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Alberto Rodríguez

Temas de opinión

Free Pussy Riot

Free Pussy Riot

 

Punkeras feministas rusas encarceladas en Rusia. Toda su obra se reduce a seis canciones y cinco videos. Sus grabaciones aficionadas, sus voces poco educadas, han sido desestimadas por no ser profesionales, y en cambio, provocadoras y obscenas. Sus videos dan cuenta del movimiento de resistencia civil ruso, contra ese fantasma vivo de la KGB, Putin el Maldito, que las condenó a dos años de prisión por el delito de vandalismo (artículo 231 CPR)

Fueron condenadas por interpretar una “oración punk” en la catedral de Moscú en febrero, que protesta por el apoyo de la Iglesia Ortodoxa Rusa a Putin. El grupo se presentó con diez miembros, cubiertos con pasamontañas de vivos colores, cantando “Lancen los adoquines”, una protesta con humor y rabia contra las inminentes elecciones parlamentarias. “Las boletas de voto serán usadas como papel higiénico”, dijeron en su blog.

La primera canción y video del grupo fue difundido el siete de noviembre, día de la celebración del aniversario de la revolución bolchevique de 1917. Un mes antes, Putin anunció que él y su protegido, Dimitri Medvedev, intercambiarían sus cargos. El anuncio sucedió a las elecciones regionales. Observadores y críticos del gobierno denunciaron fraude y salieron a las calles.

En su blog, precisan las chicas del grupo, que “comprendieron que la Primavera árabe rusa, carece de liberación política y sexual, osadía, un látigo feminista y una presidenta”.

Aunque no entiendo lo que cantan, me gustaría que me flagelaran con el látigo de su música y con el otro si fuera posible, me gusta la osadía sexual que pregonan, me gustan sus caras, su expresión de alegre dignidad en el momento de recibir la condena, me gusta que el mismo día hayan tenido otra canción que regalaron al mundo, me gusta que hasta los punketos y las punketas se levanten contra esa abominable engendro del poder que es Putin, alimaña venenosa de muy oscuro pasado, me gustaría que la de las Pussy Riot, fuera otra causa, como la del soldado Manning y la de Julián Assange.

Me uno a Amnistía Internacional, a Madonna, a Paul McCartney, a Elton Jones, y a millones de personas en el mundo para gritarle a Putin y a todos los que se le parecen: Free Pussy Riot.

Así van a ser

Así van a ser

No es que las conversaciones para el fin del conflicto en Colombia hayan comenzado mal, es que así van a ser, porque lo único que no se puede soslayar, es el carácter de quienes se sientan a “firmar la paz”.  

Ayer desde la Habana, vimos después de diez años a los hombres de las Farc, El Médico, París, Granda, Calarcá, convertidos en interlocutores del gobierno de Santos. Como a plomo no se pudo, pues hay que hablar. Y para hablar, el gobierno, más que las Farc, tendrá que tragarse una variedad adobada de sapos venenosos. Al fin de cuentas se está hablando con el “cartel rojo”. Eso no se le puede olvidar a nadie.

Lo primero que pidieron las Farc, fue que Simón Trinidad, condenado a sesenta años en una cárcel norteamericana, sea liberado, para que vaya a Oslo a conversar. El primer sorprendido debió haber sido el gobierno. No caben dudas que fue una primera sorpresa, lo que nos hizo pensar que las conversaciones preliminares, hubieran podido ser utilizadas como mecanismo para agitar la causa de los “presos políticos” en cárceles norteamericanas. Si no hubiera sido una sorpresa, el gobierno habría tenido que disuadir a las Farc de la petición de última hora, porque no es realista, según Santos. No está en manos de los negociadores satisfacerla. De no haber sido posible disuadirlos, no se habría publicitado el inicio de una ronda más de conversaciones para la terminación del conflicto.

No es que se haya producido un aborto. Ninguna de las partes quiere desistir, porque a ambos les conviene. Al gobierno porque de lograrse, Santos se convertiría en el “presidente de la paz”. Y a las Farc, porque les permitiría hacer política, ir a la cámara y al senado, como Pablo Escobar, como el Gordo García, como Eleonora Pineda, o Alberto Santofimio. Y además, se le bajaría la presión al negocio de los “empresarios de la industria vegetal”, como se autocalificaba Gustavo Gaviria.

El mensaje que deja el primer round, es que los hombres del “cartel rojo” llegan como si tácticamente no hubieran sido golpeados; como si  hubieran utilizado las conversaciones previas para sacar de la chistera un conejo explosivo, jugándole sin realismo al gobierno; diciendo que desde febrero no secuestran oficialmente, aunque las asociaciones  de víctimas del secuestro de las Farc reportan entre 500 y 800 secuestrados; y llegan diciendo que ya no son narcotraficantes.

Nada de qué sorprenderse, son los hombres que se van a sentar al otro lado de la mesa, empresarios del terror, administradores de campos de concentración, secuestradores, homicidas, violadores, narcotraficantes. Tienen el prontuario suficiente para ser senadores.  En ningún cálculo está, que acepten que son lo que son, aunque de hacerlo – con justificaciones por causa del conflicto – darían una bofetada política a todos los gobiernos, al de Santos, haciendo explícita la aceptación – tantas veces rechazada con patriótica indignación – de que es con terroristas y narcotraficantes con quienes hay que negociar el fin del conflicto. Es realista.     

El laberinto de la agenda

El laberinto de la agenda

A tono con los tiempos modernos el primer problema para el proyecto de paz en Colombia es la agenda. Necesita tener en cuenta tres flancos internos. El carácter de los interlocutores, la negociación en medio del conflicto y el cese al fuego. Los aspectos logísticos, el dónde (no es lo mismo conversar en La Habana que en Oslo), la confidencialidad (que una vez conocidos los pronunciamientos de Santos y de Timochenko, se echó a perder) y el plazo, se han estado discutiendo desde que Santos asumió el gobierno.

Se va a negociar con un grupo narco terrorista, reconocido por la Unión Europa, los Estados Unidos y los delegados del gobierno. De tal forma que el narcotráfico tendría que estar en la agenda. Por fatal que suene, aunque se inscriba, ninguna negociación afectará la existencia del negocio, mientras no haya un acuerdo internacional de legalización. Que no haría parte de la agenda.

La escalada del gobierno contra las Farc desde la muerte de Reyes y la escalada de las Farc, justamente al final del primer tiempo del gobierno Santos, son catalizadores del proceso que comienza. Un cese al fuego es un solo y exclusivo punto de una agenda preliminar ad hoc. ¿Gobierno y Farc están dispuestos a un cese al fuego? No lo creo, son enemigos crónicos, retrecheros y mañosos, ambos. No son capaces de darse la prueba de confianza.

Sobre el término de negociación, su horizonte, Fabio Valencia dijo hoy al Espectador  “Por eso digo que esto no debe durar más de seis meses. Más allá es carreta”.

El asunto de la mediación internacional, la participación de Venezuela en particular,  es un componente nuevo, con respecto a las agendas de Betancourt, Barco y Gaviria. Venezuela es parte del conflicto. Pretendió declarase neutral respecto a él, aunque los lazos bolivarianos con las Farc, lo que quiera que sean, son vinculantes. El entorno del narcotráfico en Venezuela no es ajeno a la presencia de las Farc al otro lado de la frontera. Si se firmara la paz en Colombia, lo que sería mucho tiempo después de las elecciones de octubre en Venezuela, Chávez podría reclamar éxito en su mediación. Parecería muy poco, al lado del crédito efectivo que Santos se daría en un plazo cómodo en su agenda de reelección.   

En cualquier condición y en cualquier orden que se maneje la agenda de las conversaciones de paz, serán los intereses del grupo de poder en cada país, los que orienten el curso posible de entendimiento necesario para llegar a un acuerdo.

¿Quién se la juega por la paz? Esa paz, que parece más una ficción nacional, una esperanza desesperanzada, un rey de burlas, siempre aplazada en los últimos cincuenta años. Porque si algo queda claro es que en todo el tiempo, las partes nunca se la han jugado de verdad por la paz.    

¿Se puede llegar a la paz sin ganar la guerra?

¿Se puede llegar a la paz sin ganar la guerra?

                                                               La pregunta que guía el sentido de una nueva ronda de negociaciones. Cuando Santos dice que “la victoria es la paz”, está reconociendo que por la guerra no se pudo. Ocho años de Monseñor no sirvieron para un carajo.

La paz en Colombia es como un péndulo, oscila según las conveniencias políticas de los gobernantes. Belisario la ensayó y terminó con la toma del Palacio de Justicia, Barco la ensayó y terminó con la extinción de la Unión Patriótica, Gaviria la ensayó y terminó con Casa Verde, Samper la ensayó y no terminó en nada, como siempre pasa con él. Pastrana, fue el campeón, hasta divagó con el Premio Nobel, terminó con el secuestro de un avión en el que iba un senador, que obligó a que el ejercito entrara por la fuerza a la república independiente del Caguán. Hasta Monseñor Uribe la ensayó, con emisarios, propuestas discretas, aproximaciones, pero para él, tanto como para las Farc, la vocación es la guerra. Que Santos la ensaye, no es la excepción, es la regla. Sabe que militarmente la pelea no se gana. Van cincuenta años y  lo que fue el sueño de un grupúsculo de marxistas de la Universidad Nacional, se convirtió en el negocio violento del cartel rojo. Con la paz nunca se ha ganado. 

No se olvide, que se van a sentar a negociar – seguramente con asistencia del Garzón citadino, ya nombrado para sumir  funciones - con un cartel de traficantes de cocaína, que administra campos de concentración y hace terrorismo entre la población civil. Un ente monstruoso, mafioso, etnicida, ecologicida, muchos de cuyos desertores corren a las filas del paramilitarismo, y muchas de cuyas mujeres son víctimas del sexualismo de guerra. Lo primero para negociar con las Farc, es saber quiénes son esos tipos que están sentados al otro lado de la mesa.

Para Santos la paz como política es necesaria, ha invocado la constitución para amparar la iniciativa, porque según sus voceros las condiciones están dadas, porque su hermano sin cargo oficial está monitoreando los contactos en la Habana, y porque es la primera de su carro de campaña a la reelección.

La rabieta del “señor de los anillos” no hay que tomarla a la ligera. Monseñor Uribe sabe que las Farc no tienen vocación de paz. Sabe que las Farc no están interesadas en la toma del poder, como quiso hacer creer Alfonso López cuando dizque ponía a pensar al país. Siempre que se han sentado ha sido para sacar ventaja táctica, para darse oxigeno, para reagruparse, para fortalecer el aparato. La paz para las Farc, es un recurso de guerra. Al menos es lo que la historia muestra. El dilema de Monseñor, es que la vía armada tampoco es la solución. El más que nadie, que utilizó todas las formas de lucha contra las Farc, sabe que mientras el negocio fluya, militarmente no van a ser reducidas. Después de que dio el golpe a Reyes, tácticamente redujo el embate, para dejar el problema vivo, como argumento político a favor de la necesidad de la segunda reelección. El coletazo se escaló en lo que va del año, más golpes, más voladuras, más asaltos, más minados, más muertos. Después de la muerte de Cano, las Farc reaccionaron como reaccionó el cartel de Medellín, cuando extraditaron a Carlos Lehder.

Para llegar a la paz hay que ganar la guerra, dicen los generales uribistas infiltrados en el gobierno de Santos. Lo que en romance se entiende: no vamos a llegar a la paz. Con tal ecuación no se puede negociar.

El sentido político más fino de la negociación parte de reconocer quiénes están sentados del otro lado, Timochenko, Márquez, Gómez, Catatumbo. ¿A qué han venido a sentarse con los delegados de un gobierno que necesita la paz como combustible de campaña?

Con las Farc hay que ser muy duros en la guerra económica, en cuyo campo no hay negociación. El arma estratégica de esa guerra es la legalización. En el terreno de lo negociable, el gobierno sabrá sopesar el costo de cualquier compromiso. Hoy más alto que el que debieron pagar los gobiernos pasados, en su intento por conseguir la paz.

La guerra, en efecto, es algo tan serio que no debe estar en manos de los generales.

Los antiguos socios

Los antiguos socios

Que Salvatore Mancuso, el más poderoso y sanguinario jefe paramilitar, hoy  tras las rejas en una prisión norteamericana, se vea obligado a pedir protección a las autoridades para su familia en Colombia, como consecuencia de sus declaraciones contra Monseñor Uribe Vélez, sugiere la peligrosidad que supone delatar al ex presidente.

Un temor similar habrá de asaltar al General Santoyo, el más poderoso intermediario político-militar entre el ex presidente y los paramilitares, cuando por motivos de garantías, prenda su ventilador.

La fórmula samperista de “todo a mis espaldas” que en su momento fue una babosada olímpica, un insulto a la inteligencia, no le sirve a Monseñor. A Samper, salvo el bobo Botero, no se le descarrilaron los secuaces, todos se mamaron el canazo sin haberse convertido en sapos.

El eslabón más débil de todas las formaciones mafiosas, oficiales y no oficiales, está en la figura del “antiguo socio”. Es una ponzoña natural que se clava cuando el “cuerpo” hace crisis. Lo que Monseñor hizo en su doble periodo, al menos la mitad de los colombianos, lo sabemos. Y muchos de sus defensores gratuitos, también, pero lo defienden. Es el “efecto Uribe” en la cultura del país.

Santoyo, el chuzador, fue exonerado por el Fiscal, al servicio del ejecutivo. Es el ventilador más peligroso contra el cuerpo de poder de Uribe. Viene de su entraña administrativa. Mancuso era un aliado por debajo de la mesa. Uribe ascendió a Santoyo, lo mantuvo en el cargo, porque para el verdadero cargo, Santoyo era el mejor.  Hoy Monseñor se desmonta con los generales. Si la junta de generales, si el ministerio, si el General Naranjo, aprobaron el ascenso, por qué no él.

Mancuso aseguró que el candidato presidencial Uribe obtuvo el apoyo de las Autodefensas para su campaña del 2002 en el departamento de Norte de Santander. ¿No fue Uribe quien le pidió a los congresistas investigados por nexos paramilitares, que votaran antes de que los encerraran? recordó Mancuso. El paramilitarismo, desde el comienzo, tuvo a Uribe "como un aliado". “Vimos en él un enemigo fuerte en contra de las guerrillas”. Las unidades paramilitares repartieron fotos de Uribe y su fórmula vicepresidencial, entre la población, y dijeron claramente, por quién había que votar. 

Iván Laverde - otro jefe paramilitar – dijo que le “invirtieron unos 200 millones de pesos”. Repartieron camisetas con la cara de Monseñor, en los principales municipios y veredas del Norte de Santander. “Íbamos a esos municipios a hablar con los concejales afines al partido de Uribe”. El Iguano dijo que “usamos buses y camiones para llevar a los campesinos y pobladores a votar”, el día de las elecciones presidenciales de 2002.

 

Los urabeños dirán que es una vendeta de personas,  a las que por su condición, no se les puede creer. Lo que liminalmente significa, que al único que se le puede creer es a Uribe.  ¿Qué nos dirán hoy, cuando el peón de brega de Monseñor en Urabá, general Rito Alejo del Rio, acaba de ser condenado a 25 años de prisión?

 

Deseamos a Rito Alejo un largo y venturoso ventilador.

 

La mala leche de Yoani Sánchez

La mala leche de Yoani Sánchez

El affaire Assange se origina en la internacionalización de un volumen muy alto de información del aparato diplomático norteamericano, que se fugó y fue utilizado con fines informativos. Mostró algo que todo sabíamos, el oscuro fondo del accionar norteamericano en el mundo, pero esta vez con pruebas documentales de origen oficial. Assange actuó  como un “Robin Hood de la información”, declaró Yoani Sánchez en su blog del 17 de agosto.

Si Assange hubiera sido un bandido, un Doctor No de la información, se habría puesto en contacto con funcionarios de estado para pedir rescate por la información, con el riesgo natural que conlleva chantajear el gobierno norteamericano. O hubiera intentado vender a países interesados la información privilegiada. Pero Assange no es un bandido, lo que hizo fue apelar al derecho de libertad de expresión para compartir con el mundo la información reservada.

El conflicto sigue estando centrado en la internacionalización. Assange es reclamado por cuatro países. Inglaterra bajo cuya jurisdicción está y que surte de intermediario oficioso para cumplir una exigencia de la fiscalía sueca, que reclama a Assange por un “delito sexual”, como pretexto para extraditarlo a USA, que ha guardada una sospechosa discreción frente a la maniobra. Y Ecuador, que reclama el derecho al salvoconducto para que pueda ir a visitar a Correa en su casa.

En el desafortunado comentario de su blog, Yoani Sánchez se pierde, se aparta del punto, el derecho a la información, por el que ha luchado durante los últimos cinco años. Le parece “singular” que haya sido el Ecuador el país que le tendió la mano a Assange. Le parece “paradójico”. Como si con ironía objetara el derecho de asilo.

Digamos que sí, que es “singular y paradójico”, pero es que el punto no es el carácter antidemocrático de la política de medios de Correa. El punto es la confrontación internacional en el campo de la información, que origina el “delito” por el cual Assange, es hoy un perseguido político de la información. Lo demás es mala leche o simple falta de visión.

La declaración es desorientada, miope, tonta o de una mezquindad estremecedora. El anticastrismo de Yoani la cegó para ver en el affaire la oportunidad de insistir en el problema del cual ella misma es la víctima internacional más famosa de Cuba. Lo que le preocupa a ella no es lo que le pueda pasar a Robin Hood, sino que alguien como Correa le haya tendido la mano, que si bien le roba a los ricos no reparte a los pobres. Pero, hoy Yoani, ese no es el problema.

El asunto es, cómo arrebatar por vía de la opinión internacional, a Julián Assange de las garras imperiales de los Estados Unidos. ánchez

 

¡Hackers de todos los países uníos!

¡Hackers de todos los países uníos!

¿Recuerdan al soldado Manning? Había que salvarlo, no, hay que salvarlo. Fue él quien entregó el material a Julian Assange con el que destapó el sistema diplomático de las comunicaciones norteamericanas en el mundo. En el día de hoy recibió de la cancillería ecuatoriana la autorización de asilo político. Aplaudo al gobierno de Correa, aunque domésticamente, tanta liberalidad con Assange, sea apenas la otra cara de la moneda, la de la política antidemocrática para con los medios de comunicación de su país.

Para todos es claro que los Estados Unidos quieren a Assange. Buscan una condena perpetua, como la del soldado Maning. ¿Qué se ha creído Assange que son los Estados Unidos?  No es alocado pensar que podría ser objeto de una expedición internacional de cuerpos élite, que fueran por él a la embajada ecuatoriana, como fueron por Bin Laden.

El daño simbólico causado por las publicaciones de Assange, es equiparable al daño físico causado por el ataque a las torres gemelas. Aunque el primero tenga repercusiones más duraderas, que demostrarían dos cosas: la porquería política del sistema de control mundial de los Estados Unidos en el mundo, y la vulnerabilidad de los sistemas diplomáticos de comunicación en la era del internet.

Julian Assange, según la fiscalía sueca, cometió violación. Una doble violación, al calor de un menage a trois, muy sueco por cierto, en circunstancias que fueron publicitadas en la red. Lo doble violación, más que la brutalidad física de un hombre, parece el libreto de unas testigos alquiladas, que presionadas por la fiscalía, han convertido una noche de amor, en cabeza de un proceso criminal, que a nadie en Suecia le importa, pero que busca entregar en bandeja sueca la cabeza de Assange al gobierno de Barac Obama.

Suecia, como un sucio perro de presa, se ha prestado con autoridad judicial a reclamar a Assange, por un asunto que en otras circunstancias no habría pasado de una sucia noche de amor. Pero es de lo único de qué agarrarse para sostener la reclamación.

Esta noche Assange permanece en la embajada ecuatoriana en Londres, prisionero de la misma ciudad, en la que estuvo durante casi un año, el General Pinochet. La declaración del gobierno inglés al conocer la noticia del asilo, fue cortante: ¡nada hay cambiado, será extraditado! Nos cagamos en el derecho de asilo, no lo reconocemos, nunca lo hemos reconocido. Fanáticos imperiales para los que la razón de estado está por encima del derecho. Pero los perros no contaban con que Ecuador se atravesaría.

Reclamado por cuatro gobiernos. Legatario de material que compromete a los Estados Unidos, aun no revelado. Una historia de derecho internacional y de unidades élite. Que el espíritu de Anonimus proteja a Assange.

Hay que salvar a Julian Assange.¡ Hackers de todos los países uníos!      

Bansky: el terrorista del arte

Bansky: el terrorista del arte

El Museo Británico exhibió en Abril del 2005 en la sala 41 un fragmento de piedra datado de 38.000 años con la figura de un hombre esgrimiendo una lanza en pos de un bisonte. Varios días después, Bansky a través de Internet y en versión que el Daily Telegraph recogió, hizo saber que la piedra era falsa. Nadie en el museo, ni los curadores, ni los antropólogos, ni las autoridades del museo, ni los cientos de espectadores, se habían percatado que en la pieza hay dibujado un carrito de supermercado. El Museo retiró inmediatamente la pieza reconociendo que es una falsificación. En el revés encontraron la siguiente inscripción: “Hombre primitivo camino al supermercado” escrito en inglés. Lo que se sabe del artista es que se llama Robert Bansky y vive en Bristol. Tiene a su cuenta varias órdenes de captura por donar sus obras de manera no oficial a las salas de los museos. También lo ha hecho en la Galería Tate. Al Museo de Brooklyn, en New York, le donó subrepticiamente una lata de sopa de tomate como las de Andy. Al metropolitano de Arte, un escarabajo armado con misiles y antena parabólica, al museo de Arte Moderno, el retrato de una mujer y al Americano de Historia Natural, un dibujo de un militar del siglo XVIII con una lata de cerveza en la mano. Bansky utilizando peluca, barba postiza, gafas oscuras, sobretodo largo  y sombrero Stetson, penetra en los museos y deja sus piezas en exhibición, como si fueran parte de la colección. En una entrevista electrónica con el periodista Randy Kennedy, Bansky dijo que ha pensado incluir en su lista de donaciones al Museo Guggenheim. Ahora Bansky merece estar en la primera plana del New York Times. Sus quince minutos de gloria.

 ¿Un falsificador? ¿Un terrorista? ¿Un mamador de gallo?  Posiblemente nadie se ha preguntado, algo que podría parecer obvio ¿un artista? De hecho no es un falsificador. El fragmento de piedra con el hombre primitivo llevando con la mano derecha el carrito de supermercado y con la izquierda en alto apuntando al bisonte, no es una falsificación ¿de qué lo sería? Bansky ha tomado un motivo y lo ha ampliado, introduciéndole otro elemento. Lo que él deja clandestinamente en las salas de los museos son creaciones, así le cueste mucho a los museos reconocerlo. ¿Un terrorista? ¿Además del orgullo administrativo y técnico de los Museos objetos de donación, quién más sale lesionado? ¿Un bromista? Desde luego que sí, un terrorista que con una broma acaba con la credibilidad cultural de los museos, administradores seculares del gusto social consagrado.

 El affair Bansky lo primero que revela es la falta profunda de profesionalismo de los museos, comenzando por el Museo Británico, y por tanto la poca credibilidad que pudiera tener su autoridad y su canon. Estamos en una época en la que cada vez es más difícil - de lo que siempre ha sido - establecer la autenticidad de las obras, pero además, fijar la frontera canónica entre lo que es y lo que no es arte. Después de que en los sesenta Andy expuso sus latas Campbell de sopa de tomate, la frontera se corrió con aceptación social hasta el Pop Art. La siempre sinuosa y volátil frontera que separa el objeto de arte del objeto cotidiano, no hizo más que precipitarnos al relativismo estético. Si la frontera ha sido históricamente esquiva, hoy cuando los medios han proporcionado velocidades creativas sin antecedentes, el papel de los museos de arte, aceptados como órganos canónicos del gusto social, ha terminado.

 Parecería ser que a la broma de Bansky, los museos han respondido con la broma de sus curadurías, con la broma de su propia seriedad. Es posible que su lata de sopa sea mejor que la de Andy. Su fragmento de piedra de 38.000 años duró colgado una semana en el Museo Británico.  

 

 

El Polo denuncia infiltración marxista en el PC

El Polo  denuncia infiltración marxista en el PC

La vocación divisionista de la izquierda en Colombia, no es la única causa de su inmerecida opacidad histórica, de su falta de fortaleza y de la incapacidad para ser alternativa. Hay causas genéricas, que como en el caso del Polo Democrático, obedecen a una  incontenible gravedad que lleva a todas las organizaciones en el poder a competir en corrupción, burocratismo y  mala administración. Es la historia de todos los socialismos en los últimos cincuenta años. El socialismo español y el socialismo francés, son ejemplos rotundos. Y en nuestro caso, el Polo de los hermanos Moreno, que terminaron en la cárcel, como responsables de la mayor debacle de una administración en Bogotá.

El desastre electoral del Polo en las últimas elecciones de alcaldía, se dijo en su momento, era la cuenta de cobro que el electorado le había pasado al Polo. Los electores premiaron a un disidente, expulsado por cierto de sus filas, que hoy funge como el alcalde del amor. A las circunstancias más deplorables a que pudiera llegar el Polo, debió apelar de emergencia a la figura patriarcal de Carlos Gaviria, que se había retirado de la dirección, por desacuerdos inevitables y conocidos.

La noticia con que hoy nos levantamos es que el Polo expulsó de su seno al Partido Comunista, lo cual lejos de ser una equivocación, quizás sea un acierto, aun con el costo electoral que seguramente habrá de tener. Pero el argumento, que doña Clara López, esgrimió públicamente, es el menos verosímil, respecto a un aliado que nunca dejó lo que ser lo que es. Dijo ella, que se lo había expulsado por doble militancia. ¿Pero qué carajos significa eso? En el contexto en que se produjo la expulsión, la explicación no cuadra.

El Ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, desempolvó el argumento, de que las “marchas patrióticas” están financiadas por las Farc. Verdad o mentira, es el mismo y recalentado argumento que todos los gobiernos esgrimen para explicar cualquier movilización popular. Es curioso, por decir algo, que la “explicación”, coincida precisamente con lo que cientos de veces se le ha pedido a las Farc, que dejen de hacer la guerra y hagan política. La última vez que aceptaron, a la Unión Patriótica, la invitación les costó cinco mil muertos.

En el ambiente recalentado por el movimiento indígena del Cauca y las marchas populares, la explicación no solamente carece de presentación, sino que hace que una vez más, el Polo no haya  tenido condiciones, por su propio rabo de paja, de contarnos la verdad. Implícitamente queda la idea de que el afair tiene que ver que la teoría de “todas las formas de lucha”, que no solamente practican las Farc, tambien los gobiernos, los paramilitares, y las mafias. Aunuqe de haber sido tal, el PC jamás  habría ingresado al Polo.

¿En qué consiste esa doble militancia? En que por un lado los comunistas se sientan en el Congreso a legislar a nombre del Polo, y por el otro persuaden a las Farc de hacer política, finaciando las marchas.

Doña Clara necesitaría más verdad política, más sinceridad, para explicarnos por qué  prescindieron del socio más importante de la coalición. Sin el cual, pese a todo, hoy el Polo, no parece ser más que una agrupación folclórica de hombres libres sin capacidad de responder desde la izquierda al país.    

A mitad de camino

A  mitad de camino

A dos años de iniciado un gobierno, normalmente los defectos y desaciertos, hacen más bulto que lo que se ha conseguido. A la hora del balance, en mitad de la vida útil del gobierno Santos, no se  sabría a quién le va peor, si a Santos o a Petro. En ambos casos, por cuenta de sus enemigos, que en ambos casos son denunciados como responsables de la pérdida de popularidad y credibilidad.  

De cada cien colombianos, 56 desaprueban el gobierno de Santos. Pero tal cosa en realidad no tiene mayor importancia. Que nadie se asuste por una cifra, que tomada en serio, sería demasiado grave. Pero tomada políticamente, bien podría subir, llegar al setenta o al ochenta, y no afectaría ni la gobernabilidad ni el proyecto futuro de gobierno. La desaprobación o aprobación son hechos nominales, más estadísticos que reales, que carecen de consecuencias efectivas. Por ejemplo, que si un presidente baja durante dos años consecutivos de la media de aprobación pudiera ser revocado. Los resultados lamentables, comienzan a ser importantes, solo cuando como en el caso Santos, el  actual gobierno es una plataforma para un relanzamiento a un segundo período.

Las dos grandes verrugas del gobierno Santos son los problemas de orden público (desaprobación del 70%) y los de la salud (desaprobación del 67.2), que rajarían definitivamente la gestión presidencial, y que hacen más bulto que los logros, por ejemplo en relaciones exteriores, como lo muestran las encuestas. Pero el orden público y la salud no son los mismos problemas para la gente que para el Presidente. Para él lo son en la medida en que afectan la imagen conque a futuro, le  está apostando a su segundo período. Desde hace un mes se mueve más, es más ubicuo, da más abrazos, que si estuviera en la recta final de la campaña.  

El problema de seguridad, que va por cuenta de las Farc, que con su escalda, sus nuevas tácticas – incluida la de publicar cartas mensuales haciendo ofertas de diálogo -,  grupos élites, marchas indígenas, columnas caucanas, ha hecho todo lo posible, pera que al menos medio país, eche de menos a Uribe.

El problema de la salud consiste en que prácticamente al sistema lo desmantelaron los corruptos, de todos los partidos y de todas las tendencias, y el gobierno no tuvo, no tiene y no tendrá, la capacidad de combatirlos con autentica decisión, por incapaz o por cómplice, o por ambas cosas. A punta de investigaciones que solo se anuncian, paños de aguas tibias, tímidas declaratorias, el sistema va inexorablemente a su quiebra.  Pero el gobierno, hasta ahora, el mensaje que ha enviado, es que es mejor dejar los santos quietos.

Van las cosas tan mal en términos de efectividad de gestión y resultados, para Santos y Petro, que no faltará quien ya haya comenzado a añorara a Monseñor Uribe y a Samuel Moreno.

La virgen sus cabellos arranca en agonía

La virgen sus cabellos arranca en agonía

Los desocupados redactores del periódico inglés Telegraph se dieron a la tediosa tarea de examinar las letras de los himnos nacionales de todo el mundo para establecer el top de las diez más espantosas. Las letras de todos los himnos, valga decirlo, son cantos de guerra, de muerte, de alzamiento, de depredación, de conquista. Valores salvajes debidamente matizadas con metáforas contratadas de libertad y gloria. Hemos seleccionado una estrofa de algunos de los diez himnos escogidos:

Orientales, la Patria o la tumba
Libertad, o con gloria morir
Orientales, la Patria o la tumba
Libertad, o con gloria morir 

Uruguay: ya sabemos de dónde salió la consigna cubana, la de los extraditables y la de los elenos. Cantos que han dejado regueros de muertos. Es un estribillo necrófilo. Y la libertad de la que habla nunca llegó.

¡Viva España! Alzad los brazos, hijos
del pueblo español, que vuelve a resurgir.
¡Gloria a la Patria que supo seguir
sobre el azul del mar, el caminar del Sol! 

 España: en principio da la impresión de un asalto. La estrofa no tiene nada que envidiar al himno falangista - De cara al sol -, escrito por una “escuadra de poetas”, que como los que escribieron el himno, lo matizaron con espadas y fe.

Oh compañía de al-Báth, orgullo de los leones, 
el pináculo del orgullo y de la gloria heredada, 
avance, trayendo terror, a una victoria cierta 
y resucita la época de al-Rashid en nuestra tierra!

Irak: una estrofa consagratoria de depredadores, carnívoros que heredan la gloria. Un canto victorioso que en nada desentona con el estado permanente de guerra que se le ha impuesto a Irak. Terror a una victoria incierta.

La virgen sus cabellos arranca en agonía

Y de su amor viuda los cuelga del ciprés

Lamenta su esperanza que cubre loza fría

Pero glorioso orgullo circunda su alba tez

Colombia: una virgen, literalmente histérica que a causa de un amor perdido, se arranca a manotadas las mechas para ir a colgarlas sobre el árbol más triste de todos. No se puede uno imaginar de dónde saca tanto orgullo la calva y pálida energúmena.  

Juramos por el rayo que destruye,
Por los arroyos de generosa sangre derramada,
Por las brillantes banderas que ondean,
volar con orgullo en la alta montaña,

Argelia: le habría ido bien al himno de la Libia de Gadafi. Rayos que destruyen y que dejan arroyos de sangre. En medio de semejante espectáculo de barbarie, es apenas natural que cualquiera se quiera volar.  

Al tiempo que respeta nuestras madres y el respeto

La crema de la crema de nuestra nación en ascenso

Damos la bienvenida a todos los malhadada y golpeado por la ruina...Nuestra patria, la estepa, una cuna sagrada

Kazajastan: debe ser un país donde hay muchas madres y vacas que levitan. Podría ser una estrofa que bien le caería al himno de la India, aunque aquí – al menos lo reconoce – todos han sido favorecidos por la ruina.

El clan de los uribeños

El clan de los uribeños

Alfredo Molano en el Espectador del pasado domingo hizo una cuidadosa reflexión de lo que para Colombia podría significar el proyecto de Monseñor Uribe: puro centro democrático. Aunque noté más preocupación que rigor, no dejo de compartir con él, el cálculo certero del riesgo.

El nombre con que bautizaron el engendro, por sí mismo no es la fuente más confiable de análisis. Y Molano, como un semiólogo, se entrega a desentrañar los significados nominales de ese “centro” y de ese “democrático”, que tienen asidero en la red de antecedentes, aunque no alcanza a revelar del todo el “tapao” de la propuesta política de la derecha, esa sí pura, purísima.

En proporción al desgaste del gobierno Santos gana fuerza la propuesta del “centro democrático”. Un gobierno que dice más que lo que hace, de extrema debilidad ejecutiva, de ministerios fantasmas, de resultados vaporosos y ambiguos, atiza la reagrupación de las fuerzas más oscuras y violentas, que ya una vez intentaron “refundar la patria” a imagen y semejanza de una para-república corporativa de fuerza y orden.

La conspiración uribista inconclusa, detenida constitucionalmente por una especie instintiva de percepción institucional del peligro, no ha sido desterrada del espacio político, por el contrario, frente al vacio gubernamental le da al proyecto corporativo encubierto, la fuerza, con que después del atentado de las Farc a Londoño, se reactivó sin agüero.

Conocemos perfectamente a los socios de Monseñor Uribe. Sabemos quiénes son. Unos encarcelados, otros investigados, otros extraditados o pedidos en extradición, otros prófugos de la justicia y otros amparados en dudosos asilos.

De la misma manera como las Farc encubren su actividad de narcotraficantes con un esmirriado y desnaturalizado discurso “revolucionario”, el clan de los uribeños presenta su novedoso centro democrático, bajo la bandera de una cruzada por la seguridad nacional. El gobierno Santos reemplazó la seguridad por la prosperidad. Pero los nubarrones y los desórdenes del orden público le inyectan motivos y fuerza al proyecto conspirativo.

La pureza del proyecto, es de esa pureza que hace tan atractiva la cocaína colombiano para el consumidor norteamericano.

Por lo de centro democrático, ni centro, ni democrático. Primero porque en Colombia no hay centro político. Es una democracia descentrada. Y segundo, porque el único flanco que han ocupado, ocupan y ocuparán las fuerzas de Monseñor es el derecho, de donde provienen sus generales paisas. Y mucho menos democrático. Envuelve prosperidad para los dueños de la tierra, confianza inversionista para los socios internacionales del saqueo, TLC para los empresarios que están en el juego, fuego a las Farc y  a los indios y satanización política a todas las otras fuerzas: si no están con nosotros están contra nosotros.

Un proyecto para el cual los contingentes uribistas no descartan “todas las formas de lucha”. Y conociéndolos, todas son todas. Lo que cifra la realidad exacta del peligro, que se huele Molano. 

¿Qué tiene Dios contra los pastusos?

¿Qué tiene Dios contra los pastusos?

Quienes escucharon las trasmisiones radiales y vieron las de televisión, habrán oído y visto al director técnico y a los jugadores del Santa Fe, declarar con absoluta convicción, casi delirante, que el triunfo se debió a Dios. ¡Dios, Dios, Dios! Gritaba Wilson Gutiérrez, ahogado en la “embriaguez del triunfo”, que “nos devolvió una ilusión”.

La verdad es que le hice fuerza al Deportivo Pasto. Lo cual no me deja juzgar imparcialmente el triunfo, tras 37 años de veda. Aun así, puedo pensar que ambos equipos se encomendaron a Dios, ni más faltaba. Lo cual debió poner en aprietos a Dios. Ambos equipos confiaban en su parcialidad para obtener el triunfo. Y los santafareños lo refrendaron. Pero solo uno podía ganar. Y Dios hizo ganar al Santa Fe. ¿Qué coño de bronca tiene Dios contra los pastusos? ¿Por qué se fue con Santa Fe? Daniel Samper P dirá, sin que se le mueva un pelo, que Dios también es santafereño. Pero habría que dudar de un argumento tal. ¿Si lo es, cómo fue que les negó el triunfo durante 37 años?

No, no es porque Dios sea santafereño ni pastuso, sino porque Dios tomó partido. Nadie le puede pedir algo a Dios y al mismo tiempo pretender que no tome partido, que se parcialice, por la razón que sea. Probablemente es un misterio, como muchas de las cosas suyas a las que nos ha acostumbrado con cariño. Dios sabía que Santa Fe iba a ganar, anticipadamente, desde el momento en que tomó partido y concedió el gol de la honrilla, que en el segundo tiempo, se le metió de una pelota quieta a la malla del arquero pastuso. No estaría de más darle alguna protección al muchacho, al que Dios asignó el mayor castigo.

Pero aun así no se explica la decisión divina. Equipos parejos, un primer partido cero a cero, en el que mostraron equilibrio de disposición y fuerza, y un segundo partido, con el estadio incendiado por hinchas santafereños, que se decidió por la mínima diferencia.

Ahora entenderán que no me equivoqué en tomar partido por el Deportivo Pasto. 

La razón desarmada

La razón desarmada

Una Guardia Indígena de diez mil hombres desarmados, o apenas armados de palos, pero investida de la autoridad que proviene de  la delegación que les han conferido sus pueblos, surge como una tercera fuerza en el conflicto del departamento del Cauca. Una fuerza que bien podría alterar el rompecabezas geopolítico del departamento, en el que el conflicto armado en Colombia tiene su laboratorio.

De un lado es un departamento geográficamente estratégico, nudo originario de las tres cordilleras, con accesos a los llanos, al Tolima y al Pacífico, corredores de movilidad militar y ruta del narcotráfico de las Farc. De otro, asentamiento ancestral del pueblo paez, el último al que los españoles redujeron, un pueblo en riesgo de extinción, que hoy apenas reúne 150.000 almas. Y un departamento, aún más olvidado que los otros, sin dosis de inversión social importantes, sin recursos para el desarrollo, sin participación del Estado en la solución de los conflictos ancestrales, con altas tasas de pobreza y exclusión, concentración obscena de la propiedad agraria, inequidad extrema y falta histórica de oportunidades para los pueblos indígenas.

Los indígenas expidieron un comunicado anoche, dando un ultimátum a las Farc y el Ejército para que abandonen el territorio a más tardar a la medianoche de hoy lunes. Además, definieron la propuesta que presentaron ayer domingo al ex-juez Baltasar Garzón, que actúa como mediador internacional reconocido por las partes: “1. Que se vayan los actores armados, vengan de donde vengan. 2. Que respeten nuestros planes de vida y nuestra Guardia Indígena. 3. Que los recursos del pueblo en nuestros territorios no los sigan manejando unos pocos para una guerra privada que les entrega lo nuestro a las transnacionales, sino que sean públicos para nuestro fortalecimiento. 4. Que rechazamos a los que se aprovechan de nuestro sufrimiento y hablan a nombre de nuestra resistencia. Quienes dicen apoyarnos deben entender y caminar con nosotros, de acuerdo con nuestra orientación”.

Pero ni las Farc, ni el Gobierno  van a abandonar el territorio en conflicto, en el corazón del Cauca indígena. Lo primero, que supondría el triunfo de las fuerzas desarmadas sobre el cartel rojo, que lleva cincuenta años utilizando la zona para su movilidad militar y sus negocios, carece de la fuerza necesaria para espantar la plaga criminal que ni siquiera el Estado con todos sus recursos ha podido reducir. Lo segundo tampoco va a ocurrir, implicaría dejarle el campo libre a las Farc.

Las exigencias perentorios contenidos en el pliego de la GI, carecen todavía de la suficiente fuerza civil para obligar a que los actores armados - de una guerra, que no es la de los pueblos indígenas, que no responde a sus necesidades ni intereses -  desalojen el territorio históricamente enclavado en el alma étnica de los pueblos nasa. Una guerra de la que ellos son apenas las víctimas y en la que seguirán siéndolo, mientras las armas de la razón no tengan la capacidad de acallar los fusiles oficiales y los del cartel rojo.

Un enfrentamiento de tres poderes, el ilegalmente constituido, amparado en la fuerza del negocio y las armas del narcotráfico. El legalmente constituido, pero legalmente incapaz de asumir su responsabilidad como Estado, en lo que se refiere a los pueblos indígenas. Y el legítimo poder indígena, masivo e insurgente, que se levanta como un actor desarmado, con fuerza de razón y legitimidad suficientes para derrotar a los otros dos.

Los pueblos indígenas se han constituido como víctimas con razón política, se han armado con argumentos pacíficos imbatibles y con exigencias constitucionales y culturales suficientes para sostener su reclamación por el derecho  a la tierra, por el derecho a la vida y a la convivencia pacífica. Pero aún así, los palos, por muchos que sean, no son suficientes todavía, contra los fusiles oficiales y los del narcotráfico. 

Se busca candidato

Se busca candidato

Monseñor Uribe Vélez busca candidato presidencial para el 2014. Bien claro habrá de quedar que el mejor candidato de Uribe es Uribe. Pero por singularidades constitucionales vigentes, no le es posible regresar a regir los destinos del país, para bien del país.

Quiero contribuir desinteresadamente a la búsqueda del candidato de Uribe, que incluso se podría proponer como un concurso democrático: ¿Cómo es el candidato de Uribe? Acierte y gane la colección completa de los libros del Doctor Ternura.

José Obdulio, ha dado las pistas oficiales de partida, a las que habrá que atenerse: debe ser un candidato humilde que reconozca a Uribe sobre todas las cosas. Así el esquema, va el perfil del candidato:

Humilde como Fernando Londoño, o como el mismísimo José Obdulio Gaviria. O una humilde mezcla de los dos.

Con un rostro telegénico, mejor que el de Peña Nieto, como el de Fabio Valencia Cossio, pero con la nariz de Juan Lozano. O en su efecto, como el de María del Pilar Hurtado.

De una vasta cultura como la de Dilian Francisca, una mujer a la que le cabe Guacarí en la cabeza.

Un candidato equitativo, generoso, amplio como Uribito.

Un candidato vital, activo, despierto, como Carlos Holguín.

Un político probo, transparente, de manos limpias, como Álvaro el Gordo García.

Un hombre de alto potencial comunicativo, conectivo, apasionado por las comunicaciones, como el General Santoyo.

Un candidato con sentido empresarial, visionario, emprendedor, como Dolly Cifuentes.

Un estratega, negociador, de resultados, como el Doctor Ternura.

Un candidato leal, aguantador, fiel, como Santiago Uribe.

Un negociador joven, buen muchacho, experto en seguridad, como Jorge Noguera.

Un candidato racional, cerebral, lógico, como Pachito Santos.

Un hombre de armas tomar, como Mancusso.

Un hombre de mundo, cosmopolita, internacional, como Jorge Iván Zuluaga.   

Un sindicalista isquémico, de una sola pieza, sólido en sus convicciones, como Angelino Garzón.

Un político que además sea un buen escritor, un novelista promesa, como Roy Barreras.

No es fácil hacer una selección efectiva de entre una constelación tan vasta de virtudes uribistas. Intente usted armar el rompecabezas del candidato uribista ideal. No se olvide, que como condición, debe tener al menos un proceso abierto. 

Golpe constitucional: el mal menor

Golpe constitucional: el mal menor

Acordaron durante año y medio, conciliaron y votaron con orgullo patrio. Le habían cumplido al país. El Presidente se percató que el costo político del engendro de disposiciones criminales que habían embutido en letra menuda a la reforma constitucional a la justicia, se le habría de convertir en un búmeran político de alta peligrosidad en el camino a la reelección. Si bien Santos patrocinó y promovió la “reforma” - a través del Ministro que actuó como autor intelectual – Vargas Lleras -, del autor material – Esguerra – y del campanero, el bobo ambicioso de Federico Renjifo - a última hora su olfato político le dijo que si no la había abortado a tiempo, tendría que matarla. Le apostó a que al menos medio país no entendería la pirueta.

Y sí, la mataron, pero ni siquiera en una limpia modalidad eutanásica, sino a la manera de los narco-políticos, decapitando la constitución. El Presidente puso todo su prestigio y autoridad para descalificar la reforma, con lo que dejaba en incómoda evidencia a los congresistas, como únicos  responsables del engendro, únicos tramposos. Así que sin mediar más que la conveniencia presidencial, los que ayer la votaron, fueron al día siguiente a asesinarla, para el bien del país.

A pesar de los esfuerzos jurídicos con que quiso justificarse la maniobra, las sentencias de las cortes que se desempolvaron para darle legalidad y el empeño admirable del Fiscal por tranquilizar a los conservadores respecto a las responsabilidades civiles y penales de matar la reforma, en legítimo derecho lo que se hizo fue violar la constitución para matar el mastodonte. Digamos que se optó por el mal menor. Así de grave era el engendro adulterino de los poderes, contenido en el acto de reforma.

Una democracia tan formal como la nuestra, al borde muchas veces de la inconstitucionalidad, da un ejemplo corrosivo, al invertir, por conveniencia política de los poderes, los términos del principio de constitucionalidad. El constituido – el poder ejecutivo – se subordina al constituyente – la reforma constitucional -, tal como desde Montesqieu, los liberales y conservadores dicen y enseñan que debe ser. De lo contrario la democracia ni siquiera es formal. ¿A que debe atenerse el país de aquí en adelante?

Con la desnaturalización del principio de constitucionalidad se hizo posible un auto-golpe derogatorio. Para bien del país, dicen hoy las cortes, los congresistas y el presidente. La Corte Constitucional, salvo mejor opinión, debería haber sentado una rotunda posición sobre la maniobra. Pero, tal como parece, allá en la Corte, también optaron por el mal menor. 

Gelatina Boogy el Aceitoso

Gelatina Boogy el Aceitoso

Si quiere salir de su niño o su niña, cómprele la legendaria gelatina Boggy “el Aceitoso”, que viene con un globito inflable – un adminiculo con tres coloridas crestas plásticas - para que los niños se lo traguen y se ahoguen mientras pasan el ácido fólico. Las instrucciones, desde luego, no son para que el adminiculo se ingiera, pero muchos niños no lo saben, tampoco sus padres. Una sorpresa comercial que revive el saludable espíritu empresarial de las compotas envenenadas.    

La semana pasada dos niños en Bogotá casi mueren por haber ingerido el Inflaboogy – el condón de Boogy - que viene lubricado dentro de los sobres de gelatina. Se salvaron, porque sus padres tenían carro y pudieron llegar a tiempo a un hospital – de los que todavía no han cerrado – para que les prestaran primeros auxilios.

Un incidente que puso en riesgo la vida de dos niños, debería ser suficiente, en una sociedad de consumidores, para boicotear a Alpina, salvo que Alpina se comprometa formalmente a que en adelante toda su gelatina con adminiculo, les sea distribuida a los honorables miembros del Congreso que aprobaron la reforma a la justicia. Todos merecen su inflaboogy rojo, azul y verde.

Alpina, que cocina la mejor gelatina aceitosa de zinc, se permite  informar a los consumidores, que de ahora en adelante, cada vez que la compren, se sirvan arrojar el inflaboogy a las unidades legislativas de senado y cámara. Los congresistas, que sí saben leer, entenderán perfectamente que no se trata de ingerirlo. Al menos, no enteros.

Como consecuencia del deplorable accidente, Alpina se permite informar a sus consumidores, que su departamento de control técnico ha rastreado problemas aislados en la calidad de los elementos supletorios que uno – y solo uno -  de sus productos incluye, cuando se altera su funcionalidad, lo que  podría afectar colateralmente a quienes manipulen el producto. Así es como Alpina responde a sus consumidores. Así es como se responsabiliza del daño colateral que puede causar entre quienes tragan y no leen. ¿No será que Alpina es de algún congresista de los más conciliadores? ¿O no será que es del traga sapos Esguerra y no nos hemos dado cuenta?

Una gelatina que se llame Boogy, no debería estar en el mercado, no solo por el nombre y el ácido fólico. Aunque viéndolo bien, el nombre representa una identidad común, entre las empresas como Alpina y la consigna del legendario personaje argentino: “todo lo humano me es ajeno”.


¿A espaldas de Santos?

¿A espaldas de Santos?

Miércoles  20: el Ministro de Justicia del régimen Santos da al país, tras la aprobación de la reforma a la justicia, parte de victoria, anuncia con orgullo e inmoderada satisfacción, “el deber cumplido”. Se congratula, casi con ironía, de haber logrado una “reforma integral”, que le da herramientas al país para resolver los problemas más graves de la administración de justicia.

Jueves 20: el Presidente Santos interrumpe la programación ordinaria de televisión, para decirle al país, que la reforma a la justicia aprobada en el Congreso, un día antes, es inaceptable. Que no la va a promulgar, es decir que va a objetar la reforma a la constitución, porque en la etapa de conciliación se le introdujeron gorilas completos, a espaldas del gobierno.

Es como si estuviéramos gobernados por los hermanos Marx. Aunque el efecto no solo es cómico, es devastador, criminal. Los tres poderes amangualados para hacerse una reforma, una legislación en causa propia, aunque algunos congresistas (27 exactamente)  y magistrados hayan rechazado el engendro. El gobierno, durante las ocho rondas de aprobación, gestionó oficiosamente la reforma con la directriz de ganarse a los congresistas  y a los magistrados – con impunidad constitucional  y extensión del periodo  – para asegurar su apoyo al gobierno. Y un día después tener que salir a decir, que gracias, pero no.

Desde luego la descalificación a su propio engendro no vino porque al Presidente le hubiera sobrevenido a última hora un sentimiento de transparencia, de ética política, o de simple decencia gubernamental. No, le vino porque al día siguiente de la aprobación se convocó en Bogotá a un referendo para tumbar la reforma, que los medios, liderados por la W, apoyarían cerradamente, en contra del gol que se le ha hecho al país.

La naturaleza del gobierno de Santos no es distinta de la naturaleza del Gobierno Uribe. Ambos son borrascosamente tramposos y oscuros. A pesar de las diferencias que Santos se ha empeñado en marcar, el distanciamiento en los hechos y el desalinderamiento político, ambos son pelos de la misma perra.

Por más buen jugador de póker que sea el Presidente, la jugada que hizo fue equivocada, entre otras cosas porque encubre una trampa chapucera. Acusó a los conciliadores de senado y cámara, de haber urdido a “sus espaldas” una redacción apresurada y clandestina  que introdujo 18 orangutanes gigantes, durante once misteriosas horas de trabajo de los conciliadores. Otra jugada, aunque también tramposa, quizás le hubiera dado margen: una alocución inmediata, conocidas la declaración triunfalista del Ministro Esguerra, o al menos, un twitter, descalificando sus declaraciones. Como si en efecto, en once horas los conciliadores - de la unidad nacional -  hubieran podido introducir zoológicos, que se habían estado negociando durante meses en los trámites de aprobación.

Ninguna jugada podrá quitarle a Santos la imagen de tramposo. Destapó el juego y mostró el cobre, él que siempre ha gustado de barrer la escoria bajo la alfombra, aun con cierto innegable éxito. Como será de pervertida la reforma, que Uribe, a cuyos socios tras las rejas  tanto les convendría, que en un twitter de ayer, antes de que Santos anunciara su rechazo, dijo que el gobierno había promovido la reforma durante seis meses y un día después de aprobada, salió a lavarse las manos. Cuando le preguntaron a Simón Gaviria – Presidente de la Cámara y Director del Partido Liberal – cómo había podido incurrir en un voto aprobatorio a semejante esperpento, dijo sin más, que había votado sin leer.

Pero no hay tal, ni con naipes marcados, ni con lavada de manos, Santos podrá ocultar su alevosa catadura de tramposo, envuelta en la fama de conciliador taimado, que le ha permitido nadar en aguas mansas sobre un mar picado.  

Entre fuego amigo y enemigo

Entre fuego amigo y enemigo

 Que un periodista que acompaña a las fuerzas militares a una zona de combate, sea capturado por el enemigo -  de las fuerzas armadas – demuestra que: las fuerzas militares no dieron la suficiente protección al periodista, que se había enrolado con su autorización en la expedición, que el periodista rompió los protocolos de seguridad de las fuerzas militares y de los periodistas de guerra, o, que el periodista por cuenta propia cambió de bando, durante la refriega,  para ir a buscar su reportaje.

A los militares les interesa llevar periodistas al frente, al fin y al cabo son unos chismosos mediáticos que amplifican y retransmiten sus versiones sobre los hechos. Desde luego, se aseguran de llevar periodistas que vean lo que ellos quieren que vean, que hablen con quienes autoricen, y terminen publicando informes que dejen satisfechos al gobierno y a las fuerzas militares. De no ser así, a ningún periodista se le daría un salvoconducto para acompañar a las tropas. Con seguridad, a Jorge Enrique Botero y a Hollman Morris, se lo negarían.

El caso de Romeo Langlois agitó el cotarro del conflicto, en especial después de su liberación. Ahora se encuentra en Paris, en casa de sus padres, recuperándose de una experiencia que lo mantuvo en los campamentos de las FARC durante un mes.

¿Qué fue lo que paso con Langlois? En una improvisada tribuna, que las Farc levantaron para el acto político de la entrega del prisionero de guerra, el secuestrado, el retenido, o lo que sea, el francés  se echó un discurso. Dijo, que salvo la retención, todo había ido muy bien. No me quejo, aseguró. Me trataron como a un invitado.

Dijo que el combate no fue gran cosa, no de la magnitud con que el ejército lo hizo ver. "Era un pequeño laboratorio que la gente utiliza acá para sobrevivir". Aún así, en el combate murieron cuatro militares y el periodista fue herido en un brazo, tras lo cual se entregó. ¿Por qué a las Farc? ¿Por qué no a las fuerzas militares? ¿Por qué se entregó a quienes lo hirieron? "Yo no necesitaba esta experiencia para conocer el conflicto colombiano ni la guerrilla”. Eso no lo sabremos hasta que publique su crónica, su reportaje de la retención, como él insiste en llamar el secuestro. Como si no lo hubiera sido. La única forma de convencernos de que no lo fue, es que aceptase haber ido voluntariamente. Langlois no es claro, no es convincente, es tan oscuro como un francés. La experiencia con seguridad le dio mucho más de lo que acepta, mucho más de lo que le daría haberse “entregado” a las fuerzas militares que le expidieron el salvoconducto.

“Conmigo se ha hecho mucha política de muchos lados”. Cada secuestro es un escenario político, hacen política las Farc, la comisión de Ciudadanos por la Paz, el ejército, el gobierno, el congreso, los medios. Y hasta los secuestrados, como en el caso de Langlois. La hizo parado en una tribuna, con botella de cerveza y todo.

Langlois termina traicionándose en sus declaraciones de político, como todo político. Pide que tanto las fuerzas armadas como las Farc sigan llevando periodistas a la zona de conflicto, porque “es la única forma de que se conozca la realidad que vive Colombia”.

 En otras palabras, Langlois sí necesitaba de la experiencia, contrario a lo que dijo, de no haber sido así, ni habría logrado el material noticioso, que hasta para libro le dará, ni tampoco conocer de primera mano la trastienda real del conflicto.

Don Pablo: el patrón del raiting

Don Pablo: el patrón del raiting

Cuando Doña Himelda Gaviria le dice a su hijo: “Pablo, cuando vayás a hacer algo malo, hacelo bien”, está educando en valores. Que no sean los que nos gusten, o les gusten a los columnistas del Tiempo, es otra cosa. “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”. Educación en valores al estilo de Groucho Marx. Que no nos gusten, bueno, hasta María Isabel tiene otros.

En su columnilla - ¿Apología del crimen? - el domingo 10 de junio, María Isabel Rueda, improvisa en un tono, entre moralizante e imperativo, un discurso para decirles a los guionistas de la serie sobre la vida de Pablo Escobar, con que Caracol se le enfrenta a RCN, que “refuercen elementos valorativos” de los discursos de Galán. El patrón del bien.

El solo título de la columna es de una agresividad retórica amenazante. Si se le quitan las interrogaciones es una afirmación. Si se le dejan - como en el título - apenas lo es al cincuenta por ciento. La pregunta contempla el espacio de riesgo con que se anticipa lo que puede pasar al novelar la vida de Don Pablo, como pasa con las novelas en general, producir una identificación emocional con la imagen del personaje y con lo que representa. Que ojalá una serie sobre un bandido mítico, no vaya a infectar en absoluto la vida colombina, que hasta donde ha podido se ha mantenido resistente y alejada de la herencia de Don Pablo, de la patrona y sobre todo de los políticos.

María Isabel quiere que al terminar la serie – se produjeron 60 capítulos de una hora que en vista del éxito inmediato,  se convirtieron en 120 de media -, todos los colombianos, hasta los uribistas, odiemos a Don Pablo, y en coro gritemos: “el crimen no paga”. Lo que la asusta es que Don Pablo, en la representación televisiva, en vez de inspirar cerrada antipatía, genere empatía. Que por momentos, o del todo, algunos se pongan del lado de Escobar, de la misma manera como muchos chicos de la época se pusieron del lado de “la Perrys”, en la serie El Capo.

La fórmula que María Isabel les ordena los guionistas es incalificable. Les habla de dos filtros para el guión. Un filtro racional para que cada televidente desentrañe el mal con su razón, aunque para hacerlo tengan que prescindir de sus emociones, justamente las que toca la serie. Y de un segundo filtro: introducir obligatoriamente – “se necesita tener” – “nociones intelectuales sobre conceptos morales”. Estoy convencido que fue algo que le dictó el mismo Groucho Marx.