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Alberto Rodríguez

Temas de opinión

Problemas de bipolaridad

Problemas de bipolaridad  Quiera Dios que los brotes de quintacolumnismo de las FARC en el Polo Democrático, que suscitaron la pasada crisis, sean casos aislados dentro de la izquierda democrática. Gustavo Petro ha denunciado una “santa alianza” entre el uribismo y las FARC para liquidar al Polo. Las FARC, a través de sus voceros, hacen declaraciones a favor del Polo, que no le sirven al Polo, pero sí mucho a Uribe.    Le hipótesis baratera con la que la prensa explica lo que han llamado el “abrazo del oso” de las FARC al Polo, es que sería un pésimo ejemplo para el país, que un movimiento de izquierda democrática, llegara a tomarse el poder. Lo que mostraría que la vía armada es inútil. Lo más peregrino del asunto, es el supuesto con el que se nos vende la hipótesis, que las FARC estarían interesadas en tomarse el poder. Ese sólo supuesto obliga a un reconocimiento político y como tal a aceptar un estatuto de beligerancia. ¿Qué diferencia habría entre esto y reconocer carácter sedicioso a los paramlitares?     La izquierda democrática, según clasificación de politólogos y periodistas, es democrática justamente por el abandono efectivo de la fórmula leninista al “uso de todas las formas de lucha”. Pero la renuncia programática y “tranquilizadora” al proyecto de toma violenta de poder, no se hizo porque históricamente la vía revolucionaria hubiera sido sepultada por la vía electoral, sino porque el derrocamiento de la burguesía salió del libreto. El modelo del socialismo “siglo XXI”, es: primero la toma pacífica el poder, y luego administrativamente, por la vía de la reforma constitucional, de la expropiación, se producirá el desmantelamiento del estado, de la economía y el capital, tal cual la “vía chavista al socialismo”.   En el Polo concurren dos circunstancias que son y van a ser fuentes potenciales de división. Sólo una parte de los miembros del Polo ha entendido la diferencia entre ser oposición de izquierda y gobernar como izquierda (y por tanto tomarse con toda seriedad el proyecto de toma del poder, para algunos, posible al 2010). Y la otra circunstancia, es que en lo profundo de la democrática colcha de retazos políticos que es el Polo, todavía campean – en algunos sectores - solidaridades implícitas con la vía armada al poder. Como si jamás se hubieran tomado en serio la “crítica de las armas”, o como si una condena clara, tajante y sin vacilación, contra la condición de criminales de guerra, fascistas rojos, y gángster, a los de las Farc, en vez de darles más credibilidad frente a la sociedad civil, los acercara a Uribe.   Los comunicados tibios, las condenas a medias tintas, los implícitos babosos y las torpes declaraciones de neutralidad de Dussan (ni a favor ni en contra de las FARC), las dualidades oportunistas del Polo, lo pusieron en la semana que pasó en una doble confrontación, con el uribismo necesariamente, pero también consigo mismo. Esta vez hubo crujir de dientes, exhibición de torpeza política, sectarismo, pero aún así se conservó la unidad. Papá Noel salió apaleado, y eso no es bueno para su record. Petro fortalecido, y la organización con una disposición política a cumplir el doble reto: no perder la alcaldía de Bogota y ganarle las elecciones - otra vez - al partido liberal.

Cioran: alma bendita

Cioran: alma bendita

                                        Hay entre esos hunos refinados una melancolía hecha de crueldad” 

                                                                                 E.M.Cioran 

                       

                                Suicidio ambiental. El efecto Gore. El fin del agua dulce. Servicio de lavandería. Narcotecnia. Racismo, cine gore. Violencia simbólica indiscriminada. La muerte en vivo – Tesis -. Sexo bestial. Tráfico de órganos. Trata de personas. Asesinato de niños. Muerte a las mascotas. Sida. Genocidio indiscriminado. Mercado negro de armas nucleares. Fin de la era del petróleo. Desaparición de la capa de ozono. Industria de la tortura - Hostel -. Ejércitos de violadores. Teocracias institucionales. Campos de concentración.  Con un “programa” así, cualquiera podría estar tentado a vaticinar el fin del mundo. Un fin trágico y desesperado, que anticiparía socialmente en millones de años la muerte térmica del planeta, cuando nuestro sol se apague. Lo cual vendría a probar sin lugar a refutación que la insólita voluntad aniquiladora de la sociedad supera con creces la entropía del sistema, la desregulación natural del planeta.   

                   

   

                  El “programa” se puede leer como una exaltación malintencionada del pesimismo, como fruto del nihilismo real, como la renuncia a cualquier principio de esperanza, como desconfianza absoluta en el instinto de conservación de la especie. Pero también puede leerse desde su lado positivo: no hay mal que por bien no venga, lo único que no tiene solución es la muerte, la ciencia y la tecnología nos salvarán, la fe es un motor que mueve montañas, el narcotráfico se elimina cuando se legalice la droga, la vacuna contra el sida está a la vuelta de la esquina, la iglesia acabará el celibato y la democracia terminará triunfando. Como en las películas. 

                    

                Tenemos el derecho a leer el “programa” como nos de la gana. Lo que no podemos hacer es desconocer el riesgo letal que se cierne sobre la especie, a causa de que se ha levantado contra el planeta, y en particular, los modelos de producción, que lejos de haber logrado el básico bienestar para la población del mundo, la salud ambiental del planeta, la democracia como sistema único, ha ahondado en todas las diferencias, en la exclusión, la miseria, la cultura de la muerte y en la marginalidad criminal de pueblos completos. 

                       

                        Llegamos a la luna y no pudimos resolver el problema del agua en la tierra. Inventamos un sistema de autodestrucción global y no pudimos controlar a las pandillas tribales, a los paramilitares, a los irregulares, a las maras y a los iluminados del mundo. Asistimos a la apertura de la autopista informática global y los niños del tercer mundo se siguen muriendo de hambre. Tenemos submarinos nucleares de última generación y no resolvimos el problema del pan y los cereales.  

         

                 No es que nos merezcamos una suerte aciaga, pero hemos hecho todo para que así sea.”Habiendo perdido el gusto hacia los seres, en vano me esfuerzo por adquirirlo hacia las cosas” añade Cioran. (Historia y utopía)

“Un orzuelo en el ojo del diablo”

“Un orzuelo en el ojo del diablo”

              Desde el año 863, el concilio de Aix-la-Chapelle ya admite que en los conventos se realizan abortos e infanticidios para tapar las travesuras de frailes licenciosos que no practican el celibato. “El celibato no es esencial para el sacerdocio; no es una ley promulgada por Jesucristo”. Dicho por Juan Pablo II en julio de 1993. San Pedro Apóstol, San Félix, San Hormidas y San Silverio, todos fueron papas, estuvieron casados, tuvieron hijos y además fueron santificados. En el siglo XV la mitad de lo curas estaban casados y eso no les impedía ejercer el ministerio ni evitaba que la gente los reconociera como pastores. 

               El altar mayor, las bóvedas en claroscuro, las pinturas santas. La catedral cerrada. Adentro tres muchachos y un cura. Es hora de la confesión oral, del arrepentimiento de la castidad, de las penitencias anales. Monseñor va a santificar a los parceritos, llamados y pagados por él. Aunque las cajas de limosna están cada vez más diezmadas, algo se consigue todavía con las misas diarias para las prestaciones del cuerpo.

       

 El invento del matrimonio, y por tanto la institucionalización de la monogamia, fue un recurso para saber exactamente de qué padre eran los hijos, herederos auténticos de la propiedad. El matrimonio se instituyó para preservar la propiedad, de generación en generación, para un mismo tronco familiar. La iglesia como pater familia del rebaño de crédulos, necesita asegurar que sus bienes se queden en la orden. Esa es la razón por la cual el celibato, a pesar de los escándalos históricos, se conserva como la más inhumana y aborrecible hipocresía. 

                  Los escándalos absolutamente inmorales desde el punto de vista del catolicismo, la práctica admitida de lo absolutamente prohibido, los biliosos recursos de la carne, que la Iglesia católica ya no puede tapar y que en menos de cincuenta años la habrán convertido en una secta antigua, la están mostrando al mundo como la auténtica puta de Babilonia. El falso celibato, el sacrificio taimado del cuerpo, la contra natura legislación canónica y los orzuelos que se le quisieron limpiar al diablo desde las sacristías, tienen que ver menos que con la intemporal imitación de Cristo, con un sucio y terrenal asunto de propiedad. 

             

               Ingmar Bergman, muerto hace un mes, puso éste epígrafe a su película, El Manantial de la doncella: “la castidad es un orzuelo en el ojo del diablo”.

La venezolanización del intercambio humanitario

La venezolanización del intercambio humanitario  Uribe necesita bajar la presión nacional e internacional a favor del intercambio, le conviene, pero sin soltar el mango del sartén del despeje. Piedad Córdoba autoproclamada chavista se zafa del estrecho corral del liberalismo parroquial colombiano, viaja a Venezuela y se da un baño de publicidad política internacional con la propuesta de intercambio en la mano. Luego visita a Uribe y permite que Uribe la invista de la condición facilitadora, un cargo ad hoc que la pone a girar en la órbita del gobierno, es decir en la órbita del no al despeje. (Aunque ella desestima completamente el problema del despeje en el proceso de intercambio) Chávez acepta la invitación de la Senadora, se muestra abierto, le conviene participar, queda bien con Francia –a quien particularmente interesa el caso de Ingrid - y se le abre la oportunidad de meterse con legitimidad en el conflicto colombiano. Las FARC, por su parte, encuentran un interlocutor de peso, con el que por más obtusos que sean, se les abre un respiradero que necesitan.    Se ha creado una situación en la que todos estarían en condiciones de ganar tácticamente a nombre del intercambio humanitario, independientemente de que vaya a producirse o no. El ambiente se agitó adecuadamente con la versión de que Ingrid estaba en Venezuela, de que Marulanda pudo haber muerto y la ya vieja versión por la cual el Secretariado, o una parte de él, estaría en Venezuela, según denuncias de miembros de la oposición venezolana.    La desgracia del intercambio sigue siendo que esté en manos de Uribe y las Farc. Ignoramos que tan humanitaria sea Piedad, no se  olvide que es una política y por tanto es lícita una dosis de incertidumbre respecto a lo que de verdad pueda importarle la situación desesperada de los retenidos. Y qué tanto lo sea el Coronel, de cuyos sentimientos humanitarios, a juzgar por el tratamiento que la cancillería venezolana le dio hace un par de meses al caso de una hija con cáncer de Carlos Andrés Pérez – para citar sólo un caso – no podríamos sentirnos con menos incertidumbre.

 Las FARC internacionalmente aisladas, consumidas en el miasma inexorable de su condición de maphiosos con programa, en particular, después del asesinato de los diez diputados del Valle, encuentran en la mediación un aire necesario. Al día siguiente de haberse presentado Piedad en Caracas con su reciente investidura, pidieron a través de la página de Anncol, al gobierno de Chávez, que les abra una oficina de información en Caracas, en la perspectiva de su reconocimiento como fuerza beligerante. Se dice que Chávez y Raúl Reyes ya hablaron a través de lo que Chávez mismo llama el “teléfono negro”.    El mayor riesgo en la operación binacional lo corre el Gobierno de Uribe. Una vez echada a andar la parafernalia humanitaria, Chávez por fuerza de las circunstancias a que lleva su expresa voluntad mediadora, tendrá que tomar una posición, delicada y diplomática, pero que terminará poniéndolo más cerca de Uribe o más cerca de las FARC. Un riesgo completamente previsible para el gobierno colombiano. Uribe previendo las consecuencias, se adelantó en una arremetida política, que coincidió con la llegada de Piedad a Caracas, a calificar a las FARC de “pandilla hitleriana” con la cual no habrá acuerdos para el despeje de un solo milímetro de territorio. (A diferencia de Piedad, para Uribe el no despeje es el punto clave) Para ambientar su posición en el marco diplomático de la venezolanización del conflicto, sacó al Ministro Uribito a la plaza pública, hace tres días en Pradera y Florida, a promover una cruzada nacional contra el despeje. 

A la sociedad civil se le abre una esperanza, a las familias en particular, para quienes cualquier cosa que se haga es útil, venga de donde venga. Aun después de haber sido históricamente defraudadas por el Gobierno y las FARC en el curso de las distintas aproximaciones, que terminaron todas en lo mismo, queriendo manipular el intercambio para obtener ventajas tácticas que repugnan al espíritu humanitario.

La coartada socialista

La coartada socialista


Hugo Chávez bien podría pasar a la historia, sólo por su intento de implantar en Venezuela el socialismo por decreto. Aunque vaya uno a saber en qué consiste ese novísimo socialismo modelo siglo XXI, ultramoderno y actualizado, que el Coronel quiere institucionalizar, por vía de un capitulo constitucional, en la patria de Simón Bolívar. Un socialismo debidamente financiado por el petróleo, por la crisis mundial de combustibles y el rango competitivo de las reservas. Un socialismo que se declara “bolivariano, humanista y cristiano”.


De la misma manera que los ratones cuando ven a los murciélagos creen que es Dios, las sociedades se acostumbraron a creer que el socialismo es el de Felipe Gonzáles, el de Mitterand, el de Tony Blair, el de Michel Bachellet, el de Kirtchner, el de Lula, el de Ortega, hasta el de Fidel y Correa. Cualquier cosa que se diga progresista, populista, democratera y reformista, se tornó socialismo. De la misma forma que en el siglo XIX y XX, cualquier cosa con tintes progresistas y abiertos se llamó liberalismo. El socialismo ha sido tan progresivamente violado en su espíritu, tan desfigurado, tan cuidadosamente enajenado, que posiblemente no lo reconoceríamos si lo viéramos. El proyecto se prostituyó en manos de los liberales que se quedaron sin liberalismo.


El ensayo socialista del Chávez no deja de ser curioso, en tanto en los hechos concentra el Estado, los medios y la propiedad, elimina la independencia de poderes, no reduce la pobreza, ni el desempleo, ni mejora la redistribución social, y desde luego no hace creíble el presunto respeto por el derecho a la disidencia. El ensayo socialista ni siquiera da cumplimiento satisfactorio al programa del liberalismo. Por el contrario, contradice muchos de los supuestos progresistas del Estado liberal clásico.


Aunque el liberalismo como opción histórica se agotó en el siglo XX, los liberales pululan en sociedades que no encontraron la vía para hacerse representar. Ni siquiera eso se logró, pero aún así los liberales sienten el gusto publicitario de camuflarse y confundirse, por necesidad política, entre los pliegues edulcorados de un socialismo portátil, light, de ocasión, que más que un proyecto es una coartada.


Curiosamente la clase obrera en todos estos proyectos de socialismo light no tiene protagonismo de primera página, los partidos obreros ni siquiera existen, los sindicatos no actúan políticamente, no son fuertes, carecen de opinión civil, condescendiendo con la idea liberal de que apenas deben ser palancas gremiales.


El papel rector de la clase obrera en la realización del socialismo quedó como emblema de la nostalgia ortodoxa del viejo proyecto socialista que formulasen Marx y Engels para la Primera Internacional. Eso era válido, dicen los liberales, en el siglo XIX y parte del XX, cuando la clase obrera podía tener un proyecto independiente. La socialdemocratización de la clase obrera fue oportunamente anunciada por Marx y Lenin. La clase obrera, a la que por su condición le es dado conducir a la sociedad al socialismo, debió cambiar su programa por el derecho a tener un lugar más cómodo en la sociedad capitalista. En eso ha terminado la clase obrera, tanto la de los países desarrollados como la de los no desarrollados. Ya no es una clase que pretenda cambiar la vida y transformar el mundo, ni más faltaba, se consuela con cosas más modestas, tener mejores salarios para mejorar su capacidad de compra, participar de las contrataciones, tener más prestaciones extralegales, seguridad social, y cooperativas de consumo en vez de sindicatos independientes.


Reality Show

Reality Show  La divertida perversidad con que a todos nos atraen los reality shows está en el goce por el riesgo de otros. Eso nos deja participar del riesgo sin correr riego. Para que ocurra se necesita de una especie de pacto sadomasoquista entre participantes y audiencias. Un invento perverso para satisfacer el raiting. Aun así, como programa tiene todo el derecho a emitirse, a pesar de los críticos moralistas del inmoralismo.  El más reciente reality es el de la verdad. Investido de la autoridad tecnológica de la máquina de la verdad, a la que previo al espectáculo los participantes se someten. El juego está en desnudar para las audiencias, las flaquezas, las canalladas, las íntimas miserias, el kitch del alma humana, por dinero. La condición humana, sin más. La verdad que se desoculta sólo tiene que ver con esto.  Para el participante el riesgo es completo. Si dice la verdad, acepta las consecuencias en su vida privada y pública de haberla publicado, pero si miente pierde el dinero. La perversa lógica que tensiona el programa es que los participantes nunca antes tuvieron razones para publicar la verdad por la tolerancia, la transparencia, la aceptación de la culpa, y el perdón, sin embargo en el programa lo hacen - aún a su pesar -  a partir de un millón de pesos.   Un hombre está en condiciones de aceptar los riesgos de la verdad sobre los cuernos que puso a su mujer, si a cambio se lleva diez o quince millones. Con dinero el infierno o la separación son más fáciles de soportar. Una empleada acepta haber traicionado los intereses de su sindicato, exponiéndose a ser expulsada o a una demanda, sin que aparentemente le importe. Con dinero las cosas se hacen llevaderas. Todos los participantes valoran el dinero por encima de la privacidad. La privacidad como la sangre se puede vender, hasta por causas nobles.   El mercado de la verdad satisface a las audiencias, que en épocas del imperio romano eran simplemente el pueblo. El pueblo pide realitys, no por reconocimiento al valor de publicar la verdad privada, sino por el deleite del escarnio. Eso es lo que queremos ver. La verdad del reality es que la verdad no sirve a fines altruistas. Lo cual es una confirmación lamentable pero cierta del alma nacional. Y si lo dudan pregúntese por: la verdad, la justicia, la reparación, el intercambio humanitario, la transparencia de las fuerzas militares.             En Roma los césares propiciaban la carnicería de cristianos a exigencia del pueblo que estaba sediento de espectáculo. Hubo épocas en que tanta era la sed que se quedaron sin leones. Había más cristianos que leones, lo cual vino a ser la peor desgracia para el Imperio. Hoy las programadoras son los césares, los coliseos son estudios y los cristianos fueron reemplazados por los participantes. Son los cristianos – los únicos sobrevivientes del Imperio – los que siguen exigiendo espectáculo.  

En vez de fantasía ortografía

En vez de fantasía ortografía   Así como el campo es el lugar donde las gallinas andan crudas, la Escuela es el lugar donde los muchachos andan crudos. La Escuela pretende prepararlos, que no es otra cosa que hacerlos adultos: sean serios, responsables y decentes, argumenten, adopten normas, lean, escriban y conozcan el mundo por vía de las ciencias. Pero toda la pretensión escolar está montado sobre una gran paradoja: los maestros no siempre argumentan, la mayoría de veces optan por la autoridad. Las normas se respetan por temor, o se quebrantan por norma. Muchos maestros no leen y no enseñan a leer, y si lo hacen no es para leer la vida, ni siquiera la literatura. Las matemáticas se las enseña como una abstracción en clave, que poco o nada tiene que ver con el número cotidiano. Las clases duran más que el recreo. Los exámenes se hacen para averiguar lo que ignoramos. La nota pesa más que la imaginación. No se enseña a jugar ajedrez, a escuchar, a cocinar, a componer un auto ni a tocar una batería. Y claro, tampoco se le ha ocurrido enseñar a desaprender ni a lidiar con el fracaso.  En vez de disfrutar de un poema, la Escuela es capaz de proponer que lo memoricemos. En vez de opinar nos pide que repitamos. En vez de hacer proyectos arriesgados, que hagamos los deberes en casa. Planas en vez de movimientos de sentido y resúmenes en vez de lecturas deliciosas. El espíritu de Escuela se podría resumir en una sola frase: en vez de fantasía ortografía.    Dos espíritus históricamente malignos recorren la Escuela. La tornan inhóspita, árida y aburrida. Uno, el que obliga a que los estudiantes se hagan para la Escuela, en vez de la Escuela hacerse para ellos, como es su obligación. Tal vez sea mucho pedir. Y el otro, el fantasma moderno de las metodologías. Las teorías del aprendizaje, las metodologías de evaluación, los currículos graduados y los modelos de enseñanza (con el cortejo inaudito de escalas, formatos, tablas, rejillas, índices, coeficientes, indicadores, que comportan) son en general loables inventos de las más lúcidas mentes pedagógicas, que aún a su pesar terminaron interesándose más en el modelo mismo, que en el usuario educativo que debe soportar durante todo un año, o un semestre, a un mal profesor.  

La soberbia metodológica de la Escuela es responsable de su pérdida de significación, lo que ha llegado a hacerla altamente impertinente entre el público escolar. Decía Kant que la educación es el problema más serio que cualquier sociedad puede proponerse. Y, hoy, ese problema pasa por lo que desde hace más de diez años se llama falta de pertinencia escolar. Nadie niega el papel de la Escuela en el desarrollo, en la movilidad inteligente de la sociedad, en la reproducción de la cultura y el avance de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, ese reconocimiento como tal no afecta para nada el hecho de que en la Escuela la autoridad estorbe la creatividad, la normativa la imaginación, la planeación la improvisación, la rigidez la diversión y la metodología la curiosidad.  

Ah y lo más grave: la Escuela ese lugar en donde los rectores andan sueltos.        

Manzanas aisladas y casos podridos

Manzanas aisladas y casos podridos  

No es que el poder corruptor de la maphia haya conseguido, como un ejército enemigo, infiltrar la inteligencia, la seguridad y el estamento militar, para poner a algunos miembros de las Fuerzas Armadas al servicio del negocio. Es que el poder corruptor encontró en las Fuerzas Armadas el clima y las condiciones de mercado para corromper a quien vaya siendo necesario corromper. La maphia sabe que los militares tienen precio y además tiene la cantidad de dinero para poder comprar los que se necesiten. Quien no tenga precio que tire la primera piedra.

  

Nadie, fuera de las Fuerzas Armadas, sabrá cuántos de sus miembros, de alta, media y baja graduación se han cambiado de equipo sin quitarse el uniforme. Al parecer existiría una simbiosis desarrollada bajo el clima estimulante del negocio, que explicaría el aumento intranquilizante del número de manzanas podridas – según expresión del Ministro Santos – y los cada vez menos aislados casos aislados. De seguir así, cada vez van a ser más aislados los casos de oficiales que no trabajen para la maphia.

   El caso del Coronel Byron Carvajal, el Comandante del Batallón de Alta montaña, que ejecutó la operación limpieza en Jamundí, y que costó la vida a diez miembros del CTI, es un paradigma de la corrupción mafiosa de origen militar. Hoy su ex mujer es el principal testigo de cargo en el proceso. Ha contado que los maphiosos llegaban a su casa con los bultos de dólares para guardarlos. Carvajales hay muchos en las Fuerzas Armadas, casos aislados naturalmente, que en ningún caso comprometen la transparencia institucional. 

La prueba de la transparencia institucional con que la Fuerzas Militares han obrado en todo este proceso tan delicado, es que han sido ellas mismas las que han iniciado las investigaciones y han ordenado los retiros, como si una vez la sociedad civil enterada por los medios, de las flagrancias con que operan los filtrados y los infiltrados, pudiera hacer cosa distinta. La gracia sería que la Fuerzas Armadas hicieran exactamente lo mismo, en situación de que nadie en la sociedad civil se enterase del productivo concubinato de las manzanas.  

Cada vez que se destapa un bulto aparecen más manzanas podridas, seguramente no han sido retiradas ni tan rápido ni tan a tiempo como para que no afecten a las otras. Presuponemos la dimensión corruptora de la maphia y el paramilitarismo, aunque ignoramos la dimensión de las predisposiciones internas que hacen de las   Fuerzas Armadas un organismo tan permeable y corruptible, como el DAS de Noguera o la Fiscalía de Luis Camilo Osorio. Ya no es claro si los sectores permeables de las Fuerzas Armadas están para defender a la sociedad de la maphia o para proteger a la maphia de la sociedad civil. Al paso que vamos, serán los miembros no comprometidos en labores de cooperación con la maphia, los que puedan ser legítimamente mostrados como casos aislados por el Ministro Santos.     

La contradictoria unidad del Polo

La contradictoria unidad del Polo   ¿Hasta cuándo podrá Papá Noel sostener la unidad del Polo Democrático? El Polo está menos unido que lo que sería necesario. Lo saben dentro del Polo y lo sabemos quienes estamos afuera. La atmósfera política se ha ionizado, la colcha democrática de retazos está polarizada. No es un frente, tampoco un partido. Es una alianza pacientemente anudada entre el extremoizquierdismo infantil, el sindicalismo rojo y pálido, la social democracia tropical, mucho liberalismo, izquierdismo inteligente y demócratas silvestres. Para evitar que la colcha se rasgue es necesario un acto de equilibrismo de autoridad, que medie entre los apetitos de quienes ya han saboreado el poder. Ya saben que una cosa es hacer oposición desde la izquierda y otra cosa es gobernar como izquierda, para bien y para mal. Gobernar es gobernar.  El destino habitual de nuestros movimientos políticos es la división. El Polo quiere seguir gobernando. Garzón está convencido que su alcaldía es el pasaporte a la candidatura a la presidencia. Y tiene razón. El Polo electoralmente hablando pesa más que el Partido Liberal. En estas elecciones tiene una obligación política, volverle a ganar al liberalismo. Eso le significará liderazgo en la oposición contra Uribe, que es de lo que vive. Nunca una oposición había tenido tantos y tan profundos motivos para convertirse en opción legítima.   Samuel Moreno ganó la consulta interna en Bogotá, contra Navarro, Petro y Garzón. Robledo, Dussan y Moreno midieron fuerzas. Fue una división por una candidatura externa. Uno no sabe si Doña Emma es la que funge de fórmula vicepresidencial de Serpa o de candidata a la alcaldía de Bogotá por el Polo. La candidatura importada se debió a que para Navarro y Petro, la Señora es la única que podría enfrentar exitosamente a Peñalosa. Por supuesto que esa división es propia de cualquier organización política. Pero es una división curiosa, basada en la idea de que para ganarle a Peñalosa es mejor una candidata liberal que un candidato del Polo. ¿Juegan a ganador? Quienes votaron la consulta interna piensan lo contrario. Papá Noel jugando a ser neutral no lo hace mal. Quizás el Polo no se divida antes de elecciones. De los resultados va a depender la futura cohesión. Si le va mal habrá muchos más motivos para restregarse el fracaso y propiciar la división. Si les va bien, los cargos, el margen administrativo y de gestión, los tendrá unidos por razones de Estado. Gobernar es gobernar. Hoy las encuestas señalan a Moreno – que era el candidato de López - tres o cuatro puntos por encima de Peñalosa, el candidato de Uribe. ¿Qué estará pensando el “ala liberal” del Polo que vaticinó que ir con Samuel equivalía a perder? Todavía tiene un margen de tres meses para que la historia les de o les quite la razón.  

El Profesor Moncayo

El Profesor Moncayo  La tragedia del Profesor Moncayo es que el intercambio humanitario dependa de las FARC y del Gobierno de Uribe. Ninguno de los dos puede ser humanitario. Ambos quieren victorias, no sólo Uribe, como le dijo López a última hora. La gesta caminante del Profesor es el recurso extremo de la sociedad civil para hacerse oír, cuando ni el uno ni el otro son sus interlocutores. Un pedido pacífico y efectista a que renuncien a las victorias a cambio de los hombres.    

De cómo un hombre se transforma caminando. Uno es el Profesor que salió de su casa en Sandoná el día del padre. Y otro el que llega a Bogotá. El que recibe al Presidente en su oficina, en una carpa que el Alcalde Garzón le puso a disposición. Un hombre que 47 días después de haber salido de su pueblo ahora se cree más su misión. Los medios y la gente le han hecho el favor de proyectarlo y esa imagen le da fuerza para caminar, para creer, para hablar. ¿Qué va a ser de ese hombre, que de ciudadano padre pudiera convertirse en causa? Una causa espontánea, inocente, sentida, justa. 

De la mera petición para que le devuelvan a su hijo, hoy está el Profesor con el proyecto de una mesa nacional de la sociedad civil para el acuerdo humanitario. Tiene invitaciones de varias ciudades del país y de afuera. Ha apelado al mismo recurso de Gandi y Luther King. Un hombre encadenado, con los pies ampollados, la barba descuidada, con un aura de arrogante humildad. El Profesor Moncayo es el personaje de la obra nacional que resume el sentimiento de desesperanza de las víctimas de un conflicto que los gobiernos no entienden, y que el de Uribe ni siquiera acepta. Como si el carácter terrorista de las FARC le quitara realidad.  

Toda la caterva de oportunistas electorales, de fundaciones pantalleras, el clero, la policía, la defensa civil, el Alcalde, los partidos y los candidatos irán en peregrinación a la carpa de la Plaza de Bolívar   a ofrecer asistencia, recursos, cooperación. Todos los que nunca fueron a la casa del Profesor en Sandoná, vendrán para ser sus aliados. Dios libre al Profesor Moncayo de caer en la tentación de esas solidaridades.   

Pese a todo, lo que más cuenta no es lo que ha cambiado el Profesor tras haber caminado 1200 kilómetros. Lo que más cuenta es la forma como lo ve un país. Mañana podrían sacarle enfermos a la vera del camino. Le pedirían que los tocase, que se dejara tocar. Lo que diga podrá ser creído. Se lo consultará y se lo oirá con respeto. Ya vimos hoy cómo interrumpió el discurso de Uribe, quien descendió de su podio frente a las columnas del Congreso para ir a entregarle el micrófono.  

Las FARC, tan estratégicamente brutas y contrahumanitarias, por supuesto no mediarán para el intercambio del Cabo Pablo Emilio. Si lo hacen rompen una posición política y militar, pero si no lo hacen, le dejan la puerta abierta a Uribe, para que la falta de humanidad de su gobierno pueda ser convenientemente escudada en el argumento de que es la guerrilla quien lo tiene. Pero igual, la sociedad civil ya no sabe ante quién tramitar, si ante el Gobierno o las FARC. El Profesor Moncayo también estuvo en el Cagüan y los jefes no lo recibieron.                              

Un sol en la tierra

Un sol en la tierra                  ¿Qué va a pasar cuando se agote el petróleo en el mundo? Las reservas actuales no aguantan más de cuarenta años. El mundo se traga mil millones de barriles cada 18 días. Las reservas actuales son de 1.14 de billones de barriles. El barril de petróleo está llegando a ochenta dólares. La demanda por encima de la oferta pone muy nervioso al planeta. Los campos están operando al 98.5% de su capacidad. La frontera petrolera se está agotando. La mayoría de pozos son de crudo pesado – de baja calidad – con un contenido alto de azufre que afecta el ambiente planetario. En los últimos quince años se han destinado 300.000 millones de dólares a exploración y apenas se han descubierto dos campos “elefante”. El 87% de la energía que utilizamos hoy proviene de recursos fósiles no renovables, cuya combustión es una causa del desequilibrio térmico mundial. Para el 2050 la población del mundo habrá llegado a los 9.000 millones. 

                           Para los Estados Unidos - con el 5% de la población del planeta - la crisis tendría proporciones críticas. USA se chupa el 25% del petróleo del mundo. En el período de los últimos cuarenta años su producción bajó de nueve millones de barriles diarios a cinco hoy. Si USA dependiera sólo del petróleo de México y Canadá, tendría abastecimiento para doce años más. Una conjunción de los efectos de la guerra en Irán y Afganistán y un agudización de la crisis de abastecimiento petrolero a mediano plazo, serán el núcleo de una crisis sin antecedentes. Pero la demanda asiática va en aumento. El crudo del medio oriente no va a seguir fluyendo a USA como hasta ahora. La India, China, Japón y Corea del sur están en condiciones de pagar mejor a los árabes su crudo. 

                          

                                USA, Rusia, la Unión Europea, Japón y Corea del Sur, han encarado a partir del 2005 un intento de solución al problema de provisión mundial de energía. Se trata del proyecto ITER (International termonuclear experimental reactor) que involucra 3000 científicos y 38.500 millones de dólares.  Es un proyecto de “ciencia-ficción” que trabaja para asegurar energía al mundo para los próximos cien billones de año. Energía limpia que no utiliza uranio, sino deuterio, sacado del hidrogeno no radiactivo de las aguas de mar. Se trata sin más de hacer un sol en la tierra. Un centro de fusión (integración) atómica que opera con temperaturas de 45 millones de grados centígrados.  De 550 litros de agua marina se pueden obtener 10 gramos de deuterio. Un gramo de deuterio produce 100.000 kilovatios de energía por hora. Una cantidad productivamente superior en cuatro veces al petróleo. 

                                    

Greenpeace no cree en ITER, asegura que es un proyecto incierto, excesivamente costoso, que nos hará perder tiempo precioso para implementar alternativas energéticas posibles de origen solar, eólico y de biomasa. Dice la ONG que no está segura que el asunto funcione, y que si llegase a ser comercialmente viable no lo sería antes del año 2047. Con lo que se está invirtiendo en el proyecto se podría dotar de cocinas solares a 90 millones de hogares y proporcionar electricidad a otros 40. Por lo pronto, con los costos actuales del barril, el Coronel Chávez podrá seguir financiando su proyecto bolivariano de socialismo de exportación. 

Asedios a le lengua de Cali

Asedios a le lengua de Cali

  

Juan Moreno Blanco

La primera vez que pasé por una plaza muy principal de Cali me asombró no encontrar  la estatua de Bolívar. En su lugar, la estatua del centro de la plaza y la placa del zócalo atrajeron mi curiosidad. Ahí leí por primera vez la palabra “vallecaucanidad”. Desde entonces, la pregunta “¿qué es la vallecaucanidad?” acompañó discretamente las experiencias que me confirmaban la existencia de un ser-estar propio a esta región o a la localidad y del que poco a poco me iba haciendo consciente. La vastedad de esa pregunta y las enormes exigencias de conocimiento de toda índole necesarias para poder responderla me llevaron a ignorarla y a tratar de olvidarla. No obstante, la interacción con el entorno y la consciencia cotidiana de mi propia diferencia cultural me llevaron a pensar que sí hay una forma de empezar a responder a esa pregunta allanándola por un sendero que nos conduce al tesoro espiritual que toda colectividad cultiva: la lengua. De ese asomo de consciencia de la diferencia, la mía y la del otro, vienen los siguientes tanteos sobre la lengua que se habla en Cali.  La voz “chuspa” y su derivada “enchuspar” dan fe de vectores y procesos de formación cultural que anclan la memoria local a regiones del país y del continente. Ese ejemplo de la extensión de la lengua quechua permite deducir que Cali recibió migraciones que le aportaban desde el sur bagajes culturales que no “subieron” hacia otros polos urbanos del país colombiano. Tal vez en otras palabras propias a la lengua de Cali reluzca ese anclaje que da cuenta de las migraciones que nutren la cultura local. Así las cosas, un ejercicio comparativo con la lengua de otras partes de Colombia puede hacer relucir los matices, la edad y el origen de las palabras con que los caleños han hecho y  hacen el “aquí” de la cultura.  Mientras muchos colombianos dirán “escalera” para indicar la construcción fija que permite subir o bajar a otro piso, el caleño dirá “las gradas”. En vez de “las vueltas”, que se utiliza en muchas partes para llamar al cambio que se recibe en una compra, en Cali se dirá el nombre en singular enriquecido con la partícula “de”, que explicita la acción de devolver: “la devuelta”. “El vigilante” o “el policía” de otras partes del país en Cali es “el guarda”. Cuando por una contrariedad una persona reacciona hoscamente ante otra, en la lengua de otras partes del país se dirá “se puso bravo”, “se disgustó”, mientras en Cali se empleará una palabra que de ordinario los no caleños sólo frecuentamos en la lengua de los libros : “se enojó”.  Por ese fenómeno de contraste lexical (que para algunos lingüistas también será semántico), el caleño detecta la diferencia de orígenes de quien le habla. Más aún, el hablante del más allá de la comunidad de habla de Cali puede emplear palabras que le informen a su interlocutor local no sólo de su exterioridad sino también de su pertenencia específica a otra comunidad de habla. Así, si dice “talego” en lugar de decir “bolsa” y “esfero”, en lugar de “bolígrafo”, el caleño podrá concluir que no solamente se las ve con alguien que no es del Valle sino que además se trata de alguien sujeto a la fuerza gravitacional del habla de Bogotá.  A no dudar, hay una fuerza generativa que aflora en la lingüisticidad del habla de toda comunidad y que viene desde lo más profundo de la identidad. En la lengua de Cali la triada “mirá”/ “ve”/ “oís” deja pensar en una especie de umbral de palabras que acusa la pertenencia a la comunidad de habla y que por tener tan íntimo conexión con los intangibles culturales nos resulta, a nosotros los foráneos, tan ajena. A tal punto, que la pronunciación de estas palabras en nuestros labios se llena de segunda intención o nos ridiculiza. Más arcano tiene aún, para la gente de tierra fría, el andamiaje expresivo no lingüístico en que se funda la inmediatez fraterna que une a los hablantes de la lengua de Cali y que se corporaliza en el “vos” o en el “tú”. Me atrevo a pensar que la soldadura de tipo lingüístico que da cercanía casi física a estos hablantes no es sino un acabado formal que completa otra soldadura de tipo visual en que la comunidad se reconoce. En Cali la lengua primero se ve, después suena; los gestos, la cadencia de los movimientos, las miradas, la medida de las distancias, las modalidades de interpelación, el acompasamiento de las casi-palabras, dicen tanto o más que las palabras. Es por eso que los foráneos, que tenemos más afincados los protocolos de acercamiento en las soldaduras lingüísticas, a veces nos sentimos sin recursos para entrar en la lengua de Cali.  Tenemos que reconocerlo: si hay una "vallecaucanidad", las raíces de su idiosincracia van más allá de la cepa de las palabras. 

El ars narrandi de William Ospina

El ars narrandi de William Ospina  Juan Moreno Blanco        Las maneras de narrar heredadas de la Edad Media europea, tales como la novela de caballería y las Crónicas de Indias, tenían entre una de sus características principales la centralidad de la conciencia del narrador. El Yo narraba lo que pensaba y se colocaba como ordenador absoluto de la totalidad narrada. Los ideales del caballero, en la novela de caballería, y la sed de aventura y lucro, en las Crónicas de Indias, eran la base de interés desde donde se comprendía y valoraba los acontecimientos que en su encadenamiento constituían la intriga narrativa. Esto hacía que fueran géneros muy compactos culturalmente, la mano que sujetaba la pluma narradora era presa de un ojo que veía la realidad de una sola manera. Luego vendrán, para el caso de nuestra lengua, las narraciones renovadoras de Cervantes y la novela picaresca en donde la realidad es nombrada con ojo crítico y distanciado: la urdimbre de las palabras ya no nos da en la narración una totalidad unida por unos valores centrales y absolutos. La realidad ya no es cosa homogénea, más bien es cosa dividida por la intención de una pluma no afecta a los sentidos acabados y normados culturalmente sino, por el contrario, proclive a dibujar el inacabamiento de eso que llamamos realidad. Ahora la narración es un organismo a la espera de un lector que aportará de sí experiencia, ser/estar en el mundo y mirada crítica-constructora.        La novela de nuestros días es heredera de esa renovación en el arte de narrar pero parece que a William Ospina no le tocó nada de esa herencia.        Su novela “Ursúa” (Alfaguara, 2005), es un ejercicio admirable de mimetismo en que el escritor logra resucitar el ars narrandi de la Crónica de Indias que fue escrita, casi siempre, por españoles en el siglo XVI. Es tan grande ese mimetismo que su novela podría ser vista como una Crónica de Indias escrita y publicada en el siglo XXI. Ella es el retrato de seres humanos que se mueven en América siguiendo los mapas mentales y las instituciones de la España Imperial: las motivaciones de la presencia del protagonista en el Nuevo Mundo son “el mayorazgo” (que lo dejó sin herencia en España), y la ambición de “valer más”; la verdad de “lo que pasó” depende de que ésta sea contada por súbditos de la Corona; el Otro del Nuevo Mundo (“el indio”), no tiene voz, tampoco conciencia.        Pero la principal institución del mapa mental de estos aventureros que dejarán memoria de sus aventuras en la tinta de la lengua escrita es la naturalidad de la violencia: a nombre de la Providencia y del Rey de España acaban “naturalmente” con la vida del Otro. En la novela de William Ospina encontramos otro tanto:“… y cargaron sobre poblaciones incesantes adornadas de oro y de plumas, y saquearon a sus anchas, y rezaron su gratitud a Dios con las espadas goteando rojo por bosques que hervían de venados” “Torturaban a los príncipes indios, exploraban las lagunas buscando el sitio de los rituales del hombre dorado, emprendían viajes absurdos llevados por el viento del peligro…”        En su libro sobre Juan de Castellanos (“Las auroras de sangre”, Norma, 1999), William Ospina nos decía su admiración por el ars narrandi español presente en “Elegías de varones ilustres de indias”:“He visto en sus páginas cómo vuelven a la vida las expediciones, los infinitos plumajes, los diálogos entre jefes de ejércitos; cómo se alzan ante nuestra mirada las selvas de América como fueron hace mucho, antes de que nuestra desdicha las arrasara; cómo arden las poblaciones, cómo cruzan el aire los dardos, cómo entra la punta envenenada en el pecho del guerrero, cómo azotan el agua las zarpas del tigre...”Todo parece indicar que el autor ha pasado de su admiración a un ejercicio de mimetismo atemporal. Lo curioso del ejercicio es que por la vía de esa manera de narrar se renueva el etnocentrismo tan propio de la “cultura colombiana”, heredado por supuesto de España. La Crónica de Indias era etnocéntrica, y eso es normal en la pluma de escritores españoles del siglo XVI; que una novela escrita en el siglo XXI renueve ese etnocentrismo es lo que más sorprende en la escritura de Ospina. Habremos de esperar las dos siguientes novelas que el escritor publicará próximamente para completar su prometida trilogía; esta primera ya nos da una antesala de lo que, por lo pronto, parece ser un ejercicio de estilo en que un americano logra escribir hoy sobre América como lo hicieron los españoles hace cinco siglos. 

El Señor Gobernador

El Señor Gobernador   El “converso saca micas”, el uribista bugueño, el ex sindicalista exitoso, el ex ministro de Pastrana, el de la izquierda centrista, el liberal de corazón, el de los extensos monólogos de media noche en la frecuencia ciudadana, el ejemplar ejemplo de libertad y oportunidades en Colombia, la comparsa amaestrada de Uribe en Washington, un demócrata con libreto de Estado, el mismo que según Ramiro Bejarano, que también es bugueño, saquea la Industria Licorera del Valle. El Señor Gobernador se nos bebió el departamento. A Washington, Uribe además del Señor Gobernador, llevó a Paula Marcela Moreno, la nueva ministra afrocondescendiente de Cultura. Para mostrarle al caucus negro del Congreso que en su gabinete al menos tiene una negra. Borges era de la misma opinión. Para lo que vino a servir el Señor Gobernador. Desde que es Gobernador no se sabe a quién sirve, fuera de él mismo. Papá Noel le preguntó públicamente si era del Polo o no, pero el Señor Gobernador, que todas las noches de la vida sostiene entretenidos monólogos en la televisión pública regional, no respondió. Luego fue el otro Garzón, el buen amigo de María Ema. Le pidió que aclarara su filiación política de una vez por todas. Pero el Señor Gobernador no respondió. Sin decirlo se declaró independiente. Señores del Polo no hagan cuentas conmigo. Miren para qué vino a servir tanta independencia, para terminar de mascota amaestrada del lobby uribista en Washington.  El Señor Gobernador tuvo un desempeño notable en Washington, cumplió su papel, dijo lo que tenía que decir. El Presidente regresó muy contento. Aún así, El Señor Gobernador retornó algo menos que consternado por la crudeza con que los miembros del Congreso trataron a su Presidente. Sin respeto por la dignidad del cargo, es decir sin ambigüedades. De manera directa, descarnada, conminatoria. No valió la retórica paisa, no fuero necesarios los diminutivos, no tuvo con qué ocultar las evidencias. Ellos quieren resultados y él sólo puede entregarles estadísticas. Entendemos Señor Gobernador, pero no lo acompañamos en su pena.       

Otra lección de anarquismo

Otra lección de anarquismo

Colombia es un país en donde la escéptica consigna de “piensa mal y acertarás” se ha quedado corta. Casi siempre pensamos mal, que fue como nos enseñaron, pero aún así, no acertamos en la realidad caníbal de los hechos. Quisiéramos imaginarla peor de lo que es, para que en realidad no fura tan cruda, pero es muy difícil. Cuando la pensábamos bien, la realidad nos desmentía, y ahora que la pensamos mal, también. Por eso terminamos en el anarquismo.

La sociedad civil está en indefección frente a los poderes instalados. No tiene partidos propios, no tiene un capital civil disponible, no tiene medios de comunicación, algunos de sus derechos constitucionales el Estado no los hace respetar. (Recuerden el hundimiento de la ley de igualdad social y patrimonial para parejas del mismo sexo. Hundida, cuando ya había sido aprobada en sesión final, por acción de unas onces celebratorias en Palacio que arruinaron el quórum de conciliación).

Pensemos mal: el “Estado constitucional” representa a la pandilla civil y militar “democráticamente” puesta en el poder por vía electoral. De la acción monopolista legal de la fuerza, ejercida por el Estado legítimo, se pueden esperar hechos ajustados a la ley, pero también atrocidades que quedan impunes, y otras ante las cuales el Estado ha tenido que pedir perdón. Matanzas de civiles, retenciones ilegales masivas, falsos positivos, alianzas con paramilitares, fuegos amigos y fuegos “enemigos” al encontronazo entre funcionarios oficiales trabajando para dos poderes distintos.

El “Estado mayor” guerrillero, ese casi mítico Secretariado de los guerrilleros más viejos del mundo, de donde salen comunicados que van a dar a la Internet; ese también es una pandilla militar que sólo se representa a sí misma, aunque tenga cartillas políticas impresas en tinta roja. De ella solamente pueden esperarse atrocidades: reclutamiento de niños y jóvenes, secuestros extorsivos, asesinatos de ciudadanos extranjeros, violencia indiscriminada contra la sociedad civil, ataques a ambulancias, tráfico de cocaína, violencia ambiental, ejecución de prisioneros, campos de concentración, carros bombas, burros bombas.

El “Estado para”, de la misma manera, no se representa sino a sí mismo, sin cartilla de ninguna clase, con las armas, pero necesita Estado. Los jefes han llegado al poder por las armas, pero eso no quita que se necesitan políticos, abogados, cargos, presupuestos, contratos, votos.

El Estado Para es un híbrido concebido en la concurrencia devastadora de los distintos poderes. Surgió con sanción legal original, para enfrentar como “justicia privada” a las FARC. El Estado no actúa directamente en él, por el contrario legalmente debe combatirlo. Uribe incluso ha ido más lejos, lo ha desmovilizado para un proceso de paz. Actúa extraoficialmente a través de agentes políticos y militares, algunos de los cuales hoy están en la cárcel, son procesados por la justicia o están prófugos. Y el “Estado mafioso” que le da al paramilitarismo su sabia de alta pureza, para que se nutra bien y crezca sano.

Once cadáveres y cinco hipótesis

Once cadáveres y cinco hipótesis  La desgracia del intercambio humanitario es que esté en manos de Uribe y las FARC. Es curiosamente extraño que las FARC arruinen una “mercancía” – según expresión de Feliz de Bedout en la W –, un “dinero” –según expresión de Samper – con los que participarían en un presunto proceso de intercambio de retenidos. Han “cuidado” por cinco años a un grupo de diputados secuestrados del Valle del Cauca ¿Para qué echar a perder la mercancía? ¿O la mercancía se echó a perder por causas que no controlan ni convienen a las FARC?  ¿Qué pasó realmente en torno a la muerte de los doce diputados del Valle del Cauca? Se han tejido cinco hipótesis. Aunque el cubrimiento de medios, las declaraciones de organismos internacionales, la acusación directa del gobierno y la oposición, y especialmente la falta de pruebas de las FARC, han terminado por dejar como aceptada la versión de que se trató de un ajusticiamiento de los políticos secuestrados.   Las cinco hipótesis. Los diputados murieron en el fuego cruzado entre el ELN y los hombres de las FARC que cuidaban a los secuestrados. Los diputados murieron en un fuego cruzado entre un comando de Águilas Negras y la gente de las FARC. Los diputados fueron ajusticiados cuando las FARC descubrieron a un comando de elite de las Fuerzas Armadas infiltrado para provocar el rescate. Las FARC ajusticiaron a los diputados como represalia por la muerte de J.J, ocurrida el 15 de junio en algún lugar del río Cajambre. (No se ha encontrado hasta hoy su cadáver). Los diputados que se movilizaban en grupos de a tres, y que habían sido movidos por el occidente y sur del país, ya estarían muertos, y la versión de su deceso el 18, sería una cortina de humo. El ELN está pidiendo que lo saquen de la lista internacional de terroristas como condición para el cese, no tiene interés en provocaciones militares que alteren los planes de negociación. Las Águilas Negras tendrían todo el interés en realizar un operativo de rescate de los diputados, que les permitiría aparecer ante la opinión pública con una imagen justiciera y aplaudida. Si el gobierno hubiera intentado una liberación por la fuerza, habiendo saltado las rutinas establecidas, como informar a los familiares, y se hubiera producido un fuego cruzado, no tendrían por qué haber muerto once diputados. Si como informa Anncol los diputados perecieron durante un fuego cruzado cuando una “fuerza no determinada” intentó un operativo de rescate, no deberían haber muerto todos. Y si murieron fue porque previamente las FARC los reagrupó.  El mismo día en que se reportó la muerte, delegados de tres países europeos sostenían conversaciones con Raúl Reyes. Las FARC no han dado pruebas de su propia versión. Lo mínimo sería aportar un video del fuego cruzado y la muerte de los diputados. Información de prisioneros que declarasen ante cámaras que efectivamente el ejército iba con instrucciones de rescate. Han dilatado quince días la entrega de los cadáveres. ¿Pero es que podrían negarse ante el dolor de unos familiares para los que la espera terminó en tragedia? Desde luego que podrían, la entrega de los cadáveres equivale a la entrega de pruebas. Aun echada a perder la mercancía, puede serle muy útil a Uribe.

Una hermosa venganza

Una hermosa venganza  

  Juan Moreno Blanco

  En alguna ocasión Gabriel García Márquez dijo tener la convicción de que las músicas del Caribe, a pesar de su aparente fervor y colorido, llevan consigo una profunda tristeza. Esta afirmación coge de sorpresa a quienes siempre hemos visto en la música que bailamos el mejor transporte hacia la alegría. Es difícil imaginar que esas músicas tengan en sus orígenes condiciones sombrías o historias que conciten apocamiento o melancolía. Empero, si nos sobreponemos al olvido que está detrás de la alegría y miramos con cuidado las historias diversas de esas músicas de nuestro continente (la samba, el son, el jazz, el reggae, el blues, la salsa, la cumbia y absolutamente todas las músicas del Caribe), les encontraremos un punto en común: todas coinciden en tener una fuerte influencia de las culturas provenientes de África, es decir, de la cultura grande de los esclavos, los seres humanos que desde su llegada al continente estuvieron encadenados y reducidos al piso ontológico inferior de la sociedad colonial. ¿Cómo y cuándo pudieron crear y diseminar por la América toda esas músicas que nos parecen tan alegres, ellos que se hallaban humillados y sometidos?        Muy probablemente, éstas fueron forjadas en los poquitísimos momentos y espacios de libertad en que los esclavos eran dueños de sí mismos. Debieron brotar en esos momentos irrepetibles de eternidad en que el furor de los por un momento desencadenados habría de llegar al tope; allí pusieron toda la libertad de la que eran capaces. Tal vez es precisamente eso lo que explica la vitalidad e intensidad de esas músicas que nos parecen simplemente “alegres”. En esos momentos estaban expresando la humanidad que ningún amo podía robarles. Y es eso lo que hoy bailamos; el negro puso ahí, para durar, la marca sonora que ha atravesado los tiempos y se ha impreso en la cultura que llevamos dentro.        Las paradojas de la historia han querido que muchos latinoamericanos que presumimos de no tener sangre negra no teniéndola en las venas sí la tengamos en las palabras y los ritmos que bailamos. A través de la música, lo negro ha participado en nuestra educación sentimental y en la formación de nuestra estructura personal. En contraste, y ahí hay otra paradoja, el amo blanco, el que puso con el hierro al rojo vivo su marca sobre la piel negra, casi se hizo culturalmente transparente. Pareciera que en la perennidad de las músicas que bailamos el negro estuviera cumpliendo una hermosa venganza.        A través de los siglos, la africanidad de las músicas americanas se ha burlado de ese desprecio que fue muy usual escuchar en los estrados de la cultura letrada “nacional” desde donde se escuchaban opiniones como las que profiriera en 1936 Daniel Zamudio, profesor del Conservatorio Nacional, con respecto a la cumbia y otras músicas colombianas con notable influencia negra: “.. es forzoso preguntar si debemos expedirle carta de naturaleza en nuestro folklore (…) esa música, que no debiera llamarse así, es simiesca. La rumba pertenece a la música negra y traduce fielmente el primitivismo sentimental de los negros africanos (…) El aporte de la música negra no es tal vez necesario considerarlo como parte del folclore americano”[1]. Que en éste u otro país se haya querido olvidar la vena cultural procedente de los afroamericanos, muestra bien que el racismo tiene una larga historia. Ahí están, para ejemplo, la milonga y el tango, músicas de las que muchos han olvidado su inicial base musical negra, así como se olvidó que en Argentina también hubo esclavos negros. Y seguirá sin duda, hasta más allá del día de mañana, la larga estela de olvidos de una cultura que no quiere reconocer su herencia africana … y los racistas que manejan nuestras instituciones seguirán, hasta más allá de pasado mañana, bailando, como si nada, músicas de inspiración negra.          


 

Colombian dream

Colombian dream

  Se cayó el  proceso que juzgaba a 77 soldados de la patria por un delito de peculado por extensión. Rodrigo Triana hizo una película – Soñar no cuesta nada - que cuenta la historia. Un destacamento militar de 110 soldados, al mando de un teniente en la selva del Caquetá, encontró una caleta subterránea donde había más de 40.000 millones de pesos entre pesos y dólares. Los soldados, como lo hubiera hecho cualquier colombiano, se repartieron el dinero, incluyendo al oficial. Cuando regresaron de la misión con los morrales rellenos de plata el avión casi no levanta. Pero Dios que es grande permitió que todos volaran.  

                                                              Los soldados, como lo hubiera hecho un buen colombiano, se emborracharon con el dinero, consumieron hasta quedar locos, dejaron evidencias aquí y allá, cerraron burdeles, compraron carros y quemaron billetes. Algunos crédulos volvieron a sus guarniciones donde fueron detenidos cuando el escándalo estalló. Otros se perdieron con los bolsillos llenos. 13 de ellos fueron “procesados” por las FARC, por lo que sería el cargo menos hipócrita: robo. Porque a la mala conciencia nacional lo que le pesa es el dinero. Todos los dedos señalaron a las FARC como las propietarias de los dineros ilegales, provenientes del narcotráfico, que uno de los soldados descubrió accidentalmente mientras cagaba.  El Estado - el gobierno y la justicia - asumió - como todos - que los dineros eran de las FARC aunque el delito incurso era peculado por extensión: desviación de recursos oficiales de una asignación presupuestal a otra. Para que la incriminación por desviación de dineros tuviera seriedad – si es que puede tenerla - habría que asumir que los dineros eran recursos oficiales con asignación presupuestal. Porque sino lo eran, técnicamente se estaría enjuiciando a los soldados de la patria por un peculado con dineros de las Farc. Y hasta donde sabemos, la tecnología del blanqueado de las Farc no ha llegado al punto de inflar los presupuestos oficiales para legalizar sus recursos. ¿O sí? 

                                                               La ley dice que los bienes hallados por funcionarios del estado en el desempeño de funciones, quedan automáticamente sometidos a custodia, un protectorado oficial para cualquier tipo de bienes incautados o accidentalmente hallados. Pero a los soldados no se les informó, y si lo hicieron no lo recordaban, y si lo recordaban, igual, todos eran colombianos. Así que pensaron que si el dinero lo habían encontrado ellos, era de ellos, como pasa en la realidad. ¿Cuántas investigaciones se han hecho contra funcionarios por quedarse con dineros de las incautaciones del narcotráfico?  La ignorancia de la ley no es justificación. ¿Entonces por qué no se los encausó por el delito de violación de custodia? Por desconocimiento de la ley o por falta de reglamentación orgánica. Porque no se los podía no encausar, pero no se les podía condenar. O simplemente porque se gastaron todo ese billete. Pero ¿no será que esos muchachos que le estaban poniendo el bulto a la leishmaniasis, a la lluvia y a las balas, se merecían una recompensa no oficial a nombre de la seguridad democrática?      

Una lección de anarquismo

Una lección de anarquismo   La devoradora máquina chaplinesca, la cabeza del leviatán, el aparato armado de clase, el monopolio oficial de la fuerza,  las dictaduras proletarias, el órgano legal de opresión, las teocracias, los gobiernos de Dios, las monarquías, el imperio de la ley, el gran hermano. Como se lo quiera motejar, con cualquiera de los alias conque históricamente se lo reconoce, el Estado ataviado con su manchada piel de cordero, le infunde al anarquismo el mismo horror que al barroco le produce al vacío. El anarquismo del siglo XXI es continuador de una saga de dos siglos anteriores, de abominantes del Estado.  La moderna utopía anarquista nace de la utopía marxista, una sociedad sin Estado. Pero se necesita ser más anarquista que marxista, para imaginar honradamente una sociedad sin Estado, y por ende, para imaginar una sociedad sin clases. Los marxistas perecieron en el intento, porque debieron dedicarse a fortalecerlo ahí en donde se lo tomaron por la fuerza. Los anarquistas por principio nunca se toman el Estado.   En el siglo XXI, por una consideración típicamente anarquista, se podría reconocer que la disolución de las clases tomaría más tiempo que la disolución ambiental del planeta, a juzgar por la velocidad de la degradación provocada, mostrada por Al Gore en su “Verdad inconveniente”, que le mereció un Oscar. Estamos en las épocas en que la más verosímil ruta de disolución del estado proviene de la disolución ambiental del planeta. Sin ser un programa, el modelo de producción capitalista está haciendo realidad el más delirante programa anarquista: el suicidio ambiental de la especie.   Los marxistas nos legaron un método probado de lectura de la historia que conserva un cierto grado de utilidad. Siempre fueron mejores interpretando el pasado que gestionando la utopía. Los anarquistas mucho más tácticos que estratégicos, siguen siendo prometeos desencadenados que arrastran la tragedia de su utopía, arrebatarle el fuego al Estado.   Si hay un mínimo y respetable programa anarquista, es el de la defensa absoluta de todos los derechos humanos, civiles y simbólicos consagrados, contra la acción de cualquier estado y paraestado, de cualquier signo, cualquier color, que por razones formales o indeclarables, los violente de hecho o en derecho.

La mejor garantía del ideal anarquista en el siglo XXI, es la defensa incondicional de la sociedad civil, del medio ambiente, de las minorías étnicas, de las víctimas de guerra, de los excluidos, de los animales, frente a los estados, en cualquier lugar del mundo. El anarquismo aborrece las excepciones frente al poder, por las que en virtud de la sospechosa necesidad de un alineamiento políticamente correcto, se aplaude a un Estado, lo mismo por lo que se condena a otro. Eso es simplemente liberalismo.

La canallada “bolivariana”

La canallada “bolivariana”  Pérez Jiménez también cerró medios. Rojas Pinilla clausuró el Tiempo y el Espectador. La caída de Anastasio Somoza comenzó cuando el régimen asesinó a Chamorro que dirigía la prensa de oposición. Pinochet cerró diarios, quemó el Quijote, intervino las frecuencias.  El domingo 27 de mayo a las doce de la noche emitió Radio Caracas Televisión (RCT) por última vez. Fue clausurada por el gobierno del Coronel Hugo Chávez. Guardadas proporciones es como si en Colombia el gobierno cerrara a Caracol televisión. Un acto contra la libertad de expresión - por la razón que sea - no deja otra impresión a la comunidad internacional que de debilidad del gobierno frente a la oposición de los medios. Hay que acallarlos porque dicen y muestran cosas que es mejor que se sepan en una versión oficial. El Coronel Chávez dio dos razones para el cierre. Porque RCT es fascista y golpista. Sería muy decente que los códigos criminales de todos los países tipificaran el fascismo como delito. (Ignoro si en el código penal venezolano está como tal). En ese caso se detendría a los miembros de RCT que hubieran incurrido en el delito de fascismo. En la acusación de golpista, el asunto es más claro, si miembros de RCT pueden ser incriminados con pruebas suficientes para abrir procesos de sedición, asonada o delito de rebelión, que se los detenga y procese. De facto se está dejando a una nómina de 3000 personas sin trabajo. Todas las telenovelas de RCT salen del aire, no queda más que la oficial. Si no hay pruebas contra miembros en particular, y si no hay pruebas que incriminen a 3000 personas, entonces estamos frente a un delito de opinión. Las razones por las cuales se cierra RCT son políticas, tienen que ver con la orientación de los contenidos informativos, que constitucionalmente RCT – lo de la licencia de operación es una leguleyada - está en el derecho de emitir, como lo venía haciendo desde hacía 56 años. Que Hugo Chávez se equivocó, mirándolo desde la perspectiva del gobierno venezolano, no le puede causar dudas a nadie. Dentro del gobierno posiblemente haya más de uno que lo piense, aunque por instinto de supervivencia nunca lo dirá. La señal que el gobierno venezolano ha enviado al mundo es de debilidad. Es el acto de un gobierno, que con la prerrogativa del poder, excluye una franja de opinión que le es adversa. La censura de este calibre a los medios es posible, entre otras cosas, porque en Venezuela no hay independencia de poderes. Todos se han fundido bochornosamente en una masa hegemónica de estirpe autoritaria, militarista y demagógica.