en Egipto las dictaduras fueron derrotadas en Internet antes que en las calles. Una lección que ningún gobierno del mundo debería pasar por alto.

En el frente, los blogueros ponen la opinión y los hackers la tecnología. Los dictadores terminan poniendo la cabeza.

¡¡Animales!!

¡¡Animales!!

Aquello de, que entre más conozco a los hombres, más quiero a mi perro, que siempre sonó tan despectivo para con el género humano, ha adquirido otra connotación a medida que los animales domésticos cobran derecho, como los indios, los negros, los maricas, los distintos. Un derecho, que como todos, se inventa para defenderlos de una infamia.

En el trato continuo entre personas y animales ocurre una dramatización inevitable de la mascota, se la personifica. Se le pone, entre otros, nombre de personas. Por ejemplo mi gato se llama Michi Romero Pulgarín, más conocido como el Doctor Romerito. Se les ponen sacos, chaquetas, capotas, gafas, zapatos. Se los lleva al veterinario y se les entierra en cementerios calcados de los jardines humanos de paz. Se les saca pasaporte, se los lleva de vacaciones. Una industria de comida para mascotas se ha convertido en un próspero negocio de muchos millones. En el cine y la TV se pone a los animales a hablar. Los dibujos animados consagran la personificación de los animales con el imaginario animista de la época, como en la suya, Esopo hizo con sus fábulas.

A la mascota se le habla, con la mascota se duerme, se le da recreación, se la peina, se la cepilla, se la baña. La relación con los animales se ha ido humanizando, en la medida en que los hemos convertido en fetiches personales, un recurso humano, demasiado humano, al que casi siempre estamos obligados a acudir. Y como se sabe, la relación que consagra el uso social de los fetiches, tiene tanto de representación, como de sustitución. El animal ha llegado a representar en un cierto sentido, algo más que lo humano, algo mejor. Y también ha sido puesto para sustituir afectos, para ayudar a los niños a socializar, para guiar a  los ciegos, para rescatar personas en los terremotos, hasta para remplazar a las personas en el oficio de encontrar drogas prohibidas.

El ejemplo más bello que conozco en la literatura, de la humanización de las relaciones de las personas con las mascotas, está en la Insoportable levedad del ser. La relación de Tomás y Teresa, a partir de un cierto momento, está fetichistamente mediada por Karenin, su perro. Al punto de que la muerte del perro, anticipa la de ellos.

Entre más conozco a mi gato, más quiero a mi gato.

 

Tan lejos de Egipto

Tan lejos de Egipto

Yoani Sánchez

El diario español El País publicó el fin de semana este artículo de Yoani Sánchez, la bloguera  cubana, sobre la situación en Egipto.

"Egipto ha venido a sacudirnos en nuestra mansedumbre y el arrojo de otros nos ha enfrentado con nuestra apatía, en esta nación donde el tiempo se mide en efemérides "revolucionarias", se acuña en los folios amarillos de la burocracia.

La teoría de pueblos valientes y pueblos cobardes es, en el menor de los casos, simplista. No hay una genética de la rebeldía como tampoco se puede predecir en qué momento la inconformidad alcanza su punto de ebullición. Esta isla larga y estrecha ha nutrido desde 1959 las especulaciones, las barajas de copa y espada, los tableros de Ifá y hasta los cuartetos rimados, de analistas, cartománticos, babalaos y profetas. Ante estos augurios de un futuro que no acaba de llegar, millones de cubanos han resumido su actitud cívica en un vocablo moroso: esperar.

Acarician el espejismo de la solución rápida, de acostarse un día en un Estado sin derechos y levantarse al otro en una Cuba democrática. Cuando el tiempo de aguardar se prolonga más allá de lo previsto, muchos deciden conjugar el verbo emigrar u optan por las breves y lacónicas sílabas de "callar".

Anonymous/Coldblood

Anonymous/Coldblood

Cuba teme, lo que no sería un temor infundado,  que el gobierno de los Estados Unidos esté utilizando Facebook y Twitter, para alentar un levantamiento, como los que se produjeron en Ucrania e Irán, y los que estremecen hoy a todo el Magreb.

Un analista cubano del gobierno sostiene que se están introduciendo equipos de comunicación satelital para crear puntos clandestinos de acceso WiFi. Menciona a Alan Gross, un contratista estadounidense detenido hace 14 meses, bajo cargos de distribuir enlaces satelitales. “La idea es crear una plataforma tecnológica fuera del control de las autoridades cubanas que permita el libre flujo de comunicación entre los ciudadanos cubanos seleccionados por ellos y el mundo”.

Internet es un arma de muchos filos, porque puede ser utilizada por todos quienes tengan el conocimiento y la tecnología para la utilización de la red con fines bélicos. Hablo de una guerra que no terminamos de imaginar, que hará palidecer la literatura de ficción sobre el tema. Los chinos cerraron Google, los iraníes cerraron Internet. En Túnez la protesta se organizó desde la red. En Egipto antes de que eso pasar cerraron Internet y los sistemas de telefonía celular.

WikiLeaks creó espontáneamente y luego más profesionalmente un ejército de hackers, un primer destacamento de la guerra de la información. Una guerra de resistencia, que busca romper monopolios de información. Se unieron como un ejército de tierra y atacaron a Master Card y Visa. Sus tácticas de combate: intervenir sitios web, impulsar cadenas de información, mensajes bomba, romper sistemas de enlaces. En enero entraron a la web del ministerio de finanzas de Zimbabue, luego entraron a las páginas oficiales en Túnez y hoy están agrupándose para lanzar un ataque masivo a Egipto y a Yemen.

Anonymous surgió de los usuarios de canales IRC (Internet relay chat). Salas de comando para la guerra, donde se reúnen hasta 3000 cibernautas. El arma: un programa llamado LOIC. Es un programa para los expertos en seguridad, diseñado para monitorear la seguridad de las redes. Cuando se suman muchos usuarios, los servidores no responden a solicitudes legítimas y se disminuye la velocidad hasta el colapso. Una vez eliminado el sitio, los guerreros de la red lo ocupan. Fue la táctica utilizada por Zuckerman para colapsar los servidores de Harvard, al inicio de FB.   

Podría ser que las dificultades de WikiLeaks con los periódicos soporte se debieran a que los ejércitos de voluntarios autoreclutados, han pasado de dar a conocer información secreta, a intervenir con información contraria, para producir efectos como el de Túnez y el de Egipto. Querían la globalización, ahí la tienen. LOIC es un programa rudimentario, sin desarrollos sofisticados, pero utilizado por muchas personas a la vez, resulta bastante efectivo.

Así que vistas las cosas en nuestro hemisferio, en nuestro Caribe, la ciber guerra de los Estados Unidos y Cuba, no será más la política por otros medios, como aseguraba Clausevitz, ahora será la política en el teatro de operaciones de la información.

Los equipos satelitales instalados en Cuba buscan amplificar la voz de los blogueros, encabezados por  Yoani Sánchez, que no son hackers, sino voluntarios civiles de una guerra contra el poder. El poder tendrá ahora que preocuparse por cosas peores que Bin Laden (que ha amenazado directamente a Francia por la suerte de los rehenes franceses), Afganistán, el narcotráfico, la frontera mexicana, y la crisis económica europea.

Tendrán que enfrentar a los hackers y a los blogueros, en el inicio de la primera guerra informática mundial.

Ver videos declaración gobierno cubano en: http://www.youtube.com/watch?v=PUk-rX4HtVA