Blogia

Alberto Rodríguez

“En el séptimo cielo”

“En el séptimo cielo”

“En el séptimo cielo”. Una película alemana del 2008, dirigida por Andreas Dresen,  con un guión a ocho manos que revela la cooperación en equipo, como la mejor alternativa creativa en el cine. La participación de distintas voces y distintos puntos de vista, obra como  garantía de escritura en condiciones de explorar la diversidad de la emoción, la alternativa de los puntos de vista, las variantes en la construcción del personaje, y la alteridad manifiesta en la tarea de concederles voz a los personajes, creíble, sostenida, diciente.

Es un drama de viejos, que con generosidad estética, propone el asunto del amor, de las ganas de la carne, sin conmiseración senil, sin sentimentalismo otoñal, sin compasiones kitsch, sin manierismo respecto al amor físico. Es un drama que se valida en la medida del espesor humano con el que se explora la condición humana en la vejez, en el contexto de una historia vulgarmente sencilla, llana, elemental, si se quiere. No debe confundirse con “El séptimo cielo”, una película muda de 1927 dirigida por Frank Borzage.

Infidelidad conyugal, atracción, amor, adulterio, pasión, sexo, castigo, separación y muerte. La viva constelación de emociones que enmarca la historia de tres viejos, que se presenta con exquisita naturalidad, con inocencia por momentos, para darle curso a emociones completamente vivas y furiosas después de los setenta. El amor a los setenta, mostrado con una franqueza estética que no encalla en el paréntesis de las concesiones generacionales, como en algunos films, en los que el amor de los viejos se dispone como objeto de curiosidad, como si fueran animales, o autistas, o ciegos, como si se tratara del amor de otra especie, extraña, que apenas si sirvieran para el espectáculo. Es la diferencia que marca el trabajo de Andreas Dresen.

De la monotonía de la máquina de coser, del tiempo sin objeto, de la soledad en apartamentos que huelen a orines, se pasa a los desnudos, a los cuerpos dispuestos, en medio de una economía de diálogo que apoya el foco en la fuerza expresiva, la mirada diciente, al gesto, la atmósfera discreta y sobria de las alcobas donde se entrecruzan los rostros de Inge (Ursula Werner) Karl (Horst Westphal) y Werner (Horst Rehberg).

Dresen confiere al film un ritmo parsimonioso, adusto, con la economía del cine nórdico, cargado de un halo de austeridad estética, matizado con estampas de la vida conyugal. Una película sin artificios, sin trucos, sin efecto, simple, clamorosa, pausada, como algo no ajeno a Dogma.

Dresen hace una película sobre viejos que retrata a los viejos, que del amor pasan a la tragedia, como en la vida, con la amenaza del castigo moral, también como en la vida, pero sin hacer concesiones a la senilidad espectáculo, a la decrepitud exhibida. Es una película terriblemente honesta y agridulcemente bella.

Los Ejércitos

Los Ejércitos

“Al igual que yo, mi mujer es pedagoga, jubilada: a los dos la Secretaría de Educación nos debe los mismos diez meses de pensión. Fue profesora de la Escuela San Vicente - allá nació y creció, un pueblo a seis horas de éste, que es el mío -.” Ahí están Ismael y Otilia, en un pueblo colombiano, San José, que como todos, tiene la común desgracia de los ejércitos, que los van acorralando, hasta desparecerlos.

Una novela en primera persona, demasiado autoconsciente, demasiado omnisciente, para decirlo de alguna forma. Ismael, que lleva la palabra, Ismael es la palabra, el que focaliza – pone la luz - en su vecina, Geraldina, la brasilera que se tira en el jardín a tomar el sol dejando ver el culo, en Otilia, con la que la novela no alcanza a mostrar el crepúsculo conyugal de dos viejos, sus soledades, la cama compartida, la hora de la cena,  los largos silencios. No, Ismael está más interesado en Geraldina, es ella el foco erótico que le da calor a sus hormonas, a pesar de todo.

Evelio Rosero sabe hacer una atmósfera, sabe poner el calor en el pueblo, sabe poner los personajes en sus hechos, los ejércitos, todos, cualquiera que se presente con las armas para intimidar en un caso, para eliminar en otro, los árboles frutales en el solar, el culo de la brasilera, las flores, el gato. También ambientar una guerra sin causa, un bandidaje con bandera. Todos investidos de la fuerza, de la fuerza bruta que hace innecesaria la conciencia. Por eso la autoconciencia de Ismael, que es una voz en el desierto, no tiene causa. Es una voz que se habla más a sí misma, que al lector. Voz alta como la de los niños y los locos, que habla para sí. Una voz que se refiere a lo que hace Ismael, que es la suya, pero también la de muchos otros, a los que les ha pasado lo mismo. Ismael es más que Ismael, en eso está la riqueza de la voz.

Es una novela profundamente trágica, profundamente dolorosa, tanto más por estar bien contada. La mezcla de inocente vejez, de digna pobreza, de achaques compartidos y de tranquilo desconcierto, le da el color a Los Ejércitos.

Evelio Rosero con Tomás González, son dos novelistas que jalan el curso de la novela colombiana, por un camino de austeridad y dolor, serenidad y buena prosa.  

“Solo los imbéciles no cambian de opinión”

“Solo los imbéciles no cambian de opinión”

Deliciosas besatones, abrazos a los soldados, senos al aire, nalgas pintadas, disfraces, comparsas teatrales, consignas imaginativas, persistencia en el movimiento y justeza en los fines. Así describiría el movimiento estudiantil en Colombia, que desde abril tomó para sí dos banderas de la educación: derecho y calidad. Dos retos tan poderosos, que ningún gobierno actual en América Latina puede asegurar.

El movimiento de los estudiantes tiene el eco de los indignados de todo el mundo y se puso al margen de las banderas mastodónticas de las viejas izquierdas. Recoge de manera inevitable algo de la ola fresca de indignación mundial contra los abusos naturales que el Poder necesita para mantenerse: concentrar la riqueza, reducir los derechos y empobrecer las mayorías. No importa qué nombre se le dé a semejante abominación, es igual en todo el mundo. La democracia neoliberal amenaza con tragarnos.

La concentración de la riqueza en un mundo quebrado, Europa al garete en manos de los chinos, USA con la mayor crisis económica, dos frentes de guerra y ad portas de un conflicto militar en Irán. El panorama mundial no podría ser más desolador. En manos de los actuales gobernantes no podríamos ir más que al precipicio. Todos deberían hacer lo de Berlusconi.

El gobierno del Santico se mostró resuelto y firme en la reforma a la ley 30, que el Congreso terminaría aprobando por subordinación de bancada. Pero las circunstancias primero lo obligaron a excluir del proyecto la expresión con “ánimo de lucro”, que históricamente define a todos los Santos. Y la semana pasada debió anunciar el retiro del proyecto. Lo fue desactivando por pedazos y en la medida en que el movimiento estudiantil no solo se sostenía, sino que crecía. Porque el Santico no está para  arriesgar su capital político, de la misma dogmática manera como lo ha estado haciendo un imbécil como Piñera en Chile, que sin embargo hoy está sentado concertando con los estudiantes, que le van a ganar el pulso.

Santos tiene un instinto político de animal fino, que le evita el defecto de las ideas fijas. Echó para atrás las modificaciones a las tablas de fletes, echó para atrás los proyectos  hoteleros en el Tayrona y ahora echa para atrás la reforma a la ley 30. Con lo que logró recuperar la calma y el control en los sectores. “Porque - según lo exoplica él mismo - solo los imbéciles no cambian de opinión”. Aunque hay opinión de opiniones. Los oportunistas también saben cambiar de opinión, aunque sean unos imbéciles, con una facilidad que estremece.

Los estudiantes han aceptado hacer un alto, mantener la presencia, esperar a que retiren efectivamente el proyecto y sentarse a la mesa a concertar una nueva ley para la educación superior. A pesar del llamado de Piedad Córdoba, a mantener en pie el movimiento, a seguir en la  luchar contra el neoliberalismo, contra el santismo, contra el imperialismo. Contra todos los ismos que no le caben a la matrona en el alma. Qué sospechosa consejera para el movimiento estudiantil, puesto que resulta mucho más imbécil que Santos.

¿Si el gobierno, como consecuencia de la movilización estudiantil, se sienta a concertar una nueva propuesta de ley para la educación superior, por qué habría de sostenerse un movimiento sin bandera? Si concertar es como procede una democracia deliberativa. Renunciar a pactar la ley de la educación le restaría al movimiento estudiantil  legitimidad combativa y le daría un punto a Santos.

Si Santos se atreve a cambiar de opinión, así sea porque perdió el pulso, el movimiento estudiantil también puede hacerlo, porque ninguno de los dos quiere pasar por imbécil.

Riverside

Riverside

No es fácil aceptar que Harold Trompetero, famoso por su risa, sea el mismo director del Paseo y de Riverside. Aunque quizás todo director tenga el derecho de mamarse gallo y mamárselo al público que paga complacido para que le mamen gallo. “Yo pienso que la creación es un proceso de experimentación completo en el que uno trata desde diferentes puntos la naturaleza del ser humano, de cómo se refleja y cómo vive. A veces se llega a la comedia, al drama o a la tragicomedia. Con Riverside  las circunstancias se dieron para que fuera una cuestión muy dramática, pero que en el fondo tiene un dulce sabor a comedia”. Dice Trompetero.

Hay un designio manifiesto en el trabajo de Trompetero, no repetirse. La prueba es que cada película es una cosa distinta, nueva. Riverside  es una película como jamás la había hecho, es – dice - su opera prima, “siento que por primera vez aplico todo lo que he aprendido en este tiempo de trabajo”.

Es una película sobre inmigración, pero también de amor y subsistencia. Esas tres irrebatibles condiciones que provocan al alma retada del espectador. Más de amor que de desplazamiento. Amor en el extremo de la subsistencia, en un mundo como el de Nueva York, que Trompetero no alcanza a mostrar en su bruta crudeza, deliberadamente empañada con el aire de ese “dulce sabor a comedia”.

Se rodó bajo los puentes de Manhattan en pleno invierno con temperaturas bajo cero. 16 días con sus noches gastaron en la producción de bajo presupuesto. La mayoría del equipo era de inmigrantes de diferentes nacionalidades. Una película que contó una historia que a su vez se estaba viviendo.

La película se terminó a finales de 2007, pero antes de sacarla se llevo al Festival de Cine de Shangai, el Cannes de Asia. Estuvo en el Festival de Cine de Oaxaca, se presento en el Festival de Cine de La Habana. En Colombia, una vez estrenada, pasó más o menos desapercibida bajo la discreta mirada de los espectadores y con alguno que otro buen comentario.

Vuelve Trompetero:” Es la primera películas en la que dejo a un lado la experimentación y me dedico a hacer un proyecto dramatúrgico convencional guardando los cánones del cine normal, plantear un fenómeno ciento por ciento dramatúrgico con una narrativa muy del común. Uno piensa que hacer cosas dentro del estándar es fácil pero cuando se enfrenta a hacerlas se da cuenta que lo más difícil es manejar el estándar de manera sorpresiva y creo que Riverside lo hace de esa forma. Es como mi primer tiro, como decir que es mi primera película realmente y espero seguir dando tiros así y de pronto otros que no”.

Lynn Mastio Rice es una señora actriz, de New York,  que ha trabajado en Broadway. Tiene la mirada profunda y generosa de las rusas maduras y una voz inolvidable, de acentos bajos y timbre grueso. Diego Trujillo, un señor actor colombiano, dice que lo más importante de la experiencia para él, fue que en la medida en que su personaje, un rico colombiano arruinado en New York, comenzó a ser mendigo en unas condiciones supremamente duras (la calle, el frio, las dificultades, la noche) él mismo se hizo un homeless. Las condiciones se le dieron para que con un inglés acentuado pero bueno, hiciera un personaje completamente creíble y lleno de matices. La escena de su traba con la puta en el banco del parque es de una inocente ternura, memorable.  

 Los personajes encontraron sus actores. Trompetero encontró una forma sostenida de contar su historia. El relato encontró el tono justo, en que debía ser contado, y en el que la patria, llama de allá, muy lejos, bien de Barranquilla, bien de Rusia, de una manera que le pone un poco de color a la inmigración, un poco de amor a la desgracia y un tono de dura  belleza a la tragedia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las gafas de Cano

Las gafas de Cano

 ¿Qué significa cuando los medios de prensa se refieren a Alfonso Cano como ideólogo de la guerrilla? Una palabra en manos de los medios corre dos riesgos, cuando se usa reiteradamente, o se desgasta - pierde su significado -, o se trivializa. Es el caso de la palabra ideólogo aplicado a Cano, quien pasará a la historia como el ideólogo joven, el hijo político de Jacobo Arenas, el marxista de la UN que llegó a la dirección de la guerrilla. En cualquier caso es un equívoco, porque las FARC no tienen ideología. Y no sé si alguna vez la tuvieron, y si así fue, sería el mejor ejemplo de lo poco o nada que sirve tener una.

Si una ideología es la guía, el camino de ideas coherentes que acompaña el accionar, para llegar al fin global, las FARC no tienen una ideología, o tienen una a la que la realidad rebate. ¿A dónde condujo la ideología de Cano, o el ideólogo Cano, a la organización armada?

Fue un mito de los políticos liberales y de la prensa, con el que asustaban por temporadas a un país poco pensante, el cuento de que las FARC buscaban tomarse el poder. Y si ese fue el propósito – guiado por una contrapropuesta ideológica – hicieron todo lo que estuvo a su alcance para no tomarlo jamás, porque jamás se ganaron a la población, jamás conmovieron a sectores de la sociedad para producir el levantamiento civil que políticamente conducido fuera capaz de tomarse el poder. Por el contrario, terminaron poniendo de blanco a la sociedad civil. ¿Qué clase de ideólogo promueve acciones contra lo sagrado de la revolución?     

 Las prácticas de la guerrilla la lumpenizaron, y como enseñó Marx, el lumpen no tiene ideología. Las FARC están tan implicadas en el narcotráfico que son el “cartel rojo”. Están tan instalados en el boleteo, la extorsión, el secuestro, el asesinato, el asalto y el bombazo, que terminaron legitimando los procedimientos del enemigo al que combaten como sus formas de lucha. Administran campos de concentración. Son responsables de etnocidios, a Cano se lo señaló como determinador de la masacre de los Iwa en Nariño. Tan errática, prevalida del todo vale, la guerrilla se pervirtió “ideológicamente”, al punto que terminaron actuando como los mafiosos y fascistas. Todas las formas de lucha, tal como aparece en la cartilla ideológica.

La muerte de Cano, no dejó a las FARC sin ideólogo. Y si así hubiera sido, la ideología no haría más que refrendar la vieja nostalgia de los dinosaurios del poder. Cano era un marxista modelo setenta. Cuando llegó al secretariado fue el único interlocutor que tuvo Arenas. Llegó con conocimiento, había estudiado antropología, y con ideas nuevas. Era terco, dogmático y tenía un yo demasiado grande. Todo lo cual lo hizo pésimo negociador, pésimo estratega y pésimo político, tan malo que nunca vio lo que significó el Caguán para las FARC.

No sé si alguna vez Cano se enteró que los berlineses, del oeste y el este, tumbaron el muro a patadas. No sé si se enteró de que la URSS y el PC desaparecieron. No sé si supo que el PC chino se pasó al capitalismo. No sé si supo de una revolución a noventa millas de USA que terminó derrotada por el Internet.

Siento un dolor al momento de la muerte por Cano, como el que se siente por un personaje que huye por las arracimadas montañas caucanas, con una escolta diezmada, que en un momento en el que las bombas caen y va a producirse el desembarco de fuerzas especiales, tiene que huir sin sus gafas, las culo de botella del estudiante miope, sin su caja de dientes, sin sus armas, sin sus 194 millones de pesos en el morral y sin su escolta. Medio ciego, abrumado, disminuido, flaco, sin su barba marxista, sabiendo el final, escondido en un rastrojo no alcanzó a ver al soldado que le hizo tres disparos.    

La luz difícil

La luz difícil

Ah Tomás González, el ermitaño generoso, el pródigo prosista del alma colombiana. Otra vez los paisas. La luz difícil es una novela en la que ha puesto mucho de él en David, muchos de sus recuerdos, de sus miedos. Ha enriquecido a David consigo mismo, con lo que tal vez mejor conoce o con lo que más ha convivido, el ego personal al servicio del ego ficticio, que hace de la novela una forma del conocimiento. Ha conseguido escenificar a la familia en New York, las últimas 24 horas antes de la muerte de Jacobo. Lo que le sirve de motor de tensión que agarra al lector en una atmósfera luminosa y oscura, sencilla y compleja, joven y vieja, de luz y agua, de escritura y pintura.

Una prosa límpida como un nacimiento entre las rocas, una economía de lenguaje que causa la sutil levedad que hace fluir a la novela, como si el lector se trepara a ella y fuera llevado como en alfombra voladora. Una precisión conmovedora en el detalle, en el rasgo, en la descripción, con un lenguaje que ha llegado a despojarse de todo lo que no sirve a la novela. Nada que no se necesite ha puesto González en ella.

Un relato en paralelo, de la muerte del hijo de David, una muerte lejana, en otra ciudad, en un hotel, y de la vida de David viudo, en su casa de campo en Cundinamarca, dos años después de la muerte de Sara, en compañía de la señora del servicio. Un viejo sosegado, práctico, sin tormentos que está quedándose ciego pero que disfruta de su manta eléctrica, y de un fin de semana en un hotel de Girardot con Ángela, su sirvienta. Un viejo que recuerda, que evoca con la tranquila conciencia de que la vida es una y no todo es sufrimiento y que reescribe y reconstruye su vida con el alma de lo que siempre ha sido, un pintor, al que la ceguera ha obligado a escribir con lupa y la vida la ha concedido el derecho de dictarle los últimos párrafos a Ángela.  

 

Polo a tierra

Polo a tierra

 El candidato del Polo a la alcaldía de Bogotá era Petro. Nadie en el Polo se quiere hacer cargo del desplome, de los 32.000 votos – un nivel de votación de la izquierda de los años setenta – que le pusieron al pobre Aurelio. Un hombre bueno, cuyo encanto no sobrepasa el de un manual.

Con Dussán a la cabeza hoy tienen la mierda al cuello. Cometieron todas las equivocaciones de la izquierda, el liberalismo y el oportunismo juntos. Su cobardía innombrable frente al juicio de responsabilidad al clan Moreno, les pasó cuenta de cobro. Todavía no hace mucho llamaban a su militancia a salir a defender a Moreno, ya cuando Petro había tenido que irse, tras encontrarse en medio de una secta de miopes y sectarios jugando al espíritu de cuerpo. Esperaron a que Moreno estuviera en la cárcel para quitarle el apoyo y echarlo del Polo.

Ni siquiera quienes votaron por los concejales del Polo votaron por Aurelio. Después de que Moreno puso un millón de votos y papá Noel, casi tres millones, en las presidenciales del 2002. Ojalá el voto de castigo que debería llevar al borrón político, fuera presagio de cuenta nueva. Hoy Iván Cepeda se ha dirigido al Comité Ejecutivo del Polo, para solicitar dos cosas. La convocatoria extraordinaria de un Congreso del Partido y la renuncia de Dussán. Como si algo les faltara se aproxima una división interna que va dejar al Polo, como algo menos que una “asociación rural”, como dijo Pastrana del Partido Conservador. El senador Robledo con sus fieles del Moir, tendrá que cargar con ese muerto y volver a lo que eran hace treinta años.

Dussán, el samperista enquistado, intermediario activo del ingreso de los Moreno al Polo, fue capaz de decir al otro día de elecciones que al Polo le fue muy bien en las elecciones, porque fueron los votos del Polo los que eligieron los ocho concejales de Petro, más cuatro de ellos, les da un resultado de doce. Qué curioso que dos meses después de que el Comité Ejecutivo, tachara a Petro de traidor, de derechista y francotirador de la administración  Moreno, hoy resulte acreditando el triunfo de Petro al Polo.

También hoy, Clara López ha anunciado que su administración pondrá en vigencia la dosis mínima vital de agua para los estratos uno, dos y tres, anticipándose  a la oferta de campaña de Petro. Le tiende la mano, para probar – en contra de lo que decía Peñalosa y Gina - que si se puede, y toma distancia de las ratas enquistadas en la dirección del Polo, que dieron al  traste con el experimento político más importante de la historia de la izquierda en Colombia.

Una política del amor, tal como Petro la propuso, ha resultado políticamente más exitosa, que si la hubiera propuesto Antanas o Gina, a quienes les habría sonado bien.

De dioses y hombres

De dioses y hombres

Nunca la maldad actúa con más alegría y fortaleza que cuando lo hace movida por motivos religiosos, dice uno de los monjes cistercienses en la película francesa De Dioses y hombres, citando a Pascal.  

En la escritura del guión de Etienne Comar, intervino Xavier Beauvois el director, en los diálogos, un actor de 43 años que ha dirigido seis películas. Hay dos niveles de tema en el guión, por un lado el de la guerra y por otro el del compromiso eucarístico, el ora et labora,  como forma de vida de monjes franceses en la sierra argelina. Destaca la fuerza de la fraternidad y el servicio comunitario. Que los monjes pertenezcan a la orden cisterciense, en el monasterio de Tibhirine, es una magnífica ironización cristina contra el catolicismo de los banqueros y pederastas de la congregación de la fe.

Las interpretaciones son de una potencia dramática altísima. Al punto que por momentos podría pensar el espectador que está frente a un buen documental, especialmente al principio, cuando la película muestra: dónde están, con quiénes viven, qué hacen. Una economía de palabra religiosa sirve para darle toda la luz a los hechos.

Y una consagración absoluta del poder dramático, la escena en la que los ocho monjes se reúnen la noche de navidad para su frugal cena, igual a la de todos los días, y Luc – el médico – coloca en la grabadora El cisne negro de Tchaikovski. La cámara entonces se queda en el rostro de cada uno de ellos, unos instantes en los que la música, la cofradía, el profundo temor y el valor de una decisión, les arranca gestos íntimos, verdaderos, soberanos, doloroso, que a mí, me condujeron al llanto. El cisne negro, justamente, el amor bueno y el amor malo.

Uno de los monjes asesinados en el monasterio de Tibhirine dejo un testamento escrito: “Si me sucediera un día -y podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que parece querer involucrar ahora a todos los extranjeros que viven en Argelia, desearía que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida estaba entregada a Dios y a este país. Que aceptaran que el único Señor de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal”. Y más adelante: “De hecho, no veo cómo podría alegrarme de que este pueblo al que amo fuera acusado indistintamente de mi asesinato. Sería un precio demasiado alto para la que, tal vez, llamarán la «gracia del martirio» debérsela a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si dice actuar por fidelidad a lo que él cree que es el islam. Conozco el desprecio con el que se ha llegado a rodear a los argelinos globalmente considerados. Conozco igualmente las caricaturas del islam que alienta cierto islamismo. Es demasiado fácil tranquilizar la conciencia identificando esta vía religiosa con los integrismos de sus extremistas”.

“Sí: también para ti quiero este gracias y este «a-Dios» por ti previsto. Y que se nos conceda reencontrarnos, ladrones felices, en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. Amén. Insh´allah”.

¿Para qué va a perder su voto, pudiendo perder su opinión?

¿Para qué va a perder su voto, pudiendo perder su opinión?

Mañana elecciones.  ¿Qué más da? La democracia nos convoca a elegir aunque nunca la mayoría elija. Una parte de los que eligen lo hacen por opinión, porque coinciden con la del candidato (se trata, desde luego, de una especie en extinción, como ya se verá). Al resto,  la opinión le importa un carajo. Si algo retrata las elecciones - Colombia/2011 - es que los candidatos no tienen opinión, porque no la necesitan. ¿Quién dijo que la opinión le gana al maletín? ¿Quién dijo que la opinión le gana a las pandillas políticas? La mayoría no dice nada, hace clientela.

Magistral la tesis del Senador Juan Carlos Martínez: “es mejor negocio una alcaldía que un embarque”. No quiero pensar mal, pero descreo de la autoría. ¿De dónde se le atribuye? ¿Quién? La tesis es un concepto de política administrativa. Si hay alguien en este país que no haya necesitado de opinión, para haberse convertido en el poder tras las rejas, es él. Con lo cual no quiero decir que no tenga una.

El grado de violencia desatada, la criminalidad preelectoral, es hoy más intensa que en la pasadas y antepasadas elecciones. Más muertos, más golpes de la guerrilla, más candidatos incriminados, más alianzas de rejas para afuera, de más configuración fraudulenta. Y un Registrador que debería estar siendo investigado. Con un mapa de riesgo electoral, al que sus puntos se les ve saltar de castaño a oscuro.

En el Valle del Cauca, mañana se eligen tres candidatos. El de la liga de los azules - Ubeimar Muñoz -, una pandilla diestra de corruptos ex gubernamentales, amamantados por la teta sulfúrica de Monseñor. El de la liga de los rojos  - Homero Giraldo -, una pandilla central de corruptos disidentes, hoy pegados a la teta azucarada del Santico. Y la liga del PIN (no es el nombre de un club de tiro), con su candidato Héctor Fabio Useche, ex Secretario de salud del tristísimamente célebre delfín Abadía, del clan Abadía, de Guacarí. Con su mentor político y financiero, el Nene Doc, y  ni más faltaba, con el apoyo de los “Combas”, según Noticias Uno.

Ya saben: el voto útil. ¿Para qué van a perder su voto pudiendo perder la opinión?    

 

 

   cualquier alianza sirve, los  

¿Por qué lo mataron”

¿Por qué lo mataron”

Para saber por qué asesinaron a Álvaro Gómez Hurtado, basta saber quién lo hizo. Lo único que no se ha querido hacer después de más de quince años.

Los más interesados en comprobar la autoría del asesinato de Álvaro Gómez, en noviembre de 1995, son su familia íntima, y su familia de abogados, senadores y empresarios. Hace pocos meses, el mismo día en que uno de los hijos de Enrique Gómez – autor del libro -  tenía que abandonar el país, volaron un espantoso busto de Laureano Gómez en el norte de Bogotá.

Jurídicamente el proceso Gómez ha sido víctima de lo que Santofimio llama el “holocausto probatorio”. Enrique Gómez sostiene que la actuación de la Fiscalía, desde la época de Alfonso Valdivieso, hasta la del encargado Mendoza Diago, ha cumplido un doble papel: desviar la investigación con fines de encubrimiento y dilatar el proceso removiendo calculadamente a los fiscales del caso. Durante los primeros diez años  de investigación, lo obtenido es nada, una serie inconsistente y burda de prefabricaciones, que ofrecen falsos culpables, falsas pruebas y falsas declaraciones.

Nunca hubo una amenaza de golpe en Colombia contra el narco gobierno de Honesto Samper. Y si bien se la merecía - solo por haber creído que podía hacer pasar su pilatuna de asociación con la mafia para ganar las elecciones - no había con quien. Álvaro Gómez lo dijo en su última entrevista. Además cómo un hombre inteligente y ponderado, como él,  hubiera podido dar un golpe con Hugo Mantilla, Hernán Echavarría y Rommel Hurtado.

Todas las investigaciones apoyadas en la hipótesis del golpe son una estrategia desviacionista del proceso. Por eso en 15 años de investigación no se tiene nada. Se quiso hasta vincular a los responsables, con los mismos que atentaron contra el abogado Cansino y sus escoltas, que fungía por entonces como apoderado del Presidente. Falsos positivos de la Fiscalía, en eso se resumen su actuación.

La hipótesis que propone el libro es mucho más verosímil. La idea del golpe salió de Samper y que Serpa con amaneramiento retórico denunció en el Congreso, era políticamente explotable, servía para presentarse como propósito defensivo nacional, como razón de estado, aunque no era más que una simple columna de humo. Samper siempre vio en Gómez al que mayor peso político podría concitar para dirigir un golpe contra el “Régimen”. Y aunque existió más en la paranoia samperista, que en la realidad política, se le vendió al cartel del Norte del Valle como un hecho: si me tumban y queda Gómez,  la DEA se los lleva a todos con una orden de extradición. Los narcos se lo creyeron, de modo que para quitarse el dolor de cabeza, le confiaron a Ignacio Londoño Zabala – El Intocable -  y a Danilo González, la operación. Le hacían un favor más al elefante.

La fiscalía ha ignorado los testimonios de Rasguño, HH, Fernando Botero, y no ha querido meterle la mano al cartel del norte del valle, a Ignacio Londoño, que con Ramiro Bejarano, intentaron convencer a Medina de guardar silencio.

Las conclusiones a las que llega el libro son claras. Fue un crimen de Estado. La Fiscalía ha inducido sistemáticamente desviación procesal. El crimen se ha encubierto. Al verdadero proceso no se le ha metido la mano, encaminado a encausar a la mafia y al poder, al cartel y al entonces Presidente, al Intocable.

La alianza entre la política y la mafia, como estrategia de cooptación, vino para quedarse. No comenzó con Samper, y no va a terminar con Santos.    

El primer colombiano al espacio

El primer colombiano al espacio

Seguramente con la creación de la agencia boliviana espacial en el 2010, la agencia ecuatoriana en el 2007, y la agencia venezolana en el 2007, es decir, la Agencia Espacial del Alba, al Santico se le ocurrió que Colombia también debería tener una agencia espacial, que se crearía mediante facultades extraordinarias que rigen hasta noviembre.

A la cabeza del proyecto contenido en un borrador de veinte páginas de “política espacial”, y que consiste en comprar un satélite, el gobierno ha puesto a la persona que más sabe de transbordadores políticos, más que Nohemí y Roy Barreras, y casi como el Senador Martínez, el insobornable Angelino. Hay quienes han dicho que el cargo es un mensaje indirecto del Presidente, para sugerirle cuál sería al sitio donde se lo enviaría, si sigue lavando la ropa sucia fuera de casa, asquerosa costumbre que ni su santa madre logró quitarle.

Quisiera proponer que aprovechando la oportunidad, Angelino sea el primer hombre al espacio, enviado por Colombia. Sería la apoteosis de nuestra “política espacial”. Él se lo merece, su condición de hombre capaz de saltar de un partido a otro, sin verse afectado por la gravedad, es plena garantía. Además ha bajado de peso, su corazón no es que esté bien, pero se ha adaptado al espíritu de unidad nacional.

El lugar de lanzamiento de la nave sería naturalmente Buga, en la gran plaza del milagroso. Primero Angelino entraría a encomendarse al “señor de los milagros”, luego el Santico diría algunas palabras, tras lo cual un representante de cada uno de los partidos en los que ha estado angelino, irían a entregarle un suvenir. Al otro día, una vez hubieran terminado, Angelino subiría a la nave y alguien entonces espicharía el botón para que la nave majestuosamente se elevase por los cielos en dirección al espacio exterior, de donde Angelino nunca debió de haber salido.   

“O sobra un pueblo o falta un Estado”

“O sobra un pueblo o falta un Estado”

En el 2010 Obama dijo que esperaba que para el 2011 Palestina fuera miembro pleno de Naciones Unidas. Hoy dice que no, que primero es necesario resolver el conflicto con Israel, en la mesa de negociaciones. Como si tuviera solución. Colombia en un acto de lambonería diplomática y sumisión política, acogió la misma posición, que con mucha consecuencia, hay que reconocerlo, ha tenido para con la posición norteamericana, desde 1947, cuando se discutió la creación del Estado de Israel, el socio militar y comercial más importante en cercano oriente, tanto para Colombia como para USA.

El Santico tiene cojones para venir a hablarnos de la independencia de la política internacional de Colombia, como si no supiéramos que su pragmatismo, no es más que el instinto de negociante al servicio del Estado, más exactamente, de quienes controlan el Estado. La presunta independencia es un mito, porque primero son los negocios y después los principios, la doctrina Santos.

Es una absoluta canallada, de la peor mala leche,  supeditar el derecho de Palestina a ser un Estado, al ánimo y los negocios de los halcones judíos, en una mesa bilateral. Mientras hablan de negociación, azuzan los asentamientos en Cisjordania y mientras hablan de planes de paz, asaltan como piratas, los barcos humanitarios que buscan llegar a Gaza con ayuda internacional.

Para USA, Israel representa la última fuerza de contención contra el islamismo radical. Perdido Egipto, solamente Arabia e Israel, cumplen el papel. Por lo que el origen de los argumentos con que Obama se opone al Estado palestino, tienen que ver menos con sanas motivaciones transaccionales, que con razones militares y geoestratégicas. No habiendo en la contienda una fuente importante de recursos naturales, como petróleo, la última y más seria preocupación, de quienes se oponen a la creación del Estado palestino, es que una vez constituido caiga bajo el control de Hamas. Entonces tendrían un Estado enemigo constituido en mitad del territorio judío.

Mahmud Abas vino a Colombia para hablar con el Santico y con la Señora Holguín. Con la mayor elegancia bogotana le negaron el voto a favor, repitiendo el mismo argumento que Obama le dio a Abas en la Casa Blanca. Condenándose a ser el único país en América Latina, que subordinado a una política exterior, le niega el mismo derecho a un pueblo, que reclama para sí mismo.

La prueba de la canallada internacional contra los palestinos, es que al subordinar su aspiración a ser Estado al vaivén de los intereses de la contraparte judía, violan el principio de igualdad entre los pueblos. ¿Con qué argumento se puede negar un mismo país, que reconoce el Estado de Israel, a reconocer un Estado palestino? El nudo gordiano de la canallada, después de sesenta años, sigue siendo no haber pactado el derecho a los dos pueblos en la antigua Palestina, a tener cada uno su propio Estado. El peor crimen que la comunidad internacional ha cometido contra los palestinos, es haberlos tratado siempre, como parias en su propia tierra.

Ayer precisamente, la Cámara de representantes de USA votó a favor del TLC con Colombia. Es demasiado coincidente, que justamente después de la visita de Abas, con una oposición de más de cuarenta votos, se le haya dado vía libre a los negocios preferenciales con Colombia.

Tanta obsecuencia debe dar frutos. Ahora el Santico tendrá abierta la puerta para hacer buenos negocios, aun a costa de llevarse por delante a muchos de los productores del campo, a los sectores no competitivos, a los que no tienen infraestructura y - en general - a los que no están en la agenda preferencial del TLC.

Porque el TLC sigue la norma de los negocios en el capitalismo, cuando a unos les va bien, es porque a otros les va mal. La insania diplomática conque Colombia se plegó a los intereses políticos de USA e Israel, se ve incidentalmente recompensada, con las ventajas costosas de un pacto comercial.

El viaje de Abas se perdió.         

Biutiful

Biutiful

 México tiene cultura de la muerte, quiero decir, los mexicanos han convivido con la muerte de una manera más histórica, más cercana, más natural, que otros muchos pueblos. México proviene de una historia sacrificial que los mexicanos se empeñan en refrendar con su violencia cotidiana. Y González Iñárritu, tan internacionalmente mexicano,  no encontró más que la muerte, como tema, para su primera película, más allá de la trilogía, y la primera sin Arriaga. Biutiful, un título amaneradamente irónico, sarcásticamente rosa.

Lo primero que quiero decir es que se siente la ausencia de Arriaga, el escritor, el hombre de las cinco novelas, celebradas por Corman McCarthy. Se siente nostalgia de Arriaga, se echa de menos la eficacia de sus guiones. Sin Javier Bardem, Biutiful habría sido un melodrama tercermundista en Barcelona, sin rango ni gancho como película. Cannes premió al actor más que a la película, que resulta ser honradamente frustrante.

Del divorcio Arriaga-González, muchos creyeron que el perdedor iba a ser aquel, Biutiful demuestra lo contrario. El  guión tiene muchas manos, González que es excelente para construir historias, más que para escribir guiones, Armando Bo y Nicolás Giacobone.

“Todos somos Uxbal. Todos estamos infectados por un puto sistema que nos está corrompiendo. Todos tenemos las manos ensangrentadas. Todos somos culpables. Estamos atrapados contra el puto techo. Eso es lo que sentía filmando allí y oyendo la realidad de toda esta gente. Fue muy intenso, pero valió la pena” dice González. Cuenta  que se le ocurrió la idea de hacer Biutiful, un día que iba en su automóvil, con sus hijos, escuchando un tema de Ravel. La historia ocurre  en la zona más decadente del barrio El Raval, donde conviven inmigrantes marginales de todo el mundo.

La capacidad de escuchar a los muertos de Uxbal, más que de hablar con ellos, se reduce a una discreta alegoría que no impacta la historia, que no tiene desarrollos. El drama con la ex mujer se queda en los prólogos, no intensifica, no adentra. El drama con los chinos no pasa de una ensolapada, el drama del carcelazo, no pasa de ser un incidente menor sin resonancia, el drama del cáncer es algo tan íntimo, tan encerrado, tan de él, que no toca la historia, no trasciende narrativamente. El drama de la marginalidad lo impregna todo, como un decorado móvil, por delante del cual cientos de seres humanos se mueven en la miseria europea, en la infamia barcelonesa.

Las líneas del drama no vuelan, no alcanzan a despegar, no alcanzan circularidad, no se enrollan, ni se enredan, no contribuyen ni al clima ni a la tensión de la película, que repite sus motivos, sin convicción narrativa, sin fortaleza en el drama. Uxbal muestra gestos de humanidad, que lo convierten, al decir de algunos espectadores, en un santo. Un hombre que sufre y sufre y sufre, pero sin que su sufrimiento tenga consecuencias radicales para la película. Es un sufrimiento muy seco, que no salpica, que no conmueve.

Biutiful es un drama cuyas líneas de conflicto no le sirven a la historia. ¿La estructura al servicio de la historia o la historia al servicio de la estructura? Biutiful no alcanzó la estructura sofisticada, graciosa, atractiva de la trilogía y la historia se quedó en una especulación dramática sobre la muerte de un hombre, de un barrio, de una sociedad, de los inmigrantes, de todos, sin que una muerte tan invocada, nos sobrecoja, o nos haga sentir que la muerte también es un asunto del espectador.

 

 

 

Ocupa Wall Street

Ocupa Wall Street

No cabría una protesta más anticapitalista que la de los indignados contra Wall Street, el símbolo por antonomasia del capitalismo mundial. La misma indignación que comenzó a manifestarse con “la primavera árabe” en el mundo (Inglaterra, Israel, Egipto, Chile, Siria y España) y que vino a América, para encontrar su invierno, en la isla de Manhattan.

“Juntos levantaremos nuestras voces para decir que creemos en que el sueño americano puede vivir otra vez, que la manera de hacer las cosas en este país es ayudarse entre sí a tener éxito”,  afirma en su web el movimiento “Occupy Wall Street”.

Un movimiento que cree en el “sueño americano”, el fetiche sublime del capitalismo, el espejismo financiero del éxito, montado sobre el “american way of life” y el principio de libre empresa, es porque rebosa de un optimismo colosal, que no tiene que ver mucho con la dimensión y el alcance de la crisis global, o porque está muy perdido. Invoca el mutualismo como principio de organización social, y en cambio de la vida, la democracia, la libertad, el planeta, proclama como valor, el éxito.

Los tataranietos de Whitman, empobrecidos hijos del capitalismo norteamericano, marcharon el sábado hasta el puente de Brooklyn, y se lo tomaron. Los “indignados” de Wall Street, como se hacen llamar, agrupados desde el pasado 17 de septiembre, fueron a protestar contra la “avaricia” del sistema, y volverán a hacerlo en la siguiente semana, con el apoyo de 15 sindicatos de trabajadores de Nueva York.

 Un grupo de 750 personas que participaron en el bloque del puente fueron detenidas por las autoridades de Policía. Y como están en una ”democracia”, apenas los soltaron fueron a poner una demanda al juzgado federal de Manhattan. Los demandantes aseguran que de forma “premeditada, planeada y calculada”,  la Policía permitió que ocuparan el puente y “sin previo aviso” los arrestaron. Según los denunciantes la actuación policial, el pasado primero de octubre, constituye violación de la primera y cuarta enmienda de la constitución. Un privilegio constitucional del que no gozan los ciudadanos sirios. Además de “compensaciones económicas” los demandantes buscan invalidar legalmente las detenciones para detener legalmente a la policía, que ha tenido que excederse para mantener el orden establecido. La policía en tiempos de crisis, deja de representar nominalmente, y por tanto de defender, a la sociedad civil, para defender exclusivamente al Estado.

 “Anonymous” amenazó en apoyo de los Ocupa, con un ataque contra la Bolsa de Nueva York. En un video en el portal Youtube amenazó con “borrar de internet”, el próximo 10 de octubre, el New York Stock Exchange (NYSE), la sociedad gestora de la Bolsa de Nueva York, a la que le “declaran la guerra”. Nada más parecido al espíritu anarquista que Anonymus, una legión de francotiradores tecnológicos, que puede golpear al sistema, donde más le duele, y además puede utilizar la red global para publicitarse. La modernidad es también un arma de doble filo.

El movimiento “Occupy Wall Street” lleva tres semanas en el distrito financiero de Nueva York, clamando para que “se escuche la voz del 99 % del país y no la del 1 %, que sigue enriqueciéndose”.

Marx perfectamente podría estar riéndose en la otra vida, viendo como los nietos postmodernos del capital financiero, le tiran piedra al Estado y amenazan con colapsar el Templo, lo que simbólicamente, solo es equiparable al ataque contra las torres gemelas.  

Tomas Traströmer: nuevo Premio Nobel de literatura

Tomas Traströmer: nuevo Premio Nobel de literatura

Madrigal

Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. No estamos sin esperanzas. Los crímenes más difíciles continúan sin aclarar a pesar de los esfuerzos de muchos policías. Del mismo modo, hay en nuestra vida un gran amor sin aclarar. Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque, el luminoso. ¡Todas las criaturas que cantan, serpentean, mueven la cola y se arrastran! Es primavera y el aire es muy fuerte. Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que cuelga del cordel.

No hay pago

No hay pago

No hay pago

¿Quién no ha padecido la demora de un pago por un contrato? ¿Quién no ha visto retardado el pago de honorarios? ¿Quién no ha padecido la demora del pago por nómina? ¿Quién no ha visto asediada su industria o su negocio por cuentas sin pago? ¿Quién no ha quedado mal en un pago por otro que no entró?  ¿Quién no ha naufragado comercialmente por una cartera incobrable?

El acta de liquidación, el informe terminal, la cuenta de cobro, el RUT, la DIAN, la retención, la orden de pago, el giro, el PAC, la disponibilidad, el estatuto anticorrupción, son elementos de una cadena de corrupción, que consiste en retener los pagos para soportar movimientos favorables al pagador. No estoy hablando de los insolventes, los que no tienen cómo pagar. Hablo de los que teniendo, no pagan.

Es gracioso, que en un país tan absurdamente corrupto, en lo oficial y lo privado, como este, exista una maraña tan refinada de protocolos para pagar. Quizá sea porque es la mejor forma de sostener el protocolo para no pagar. Nadie, absolutamente nadie, quiere pagar a tiempo, aunque pueda.

Si la maraña protocolaria para pagar es tan absurdamente rellena de condiciones y requisitos, la maraña para no pagar, es todavía más sofisticada. Un asqueroso truco clásico, cuando se quiere postergar el pago un par de meses: “la carpeta de soportes se perdió”. Una versión más benigna, con algunas variantes, después de un mes de retardo: “se perdió el comprobante anexo del paz y salvo de la Personería delegada para personas jurídicas”. Una muy usada, después de un par de semanas: “se fue un error en la cuenta de cobro”.

Los trucos modernos comienzan cuando los sistemas se pusieron al servicio de lo contable. El más absoluto de todos los trucos para no pagar: el sistema se cayó (burocráticamente el sistema es una cosa sobre la que nadie tiene control, no depende de nadie en particular, pero tiene que ver con todos). Eso quiere decir espere hasta que el sistema se reabra. Quien se va persuadido de que el sistema es tan inapelable como Dios, tendrá que revestirse de mucha paciencia. El que no se traga el truco, ni la paciencia le valdrá. Un truco que es criminal: “no hay PAC”, quiere decir, no hay orden de giro sobre reserva disponible. Uno más ordinaria, pero efectivo:”el cheque necesita doble firma”. Quiere decir, hasta que no aparezca el casposo de la segunda firma, no habrá giro. Las cooperativas de bandidos en otras épocas tenían un truco:”las cuentas nos fueron embargadas”, aunque todavía no lo hubieran sido. Con los cheques se hacen linduras: equivocar una letra, una cifra, no hacer corresponder las letras con el número. Y no sé porque siempre, el que se da cuenta es el cajero en la ventanilla.

No pago, no hay pago, pago solo los viernes, aplazados los pagos, pagos retenidos, cheques devueltos por insuficiencia de fondos: una ordenación  que envuelve pequeñas y grandes especulaciones, y que tiene un impacto no medido en la economía: el retardo de las tasas de consumo y pago. Una economía del no pago aletarga, imbeciliza, hace innecesariamente lenta la cadena móvil del dinero.

Comercialmente hablando, pagar a tiempo, sería tan revolucionario, como lo sería en la justicia, fallar en términos.

        

Santos y Palestina

Santos y Palestina

122 naciones acreditadas ante las Naciones Unidas, han anticipado su voto favorable para que la Autoridad Palestina (Cisjordania y Gaza) se convierta en el Estado de Palestina. Cierto, son los países pobres, la mayoría. En contra de la demanda, que hizo  Mahmud Abbas el viernes en New York, están: USA, Rusia y la CE. Cierto, los países ricos, si es que hoy, a punto de una nueva escalada de la crisis global, quedan países ricos.

Colombia ha negado la favorabilidad a la pretensión palestina, con un argumento tan pobre, como tramposo. Dice el Santico que Colombia (entrevista a Yamid Amat. El Tiempo 25-09-2011) acepta la idea del estado palestino, a condición de que se negocie con Israel, para “vivir en paz”. Es decir, si Israel no quiere estado palestino, no habrá estado palestino. ¿Por qué  el derecho de un pueblo, con nacionalidad, lengua, religión y autoridad, que hasta 1947 conservaba integra la Palestina bajo su jurisdicción, después de 65 años debe someter su derecho al arbitrio político de Israel?

Así como no tiene hoy sentido cuestionar la existencia del Estado de Israel, independientemente de la forma como por la fuerza, abrió su espacio en la antigua Palestina, no tiene sentido oponerse a la creación del Estado de Palestina. Una relación diplomática, una agenda de conversaciones, tendrían más soporte institucional, si se hiciera como una negociación bilateral entre estados. Aunque la paz no se ha logrado en 65 años.   

La razón de fondo para negar el voto a la creación de un nuevo estado en el seno del conflicto heráldico del siglo XX y del XXI, es el temor de los países contrarios a la iniciativa, de que el nuevo estado termine en manos de los fundamentalistas, de Hamas. El mismo temor de que el Estado de Egipto termine en manos de la Hermandad árabe. ¿Alguien se ha preguntado si el conflicto árabe israelí tiene solución?

¿Cómo creerle al Santico semejante argumento que tiene visos contra derecho? Cómo creerle, si es capaz de de decir, en el mismo reportaje, que Colombia  no “tiene dependencia política ninguna” con USA. “Dependencia ninguna” termina diciendo sin que se le mueva un pelo.

¿Cómo creerle a un jugador? Y digo un jugador, sin querer referirme al poker o al golf, sino a los negocios, que quiere extender a todo el mundo según lo denuncia su agenda internacional. Un jugador de las relaciones diplomáticas, un jugador de los acuerdos temporales, de pactos subentendidos. A un tipo así no se le puede creer que sea libre e independiente, al anunciar, a nombre de Colombia, el único voto negativo en América Latina, contra la creación del Estado de Palestina.

Con un tipo así.     

Matalo Pablo

Matalo Pablo

¿Por qué dice Antonio Caballero en una columna, que tras la condena de Santofimio nos quedamos sin saber quién mató a Galán?

Santofimio en la semana que pasó fue objeto de entrevistas con RCN y Caracol. Anoche habló con Felipe Zuleta y le dijo que su proceso había sido un holocausto probatorio, un exabrupto jurídico, desconocimiento de pruebas, politización de las Cortes, que según dijo, obedecen a los caprichos políticos de los huérfanos Galán.

Las pruebas de Popeye y Alfaro, según Santofimio, fueron desestimadas en los juicios anteriores, por inconsistentes y arregladas. Ahora – dijo – no le queda más que ir a las instancias internacionales, en las que pondrá su causa.

¿Hay algo que debiera hacer pensar que Santofimio es inocente y que detrás de la muerte de Galán, hay algo todavía más podrido? No dudo que Santofimio hubiera sostenido una relación interesada con Pablo Escobar. Yo le creo a Virgina Vallejo, en cuanto a  los encuentros que sostuvieron.

El servicio de la duda proviene de dos cosas: de la solidez no cuestionada de la defensa mediática con que Santofimio patalea desde la cárcel. De acusado pasó a acusador y no sabemos cómo fue lo de su proceso en las cortes. Y de las declaraciones del hijo de Galán, Juan Manuel que una vez  conoció la sentencia, dijo que el caso de Santofimio, no pone punto final a la investigación sobre la muerte de su padre. El cree, que más importante, más conducente que el caso Santofimio, es el caso Masa Márquez. 

No es una coincidencia que Caballero se lo pregunte. Y si con la condena de Santofimio, y el prooceso pendiente de Masa, seguimos sin saber quién mató a Galán, entonces sigamos pensando mal, para acertar.

 

La ciudad sitiada

La ciudad sitiada

 Isaías Peña Gutiérrez 

No es fácil, en un país como Colombia, con una democracia tan frágil, escribir sobre esta primera novela de Alejandra Jaramillo Morales, La ciudad sitiada, aparecida a finales del 2006.
Se podría decir que para un país tan contrahecho, Alejandra ha escrito una novela contrariada y contradictoria. Ningún país del mundo, incluido el conflicto árabe-israelí, ha prolongado tanto la solución a sus confrontaciones sociopolíticas. Y, en buena parte, se debe a la falsedad de sus diagnósticos, a la ideologización de sus causas, a los eufemismos y a la necesidad de imponer los intereses y criterios particulares sobre los de la nación. Digo esto porque la novela juzga las dos últimas décadas de la confrontación entre el estado colombiano y las fuerzas insurgentes, mezcladas con el fenómeno del narcotráfico y las autodefensas, poniendo en un mismo nivel a militares, guerrilleros y paramilitares. Partir de ese razonamiento y así asumirlo en la novela –como con frecuencia se hace en nuestros medios-, conduce a incurrir en una serie de contradicciones en el momento de desarrollar el argumento de la misma. La novela trae un epígrafe coherente de Juan Eduardo Cirlot, que luego no se tiene en cuenta: la ciudad me odia, por eso mi única patria es mi corazón y por eso me regocijo con la destrucción de la ciudad. Es todo un argumento. Pero en La ciudad sitiada nadie odia al narrador, ni a los protagonistas, y sí se asume un amor por una patria que se confunde con una bandera de tela y no con un propósito nacional. (El asesinato de Yolanda Izquierdo la semana pasada en Montería, una dirigente pacifista que reclamaba sus derechos legales, demuestra una vez más que sí hay diferencias entre las distintas fuerzas del conflicto social y que hay causas económicas que los sustentan).
El argumento de la novela se divide en dos partes que no son consecuentes, si se mira con cuidado estético. Se construyen unos personajes que van a liberar a esa “patria”, con una intensidad y extensión equivalente al 98% de la novela, para en un paginaje del 2% mandarlos a la picota, sin ningún desarrollo argumental, ni narrativo. Esto conduce al problema más serio que tiene la novela: el narrador, al final de la novela, en dos páginas, pasa a manejar como marionetas a los personajes (en la p. 185, el narrador dice de uno de los personajes principales: “Ay, pero pobre Flora”, y suplanta los sentimientos y los propósitos del personaje y decide lo que él quiere. No se sabe quién es el narrador, pero suena a autor camuflado, porque hasta el lenguaje cambia. Entonces, la novela se desdibuja y se convierte en un argumento narrativo puesto al servicio de una tesis social del autor.
Sin embargo, ¿por qué terminé de leerla y por qué escribo estas líneas? Porque, a pesar del a veces monótono tono monologista y de algunos intereses sociológicos y filosóficos –que en ese tono le van mal a la narración-, el lenguaje literario de Alejandra Jaramillo (no digo del narrador de la novela, para no contradecirme) es excelente y sumamente atractivo. No existe la menor duda de que ella es una escritora. Se deleita uno leyéndola, es de una gran sensibilidad y muy inteligente. En pocas novelas colombianas, de tantas que hay ahora, he leído páginas que recojan con tanta solidez las relaciones entre mujeres y entre mujeres y hombres. Las páginas dedicadas a escenas o situaciones eróticas, le hacen pensar a uno que si Alejandra Jaramillo hubiera escrito una novela, no sobre la violencia colombiana, sino sobre las intimidades del ser humano, fauno o guerrillero, habría producido una novela excepcional. Estaríamos sitiados por su novela. (A propósito, el título no me parece que corresponda a la novela, porque la ciudad no está sitiada, ni está sitiada Flora; parece ser otra de las contradicciones que parten del mal diagnóstico de las fuerzas políticas del país, o del desacuerdo entre la idea del narrador y la propuesta de la autora).
Por último, la novela posee unos capítulos de gran calado, como cuando nos hace recorrer a Bogotá por el centro, por los lados de Marielita, y digo que pega duro ese “Naranjo en flor”, “Sur” y otros tangos de marca mayor. Debo decir que, sin lugar a dudas, tenemos novelista, pero no novela. Y eso me satisface.

 

 

El representante de Dios en la tierra ante la CPI

El representante de Dios en la tierra ante la CPI

La sola imagen de Benedicto XVI entrando a la Corte Penal Internacional en compañía de sus abogados. La de Benedicto detenido en un calabozo de primera, con sus zapatos de cabrito neonato, son en sí mismas imágenes cargadas de crudas anticipaciones, como para suponer, que aunque por lo pronto carezcan de realidad, son terriblemente históricas, conmovedoramente reales como son las muecas del espíritu de cuerpo.

Una asociación norteamericana de víctimas católicas de los curas pedófilos, demandó a la iglesia católica, en particular a su representante legal, Benedicto XVI y a la cúpula vaticana, los cuatro cardenales responsables de la Congregación del Santo Oficio de la Fe, por su responsabilidad en el encubrimiento y complicidad, para con todo el ejercito sacro de ensotanados lujuriosos, que sedujo a varias generaciones de niños puestos a su cuidado.

Las imágenes, son como de película de Almodovar, de alegato de Vallejo, de columna de Cristhoper Hitchens. El representante de Dios en la tierra, compareciendo por alcahueta en La Haya. De hecho la Corte tendría suficiente material probatorio, como para incriminar a los prelados. Y en condiciones de procesados civiles tendrían que responder por cargos de encubrimiento. Por ahora no se va a poder, en el Vaticano pueden estar tranquilos. La Corte no interviene si antes, la justicia nacional no ha mostrado su incapacidad o negligencia para adelantar un proceso. Lo que quiere decir que, primero la justicia italiana tendría que negarse o declararse incapaz de juzgar a la banda vaticana por crímenes sexuales.

De otra parte, las causas que llegan a la CPI, son las de cuatro grandes crímenes de lesa humanidad, contra la nacionalidad, el ambiente y las minorías. La alcahuetería apostólica del Vaticano para con sus depredadores, no es causa de la que pueda conocer. Así que pueden estar tranquilos.

Sin embargo, el solo acto mediático, la publicidad ideológica que conlleva, el haber sido la noticia del día en el mundo,  el atrevimiento civil de una asociación católica de víctimas, la sola tentativa efectista de demandar un imposible jurídico, son hechos que alimentan las imágenes de una historia que podría terminar, cuando la iglesia católica no fuera más que una secta, entre todas las sectas de los últimos días.