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Alberto Rodríguez

Hay que darles de su misma SOPA

Hay que darles de su misma SOPA

Libertad de expresión vs libertad de censura. A un año de la Primavera árabe, el debate es claro y consecuencia de agitados movimientos en la Internet, que provocan tormentas terrestres.

En materia de restricciones para el uso de la información en la red, Irán, Corea del Norte, Cuba y China, ya nos han dado un mensaje claro: la censura es un privilegio de Estado. Aún así el gobierno patriarcal de Yemen cayó la semana pasada. La Cámara de Representantes, aspira a poner a USA, a la misma altura de aquellos países en los que la libertad individual puede ser abolida por razones ideológicas o de comercio.

El empresariado, los militares y los banqueros que empujaron la Arpanet a la Internet, mataron el tigre y ahora están alarmados con el cuero. Crearon a Frankenstein y ahora que se les ha crecido, claman para detenerlo. No hagan nada en contra, déjenlo que los devore.

La Stop Online Piracy Act (Acta de cese a la piratería en línea) también conocida como Ley SOPA o Ley H.R. 3261; es un proyecto de ley presentado en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos el 26 de octubre de 2011 por el Representante Lamar S. Smith que tiene como finalidad expandir las capacidades de la ley estadounidense para combatir el tráfico de contenidos con derechos de autor y bienes falsificados a través de Internet.[Nota 1] Las previsiones del proyecto incluyen la solicitud de una orden judicial para bloquear la publicidad y las redes de pago que proveen las ganancias del sitio infractor y el bloqueo de los resultados que conducen al sitio a través de los motores de búsqueda. Incluye además la posibilidad de conseguir una orden judicial para que los proveedores de Internet bloqueen el acceso al sitio infractor. La ley podría extender las existentes leyes penales, incluyendo al streaming de material con derechos como actitud que puede ser penalizada; e imponiendo una pena de hasta cinco años en prisión.

Mi diatriba no va contra los derechos de autor, ni más faltaba. Pero sí en camino de señalar que la piratería, y por ende el mercado negro de información, es inherente a la Internet, como inherentes los mercados negros al blanco. Si el mercado del impreso se interviniera con una ley que prohibiera las ediciones, para evitar que los piratas publicaran, cualquiera podría decir que los responsables de la medida están completamente chiflados. La situación no es muy distinta en la Internet: al buscar frenar a la piratería, frenan la libertad de mover información a cientos de millones de usuarios de la red. Algo tan estúpido como echar a la cárcel a cualquiera que se fume un porro, en vez de arrestar a los distribuidores.

Gabe Newell presidente de la industria Steam-Valve de videojuegos, ilustra la paradoja prohibicionista de Internet. En una sociedad que compite por la calidad de servicios, si un pirata ofrece un producto ya y a menos costo, comparado con un proveedor oficial, que apenas lo puede situar tres meses después y a mayor costo, los consumidores, por una ley económica, tenderán a comprarle al pirata, que ofrece “un servicio más valioso”.

Los artistas y creadores que tienen sus obras amparados legalmente bajo derechos de autor, deberían ir pensando que la Internet, de la misma manera que provoca un movimiento de transición, de la cultura impresa y la cultura virtual, representa la transición entre los derechos reservados y el creative common.

Hay mercados negros porque hay mercados blancos. Hay piratería porque hay derechos de autor. Hay censura porque ha libertad de expresión y al revés. Frankenstein – el moderno Prometeo - ha echado andar y para detenerlo hay que detenernos a todos los que hemos puesto pedazos de nosotros mismos en él.

La Poética de Aristóteles

La Poética de Aristóteles

La Poética de Aristóteles es un librito sencillo, legible, que consta de seis capítulos y 45 parágrafos. Aunque los capítulos no tienen título, como lector le he dado los siguientes, en su orden: De la mímesis, De la mímesis y los géneros, De la tragedia, De la epopeya, De las objeciones a los poetas, De la tragedia y la epopeya.

La traducción castellana que tengo es una de 1798, hecha por José Goya y Munian, que dedica a Melchor Gaspar de Jovellanos. En la dedicatoria, el traductor dice:”La ocasión que hubo para la nueva traducción fue esta: que habiendo el señor Azara, ministro de S.M. en Roma, pedido a esta Real Biblioteca las lecciones variantes que resultasen entre un precioso códice que hay en ella y entre las ediciones más correctas de la misma Poética, el bibliotecario mayor, cuando me hallaba dedicado a otro linaje de estudios más propios de mi genio, profesión y estado, me encargó que reconociese y anotase dichas variantes”. Que se recogen en 348 notas, que de suyo, son otro libro, al que para entrar se necesita saber leer griego.

Con la Poética pasa lo que pasa con muchos libros míticos, se mencionan, incluso se los cita autoritariamente, pero no siempre se han leído con el ánimo humilde de comprender. A pesar de que hay toda una saga de estudios poéticos sobre el librito de Aristóteles en todas las grandes universidades del mundo. Hay sociedades académicas para el estudio de la Poética. Como las hay para el estudio de la estética de Horacio.

¿Cuál es la importancia del legado? Una categoría, la mímesis, el acto de imitación, que según Aristóteles es la forma como proceden las fábulas, la poesía, la épica, la tragedia, la comedia, la ditirámbica y la música. No se refiere Aristóteles a las obras gráficas ni a las espaciales.

No es la estética de Aristóteles una estética de lo bello, es una estética de la imitación. El arte imita la realidad, la realidad desborda el arte. El arte no alcanza a imitar la totalidad de lo imitable, en esa inalcanzabilidad mora el espíritu de la tragedia.



Un bonito y soleado día

Un bonito y soleado día

¿Si los aviones de la fuerza aérea china son capaces de intervenir en el sistema de las nubes, para impedir que el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos en Pekín llueva, y haga un lindo y soleado día, por qué un chamán colombiano no puede estar en la posesión del Presidente Santos, para hacer que también haga un lindo y soleado día?

La palabra chamán es una degeneración del sánscrito, shramana, que  para los antiguos mongoles significaba mago. La magia es omnipresente en la mayor parte de los actos institucionales y privados en América Latina. El chamanismo, es una capacidad especial de los chamanes, para comunicarse con el mundo de los espíritus que gobiernan el mundo y la vida de los hombres. ¿Si el catolicismo cobra por la salvación, por qué un chamán no podría cobrar por hacer que no llueva?  El mundo de los espíritus, no solo no se niega, sino que se confirma  cómo podría el poder político deslegitima el derecho a vivir de la comunicación con los espíritus.

El caso viene a cuento, porque hemos sabido que para el teatro, los festivales, las posesiones, las exhibiciones al aire libre y los campeonatos de futbol, en Colombia, se contrata a chamanes para evitar que llueva, y cuyos servicios oscilan entre un millón y cuatro de costo. Muy económico por cierto, para tener un bonito y soleado día.

Doña Fanny Mikey, protegía su Festival internacional de teatro, del mal clima, invitando chamanes. Al fin y al cabo su arte no es lejano al teatro que revive espíritus, que encarna personajes y que afianza su carácter. Fue justamente Ana Marta Pizarro, la actual directora del FITB, la que medió ante el Instituto Distrital de Cultura y deporte, para que se pagase a Jorge González, durante el espectáculo montado en la final del mundial sub 20 de futbol. En cambio de agradecerle a Ana Marta y a González, y de paso a los espíritus, la Contraloría de Bogotá se molesta por unos honorarios que hicieron posible que el trabajo de un hombre, hiciera posible el espectáculo. No llovió - dice Ana Marta -, así que se pagó por un servicio efectivo. Pero no, cuando hay dineros públicos de por medio, nos damos el lujo de actuar como los Moreno o como los Nule, pero no podemos gastarnos una platica en un chamán, que evitó la lluvia.

Qué difícil es para los chamanes defenderse de los políticos charlatanes, de los brujos legales, de los espíritus del mal, de los contralores. No veo por qué si les pagamos a los senadores y a los representantes, no podríamos pagarles a los chamanes. Los primeros son capaces de pasarse cuatro años haciendo negocios para enriquecerse, los segundos, tres días para evitar que llueva, y haga un bonito y soleado día.

¿Desarmar a quién?

¿Desarmar a quién?

Colombia es un país armado. En manos de las fuerzas armadas – monopolista legal de la fuerza – hay alrededor de 700.000 armas cortas. En manos de civiles, con licencia oficial de tenencia, hay alrededor de l.500.000 armas. Y sin licencia, hay cuatro millones de armas. Un poco más de seis millones de personas armadas. El 13% de la población, lo que significa la generalización del principio de la autodefensa, lo que a cualquiera, que no sea Monseñor Uribe, le sería suficiente para saber que en Colombia existe un conflicto auténticamente armado.

El proyecto de desarme ha vuelto  a ponerse en la mesa  a causa de la política del amor del alcalde Petro. La muerte como los instrumentos de muerte, no hacen parte del proyecto amoroso, son la negación de la vida, que al no poder separarse de la muerte, pone en serios aprietos de argumentación, otra propuesta de Petro, la de acabar el espectáculo de muerte que excita a las señoras con sombrerillo español, bota y manzanilla en la arena de toros.

La propuesta de desarme necesitaría  hacerse una pregunta: ¿Desarmar a quién? ¿A los que tienen armas con licencia? Según Alfredo Molano “el tráfico de armas es también tráfico de licencias”. Es decir, para conseguir un arma con licencia se necesita un intermediario militar, lo que hace que las armas con licencia, estén en manos de los familiares, amigos, socios y colaboradores de los militares, lo que según Molano, supone una manera de extender y diversificar su circuito de poder. ¿Es a ellos a los que se pretende desarmar?  Indumil hace las armas, los militares operan como intermediarios, dan licencias y las venden. ¿Es a ellos a los que se pretende desarmar?

¿Desarmar a quienes tienen los cuatro millones restantes de armas? Por ahí se podría comenzar, pero para hacer efectiva la medida, habría que ganarles la guerra, a los paracos, a los bacrim, a las guerrillas y al narcotráfico. Someterlos, desarmarlos para reducir el número de armas. Algo, que no está ni en la jurisdicción, ni en el alcance del alcalde Petro.

Seguramente terminaremos capturando armas hechizas en redadas y llenando los estantes de la policía con las armas del hampa metropolitana. Redadas en las que hasta se podría encontrar una que otra licencia para matar.

El desarme no hay que pensarlo, solo como una medida de fuerza para incautar armas. Habría que pensarlo como una acción política de justicia pública, que desbarate las condiciones y las estructuras sobre las que se ha hecho posible una justicia privada extendida.      

 

Los urabeños

Los urabeños

Ya quisieran los uribeños tener el poder de los urabeños. Los “zetas” colombianos. Como respuesta a la muerte de uno de los Úsuga, que se hacía llamar Giovani, y que actuaba como jefe de los Urabeños, ellos invitaron cordialmente a parar actividades, entiéndase, al comercio, la actividad que mueve dinero. Así que los comerciantes, los tenderos, los transportadores, los descargadores, sin más, aceptaron la invitación y paralizaron Urabá, Córdoba, Sucre, Magdalena y Guajira durante 24 horas.

El aparato paramilitar, si bien hubo desmovilizaciones, aunque no sabemos exactamente cuántas efectivas y cuántas simuladas, jamás se desmontó. Más el hampa necesitada de trabajo y la inversión de capital mafioso, han dado como resultado una organización criminal, que no necesita ningún tipo de discurso para justificarse. Organizaciones que no se justifican, como sí las guerrillas de Timo, o las AUC de Castaño. Ahora tenemos aparatos militares mafiosos, hordas asesinas que defienden el territorio, como una forma de defender el negocio, las rutas, los accesos, los puertos. El negocio a secas.

El gobierno ha intentado minimizar el efecto de la convocatoria de los Urabeños, el efecto social, la parálisis a causa de una invitación cursada a los comerciantes, a quienes vacunan y extorsionan, en lo que vendría ser un impuesto más costoso y efectivo que los impuestos comerciales y de catastro. Actúan como un para-estado que convoca, que grava, que amenaza, que ejecuta, que recauda, que ajusticia.

Es mucho más grave el fenómeno de los Urabeños, que el de las llamadas repúblicas independientes de las Farc en los años setenta. La sola idea de que hubiera alguien capaz de disputar el dominio territorial, llevó al gobierno de entonces a una campaña de aniquilación que borró la tentativa de independencia.   

Una guerra de proporciones continentales se ha iniciado. De un lado brazos armados en México – el Golfo, los Zetas, Sinaloa –Guatemala, Honduras y el Salvador, y por abajo, Perú, Venezuela y Colombia haciendo de bisagra geopolítica. Y de otra, unos gobiernos débiles, unos gobiernos cómplices, unos gobiernos que no están dispuestos a promover en bloque la legalización.

Como cruzados suicidas, de Zetas a Urabeños, todos están dispuestos a defender el negocio, cueste toda la sangre, toda la plata y todas las armas del mundo.



Los almuerzos

Los almuerzos

Evelio José Rosero tiene un talento de economía en la novela, que está entre la sobriedad y la timidez. Algunos hechos en Los almuerzos – escrita hace diez años - apenas se insinúan, las escenas se construyen pero es como si algo quedara faltando. En la novela no ocurren muchas cosas: una albina está enamorada de un jorobado, las tres Lilias cocinan, el cura Almida recibe al mafioso, el cura y el sacristán se van en el Wolkswagen, llega Matamoros, el cura  alcohólico – parece un cura de Graham Green - que va reemplazar a Almida. Cuando Matamoros – un misacantano con nombre de trío cubano – canta durante la misa y se produce el milagro, la casa se voltea, las mujeres - menos la albina - aman a Matamoros. Las Lilias ahogan a los gatos en la alberca – en una escena dramática pero inverosímil – el jorobado y la albina tiran debajo del altar. Matamoros canta boleros en medio de las señoras del barrio, en el jardín de la sacristía. Almida y el sacristán amanecen envenenados.

Pero si los hechos son escuetos, económicos, las relaciones implícitas entre los personajes son profundas, ramificadas, una selva de carácter se esparce a lo largo de las 136 páginas. La novela se gasta en construir personajes, en rellenarlos de actitudes, en colmarlos de gestos, que enriquecen la escena, a pesar de que algunas de ellas sean esbozos y otras innecesariamente largas y circulares.

“Al igual que la mayoría de mis obras editadas en Colombia, Los almuerzos no tuvo un solo comentario y menos crítica alguna: silencio absoluto alrededor, algo a lo que ya estaba acostumbrado, pero que en todo caso era difícil asumir”, comenta Rosero y añade: “Con la reedición de Tusquets en España ha ocurrido todo lo contrario, y eso, por supuesto, me reanima”. Los almuerzos había sido originalmente publicada por la Universidad de Antioquia en el 2001.

El trabajo de construcción de personajes, tan propio de la novela, que ocupa a Rosero, nos ofrece los rasgos, los lapsus, las miradas, las sospechas, los giros, los movimientos aparentes, las intenciones que se cruzan, los amores soterrados y los odios entrelazados, con la firmeza y seguridad de un novelista que madura.

Pero los “almuerzos de piedad”, para las putas, los ciegos, los miserables, los desplazados, no se sirven, no se consuman, permanecen como un telón de fondo, sin definición. No era lo que el novelista quería mostrar, pero igual están faltando. Todo lo que da razón de ser a la sacristía, hacia afuera, queda fuera de la escena, solamente cobra fuerza y aparecen los entretelones privados, los matices íntimos del infierno en la sacristía.

Los almuerzos es una novela que a muchos lectores les permitirá “extractar” lecciones morales, que seguramente alimentarán - en uno u otro sentido -  su conciencia. Aunque con seguridad, la sagacidad de la trama, el malditismo criollo con que Rocero hurga en la oscuridad de las almas cautivas en la sacristía, jamás será del gusto de la iglesia católica. Una razón de peso, para leer la novela, que si hubiera sido un relato negro, podría haberse llamado “El diablo en la sacristía”.

Para antes del olvido

Para antes del olvido

1913 y 1977 son dos años de referencia en la historia de Alfonso - como antes la de Horacio, y después en la de David - contada en Para antes del olvido, la novela de Tomás González que apareció en 1987. No sobra decir que Alfonso es poeta que sale de su natal Antioquia, para ir a la Bogotá de 1914 y luego emprender viaje a Europa donde se encontrará víctima y extranjero en medio de la primera guerra mundial. Un poeta paisa perdido en los tremedales bélicos de la carnicería europea.

La prosa de Tomás Gonzales es acendrada, atildada, grave y regia. La mesura de sus tonos no linda con la falta de tensión, la prosa viva, sin ademanes innecesarios, se arriesga con alegría casi artesanal a contar.

La novela en su trabajo de escritura muestra a un poeta de la prosa que conduce una novela capaz de producir destellos y matices de habitación, ángulos ceremoniosos y humildes, que accionan la historia sin falsos recursos. Lleva de la mano al lector, como alguien que se inicia quisiera ser llevado. Escenas sepias, en blanco y negro y coloridas, de “luz difícil”, conque Tomás ilumina la novela, como un escenógrafo avezado.

Cuenta una historia González en que la poesía, o mejor la actitud poética campea en el viaje como motivo. Para antes del olvido, recoge el sentido de la novela de viaje del siglo XIX, en la que alguien sale de un punto para ir a otro y entre uno y otro – en un arco de tiempo – se transforma, o es transformado. Los personajes olvidan, se entregan, sienten la nostalgia, envejecen, pero siempre se mueven al ritmo que impone el peso de su propia condición. Se muestran en sus olvidos y sus desamores, en sus ingratitudes y decoros, en la bonhomía y el desasosiego, en la vejez indecorosa y provinciana y en la juventud arriesgada que ama y olvida, pero que escribe para no olvidar.

La posibilidad de una isla

La posibilidad de una isla

La menos fúrica de las novelas de Houellebecq. La menos retadora, la menos impertinente, la más púdica, donde la ciencia ficción es una antigualla de los años sesenta. Una novela que demuestra que el autor se agotó. En la que el espíritu francés, si es que hay un espíritu francés hoy, aparece convaleciente por el tedio del apocalipsis europeo. De La posibilidad de una isla, se ha dicho lo anterior y cosas peores. Pero aún así, cuando se es capaz de agotar 420 páginas en tres días, es porque hay algo en el embuste, capaz de tocarnos duro y hondo.

La construcción de personajes parte de la elaboración de dos humoristas – Daniel y Gerard - que ya no hacen humor, y de un perro, el mismo Fox que muere tres veces. De otra parte, el reparto femenino: Isabel que cree en el amor pero no en el deseo y Esther que cree en el deseo pero no en el amor. Daniel necesita de las dos, porque cree en el amor y el deseo. Isabel muere y Esther se va para siempre.

El entramado de ciencia ficción es secundario en la novela. La dosis de realismo sucio que se regodea en el caso de un sujeto con la “enfermedad europea”, es suficiente para leer la novela. Es un retrato hablado del cuarentón europeo, una biografía del hombre maduro francés, del humorista agotado, del rico que no soporta Francia y se larga a España, al que no le va bien ni en el amor ni en el deseo, un hombre aburrido que se refugia en una secta que promete la vida eterna, en la cual él no cree. Víctima de un vagabundeo solitario, con promesas de proyectos que nunca se hacen, una ausencia permanente de sentido, desarraigo, carencia de familia, mucha tecnología, mucha, poca imaginación, poco humor. Al único que puede querer Daniel es a su perro que se le muere tres veces en la novela. “En cuanto a mí – dice el último Daniel – continuaría, en la medida de lo posible mi oscura existencia de mono mejorado”.

Lo de ciencia ficción es sencillo, la novela trabaja con el recurso de la clonación neo humana, en la construcción de una sociedad futura en donde la humanización, en el peor sentido de la palabra, ha dado continuidad genética a la especie, tras una catástrofe nuclear y natural – un 2012 – que dos milenios después deja a España convertida en una lisa y escarpada ladera cubierta de ceniza gris. Daniel y Fox son clones que entran al escenario a lo largo de la novela. Los detalles, son juegos pobres, arandelas que bien pueden saltarse en la lectura.

¿Se puede ser más francés que Houellebecq? Tiene una cierta vulgaridad a lo Balzac. El exhibicionismo moralizante de Sade. El tedio dramático de Baudelaire. El didactismo de Malraux. Tiene la soberbia propia del francés urbano, un cierto autoritarismo mediático, que se filtra como espíritu manifiesto de la obra, tiene el sectarismo de los solitarios. El Houellebecq de las tres primeras novelas escupe y alecciona, a la manera de Celine; En La posibilidad de una isla es bergsoniano, juega con el vitalismo, la vida, el cambio, la muerte como deterioro cíclico del élan, hasta el fin.

La escritura de Houellebecq, en La posibilidad de una isla,  representa una rebeldía atenuada, una atemperación deliberada de la prosa, si se compara con la prosa fúrica de Ampliación del campo de batalla (1994) y Las partículas elementales (1998). Es menos evidente su reacción contra el clasicismo literario. Toda su prosa ha sido un alegato contra lo bello escrito. En La posibilidad de una isla, algunos párrafos terminan tan accidentalmente como comienzan.

 El clasicismo se ha mantenido fijo en una certeza: la frase es la unidad de la escritura, más en consonancia con los gramáticos que con los estilistas, de ahí el culto a la orfebrería flaubertiana. En La posibilidad de una isla, Houellebeck se muestra mucho más preocupado por cultivar una prosa de párrafo, una estructura de mayor complejidad y mayor extensión estilística, que elabora con pasión y sinceridad el trasfondo de las voces de sus primeras personas.

Si Saramago en La balsa de piedra, hizo que España se desprendiera del continente y fuera la deriva en un mar lejano, Houellebeck, en La posibilidad de una isla,  hace que España se convierta en un desierto inclinado de ceniza gris, que se precipita a un mar que se ha retirado del continente y no tiene oleaje.

Nostalgia

Nostalgia

Si hay algo que me deja perplejo son los misterios del tiempo. ¿Cómo puede uno sentir nostalgia de un tiempo que no vivió? ¿Cómo entender la velocidad relativa y contradictoria de los tiempos del sueño y la realidad? ¿Tiene el tiempo un origen? En las noches de fin de año, que simbólicamente marcan el fin de un año – y menos simbólicamente el inicio de otro -  y que cada vez ocurren como si entre unas y otras hubiera menos tiempo, hay casi siempre un aire emocional de nostalgia, las mujeres lloran y se ríen, los hombres se ponen sentimentales y optimistas, todos se abrazan, una mezcla agridulce de alegría y tristeza invade la fiesta, por lo que se fue, por los que murieron, por lo que se perdió, por lo que ya no es.

La nostalgia, esa emoción tan calumniada, tan ambigua, tan proteica, con tantas acepciones y matices, a la que Milan Kundera le hace una novela, La Ignorancia, casi tan misteriosa como el tiempo, no es descriptible. Las dos raíces griegas de nostalgia son nostos, que significa regreso, y algos que significa sufrimiento. Literalmente su significado sería sufrimiento de regreso, que siempre se ha hecho valer como sufrimiento por el regreso incumplido, la nostalgia de Ulises, el más nostálgico de los héroes griegos.  

¿Cómo pudo el pobrecito Hölderlin sentir nostalgia de una Grecia tan lejana? ¿Cómo pudo Novalis enfermar de nostalgia por lo clásico? ¿Cómo puede Woody Allen sentir tanta nostalgia por París de los años veinte? ¿Cómo pudo un hombre como García Márquez o Cabrera Infante  tener tanta nostalgia Caribe? No lo sé, cómo lo sabría, si no sé cómo puedo sentir nostalgia por los años cuarenta, o por el renacimiento? ¿Cómo pude llegar a despertar de un sueño con la nostalgia empapándome la cara? ¿Cómo es posible que sienta nostalgia de la noche de fin de 1945 en Times Square?

En preguntas y respuestas Yahoo una adolescente escribió:”En  serio no se que sea, es desir, se que es un sentimiento, pero como se siente o como?”. Alguna vez alguien quiso hacerme entender la diferencia entre nostalgia y tristeza, y para hacerlo utilizó una metáfora: alegría es cuando tu cielo es gris  y tu lo vez azul, tristeza es cuando tu cielo es azul y lo ves gris, y nostalgia es cuando el cielo es azul o gris, pero ya no es tu cielo.

 

Un rey jugando a general

Un rey jugando a general

La disposición multitudinaria de fuerzas, las columnas simétricas e interminables de hombres armados, la uniformidad a gran escala, la multitud con un gesto único de pesadumbre, la nomenklatura,  hasta el aire y el color, durante la ceremonia de despedida de “King” Jong Il en Corea del Norte, me recordaron las paradas hitlerianas, las grandes concentraciones de fuerza del nacional socialismo, la multitud como espectáculo intimidador. La muerte de “King” como despliegue. La honras que se confunden con la parada.

Con apenas 27 años, “King” Jong Un, el tercero de la norcoreana dinastía King, es el general más joven del mundo al mando de las cuartas fuerzas armadas - Ejército Popular de Corea (조선인민군) - del mundo (millón cuatrocientos mil soldados en activo y 4,7 en la reserva), las primeras en gasto militar en comparación con el PIB (25%).[26] De acuerdo a los lineamientos derivados de la política Songun - "militares primero" – Corea dedica el mayor porcentaje de recursos al rubro de defensa. Tiene 45 soldados por cada 1.000 habitantes, una tasa relativa mayor a la de cualquier país del mundo, incluyendo naciones militarizadas como Israel (25 soldados por 1.000 habitantes).
 
 King Jong Un, es hijo de King Jong Il, que a su vez es hijo del mítico y todopoderoso King Il Sung, creador de la idea zuché. El joven Jong Un se graduó de la Universidad Militar Kim Il Sung, y apenas terminó consiguió trabajo de general de cuatro estrellas. No tiene ninguna experiencia administrativa, no tiene antecedentes públicos, no tiene carisma y tiene una cara de gordito malgeniado, pero tiene en su haber dos cosas: ser el primero en la sucesión dinástica y haber ordenado un ataque de artillería a la isla de Yeonpyeong, que provocó la muerte de cuatro surcoreanos en noviembre de 2010.

Su primera orden de gobierno, apenas asumió – la semana pasada – fue acuartelamiento de todas las tropas. Un tío paterno, miembro de la casa real le habla al oído, es un mayor responsable que funge como su tutor político, pero que podría ser o no ser el cerebro tras el trono. Una hipótesis plausible pero no comprobable aun. Se sabe que la lealtad del generalato está dividida.

El nuevo King no la tiene fácil. Sin embargo en el juego estratégico global podría pesar en acciones que tengan que ver con el manejo de la crisis económica global y la crisis china, que podría estar en la agenda de debacles del año entrante.

Cuando uno es un general de 27 años, pasan dos cosas: o nadie se lo cree, o uno tiene que hacer algo suficientemente drástico para que todos se lo crean. Para Corea del Norte cualquier opción es mala, para el mundo peor. La acumulación de fuerza, nunca es buen signo. Podría ser tan adverso como el 21-12-2012

 

¿Para qué sirve la renuncia de un profesor?

¿Para qué sirve la renuncia de un profesor?

    “La manera en que leemos hoy depende en parte de  nuestra distancia interior o exterior de las universidades…”. H.Bloom. Cómo y por qué leer.

La renuncia escrita de Camilo Jiménez, a su cátedra en Comunicación Social de la Universidad Javeriana, se ha interpretado como, que los estudiantes no pueden y no quieren redactar, como el tedio de aula, el aburrimiento curricular de un profesor para enseñar a redactar a muchachos que no quieren redactar. Como la incapacidad del maestro para resolver creativa y éticamente el conflicto del aprendizaje de redacción en el aula. O como, de manera más general, el fracaso de la enseñanza  de la lengua escrita en la educación superior, el agotamiento de los modelos de enseñanza, la formalidad superflua de los currículos, la calidad de escritura del maestro que enseña a escribir, o de algo crucial, aunque no se mencione, la didáctica de la redacción.

Harold Bloom comienza su libro, Cómo y por que leer, diciendo: “No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial por la cual debemos leer. A la información tenemos acceso ilimitado; ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado se topará con un profesor particular que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones”. Si como la pedagogía de la lengua escrita enseña, escribir es otra forma de leer, una razón de fondo para entender  el “escándalo mediático” de la renuncia de Jiménez, más allá de sus motivos particulares, completamente respetables, es que los muchachos no redactan porque no leen.

Redactar es a escribir, como solfear es a componer. La educación en general lo que necesita es que los estudiantes tengan competencias funcionales para redactar, para entender textos informativos, narrativos y argumentales, con los que se les hace la oferta académica de lectura. La redacción no consiste en poner en palabras escritas lo que hablamos, sino en decir con palabras algo que solamente se comunica con la redacción, en función de un orden, un tiempo y una extensión, mucho más formalizadas que en el habla. Así que si el problema es que no redactan, la enseñanza de la redacción debería comenzar por la enseñanza de la lectura. Todo lo que se necesita para aprender a redactar y a escribir está en los textos. ¿Dónde más?

Cuando redactamos nos leemos de manera distinta a cuando leemos los textos de otros, así que cuando nos auto leemos, para bien de la vanidad, para corregirnos o por escarnio, aprendemos algo que solamente se aprende en los textos que hacemos. Aparentemente el asunto es simple, algo que todo el que redacta debería saber, en realidad es el corazón de la propuesta para enseñar y aprender la lengua escrita.

Si los muchachos no leen y no redactan, es porque no les hemos enseñado, o les hemos enseñado mal, de forma inapropiable para ellos. O porque según, lo más fatalistas, en el mundo de ellos ,hoy tan cruzado por una maraña sofisticada de tecnología  de comunicación, no hay tiempo para aprender la escritura convencional. Existen muchas otras formas de escritura.

¿Sirvió la renuncia de Jiménez? Otras universidades estarán tentadas a ofrecerle clases. Él reconoce su impotencia, su incapacidad. Los estudiantes confirman que lo dicho es cierto, pero le reprochan no haber hecho lo necesario, lo suficiente. Los editorialistas ofrecen cifras lastimeras sobre el consumo de lectura. Realmente no es nada que no se supiera. De esa crisis se habla hace 25 años. ¿Entonces para qué diantres sirvió la renuncia de Jiménez?

¿Quién fuera Laura Acuña?

¿Quién fuera Laura Acuña?

La navidad es una buena época para hablar de culos. ¿Qué tal una nochebuena con Jessica Cediel? Ella disfrazada de Papá Noel y uno destapando el regalo, atado con cintica roja. Yo me declaro incapaz de entender la lógica del culo. La Cediel es declarada el mejor culo colombiano. Y muchos hombres lo creyeron, ella no. Pero, aun así, se fue y encontró un médico asesino, con máscara y todo, que le aseguró que le mejoraba el culo, como si se pudiera. Y para mejorárselo le inyectó biopolímeros, como si fuera a hacer botas de bomberos y le dejó el culo como una media llena de canicas. El médico Martín Carillo, puede ser declarado el mejor mataculos de Colombia.

La dimensión estética del culo de Jessica la pude apreciar en uno de esos shows mañaneros, que dirige Jota Mario. La invitó al programa y le pidió mostrar el culo a los colombianos y a las colombianas, y ella envuelta en una seda gris aguada, caminó, se volteó, y le puso el culo a la cámara en primer plano, movió los glúteos y se contoneó. Jota Mario echaba humo por las narices, un hilo verde le salía por las comisuras, las gafas le saltaban y de repente, como un milagro aparece Laura Acuña y por detrás y le echa mano al culo a Jessica, se lo toma a manotadas y lo aprieta como a una papaya, mientras ella le rodea la muñeca. Mejor que el beso de Madonna y Britney Spears. Puro talento colombiano.

Cuando uno tiene la mejor cola de Colombia, el Ministerio de Cultura debería declararlo patrimonio arquitectónico, no debería permitir que se hicieran refacciones que modificaran el diseño original, el espíritu del culo. Es como si a la quinta de Bolívar le pusieran balcones como los del pueblito paisa.

Martin Carrillo se defendió del delito estético de haber dejado el mejor culo de Colombia como un colchón de ñero, diciendo que el procedimiento había sido todo un éxito y que los biopolímeros tenían registros aprobados del Invima.

Creo que el mejor castigo para el mata culos, sería inyectarle una dosis industrial de biopolímeros, aprobados por el Invima. 

 

La guerra de Irak en cifras

La guerra de Irak en cifras

  • 304,4 billones de dólares gastados por  USA y 4339 muertos.
  • 5.1 billones de libras gastadas por el Reino Unido y 198 ingleses.
  • 1.033.000 civiles iraquíes muertos (Opinion Research Business. Agosto 2007).
  • El 10% de los niños iraquíes desnutridos.
  • 53.470 insurgentes iraquíes muertos
  • 25.955 militares americanos heridos durante combate.
  • El 67% de la población en situación de alto riesgo.
  • 343 dólares, sueldo medio mensual de un soldado iraquí.
  • 4160 dólares, el sueldo promedio de los soldados americanos.
  • 66 periodistas muertos. (En Vietnam 63).
  • 251 civiles extranjeros secuestrados.
  • Una media de 5 civiles extranjeros secuestrados mensualmente.
  • El 47% de la población iraquí sin energía eléctrica.
  • 20 muertos mensuales a causa de las minas.
  • Inflación en Irak, 20%.
  • Entre el 35% y el 45% de la población laboral activa de Irak está en el desempleo.
  • Un 70% de la población tiene problemas con los sistemas de aguas residuales.
  • 162.000 soldados americanos, 8.000 británicos y 13.000 de otras naciones, comienzan a ser retirados.
  • Un promedio de 90 ataques diarios de los insurgentes en Irak.
  • El 82% de los iraquíes aprueba la desocupación militar.
  • 0 armas de destrucción masiva encontradas.
  • 35.819 millones de dólares es el coste estimado por el Banco Mundial. para la reconstrucción.

Seda

Seda

Con Seda  de Alessandro Baricco se podría ilustrar la paradoja extensional de los relatos. No es lo extenso del relato lo que hace al género. Los cuentos no lo son, porque sean breves, lo son porque tienen un modo único de narrar, rápido, superficial y circunstancial. Las novelas, no lo son, porque tengan más de doscientas páginas, sino porque tienen un modo de narrar lento, profundo y de carácter. Un relato de ciento cincuenta cuartillas puede ser un cuento, y uno de cien, puede ser una novela.

Seda es un cuento largo, con todas las características de cuento. Un héroe que viaja a tierras desconocidas, recurrencia como en los cuentos infantiles, en este caso el itinerario cuatro veces reiterado del héroe entre Francia y Japón. El móvil, los gusanos de seda. Y de fondo un amor allá y un amor en casa. Y como enigma, los ideogramas chinos con que el héroe regresa de Japón, y que debe ir a hacer traducir de la madame de un lenocinio.

Seda es un cuento, porque es  rápido, cada fragmento da cuenta de un suceso. Al narrador le interesa más lo que pasa afuera, que lo que pasa dentro de los personajes. Porque es de superficie, no ahonda los hechos, no se desgasta en interpretaciones de carácter ni visiones interiores, cuenta desde un punto de vista. Y circunstancial, porque lo que interesa es el asunto mismo, el gusano, el viaje, el enamoramiento, los ideogramas, los reales y los ficticios.

Un cuento encantador, que se lee en una sola jornada. Una escritura directa y efectiva, capaz de hacer aterrizar el avión en una cuadra.

Alessandro Baricco además incorpora al cuento un cierto tono de crónica, al situar los hechos en una frontera histórica. El cuento comienza en 1861 cuando Flaubert está terminando Salambó y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, se ha metido en la guerra de secesión. Y termina en 1886 cuando Japón declara lícita la exportación de huevos de gusano de seda. Casi que cada capítulo comienza con una fecha, como en Flaubert.

En 1874 mure Héléne de fiebre cerebral.  

Otra que se pierde

Otra que se pierde

USA tardó nueve años en oficializar en los hechos, la derrota política y militar en Irak, que aceleró la crisis económica interna. El fin de la intervención llegó sin argumento. USA se retira de Irak, porque aunque se estén cien años, no podrán contener las fuerzas en pugna, la fuerza del magma cismático del Islam. No podrán imponerles la democracia.

Entraron con una mentira de burro, como todas las de Bush: llevar la democracia. Una democracia que llegó en portaviones, se acantonó en bases, bombardeó en tapete, militarizó las ciudades y los pozos. Primero pusieron un embajador virreinal, luego hicieron elegir a un nativo, uno como Hamid Karsai. Sí, fueron a apagar un incendio, pero lo mejor que encontraron para echarle, fue gasolina de alto octanaje. No era un incendio como el de Viet Nam, de donde los echaron con la bandera estrellada en el culo.

Tampoco la versión que USA dio a Naciones Unidas para explicar la intervención, tenía argumento. Tardaron 5000 muertos norteamericanos en declarar el fin de la guerra, no encontraron armas químicas, no apagaron el incendio, violaron los derechos humanos, propiciaron la fuga de información que le dio a Julian Assange el material para WL. Lo único que logaron fue que los europeos y los norteamericanos puedan caminar en las calles del área verde de Bagdad.

Tardaron 250 billones de dólares en retirarse, con lo que abrieron una fuga no presupuestada a la economía, que aunque da lugar a buenos negocios, no alcanzó para contener el déficit fiscal. Tardaron seis años en darse cuenta, que estratégicamente Afganistán importa más que Irak, aun siendo una guerra perdida.

USA ya no está en condiciones de ganar las guerras, es el síntoma más doloroso de la decadencia imperial. La retirada de Irak, deja el mercado político y militar de la región, en manos de Irán, China y Rusia, que es como decir sunitas y chiitas.

Ternura

Ternura

Una película de John Polson, basada en la novela de Robert Cormier. El guión lleva la firma de Emil Stern y fue estrenada en el 2008. Me arriesgaría a decir que el novelista ha buceado en el continente criminal de una manera que cambia las cosas del relato negro. Ternura se hunde en un expediente de recreación de lo negro, que comparte fetidez, claroscuros, aires, con la última película de Sidney Lumet, Para cuando el diablo sepa que has muerto. En la que un hombre que manda a su hermano menor a robar el negocio de su padre, mata a su madre del susto, durante el asalto.

La materia prima criminal, contenida en lo negro y continente de lo narrativo, es la muerte, por tanto la vida. El extremo de la criminalidad bien puede ser la ternura, el más allá del fondo. La profundidad criminal al tocar fondo, no tiene más opción que la luz. El paso de la oscuridad diurna a la luz del tenebrismo urbano. El mediodía profundo, la niñez umbrosa, la penumbra de la infancia, el crimen primigenio. Y  las ciudades, el magma donde se cuece la malignidad cruenta,  el peligro, en todas sus variantes. La oscuridad de la novela y el cine negros, tiene su contrapartida en la luz.

Un policía, Cristofouru, encarnado por Russell Crowe, se obsesiona con razón, con el caso de Komenko (Jon Foster), un menor de edad que asesinó a su madre, a su padrastro y a un par de chicas jóvenes, con las que después de muertas tuvo sexo. Un crio de cuidado, el epicentro del mal;  toda la carga emocional del antagonismo puesta en él. No se muestran los asesinatos, apenas imágenes evocativas, fragmentarias y dispersas. Un tipo, que a pesar de su cara de buenote, no debería andar suelto, y que sin embargo, cuando cumple 18 años sale libre. Antes de que salga de la cárcel Cristofouru lo visita y le dice: Te estaré vigilando, sé que lo volverás a hacer, eres un psicópata. Y Komenko, después de un largo silencio, en el que no lo mira como un asesino, le envía saludes a su mujer.

Y Lori (Sophie Traub), con cuya historia se subvierte el modelo criminal de la novela, se  descriminaliza la naturaleza del antagonismo. Lori, la quinceañera, ha seguido el caso K en los medios, tiene un expediente de prensa, fotos, reportajes. Cuando se entera que ha salido del reformatorio, se da a la tarea de ir a buscarlo. Hace todo – literalmente todo – lo que puede, hasta dar con él, entonces se le impone,  lo obliga a que la lleve con él. K premedita un estrangulamiento en el baño de un campamento, agresión con martillo en el trailer abandonado y asfixia con almohada mientras ella duerme. Pero toda la cadena de intentos pende de un “truco dramático”, por el que la trama se refuerza en una dirección contraria a las sugerencias, a los acercamientos e insinuaciones. K termina no pudiéndola asesinar, no puede, por lo que sea. Y entonces los papeles viran, un violento y soterrado punto de giro trastoca el destino estereotipado de los personajes del relato criminal, y por tanto, su relación entre sí. El presunto victimario deja de serlo, y Lori, no se sabe si desde el comienzo, o en algún momento de la historia, descubre que al acercarse a K, lo único que quiere es morir. Para ella K, como para Cristofouru, no deja de ser K.  

Suben a un bote, ella agita su cuerpo para hacerlo zozobrar y luego se arroja de espaldas al lago. K espera, no se sabe si sabe o no nadar. Cuando se arroja es tarde, en el instante en que su naturaleza, como la del escorpión, se hunde en esa cosa liminal que también tiene que ver con la ternura. ¿La ternura del asesino? Entonces K lleva el cadáver al bote, lo abraza, llora, lo huele y abandona a Lori a la corriente.

La imaginación absuelta

La imaginación absuelta

 Juan Gabriel Vásquez

 Hace 17 años, un tal Miguel Reyes Palencia demandó a García Márquez por haber convertido su vida en literatura. Sostuvo Reyes que el personaje de Bayardo San Román era él, o que él era Bayardo San Román. Ustedes lo recuerdan: aquel hombre misterioso y adinerado que en Crónica de una muerte anunciada se casa con Ángela Vicario, descubre que la novia no es virgen, la devuelve a su familia y pone en marcha la tragedia que acabará con la muerte de Santiago Nasar. Sostuvo Reyes que García Márquez le debía la mitad de las regalías que hubiera obtenido por la novela y que además su nombre, el de Reyes, debía figurar en la portada como coautor. Hace unos días, un tribunal superior de Barranquilla falló a favor de García Márquez y en contra de las curiosas pretensiones del modelo real del personaje ficticio. Y al hacerlo ha recordado algunas verdades sobre la creación literaria que al parecer no son, o no son siempre, del dominio público.

 El asunto tiene un lado humano, demasiado humano: el oportunismo. Y no es la primera vez que alguien trata de sacarle tajada al éxito económico de García Márquez con estas estrategias: ustedes recuerdan que ya el marinero cuya experiencia informa el Relato de un náufrago había probado suerte de la misma forma. Con una diferencia: el hecho de que ese relato fuera un reportaje —y no una ficción— podía provocar cierta confusión en gente bienintencionada. Pero alegar que uno es coautor de una novela por el hecho de que su vida ha inspirado la creación de un personaje no sólo es cómico: es delirante. En la (justamente) célebre entrevista con Hemingway, el entrevistador de la Paris Review le dice: “¿Podría usted decir algo acerca del proceso de convertir a un personaje de la vida real en un personaje ficticio?”. La respuesta de Hemingway es: “Si explicara cómo se hace a veces, sería como hacer un manual para abogados expertos en difamación”. Y para oportunistas, añado yo.

 Una novela no es nunca las cosas que cuenta, sino cómo se cuentan esas cosas. Tomen ustedes la siguiente historia: una mujer frívola se casa mal, se aburre de su matrimonio, se enreda con uno o dos amantes y la vida se le enreda tanto que acaba en la desgracia. Con semejante material pueden ocurrir dos cosas: una mala telenovela venezolana o Madame Bovary. Un joven confundido comete un asesinato, es perseguido por la policía y acosado por la culpa hasta que decide confesar su crimen, va a parar a la cárcel y allí encuentra la redención gracias al amor de una mujer. Con eso se hace una pésima película de Hollywood o Crimen y castigo. La diferencia, por supuesto, está en las palabras que se escogen, el orden en que se ponen, las escenas o los párrafos que construyen: ese complejo aparato que es una novela es la consecuencia de muchas decisiones, y ninguna de ellas pertenece a la persona real que el novelista usó.

 Crónica de una muerte anunciada, ese librito que en mi edición tiene apenas 120 páginas, es uno de los aparatos narrativos más sofisticados de nuestra lengua. Su construcción y su prosa son una maravilla; su falsa estrategia periodística, una lograda osadía. Bayardo San Román es una criatura hecha de lenguaje, y ese lenguaje no es el de Miguel Reyes Palencia, sino el de Gabriel García Márquez. Y eso, me parece, es todo lo que hay que saber.

Una piadosa duda

Una piadosa duda

La muerte hace un par de semanas de cuatro militares en un campamento de las Farc en el Caquetá, es un asesinato. Un procedimiento criminal, fascista, mafioso, de eliminación del contrario. No importa quién lo haya hecho, ni quien lo haya ordenado. Es un asesinato.

Las Farc reconocen haber asesinado a los militares, aunque  señalan que el responsable es Santos, por haber ordenado el rescate militar. El determinador del crimen es  - según ellas - el Presidente. Los hizo asesinar para responsabilizar a las Farc.

El Gobierno ha sido ambiguo en reconocer que se trató de un rescate. El Tiempo – televisión - , por ejemplo, dijo que no se trató de un rescate. En una operación de patrullaje se encontraron con una unidad de las Farc. En versiones radiales se ha dicho que fue un rescate. Los familiares de los asesinados dicen que fue un recate militar. Cuando le preguntaron al Comandante de las Fuerzas Armadas, dijo que el rescate es una obligación constitucional. Los informes forenses de medicina legal dicen que los disparos se hicieron a un metro distancia, por la espalda, tiros de gracia. Uno de los militares pudo escapar, el sargento Luis Alberto. Su declaración es que los militares fueron ajusticiados por los de las Farc cuando sintieron que les habían llegado los helicópteros.

Mi Sía Piedad se permite dudar con derecho, sobre los responsables del asesinato. Difiere tanto de la información del gobierno como de las Farc, como de la del sobreviviente y de la de las familias. Sino fue las Farc, fue el gobierno. Sino fue el gobierno, fueron las Farc. Si no fueron ninguno de los dos, los militares se mataron entre sí, muy de cerca unos de otros, y por eso uno sobrevivió.

Juan Manuel siente lástima y furia por Piedad. Lo mismo que ella debe sentir por él. Mi Sía Piedad pide una comisión que esclarezca el asesinato. Podría ser una comisión cuatripartita: gobierno, Farc, Naciones Unidas y familiares. Entre todos, tal vez podrían llegar a esclarecer las dudas de Piedad.

En argot popular se diría que la duda ofende, sin embargo Piedad la tiene, porque sabe que los gobiernos, como las Farc mienten. Que lo hagan o no respecto al asesinato de los cuatro militares, no evita sus sospechas.

No sé por qué ahora me resulta posible pensar que un dueto político posible, podría ser Piedad Córdoba y Carlos Alonso Lucio. O sí se, por cuestiones de estilo. “Y el estilo es el hombre”.

 

 

 

¿Quién duerme con Viviane?

¿Quién duerme con Viviane?

A nadie, salvo a ella, debería incumbir con quién pasa las noches la Fiscal General - Viviane Moral – después de sus largos días de trabajo en los que debe vérselas con políticos corruptos, corruptos criminales, corruptos mafiosos y paramilitares y corruptos a secas. La Fiscal se merece un poco de cariño, calor de afecto, compañía, al lado del quien su corazón le haya dicho que merece el lugar. Y por qué no, un buen polvo. Alabado sea el Señor.

Así que sin que nos incumba como tal, la reconciliación de la Fiscal con su ex, se ha convertido en un hecho de interés público - sobre el que hoy, María Isabel Rueda ironizó con saña en El Tiempo - confirmado por ella misma, ni siquiera a una revista del corazón, a una del páncreas. Ha vuelto con Carlos Alonso Sucio, un señor con una hoja de vida fascinante, con más pasado judicial que presente, pero tal vez con un futuro que solo le sea deparable a quien duerma con la Fiscal.

Carlos Alonso Sucio tiene una biografía de bandido de novela, o quizás su vida sea una novela, como lo fue la de Kadafi, que tanto me gustaría escribir. Estuvo en el M-19, de donde lo echaron. Se fue a trabajar como asesor político del ELN al monte, a donde fue a visitarlo Viviane, de ahí también lo echaron. Entonces viajo a Cali y se puso al servicio de los Rodríguez como relacionista público. Cuando a sus jefes los apretaron, se fue de asesor de los paramilitares. Con Julián Bolívar estuvo en Caracas y se sentó al lado de los jefes de la AUC en las negociaciones de Santa fe del Ralito. Fue representante a la cámara, politiqueó al lado de Ingrid Betancourt en el grupo llamado los mosqueteros, contra el gobierno de Honesto Samper. Víctima de un atentado criminal en Cali, tras el cual voló a Cuba. Fue miembro de la Constituyente de 1991, ni más faltaba. Fue procesado por la Corte Suprema de Justicia por estafa y estuvo tras las rejas más de un año, a donde Viviane también fue a visitarlo. Ha terminado acusando a Petro de haber recibido financiación de los Nule para su campaña presidencial. Se casó con Viviane Moral estando en la cárcel, cuando salió… aquí hay un bache informativo que me encantaría aclarar, si fue ella la que lo echó, lo más probable, o si fue él quien debió irse. Como haya sido, ahora que ella es la Fiscal General, ha vuelto a su cama. Lo único que falta es que sea un buen polvo.

Ya se ha rumorado que Carlos Alonso Sucio pudo haber tenido que ver algo con el nombramiento del Fiscal Pabón, el primero contra los Nule, o con la lentitud  de la Fiscalía para instruir el proceso por robo en Estupefacientes. Rumores, rumores, nada confirmado, pero que con seguridad van a comenzarle a minar la calma a Viviane, en las noches al lado de su amor bandido.

Así que la pregunta de titular, podrá variarse: ¿Con quién duerme la Fiscal? Primero, con un pastor cristiano y ahora con un pastor criollo. No nos debería importar.

2666

2666

2666 nos deja sin aire, sin sueño, a la vez llenos y vacios. Muy llenos, del mundo que Roberto Bolaño nos entrega. Y muy vacios, por el efecto devastador del mal, la venganza contra las mujeres. 2666, es un edificio multinacional de la memoria, una red de hilos entre Europa y México, una novela fresco que hace un juego de espejos con los tiempos, que bucea entre dos continentes, con un ejército alucinante de personajes, sus sueños, el misterio, el secreto, el mal. Todo al compás de una única voz que cuenta, dispensadora de todos los focos para iluminar la escena, el entorno, al lector, hasta el punto de enceguecerlo. 

2666 es un fresco de cinco novelas que pueden ser leídas parcial o totalmente y en cualquier orden. El centro de gravedad va a ser siempre el mismo, Santa Teresa, trasunto criminal de Ciudad Juarez, la fronteriza, la del desierto y las maquiladoras.

2666 es una mega novela de alta conectividad, llevada al límite en términos de interactividad narrativa. Cada personaje, cada hilo, cada historia, cada crimen, está ensamblado en un artilugio compartido de perfección narrativa, como si fuera el mecanismo de precisión de una bomba, que estalló hace mucho tiempo  y cuya onda explosiva todavía nos llega.

2066 es una novela donde los personajes sueñan, y los sueños surten como un subtexto radical de la novela, que se mueve como línea de base. Los sueños son intérpretes verbales de la realidad de los personajes. Son dictados por ellos, más que artificios de la escritura. Cuando los personajes sueñan no hacen más que reinterpretarse. En mucho casos, por no decir todos, en la gama de sueños, no se sabe qué es más rico en imágenes y revelaciones, si la realidad acerada, punzante, durísima, o los sueños arquitectónicos y hermenéuticos de la novela.   

En 2666 Bolaño ensambla cinco partes, novelas que de haber vivido se hubieran publicado separadamente. ¿Por qué los editores decidieron meterlas todas en un solo mamotrético volumen? Reducir la oferta editorial, a sabiendas, de que no es lo mismo vender cinco libros independientes, que un solo volumen con cinco libros integrados: "La parte de los críticos", "La parte de Amalfitano", "La parte de Fate", "La parte de los crímenes" y "La Parte de Archimboldi".

No son capítulos, son novelas interconectadas en un sistema de memoria novelada, que hace ver el juego de relatos que reúne Rayuela, como un ejercicio básico. 2666 es una pieza diez veces más compleja, más sofisticada, más elaborada y compleja, de la edición narrativa. Hay cinco hilos gruesos, de los que se desprenden muchos y largos hilos que enredan a los personajes, hasta un punto en el que desaparecen. El hilo maestro es Benno Von Archimboldi, el escritor.

En 2666 Bolaño pone en escena una teoría del mal que en términos de Baudrillard: “Narra con una lógica de la dispersión narrativa”, que le sirve para entrecruzar los hilos del mal, de la guerra y del feminicidio. Tensiona los hilos gruesos alrededor del mismo centro de gravedad, Santa Teresa, en el desierto de Sonora, el mismo en el que terminan los Detectives Salvajes. Una cartografía del mal, en donde estaría el secreto del mundo. Al final de la parte de Fate (destino), el narrador cuenta: "Fate recordó las palabras de Guadalupe Roncal. Nadie presta atención a estos asesinatos, pero en ellos se esconde el secreto del mundo".

¿Por qué un narrador siniestramente omnisciente? ¿Es el narrador el fantasma de un personaje de otra novela, o el propio fantasma de Bolaño? Porque quien narra 2666, no es otro que Arturo Belano, digo yo.

Benno Von Archimboldi, es una suerte de Salinger, cuya obra es completamente independiente del autor, el autor no existe, no merece existir, como debería ser. Aun así, su obra se vale por sí misma, es autosuficiente, y se ha puesto en la lista de los premios Nobel. 

La escritura sostenida, rítmica, directa, vastísima, alevosa de Bolaño es como una telaraña que se traga al lector que cae en sus redes, al punto que tras despacharse 1200 páginas queda con ganas de más. Todos los hilos de los cinco libros comienzan o terminan con un viaje que se cruza y entrecruza en el transcurso del relato.

Amalfitano – profesor chileno en Santa Teresa - oye voces que le dan órdenes y realiza una performance. Cuelga en el tendedero de su patio un libro, siguiendo el juego de Duchamp. El Testamento geométrico de Rafael Dieste, dividido en tres partes: "eran en realidad tres libros, con su propia unidad, pero funcionalmente correlacionados por el destino del conjunto". La relación de Amalfitano con el libro es la de Bolaño con la literatura.

"La parte de Los crímenes" es agobiadora, escrita con ese mismo espíritu legista de investigador criminal que exhibe sin ningún pudor James Ellroy. Centenares de páginas, protocolos forenses de levantamiento, con nombres propios y fechas exactas. Cientos de páginas donde se describen los crímenes de mujeres, obreras, maquiladoras en su mayoría, ocurridos desde 1993, y que no terminan de cometerse. Se relaciona una cadena de venganza de los hombres contra las mujeres, por el hecho de ser mujeres. Satura Bolaño hasta el fastidio con la descripción de los crímenes, con una manifiesta insistencia destinada a atosigar al lector, que apenas si se salva por el sentido de investigador periodístico y el sentido de ironía con él que muestra, cómo es que la impunidad ratifica el mal.

Hay también en 2666 una teoría sobre los críticos y la literatura. La literatura es una selva de obras maestras y obras menores, aunque las menores no existen. Una obra menor siempre será dictada al autor menor por un maestro. Así que, según la teoría, habría únicamente obras mayores.

La experiencia de leer 2666 es convulsiva en varios sentidos. En el sentido del espesor con que es levantado un mundo novelesco en el que todo lo que se narra es posible, aún como ironía. En el sentido de la literatura, y en particular, en el del escritor, como fantasma de su obra, como personaje casi invisible, como alguien que se quita, para que sea su obra la que hable por él. No en vano 2666 es una obra póstuma.

O como un muerto que yace vivo, que no ha quedado suficientemente muerto, ni suficientemente vivo, que no se adhiere ni siquiera a los afectos. Un muerto que ya no cabe en un cementerio judío de la segunda guerra mundial, ni en los cementerios de la guerra fría, ni en los que se arrojan los cuerpos de las mujeres, ni en los cementerios donde los críticos arrojan las obras, ni los cementerios clandestinos del narcotráfico, sino un cementerio en el año 2666.