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Alberto Rodríguez

Un país que no lee no ve

Un país que no lee no ve

Se conocieron los resultados de las pruebas Pisa 2012. Los resultados para Colombia no son nuevos. Entre 65 países, cuyos estudiantes fueron evaluados, tenemos el puesto 62. Para un promedio de 496 puntos en la prueba de lectura, tenemos 403.

A la Ministra de Educación le preguntaron cómo interpretaba los resultados de las pruebas, y qué responsabilidad le cabía al sistema educativo en el descalabro. Ella dijo que había varias formas de leer los resultados. Comparte la opinión de que no son buenos, pero añade, que ellos están haciendo las cosas bien. Señora Ministra Campo, por favor, deje de hacer las cosas tan bien, a ver si en dos años subimos al puesto 60.

¿Qué es lo que estamos haciendo bien? ¿Qué es lo que estamos haciendo mal? ¿Qué no estamos haciendo? Cuando tengamos unas respuestas límpidas, sin ánimo de propaganda, que nos revelen tal cual somos, tal vez, como los chinos, tendríamos una luz al futuro. Los chinos son los primeros leyendo, son la segunda economía del mundo, son productores de ciencia y tecnología, tienen los mejores violinistas del mundo y ante todo saben controlar muy bien a 1.600.000.000 de chinos. Qué hace que estaban en el medioevo de la revolución cultural.

Un país que lee aprende y no se deja excluir. Y la exclusión al derecho a la lectura, que inspiró a las castas en su labor educadora, ideológica y evangelizadora, ya no va más. No es posible en la era Internet. Lo que estamos viviendo es una auto exclusión de mayorías alfabetizadas que no leen. Una denegación de hecho al derecho a leer.

No estamos enseñando a leer bien. Tal vez discrepemos con la Ministra, cosa que me alegra. No podemos enseñar a leer bien porque no leemos. Un país que no lee no se enseña a leer a sí mismo. Muchos de los aprendizajes hoy se hacen por vía lectora, no de otra forma funcionarían los sistemas de educación virtual.

Aprender a aprender requiere una sola cosa: leer. Y si no lo estamos haciendo bien, como lo demuestran los resultados, es porque no podemos estimular la lectura con la lectura. No somos un país que se lee a sí mismo, somos un país con una lectura del mundo muy cerrada. Y no leemos, porque no nos enseñaron a leer. El Ministerio de Educación  durante muchos años se conformó con alfabetizar, y mal que bien terminaron el siglo XX con una tasa del 91% de alfabetismo. Pero, lo que la Ministra no ha entendido, y creo que buena parte de su equipo tampoco, es que entre ser alfabetizado y ser lector, hay la misma distancia que entre un redactor de oficio y un artista de la palabra.

Señora Ministra. En una cosa estamos de acuerdo. El nudo del problema está en quienes deben enseñar a leer. Es bastante claro, desde hace más de una década, que a los maestros hay que enseñarles a leer para que puedan enseñarles a los muchachos. Los maestros no lectores son los peores asociados del aprendizaje y del gusto por la lectura. No es que no lo estén haciendo bien, es que no saben cómo hacerlo. Los resultados ridículos que los estudiantes evaluados por Pisa obtuvieron, no son otra cosa que la otra cara de la moneda, la de los responsables educativos de que los estudiantes estén en el puesto 62.

El eslabón perdido del proceso 8000

El eslabón perdido del proceso 8000

Las memorias olvidadas, el libro de Andrés Pastrana, salido la semana pasada, se publica, tan a tiempo, como a tiempo se dieron a conocer los narco-casetes, después de la primera vuelta de 1994. Ahora aparece el libro, justo cuando se inicia una campaña presidencial. Y el partido liberal, con el Don Gaviria, a la sombra, como un perro que late echado, y su infante alfabético, que en una convención amarrada, consiguen que el Doctor Sarpa, el escudero bizarro del 8000, encabece la lista a Senado, dejando por fuera, a quien le entregara en el cementerio, las banderas del galanismo a Gaviria.

Pastrana en su libro, respecto al 8000, dice tres cosas que a mi juicio van a re-agitar el proceso, que jamás se cerró. Porque el 8000 tiene un agujero negro, un proceso conexo, el de la muerte de Álvaro Gómez. Nos cuenta – Pastrana – quién fue el que le entregó los narco-casetes: un yuppi que le reportaba directamente al General Serrano, entrenado por la DEA y la CIA en inteligencia, que le pidió a Pastrana una cita para entregarle la información, al parecer saltándose todo conducto regular. Fue él, Carlos Barragán, el mismo que capturó a Gilberto Rodríguez, el 9 de julio del 95. Cuenta también, que tiene una carta firmada por Gilberto y Miguel Rodríguez, en la que le revelan que Honesto Samper, siempre estuvo al tanto de toda la negociación. Y suelta una perla más: Gaviria es el eslabón perdido del 8000.

En cuanto a lo primero, hay algo muy extraño. Los mismos narco-casetes que le dañaron el caminado a Samper, y que le fueron entregados a Pastrana, a la manera de un servicio muy especial (¿qué razones habría tenido Barragán para entregarlos?), dice Gaviria, en respuesta calenturienta y salida de quicio, lo incriminan a él, por la misma razón que incriminan a Samper: haber recibido recursos del cartel de Cali. No se entiende cómo Pastrana pudo haber sido tan poco inteligente como para entregar una prueba contra él mismo, que de hecho el país no conoció. A no ser que hubiera editado y limpiado los casetes antes de hacérselos llegar al gobierno Gaviria. ¿Pero si iban editados, entonces  cómo supo Gaviria que las conversaciones telefónicas contenidas en la grabación inculpaban a Pastrana?

Respecto a la carta que le hicieron llegar los Rodríguez, nadie puede explicar que Pastrana la haya tenido guardada trece años. Si era la prueba reina, dice Gaviria. No puede ser que la estuviera reservando para poder contar algo nuevo del 8000 en sus memorias. Porque de otro lado, no sería más que un acto de encubrimiento, cuyas secretas finalidades harían infinitamente más pantanoso el proceso 8000.

Tras terminar su gobierno, Gaviria hizo las maletas para marcharse a Washington, donde estuvo diez años de Secretario General de la OEA. Sin embargo, toda la ausencia, y el retiro de la política nacional, no fue más que una pausa larga para regresar a hacerse cargo del Partido Liberal, el mismo de Samper y Sarpa, que ahora dirige por interpuesta persona. No será la primera vez que se sugieran posibles motivos, que hubiera podido tener Gaviria en la muerte de Galán. ¿Un eslabón perdido entre la muerte de Galán y el gobierno cooptado por la mafia, de Samper? Si Pastrana tuviera pruebas, antes de haberlas publicado en sus memorias, debería haberlas hecho llegar a la justicia, pero han pasado más de veinte años desde que Juan Manuel Galán, todavía siendo un niño, le entregó a Gaviria las banderas de su padre, asesinado por Pablo Escobar, tras el cual se movía otro histórico miembro del partido liberal, Alberto Santofimio.

Al final, como todos mienten, probablemente los ciudadanos tengamos que seguir moviéndonos en un mar de versiones fraudulentas y desorientadoras. Una especie de complot contra la verdad, que por desgracia, al país joven quizás ya no le interese.           

El incierto oficio de la corrección

El incierto oficio de la corrección

 

¿Qué significa corregir un texto creativo?

Hay muchas respuestas, aunque cualquiera que sea, un hecho es claro, nada excita más la corrección que la publicación. Qué tan bueno que los escritores siempre escribieran como si fueran a publicar. Entonces comienzan a sentir que los adjetivos sobran, desarrollan un sentido para las disonancias, advierten todos los adverbios terminados en mente, agudizan el olfato para los lugares comunes, controlan la extensión de la frase, perciben el ruido como una catástrofe, cuidan la unidad de párrafo. En la medida que corrigen, es decir que se releen con fines prácticos, parecen ser cada vez más dueños de su texto, se apropian más del sentido. Así se cumple que los estímulos acicatean la vanidad, pero también que al publicar se exponen públicamente. Esa particular sensación entre la vanidad y la crítica, empuja a los escritores y a los editores a corregir sin medida. Tal vez por eso sea verdad, que se publica, para no seguir corrigiendo más.     

La corrección tiene escalas, o mejor, tiene magnitudes, cuyo impacto es diferente. La más básica de las correcciones, es la de puntuación, la corrección diacrítica, que bien hecha, es capaz de mejorar la rítmica del texto. La corrección sintáctica, es una corrección de orden, que bien hecha, contribuye a modular el lugar de las palabras, a ordenar con eficacia el periodo. La corrección de ruido, es cirugía radical, eliminación de todo lo que le sobra a un texto, antes de ser un buen texto; bien hecha, dota al texto de economía significativa. La corrección argumental, es la más invasiva de todas, es una corrección en la que los límites de la reescritura entre el corrector y el escritor, se confunden.

El corrector es alguien voluntariamente aceptado, o alguien que ni siquiera se conoce. En ambos casos hay una autoridad de por medio, en la que igual, puede o no confiarse. Pero aceptarla como tal, es tanto, una puerta que se abre al autoritarismo, como una que se abre a la complicidad. En ese difuso margen en el que, una y otra coexisten, se entablan las profundas y complejas relaciones entre el autor y el corrector, que no es otro que su mejor lector, tan solo comparable, como lector, con el traductor.

Desde hacía varios años circulaba el rumor de que los cuentos de Raymond Carver no los escribía él. Tratándose de quien ha llegado a ser un modelo de la literatura compacta y limpia, tachada de realismo sucio, el rumor no podía ser más que grave. Alessandro Baricco, a la manera de los cronistas, se dio a la tarea de investigar qué había de cierto en el asunto.  Fue a la biblioteca de Bloomington, a la cual Gordon Lish - el editor de Carver - había vendido todas las cartas y los escritos a máquina de Carver en los que estaban incluidas sus correcciones.

Baricco se encerró durante semanas en una sala de trabajo y revisó, uno por uno, cada folio del archivo Carver. Comenzó con De qué hablamos cuando hablamos de amor, e hizo cuentas. Descubrió que en un solo libro, el trabajo había ocurrido más o menos así: Carver entrego 180 cuartillas mecanografeadas a Lish, él las sometió a una corrección completa, se metió en cada uno de los intersticios y párrafos de los trece cuentos, eliminó a la mitad la extensión de los textos y le cambió el final a diez de trece cuentos del libro.

Carver era alcóholico. Lish, un editor de carrera que en Genesis West, una revista de los años sesenta, había publicado autores como Jack Kerouac, Allan Ginsberg y Neal Cassidy. Lish publicó por primera vez a Carver, fue el editor en jefe de la revista Squire, donde publicó a Don De Lillo y Barry Hannah. Carver no hizo nada, dejó que el editor le metiera la mano, y sus libros fueron saliendo, como resultado de un acto admitido de cooperación, sin el cual Carver no habría llegado a ser lo que fue.

Carver no habría sido Carver sin Lich, y Lich no habría sido lo que llegó a ser, sin Carver. Porque quizás, la literatura no tenga que ser un acto tan abrumadoramente solitario, y necesite de más de uno para sortear los rigores  públicos y privados de la escritura. 

 

¡Deja quieta a mi puta!

¡Deja quieta a mi puta!

Un viejo chiste refiere la manera como se logra que los distintos ciudadanos europeos suban a los botes en caso de emergencia del barco en que viajan. A los alemanes simplemente se les ordena. A los ingleses se les dice que es una antigua tradición naval. A los belgas se les cuenta que hay cerveza en los botes. A los españoles se les advierte que está prohibido subir a los botes. Y a los franceses se les dice que todas las mujeres ya han subido.   

Lo peor del espíritu francés es el fariseísmo, como lo señaló Marx, y como Sartre y Camus lo sintieron en carne propia un siglo después, la moralidad oportunista de sus políticos, una concepción paranoica de las costumbres, la de unos reformadores que echaron para atrás las conquistas de su propia revolución, cuando se dieron cuenta que la libertad afectaba los negocios.  

La Asamblea Nacional Francesa acaba de aprobar por consenso una proposición de resolución que penaliza a los clientes de las prostitutas, no habla de prostitutos, con hasta dos meses de prisión y 3750 euros de multa.

Uno de los símbolos de Francia, junto con su revolución, su torre Eiffel, sus quesos, es la puta francesa. Tocar la prostitución en Francia es como tocar los toros en España, o el futbol en Inglaterra. Una estupidez farisea, como la que podría ser penalizar el consumo de marihuana en países como USA, México y Colombia.

 La lucha contra el proxenetismo no es una lucha contra la prostitución, de la misma manera que la lucha contra el narcotráfico no es una lucha contra el consumidor individual. Aclaro que no estoy a favor ni del proxenetismo ni del narcotráfico. La prostitución, más que los toros, más que el consumo de marihuana, responde a una necesidad pública. El derecho  a un polvo.

 Durante toda la vida, para los francés el cuerpo de algunas mujeres, independientemente de los motivos y su necesidad, ha sido considerado mercancía, igual que en todos los países del mundo. Esa especie de sensibilidad sentimental hacia el oficio ha llegado incluso a la mistificación de la prostituta, convertida en personaje de la literatura, del cine, en la pintura, un ícono de las libertades individuales, que toca el derecho a vender el cuerpo. El derecho a utilizar el cuerpo como medio de trabajo.  Sin embargo, la cruzada sanitaria de los legisladores, que seguramente han tenido o tienen tratos con prostitutas,  no propone prohibir la prostitución, que es lo que deberían hacer si no fueran filisteos, propone judicializar al consumidor, con lo cual le están diciendo a las prostitutas, lo que deberían decirle a los narcotraficantes, si no fueran tan filisteos, vamos a quebrar su negocio, intimidando a los clientes, desestimulando el consumo.

 La cruzada se ampara, a la manera de los filisteos, en la necesidad de contrarrestar el proxenetismo y la violación. Como si la prostitución como tal no fuera un filtro natural que de hecho tiende a reducir el número de violaciones. Y que responde a una necesidad natural que no se limita a los hombres solos, deprivados de afecto. "No son hombres que viven en la miseria afectiva, dos tercios de los mismos viven o vivieron en pareja y más de la mitad son padres de familia".¿Cómo saben todo eso los legisladores?

¿Cómo van a controlar los cientos de miles de transacciones diarias que se hacen entre un hombre y una mujer para irse  a la habitación de un hotel? Lo más probable es que la medida apenas sea una muestra del fariseismo legislativo francés, con tan pocas probabilidades de aplicación, que no pasará de ser un saludo a la bandera, como lo ha sido en los países nórdicos. Hagan, más bien, lo que ha hecho Alemania y Holanda, legalizar la profesión, darle estatus, reglamentación, protección y seguridad social.

 ”Deja quieta a mi puta” es el título de una declaración de un artista contra la medida en Francia. Se supo, además, que Charles Aznavour, Catherine Deneuve y Jack Lang, han adherido recientemente a una carta abierta de celebridades francesas, contra la medida. 

¡Deja quieta a mi puta!

El chuzador más grande del mundo

El chuzador más grande del mundo

 Que Obama, sea el Premio Nobel de la paz, y por más señas, el Presidente de USA, no quita que al tiempo sea el primer chuzador del mundo. Lo oye todo, lo escucha, todo lo controla. Una prerrogativa tecnológica que solo comparte con los chinos, que también lo saben todo. El único que ha chuzado al Negro es Julián Assange, que hoy se encuentra prisionero en la Embajada del Ecuador en Londres.

¿Con que autoridad USA podría juzgar a Assange y a Snowden, si el Presidente de los Estados Unidos, espía a sus enemigos y a sus amigos? ¿Qué otra cosa que un linchamiento podrían espera de caer en manos norteamericanas? Como una caterva de homosexuales homófobos que linchan a un travesti.

¿Juego sucio o avance tecnológico? Los Estados Unidos tienen una plataforma activa para capturar todas las comunicaciones del mundo, en un cierto espectro, lo cual quiere decir que un correo que usted escriba, una llamada telefónica, un chat, una  video conferencia, una publicación en una web o un blog, pasan por el control del sistema de comunicaciones de la ANS (Agencia de seguridad nacional). Un agencia que se fortaleció después del 11-S, con la justificación de que las amenazas contra los Estados Unidos, ameritan un sistema de intervención global. Assange ha confirmado que el 95% de las comunicaciones de América Latina pasa por USA.

La fantasía de Orwell en 1984 se ha cumplido. La realidad ha hecho palidecer la ficción. Nada escapa del gran ojo, del big brother, que apenas si encuentra contendor para matonear libremente en cualquier otro barrio, en los matones chinos que tienen la tecnología para espiar a Obama, para intervenir en el sistema del Pentágono.

Nada en el futuro va evitar que las comunicaciones en el mundo sigan siendo confidenciales, estamos ad portas de lo que se ha vaticinado como la guerra informática. La próxima guerra mundial se hará entre computadores. Bastaría un golpe contundente a los grandes aeropuertos del mundo para sembrar el terror y el desconcierto en un día.

 

El dinero y la nota

El dinero y la nota

 El sistema educativo tiene cinco perversidades naturales: niños para la escuela en vez de escuela para niños, el sinsentido, la lectura obligatoria, los maestros militares y las notas. Se podría hacer una enciclopedia temática con los cientos de miles de casos que las ilustran.

Hoy solo quiero hablar de las notas. La nota en el sistema escolar, es como el dinero en la sociedad. Un bien de cambio, una moneda, falsa como todas, que alcanza o no a comprar aprobaciones, igual a como la iglesia católica vendía o no indulgencias plenarias.

Que haya notas - pesos – que no alcanzan a comprar, es el origen, tanto en la historia de las notas como del dinero, del mercado negro. El soborno, la amenaza, el chantaje, a quienes dispensan las notas. O al revés, los dispensadores aprovechándose de su condición para conseguir favores. Las notas, son el mecanismo secreto y poderoso, de los resultados de la evaluación docente.

El mercado de notas está por encima de la curiosidad y el aprendizaje, como lo está el dinero, por encima de la honestidad y los principios. Lo que convierte a muchos estudiantes en negociadores profesionales de notas, lobistas de la promoción. Algo opuesto a ese imaginario del estudiante como alguien que va a aprender, a levantar sus propias competencias para apropiar conocimiento. La caricatura versus la idealización.  

La nota es un pasaporte de ascenso - igual que el dinero – que asegura la movilidad en el sistema, es un diferenciador nato entre quienes tienen poca y mucha nota, lo que precipita, los movimientos escolares y sociales de poder. Un grupo escolar en el que la mayoría vaya con bajas notas, tensionará las fuerzas – como se tensionan contra los gobiernos – en una comprensible lucha de poderes, que nada tiene que ver con la enseñanza y el aprendizaje. En la educación privada, un grupo de estudiantes, o de padres, está en condiciones de sacar al maestro. Conocí a una maestra de un colegio de élite, a la que se le canceló el contrato de trabajo porque las madres de los chicos de un grado séptimo, se quejaron de que les había puesto a leer el Decamerón de Boccaccio. Tal como un sindicato saca a un gerente, por haber puesto obligatoria la requisa a la salida de la planta.

La paradoja abstracta de la nota es que no mide nada que sea indispensable de medir. Resultados dirán las oficinas pedagógicas de las instituciones privadas y públicas. Pero resultados que no revelan, no pueden revelar, el estado   del aprendizaje, que es lo indispensable.

Muchas instituciones educativas que conozco no saben evaluar, carecen de un buen modelo evaluativo, de criterios y prácticas, pero eso sí, tienen un sistema de notas perfecto, como que cada vez que se producen el sistema las remite automáticamente al correo del estudiante. Como se remiten mensajes del operador telefónico al celular de sus abonados, o los extractos bancarios a los cuentahabientes.   

Memorizar para el examen, hacer fraude, mero sentido común, casualidad, suerte, o caerle muy bien al profesor, son prácticas que se le abonan a la nota, como medidor de resultados. Un problema institucional de imaginación, es lo que ha hecho que el sistema educativo no haya podido abolir la nota, falta de voluntad pedagógica desde luego,  para reemplazarla por una certificación de competencia comprobada. La competencia se tiene o no se tiene.

No sería necesario evaluar a los docentes directamente, con lo que nos ahorraríamos tantos dolores de cabeza (las huelgas más prolongadas de profesores en Inglaterra han sido por el modelo de evaluación docente), bastaría evaluar bien a los estudiantes para saber si el profesor enseñó lo que tenía que enseñar o no.  

Podría ser que no estuviéramos “midiendo” lo que habría que medir, si es que el aprendizaje es susceptible de medirse con una elemental escala de uno a cinco, de cero a cien, o de la A a la Z. Es el mismo problema que se le presentó a la economía, al tratar de medir el valor incorporado a un producto por el trabajo, en términos de una elemental escala de centavos y pesos. 

El yoga español

El yoga español

La crisis española tocó fondo profundo, pasó lo peor. Políticos - ellos que viven a costa de todos - y algunos medios, han dicho que están a favor de que se reduzca legalmente la siesta, o se la deje de doce minutos y medio, como si los españoles fueran unos malditos japoneses. Ya Zapatero, ese desalmado, desde el 2005 se había ido contra la siesta. Natural, el amargado, desde que se volvió presidente no pudo volver a hacerla. La siesta está en el ADN español, como los toros, el futbol, las tapas y el flamenco.

Los ingleses y alemanes, que envidian a los españoles, dicen que la siesta nacional no contribuye a la productividad española. Curioso argumento el de los expertos en trabajo. A mí me parece que es todo lo contrario, por ejemplo, los japoneses la ordenan en las plantas de producción. Aunque en una colchoneta, en medio de 1896 japoneses haciendo la siesta de doce minutos y medio, ya no sea una siesta, quizás una caricatura.

El promedio de la jornada laboral semanal de la Unión Europea es 40.4 horas, la de España 40.2, por encima de los holandeses, que no hacen siesta y trabajan 39 horas. La productividad es exitosa si en vez de reducir la siesta reduce la jornada laboral. La idea, un poco estúpida, de que trabajando más, se es más productivo, es como la de que escribiendo largo se es mejor escritor. De ser así, se habría perdido todo el sentido del desarrollo tecnológico. No puede ser que con todo el avance, apenas estemos trabajando un poco menos de lo que lo hacíamos en 1900. ¿Cuál es el avance? ¿Qué sentido tendría la robótica?

Quienes van contra la siesta tienen una idea de productividad que bien envidiaría Homero Simpson. Si España se hace una siesta de dos a cinco, esas tres horas se ponen al final de la jornada y no ha pasado nada, que es lo que en efecto se hace. Un pueblo bien dormido, reposado, trabaja mejor, que los pueblos insomnes y disciplinados.

Un pueblo que hace una pausa en la tarde para entregarse al sueño, es en el fondo una sociedad más libre, que aquella donde el descanso es improductivo, o el sueño va contra el trabajo. Ahora, que quien no quiera hacer la siesta, y prefiera ser más productivo, pues allá él, pero que deje quieta el privilegio productivo de una larga siesta, que nos retorna al seno, que nos da para levantarnos reconciliados con el mundo.

Siempre después de una buena siesta la tarde luce mejor.   

La candidatura del Contador

La candidatura del Contador

Si el proyecto uribista es como la convención en la que se acaba de elegir el candidato oficial del Centro Democrático, no es tan grave la amenaza que representa el asalto electoral al poder legislativo, tras el cual va Uribe. Fue algo menos que un circo de payasos serios, emblemas odiosos de una cruzada que ya pretendió refundar la nación; tan tramposos, falaces, dobles, espesos y oblicuos entre ellos mismos como lo fueron con el país, cuando como pandilla despacharon desde la Casa de Nari.

La parodia de la convención tiene un cierto aire de protocolo fascista: 1391 delegados amarrados, fletados, fueron a servir de jurados de un examen público a los candidatos nombrados a dedo - puro dedo uribista, señalador y peligroso - sobre los cinco puntos del catecismo de Monseñor Uribe. Cada delegado tuvo que votar cinco veces,  6955 votaciones, para hacer la representación exagerada de una elección democrática.

El candidato de Monseñor era Alfredo Ramos, el más bandido, pero las autoridades se lo capturaron antes de la convención. De los tres sobrantes, Carlos Holmes es apenas el portero del centro democrático. Pachito Santos, la mascota bufa del uribismo, fue el segundo de a bordo y según su propia declaración, “lleva a Uribe en su corazón”. Era por encuestas el preferido de la opinión pública. Y en tercer lugar queda ese santurrón con cara de siciliano cuya única gracia es la de un cervilismo nobilísimo para con el Don, encargado en su última administración, de la caja mayor del régimen, el Ministerio de Hacienda. Como quien dice, el Contador.

El Contador se llevó cerca del 60% de los votos. Detrás de él, como figuras de Giacometi, están los SS (seguros servidores) del Centro Democrático: Valencia Cosio, Fernando Londoño y María del Rosario Guerra. Entre los tres trampearon a Pachito, le cambiaron las reglas del juego, le prefabricaron una convención y le manipularon las urnas. El hijo de Pachito, el día de la convención, declaró que si era necesario dormir a boca de urna, lo haría para cuidar los votos de su padre.  

Si así tratan a los amigos...

Los convencionistas de Santos abuchearon a Monseñor. El Gerente, Fabio Echeverry, dijo al final que se reservaba los resultados, habló de un vago porcentaje. Por fin la Señora Guerra, regresó a la tribuna, después de conferenciar con los representantes de los candidatos, para decir que ya se habían puesto de acuerdo sobre el resultado. Entonces anunció el triunfo del Contador.

En un acto de desprendimiento (muchos de los convencionistas se estaban desprendiendo), Monseñor sacó del carriel un fajo de billetes que le dio a Carlos Holmes para que fuera a la tienda y trajera canastas de Colombiana y tres mil mantecadas, para quitarles el hambre que les había despertado el espectáculo democrático del uribismo a los convencionistas.

 

Todo un Barón

Todo un Barón

Un retrato del alma política nacional, o tal vez una caricatura real de los políticos, una parodia viva, todas las condecoraciones, todas las fotos con los mandatarios, las manos en todos los negocios, arreglos por debajo de todas las mesas, lealtades criminales.  

Un guajiro, Francisco Gómez Cerchar, de 55 años,  que se desempeñó hasta la semana pasada como Gobernador de la Guajira, en 1999 obtuvo un  reconocimiento – uno más entre los veinte que se le han conferido -  del Grupo de Caballería Mecanizada 2 Juan José Rondón, el mismo año en que los paramilitares ingresaron a la Guajira, ayudados por su familiar, Jorge Gnecco Cerchar, el patriarca de la familia, a quien hoy señala Salvador Mancusso. Fue condecorado en 1997 por la Cámara, que le concedió la Orden de la Democracia Simón Bolívar, como mejor alcalde del país, cuando lo era del municipio de Barrancas. El mismo año en el que asesinaron al concejal, Luis López Peralta, asesinato por el que hoy es requerido. La Universidad de la Guajira le concedió un título honoris causa en el 2011. En 1993 había estado detenido por porte ilegal de armas y posesión de cocaína. A su mujer – Vivina Bacci – la puso con sus votos en la Asamblea y el Congreso. Ella, a su vez, es la  prima de “Marquitos”, Marcos Figueroa, el capo de capos de la Guajira. Fue amigo de Santander López Sierra – el hombre Marlboro –. Está acusado de concierto para delinquir, paramilitarismo y varios homicidios. En la Gobernación de la Guajira estuvo a nombre de Cambio Radical. Se tomó muchas fotos, dándose las mano con su jefe Germán Vargas y con el Presidente Santos.

Por la detallada investigación que Claudia López y Jorge Guillén han hecho del caso de Kiko Gómez, hoy se encuentran en el exilio. López ha responsabilizado de su precipitada salida del país, al guajiro Gómez. Todo un Barón.

 

 

La paz del Gobierno y la paz de las Farc

La paz del Gobierno y la paz de las Farc

El gobierno Santos en el proceso de paz que cursa en La Habana, desde siempre ha sido víctima de la agenda. No alcanzó - por causa de la agenda -  a tomarse la foto para usarla como su talismán electoral. Haber logrado la paz – el acuerdo para la terminación del conflicto – habría sido el pasaporte directo al segundo periodo.

Santos quiere más la reelección que la paz. Y las Farc quieren la continuidad del negocio y una impunidad pactada, más que la paz. Lo dicho: un par de tramposos queriendo ser honrados.

Una agenda honrada - posible –, habría puesto en primer lugar la cesación de hostilidades, teniendo en cuenta que se negocia en medio del conflicto. Pero eso no le importa a ninguna de las partes, pueden gastarse cinco meses discutiendo el modelo agrario de propiedad, algo que jamás resolverán. En segundo lugar, el reintegro de las Farc a la sociedad civil, las condiciones para hacer política. En tercer lugar las cuentas pendientes con la justicia, para terminar acordando sobre el negocio.

Ambas partes están negociando una paz acomodaticia, una paz para ellos, una pacificación de comerciantes y bandidos.   Ambos saben que lo que se le va a vender al país es una paz viciada, nada distinto habrá de salir de todo el contubernio,  una cesación de hostilidades, no más bala, sin entrega de armas. El negocio no está en discusión, lo que está en discusión es la declaración. En cambio de proponerle al mundo, en una declaratoria conjunta, la legalización multilateral de las drogas, van a sacar un comunicado en el que dirán que se comprometen a luchar contra el tráfico de drogas en territorio colombiano.

Santos con la ayuda del Fiscal General les ha preparado a las Farc, como Uribe les diseñó a los paramilitares, un modelo transicional,  que significa estar dispuestos a cubrir el costo efectivo de la paz con el cheque de la impunidad. Hay también un marco jurídico para la paz, que autoriza el ingreso de las Farc al juego civil de la vida política.

Ahora que ha hecho agua la agenda, se ha puesto en discusión, si seguir o no seguir. Ayer Santos dijo que prefería sacrificar la reelección con tal de sacar la paz adelante. Como no la va a sacar, no será necesario que la sacrifique. Irá por un segundo mandato para continuar con la negociación. Pero en el lapso de hibernación de la agenda puede ocurrir que los términos se modifiquen.

Con lo que se levantan de la mesa, comenzarán a jugar fuera de ella, porque mientras todo no esté acordado no hay nada acordado.

A Santos una baja de popularidad y una opinión pública que cada vez descree más del proceso de paz, con una agitación social cíclica que deja al régimen sin aire, improvisando bomberos ministeriales, no le ayudan. Si suspende las conversaciones cuando vuelva a sentarse el año entrante, una vez reelegido, y más débil, los términos de la negociación habrán variado. Una cesación de negociaciones no le servirían a Santos, más que como anticipo de un rompimiento definitivo, si lo que le dicen sus generales, es que es mejor bandera reeleccionista la cesación que la continuidad. Y hacia adelante, posiblemente un cambio de énfasis, la continuidad del conflicto sin negociación. No en otro sentido, veo la declaración personal de Rafael Pardo, en el sentido de que si él fuera el Presidente, cesaría las conversaciones.

Las Farc no se llevan nada todavía. Pero no se han desgastado, han tenido toda la vitrina, se han mostrado moderadas y políticos, sin dejar de golpear en lo militar. No han recibido mayor castigo. Salvo el de las palabras siempre indignadas del Ministro de Defensa uribista, que desde adentro del gobierno juega a ganar lo que se ha perdido en La Habana.

 

 

 

 

 

La verdad sobre el caso Harry Quebert

La verdad sobre el caso Harry Quebert

"El origen del mal"

 Joël Dicker es un niño de la literatura del siglo XXI. Nacido en Suiza en 1985 tiene dos novelas. Los últimos días de nuestros padres y La verdad sobre el caso de Harry Quebert. Escrita en francés y descrita como una buena mistura de Philip Roth, Stieg Larsson y Valdimir Nabokov. Que digan eso de una segunda novela, es una de dos, o un lambetazo ilustrado de un crítico de editorial, o el descubrimiento de un “monstruo perfecto”. 660 páginas de tensión sostenida, diálogos cinematográficos y una trama que es una filigrana tensa de hechos entrecruzados levantada con un juego polifónico perfecto de tiempos variables.

Dicker es un maestro de la trama y del punto de vista. Un maestro de la falsa pista, de la sorpresa, de la pesquisa laberíntica, capaz de estirar la trama como un artista plástico de la historia.  Utiliza la técnica del crimen concéntrico, hace trenzas a dos tiempos con los hechos contados desde distintos puntos de vista, para dar una panorámica de 360 grados de la escena del crimen, no solamente en términos del espacio, del lugar donde ocurrió el crimen, sino en términos del tiempo, desde los años setenta en Alabama, 1998 en New Hampshire, y 2008 en la elección de Barack Obama.

El joven Joöl ilustra su novela con los retratos de la galería de los personajes de Norteamérica: el escritor, el boxeador, la adolescente, el editor, el pastor, los policías, el rico, el monstruo, el abogado, el agente, más los que se mueven en la cafetería, el motel, la biblioteca y las calles de un villorrio norteño de mayoría blanca, Aurora, un condado ficticio en New Hampshire.

Pero además, la verdad del caso Harry Quebert es una lección para escritores. La novela comienza en el capítulo 31, que trae la primera lección. Un escritor viejo y consagrado le enseña a un escritor joven el oficio, pero también a boxear, algo muy ligado, decía Papa Hemingway. Con la novela, un escritor joven – Joël – se permite dar una lección a los escritores sobre cómo es eso de hacerse escritor.

En la lección diez, dos tercios de corrida la novela, en una escena en 1975, Goldaman el narrador, le pregunta a Harry, el protagonista, ¿cómo se transmiten emociones que no se han vivido? Y Harry le responde: ese es precisamente su trabajo como escritor. “Escribir significa que usted es capaz de sentir mejor que los demás y después transmitirlo”.  

Dicker se las trae, no es tan profundo como Roth, pero mucho más divertido que Nabokov y tan agarrador como Larsson. Nos roba tardes y noches, buscando enterarnos de quién mató a Nola Kellergan.

Nola Kellergan mató a su madre en un incendio, tiene doble personalidad, quince años, posa desnuda para el chofer de un millonario, hace felaciones al jefe de la policía y enamora perdidamente del escritor que se hace famoso publicando la novela del monstruo Kaleb, bajo el titulo de El origen del mal.

Un privilegiado narrador deficiente desvela con la más pura astucia conjetural de la novela negra más refinada, el misterio de la muerte y de la escritura. Es un narrador que a pesar de haber colocado la crónica en el mercado a muy buen precio, lo único que en realidad busca es ayudar a su amigo Harry Quebert, acusado del asesinato de Nola, por quien profesa la admiración platónica de un homosexual.

Es una novela para escritores, pero no solo, también para quien tenga la paciencia de tirarse en la hamaca a empacarse el libraco, que tiene puerilidades narrativas, lugares comunes románticos, al gusto del norteamericano medio, casualidades pintorescas, pasajes forzados. Sin embargo, es tan perfecta en la trama y los puntos de vista, que las imperfecciones se asimilan. Al punto de no llegar a saberse si son accidentales o deliberadas.

Es una de esas novelas de las que nos lamentamos que terminen.   

La profecía

La profecía

La profecía apocalíptica de Marx predice que el capitalismo colapsa en el límite de expansión de los mercados. Y cuando eso pase, la tasa general de ganancia se desploma. El mercado tiene un límite, más allá del cual se devuelve contra sí mismo, por eso el capitalismo no es eterno.  

El mercado, no como un sistema de intercambio global de productos y servicios, sino como el modo en que se intercambian en el capitalismo: concentrando riqueza en algunos países y sumiendo a otros en la miseria. Y ni siquiera haciendo que los pobres de los países ricos, vivan bien.

El proyecto comunista colapsó - para tranquilidad de los buenos burgueses, que siempre pensaron que la crisis provenía de factores externos - lo cual no evita llegar a una inquietante y vieja conclusión, que la crisis definitiva del capitalismo se origina en sí mismo.  

 Estados Unidos no se encuentra al borde de otra crisis, es la misma, alimentada por la incapacidad de la  Casa Blanca y la estulticia del Congreso; entra en una fase más aguda, la del desacuerdo entre poderes sobre presupuesto. El fin de semana entrará en vigor el drástico recorte del gasto público, que va a impactar de frente en el empleo, el nervio crucial del mercado. Lo que significa desaceleración del país locomotora del mercado global. Un recorte de 85.000 millones. La mitad afectará al presupuesto militar, la otra, se repartirá entre el resto de los departamentos.

All drama del 2013 se lo llamó crack, el de hoy se lo llama secuestro. Barack Obama en un astillero de Virginia dijo: “los efectos son todavía peores que el nombre”.

La Casa Blanca ha descrito así el panorama : los veteranos de guerra dejarán de cobrar sus cheques, habrá largas colas y retrasos en los aeropuertos por reducción de horas de trabajo de controladores y personal de seguridad, miles de familias se quedarán sin ayuda escolar o sin atención sanitaria, se retrasarán las gestiones de todos los ministerios, 800.000 empleados civiles del Pentágono tendrán que tomarse días de descanso sin cobrar, 10.000 maestros serán temporalmente enviados a casa. La Oficina de Control del Presupuesto del Congreso ha calculado que, si el secuestro se produce, la economía norteamericana perderá alrededor de 750.000 puestos de trabajo para el final de año.

“Estos recortes no son inteligentes, no son justos y suponen un daño autoinfligido a nuestra economía que no tendría por qué producirse”, ha dicho Obama a los trabajadores a los que habló en astillero de Virginia.  Leon Panetta, a punto de dejar de ser Secretario de Defensa, advirtió: “El secuestro, esa locura legislativa que fue diseñada para ser tan mala, tan mala, que nadie en su sano juicio permitiría que ocurriera, degradará nuestra capacidad para responder a desafíos internacionales en un momento de creciente inestabilidad en el planeta”. John McCain, influyente republicano en el Senado, ha asegurado que la reducción de presupuesto militar “pondrá en peligro nuestra seguridad y, literalmente, nuestra capacidad de defender a la nación”.

El calentamiento de la crisis económica del país más rico del mundo, por razones de política doméstica, es un oscuro campanazo que hace eco de la profecía.

 

La muerte del estratega

La muerte del estratega

La Casa de Poesía Silva rinde homenaje a Álvaro Mutis. Para la ocasión se ha invitado al poeta Rómulo Bustos Aguirre, que no tengo puñetera idea quién sea, para que hable de los “tres Mutis” en la disertación: Marqroll el Gaviero o la ritualidad en el vacío del movimiento incesante. Coño, con un nombre así, se habría muerto, de estar vivo. No hay derecho que ni antes ni después de morir, a uno le endilguen semejante ponche. Qué pena con Mutis. Aunque viéndolo bien, quizás se lo merecía. Su obra termina como una “ritualidad en el vacío”.

A mi me gusta el Mutis de los cincuenta, el de Los elementos del desastre, Los hospitales de ultramar, Los trabajos perdidos. El joven Mutis, ardoroso, fresco e imaginativo. El ciclo que termina con el Diario de Lecumberri, honesto, triste, poético. El Mutis cronista de su propia vida. Auténtico, con voz propia, dispuesto a decir cosas.

Los años setenta son los de un escritor en receso. Se republican algunas cosas y produce otras con menor ardor y suerte. Y en los ochentas aparece Maqroll, el personaje más idiota de la literatura colombiana. No es divertido, carece de osadía, a falta de ambigüedad tontería, a falta de fuerza aburrimiento, y a falta de carácter maquillaje. Debieron haber sido las editoriales las que convencieron a Mutis de convertir a su Maqroll en el hilo maestro de una saga. El sueño errante de Mutis desdoblado en un alter ego de tierra caliente con gusto europeo. Maqroll: un vagabundo híbrido que nunca terminó de hacerse  a pesar de los cientos de páginas que se le dedicaron. No estoy seguro que muerto Mutis, Maqroll se recuerde para que no se olvide tan pronto a Mutis. Si es que todavía se lo recuerda.

Los noventa inician con el Sueño del estratega. Su mejor cuento, un cuento europeo que merecería estar en la antología de los cien mejores cuentos colombianos. El poeta envejecido se faja como prosista narrativo. Son también los noventas, los de las Summas de Maqroll y las recopilaciones.

Maqroll debió morir en el 88, cuando apareció Ilona, habría sido el mejor de los finales. Pero no, Mutis el soberbio, el monárquico, el desdeñoso, el aristócrata de tierra caliente, el hablador, el sordo, estaba muy enamorado de sí mismo, como para haber sacrificado su alter ego literario en aras a la dignidad de la saga.

Con el siglo XXI termina Mutis. Lo único que apagó a Maqroll fue la vejez. Se ganó todos los premios, hasta los que no debería haber ganado. El Nacional de Letras de Colombia, el Nacional de Poesía de Colombia; le otorgaron el grado de Comendador de la Orden del Águila Azteca, de México, en 1988; el Xavier Villaurrutia; la Orden de las Artes y las Letras del gobierno de Francia; el Príncipe de Asturias, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Cervantes y el Neustadt. Hasta se ganó el premio Esso en 1959, que le concedió un canazo de año y medio en Lecumberri.

Que tenía un lado oscuro, como nos lo ha hecho saber Alvarado Tenorio, no es ninguna noticia, todos tenemos un lado oscuro. El de Mutis es pintoresco y agitado.

¡¡Es que yo por mi equipo me hago es matar!!

¡¡Es que yo por mi equipo me hago es matar!!

¿A qué creen que iban las gentes común y corrientes, las masas romanas de desfavorecidos, al coliseo romano? A ver morir cristianos. A ver matar gente. Cristianos que eran devorados por leones africanos o atravesados por gladiadores que los remataban con tridentes afilados. Iban por sangre, porque la sangre atrae. Porque la sangre llama.

El circo moderno son los estadios. La mayoría agreste de muchachos urbanos - a los que toda la vida se los llamó hinchas – no los conmueve el fútbol, entre muchas otras cosas que no los conmueve. No van al estadio  por el espectáculo mismo, por los goles, por la maestría deportiva, van porque se han hecho esbirros de un equipo.

El “debate” de babas sobre el problema de los hinchas volvió a desatarse a propósito de la muerte de dos del Nacional, y el padre de uno de Santa Fe, la semana pasada, con los que se elevó a once el número de mártires de los equipos de futbol. ¿Cuántos de ellos murieron en su ley?

El equipo es una moderna representación, competitiva y fuerte, de lo que siempre ha significado el espíritu de secta, de clan, de horda, el círculo, la hermandad. No tiene para los hinchas sentido tener espíritu olímpico. ¿Cómo lo habría de tener después de que la mafia se apoderó de los equipos de  futbol? Lo que tiene sentido es pertenecer a un equipo. No importa que apruebe o desapruebe los desafueros criminales de sus adherentes. Ellos encuentran el motivo de fuerza colectiva que les da pertenecer al equipo, en el motivo de poder enfrentarse a otro, para expresar sentimientos ofensivos que  albergan contra su sociedad, sus maestros, sus instituciones, sus familias. En la confrontación entre clanes se abre un espacio para hacerse sentir, para hacer sentir que al fin hacen algo, aunque sea matar. Sobrecogedora forma de hacerlo, pero lo hacen por su amor al equipo. Un amor visceralmente enfermo que revela la enfermedad social que prodiga toda clase de “relaciones peligrosas”.

¡¡Es que yo por mi equipo me hago es matar!! La expresión es literal. Les enseñamos es que había que hacerse matar por la mamá si la injuriaban, por mi diosito lindo que me hago matar, es lo que decíamos; por el partido liberal, por el trapo rojo me hago matar, por la “Mechita”, por el “el santafecito lindo”. Y antes había sido por la iglesia, primero muerto que pagano.

Aun en el caso absurdo de que la fórmula para evitar la violencia provocada por los esbirros de los equipos de fútbol, fuera eliminar los equipos y por lo tanto el futbol, el problema de la violencia de los hinchas no se desterraría. Los muchachos de una sociedad sin fútbol, ya encontrarían mucho más rápido que lo que la sociedad adulta cree, un referente de grupo que les dejara escapar materialmente sus instintos adversos a la cultura. Los mismos que llevaron al falangismo español a proclamar en la Universidad de Salamanca, la consigna de ¡viva la muerte!  

 

El guardián de los niños

El guardián de los niños

El título del  Guardián entre el centeno cifra el más auténtico deseo del protagonista - Holden Caulfield -  en la vida, cuidar a los niños en medio de un campo de centeno para evitar que se precipiten al abismo. El Jan Hauger (el mismo número de letras de Holden y la misma primera letra) de Johan Theorin, es un maestro de pre escolar que  secuestra a un niño pequeño para acometer una venganza contra su madre y por amor. Aun así tiene una afinidad revelada para con los niños, mucho mayor que la que pudiera tener Caulfield, que solo por una declaración hecha a su hermana, nos hace saber su único deseo en la vida, sin que nada más lo lleve a tener que mostrar su amor por los niños.

Johan  Theorin, uno más de los escritores de la primavera literaria nórdica, no llega con su libro al límite ponzoñoso de las novelas de Linqvist, otro de los suecos terribles. Theorin  hace una novela que uno no sabe si es para jóvenes o para adultos sumisos. No por el tema, que no tiene edad, sino por la forma de contar la historia. Sus protagonistas vienen del trance psiquiátrico, de la soledad profunda, del rock, de la victimización escolar. Se encuentran en el manicomio donde surge un amor de reclusión, con violencia, rock, guitarra y batería, en medio de una afrentosa soledad, la maldición cruda, la dentellada de la bestia, la soledad que muerde en la habitación, en el jardín en mingitorio, en la calle y en el sótano.

La obra encuentra un espacio-eje en un túnel subterráneo que conecta el pre escolar donde llega a trabajar Haugen – al que asisten los  hijos de los pacientes psiquiátricos - con la clínica psiquiátrica Santa Patricia, donde se hallan recluidos sus padres, homicidas psicóticos, sociópatas, depresivos y catatónicos. Por  el pasadizo corre la sangre del relato, por el mismo por el que se les mete el mundo a los locos, y por donde los locos regresan al mundo.

El guardián de los niños a diferencia de El guardián entre el centeno, es una historia de amor. Desde luego, un amor imposible, juvenil, psiquiátrico, al que llegan Jan y Alice Rami, un personaje de flash back, de referencia, que se hace valer por la ausencia. Ambos han tenido la experiencia de muerte. A él una pandilla escolar lo ha dejado encerrado todo un fin de semana en un sauna prendido.

Es una novela con velocidad de cuento. Directa, sin vueltas, escueta. Un narrador demasiado al servicio de la acción inmediata, en ocasiones afectada por una distensión casi deliberada. Ocurren cosas, muchas cosas, rápidas y lentas. Tiene tres o cuatro picos de tensión que obligan al lector a reacomodarse en al asiento, cerrar la página y salir a fumarse un cigarrillo con ansiedad. No sé si el carácter juvenil se le pudiera atribuir a un feísimo defecto - tanto en las novelas para jóvenes como para adultos -, el de explicar. El guardián de los niños es una novela explicativa, le aclara al lector, habla para la platea, como si el autor no confiara en la inteligencia de los lectores o como si no confiara lo suficiente en la fuerza de sus propias escenas.

Sin alcanzar a ser del todo inquietante, ni del todo inolvidable, construye personajes que desde su desolación son capaces de tocar el corazón de al menos un lector. Es recomendable para un grado diez o once. Hoy podría ser más atractiva para los lectores contemporáneos, que posiblemente sientan un poco de desdén por El guardián entre el centeno.

Caulfield y Hauger comparten la misma inmensa soledad entre personas, la diferencia es que a Hauger lo mueve el amor, un amor terriblemente enfermo, desencontrado, mientas que a Caufield no lo mueve nada.

 

La larga lista de Uribe

La larga lista de Uribe

Ya conocimos la lista de los primeros cincuenta “personajes” que Monseñor Uribe Vélez ha designado para que conformen su lista  a Senado. La próxima semana conoceremos los otros cincuenta, con lo que se completará la avanzadilla para el asalto al legislativo el año entrante. Lo que me preocupa no es que la derecha promueva una lista cerrada encabezada por el re-fundador de la patria, lo que me preocupa es quiénes la van a apoyar. Y cómo la van a apoyar.

En la lista hay de todo, supongo que la mayoría no tienen proceso en curso ni expedientes abiertos, lo que habría hecho pensar que era una condición para caber. Uribe debió haber hecho un ejercicio de asepsia radical para poner nombres limpios, gente no imputada, pero cuya característica es que no ponen votos. Los votos los pone él y con los votos que ponga las señoras llegarán a ocupar su curul el 20 de julio.

Aparece en la lista unas señoras francamente uribistas y más o menos desconocidas para la opinión, pero también aparece el “Canciller de Pablo Escobar” según Pastrana, Don Obdulio Gaviria, supuestamente el cerebro ideológico del Centro Democrático. Digamos, por lo pronto, que el cerebelo, porque para cerebro el de Uribe, al que no se le pude menoscabar ni el prestigio ni la responsabilidad en el historial político del país.

No tengo ni idea cuántos de los inscritos efectivamente puedan llegar a las cámaras con los votos del jefe, de lo que estoy seguro, es que como fuerza política van a afectar el mapa de las pandillas políticas en Colombia y la gobernabilidad de Santos en su último año. Va a tener en las cámaras una cuña del mismo palo, que le hará las cosas más difíciles de lo que hoy ya son. Uribe en el Senado será como un diablo en el infierno. Estará en su medio.

No sé si entrarán cinco, diez, quince o veinte de los miembros de ese kilométrico directorio de desconocidos, pero sé que al medir fuerzas, el urubismo como fuerza política, después de que la "unidad nacional" le hubiera desbandado a su generales, se va a reconfigurar el mapa político de las pandillas en el poder. También estoy completamente seguro que será la lista que apoyen los paramilitares, las Bacrim y de paso el narcotráfico, sin siquiera tener que pedírselo. No habrá una lista en el país que reproduzca la calidad de una política que mejor sirva a sus intereses. De los que no me atrevería a decir que son oscuros, al contrario se han ido haciendo terriblemente claros, a medida que la justicia, la opinión, y los medios, han ido evaluando la responsabilidad uribista durante sus ocho largos años de gobierno.

 

 

Esa no es la verdad ex presidente Uribe

Esa no es la verdad ex presidente Uribe

León Valencia

Alguna vez el entonces presidente Uribe me dijo que debía contarle al país la verdad sobre mi paso por la guerrilla. Había liderado una investigación académica sobre la parapolítica y Uribe quería menoscabar mi autoridad moral en el debate sobre la perversa alianza entre líderes políticos y paramilitares. 

 Acepté el reto y escribí Mis años de guerra, un libro que ahora es utilizado por los amigos del expresidente para incubar procesos judiciales en mi contra. No me arrepiento. Creo que al país le hace mucho bien que quienes participamos en el conflicto hagamos memoria de la guerra. 

 La semana pasada Rubén Darío Pinilla, magistrado del Tribunal Superior de Medellín, pidió investigar a Uribe por sus nexos con los paramilitares. Inmediatamente el expresidente anunció una respuesta pública a todos los interrogantes formulados por el tribunal. Tuve la esperanza de que le contaría muchas verdades al país. No fue así. Hay en su relato verdades a medias y mentiras flagrantes. Voy a ocuparme de algunas en esta columna, quizás vuelva sobre el asunto en otra.

 En su relato hace una férrea defensa de las Convivir. No acepta que se las asocie con criminales. Esta mentira se sale de toda proporción. Salvatore Mancuso era el asesor nacional de las Convivir y su organizador y jefe en Córdoba, Diego Vecino en Sucre, Jorge 40 en Cesar y Raúl Jazbún en Urabá. Al mismo tiempo eran los organizadores y jefes de las autodefensas.  

 La primera noticia de esa realidad la dio Mancuso en su libro de 2004 cuando no pasaba por su imaginación que iba a terminar enfrentado a Uribe. Estas cooperativas de seguridad fueron el principal mecanismo de reclutamiento de los miembros de los paramilitares a finales de los años noventa cuando el fenómeno creció y se extendió por el país. 

 Considera Uribe que el proceso penal al general Rito Alejo del Río es una injusticia y que la pacificación de Urabá, en los años de su gobernación en Antioquia, fue un ejercicio institucional. Otra enorme falacia. En Urabá los homicidios saltaron en 1997 a 700 y en 1998 a 800. Fue el lugar de mayores masacres en esos años. Los paramilitares, con la complicidad de la Brigada, produjeron ese baño de Sangre. Tal horror no tiene ningún viso de legalidad. 

 El coronel Carlos Alfonso Velásquez, quien era el segundo de Rito Alejo, tuvo la decencia de denunciar los hechos y por ello fue separado del Ejército. En ese territorio dominado por los paramilitares se hicieron las reuniones cumbres que dieron origen primero a las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá y luego a las Autodefensas Unidas de Colombia. Allí estaba el cuartel mayor de los paramilitares y de allí salieron las expediciones que fueron hasta Mapiripán en el Meta y hasta Catatumbo en Santander para perpetrar las horrendas masacres que el país conoce.

 Todos los puntos de respuesta al magistrado Pinilla terminan con esta aseveración: “El gobierno que presidí combatió al paramilitarismo, lo desmontó, lo sometió a la justicia y a la reparación de víctimas, llevó a muchos de sus integrantes a la cárcel y extraditó cabecillas”. Verdad a medias. El desarme y la desmovilización de los paramilitares fue un mérito indudable de Uribe. Nadie le puede quitar esto. 

 Pero hay dos cosas que empañan esta realidad. Ahora sabemos que la desmovilización fue parcial y que la mayoría de los mandos medios de las autodefensas son en este momento los cabecillas de las bandas criminales. Sabemos también que la intención inicial de Uribe y el comisionado Luis Carlos Restrepo era protegerlos a toda costa de la extradición y darles un estatus político. 

 La cárcel y la remisión hacia Estados Unidos vinieron después de que la Corte Constitucional, en la sentencia C340, los despojara del carácter político y en medio del desengaño los paramilitares empezaran a contar verdades sobre los aliados políticos de Uribe. Se sabe incluso  que el Presidente, al principio, para salvar la situación, envió a Sabas Pretelt, ministro del Interior, a prometerles que en ningún caso los extraditaría. 

 Los jefes paramilitares estaban aún en Santa Fe Ralito y amenazaban con retirarse definitivamente de la negociación. Fue, sin duda, una hábil maniobra para culminar la desmovilización, pero da cuenta de la ambigüedad del presidente Uribe frente a los paramilitares.

 

Santos vende el sofá

Santos vende el sofá

El año pasado el tribunal de La Haya produjo un fallo que respondía a la demanda interpuesta por Colombia frente a la reclamación nicaragüense sobre aguas territoriales en el Caribe occidental. En su momento a Santos se le ocurrió que por deber patriótico y estrategia política debía decir que el fallo era “inaceptable”. Lo que en palabras llanas significaba que Colombia no aceptaba el fallo judicial de la corte más importante del mundo. Como de hecho no quedaba nada bien declararse desconocedor de los fallos en derecho, y menos a un país como Colombia, obligado con los compromisos suscritos por los países signatarios del Pacto de Bogotá, Santos nos sorprendió con la solución del idiota, sacar a Colombia del pacto de Bogotá. Una solución tan estúpida como vender el sofá.

Diez meses después cuando su popularidad ha descendido a 21, ha vuelto a subir y a bajar, Santos nos sorprende con una declaración completamente extemporánea, improvisada, y jurídicamente retardada. Nos dice que el fallo de la Corte es inaplicable. Lo que significa que acepta el fallo de la Corte, solo que reconoce que para que sea aplicable, es necesario un tratado con Nicaragua sobre límites territoriales. Se ampara en el derecho constitucional territorial colombiano que exige que los cambios de frontera serán exclusivamente resultado de un tratado. El derecho nacional fue rebasado con el fallo por el derecho internacional, sin que él parezca haberse enterado. Ahora, si el tratado se firma no será, por parte de Nicaragua, más que para ratificar el fallo. Lo que para Colombia, en versión doblemente estúpida, equivale a que el vendedor del sofá se lo compra al que se lo vendió.

No se puede hablar de expansionismo de Nicaragua. Equivaldría a acusar la Corte de La Haya de legitimar a través de sus fallos el derecho a la expansión. Nicaragua no ha hecho nada por fuera del fallo. Nicaragua tiene un mejor equipo negociador que Colombia. Fue y es más coherente en su estrategia de reclamación. Colombia cambió equipos con cada cambio de gobierno y envió  a La Haya a unos chiflamicas bogotanos con salarios obscenos, que improvisaron simples estrategias de sofá, y que en Colombia casi todos aplaudieron.

Inaplicable. ¿Y qué con eso? ¿Qué vas a hacer Santos? ¿Enviar las corbetas y las cañoneras para sacar a los nicas de los 75.000 kilómetros cuadrados que el falló de La Haya les otorgó? El gobierno de Santos es estúpido, reacciona equívocamente frente al fallo y luego lo acepta condicionándolo a un tratado que de firmrse no haría más que ratificarlo. Lo que equivale a regalarle el sofá al tipo que se folla a la mujer.

Otro 11-S

Otro 11-S

 Hoy la prensa del mundo le da espacio a una noticia gorda. Estaríamos a horas del ataque que USA desataría sobre Siria (¿otro 11-S?). Una forma justiciera de castigar al gobierno  de quien fue capaz de utilizar armas químicas contra su propio pueblo. Pasó la raya, está bien cien mil muertos, pero no está bien que se utilice el sarín. Alguien debe decirle al matón Al Asad: ¡ya, vete a la mierda!

El gobierno de Al Asad ha hecho correr el rumor de que quien realizó el ataque con gas sarín contra el pueblo sirio, fueron los propios Estados Unidos, a través de mercenarios, algunos  de los 88 mil que combaten en Siria. Con el propósito de  crear las condiciones para entrar.

Pese a lo anterior, ratificado también en la prensa de hoy por el Embajador sirio en Venezuela, no creo que los estados Unidos lo hayan hecho, no porque no puedan ( tiraron una bomba en Hiroshima y otra en Nagasaki) sino porque no les conviene. Lo último que USA quisiera sería intervenir en Siria, haga lo que haga, los costos los van a sobrepasar. Si el ataque es fulminante, como en Irak, la primera y la segunda vez, y termina en un bombardeo quirúrgico de bases, aviones, centros de comunicaciones, aeropuertos, bodegas, terminales de combustible, tal vez le dé el empujón que Al Asad necesita para caer. Pero ante la caída de su gobierno, lo que se viene es una ofensiva de los agentes de Al Qaeda que pelean del lado de la resistencia, con lo que el próximo gobierno podría quedar en manos de sus peores enemigos.

Si el ataque no es fulminante, sino más bien una advertencia contundente, el mensaje que se habrá enviado a Rusia, China, Irán y Corea del Norte, será un mensaje de debilidad, que no haría más que reforzar la idea de que el costo de una guerra es suficiente para disuadir a los Estados Unidos de una intervención, en la que no se está jugando más que una casilla del tablero geopolítico.

A partir de mañana el Congreso de USA deberá examinar las condiciones y las consecuencias tácticas y estratégicas, antes de dar o no dar la autorización al presidente de que proceda. El Negro debe estar rezando para que el Congreso en un acto patriótico de sensatez desista de la intervención, que tras la cumbre del G-20 apoyan veinte países.

Qué importan los derechos humanos en Siria, los sobrevivientes, los refugiados, los niños, las víctimas del gas sarín. Por ahora, que Dios salve a los Estados Unidos de América - si es que puede - de meterse en otro lodazal, del que salpicaría barro sangriento de Turquía a Egipto, y de Israel a Irán. A veces el Congreso norteamericano muestra más poder que el mismo dios

Hoy en el mediterráneo oriental se vieron cinco fragatas de la sexta flota de USA, y cinco fragatas de la flota rusa. En el Golfo Pérsico también ondea la bandera norteamericana en los barcos de la quinta flota.

Los recomendados

Los recomendados

Recomendar  libros es un arte ambiguo. Nunca se sabe, salvo que el lector sea completamente predecible, lo que casi nunca ocurre. Por ejemplo, me pareció recomendable Rayuela, para un grupo de muchachos. Mi novela de iniciación, la de los veinte años, la que me hizo viajar de París a Buenos Aires – ida y vuelta, ida y vuelta - en un metro transoceánico en el que se escucha jazz. La magia de las palabras, el juego azaroso de las circunstancias, el ordenado desorden de Cortazar, la ficción concéntrica, la jugarreta capitular. Un universo completo rellenado con una constelación de detalles que me causaban asombro, risa. Que no me dejaba parar de leer. Que durante mucho tiempo me obligó en lo que escribía a reproducir los gestos y aires de la novela. La mayoría dijo no haber pasado de la página veinte. La minoría dijo no haber entendido. Y los menos se dejaron envolver por un aire extraño que los dejó con la magia y sin palabras.

Recomendé a un grupo de adultos mayores, El retrato del artista adolescente, publicada en medio de la primera guerra. Una semibiografía de Joyce. Una novela de aprendizaje en la que pone en escena una forma de escribir que anuncia la epifanía de su estilo. La reconstrucción de sí mismo a través de un adolescente. La magia del estilo, el ordenado desorden de Joyce, el juego de tiempo y de voces. La reconstrucción de un hombre que enseña a otros hombres de cómo la vida es un sencillo laberinto, formado por lo que se vivió, lo que se recuerda que se vivió, y lo que no se vivió. La mayoría dijo no haber pasado de la página veinte. La minoría dijo no haber entendido. Y los menos se dejaron embelesar, fueron capaces de nadar en las aguas revueltas del laberinto novelesco.

Recomendé a personas de diferente edad, el libro de Luis Sepúlveda, Un viejo que leía novelas de amor. Un enmaniguamiento de escritor en el territorio de los jíbaros, su acercamiento al alma de la tribu, un libro de la selva, con humor, con aventura, con tigres, gringos y funcionarios. Una novela de la humanidad de la selva, de la animalidad herida. Repleta de motivos, desbordante de frescura, de prosa cristalina, de diálogos punzantes, de valeros intriga, de personajes inolvidables. La novela de un chileno en el exilio, tras haber escapado de las garras de Pinochet. Todos, absolutamente todos la leyeron, la degustaron, la comentaron, la reconocieron.

Recomendar libros es un arte ambiguo.