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Alberto Rodríguez

Temas de opinión

La desglobalización patriótica

La desglobalización patriótica

Si Mr.T quiere sostenerse en la oficina oval, aun cambiando la bandera de los Estados Unidos por la del imperio Trump, va a necesitar cumplir con su gran promesa de campaña: el pleno empleo. No de otra forma cumple a sus electores, los que le dieron el triunfo en los estados desindustrializados del norte. No de otra forma puede hacer grande a América otra vez. No de otra forma prueba que puede negociar persuasivamente a favor de la mayoría blanca a la que pertenece el país. Si el horripilante grito de campaña, “volvamos al pasado” tuviera un referente, ese sería el de esa América que fue grande un día cuando más se acercó a la realidad del pleno empleo, siguiendo las recetas de Keynes. La Big América de los años cincuenta, la feria del empleo, el crédito y el consumo. 

El “pleno empleo” es una idea muy británica, sospechosamente perfecta para no serlo, que consiste en la equiparación teórica de la demanda y la oferta de trabajo traducida en la capacidad de compra de los salarios reales que mueven en un acto de compra continuado la economía. Cuando todos están en capacidad de comprar, porque todos tienen empleo, la industria se maximiza, aumenta el ahorro privado, el ingreso per cápita y la capacidad de inversión pública. El país de Jauja. 

Así que si para concentrar la oferta de trabajo entre las mayorías blancas es necesario un plan de choque anti inmigración, será necesario proceder, con tanta o más decisión que Obama. Hoy mismo, Mr.T ha dado la orden de comenzar a construir lo que falta del muro en la frontera mexicana: un “meridiano de sangre”. Y así mismo, ha dispuesto que 5000 nuevos hombres refuercen la vigilancia de frontera.

Tras el colapso capitalista de la década de los treinta la economía norteamericana prácticamente se sostuvo entre 1930 y 1940 en una tasa oscilante de desempleo alrededor del 25%. Una cifra que vendría a mitigarse con la generación de empleos que ocasionó la entrada a la segunda guerra de USA, en la que se gastaron los norteamericanos, en dólares del 2000, 3.4 billones.

Para 1950 el desempleo se había reducido a 3.6. Durante la década de los cincuenta ascendió a 6.0 (diciembre 1960). Durante la siguiente década tuvo oscilaciones que dejaron la tasa en 5.6 (diciembre 1970). La década de los ochenta trepó al final a  6.9. Y de ahí en adelante fue descendiendo hasta el final del siglo durante el mandato Clinton, que dejó la tasa en 4.2. El record de creación de empleo lo tiene él, 22.4 millones de empleos. No obstante al terminar el siglo se llegó a un pico alto de desempleo alrededor del 10. Con Bush desciende pero solo para cobrar la fuerza de debacle, en condiciones de tormenta perfecta, tan perfecta como el keynesianismo, que reventó en el crack de 2008, que le toca capotear a Obama. Cuando recibe el gobierno de Bush en 2009,  el desempleo había llegado al 9.3 Bush prácticamente no creó empleo, durante sus dos mandatos no pasó de 2,6 millones. No pudo crear empleo a pesar de tener una guerra en Irak y otra en Afganistán.

El reto de Donald es darle empleo al 5% de la población económicamente activa que hoy está desempleada, llegar al punto de equilibrio de oferta y demanda laboral. Obama le deja la tasa de desempleo más baja desde el 2008, 4.9%. Pero además, y es el verdadero reto, crear en su primer mandato diez millones de nuevos empleos que activen el aparato productivo norteamericano, que todavía y a pesar del trabajo de Obama, está lejos de reponerse.

La pregunta es, si con un modelo de economía cerrada, proteccionista, que obstruye los acuerdos multilaterales, que propicia la guerra de precios, en commodities y servicios, que baja los impuestos corporativos, que en vez de abrir el mercado, lo desglobaliza, Mr T podrá crear diez millones de empleos, en épocas en la que la  tecnología está aboliendo puestos de trabajo. Cuando la esperanza de vida está disminuyendo (en 2016 por primera vez en veinte años) entre las mayorías blancas y el índice de suicidio en la misma población aumenta. Es muy probable que con la reversa al Obamacare, Mr.T termine jodiendo a muchos de sus propios electores. Con un antecedente problemático de concentración de la economía, para el cual Mr.T no tiene fórmula: la redistribución de la ganancia social en la reindustrialización pasada y el pleno empleo. Durante la “recuperación financiera” de la crisis del 2008, el 91% de las ganancias fueron a parar a los bolsillos del 1% de los propietarios.

Donald tendrá que cumplir la única promesa de campaña que tal vez no pueda cumplir, la más importante, y que no saca adelante mediante una directiva presidencial. El empleo está en el cruce metropolitano de todas las variantes de la economía. Es un juego social demasiado astuto, aun para el hombre de la corbata roja, cuya astucia supera su inteligencia.

Un Sheriff con las botas untadas de mierda de perro

Un Sheriff con las botas untadas de mierda de perro

 Nadie puede gobernar teniendo en su contra a millones de mujeres en el mundo. En las 32 grandes ciudades donde marcharon el día de la posesión, va a haber focos duros de resistencia civil -en cincuenta estados de la unión y veinte países- que van a echar mano de la violencia simbólica, de las tácticas de red, las estructuras de opinión y los mitines, todo apuntando a la Casa Blanca para que el Sheriff de las botas untadas de mierda de perro, resbale.

Ningún Sheriff ha llegado a la Casa Blanca con menos popularidad que Mr.T. Reagan estuvo por debajo del cincuenta. Obama llegó con el 80%. Bush con el 63%. Clinton con el 70%. Hoy, más de medio país desconfía, más de medio mundo le tiene miedo. El mismo efecto sobre los ciudadanos que tienen los poderes totalitarios, reunidos en la cloaca uniforme que nos mostró Orwell en “1984”.

Dijo que la CIA aplica métodos nazis. En lo cual no difiero de Trump. Al día siguiente de la posesión,  su primera parada fue en Langley. Hizo reunir a sus hombres, más de 700 en el salón principal y les habló. Les dijo que no era cierto lo que había dicho, estaba rabioso y un poco borracho, con todos los medios encima, y el escándalo de la declaración de renta, así que para animarse a sacar un poco la cabeza dijo lo que no debería haber dicho. Los necesito – continuó–  ha llegado la hora de reagruparnos.  Los necesito a todos, van a ser lo primero, el arma principal de la que disponemos. Lucía la misma corbata de seda roja costosa y espantosa de la campaña y el saco negro de los presidentes.

Dijo que de las cosas más deshonestas que hay son los medios, más que Hillary. En lo cual tampoco difiero de Trump. No le resultó reunir a los dueños de los medios para decirles que tampoco era verdad, como lo hizo en Virginia con sus hombres de la CIA. Las disculpas no explican que lo que el Sheriff les cobra no es que sean deshonestos, lo grave es que no lo hayan apoyado. Nunca apostaron por él. Ahora son unos perdedores. Solo le fueron fieles,  su brazo desarmado – Fox News – y su brazo armado, la Asociación Nacional del Rifle.          

En lo económico toda la política de Mr. T apunta a una cosa super: hacer América grande otra vez. Es su mejor chiste populista, que le funcionó muy bien en campaña. Para hacer América grande otra vez – en la idea de Mr. T - habría que retroceder el mundo. La grandeza que alguna vez tuvo América se debió a la miseria de muchos países del mundo.

Para comenzar, y para terminar, lo que Mr.T tiene que hacer es crear millones de puestos de trabajo para que quienes votaron por él, se sientan correspondidos y sean su brazo social, como el de Chávez en Venezuela. Deberá superar en al menos un veinte por ciento el record de creación de empleos de Clinton, en ocho años, 22,9 millones. Y a Reagan con sus 15.9, y hacer palidecer los 11.3 de Obama.

Stiglitz, que es un aguafiestas, dice que con una política macroeconómica como la que ofrece Mr.T, que consiste en cerrar la economía, desglobalizar, desbaratar los bloques de comercio, bajar impuestos corporativos, estimular la guerra de precios, intoxicar el mercado, no cree que pueda cumplir la meta de empleo, que necesita para sostener la economía. Más le valdría no estar completamente persuadido de que América no volverá a ser la grande, soñada por él. Aunque, como medida de choque, Mr T debe saber, que una fuente tradicional de empleos en América, es la guerra.

No creo que teniendo a millones de mujeres en su contra, dentro del país y fuera de él, sus días sean tranquilos. Tendrá demasiada publicidad fastidiosa, mujeres demandándolo, aparecerán nuevas víctimas de acoso, los medios deshonestos les darán tribuna, y la sociedad civil para la cual “is not my presidente”, pondrá a andar el mayor engranaje virtual de guerra simbólica que conozcamos. La meta es echarlo, peor a como echaron a Nixon. Con un sambenito como el de millones de mujeres trinando todos los días, la Casa Blanca va a tener que invertir demasiado tiempo y esfuerzos en defensa mediática y jurídica. Si una sola en una casa, trinando en directo, produce los efectos conocidos, imaginemos a Mr.T sitiado por millones en la “Ciudad de las mujeres”.   

A sus hombres en la CIA les explicó la consigna de guerra. Los Estados Unidos tienen un enemigo fundamental, Isis. Su misión es ayudarme a “exterminarlo de la faz de la tierra”. Y luego salió escoltado calzando las mismas botas untadas de mierda de perro.

Lo mejor que puede hacer Mr T es 

 

Editorialistas democráticos

Editorialistas democráticos

Hay dos señores que escriben en la segunda página de la sección editorial – B – del País de Cali, todos los domingos. Desde su trinchera de ideas, los he leído durante el último año, los he visto denigrar, denostar,  enrostrar, acusar, maldecir al proceso de paz. Qué democrático me parece que voces como la de los dos señores – Luis Guillermo Restrepo y Rafael Nieto – tengan el derecho a oponerse con similares vehemencias a un proyecto que desactiva militarmente a las Farc, que nos evita más muertos y que reduce la criminalidad inherente al conflicto.

Las ideas de ambos se vieron ratificadas con una medición en urnas, que le dio el triunfo al NO en el plebiscito. Naturalmente es algo que refuerza una posición política, muy respetable en cada caso, con unos argumentos variopintos que de fondo apuntan a que no se puede sacrificar la democracia a favor de la paz. Pero se refieren, hay que decirlo, a nuestra imperfecta democracia, tramposa, clientelista, propiciadora de la abstención, burocrática, tramitológica, excluyente. Esa misma democracia que le permitió a Monseñor Uribe atornillarse por un cuatrenio más en el poder, gracias a un cohecho. La misma democracia que en 150 años no promovió una reforma agraria. La misma democracia que nunca hizo posible que las ideas liberales tomaran el mando del país. Una democracia conservadora de rentistas, que también, durante 150 años nos ha aplastado con los bloques de constitucionalidad, las reformas espurias, los códigos, las leyes  y los incisos.

Esta noche prendo casi por casualidad la TV nacional para saber qué había pasado durante el día y encuentro que un programa de opinión hablan de la aprobación en segunda vuelta congresional del “referendo de la vergüenza”. Y encuentro al señor Nieto, el editorialista del país, en una enardecida intervención, defendiendo la tesis según la cual las familias que no respondan al modelo de la familia heterosexual completa, no tienen derecho a adoptar niños. Un modelo absolutista y excluyente, que históricamente fue desbordado por la aparición de otros modelos de familia. Tan excluyente, como decir que los niños que no sean blancos y nacidos en el seno del matrimonio católico, no tienen derecho a la educación. O como decir que las familias judías no tienen los mismos derechos de expresión que las familias cristianas. O que solo quien sea propietario tiene el derecho al voto. O que las mujeres, por ser mujeres, no tienen derecho al voto. (Ya en otra columna expliqué por qué la iniciativa de la senadora Vivian Morales es una especie de sociopatía).

En democracia, no se le puede negar un solo derecho a ninguna minoría, ni siquiera con “argumentos constitucionales”. De lo contrario la Constitución pierde todo sentido. ¿Cómo se interpretaría la carta constitucional de una democracia que niega derechos a las minorías? ¿En qué queda el discurso de la inclusión y la equidad? No hay razones de ninguna clase, para negarle derechos a las minorías.

Que coincidencia que la tara política, de un lado, y la homofobia estructural, de otro, se encuentren en las páginas de los periódicos y en los programas de televisión, para recordarnos que la democracia editorial es tan perfecta como imperfecta la democracia colombiana.    

 

El show debe seguir

El show debe seguir

No se trata de la verdad, ni más faltaba. Se trata del efecto. No se trata de la ideología, se trata de los medios. No se trata de ser políticamente correctos, se trata de capturar la atención. Tal parece el “programa” que Chávez en Venezuela puso en marcha durante más de una década. Y el “programa” que utilizó Trump en USA para hacerse con el poder. Más que animales políticos son animales mediáticos, como Fidel.

Trump debuta en The Apprentice, un reality donde era animador, juez y el premio. Hizo diez temporadas con audiencias millonarias. Fue cuando se le ocurrió vender la idea de que los problemas financieros se pueden resolver con autoridad y en una hora de televisión.

Chávez aparecía los domingos en su show “Aló, Presidente”, cantaba, regañaba, recitaba, tiraba línea,  comentaba,  destituía ministros, daba órdenes para que sus divisiones blindadas marcharan a la frontera con Colombia. No tenía límite de tiempo y controlaba las audiencias encadenadas. Una vez hizo un encadenado de 8 horas y 7 minutos. Con seguridad se divirtió mucho. Al finalizar el 2012 había hecho 2377 cadenas, y 1641 horas en otros medios.

Chávez y Trump son capaces de inventar, utilizan la ficción como recurso, son maestros del sofisma, capaces de magnificar un conflicto, de asustar con la invasión. A ambos les gravita una concepción paranoica del poder, que alimenta el sentido de la exacerbación de recursos. Conocen el poder del lenguaje. En 2011 Chávez dijo: “Obama, eres un fraude, un fraude total. Si yo pudiese ser candidato en Estados Unidos te barrería”. Son disparos de lanzallamas desde el estudio de un show televisivo.

Chávez y Trump, expertos en la provocación, saben cómo conectar audiencia, medios y provocación. Pueden decir cualquier cosa, igual nadie les pide pruebas, o porque no se los toma en serio, o porque sería una osadía. Ambos son maestros de los falsos suspensos, como Fidel y Mussolini. Sus discursos tienen el resorte  principal anclado en la realidad mediática, más que en el debate político. Trump visita a Enrique Peña Nieto. Se muestra comprensivo y diplomático, y hasta es capaz de escuchar. Diez horas después, en Phoenix, dijo que México pagará el cien por ciento del muro, y volvió a arremeter contra los inmigrantes. Su lógica política no supone coherencia, depende de las condiciones del show. 

Trump dijo: “El Estado Islámico honra al presidente Obama. Él es el fundador del Estado Islámico”. Ni siquiera el presidente se tomó el trabajo de pedirle pruebas. No hay pruebas, no tiene documentos, no hay pensamiento, no hay investigación, no hay ninguna moralidad en la publicación de esa “información”, pero se hace el show, se provoca. No hay más que provocación y la provocación siempre le viene bien a la platea. Su recurso es un lanzallamas mediático.

Trump y Chávez comparten una misma vocación y es la de ser capaces de hacerse escuchar de quienes les legan su representación. A ambos, los votos de los representados los llevaron al poder. Ambos hablaron de pobreza, de recuperación, de riqueza, ambos a su manera son nacionalistas. Trump le apuesta a América para los americanos. Chávez a Venezuela para los venezolanos. Sin injerencias, sin intromisión, sin intervención, sin pactos ni tratados que conlleven afectación de la soberanía y de los buenos negocios.

El show de Chávez terminó. Nicolás es el encargado de cerrar la puerta cuando todos salgan. El de Trump apenas empieza. No hará todo lo que dijo que iba a hacer. Ojalá no hiciera nada de lo que prometió. Pero algo hará. Aun así, lo más grave es que va a hacer lo que no nos dijo que iba a hacer.

El mundo está caliente, está en riesgo ecológico, cada vez es más ingobernable, la suma global de las economías en crisis, que no se cerraron, nos aproxima al bing bang del mercado. Y Trump, el gran provocador mediático, condenado a provocar el show más grande que haya visto el siglo XXI.     

 

A la muerte de la Mama Grande

A la muerte de la Mama Grande

A Fidel Castro le debió pasar lo mismo que a Leonard Cohen. No vieron vida más allá de Donald Trump. Difícil decir algo distinto a lo que ya se ha dicho en todos los medios. Difícil salirse del lugar común para decir algo a la muerte de la Mama Grande.

Más bien veamos qué dijeron otros.

Obama dijo que la historia registra y va a juzgar el impacto de la figura de Fidel. No declara, lo que declararía Maduro, que la historia lo absolverá.

Santos dice que agradece que al final de su vida haya reconocido que la lucha armada no es el camino. ¿Desde cuándo Fidel dejó de creer en la vía armada para la liberación de otros países? Santos al invocarlo, hace que Fidel le dé la razón.  

Putin dijo que Fidel es un símbolo de una era. Le faltó decir que de una era que terminó, de una era pasada que trajo más desastre que beneficio, que no encontró la productividad de su modelo, que no se hizo competitiva, que colapsó, como una estrella blanca que se apaga. Una era que la misma Rusia, y la misma China, se encargaron de sepultar. Fue un amigo sincero de Rusia, más que Rusia de los cubanos, digo yo.

Nicolasito dijo con la sabiduría que le es propia, que Fidel es inmortal, o más exactamente, que va a la inmortalidad. Y que los revolucionarios en el mundo deben retomar su legado. ¿Cuáles revoluciones, Nicolás? ¿La de Chávez, la tuya, la de Diosdado? El legado de Fidel se puede resumir en: patria o muerte.

Xi jinping en un acto de magia china adivina que Fidel no morirá. El cuerpo perdió sus funciones, pero el cuerpo se puede embalsamar. El consejo chino lo recomendó con anticipación, Fidel se debería momificar como Lenin y Mao. Igual que Putin, dijo que se perdió un camarada. Tal vez ellos puedan decir: el último de los comunistas.

Trump dijo sin rodeos que el muerto había sido un “dictador brutal”. Mientras en la Pequeña Habana la gente del exilio cubano, cuarta o quinta generación, había armado un carnaval, donde se bailaban la muerte de la Mama Grande. Bien muerto, es lo que quería decir Trump. Ya no causará más daño. Ya veré qué hago para llevarle la libertad al pueblo de Cuba. Algo se me ocurrirá.

Peña Nieto reconoce que Fidel también fue un amigo de México. Debería haber dicho que fue en México donde Fidel armó la expedición del Granma que terminaría dando al traste con Fulgencio Batista. Dijo que fue un hombre solidario y respetuoso.

Timochenko se limitó a responder con una elocuencia muy paisa, fue “uno de los grandes hombres de América”. Como Santos, tendría que aceptar que Fidel contribuyó al proyecto de paz, renegando de la lucha armada. ¿Cuándo Timochenko cayó en cuenta que la lucha armado no es el camino? ¿Cuándo las Farc encontraron el camino?

Hemos llegado al final. Lo que Fidel hizo, lo que deja, para mal o para bien, es parte de la historia. Un hombre que desde una isla en el Caribe se levantó e irradió un gran movimiento de repercusión mundial. Un hombre al que se le contabilizan 564 atentados, a todos los cuales sobrevivió. Un hombre que resistió el bloqueo norteamericano y la quiebra soviética. Un dictador, como dice Trump. Pero un Dictador al que nunca, nadie en casi sesenta años, tumbó, teniendo a medio mundo de enemigo. Nadie negará que es una gracia histórica de muy pocos.

Ahora que hemos finalmente llegado al momento en que Fidel es memoria, y solo memoria, el umbral donde, a pesar de haber estado muerto políticamente los últimos diez años,  comienza el poscastrismo. ¿Quién lo seguiría hoy? Si la misma Cuba ya ha iniciado la desfidelización del régimen, quién y en dónde volvería alguien a embarcarse en un Granma para ir a una Sierra Maestra y terminar gobernando en La Habana. Si no fue el último de los comunistas, dónde diablos está el último. 

Bienvenido al pasado Mister Trump

Bienvenido al pasado Mister Trump

 Un “fantasma” está recorriendo el mundo, claro, no el del comunismo, ese viejo fantasma que terminó apareciéndose a la hora del almuerzo durante la que los banqueros se reparten el mundo. Es un fantasma global, un híbrido mutante, que asusta en cualquier lugar y a cualquier hora.

Un fantasma ya completamente encarnado, corporizado y con identidad, que se representa en gente como Putin, Trump, Xi Jinping, Duterte, Maduro, Asad, Kim Jong Un, Ortega y todos los nuevos califas. Unas bestias políticas y militares que sin más recurso que el fascismo en distintas presentaciones, pretenden modelar la sociedad de sus países y del mundo, a un formato que renuncia a todas las conquistas democráticas que la sociedad mundial ha conseguido hasta hoy. Un fantasma retro.

El impacto del gol que Trump le metió al establecimiento  y a la intelligentsia norteamericana, es más fuerte que el impacto desestabilizador del Estado Islámico en el Asia. Quizás sea difícil anticipar las consecuencias globales de la gestión de un mutante como Trump, durante los próximos cuatro u ocho años, si es que antes no provoca una reacción desde adentro que lo tumbe. Ganó contra todos los grandes medios de comunicación, salvo Fox, contra las encuestas, ganó contra la opinión mundial. Demolió el mito de que no se gana sin el voto latino. Puso a los obreros de los estados industriales a votar por el magnate. Obtuvo el 42% de la  votación femenina. Ganó contra la opinión mayoritaria de su propio partido. Le ganó a Washington.

Trump tuvo votos de quienes podrían ser las víctimas de la deportación o la no legalización de residencia; de quienes perderían seguridad si se termina el Obamacare; de las mujeres, a algunas de las cuales hizo víctimas de acoso; y de quienes seguirán siendo víctimas de ese régimen de vindicta tribal que promueve la Asociación Nacional del Rifle, que dio recursos a su campaña.

Se podría esperar que como demagogo no fuera a cumplir con lo que prometió. Pero no es más que una falsa ilusión. Quizás haya cosas que no pueda hacer, desentenderse de la OTAN; reversar el Obamacare;hacer el muro entre México y USA; echar a once millones de migrantes ilegales. Lo cual no quita, que muchas de las cosas que dijo que iba a hacer las haga, y lo más grave, las que no nos dijo que iba a hacer.

Mientras Trump hace el muro, los socios del chapo Guzmán hacen túneles. Bienvenido Mister Trump.  

De burros y elefantes

De burros y elefantes

Que recuerde nunca unas elecciones en USA habían tenido tan en vilo al mundo, por razones que tienen que ver con la seguridad del mundo. Y tampoco, nunca la Casa Blanca había tenido aspirantes tan grises, tan postizos y con tanto pasado sucio. Son los más impopulares entre los candidatos impopulares. Pero ambos, la una entre “burros”, y el otro entre “elefantes”, han conseguido que los mastodontes tercos y fuertes de los partidos, se desnuden y dejen ver  las fisuras, sus debilidades  y sus miserias. El demócrata se fracturó con la opción de un viejo socialista que dice lo que Hillary no puede ni quiere decir. Aunque ninguno de los dos pueda hacer lo que dice que va a hacer. Es hora de que el partido demócrata se divida. El republicano le retiró el apoyo de las mayorías al candidato oficial del partido, un outsider que se les coló y los puso en los aprietos de una división de facto.

El expediente de Donald es como el de un miserable de un cuento de Bukowski. Rudo, maltratador, directo, sin mayores escrúpulos, al que un rifle y un pedazo de culo, hacen feliz. No es una coincidencia histórica, que el hombre que encabeza la cruzada que podría ponerlo en la Casa Blanca, sea el que quiere recuperar América para los americanos, haciendo buenos negocios. El sheriff que ha llegado a poner orden en el pueblo, a levantar muros, echar a los forasteros y enfrentarse a quien tenga que enfrentarse. Donald: el candidato de Putin.

Con relación a las encuestas hay algo interesante. Ellas son capaces de medir todo lo que sea medible. Y eso es lo que revelan los sondeos. Pero han engrandecido su método hasta el punto de que en ocasiones alguien podría creer que lo miden todo.

Hay un insondable de decisión electoral que  cambia a la velocidad en que se mueve la información en las redes. Algunos de los ciudadanos que tenemos acceso a las redes hacemos campañas. Muchos ciudadanos se organizan como grupos de presión civil. Se mueve más información no formal que formal y la opinión y el juicio tienen ahora unos rangos de variabilidad que las encuestas no alcanzan a medir, tanto por su velocidad, como por su contradictoriedad. Las variaciones de intención de los indecisos, por ejemplo. Técnicamente todas las encuestas dan un empate, o una diferencia que no sobrepasa el margen de error. Nos han dicho, cada encuesta es una foto. La foto hoy nos muestra a un burro y a un elefante, afuera, frente a las rejas de la Casa Blanca.

Lo último que quisiera ver, sería a Donald en la oficina oval, viendo un partido de golf en horas de trabajo. O hablando como un sheriff con Ángela Merckel o Teresita May. A pesar de ser un halcón, Hillary tiene una idea más precisa del cargo que quiere ocupar. Ella no quiere América para los americanos, ella quiere el mundo para los americanos. Ambos modelos, para fortuna del mundo, quebrados desde adentro.

Ya quisiera verla a ella en la oficina oval, trabajando en horas que no son de trabajo. Pero dos días antes de las elecciones, sigo teniendo la fastidiosa impresión de que “si los norteamericanos pusieron un hombre en la luna, bien pueden poner un imbécil en la Casa Blanca”.         

Del animal político a la bestia impolítica

Del animal político a la bestia impolítica

El desorden bajo los cielos, en las calles, los aeropuertos, la bolsa, los ministerios, que se ha instalado en Venezuela, desborda la capacidad de contención y el margen de gobernabilidad del engendro bolivariano. Nicolasito parece que quisiera hacerse echar del poder (tal vez no sea para menos). Hace todo para darle combustible a una oposición envalentonada, que se le quedó con el poder legislativo en las últimas elecciones y que tiene a más de medio país de su lado, de manera efectiva, saliendo a tomarse las calles. Para el jueves se han propuesto la “toma de Miraflores”.

El costo político de haber encerrado a Leopoldo López, y los demás dirigentes de la oposición, fue haber desboquetado el bloque bolivariano de poder, que no conoce de separaciones, se perdió la joya de la corona, la Asamblea Nacional. A Nicolasito le quedan la Corte Suprema, la Corte Electoral y las Fuerzas Armadas, ellas completamente fisuradas por razones que van desde el “futuro de la revolución”, hasta el narcotráfico. Y que revelan un potencial contrapoder, que al Ejecutivo no le da paz.

Ahora, valiéndose de leguleyadas bolivarianas, trucos de juzgado municipal, demandas insustanciales, a través de sus Cortes, Nicolasito revoca el proyecto de revocatoria que la oposición tiene como su bandera principal. Lo que parecería un acto defensivo que detiene una acción completamente legal, amparada en la constitución, equivale a darle todo el combustible que le falta a la oposición, para chamuscarle el rabo y sacarlo de Miraflores.

La toma de Miraflores va ser una demostración de fuerza civil que no va a dar al traste con el esperpento ejecutivo de Nicolasito. No va ser un golpe de estado, no va a terminar en que Nicolasito sale con sus maletas por la puerta de atrás de Miraflores. Ningún régimen está dispuesto a dejarse tumbar, para evitarlo hace lo que la constitución le permite, y lo que no le permite. Es, y ha sido la historia del poder. Y no va cambiar en Venezuela.

Venezuela dejó de ser la democracia más frágil de América Latina, para convertirse en hegemonia, en la forma de gobierno cívico-militar, también más frágil, de América Latina. La “revolución bolivariana” no tiene futuro, así se quede un tiempo más en el poder, a punta de torcerle el cuello a su propia constitución, y de la acción efectiva de los colectivos paramilitares.

Pero si bien la toma de Miraflores no equivale a la toma de poder por parte de la oposición, que conllevará la restauración actualizada de lo que había antes de Chávez, va a significar un mayor desgaste político que no hay cómo pagar; menor legitimidad; un duro golpe a la gobernabilidad que se refleja en el imposible que parece el intento de una mesa de negociación, avalada por el Papa; condiciones aun más críticas para la economía, y una fragilidad internacional, que no le compensan los aplausos de Irán, Corea del Norte y Nicaragua.

La revocatoria de la revocatoria fue el mayor error político del régimen. De haber sido un demócrata, o de haber sido inteligente, Nicolasito habría ido a la revocatoria este año. Le habría dado un aire político al gobierno, habría confirmado el pasaporte democrático de la comunidad internacional, y de paso habría hecho la más grande campaña bolivariana a favor de la revolución, que le habría dado aire, imagen, osadía. Pero no, Nicolasito lo que está buscando es que lo echen.      

Tres líneas rojas

Tres líneas rojas

        Podría ser que el triunfo del NO le hubiera dado un inesperado aire al proceso de paz con las Farc. La renegociación del acuerdo de terminación del conflicto que ha sentado a todos en la mesa, impuso una nueva agenda al país, que podría servir más al proceso de paz, que el triunfo débil del SI.

       Si hubiera ganado el SI, habríamos tenido en simultánea un proceso de agrupación de los guerrilleros en las zonas campamentarias designadas para el desarme y la entrega de armas, y en las ciudades una oposición arrinconada, derrotada (cuando más peligrosa puede ser la burguesía, decía Lenin), alertando todos sus circuitos de seguridad, los señores de la tierra, los parapolíticos, los gremios, los evangélicos, curas, padres de familia  y las hordas homofóbicas.

       Santos se libró de una situación que le habría complicado todo el país, que seguramente habría detenido las acciones de reintegro y desarme de las Farc, que habría colapsado una “hoja de ruta” contenida en el acuerdo y habría hecho entrar en crisis su gobernabilidad.

       Como están las cosas hoy, Santos no la tiene nada fácil. En vez de dos líneas rojas que hubo en La Habana, ahora hay tres. El CD, a través de Holmes Trujillo, ha dicho que no hay líneas rojas. El gobierno mantiene las líneas rojas que le marcan la constitución, las leyes y la propiedad privada. Y las Farc, la línea roja que marca distancias entre guerrillas militarmente derrotadas, los Tigres tamiles en Sri Lanka, y una guerrilla que jamás lo fue.   

     Pero cuando uno ve los que se sientan a la mesa a negociar, se da cuenta que no les interesa la paz, les interesan los negocios que se pueden hacer estando en paz. Y, sin embargo, no podemos desentendernos como sociedad civil, de lo que entre tres arreglen. Muchas de las cosas que ahí se digan y se acuerden, por encima y por debajo de la mesa, no las sabremos.

      Antonio Morales y Alfredo Molano, lo que ven que se cocina es un nuevo frente nacional, una repartija del país, entre tres. Cada uno hace sus negocios, no se pisan las mangueras, cada quien maneja una parte del presupuesto y pastorea sus electorados, con los que consiguen la socorrida legitimidad electoral de las pandillas en el poder.

Tres actores históricos se encuentran: los conservadores del NO, los liberales del SI y los insurgentes del SI. Tenían que venir a encontrarse a finales de la segunda década del siglo XXI, para ofrecernos más guerra, o la paz de los negociantes. Y qué curioso, el único de los tres que representa a la sociedad civil, es el CD.

 

Nada está acordado hasta que todo esté acordado

Nada está acordado hasta que todo esté acordado

El acuerdo de terminación del conflicto firmado en Cartagena con el aval de la comunidad internacional ha quedado sin vigencia. No se refrendó. Santos se jugó la suerte de la refrendación en un acto de consulta que le ganaron en una campaña abiertamente sucia, con asesores en campañas sucias, con mucha homofobia y mucho dinero.

Santos resultó víctima de su propio invento, gajes de la democracia. Hasta ahora lo que tenemos es un acuerdo sin vigencia jurídica, sin ningún efecto. Con una impugnación electoral, que a todos los protagonistas los ha obligado –en un primer momento– a parecer políticamente correctos, dispuestos a defender la paz y a sentarse a hablar. Sin embargo, y en eso se equivocaron los que le creyeron que  Santos no tenía un plan B. Subestimaron a Santos. ¿O creen ustedes que la delegación del gobierno y las Farc no hablaron de lo que harían si ganara el NO? Santos y De la Calle, varias veces, respondiendo a la pregunta de qué pasaría si ganara el NO, no tuvieron reserva para decir que volveríamos a la guerra, a la guerra urbana, adelantó el Presidente. Nos quieren meter miedo, nos amenaza, dijeron desde el CD. El domingo dijo tras reconocer la derrota, que el cese bilateral y definitivo que se había logrado negociar en medio de la guerra se sostenía. El lunes nos tomó por sorpresa diciendo que el cese al fuego no era definitivo y que tenía fecha de vencimiento, el 31 de octubre. El plan B se puso en marcha.

De la lista de ítems sujetos a posible negociación presentados por el CD, Pastrana, Ordoñez y las iglesias, a Santos, hay dos en especial, el de la tierra y el de la justicia transicional, que no darían margen de negociación. Demasiados intereses tienen los dueños de la tierra, para que después de un siglo, en que nadie quiso ni pudo hacer una reforma agraria en Colombia, vengan las Farc  a dictar una reforma agraria contenida en el punto primero del acuerdo, que toca los intereses y propiedades de los dueños de la tierra. Y por otra parte, si la justicia transicional es la forma jurídica de la impunidad, como dicen sus detractores, y al mismo tiempo la arquitectura del acuerdo, qué podría discutirse en una mesa donde se encuentren el CD y las Farc.

Sin mencionar, que para el CD y toda la derecha belicista, sería la justicia transicional la que daría el “alivio judicial” que Uribe mencionó en su primera alocución tras conocerse los resultados del plebiscito y que favorecería a los acusados de paramilitarismo y parapolítica, a los militares incursos en proceso por los falsos positivos, a los financiadores de la guerra y a los empresarios que se enriquecieron con los negocios del conflicto.

No sé si el plan B sea un acuerdo secreto entre Santos y las Farc. De todas maneras, aparece como algo casi chistoso, que a un Presidente que le toca anunciar la guerra, como una forma de reaccionar, sin duda presionado por las circunstancias, frente a la victoria electoral del NO, se le conceda una semana después, el premio Nobel de la paz.   

¿Qué tal santos recibiendo en Oslo el premio, y aquí en Colombia las Farc divididas, dándose plomo otra vez con el ejército, asesinado civiles y volando oleoductos, mientras el avión fantasma guía a los bombarderos para fumigar, como quiere María Fernanda Cabal, otra vez a los chusmeros?

 

El conflicto del posconflicto

El conflicto del posconflicto

Perdió Santos, perdieron las Farc, perdió la mitad de los votantes, perdieron todos los partidos, exceptuando el CD y las iglesias, perdieron las encuestadoras, perdió hasta Gina Parody, se perdieron casi cinco años.

Pero, de otro lado, ganó Uribe y su CD, la mitad de los votantes, un partido que se arrogó el monopolio de la oposición, contra todo un gobierno y contra un movimiento internacional a favor del acuerdo. Pepe Mujica dijo en Cartagena, que desde afuera no se entiende el NO. Y desde adentro tampoco, digo yo.

Pero ni todo son pérdidas, ni todos son ganancias. Santos logró que Uribe trance en dos puntos, la entrega de armas (y en consecuencia todos los compromisos acordados) y los derechos políticos para la elegibilidad. Lo ha declarado Fachito Santos, hoy desde el cuartel general del NO, al norte de Bogotá. El Presidente ha sido notificado otra vez por el CD, de que a pesar de las condiciones desiguales, es capaz de ganarle los pulsos políticos. El de la primera vuelta a la presidencia, y el de hoy.

Uribe nunca se dejó sentar a la mesa con Santos, no aceptó nada, no sirvieron cartas, mensajeros, intermediarios, buenos oficios. No se quería dejar manosear, sin un argumento fuerte que le permitiera intervenir en una renegociación –reorientación– posterior del acuerdo. Esperó a las elecciones, las ganó, y ahora podrá enviar una delegación, que se siente con el Gobierno y las Farc, a rediscutir el acuerdo. Por algo se dijo, que el proceso de paz con las Farc, pasaba por desmovilizar al CD y sus adláteres.

Si el Gobierno y las Farc tienen intereses demostrados en el acuerdo, lo más práctico sería acoger al CD en una mesa posacuerdo. El CD con el as en la mano, el triunfo del NO, empuja al gobierno y a la guerrilla a abrir un nuevo escenario de negociación, muy particular, la primera vez que se sentarán del mismo lado de la mesa, y del otro, un partido de oposición que representa esa parte de la sociedad civil que por la razón que sea, no acepta parcial o totalmente el acuerdo.

Si el sentido político a favor de un acuerdo ampliado primara sobre los intereses de las pandillas –lo cual no es de esperar–, sería viable un acuerdo posacuerdo, a pesar de los enormes escollos que supondría.

A lo que hoy asistimos fue a una especie de primarias de las presidenciales del 18, en las que las pandillas midieron fuerzas, y cuyos resultados envían varias señales. Al gobierno, en lo que se refiere al sucesor de Santos. A las Farc: quedan dos años para seguir con el gobierno del mismo lado de la mesa, lo que venga después no augura las mismas condiciones. A los candidatos de todas las pandillas: hagan los caces precisos para quedar en el círculo de la repartija del poder.

La otra opción es que el gobierno y/o las Farc no acepten reabrir el acuerdo ya firmado, aun después de unas conversaciones exploratorias con el uribismo. En cualquier caso, el ingreso de las Farc a la política se aplazó, también la entrega de armas, la desmovilización, las Naciones Unidas terminarán evacuando personal y la Fiscalía amenazará con hacer efectivas las órdenes de captura, temporalmente suspendidas, contra los miembros negociadores de las Farc.

Si llegan a un acuerdo con el CD, antes de que termine el gobierno Santos, entonces por ese principio ignoto de equidad los postulados al premio Nobel de paz 2018, o 2019, deberían ser Santos, Timochenko y Uribe. Tres sangrientas líneas de historia patria, el rojo, el amarillo y el azul, concurriendo aceleradamente a una mesa que decidirá si Colombia tiene, o no tiene, una segunda oportunidad sobre la tierra. 

El referendo de la vergüenza

El referendo de la vergüenza

La Senadora Viviane Morales y su esposo, el venerable Carlos Alonso Lucio, se han alzado con una victoria en la comisión primera del Senado. Han convencido a una ristra de uribistas, godos y santistas, de aprobar una iniciativa de referendo, para consultarle a la sociedad colombiana, sobre si acepta o no el fallo de la Corte Constitucional que aprobó que cualquiera de las diversas familias en Colombia tiene el mismo derecho a adoptar. Una consulta para desaprobar un ordenamiento legal, para ir contra la constitución. Un bombazo contra los derechos humanos.

Se trata de una iniciativa que no merecía haber tenido ningún trámite, puesto que promueve el desconocimiento de un derecho consagrado. Una iniciativa de populismo moral mediante la cual se quiere reversar la vigencia de un derecho, sin un solo argumento que merezca respetabilidad. Es una iniciativa de retaliación, anticonstitucional, regresiva, discriminatoria, y como forma de consulta, una estrategia con fines electorales.

Doña Viviane está inscrita por el PL en el Congreso. ¿En qué liberalismo cabe la condena de los derechos? Por dignidad política, aunque sea un contrasentido, el PL debería expulsarla. El otro liberal, que votó en contra fue Juan Manuel Galán. La pandilla de los liberales puede tener discrepancias totales respecto a la defensa y promoción de los derechos de las minorías, sin que se les mueva un pelo.

Doña Viviane tergiversó a gusto los datos y los resultados de investigación de un pediatra norteamericano, para presentarlos como “pruebas” a favor de su desaguisado. Se autoerige como la defensora cruzada del derecho de los niños a ser adoptados solo por una clase familia. Está debidamente casada con un personaje viscoso y oblicuo que ahora funge de pastor. Aunque solo sea y lo haya sido siempre, un pobre negociante que ha acampado en todas las toldas del país, buscando prebendas. Y tiene, ella, una hija lesbiana.

Más desagrado biliar causa, que a una señora “cristiana”, “liberal” y “heterosexual” se le ocurra una cruzada contra los derechos de los niños a ser adoptados por cualquier familia que cumpla los requisitos de ley, que haya un cubil cavernario, tétrico y oscuro, capaz de aprobar las bellaquerías que se le ocurren.

La oscura venganza, la luz divina que la inspira, su liberalismo de retaguardia, lo que quiera que mueva a Doña Viviane, no alcanza para explicar la sociopatía enquistada en el alma de una mujer que por delegación representativa, se sienta en la comisión primera del Senado a atentar contra el orden constitucional, imbuida de la justeza de una mera canallada.

El referendo es una iniciativa tan peligrosa, por lo constitucionalmente subversiva, que alienta a que mañana, cualquier señora liberal se le ocurra otro refrendo para revocar el derecho a la libertad de expresión, las causales legales para el aborto, o el derecho al salario mínimo.

Me encomiendo a mis tres santos devocionales, para que la perversa propuesta se hunda en la plenaria del Senado: El Divino niño Jesús de Praga, el Señor llagado y la Virgen del agarradero.       

SI

SI

Una vez firmado el acuerdo en Cartagena se habrá modificado territorial, militar y políticamente, la relación entre las fuerzas en pugna que terminaron poniéndose de acuerdo en algo fundamental: la guerra se perdió.

No la ganó el Estado en 53 años, no pudo reducir un grupo insurgente, que cuando más tuvo en filas, tuvo entre guerrillos y milicianos, cerca de 25.000. Al comienzo como campesinos resistentes, luego politizados y estudiantes universitarios, marxistas urbanos, y más adelante como negociantes de la guerra, metidos con todo en el negocio de la droga, que terminó por lumpenizarlos como organización. La agenda de la coca parecería haber pesado más que la revolución, como le pesó al proyecto antisubversivo original de las AUC.

No la ganaron las Farc. Si no estoy mal desde la séptima conferencia, en mayo de 1982, se rediscutió el asunto de la toma del poder. Pero con declaración expresa, las Farc se constituyeron como “ejercito del pueblo”, ordenaron la "ofensiva bolivariana", aumentar las filas a 28.000 hombres y avanzar en la toma de ciudades intermedias, cuando ya se había hablado dentro de las Farc, acerca de la dudosa viabilidad histórica de la toma del poder en Colombia, por la vía militar.

La octava conferencia se hizo en el Guaviare, el mayor centro de producción de hoja de coca entonces, en abril de 1993, el mismo año en que eliminaron a Pablo Escobar, el año más sucio de la guerra sucia, cuando el narcoterrorismo a punta de bombazos le metió todo el miedo que pudo al país, cobró cientos de víctimas, mostró el poder del negocio y su capacidad de hacer daño. La lucha entre carteles había agitado los mercados internos y externos de la coca, había trepado los picos de violencia, las mafias habían cooptado políticos, jueces y policias. La ofensiva de las Fuerzas Militares contra las Farc dejó un saldo de mil guerrilleros muertos y 1.873 capturados. El negocio del futuro había despegado. Todos habían entrado al neocio sucio:la otra toma del poder.

La guerra no la ganaron las partes beligerantes, la perdió el país. Perdimos en inversión social, en desarrollo, en crecimiento, en oportunidades, en competitividad, en creatividad. Medio siglo de luchas apenas sirvieron para abonar el narcotráfico y quebrar el campo. Una herida abierta durante medio siglo que no podía cerrar, a la que se le echaba plomo y tierra. Y ahora se le pone fin. ¿Con qué argumentos se puede oponer alguien al veredicto histórico sobre una guerra perdida?

El gobierno Santos y las Farc se sentaron a hablar, a partir de una premisa común, a la que cada cual llegó, la guerra estaba perdida. Para las Farc, si es que conservan alguna “vocación de poder”, la única vía posible es la política. Y para el Estado, es preferible tener a las Farc de socios en el Congreso, como aliados contra el paramilitarismo, que dinamitando la infraestructura petrolera y haciendo alianzas con el ELN.

Así que un SI, también significa compartir la premisa común.

La pregunta tiene dos solicitudes. La favorabilidad o no, respecto al acuerdo firmado para la terminación del conflicto, y la construcción de una “paz estable y duradera”. Faltó decir, que una paz con las Farc, porque se trata de una sola paz, de las varias que habría que conseguir, para llegar a la Paz, con mayúscula.       

Ya que las partes beligerantes entendieron que la guerra estaba perdida después de cincuenta años, y se pusieron de acuerdo, pues que la sociedad civil se haga responsable de una constancia histórica de terminación del conflicto, con un SI.

El NO entraña la respuesta de quienes de alguna manera creen que la guerra no se ha perdido. Una forma de decir: si no se ha perdido, debe seguir.

NO

NO

En términos de argumentación el NO carece de piso. El temor político, la retaliación, la impunidad, la elegibilidad, la anticipación del conflicto que sigue, no son argumentos, por sí mismos. Un argumento es una afirmación de carácter probatorio. Por ejemplo, la constitución no contempla la reelección del procurador. Un argumento para demandar la elección. El argumento parte de un referente obligatorio y común a las contrapartes: la constitución. Ahí termina la réplica, el contra argumento ya no es posible. Un argumento contundente.

El NO se montó en dos contra argumentos: la impunidad y la elegibilidad. El primero se estrella contra el espíritu de justicia transicional que guía todo el proceso. Es como si desde la geometría plana, se criticara el hecho de que una linea que se prolonga se toca a sí misma, en la geometría esférica.   El segundo se monta en el supuesto de que a los interlocutores en la mesa de diálogo se los puede tratar como vencidos. El texto del acuerdo prevé una jurisdicción especial de paz, procesos a crímenes de lesa humanidad, justicia ordinaria para quienes no digan la verdad. El acuerdo es el referente obligatorio. Todo lo que el uribismo percibe debajo de la declaración, los acuerdos secretos, el negociado de la paz, que conoce porque negoció y acordó con todo el paramilitarismo, y con los mafiosos, que se le colaron a Ralito, no son argumentos, porque no prueban y por lo tanto no ensanchan la argumentación.

El uribismo “argumenta” desde el temor, y quizás no le falte razón, pero el miedo, la prevención, el odio, la envidia, no son base de argumentación, porque se reproducen y se movilizan sin necesidad de probar nada. Lo particularmente débil en la cadena de hechos, es que moviliza con mayor vigor y energía el miedo que la argumentación.

A un argumento hay que oponer otro argumento más fuerte. El desacuerdo se haría fuerte si opusiera contra argumentos más fuertes que el argumento del acuerdo. Pero qué hacer, si es que la política no se mueve con argumentos.

El “país uribista” pese al acuerdo, el punto de referencia común al orden de argumentación, votará por el NO. Lo hará sin argumentos. Lo hará por que Monseñor así lo dice, así lo enseña.

Así como un argumento se desmonta de dos formas: con los hechos, o con argumentos más fuertes, igual un contra argumento. Un ejemplo. Hoy, en su último discurso en la Procuraduria, tras haber sido destituido por el Consejo de Estado, por reelección viciada, Ordoñez dice que se ha cumplido el primer acuerdo de La Habana. Acusa al Consejo de Estado de un fallo político, cocinado entre el gobierno y las Farc. Sin embargo, la demanda del colectivo de abogados contra la reelección se puso hace más de tres años. Demasiado para no haber fallado antes, en un caso de reelección inconstitucional, en la que el Congreso se equivocó. No votó en derecho, lo hizo políticamente. De 93 votos posibles la noche de la elección, Ordoñez obtuvo 80. Lo que prueba que las bancadas oficiales votaron por él, postulado por la Corte Suprema de Justicia. Lo que vendría a probar también que Ordoñez procedió con Santos, de la misma forma que Santos procedió con Uribe. Hace cuatro años ya se estaba negociando en La Habana. Entonces Ordoñez no era una amenaza para el proyecto de terminación del conflicto de Santos. La afirmación del Procurador, que conlleva la descalificación de su juez, el Consejo de Estado,  pese a aceptar sin apelación ni contrademanda el fallo,  más que un argumento, es el último misil político contra el SI, que hace desde su cargo.

Voy a  pagar de mi bolsillo una misa por Alejandro Ordoñez. Plugiese el cielo que toda la carga de mal que arrastra el quemalibros, se hunda en el infierno del uribismo.      

Una ministra lesbiana en el circo de los homofóbicos

Una ministra lesbiana en el circo de los homofóbicos

 La “ideología de género” es el punto caliente. Un debate que nos llegó de afuera, y que los asesores del gobierno, los de Naciones Unidas, como los de Colombia Diversa, le vendieron al Ministerio de Educación, como soporte para promover la convivencia escolar inclusiva entre personas de distinta orientación sexual.

El término “ideología de género” se lo inventó una señora californiana, Christina Hoff Sommers, nacida en 1950, en el condado de Petaluma. En su libro ¿Quién robó el feminismo? aparecido en 1995, recusa ”el feminismo de género”; ella se declara “feminista de equidad”.

 La “ideología de género” dice que una cosa es la sexualidad biológica, y otra, la sexualidad cultural. No hay unidad entre lo biológico y la cultura, tratándose del comportamiento sexual. Traducido quiere decir: biológicamente se nace hombre, mujer o hermafrodita. Pero culturalmente se da que en los cuerpos de algunas mujeres hay hombres, y en los de algunos hombres hay mujeres, y en los de los hermafroditas, hombres y mujeres. La diversidad de conductas sexuales aprendidas en las relaciones de las personas entre sí, es tan grande, que tiene que proponerse como un asunto de derecho constitucional. La Corte ordenó al Ministerio que se asegurara que los manuales escolares estuvieran garantizando la inclusión, la equidad y la convivencia, entre estudiantes de diferente orientación sexual.

La sola expresión “ideología” revela una dimensión del asunto que lo hace naturalmente conflictivo. Y no precisamente porque la diversidad sexual en toda la gama haya aparecido hoy. La diversidad viene desde que hay hombres y mujeres, solo que en el pasado, el desbalance entre biología y cultura, fue un asunto siniestro, mágico, satánico, tabú, maldito, proscrito, pecaminoso, monstruoso, que la sociedad en su conjunto siempre tapó, como si fuera caca de gato. Porque en efecto, les olía mal. Solo hasta ahora, en el mundo, se pone la diversidad en la agenda de las ideologías y en la agenda de los derechos. Y en consecuencia, que la  sexualidad (cultural y biológica) se explique como una construcción, una elaboración de la cultura.

El asunto se filtró sin digestión, sin criterio, sin olfato político, sin análisis del momento, en las dos publicaciones contratadas por el Ministerio de Cultura. Una guía para el diseño y formulación de las guías de convivencia escolar, y una cartilla con preguntas orientadoras que deberían servir de herramienta para manejar criterios inclusivos en la formulación y ajuste de los manuales de convivencia.

La forma como se escribieron los documentos  contratados por el Ministerio, la forma de su evaluación, el protocolo de seguimiento, aprobación y publicación, no deja para nada bien parada la gestión de Gina Parodi en el Ministerio. Ella tiene todos los argumentos para emprender un proceso que asegure la inclusión de los miembros de la comunidad escolar. La adopción de los manuales es del resorte exclusivo de las instituciones educativas, y su revisión y acompañamiento, corresponde a las Secretarias de Educación.

No es que Gina haya equivocado la política, los procedimientos, las iniciativas, se equivocó en el manejo. Le faltó tacto, olfato, para introducir un auténtico debate ideológico en el seno de la Escuela atrasada, con baluartes en la derecha homofóbica, la Procuraduría, el uribismo y las iglesias.   

El Santico dijo no saber qué era la ideología de género, la Ministra dijo que nada tenía que ver con el documento publicado por las Naciones Unidas, aseguró que su publicación se hizo sin autorización del Ministerio.  Cuando los prelados que lo visitaron en Palacio le explicaron de qué se trataba y cuál era su desacuerdo, él dijo que tampoco estaba de acuerdo, y que por tanto los documentos no van. Que el Ministerio, para tranquilidad de todos los homofóbicos, no le va a pedir a los niños que vayan vestidos de niñas a la Escuela, como tampoco a las niñas que vayan vestidas como niños. Y naturalmente se defendieron, diciendo que todo obedece  a una “manipulación inconfesable”, un ardid desinformativo, que se atiza desde la Procuraduría y el uribismo.

Y como si fuera todo, el uribismo pegó a la protesta de los padres y sus asociaciones contra la “ideología de género”, la campaña por el NO. Lo cual, y por anticipado, le pasa los costos políticos de los manejos de Gina, al Presidente.

En eso terminó el debate de ideología del género. ¿Cuántos años más vamos a tardar en introducir el derecho a la diversidad sexual en las escuelas, tras  haber chamboneado con maestría en el manejo delicado del tema en ambientes escolares?

Si el Cardenal cañizares equipara la "ideología de género" con "la ideología nazi", sugiero que la próxima Ministra de Educación sea Brigitte Baptist. Ojalá antes del plebiscito.

El lugar común

El lugar común

Una de las plagas de la escritura, en toda su variedad, es el lugar común (lc). Me refiero a expresiones tan “consagradas” como desgastadas que se han usado millones de veces, plagios colectivos, saludos lingüísticos a la bandera, metáforas podridas. El lugar común es una plaga que afecta la originalidad. Hay muchas variedades y nacionalidades de (lc). Existen en todos los países y para todas las actividades. Y algo importante, es un cerco de alambre de púas entre los que escriben y los que redactan.

Un ejemplo en tono colombiano y “patriótico”:

“Dolor de patria” es lo que causa  al “colombiano de a pie” la entrega de los “más caros principios” de la nacionalidad, en una negociación que a “espaldas del país”, los “delegados plenipotenciarios” del gobierno, se “aprestan a firmar” en La Habana.

El “sentimiento que a los colombianos embarga” es de “incertidumbre y pesar” por “el sometimiento de los principios” democráticos a “fuerzas oscuras” que habiendo “atentado contra la institucionalidad”, ahora se disponen a “sentarse en las curules”.

 “Haremos uso del derecho que nos asiste” para “refrendar con convicción” nuestra “vocación democrática”, que “señala claramente” que no nos oponemos a la paz. Nos oponemos a la “forma artera” como se negociaron en La Habana, “nuestros más caros principios”.

“Con la mano en el corazón” votemos por el NO. Tengamos “visión de patria”, “sed de justicia”, “fe en nuestras instituciones”, “ilusión de porvenir”. “El mañana es hoy”. “No todo está perdido”, “lo último que se pierde es la ilusión”. “Salgamos a votar masivamente”. Respondamos con “fervor patrio” a “los retos trascendentales” que a “nuestra generación ha tocado vivir”.

Con “argucias jurídicas” el “gobierno de turno” “manipuló los hilos” de las instituciones, para “poner a su favor” el voto de los “conspicuos miembros” de la Corte Constitucional. “De buena fuente se supo”, “para nadie es un misterio”, que “más de uno” de los “honorables togados” se abstuvo. La “aplanadora oficial en el Congreso” “no va a impedir” que “a nombre del pueblo colombiano”, “señalemos sin vacilación” el “promisorio camino” del NO.

Votar por el SÍ “sería tanto como premiar” a los criminales que “hasta ayer” “asolaron nuestros campos”, “expulsaron a los labriegos” de sus labrantíos, y ahora “con las manos untadas de sangre” “se disponen a firmar” un “acuerdo lesivo” para el “futuro del país”.

En un acto de “responsabilidad moral” hemos “debatido en nuestra filas” las “consecuencias irreparables” de “darle vía libre” a los “acuerdos concertados”. “Por eso llamamos” “al voto consciente” a través del cual “le abrimos paso” a “iniciativa Colombia”. “Un proyecto de todos”. Una “propuesta de país” para los que anhelamos “una patria grande”, “digna de nuestros abuelos”.

“Qué feliz me siento de ser un buen colombiano”.

Lágrimas de acero

Lágrimas de acero

El problema de la terminación del conflicto con las Farc, pasa por reconocer un hecho escueto, pero decisivo, que la guerra se perdió. Durante 52 años no se pudo reducir a las Farc, ni cuando eran una suma de campesinos pobres levantados, estudiantes comunistas de las universidades públicas y camaradas moscovitas que inyectaban estalinismo en la yugular de todos los partidos comunistas del mundo. Menos, cuando el narcotráfico arrasó con el proyecto, el mismo que tardíamente Carlos Castaño resintió y que lo llevó a la muerte. La guerra se perdió primero contra la insurgencia campesina, y después con el cartel militar. Fue tanto el tiempo que duró la guerra, que está terminando, que alcanzamos a ver la evolución de las Farc, como quien ve la metamorfosis de un renacuajo. Un engendro monstruoso de los dueños del país, las tierras, la industria y el capital. Un Golem que se salió de madre y que después de cincuenta años, también cayó en cuenta que la guerra se había perdido.

Para el uribismo la guerra nunca se perdió. Por un argumento contundente: jamás hubo guerra. Lo que en términos de bajas, desplazmiento, gasto militar, golpes a la economía, no resiste análisis. Desde luego que se traiciona el uribismo a sí mismo, cuando nos dijeron con el dedo apuntando al cielo, que en un tercer período de Monseñor se habría reducido a los frentes y a los bloques, desarmados se los habría encerrado, acusado y procesado, para que pagasen toda la deuda civil, penal y moral, a la sociedad colombiana. De crímenes de lesa humanidad y de crímenes ordinarios, se podría acusar a todos los miembros de las Farc, desde el Secretariado hasta la última cocinera, son responsables de algún delito, de los miles listados en los códigos.

Santos con menos visceralidad que Uribe, con una visión más realista de la historia y de la evolución del conflicto y sus costos, entendió que una vez perdida la guerra, hay que negociar. Y tal cual lo viene difundiendo la propaganda oficial, es mejor -hoy- una paz imperfecta que una guerra perfecta.

Por cuenta de un palancazo internacional que le dio la política de paz, en un mundo con una vocación desesperada de guerra, Santos se alzó con un consenso mundial a favor del proyecto y de paso le cerró imagen, actualidad, pragmatismo y viabilidad al proyecto uribista.

Es lastimera la pobreza con que los peones uribistas en el congreso objetan el proyecto de paz para hacer frente al plebiscito de refrendación. Que no se va a hacer justicia, dicen. No es cierto dicen los gobiernistas, la jurisdicción especial de paz, se va a encargar de juzgar los delitos atroces y de lesa humanidad. Y se va a juzgar en jurisdicción ordinaria a quienes no acaten el principio de verdad y reparación. Independientemente de que tal cosa algún día se vaya o no a cumplir, es un argumento constitucional contra la pataleta justiciera del uribismo.

Hoy los uribistas no saben si van a votar por el NO, o se van a abstener. Todavía no conocemos la pregunta. Depende de cómo se haga, tendría más sentido el NO que la abstención, o al revés. El NO deberá decir NO al acuerdo para la terminación del conflicto en los términos pactados, entre las Farc y el gobierno. La abstención es el silencio, ni SÍ, ni NO.

El caso es que los editorialistas y voceros uribistas en los medios no tienen un solo argumento para oponerse con fuerza política, con carácter convocante, al acuerdo. Que la guerra se haya perdido, es el más fuerte y poderoso argumento, pero ya no hay de dónde esgrimirlo.

Los uribistas deberían prepararse para el posacuerdo y el posconflicto. Una avalancha de hechos nuevos los van a sobrepasar, nuevos actores políticos, nuevo Procurador, nuevo Fiscal, nuevos mapas políticos, nuevos negocios, el aval y los recursos de toda la comunidad internacional, y en la retaguardia las divisiones vargaslleristas. No la van a tener fácil, y si sus candidatos van a ser, más de lo mismo, la zorra Zuluaga y Carlos Holmes, no pregunten por quién doblan las campanas.         

El retorno del Sheriff

El retorno del Sheriff

 Las cámaras durante el discurso de aceptación a la nominación lo mostraron de frente, casi todo el tiempo. Vi dos rasgos, al menos. Entre los “párrafos” del discurso, hay silencios en los que Donald se ducha en la ovación, como quien se lava en champan en un gran prix. En los silencios, Donald Trump es gesto. En uno, aparece la sonrisa, o mejor, el esfuerzo de una sonrisa. No es algo que le salga, sino más bien algo que no sabe cómo entrar. Y en otro, cuando frunce la boca que descienda tensa y da la imagen de Benito Mussolini en los silencios. La cabeza echada hacia atrás, la boca recogida y la quijada sobresaliente.

Si se lo juzga por lo que dice, pues tienen toda la razón quienes desde el evangelismo creen que es un nuevo Jesucristo, o quienes desde la Asociación del rifle giran cheques. Trump es para ellos el sheriff que viene a restablecer el orden y la ley en el condado.

También tienen razón quienes dicen que lo único que Donald dice es lo que ellos quieren oír: los blancos medios, xenófos, protestantes, partidarios de la justicia privada, que sienten que USA, la USA de ellos, se la quitaron. Y seguramente. Muchos pensarán y dirán que el país terminó de joderse cuando un negro se hizo al poder.

Donald ni siquiera dice que el trabajo es difícil. Dice que un día después de que el den el cargo de Sheriff la ley regresará a USA. Las calles donde hoy matan policías se harán pacíficas y la Corte Suprema hará valer la ley. No más Naptas, asociaciones para perder. Negocios directos con cada país. No más ventajas para la China en la compra de títulos de deuda, ventajas industriales, aranceles. No vamos a volvernos a levantar de ninguna mesa, sin que se cumpla lo que pedimos. Una cruzada de dignidad regresó a América. Un protestante presbiteriano obscenamente rico, aunque él mismo se ha encargado de sobrevaluar su fortuna, exitoso en negocios de hotelería, reinados, medios, golf y juegos de azar, ha llegado para poner orden en América.  

Va a levantar un muro alrededor de USA para impedir que entren musulmanes, negros, latinos, mexicanos, chinos, africanos. Ellos nos arrebataron América, pero más culpables que los mismos inmigrantes son todos esos chacales liberales, cínicos demócratas, que lo permitieron.

Donald tiene una virtud de pastor. Lo vi en el rostro de las delegaciones texanas en el estadio, manchas de sombreros que asentían. Lo vi en los hombres con el uniforme azul de los oficiales unionistas. Lo vi en los viejos que parecían estar en un trance de la anunciación.

El sheriff Trump regresó al condado a imponer la ley y el orden, pero se encontró con que una mujer también quiere ser Sheriff, Hillary, la mujer de un antiguo Sheriff que le entregó el pueblo a los forasteros, que terminaron abriendo una sucursal del infierno. 

Un golpe de fuerza en medio del tablero

Un golpe de fuerza en medio del tablero

Un golpe de estado en Turquía no es una novedad histórica, ocurren más o menos cada diez años desde los años sesenta. Hacía veinte años no ocurría uno. Por la información fragmentada y tendenciosa de todas las agencias es muy difícil hacerse a una imagen precisa del momento. Parecería ser que una facción pequeña del ejército intentó un golpe, a la manera de Chávez en Venezuela, incluyendo el fracaso. Una facción que evidentemente está contra Erdogan. Hay varias maneras de estar contra Erdogan y lo que él representa: el viraje de una sociedad laica liberal a una sociedad cerrada, islámica.

Lo primero que se observa es una participación activa de la sociedad civil turca frente al golpe, que la llevó a salir a las calles, a rodear con sus carros los tanques, a poner las banderas en los cañones, a hacer mítines en la avenidas y a poner las redes a funcionar a todo vapor.  Un respaldo convocado por las redes desde el gobierno que movilizó una base social amplia que conjuró el intento. La fuerza de Erodogan es activa, presente, extendida.

«Hay un ligera posibilidad de que fuera un golpe escenificado», aseguró Fethullah Gülen, desde su exilio en Pensilvania, el “enemigo público” de Turquia, el adversario a muerte de Erdogan, quien afirmó de manera extraordinariamente rápida que algunos de los militares sublevados recibieron «órdenes de Pensilvania» El presidente turco solicitó hoy a USA la extradición de Gülen y anunció que promovería la reinstauración de la pena de muerte para los golpistas, suspendida desde 2004. John Kerry dijo que no ha recibido petición de extradición o pruebas «legítimas» de la participación de Gülen en el golpe.

Gülen es un teólogo sufí que tiene su propio movimiento moderado en distintos países, Hizmet, es hijo de imán, e inmensamente rico, está autoexiliado en USA desde 1999 en las épocas en que Erdogan era el alcalde de Estambul, y que hoy es señalado como el instigador del golpe.

 El otro centro a que lleva a mirar el golpe, son las fuerzas armadas turcas. El ejército turco cuenta con 630.000 efectivos, sin contar las reservas. Tiene 283.000 soldados profesionales y es veterano de Afganistán, y de la guerra contra los kurdos, en la que participaron las unidades de los llamados “lobos grises”. Es el segundo más grande de la Otan, situado en el enclave geoestratégico más importante del conflicto sirio. Participa en la coalición de países que con los Estados Unidos está involucrada en el conflicto sirio. Es de un gran valor en la estrategia europea de defensa. Quebradas las fuerzas armadas de Turquía, se quebraría la palanca de la Otan en la región del conflicto.

 Así que la división de hecho entre militares fieles al gobierno de Erdogan, de orientación suní, y los golpistas, revela más allá de una división entre partidarios de una república laica o una república islámica, las diferencias que podría haber entre alas chiíes y suníes dentro de las fuerzas armadas. ¿Cuál es el peso que tendría el viraje laico a estado islámico, al que está llevando Erdogan a Turquía, en las fuerzas amadas turcas? ¿Y cuál el efecto que puede tener para Europa la división del ejército estratégico bisagra en el conflicto más grave del planeta?

No es un golpe más en la tradición turca de golpes, quizás su efecto rápidamente contrarrestado, no evita que se sientan entre bambalinas militares, cambios y reacomodos que llevarían a una redistribución riesgosa de fuerzas en el futuro más próximo del conflicto sirio. 

Misiles decibeles

Misiles decibeles

 El 21 de agosto de 2015 la BBC informó al mundo que se había reactivado la guerra de parlantes entre las Coreas, desde la zona desmilitarizada en la frontera, que se conoce por tener la mayor densidad de transmisiones radiales del planeta. Y que agitan un contraflujo de  ondas conocido como efecto de "interferencia intencional" para bloquear las emisiones de onda en distintas frecuencias, tanto en el sur, como en el norte.

Corea del Sur tiene en sus filas algunos de los mejores ingenieros de sonido del mundo, así que les pidió ad hoc un dispositivo que fuera un misil de sonido capaz de penetrar en territorio contrario hasta doce kilómetros en condiciones de audibilidad. Construyeron torres sobre las que ajustaron un tablero, como los de ajedrez, en cada una de cuyas casillas pusieron un parlante. Fachadas hasta de ochenta metros de alto tapizadas de parlantes de alta potencia que suenan, todos a la vez, y en la misma dirección.

El sistema de altavoces fue reactivado por Corea del Sur después de seis años de silencio. Su superioridad tecnológica hace que la potencia del arma sea mayor. Entre Gimpo y el parque nacional de Kumgang, puntos extremos de una frontera de dos cientos kilómetros, en la zona desmilitarizada, instalaron nuevo baterías que disparan ráfagas de sonido que pueden durar doce horas seguidas.   

¿Qué se transmite? Propaganda política, propaganda de vida, propaganda informativa, información para que los norteños reclamen sus derechos. Una carga ponzoñosa a la que Kim Jong Un no tiene con qué responder con la misma potencia. La misma guerra con otras armas, una guerra que se ha estado librando desde que terminó la guerra en el 53. Hoy tiene una connotación distinta, el poder de la instalación sonora, como un arma simbólica de lanzar misiles verbales, que tocan a todas las poblaciones cercanas a la frontera.

Una frontera que no puede ser pasada por los hombres de ninguna de las dos Coreas, aunque nada, ni siquiera los tratados, impide que sus palabras lo hagan un millón de veces amplificadas. De la misma manera que nada ha impedido detener el delirante espíritu agresivo de esa criatura omnipotente y fofa, que juega con sus armas atómicas y ha hecho estallar una bomba de hidrógeno; nada impedirá que a la energía nuclear se le oponga la energía sonora de la propaganda. Para decirlo con un ejemplo: el abrigo de Kim vale 12.000 dólares, sus zapatos Berluti 2.000, su reloj, un Patek Philippe´s, cinco millones, y su loción Bulgari  100.000 dólares.

 Ya no es la época en la que con un discurso ideológico se ofrecía un mundo mejor, estamos en uno en el que es más peligroso revelar el precio de los zapatos.