Blogia

Alberto Rodríguez

La importancia de tener secuestrados

La importancia de tener secuestrados

Los secuestrados de las Farc en sentido estricto no les importan sino a las familias.Todos los demás actores que participaron en la tarea de rescate “humanitario”, los usan para sus propios fines.

Las FARC mandan un mensaje de voluntad unilateral, de presunto “humanitarismo”, de flexibilización, como cuota de un acuerdo “humanitario” sin condiciones declaradas. Los Colombianos por la paz, los usan para hacer campaña por el acuerdo, por la solución negociada, que a su vez le sirve a Piedad Córdoba, para su propia campaña, sea la que vaya a ser y con quien vaya a ser. De paso, limpia un tanto, la imagen negativa que se ha ganado por obrar más con las hormonas que con  inteligencia política. Los medios dependientes - la mayoría – los utiliza para montar un show mediático, sensiblero, ordinario, con el cual suben su raiting. Los medios independientes los usan para dejar registros que muestran el otro lado, la cara oculta, material para otro mercado. El gobierno los utiliza para mostrar que sin renunciar a la ofensiva militar, por razones “humanitarias” cede los espacios para que los secuestrados les sean entregados a los garantes autorizados. El Brasil los usa para reforzar su imagen de liderazgo regional confiable, para apuntalar su papel de único mediador confiable. Hasta la Cruz Roja los utiliza para reforzar su condición de garante de primera instancia, papel que en otras épocas había cumplido la iglesia católica, hasta que Reyes saltó y dijo: ¡no más curas!

El gobierno de Monseñor intuyó que no obstante todos sacar partido de los secuestrados, al no poseer él capacidad de negociación y sin tener bajo la manga otra “operación jaque”, el más favorecido a la postre del acto “humanitario”, en ese ajedrez publicitario en que todos participan, serían las FARC (ya José Obdulio declaró que las liberaciones son un show a favor de las FARC y el mismo Monseñor acusó a Botero y a Morris de hacer tele-Farc), pese a que el mismo día en que estaban soltando a los secuestrados ponían una bomba en Cali que mató dos civiles (Y si no fueron las Farc, el aparato de propaganda oficial lo da como un hecho ordinario del esquema terrorista). Así que con el mejor estilo uribista se intentó sabotear sin más el acto “humanitario” con unos vuelos militares “humanitarios” (errores de buena fe dijo el pendejo del Santico) en el marco de un “cerco “humanitario” que muy “humanitariamente” hubiera podido dejar a esos cuatro muchachos, a Jara y a López, encadenados a un árbol.

 

     

 

Bukowski y la vida

Bukowski y la vida

Santiago Gamboa

                       Qué extraña es, en ocasiones, la vida de los escritores, y qué extraños los modos en que se manifiesta esa rarísima perla que es el talento literario. Por estos días he recordado a Charles Bukowski, ese hombre marginal y alcohólico que escribió una de las obras más desgarradas de fines del siglo XX. Viendo un documental de John Dullaghan sobre su vida supe que su madre era alemana y que él nació en Alemania, llegando a Los Angeles a los cuatro años. Ahí empieza su curiosa aventura vital, pues a pesar de ser hijo único su padre siempre lo trató como a un animal, cuando uno odia a los animales. Golpes, humillaciones, castigos permanentes, gritos. Su padre descargaba su frustración laboral y sus temores dándole palizas al hijo.

Aparte de una personalidad huidiza e inestable, las consecuencias de este maltrato marcaron al pobre Henry Charles Bukowski, apodado Hank, desde adolescente, pues, según un psicólogo, fue ese sentimiento de inferioridad tan poderoso el que le generó un tremendo acné que, literalmente, destruyó su cara, escondiendo sus rasgos detrás de horribles erupciones, cráteres y gigantescas bubas. El propio Bukowski evoca una imagen de su adolescencia en un sueño recurrente: “Estoy a la entrada de una fiesta universitaria. Los jóvenes de mi edad se divierten, bailan y seducen. Antes de entrar me cubro toda la cara con papel higiénico, pero los granos empiezan a sangrar manchando el papel. Entonces me voy a un rincón oscuro y desde ahí observo la fiesta. Bebo en la oscuridad y soy feliz”. Beber, beber. Bukowski fue un alcohólico bastante atroz pues sus borracheras eran de vino, una bebida que provoca guayabos y malestares físicos terribles.

Beber y beber solo, en la oscuridad. A veces acostado en la cama, en los cuchitriles repletos de polvo en los que vivió la mayor parte de su vida. Y luego la escritura de poemas, algo que le generaba una intensa felicidad, tal vez la idea de que podía inventar un mundo sólo suyo, lejos del asqueroso mundo real que lo había herido. Le gustaba sentarse en el ángulo lejano del bar, en la penumbra, donde, según dijo, “la vida puede ser algo hermoso”, y pasar allí todo el día, bebiendo, antes de ir a su trabajo en el Correo de Estados Unidos.

Un día el editor aficionado, John Martin, publicó un libro suyo de poemas en la ahora mítica Black Sparrow Press, y poco a poco llegó al éxito. Martin le había dicho que si dejaba  su trabajo del correo para dedicarse a escribir le daría 100 dólares mensuales por el resto de la vida. Bukowski aceptó y antes de cumplirse el primer mes de pacto llegó a la casa de  Martin  con el manuscrito de una novela, Post Office. ¿Por qué escribiste esto tan rápido, Hank? preguntó Martin, y Bukowski respondió: por miedo.

Con el éxito tardío (tenía más de 45 años) llegaron las mujeres, centenares de mujeres que se metieron en su cama y le hicieron vivir el sexo en forma desaforada. Bukowski había conocido el sexo a los 24 años con una mujer nada atractiva encontrada en un bar, y ahora venía el desquite. Celebridades como Sean Penn y Madonna, recién casados, iban a su casa a oírle poemas e historias; el cantante Bono le dedicó una canción en un concierto en Los Angeles y escritores de todo el mundo lo halagaron. Él continuó en su ciudad, Los Angeles, escribiendo por las noches, bebiendo y yendo al hipódromo. “¿Quién diablos irá a salvarme?”, se pregunta en uno de sus poemas, y responde: “Tendrás que salvarte tú solo”. Fue lo que hizo Bukowski. Se consideraba un monstruo pero, como dijo su esposa Linda Lee, “lo tranquilizó mucho saber que al ser escritor de él emanaba un bien, algo que era un bien para los demás”.


 

Cómo ser un gran escritor

Cómo ser un gran escritor

Charles Bukowski

Tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible,
aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
Y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
No te exijas.
Duerme hasta el mediodía.
Evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
Acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977).
Y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
Quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más
exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
Quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre,
una amante continua.
Agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
Haz de eso una pelea de peso pesado.
Haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
Hay tiempo.
y si no hay,
está bien

 

 

Hay que cantar

Hay que cantar

Hernando Aldana

                    A punto de dormirme me encontré uno de esos programas carnudos de Film & Arts, sobre la música, pero escuchada desde la condición de protagonista y no de la de ser un simple escucha. No solo tener una CDteca, PM3teca o IPOteca, sino el acto físico, emocional, de producir notas, de usar el pecho como medio y  caja de resonancia,  desempolvar las cuerdas vocales, pero sobretodo desempolvar el espíritu y la caja de cuerpo.

                   Cuerpo y espíritu, un par que nunca estuvieron  separados y que hoy afortunadamente no se distinguen en la línea punteada de la zona limítrofe. A nadie que tenga una mediana información, se el ocurre pedir pasaporte para ir del uno al otro.

                En un correo tuyo del 20 de diciembre, oí a Carmina Burana. Y te acordás de mis ingentes esfuerzos por afinar la voz y cantar como tenor, porque te decía entonces, a mediados de los ochenta, que había que cantar, desde esos cantos del siglo XIII ensamblados en el XX, por un  profesor de música que sostenía que nuestra primera aproximación a la música era rítmica, es decir, cardiaca. La música del corazón,  el primer sonido acompasado que escuchamos con gran fidelidad y consistencia en la ingravidez del útero. Una forma de decirnos que la música la podemos hacer todos, que los goliardos se embriagaban en las tabernas -cuando sumus in taberna- para cantar y espantar el miedo al mundo que estaba desapareciendo, pero sobretodo a causa de una peste llamada cristianismo, que se empeñaba y se empeña en doblegar al espíritu y que luego les mató el cuerpo a millones, cuando decretaron la desaparición del sensual baño y lo dejaron cambiar por la casta mugre.

                  A Orff, a los alemanes y a los europeos les estaba subiendo pierna arriba el hombre del bigotico y los brazos al aire de todos los dementes iluminados del fascismo. Pero no  hicieron nada porque pensaban que algo subiendo pierna arriba no podía ser tan malo. Orff desde su laboratorio de música, lleno de instrumentos de percusión -Carmina Burana y el Trionfi - quería gritarle al mundo que al cisne del Olim lacus colueram, lo habían matado, lo estaban asando y lo peor - dentes fredentes - se lo estaban devorando. Alemania alucinada no quiso entender.

                Yo me sumo a la protesta con Canta y Olvida tu dolor, una forma muy ingenua y emocional  de invitar a cantar, a hacer música. a protagonizar lo que fuera ,desde el XIII hasta los ochenta, pero cantar. Hoy el programa de televisión me afirma la idea de que cuando un músico, neurólogo e investigador, le agregan a eso de que todos nacemos no solo libres,  un poderoso procesador y una completísima tarjeta de sonido, hacer música no es cosa de privilegiados, que  es lo que queremos creer en estos tiempos sin sentido, de la buena música, o simplemente la música agradable, como lo dice el hijo de Lennon: la música está en nosotros, la cuestión es buscarla.  

                               Un viernes en los Turcos de los ochenta, cuando apenas empezaba a hacer efecto los  tragos y la noche, rompí a cantar el mosaico 3 de la Billo´s para el inolvidable William Durhan, el árabe del turbante deshilachado que empezó a sonreír y a hacerme coro. Desde ese día en nuestra mesa, el viernes fue un día de cantar, nada de fútbol, nada de política, y menos ese existencial ojeroso que destilaban incluso algunos de los mejores contertulios. Todavía me acuerdo la cara de -Hernando no hagás el oso- de la mayoría, la mayoría.

                             Este escribidor que no quiso dormir,  prefirió sentarse a escribir para el amigo que no se olvida: hay que cantar.

 

 

Los dos bloqueos cubanos

Los dos bloqueos cubanos

En Miami rumoran que Fidel no se ha muerto porque el Diablo no lo quiere en el  infierno. En la Habana,  las malas lenguas dicen que no es que el Diablo no lo quiera, sino que apenas están en negociaciones. Y en el Infierno dicen que Fidel puede morirse cuando se le de la gana.  Los medios ya deben tener preparados los programas para el día de su muerte: los archivos, los documentales, los perfiles, las entrevistas, todo. Ya sabrán cómo van a titular. Y el se morirá creyendo que la historia lo absolverá.

Uno de los expedientes más propagandísticos del régimen cubano es el del “bloqueo”. Es decir, el obstáculo para vender y comprar a los Estados Unidos. ¿Pero qué esperaban? Hacen una revolución para tumbar a Batista, luego se declaran comunistas y hacen alianza con los soviéticos contra su peor enemigo, los Estados Unidos. Su peor enemigo declara el bloqueo, no tenía porque facilitar las cosas a la revolución socialista. (¿O sí?) El desbloqueo significa pasarse del lado de la revolución. Pero como en hipocresía y comercio los Estados Unidos carecen de principios, el propio gobierno cubano en el 2008 reveló que la isla ha hecho negocios todos estos años con al menos 250 empresas norteamericanas. El 80% de la comida que se adquiere con las libretas de racionamiento (pollo, arroz, huevos, granos) proviene de empresas norteamericanas. Se hacen tantos negocios con Cuba, como en las épocas de Lucky Luciano.

Cuando Castró tomó el poder, la economía cubana era la tercera en América Latina, superada apenas por Uruguay y Argentina. El ingreso per cápita cubano era tres veces mayor que el de Chile y el doble de el de España. Hoy tanto Chile como España superan en ingreso personal a Cuba. Sí claro, el bloqueo, pero cuál de los dos.  El pueblo cubano, dejémonos de vainas, también ha sido víctima, como todos los pueblos, de los disparates criminales de sus propios estados, el peor enemigo de la sociedad civil.

El estado Cubano ha sido mejor político que comerciante, mejor propagandista que gestor, mejor represor que emprendedor. La opinión como delito, perseguida por la burocracia paranoica, el mesianismo tropical, la torpeza de la política económica, la dependencia económica de los soviéticos hasta 1990, son pruebas del bloqueo interno, uno más audaz y perverso que el bloqueo de los Estados Unidos. ¿No será más perverso, “desviar” tal como se hizo, una buena parte de los recursos soviéticos destinados a mitigar los problemas domésticos del pueblo cubano, en aventuras militares en África?

De 192 piases miembros de las Naciones Unidas, 184 han votado contra el bloqueo norteamericano contra Cuba. Si un inteligente plan de comercio con esos 184 países, no le ha permitido a Cuba resolver los problemas básicos de abastecimiento social, entonces querría decir que el destino de la revolución cubana siempre ha estado en manos de su peor enemigo. Si Barack Obama desbloquea a Cuba, será el primer presidente negro de los Estados Unidos que habrá hecho por la sociedad cubana, más que Fidel en cincuenta años de reinado.

 

El debate del miedo

El debate del  miedo

El asalto israelí sobre Gaza es un crimen contra la humanidad. Frente al cual la mayor parte de los países del mundo pasaron de agache. Los Estados Unidos y Rusia, por razones de Estado, fueron hipócritamente cautos. Desde el punto de vista de sentido de humanidad deberían haber condenado tajantemente la acción de Israel, como lo debería haber hecho la mayoría de países. Pero en el fondo no lo hacen, porque en circunstancias como las que vive el Estado de Israel y el Estado Palestino, todos obrarían igual que Israel, comenzando por Monseñor Uribe y Micomandante. El caso de Venezuela, al menos es explícito, aunque más que un gesto de humanidad, la ruptura de relaciones y la expulsión del Embajador, sean gestos de propaganda.

 

La liga de los estados árabes se reunió para discutir el asunto de Gaza. Tanto Arabia Saudita como la Autoridad Palestina (AP) condenaron a Hamas. La AP está dividida. Gaza la controla Hamas y Cisjordania Fatah. Hamas echó a patadas a Fatah de Gaza. Hay dos estados palestinos. Detrás de Hamas están Irán, que oficia como el decano del islamismo (se chismosea acerca de que entre  algunos miembros del Estado iraní se ha hablado de la eliminación de Hosni Mubarack, por su oposición a Hamas). Está Hezbolá (un clan radical de chiítas, que hostiga a los sunitas, a los drusos y a los cristianos en Líbano), resultado de la alianza Irán/Siria. De resto, todos los demás países árabes están chocando con Hamas. Hamas quiere guerra, hace lo que puede para provocarla, hasta con misiles caseros. Israel responde para que desde el principio se sepa quién tiene el control militar de la región. Si para hacer eso tiene que matar 1500 civiles, no le importa. El enemigo islamista está en Gaza, está en casa.

 

La división del estado palestino representa la división islamista en el mundo árabe. La propuesta de Hamas es clara. Estados islamistas en África, y desde Gaza hasta Irán. La jihad, es su consigna, la guerra santa su propósito Islamizar el subcontinente, crear un bloque respaldado por Irán, con recursos atómicos, y más allá, diplomáticamente en un tercer plano por China.

 

Los islamistas están convencidos que Dios milita con ellos, al fin y al cabo es una guerra santa, contra los infieles. No importa morir. Y pasará mucho tiempo antes de que desistan de querer probarle su guerra al mundo.

 

 

 

Israel

Israel

José Saramago                          

                      No es el mejor augurio que el futuro presidente de Estados Unidos repita una y otra vez, sin que le tiemble la voz, que mantendrá con Israel la "relación especial" que une los dos países, en particular el apoyo incondicional que la Casa Blanca dispensa a la política represiva (represiva es decir poco) con que los gobernantes (¿y porqué no también los gobernados?) israelíes han venido martirizando por todos los modos y medios al pueblo palestino. Sé que a Barack Obama no le repugna tomar su té con verdugos y criminales de guerra, buen provecho le haga, pero que no cuente con la aprobación de la gente honesta. Otros presidentes colegas suyos lo hicieron antes sin necesitar otra justificación que la tal "relación especial" con la que se da cobertura a cuantas ignominias fueron tramadas por los dos países contra los derechos nacionales de los palestinos.

                         A lo largo de la campaña electoral Barack Obama, ya fuera por vivencia personal o por estrategia política, supo dar de sí mismo la imagen de un padre dedicado. Eso me permite sugerirle que le cuente esta noche una historia a sus hijas antes de que se duerman, la historia de un barco que transportaba cuatro toneladas de medicamentos para socorrer a la población de Gaza en la terrible situación sanitaria en que se encuentra, y que ese barco, Dignidade era su nombre, ha sido destruído por un ataque de fuerzas navales israeliés con el pretexto de que no tenía autorización para atracar en sus costas (creía yo, ignorante redomado, que las costas de Gaza eran palestinas…) Y que no se sorprenda si una de las hijas, o las dos a coro, le dicen: "No te canses, papá, ya sabemos qué es una relación especial, se llama complicidad en el crimen".

El costo de la esperanza

El costo de la esperanza

Barack Obama la promesa negra, el hombre que ha despertado más expectativas en la historia de los presidentes de Estados Unidos, el hombre para la “crisis norteamericana”, que convocará a dos millones de personas en los alrededores del Capitolio en Washington el 20 de enero, no podrá escapar a su destino manifiesto, aunque quisiera, el de ser el Presidente de los Estados Unidos de América.

 

Obama ha extendido una invitación a todos los alcaldes, diputados, congresistas y concejales negros de América Latina para que asistan a su posesión. De modo que quienes el martes estén expectantes frente a sus pantallas, podrán ver a través de CNN o de RCN, al Nene Doc Martínez, cómodamente sentado en una de las tribunas de invitados especiales, junto a los políticos negros de América Latina y el mundo. Tal vez Willington se habría visto mejor.

 

¿Tendrá idea Obama de a quién invita? Si yo fuera él no haría un gesto tan amplio, tan racialmente generoso. Invitar a los negros está bien, pero el problema no es que sean negros, el problema es que no todos los negros son invitables, precisamente porque la naturaleza de la invitación no es racista, sino política. Hay buenos políticos negros, pero también hay malos políticos negros, seguramente muchos más que los otros. Igual a lo que pasa con los blancos, los judíos, los rusos, los japoneses, los indios, los mestizos. Quisiera uno que la invitación fuera a los amigos de la democracia que nos ha prometido, y no solo al color.

 

¿Cuántos amigos le quedan al proyecto de democracia exportable de los Estados Unidos después e los ocho años de Bush? ¿Se pregunta uno que tantos bandidos habrán de estar en las tribunas y en el pasamanos presidencial del 20 de enero? ¿Qué tono deja el gasto de 175 millones de dólares en los tiempos que corren? ¿Hasta dónde Obama tiene claro los límites que como Presidente le han puesto los dueños del país? ¿Hasta dónde trasgredirá los límites de la herencia evangélico-republicana del anterior periodo? ¿Está dispuesto a evacuar las tropas norteamericanas de Irak para abrir una etapa civil de guerra a muerte entre islamistas, que se convertirá en el foco de desestabilización más fuerte en el mundo? ¿Hasta dónde cuenta con los recursos para enfrentar con todo al Talibán?

Quiera Dios que la tribuna donde se sienten indiscriminadamente los políticos negros de Haití, Brasil, República del Congo, Zimbaue, Sudán y Colombia, no sea el retrato de los aliados con que Obama tenga que hacer frente a la crisis global de la economía, de los derechos humanos, de la lengua escrita  y del medio ambiente.  

Poe

Poe

El hombre que jamás sonreía, que iba vestido de negro y le tenía miedo a la oscuridad. Al que le gustaba caminar de día por los cementerios, aún en medio de la lluvia y la nieve. El que enamoró a su impúber y retardada prima Virginia Clemm. Un necrófilo del alma, que se aferró al cadáver de su adorada Virginia, con quien había casado en 1835, hasta que la policía tuvo que venir a separarlos a instancias de los vecinos. El huérfano infantil de dos actores ambulantes y alcohólicos que murieron precozmente de tuberculosis. El hombre que vivió la experiencia de la muerte para narrarla, que descendió hasta los límites de la vida y tocó los cadáveres para hacerlos familiares. El que se sobrecogía para escribir. El que reflexionaba con la poesía y poetizaba con la prosa. El que se alimentaba de la crónica roja, de los mundos proscritos, del más allá de la sociedad, de los sótanos, lo subterráneo, las criptas, las casas abandonadas, las calles peligrosas, para escribir. Un hombre ebrio, alucinado, inseguro, infantil. Un hombre que no tuvo que inventar las pesadillas para hacer literatura de horror, las vivió y nos las ofreció como experiencia única. El que se alimentó de desdicha y sombra, la víctima perfecta del orden social norteamericano. El hombre al que Baudelaire tradujo. El precursor del malditismo, del temblor maldito que contrajeron Rimbaud, Verlaine, Lautreamont, Mallarmé  y Nerval. El hombre lleno de tics, nerviosismos súbitos, sudores sepulcrales, temblores metafísicos, trances alcohólicos. El hombre cuya literatura influyó en Borges, Cortazar, Lovecraft y Virgilio Piñeira. El creador de Chevalier Auguste Dupin, antecesor de Sherlock Holmes y Hércules Poirot. El hombre que nos dejó un catálogo todavía útil de las cosas que se deben hacer y no hacer cuando se trata de escribir un cuento. El hombre que nos heredó el “Descenso al Maelstrom”, “Conversación de Eiros y Charnion” y “Anabel lee”. El que está cumpliendo 200 años de haber sido arrojado al espantoso mundo, a la asquerosa nada, después de que su madre, Elisabeth Arnold, una actriz shakesperiana de la calle, lo hubiera parido, tras un embarazo accidentado durante el que tuvo sueños que la atormentaron.

 

Por diferencia de horas, el bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe coincidió con la posesión del primer presidente negro de los Estados Unidos. Tal vez una sutil coincidencia histórica entre la posesión del “hombre para la crisis” y el aniversario histórico del nacimiento del hombre que penetró en el horror del inconsciente norteamericano, y que hizo de su vida la mejor de las historias que nos legó.       

Gaza o la política de los vengadores

Gaza o la política de los vengadores

Gaza es un pedazo largo de desierto sobre el mar Mediterráneo. Si el Dios de los palestinos existiera debería abrir las aguas - como una vez dicen que lo hizo el dios de los judios en el Mar Rojo para dejarles escapar de Egipto - para que  un millón y medio de palestinos que viven en el mayor campo de concentración del mundo, huyeran

 

 

El conflicto histórico entre israelitas y palestinos no tiene solución. Y si la tiene, será porque al interior de unos y otros se libre una guerra interna  muy costosa, que haga prevalecer la idea práctica de que el conflicto heráldico del siglo XX, debe terminar en una mesa de negociación.

 ¿Pero qué querría decir que el conflicto de tal magnitud histórica no encuentre una solución? Significaría que la guerra entre los pueblos se impone sobre la negociación, la barbarie sobre la lengua, la masacre sobre la mediación, los intereses económicos vinculados a la guerra, sobre los intereses de la sociedad civil.

 Todas las interpretaciones políticas y periodísticas que se hacen del conflicto, están implícitamente más cercanas a una u otra posición, lo que hace que el conflicto no sea entre Gaza e Israel, sino entre dos posiciones que representan la diversidad del conflicto. La que marca la acentuación bélica, porque se trata de una venganza, y la que insiste en la mediación negociada, porque se trata de un acto de humanidad. Mientras el motor, de lado y lado, no deje de ser la venganza, no habrá solución.

 Si se lee a Antonio Ungar en el Espectador (34519), el lector encontrará el acento en la  lucha bélica desigual, David contra Goliat. El cuarto ejército del mundo con toda la tecnología empotrada en sus armas, contra un puñado de guerrilleros armados de rifles y misiles caseros. 800 muertos. Incluyendo niños y mujeres. 42 muertos promedio mensuales. Israel el matón del barrio vs Gaza, la viuda desplazada.  

 Pero si uno lee a Adrian Mac Liman del Centro de Colaboraciones Solidarias, el cuadro es otro. independientemente de la responsabilidad en el  inicio de la última fase del conflicto, la desproporción de fuerzas, el conflicto económico, lo que interesa es la composición vectorial de fuerzas políticas que orienta la reacción – de cada lado - frente al conflicto.  Las fuerzas de Netanyahu - que como Hitler con los compromisos de no agresión, convirtió los acuerdos de Oslo en letra muerta - son importantes para predecir el curso de la respuesta israelita en las próximas semanas, frente a la pretensión de Hamas de lanzar una nueva intifada . El mismo juego vectorial de la política que opera en el marco de la diversidad de fuerzas que integran Hamas, la facción de los Hermanos Musulmanes, que presionó como respuesta frente al estrangulamiento económico de la franja, una lluvia de misiles contra Israel. Liman no aclara si eran  caseros o industriales.

 Mientras los vengadores de cada flanco no pierdan sus guerras internas, frente a la voluntad mediadora, el ignominioso conflicto árabe-israelí, afrenta para toda la humanidad, no tiene ni tendrá solución. 

 

 

El país de las últimas cosas

El país de las últimas cosas

A Paul Auster se le ocurrió, en un ejercicio de ficción apocalíptica, un final, pero no a la manera de la ciencia ficción; ese buen género que tanto gusta a los optimistas. Hizo una escenificación desde el punto de no retorno. El lugar del retroceso que cierra el tiempo social de un organismo vivo, como  el auróboro que se devora por la cola. La sociedad termina comiéndose a sí misma.   

Mi amigo Andor Graut tiene un proyecto de cuento, del que jamás recuerdo su título original, porque tan pronto terminé de leerlo, la primera vez,  debí cambiarle el nombre: El  día antes del fin.

La versión de las últimas cosas, antes del fin, las que al desquiciarse ponen fin a la escena humana. Cuenta entre dos y tres años de la vida de Anna Blume en el país, quien  escribe una carta de 200 páginas, a un corresponsal desconocido fuera del país. Le refiere su viaje en busca de William su hermano, corresponsal de prensa perdido en el país. Pero cuando la carta termina, apenas vamos en el fin de la Residencia Woburn.

La novela es un engendro sobrecogedor aireado por el aroma concreto de la ficción de Kafka. Da cuenta en conjunto de lo que podría ser la última década. La verosimilitud que apuntala el horror, se deriva en gran parte, de la forma como Auster concibe el tiempo, de manera histórica, no a la manera de la ciencia ficción, para la que el tiempo no obedece a leyes humanas.

 

Desde luego no se necesita demasiada imaginación para hacer un cuadro proyectado de la degradación ambiental, económica y humana. Hay mucho de donde agarrar, ejemplos sobran. Lo grandioso de la novela es que sea un infierno a la medida de nuestra propia desgracia agasapada en el presente, sin concesiones, sin atenuantes, sin religión.

 

“La gente  que usa el lenguaje fantástico siempre muere mientras duerme” le dice Anna a su corresponsal. Si la carta se ha publicado es porque la carta salió del país. Un enervante país, que deriva su condición de infierno, del hecho de que no hay salida de él. Cuando Anna pretende regresar, va a los muelles y encuentra que están haciendo una muralla a todo lo largo de la costa para separar el país del mundo. Los aviones ya no existen.

 

Auster, el filigranista de la trama, el más querido de los laberintistas,  encantador en el sentido de las Mil y una noches, en lo que nos refiere, no está inventando – es el mayor horror de la novela - las cosas que le dan el aire al horror, cuenta cosas que ya han ocurrido. ¿No hemos visto acaso la nube de moscas que persigue a las nubes de hambrientos  que huyen de las Eritreas, las Etiopias y los Darfures? Un mundo sin orden, sin ley, sin religión, sin posibilidad, sin esperanza, sin futuro, que va muriendo mientras huye.

El país de las últimas cosas: el que va perdiendo la memoria, donde ya nadie nace (Los niños del hombre, de Cuarón), donde se acabó el combustible,  donde ya no hay aviones, donde las calles son grietas de podredumbre. Un país de riesgo en cada esquina, la ciudad sin certeza, “en donde sólo puedes aprender a sobrevivir si aprendes a prescindir de todo".    

“Yo soy así y a veces peor”

“Yo soy así y a veces peor”

54 años, papada arzobispal, venerable calvicie, camisa blanca de manga larga, tirantes negros, sus manos levantadas y abiertas en un gesto de desprevenida inocencia. Cubre su barriga pontificia con unos calzones negros de paño ministerial que le llegan más arriba del ombligo. Los labios echados hacia abajo, el rictus burlón del cínico ilustrado. Si uno llegara a ver esta foto publicada en un diario, sin el pie de página, diría que es el Don “apacible” del clan calabrés, en su sillón favorito, en una habitación en su casa de New York.

El historial de Alejandro Ordóñez Maldonado, Procurador electo de Colombia, tiene dos versiones. La de sus amigos, aliados políticos y sus amangüalados de ocasión. Es un juez de carrera, intrínsecamente conservador, santandereano, católico racional, es decir, solo fanático de la ley. Profesor de Filosofía del derecho e Historia de la Filosofía. Tiene un registro de pulcras sentencias en su hoja de vida. Su mayor pecado fue no haber sido elegido a un escaño en el Congreso. Un pecado del que se redime siendo el candidato postulado del Consejo de Estado al cargo.

La otra versión, la de sus enemigos políticos, liberales y de izquierda: es un juez de carrera. Conservador, santandereano y católico rezandero, de escapulario y rosario. Podría ser un buen miembro del Opus Dei, si no fuera santandereano. Representa – en opinión de Carlos Gaviria – lo más agresivamente peligroso para la cultura política del país: el fanatismo premoderno. Profesor autoritario. Miembro del clan secreto de Fahrenheit 451. Anti-homosexual, anti-aborto, anti-eutanasia, anti-dosis personal. Su mayor pecado: la “segunda naturaleza de ponderación” de la que se jacta en su condición de juez de carrera, no le asegura, ni a él ni a nadie, la independencia de carácter jurídico. Los hombres no solamente son peligrosos cuando se levantan en armas, también lo son pensando. Nada lo redime. Y menos que haya sido el candidato tapado de Monseñor Uribe Vélez. El pecado político que terminó dividiendo al Polo.

Siempre se ha sostenido que la Procuraduría debe estar en manos del partido contrario al de gobierno, así que no se sabe con qué casuística se ha considerado al fenecido partido conservador, contrario, cuando ha sido el principal soporte de Monseñor Uribe. El mono Holguín Sardi hizo con el azul de Caro y el rojo desteñido del disidente Uribe, un partido morado, el color del uribismo, que se ha entregado, hincado, como lugarteniente, portavoz, cómplice, aliado y escolta jurídico a Monseñor, durante sus siete años de inmisericorde gobierno.

Tres eran los candidatos al cargo. El tapado de Monseñor Uribe Vélez – Ordóñez – apoyado por todas las bancadas cómplices, la horda leguleya de sus aliados, que se hicieron valer en una votación aplastante. El candidato de la Corte Suprema y de Pastrana – Camilo Gómez – que obtuvo un voto. Menos generoso –sin duda - que Ordóñez en su campaña. El tercero era el candidato oficial de Monseñor, un erudito costeño que responde preguntas por la radio y por el que nadie quiso dar un voto.         

 

Pierde el candidato del Presidente y se le da la Procuraduría al más lambón, entregado y sumiso de los partidos uribistas. Como dirían los viejos, manes de la democracia.

 

La historia de Horacio

La historia de Horacio

Leyéndolo tuve la sensación de que Tomás González es muy puro.
Elfriede Jelinek
.Premio Nobel 2004

                                                 Es una novela de lavar y planchar, con el aire monótonamente igual de todos los días en la vida de un hombre, un Volkswagen y una vaca. Días largos y cortos en los que apenas cambia el orden en que ocurren las mismas cosas de todos los días. Avanza a ritmo de jubilado, a medida que se consumen pielrojas unos tras otros, entre el clima prolongado de un parto vacuno y los síntomas reconocibles del primer infarto.

Tomás Gonzáles es un escritor antioqueño que bordea los sesenta años y que vive recluido en una finca en la sabana. No le gusta hablar en público, irredimiblemente tímido, no concede entrevistas, es un monosilábico consumado en los poquísimos encuentros a que lo obligan a asistir, en su incorregible juventud fue filósofo de la Universidad Nacional, y en opinión de Antonio García y Julio Cesar Londoño, el mejor novelista colombiano vivo. 

Los escritores paisas, comenzando por Carrasquilla, tienen la gracia de cristalizar la viveza de lo oral en la novela, esa gracia tan propia de la vida, por la que se reduce el habla en su más extrema informalidad, acalorada, nimia y boba, al orden de la escritura: Vallejo y Jorge Franco.

González es autor de un par de novelas, un par de libros de cuentos y un libro de poemas. Es un estilista de lo coloquial, un talentoso animador de atmósferas, al que la preocupa menos la historia que la voz, el centro de gravedad de su relato.

Horacio, el personaje, es un señor por allá en 1961, tiene un Volkswagen metido en un garaje, a su vez, relleno de antigüedades que compra por el extraño gusto de apropiación de los coleccionistas. Es dueño de  una vaca, a la que concede más importancia que a su mujer, no obstante tener ella nombre de vaca: Margarita. Se mueve entre su propia familia, la de su mujer, sus diez hermanas y su hijo Jerónimo, un auténtico hijueputica que hace vergajadas durante toda la novela, y la familia de sus hermanos, Álvaro y Elías.

No es una novela de ideas, al estilo de las de Broch, ni de digresiones como Tristram Shandy, ni costumbrista como las de Caballero Calderón. Su virtud, seguramente la torna inclasificable. No es una gran novela, porque ya pasaron los tiempos de las grandes novelas, estamos en la época de las novelas eficientes, breves, compactas, agarradoras, rápidas. Aún así, tiene la virtud de haber logrado, entre centenares de novelas que aparecen – publicada por primera vez hace once años -  la gracia galana de la fluidez, el elegante sentido de la transición, la escenificación precisa y diciente, y sobre todo, el carácter cierto de las voces que le dan  el aire de fluida gravedad de las buenas novelas.

La Historia de Horacio es una de esas novelas de las que no se puede decir de qué trata, pero que logra el milagroso efecto temporal, de que el lector no advierta cuándo termina. Es una novela a la que no le sobra y deja con ganas. No precisamente de que pasen cosas distintas, sino a que pase más de lo mismo, es decir, a que no pase nada.

 

 

El último diario de Tony Flowers

El último diario de Tony Flowers

No estoy seguro de saber a qué se refieren los escritores y críticos cuando hablan de literatura metaficcional. La primera impresión que me causa el término, es que me van a engañar. Deberán disculpar mi prevención, pero soy viejo. Andor Graut escribe un blog metaficcional: fantasía metaficcional. Pobre Graut, se cree todo lo que afirma.

                         La primera referencia a Tony Flowers la tuve googleando como cualquier desocupado, a propósito de la visita de Octavio Escobar a Cali, a darle una mano a la Fundación Casa de la Lectura y a trabajar con el taller Renata de Julio César Londoño. Di con un par de páginas de un tipo, cuyo nombre solo recuerda Octavio, que desarma “El último diario de Tony Flowers”,  para ver qué tiene adentro. El tipo se le mete debajo al texto de Escobar, como un mecánico de carros, para husmearle el culo metaficcional al libro.

El traductor del diario, trasunto inmediato e irremediable de Escobar, recibe la propuesta - a nombre del editor - de traducir el último diario de Tony Flowers (Nebraska 1946), a quien considera “…apenas merecedor del gusto indulgente de las “amigas” lectoras de Vanidades”. El libro comienza con la nota del traductor, seguida de un In Memorian firmado por el editor Spielmann – que debería haber ido primero - , y que a costa de nosotros los lectores, se nos presenta como un censor moral, de la peor especie, que resuelve eliminar del diario lo mejor: el escándalo. Hubiera censurado el expediente Lovecraft, aún a riesgo de defraudar a los estandartes del horror. Pero hubiera sido preferible, que defraudarnos a todos.

Me inclino a creer que las otras dos libretas marrón en las que Flowers llevaba su diario, eran mejores que la que sobrevivió el incendio, y que terminó siendo traducida por un piadoso detractor de Flowers, y publicada por un mojigato. La gracia del traductor está  en  introducir unos macarrónicos pies de página, que más parecen pie de fuerza. Plagados de erudideces informativas, que le brindan la única oportunidad de cobrarse la traducción, limpia, pero sin brillo.      

Hace años se me ocurrió la idea de una novela epistolar, a la manera de Pamela y Clarisa de Samuel Richardson, con espesor político de fondo. Inventé corresponsales en distintas ciudades del mundo y tracé una línea dramática que no sabía a dónde iría. Comencé  a escribir cartas como un loco. Cuando tuve 85 cuartillas me detuve y leí lo que había hecho. Encontré que a pesar de las diferencias entre personajes, en los hechos objeto de las cartas, había en todas ellas una misma e inconveniente voz: la del autor. Sobre impuse mi voz, a la voz de los corresponsales, lo que arruinó la singularidad de la novela, la mayor gracia en la escenificación narrativa.

 He creído necesario por simple consecuencia, leer el libro de Octavio, como lo que es, como un diario. Tony Flowers es un buen testigo de su época, testigo cotidiano de la USA de los ochenta, con un particular y fino punto de vista, para mostrarnos lo que ve, lo que siente. Refleja la vida de un escritor contemporáneo en New York, uno de los más populares de USA, recuerda el Editor, según las listas de autores del New York Times. Pero su diario –la versión traducida que nos tocó en gracia - no tiene el tono de un diario, como si le hubieran extraído el hálito de privacidad y de secreto que le da el aroma a cualquier diario. La voz no corresponde siempre al tipo que vive en el entramado de hechos que nos refiere. Creo que entre el editor y el traductor lo echaron a perder. (Es como si por momentos se hubiera querido hacer una novela a punta de diarios).  Es un diario demasiado perfecto en su forma, demasiado sintáctico, sin las traviesas libertades de todos los diarios, con los cortes y los tics propios de una escritura para no ser publicada.

 La voz de Tony Flowers ha sido amaneradamente maquillada en la traducción, se le han eliminado los barbarismos privados, los giros espontáneos que seguramente lo definían. Es un diario al que se le ha apagado la oscilación de los estados de ánimo, como si Flowers nunca hubiera escrito desaforado, a veces sin ganas, jodido, encoñado, empericado. Los sobresaltos, las dichas, la tensión a que se ve sometido, no encuentran resonancia en la voz normalizada del diario.

 La traducción logró traicionar el desenfado rotundo de la primera persona, que escribe su diario bajo la certidumbre de que nunca va ser leído por nadie, salvo, desde luego, que se trate del diario de un político o un dictador suramericano.

 

Matar un escritor

Matar un escritor

Es más efectivo matar al autor que quemar el libro. Además quemar libros ya no tiene presentación. La eliminación del autor es más ejemplarizante, educativa, y menos engorrosa que ponerse a buscar los libros, en un millón de librerías, bibliotecas y casas, como imaginó el loco de Bradbury, que se podría hacer. De Fahrenheit 451 aprendimos que hay que quemar los textos, arrasar con la cultura escrita, no dejar letra sobre letra en el mundo. A la Señora Blake, no solamente le quemaron toda la biblioteca en la misma casa, sino que la quemaron a ella, con el piadoso argumento de que sin sus libros ya no era nada.

Un escritor napolitano de 29 años, Roberto Saviano, publica su libro - reportaje, Gomorra en el 2006 y recibe amenazas de muerte del clan Casalesi, el más poderoso de la Camorra. Desde entonces, como Rushdie, ha debido pasar a la clandestinidad y ser escoltado cuando se mueve por los carabineros italianos. No se trata de una novela. Pero aún así, la escritura taladra un nervio que obliga a las hegemonías, a los fundamentalismos y a las mafias, a responder de manera igual, en última instancia.

¿El Islam peleando contra una novela? ¿La camorra napolitana contra un reportaje? ¿El catolicismo esgrimiendo un índice y quemando libros? ¿Pinochet peleando contra el Quijote? En Santiago de Chile sus seguidores quemaron en la calle ediciones completas, cuando casi cuatro cientos años después leyeron en él una burla al poder.

Cuando se trata de castigar, por lo que en el fondo se considera una delación de la fe, de los negocios y de la intimidad, la reacción es extrema. Hay cargos que no se pagan sino con la vida, en eso todos comparten un mismo código de honor.

Qué distinta la reacción de Kundera, frente al caso Rushdie, a la de un hombre como Octavio Paz. El primero invocando el espíritu de la ficción, la legítima suspensión moral de la novela, la defendió. El segundo, defendió lo sagrado sobre la ficción,  el derecho de las religiones a no ser delatadas.

Dario Fo, Mijail Gorbachov, Gunter Grass, Rita Levi Montalcini, Orhan Pamuk y Desmond Tutu, han hecho llegar una comunicación al diario la República, en defensa cerrada por la vida de Roberto Saviano.

 

 

Si no soy yo ¿quién?

Si no soy yo ¿quién?

Colombia y Venezuela trágicamente gobernadas desde distintos flancos políticos, comparten en el poder un par de megalómanos con delirio mesiánico. El uno que no ha querido decir que quiere seguir siendo presidente, y el otro que dice, que dice el pueblo, necesita seguir indefinidamente. Ambos son demócratas: pactan la continuidad y la sucesión mediante elecciones. El Micomandante, dijo que ahí donde las perdiera, sacaría sus tanques. Monseñor cabalga en las encuestas sin que se le riegue el tinto. 

 Monseñor y el Mico no son hombres, son causas. Pero, con un agravante, la única necesaria para el país. Monseñor dice: necesito la continuidad de la “seguridad democrática”. El Mico dice, necesito la continuidad de la “revolución socialista”, la apoteosis bolivariana, si señor. Ambas proyectos son sus banderas. El Micomandante, es claro: necesito reelección indefinida. Su padre deja la gobernación de Barinas para entregársela a su hijo, el Mico chiquito. Monseñor es una mezcla de jesuita y José Obdulio: no habla de lo que no le conviene, y cuando habla miente o nos vende una falacia.

 Las elecciones para el Micomandante fueron buenas en cantidad. En calidad, es como si Monseñor perdiera, Valle, Antioquia, Atlántico, Santander y fuera de eso Bogotá. En un arrebato de respeto democrático, que repugna, la noche de las elecciones, con resultados en la mano, dijo en la presentación al filo de la media noche: Venezuela es un estado democrático, aquí no hay ninguna dictadura, reconocemos el triunfo de la oposición. Más como un político que como un militar, prefirió mentir que sacar sus tanques.

 En Colombia, no tendremos cómo pagar los servicios combinados de David Murcia y  Vargas Lleras, en la tarea de hundir, de distinto modo, la aprobación del referendo de reelección. Contribuyó también que el sacristán siniestro, mandadero y chupaculos, de Giraldo, no sabe escribir. Entregó un texto de referendo a la Registraduría, que terminó siendo un boomerang. Tampoco dice Giraldo, de qué fondo salieron los recursos para financiar el despropósito. No ha podido decírselo al país. Vargas Lleras, más fiel a sí mismo, que a Monseñor, se declaró en campaña.

 ¿Qué será de Colombia sin la seguridad de Monseñor y qué de Venezuela, sin el socialismo del Micomandante?

La amistosa traición a la privacidad

La amistosa traición a la privacidad

La semana pasada en la televisión mexicana se pasó un reportaje extenso con Joaquín  López Dóriga (periodista) sobre Facebook, Hi5, Myspace, Sonico y demás etcéteras. Quedó en claro que más que para “hacer amigos” estas paginas sirven para hacer enemigos. Terminó por ser una herramienta para secuestradores que la utilizan como fuente privilegiada de información directa y confiable.

Entrevistados los secuestradores  dijeron que entran a la red y ven los ROSTROS, la casa, los carros, las fotos de viaje y saben el nivel social y económico que tienen quienes ahí aparecen. Antes las cosas eran más difíciles, ahora ya no se confunden ni tienen que investigar en donde viven o en que escuela estudian y a donde viajan y quienes son sus papas, hermanos y amigos.  Eso pasó con Alejandro Marti, (joven mexicano asesinado por sus secuestradores).  La familia acaba de cerrar su blog después de darse cuenta de la cantidad de información que el joven había puesto ahí con alegría y sin sospechar que estaba armando a quienes lo mataron. 
 
Facebook está vendiendo la información de sus usuarios al mejor postor. Cito textualmente: ’Lo que muchos usuarios no saben es que de acuerdo a las condiciones del contrato que virtualmente asumen al hacer clic en el cuadro ’acepto’, los usuarios le otorgan a Facebook la propiedad exclusiva y perpetua de toda la información e imágenes que publican.
De hecho,  los afiliados automáticamente autorizan a Facebook el uso perpetuo y transferible, junto con los derechos de distribución o despliegue público de todo lo que cuelgan en su página Web. Los términos de uso le reserva a Facebook el derecho a conceder y sub-licenciar todo ’el contenido del usuario’.  
Sin su consentimiento, a muchos usuarios les convirtieron sus fotografías en publicidad, transformando un comercio privado en endosos públicos.
De repente todo lo que sus afiliados publicaron, incluyendo sus fotografías personales, su inclinación política, el estado de sus relaciones afectivas, intereses individuales y hasta la dirección de la casa, se envió sin su autorización expresa a millares de usuarios.

Hay que creerle a Mr. Melber cuando asegura que muchos empleadores gringos al evaluar hojas de vida revisan Facebook para conocer intimidades de los solicitantes. Las páginas para hacer amigos, que no se hacen, son una vitrina gratuita, que convierten la exposición d ela privacidad en un riesgo. Toda la información que coloquen ahí puede ser usada contra ustedes.

En un sonado caso en la Universidad John Brown se expulsó a un estudiante cuando se descubrió una foto que colgó en Facebook vestido de travesti. Otra evidencia sucedió cuando un agente del Servicio Secreto visitó en la Universidad de Oklahoma al estudiante de segundo año Saúl Martínez por un comentario que publicó en contra Bush.  Y para colmo de males, el asunto no termina si el usuario decide retirarse. Aun cuando los usuarios cancelan la membresía, sus fotos e información permanecen a bordo de las páginas de amigos. Es más, el usuario no es retirado inclusive cuando fallece. De acuerdo a las ’condiciones de uso,’ los dolientes no pueden obligarlas a que descuelgue los datos e imágenes de sus deudos, ya que cuando el finado aceptó el contrato virtual les otorgó el derecho de ’mantenerlo activo bajo un status especial de conmemoración por un período indeterminado. 

Todos los usuarios son partícipes indefensos de un escenario de espionaje, víctimas potenciales de manipulaciones de imagen, de extorsionistas, chantajistas y secuestradores. Tanta sociabilidad fallida tiene unos costos. Ese gran álbum de malas fotografías y promesas de amistad que animan a los ingenuos y a los solitarios, es un recurso que pone en riesgo a cada uno de los usuarios. Algunos académicos lo califican como el más grande expediente de espionaje en la historia. De paso se convierten  en la involuntaria extensión del fenómeno ’Big Brother’. Alusión directa a la intromisión abusiva del estado en los asuntos privados del ciudadano común, para controlar su comportamiento social. El tema de una novela profundamente premonitoria escrita en 1932 por el británico Aldous Huxley: ’Un Mundo Feliz.’

 















       La semana pasada en la televisión mexicana se pasó un reportaje extenso con Joaquín  López Dóriga (periodista) sobre Facebook, Hi5, Myspace, Sonico y demás etcéteras. Quedó en claro que más que para “hacer amigos” estas paginas sirven para hacer enemigos. Terminó por ser una herramienta para secuestradores que la utilizan como fuente privilegiada de información directa y confiable.

Entrevistados los secuestradores  dijeron que entran a la red y ven los ROSTROS, la casa, los carros, las fotos de viaje y saben el nivel social y económico que tienen quienes ahí aparecen. Antes las cosas eran más difíciles, ahora ya no se confunden ni tienen que investigar en donde viven o en que escuela estudian y a donde viajan y quienes son sus papas, hermanos y amigos.  Eso pasó con Alejandro Marti, (joven mexicano asesinado por sus secuestradores).  La familia acaba de cerrar su blog después de darse cuenta de la cantidad de información que el joven había puesto ahí con alegría y sin sospechar que estaba armando a quienes lo mataron. 
 
Facebook está vendiendo la información de sus usuarios al mejor postor. Cito textualmente: ’Lo que muchos usuarios no saben es que de acuerdo a las condiciones del contrato que virtualmente asumen al hacer clic en el cuadro ’acepto’, los usuarios le otorgan a Facebook la propiedad exclusiva y perpetua de toda la información e imágenes que publican.
De hecho,  los afiliados automáticamente autorizan a Facebook el uso perpetuo y transferible, junto con los derechos de distribución o despliegue público de todo lo que cuelgan en su página Web. Los términos de uso le reserva a Facebook el derecho a conceder y sub-licenciar todo ’el contenido del usuario’.  
Sin su consentimiento, a muchos usuarios les convirtieron sus fotografías en publicidad, transformando un comercio privado en endosos públicos.
De repente todo lo que sus afiliados publicaron, incluyendo sus fotografías personales, su inclinación política, el estado de sus relaciones afectivas, intereses individuales y hasta la dirección de la casa, se envió sin su autorización expresa a millares de usuarios.

Hay que creerle a Mr. Melber cuando asegura que muchos empleadores gringos al evaluar hojas de vida revisan Facebook para conocer intimidades de los solicitantes. Las páginas para hacer amigos, que no se hacen, son una vitrina gratuita, que convierten la exposición d ela privacidad en un riesgo. Toda la información que coloquen ahí puede ser usada contra ustedes.

En un sonado caso en la Universidad John Brown se expulsó a un estudiante cuando se descubrió una foto que colgó en Facebook vestido de travesti. Otra evidencia sucedió cuando un agente del Servicio Secreto visitó en la Universidad de Oklahoma al estudiante de segundo año Saúl Martínez por un comentario que publicó en contra Bush.  Y para colmo de males, el asunto no termina si el usuario decide retirarse. Aun cuando los usuarios cancelan la membresía, sus fotos e información permanecen a bordo de las páginas de amigos. Es más, el usuario no es retirado inclusive cuando fallece. De acuerdo a las ’condiciones de uso,’ los dolientes no pueden obligarlas a que descuelgue los datos e imágenes de sus deudos, ya que cuando el finado aceptó el contrato virtual les otorgó el derecho de ’mantenerlo activo bajo un status especial de conmemoración por un período indeterminado. 

Todos los usuarios son partícipes indefensos de un escenario de espionaje, víctimas potenciales de manipulaciones de imagen, de extorsionistas, chantajistas y secuestradores. Tanta sociabilidad fallida tiene unos costos. Ese gran álbum de malas fotografías y promesas de amistad que animan a los ingenuos y a los solitarios, es un recurso que pone en riesgo a cada uno de los usuarios. Algunos académicos lo califican como el más grande expediente de espionaje en la historia. De paso se convierten  en la involuntaria extensión del fenómeno ’Big Brother’. Alusión directa a la intromisión abusiva del estado en los asuntos privados del ciudadano común, para controlar su comportamiento social. El tema de una novela profundamente premonitoria escrita en 1932 por el británico Aldous Huxley: ’Un Mundo Feliz.’

 

 

Petróleo sangriento

Petróleo sangriento

Upton Sinclair habría aprobado la película. Conserva la almendra de la novela. El guionista tuvo el suficiente cuidado de no leerla para una adaptación, más para contagiarse de la experiencia que provoca. Como lo haría cualquier lector.

"Sangrienta y magníficamente extraña” dijo Todd McCarthy en Variety. Ni tan sangrienta ni tan extraña. Si se trata de comenzar a descifrarla por el tema, como es la mala costumbre, lo grande que Paul Thomas Anderson hace es elaborar un personaje, realizarlo en su condición de capitalista, capaz de someterse a la religión para sus fines y corromper los lazos familiares. Pues bien, Marx, también habría estado de acuerdo. ¿No dijo en el Manifiesto que “la burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las ha reducido a simples relaciones de dinero?”.

Olvidémonos de las ocho nominaciones al Oscar, que en muchos casos apenas inflan la mierda. La película se para con los pies en la tierra. Sabe hacer sus escenas. La mayor gracia de una película o una novela: escenificar. De nada vale una buena novela, un buen guión, si el director no lo rueda como una cadena de escenas para la intensifican de la experiencia que propone. Si tiene defectos, sus virtudes los hacen discretos a ojos de los espectadores. Los críticos bien pueden darse a buscarlos. Un periódico de Boston dijo que el final es de un melodramático excesivo, que termina tirándosela.

Daniel Day-Lewis hace bien su trabajo, siempre lo ha hecho. No hace muchas películas, pero las que hace no se olvidan. La insoportable levedad del ser, Pandillas de New York y Petróleo. Toma una caracterización de papel – la novela, el guión, la biografía - , la desarma y con las partes se reconstruye en una auto creación dramática. Daniel Day representa a Daniel Plainview – el petrolero que va comprando tierras por todo Texas, en compañía de su hijo mudo -. Actor y personaje comparten el nombre. La gracia del film se ve en una presentación del personaje en los primeros diez minutos, durante los que lo vemos haciéndose ante nosotros, sin decir una palabra.

Hay una gracia sutil, casi metafísica en el tratamiento del tiempo, de suyo una de las cosas más complicadas de domar para la eficiencia narrativa. Hacer caber el tiempo de la historia en el tiempo de duración del film. En dos horas y veinte de película debe hacer caber una historia que va de 1890 a finales de los veinte. Se puede hacer caber de distintas formas. Embutiendo un tiempo en otro, como quien embute una longaniza en su forro. O de otro modo, sincronizando la velocidad del relato en el texto a la velocidad en el film, para que el espectador no se de cuenta del paso del tiempo, y asista a una progresión diseñada sin sobresaltos, conservando un ritmo que no desacompasa, como un continuo que no afecta la continuidad y conserva al espectador sometido a la magia de la escena.

No darnos cuenta del paso del tiempo en una película, es una muy extraña suspensión, semejante a la que nos sometemos cuando hay algo que intensifica la experiencia, como el juego, el sexo, o el riesgo.

DMG

DMG

Los bandidos entre sí, o se guardan la espalda o se eliminan. Lo que los tipifica es que son consecuentes en ambos casos. No hay nada peor que un sapo, o un vivo.

David Murcia Guzmán visitó a Monseñor Uribe en el mismo Palacio de Narquiño, donde trabaja José Obdulio, donde estuvo Job, donde asiste el Embajador Chaux. Hablaron de negocios, qué más se podría con Murcia. Los hijos del Presidente también hablaron con él. Si los bandidos pueden entrar al palacio, aunque sea al sótano, por qué no recibir en el salón a un colombiano de éxito. Un cundinamarqués humilde y emprendedor. Luego se hablaron por teléfono. Se cruzaron mensajes, se felicitaron y reconocieron. Son hombres que tienen mucho en común. Cada uno a su manera ejerce un liderazgo.

Murcia es un piramidista en sentido estricto, utiliza los recursos invertidos por sus clientes para crear un flujo de bienes y servicios con el que paga a otros clientes, en una progresiva cadena de intermediación, que sin obligarle a invertir gran cosa, le permite competir en captación. No lo es, en sentido vulgar, un captador de dinero efectivo, que atrae inversionistas con el halago de narco intereses, con cuyos aportes paga a otros, hasta cuando los inversionistas de ayer no alcanzan a cubrir a los de hoy. Cuando saben que la pirámide se va a caer, se vuelan con el dinero en bolsas negras de plástico, por la puerta de atrás o por la terraza, dejando una nota pegada en la puerta, de profundo agradeciendo a la imbecilidad y ambición de miles de estafados.

Pero Murcia como piramidista, no es distinto a los captadores del sistema formal. ¿No es el negocio de los bancos trabajar y hacer rendir el dinero que les consignan? ¿No invierten, no prestan, no especulan, con el dinero colocado? ¿No temen como Murcia – o cualquier piramidista - que se produzca una retirada masiva? ¿No son ambos responsables de un modelo de captación? ¿La banca en general no es una gran pirámide legal? Que además paga los peores intereses del mundo.

Murcia ha sido investigado durante tres años seguidos. Ha tenido a los mejores abogados como consultores a su servicio, ha pagado ocho mil millones en impuestos, ha emitido tarjetas de puntos como Carulla, Éxito, Olímpica, ofrece ventas a precios de cadena, tenía autorización para abrir oficinas y ha mostrado sus libros. Pero ahora que se produjo la monumental caída de de DRFE, después de que el gobierno impasible, asistió a una tumbada en masa, el mejor chivo expiatorio que podían encontrar era él. Le cerraron los negocios en Colombia, influyeron para que lo hicieran en Venezuela y Ecuador. Su examigo el Presidente poseído de patriótica indignación lo extraditó, ordenó hurgar el pasado de su socio brasilero para vincularlo con el delito de estafa, y seguramente a su socio bielorruso no demorarán en encontrarle nexos con la mafia.

Ahora sí, cuando la hecatombe se produjo, antes que hacerse reelegir, el Presidente necesita un culpable, para lavarse de la lavada de manos que hizo frente a las pirámides. Todo el peso de la ley contra Murcia, después de que los piramidistas movieron un negocio de .7 de billón. Se demoraron tanto en hacer algo, que hasta el mismo Presidente reconoció no haber reaccionado. Para resarcirse ante los medios destituyo al superintendente financiero, posiblemente el más débil en la cadena de responsabilidad. Cuando Murcia vio que la única forma de tapar la tardía acción del gobierno, cobraba la forma de una arremetida contra él, le reclamó al gobierno no haber hecho nada, le recordó las herramientas legales vigentes de que dispone para regular el sistema de captación, les dijo que no habían cumplido con su deber, que de alguna manera era cómplice. Le anticipó desde septiembre el colapso de DRFE, lo acusó de haber actuado solo cuando sus socios, los captadores formales como el grupo Aval, advirtieron fugas grandes de recursos, que estaban siendo sacando para meterlos a las pirámides.

Con esa tacañería proverbial de la banca y las corporaciones, con la voracidad criminal con la que hacen especulación hipotecaria, con las burbujas de crédito y el dinero plástico, cualquiera que tenga sus ahorros con ellos, debería sacarlo para invertirlo en otra cosa, aunque no tuviera rendimientos de pirámide. Un sistema que mueve 203 billones en captaciones, es mucho más peligroso que Murcia.

Un homenaje nacional a Carlo Ponzi

Un homenaje nacional a Carlo Ponzi

Colombia le rinde homenaje a Carlo Ponzi, el arquitecto de las pirámides de América, levantadas en 1920. Ponzi era un estafador italiano de poca monta que llegó sin un céntimo a New York. Después de comer mierda durante algún tiempo, inventó un negocio por el cual los inversionistas se pagaban entre sí, y él se quedaba con la intermediación. Pero Ponzi, que no era científico social, no alcanzó a controlar el colapso que él mismo provocó. Las pirámides se desplomaron cuando la masa de inversionistas de ayer, no pudo sostener los intereses de los inversionistas de hoy. Ponzi murió en la más condenada miseria en un inquilinato de Río de Janeiro.

 

Hasta que el sistema informal de captación no se volvió un problema de orden público, que obligó a  gasear a multitudes defraudadas, a imponer toques de queda, que causó dos muertos, un suicido y comprometió cerca de 0.75 de billón de pesos, el Gobierno no movió un dedo. Se mantuvo en el balcón estatal de Santa Fe, observando cómo los bandidos de la economía informal se aprovechaban de la estupidez, la inocencia y la ambición de miles de pequeños ahorradores, para consumar un atraco colectivo.

 

No se sabe qué es peor. Si la impavidez con trazos cómplices del Estado, la ambición pueblerina de los ahorradores, o la astucia criminal de los magos de las Pirámides. El Estado primero se cruza de brazos y luego alarmado busca entre sus instituciones a un culpable. Todas son responsables. Si se cayó el Superintendente Financiero por omisión, debería caerse el Fiscal, el Ministro e Hacienda, el Contralor y el Presidente. La irresponsabilidad política estatal los compromete a todos. Desde 1982 hay un decreto – el 2920 – que prohíbe las actividades informales de captación. Un decreto a la medida del sector formal de captadores de dinero.

 

Los inversionistas entraron en pánico. Muchos de ellos hasta dormían alrededor de las agencias para evitar que los captadores se volaran. Cuando se produjo la caída del dominó se apresuraron a la asonada. Se agruparon, rompieron locales, asaltaron las agencias, sacaron computadores, mesas, asientos, hasta matas. En Buesaco (Nariño) los enardecidos desfalcados asesinaron al Personero Municipal, cuando creyeron que iba a volarse con el dinero.  Hasta Tola y Maruja fueron víctimas, perdieron los ahorros de toda la vida: setenta mil pesos.

 

Los magos se vuelan como ladrones comunes, con bolsas de plástico llenas de billetes, y otros, como David Murcia (DMG) enfrentan al gobierno, a los medios. “La única carta que tenían por jugarse era crear pánico colectivo” les dijo. En un video puesto en Internet el 12 de septiembre, bajo el título de “DMG vs Terrorismo financiero”, denuncia al Estado por no haber querido hacer nada a tiempo, teniendo las herramientas legales y los recursos administrativos. Les anticipó la caída de DRFE.

 

Ni siquiera para favorecer a sus socios, los captadores formales, como el grupo Aval, el Gobierno intervino a tiempo. Prendió las alarmas cuando el sistema formal de banca, ahorro y cooperativo, denunció retiros importantes de fondos para invertir en pirámides. En el último año el sistema financiero tuvo utilidades por un poco más de nueve billones de pesos, de los cuales, 3.845.878 son del sector bancario. Hoy el sistema tiene 202 billones captados, prácticamente no paga rendimientos ni corrección, tiene restringido el crédito, hace clientelismo financiero, especula con deuda hipotecaria, con mucho menos escrúpulo y más utilidad que los magos de las pirámides.