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Alberto Rodríguez

Temas de opinión

“Se le voltearon los santos” a Juan Manuel

“Se le voltearon los santos” a Juan Manuel Para Uribe no se sabe qué es peor, si dejar a Juan Manual Santos en el Ministerio o pedirle que se vaya. Terminó tan encartado con el presidenciable de la Casa Santos que haga lo que haga, la decisión se le devolverá. Uno de los problemas de Santos es que lo detesta mucha gente. Eso no es lo más grave, al fin y al cabo se lo merece. Lo peor es que a muchos les dio por pasarle al tres veces ministro la cuenta de cobro. Santos se fue contra Maria Ximena Dusán y a favor de Rojas Girón (Ex director de fiscalías del Valle) implicado en un proceso por defender intereses de Lorena Henao, la mujer de Iván Urdinola. Santos fue el artífice del complot político del gobierno contra Rafael Pardo. Lo acusó de tener vínculos con las FARC para favorecimiento político y luego a Uribe le tocó salir a decir que no había pruebas y que su gobierno se disculpaba. Santos salió a responsabilizar a los oficiales comprometidos en el escándalo de los “falsos positivos” y una semana después dijo que eran inocentes. Santos, igual que Uribe, sabía que los teléfonos estaban chuzados, los de los enemigos, los de los amigos y los del centro.  En 1997 Santos se convirtió en el gerente de una iniciativa para “refundar la nación”. Pretendía que las FARC y las AUC se pusieran de acuerdo para emitir un comunicado en el que pedían a Samper que se fuera, para poder hacer la paz. En el mismo comunicado los grupos armados aceptarían que Santos liderara el proceso de paz y sacara adelante la idea de una Asamblea Constituyente. Carlos Castaño – interlocutor de Santos – dijo “A mi no me disgusta la idea”. No sabemos exactamente qué dijo Raúl Reyes. (Mauricio Aranguren. Mi confesión: Carlos Castaño revela sus secretos) Mancuso la semana pasada dijo que Santos se había reunido con él y con Castaño, para ver lo de la caída de Samper y para buscar pruebas de su relación con el narcotráfico, que Castaño tendría. Samper le dice a Uribe el domingo, que tener a Santos – un golpista – en el Ministerio, es como tener a Drácula en el banco de sangre. José Vicente Rangel acusa en su programa de televisión a Santos, de orquestar un proyecto de desestabilización en Venezuela, con la participación obvia de los Estados Unidos y del cartel del norte del Valle. Y como si todo esto no bastara para prender las alertas en el banco de sangre, hasta D´Artagnan en su columna dominical del Tiempo, se le va a Santos. Aquel se pregunta: “Si Mancuso dice que Juan Manuel Santos visitó a Castaño para proponerle derrocar a Samper ¿eso es falso o un miserable chantaje paramilitar contra el Ministro? Si el 55% de los colombianos le creen a Mancuso, entre los que nada de raro tendría que estuviera D´Artagnan, la respuesta sería: no, no es un chantaje. El gobierno Uribe quería que los paramilitares desmovilizados y detenidos dijeran la verdad. Bueno, al menos la mitad del país, cree que la están diciendo.  

¿A qué renuncia Fernando Vallejo cuando renuncia a ser colombiano?

Si legalmente es posible cambiarse el nombre, también lo es cambiarse la nacionalidad, de hecho una persona deja de ser colombiana cada día. Pero así como no se puede renunciar a ser un Santos o un Araujo, porque no se renuncia a la sangre, tampoco se renuncia a ser colombiano, porque no se renuncia a esa sangre nacional por la que somos en gracia a lo que el país ha hecho de todos nosotros: Vargas Vila, García Márquez, Fernando Vallejo, Laureano Gómez, Alvaro Uribe, Gustavo Petro, Tirofijo, Santodomingo, Mancuso, los Rodríguez, Samper, Botero, Shakira y Juanes. Colombia no podría ser explicada sin ellos, y ellos a su vez, no tendrían explicación sin ella.

Vallejo renuncia oficialmente a ser internacionalmente reconocido como colombiano, ahora es legalmente mexicano. Tiene con ese país, esas indómitas honduras del afecto y la vida que tuvo nuestro Barba Jacob y bien tiene el Gabo y Mutis. Si la renuncia legal constituye una traición, como ya lo han dicho, es una traición de menos rango que la que podría consumarse si se le entrega legalmente el mercado nacional a las compañías transnacionales por gracia de un TLC aprobado. Más grave que lo de Vallejo, si fue que traicionó la patria, es traicionar un amor. Y amores se traicionan todos los días. Vallejo puede renunciar un millón de veces a ser colombiano, pero no por eso dejará de serlo. Desde comienzo de siglo, este es el año en que más “deserciones” nacionales ha habido, 522 hasta hoy, cuando en el 2001 los que renunciaron fueron 523. Vallejo tras casi cuarenta años de haber abandonado el país, seguirá siendo un colombiano y morirá como un colombiano, porque nunca somos capaces de traicionarnos absolutamente. Lo que a muchos colombianos irrita es que uno de los suyos abjure de la familia nacional, reniegue del país, pero más por motivos de orgullo herido que porque les importe un pito la suerte de un “apátrida”.

Cuando Vallejo habla de Colombia, no se refiere a la nación de todos, o a la que debería ser de todos, se refiere a la Colombia de las castas amangualadas, a la de las pandillas que se turnan democráticamente el desafuero, el saqueo, los negocios, los pactos clandestinos, las leyes y las reformas. Pandillas desarmadas y armadas, políticas y castrenses, legales e ilegales, pandillas de la inteligencia y la fuerza. “Colombia no tiene perdón ni tiene redención. Esto es un desastre sin remedio”. Cuando Vallejo así abre el libro sobre José Asunción Silva, que apareció en 1995, se refiere a la Colombia que excluye, que sacrifica, que arroja a sus hijos fuera del país. Como la que arrojó al Gabo, cuando la pandilla turbayista quiso manosearlo con el afair del M-19 y Cuba. Cuando Vallejo habla de Antioquia y Medellín, no habla de la Antioquia y la Medellín que deberían ser de todos, habla de esas que colonizaron a punta de mala política y bala, las pandillas. Vallejo no renuncia a la Colombia que para bien o para mal llevamos puesta, a la que sobrevive no se sabe cómo a la desgracia nacional, no puede. Renuncia a esa Colombia de “la peste por todas partes, el sarampión, la viruela, el liberalismo, el conservatismo, el catolicismo, la fiebre tifoidea”.

Los amigos del presidente

Los amigos del presidente Que haya diez congresistas tras las rejas, veinte que faltan, dos ex gobernadores, siete concejales, y otros como el Senador Caballero que huyen, todos amigos del Presidente, debería en un país normal hacer pensar, al menos, que el Presidente no sabe escoger sus amigos. Los que están empapelados por la Corte son sus ex socios electorales en las elecciones del 2002 y el 2006. A pesar de esto, la lectura uribista del proceso es una lectura de blindaje, con el mismo argumento que Samper esgrimía para defenderse, “pero si fui yo el que metí en la cárcel al cartel de Cali”. En este caso, ¿cómo me van a acusar de paramilitar, si tenemos a más de treinta jefes paramilitares detenidos en Itagui? Pero aún así, todavía el paraproceso no es otro 8000, es algo peor, dice el Fiscal Iguarán. No lo es, en nuestra opinión, porque todavía falta que Uribe salga por la televisión e decir que todo fue a sus espaldas. Uribe no sabe que en Colombia, en la Costa, negociar con paramilitares se volvió una forma de “hacer política”. Uribe no sabe que para ganar las elecciones en algunas regiones era necesario ser socios de ellos.

La lógica del argumento defensivo es muy fuerte. La premisa es: a los amigos no se los mete a la cárcel. Si fuéramos socios, estarían libres, trabajando. Conclusión: si están en la cárcel es porque no son mis socios. ¿Qué más quieren? Si se les cree a los paramilitares, en la pasada legislatura tenían el 30% de los escaños. Hoy seguramente después de un proceso de justicia, paz, reconciliación y ternura, el número de agentes paramilitares en el Congreso sea mayor.

El único defecto de un argumento tan blindado, es que no se libra de la reducción al absurdo. Si reducimos el argumento, podría ser que justamente por ser socios es que están en la cárcel. ¿Qué tan absurdo es que un absurdo semejante pudiera darse en Colombia? De cualquier modo, al llamamiento final de la Corte Suprema, faltarán los que siempre faltan. Los que faltaron en el proceso de Gaitán, en la investigación de aquel 19 de abril, los que faltaron en el caso Samper, en el caso Galán, los que faltan en el genocidio del Palacio de Justicia.