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Alberto Rodríguez

El país real y el rey pálido

El país real y el rey pálido

Los enemigos del Presidente dicen que a Santos el país se le salió de las manos, los santistas dicen que una minoría violenta ha usurpado el movimiento campesino, Petro habla de “fuerzas oscuras”, el Ministro de la Defensa dice que es un movimiento de las Farc, Santos dijo que el paro no existe. ¿Se le puede creer a alguien? En un país de mentirosos la verdad es un bien muy exiguo. Lo primero que se pierde en toda guerra.

Una cosa son los problemas con los gremios, cuya solución en efecto se le salió de las manos a todos los gobernantes, y otra el problema de orden público, que ya ha puesto cuatro muertos. Manejados – si es que alguien pudiera -  o no manejados, los cientos de jóvenes que han salido a la calle, a escribir grafitis, a darse piedra contra el Smad, a matar cajeros automáticos y a quebrar los vidrios de las estaciones del transporte masivo, lo que tienen es una rabia profunda y violenta contra todo el establecimiento, contra el gobierno, contra la policía, contra la banca, contra el transporte, contra el comercio. No es un movimiento orgánico, ni aquí ni en Inglaterra, ni en Brasil, ni en París, es la concurrencia desbordada y espontánea de la rabia contenida, que se alimenta de los detonantes que los mismos gobiernos instalan en cada calle, en cada pedazo de tierra, en cada universidad, en cada hospital.

El gobierno de Santos, como ninguno en el pasado, y tampoco los que vengan, resolverán el problema real de los campesinos – a los que dicho sea de paso quebraron – de los transportadores – un negocio entre políticos y comerciantes -, y mucho menos de los estudiantes, que serán los contradictores per se de cualquier gobierno. Los problemas reales del país real no los resuelven los gobiernos reales. Lo que han hecho y seguirán haciendo como táctica, es ceder a pedazos para aplacar el incendio. Y luego, poco a poco, ir incumpliendo para que el fuego se reavive. Ni la tierra para los campesinos, ni calidad para los estudiantes.

Por estos días Santos es un rey pálido, un tartamudo elocuente, un observador que se rasca la cabeza, que sobrevuela la ciudad para ver a sus soldaditos enfrentando una turba de jóvenes cada vez más rabiosos. Nubes de gases empañan el aire contaminado de las ciudades, y el rey pálido se pregunta si al no existir el paro, tal vez tampoco exista el país.   

El ladrón de palabras

El ladrón de palabras

 Al menos cinco periódicos de USA la decapitaron en el 2012 cuando se estrenó: divertida sin intención (New York Post), sosa y obvia (USA Today), coja, incapacitada para conectar (The Washington Post), poco original (Houston Chronicle), los actores han quedado atrapados en un material plano (New York Daily News). Se trata de una película originalmente titulada “Worlds”, que en español se dio a conocer con un nombre que aunque literal - El ladrón de palabras -, resulta más sensitivo que si se hubiera traducido como “Palabras”.

Voy a defender la película de Brian Klugman y Lee Sternthal, codirectores y coguionistas. Un film que posiblemente no fue hecho para divertir. A no ser que los periódicos norteamericanos crean que la tragedia divierte. Tal vez sea poco original. Los originales de un inédito se han perdido muchas veces, y no pocas veces se han dado suplantaciones literarias. Y tampoco es inusual que un buen escritor haga libros que nadie edita, y que no sea capaz de escribir más. Pero lo que más cuenta en la historia – desde el punto de vista de la pretendida originalidad – es la forma como se cuenta, el dispositivo narrativo para referir una historia de escritura.

No sería extraño que alguien encontrara en los laberintos circulares de Paul Auster y en los finales ácidos de Woody Allen, el mismo aire con que Worlds se deja invadir. Un maletín, tal cual lo usaba Hemingway en los años treinta, se pierde con el original - camuflado en uno de sus pliegues - de una novela parida en cuestión de semanas, con la misma ira conque escribía Celine y la misma contenta desfachatez con que lo hacía Henry Miller.

Son tres historias en círculo. La primera la de un escritor más o menos detestable, que hace una lectura pública de la novela que está promocionando. Que trata de un segundo escritor que escribe una novela que nadie publica, y que cae en una situación crónica de bloqueo; que a su vez encuentra en un anticuario en París, el maletín con el original de la novela (que sea poco creíble que el original haya permanecido cuarenta años en el maletín, habrá que aceptarlo como indulgente pacto de verosimilitud). La novela ha sido escrita por un soldado pobre, angustiado, con una hija enferma, que la mujer se lleva tras abandonarlo. Una novela de alguien que nunca ha escrito una novela, pero que es capaz de sacar del corazón y de las tripas el aliento con que le da una fuerza demoledora.

En la supuesta novela que se está presentando se narra el encuentro del autor de la novela y del “autor” que después de encontrarla, la transcribe a su nombre y logra que se publique. Se encuentran en un diálogo lento, sosegado, revelador, trágico, en el que el “autor” se ve completamente descubierto por el autor, un hombre de más de setenta años. Ha venido del pasado, a un presente en el que encuentra su obra publicada, haciendo exitoso a un hombre que no puede escribir.

Es una película de autores que entran en un círculo de dependencias y vicisitudes en el que la trama se enriquece, enredando los hilos del tiempo de la escritura, dos pasados, uno remoto, otro cercano, en un presente, en donde ya no es posible tener certeza de la autoría y la suplantación, cuando el círculo se cierra abriéndose al plagio del plagio.

    

El verano de oriente medio

El verano de oriente medio

Una línea de conflicto cruza el verano del medio oriente: Siria, Líbano, Israel, Egipto. Una fila de dominó cuyas fichas están cayendo a una velocidad tal que aún no sucumbe la línea.

El efecto de pugna en línea, tiene un efecto más allá de lo regional. Como una gran piedra que se arroja a un lago, hace olas que llegan más allá de sus fronteras. Hacía tiempo que medio oriente no estaba más agitado. Un verano violento ha puesto el movimiento a la temporada. Una guerra civil en Siria que suma más de cien mil muertos. Un levantamiento en Egipto instigado por los Hermanos Musulmanes, que fueron sacados a patadas del gobierno, por los militares, que habían  reemplazado a Hosni Mubarak. Y un bombazo en el Líbano en una de las sedes de Hezbollá.

Y como telón de fondo, una representación al estilo de la vieja guerra fría. Siria y Egipto son posiciones de disputa entre USA y Rusia. Tal vez las relacionen entre ellas nunca habían estado más frías. Enfrentados en Siria. En Egipto, la declaración diplomática ha coincidido, instan a las partes a encontrar la solución democrática que más sirva al país. El caso Snowden es la cereza en la superficie.

USA entrega en recursos a Egipto, más que lo que entrega a cualquier otro país, exceptuando a su protegido, Israel. Objetivamente le es más conveniente que los Hermanos Musulmanes estén fuera del poder. Pero unos militares instigadores, violentos, que les caldén el país, tampoco les sirven. No tienen buenos aliados.

En Líbano el gobierno se cayó ayer, lo que ha puesto a Israel en máxima alerta. Hezbollá - la milicia chiita que cuenta con el apoyo de Irán - puso punto final al gobierno de coalición al retirar once ministros de su partido y de las formaciones aliadas. El todopoderoso partido chií pretende forzar a Beirut a desvincularse del tribunal que investiga la muerte del ex primer ministro Rafiq Hariri.   

La política exterior norteamericana o no entiende lo que está pasando en la línea de conflicto que tensiona oriente, o ya no es capaz de tener un control político y militar en la zona, que le permita hacer lo que durante toda la historia ha hecho, torcer por la política o la fuerza la voluntad de los pueblos a favor de sus intereses en el mundo.

 

El abuelo que saltó por la ventana y se largó

El abuelo que saltó por la ventana y se largó

Tras la apoteosis de Milenio estalló la primavera sueca de la literatura, a cargo de los periodistas. No son narradores de oficio, han sido reporteros, cronistas, sabuesos, como Blomkvist, que conocen el oficio llano de la redacción, con un patrón de orden, textura informativa, descripción “audiovisual”, mucha   economía y ante todo rapidez. Con la novela de Jonas Jonnasson, periodista sueco, se confirma esa clave estilística de la última literatura nórdica.

 Los novelistas del futuro serán los periodistas, farfulló García Márquez, alguna vez. La velocidad de la escritura periodística - aun la editorial - es su sello. Si con esa misma velocidad se incursiona en la novela, se habrá destronado el criterio clásico de que la novela es lenta. Ya no lo es. En la velocidad del cuento encontró el principio de su evolución.  Por lo cual un periodista disciplinado bien puede emprender una ficción de largo aliento, contada de manera llana y a una velocidad de captura. La ficción de Jonas es una ficción histórica, contada por un muy buen cronista del siglo XX, que encontró en la ficción una forma no trágica de mostrar la tragedia del siglo XX, la tragedia del poder.

 Johan Theorin es otro periodista sueco, nacido en 1963, autor de Ecos de los muertos, El cuarto oscuro, La cantera y El guardián de los niños (no es raro que por asociación inmediata el nombre nos lleve al del centeno, cuyo oficio siempre quiso que fuera cuidar niños, para evitar que se precipitaran al vacio). En su obra se verifica la clave de estilo.

 Henning Mankell es otro sueco, del 48, no es periodista, originalmente autor de libros para niños y dramaturgo. Autor de los asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La quinta mujer y La falsa pista. En su obra se verifica la clave de estilo.

 El viejo que saltó es una novela de personaje. Tal como lo enseñó la novela clásica - hasta mitad del siglo XX -  el aliento largo bien vale la pena para que se gaste en hacer un personaje. Allan Karlsson es un personaje que puede estar en la galería de Archimboldi, Ulises Lima, Belano, Caufield, Sofía, Salander o Antonio José Bolívar Proaño.

 La novela es una recreación festiva, vital, de la vejez. Un hombre de cien años huye del ancianato, donde una horrible enfermera le impide beber. Y como si tuviera veinte años, arma un zafarrancho irónico, caricaturesco en el que junta a la mafia y el poder, o los poderes, como si fuera una fiesta a la que asisten una bruja pelirroja que anda con una elefanta y un perro, un roba gallinas, un vendedor de salchichas y su hermano y el mafioso de chaqueta negra y puñaleta. Y mientras ocurre toda la aventura de primera plana, seguida muy de cerca por la prensa, Jonnasson se ocupa de llevarnos en un paseo por todo el siglo XX, utilizando los iconos del poder y de la ciencia. A los unos los trivializa hasta la maldad, a los otros los trata como se trata a un camarero. La clave de su participación en la historia del siglo es que es un explosivista. A punta de explosiones hace su historia, en España, en USA, en China, en Irán, en Rusia, en Suecia. Se abre paso haciendo explotar cosas. El pasaporte más violento, el handi cap del terrorismo irlandés, colombiano, islámico, y como si fuera poco, lo presenta como un juego de chicos. Con el ribete de la tragedia pero en tono de comedia.

 La tragedia del siglo XX, contada como si no lo fuera, con una dosis letal de humor que hace estallar de carcajadas al lector, consternado por la hilaridad con que consigue ficcionar con ridiculez heroica el poder, y dar a la vejez el acento de un triunfo.           

 

 

 

 

 

El gran colombiano

El gran colombiano

 

Joseph Avski

A pesar de la lluvia y los cuatro días previos de vigilia, durante la noche del 30 de junio y la mañana del 1ro de julio de 1885, más de dos millones de personas se congregaron en las calles de París para ver el entierro del escritor francés Víctor Hugo. Ningún otro francés antes o después ha despertado tal sentimiento en su pueblo. 

En Colombia el entierro más concurrido no ha sido el de un escritor, músico, artista, transformador social o héroe nacional. No, claro que no. El personaje más lloriqueado en un sepelio público ha sido el siniestro Pablo Escobar. Ese día más de veinte mil personas berrearon, gritaron y destrozaron el cementerio Jardines de Montesacro. No sólo su entierro ha sido el más concurrido sino que hasta la fecha es “el muerto más visitado de Colombia”. Esto nos da una idea de qué tipo de personas les parecían importantes a los franceses a finales del siglo XIX, y qué tipo de personas nos parecen importantes a los colombianos ahora. 

En estos días estoy en Irlanda, un país obsesionado con su historia literaria. En cada calle de Dublín hay una placa conmemorativa, en cada parque una estatua, en cada callejón un grafiti, en cada mano un libro celebrando la deslumbrante calidad de los escritores irlandeses. Me encontré con cosas como que, sólo por mencionar un ejemplo, la farmacia Sweny’s en el número 1 de la calle Lincoln, donde Leopold Bloom, protagonista de el Ulises de James Joyce, se detiene a comprar un jabón en uno de los capítulos de la novela, es mantenida por voluntarios para que no sea vendida y permanezca igual que en los días del escritor. Lo hacen así, gratis, por puro amor. 

En contraste, en Cartagena no hay una sola señal de que allí nació el gran Germán Espinosa; ni en la ciudad amurallada nos encontramos una sola pista de Genoveva Alcocer, uno de los personajes más importantes de la literatura colombiana. En Medellín poco o nada nos recuerda las huellas de Gonzalo Arango, Manuel Mejía Vallejo, o Fernando Vallejo. En Envigado sino fuera por la gran labor de Otraparte el pueblo no tendría rastro del Brujo. En Tolú ni si quiera saben quién fue Héctor Rojas Herazo y en Planeta Rica las nuevas generaciones no creo que reconozcan una foto de Alejo Durán. 

¿Alguien recuerda a José Barros, Lucho Bermúdez, Pablito Flórez? Nadie más que un grupo de desadaptados - desadaptados respecto al estándar colombiano -. Hay gente que hace esfuerzos pero la comunidad general es indolente. Nuestras elecciones dejan bien claro qué tipo de sociedad queremos ser. Somos la cultura de las tetas operadas y la estética mafiosa. Es el tipo de revistas que nos gusta comprar, las telenovelas que queremos ver, la música que nos nace escuchar, y los libros que nos cautiva leer. Recuerdo que hace unos años en Montería no había nada más célebre que ser amigo de Carlos Castaño o Salvatore Mancuso. Poco después, la cárcel, la muerte, y la publicidad le dieron ese lugar a Álvaro Uribe. Todos juraban conocerlo y haber contemplado toda su berraquera en acción. Somos ese tipo de sociedad. 

Por eso no me sorprende que Álvaro Uribe haya sido elegido el Gran Colombiano, porque Montería en eso no es distinta del resto de del país. No somos el tipo de sociedad que elegiría a Gabriel García Márquez, Joe Arroyo o Jaime Garzón. No nos interesa la ciencia, ni la filosofía. No nos importan las personas que cuidan el medio ambiente, ni los profesores comprometidos con su oficio, ni los artesanos y los indígenas, ni las negritudes, ni los exiliados. Pudimos ser el país de Andrés Escobar pero preferimos ser el de Pablo, entre los Fernando González elegimos al torero de televisión y no al filósofo, de los JotaMario al fanfarrón desagradable de los programas matutinos, de los Jattin a los políticos ladrones y nunca al poeta, y de los Uribe ni a Nicolás, ni a Rodrigo, ni a Federico. Por eso Álvaro Uribe representa, mejor que nadie, lo que queremos ser. 

Más allá de la mala opinión que tengo de Álvaro Uribe, creo que considerando el descojone tan grande en el que está (y ha estado por tantos años) el país, un político no puede ser el Gran Colombiano.

 

Selfie

Selfie

Hasta hace algunos años las personas usaban su cámara para registrar eventos compartidos, fiestas, eventos, paseos, vacaciones. Con la celularización del mundo y el auge de las redes sociales, ahora la foto es un registro narcisista, captado con un teléfono fotográfico, que sirve para autorecrearse con la propia imagen, y recrear a otros. Con un clic se monta en Facebook, Twitter, Instagram, Flickr o Snapchat. 

 A la manía del autorretrato ya se le tiene un nombre: selfie. La masturbación gráfica en cadena, la autocomplacencia voluptuosa del rostro y la sonrisa. Un estudio del Centro de Investigación Pew, en Estados Unidos, reveló que el 91 por ciento de los adolescentes publican fotos de sí mismos en sus cuentas, un 12 por ciento más que en 2006. Otros estudios han mostrado que el 80 por ciento del material que circula en redes sociales se refiere al ‘yo’.

Los selfies son fotografías que le dan valor representativo al que las toma, administra su imagen con fines de ingenuo o deliberado exhibicionismo. Justin Bieber o Lady Gaga muestran su lado menos íntimo en imágenes Instagram o Twitter. Una doble función cumple la estampa narcisista, vender una imagen a alguien en particular de manera pública, o vender una imagen a todos. Una promoción egocéntrica, en la que ya no importa la belleza sino la espontaneidad. Hasta los más feos y las más feas, ahora no tienen pudor de sí mismos, y aceptan mostrar su exterior, honrados de ser lo que son.

 Los buenos padres, por su parte, temen que las imágenes de sus hijos terminen en un sitio porno, en el gabinete de un pedófilo, en un montaje público o en una cadena de matrimonios virtuales. Temores cada vez más confirmados.

 Para la mayoría, los selfies son autoexpresión, es decir, libertad. Una puesta en escena de sí mismo. En muchos casos una mala puesta, malas fotos. Nunca la calidad de la foto será la misma, que cuando la toma otro, es decir cuando el sujeto de la foto no es su propio punto de vista. Los usuarios de red tienen una identidad activa y otra pasiva. Con la primera dominan la publicación, con la pasiva no puede controlar lo que los demás publiquen sobre uno.

 Los selfies son producciones a la vez activas y pasivas. ¿Un peligro? ¿Qué no lo sería? Ofrecer al mercado de la imagen una galería de fotos de sí mismo en FB, por ejemplo, es una forma de socialización con riesgo, una especie de galería de pornografía del gesto. Al revés, de lo que creían los africanos de algunas tribus, que las fotos les robaban el alma, los chicos y las chicas que practican la inocente y pervertida costumbre de exhibirse, lo que quieren es robarle el alma a otros.

 

 

 

Corazones al azar o la industria de la soledad

Corazones al azar o la industria de la soledad

Un jubilado español de sesenta años, residente en Palma de Mallorca - dos hijas a las que nunca ve, nunca llaman y ya ni siquiera vienen para las navidades – conoce a través de una página a una mujer, entre cientos, que se ofrece para matrimonio. Ella tiene 23 años y estudia psicología en una universidad privada en Colombia. En la foto, al menos, es un bombón erótico, va vestida con un traje ajustado que resalta todas sus formas, y que vaya si las tiene. Un pequeño perfil, da cuenta de su nombre, edad, estudios, aficiones, mascotas y música preferida. Brenda – digamos que así se llama – y Antonio - digamos también - chatean durante varias semanas, a un costo de 75 centavos de Euro el minuto para él, hasta que descubre que la mujer del chat no es la de la foto. No puede serlo. Y en el diálogo virtual que se prolonga, él le descubre el juego, y ella reconoce que se trata de una suplantación. Aun así la comunicación sigue, hasta que el hombre le pide que se deje conocer. Dime tu nombre, es lo que dice.

Operación Anastasia es un viaje al fondo de la industria de la soledad y del engaño. Hombres del norte que buscan mujeres del sur. Hombres viejos que buscan mujeres jóvenes. Jubilados que buscan a estudiantes y madres solteras. Con el anzuelo falso o verdadero de un matrimonio. Algunos se realizan, aunque en la mayor parte de los casos no es el matrimonio, o al menos, no el primero de los motivos, y mucho menos para las “niñas”. Ellas prestan la foto y delegan sus romances en una operadora anónima, que es la que Antonio descubre.

Las “niñas” que van de los 18 hasta los cuarenta, no necesitan saber escribir. Tanto como las operadoras no necesitan posar. Las niñas de las fotos jamás chatean, no quieren conocer hombres a través de la página, no buscan casarse El truco pasa por la escritura de las operadoras: efectista, comprimida y rápida. Para ellas es un trabajo, tanto si la relación avanza o desfallece. Hablar a través de un chat equivale a recorrer una autopista de espejismos. Hablando por teléfono el espejismo se refina. Un tono de voz, un timbre, un acento, pueden echar a perder la magia del encuentro. Algunas de las niñas hablan con sus pretendientes. Desde luego el minuto telefónico vale un poco más que el minuto de chat. El arte de la operadora está en alargar la conversación. Ella cobra participación sobre un porcentaje de los minutos hablados o escritos.

Una operadora hábil puede atender hasta diez solitarios en simultánea, como los ajedrecistas, en la que sabe concertar con cada uno, el tono y el límite de la conversación. A cada quien lo que se merece, en un tira y encoje en el que eluden información erótica y se atienen a las preguntas clichés de un libreto. El alma de la agencia de corazones solitarios es la operadora de chat, una digitadora hábil, que consuma una falsificación necesaria para los hombres.

Cuando el juego de suplantación se descubre, Antonio le pide a Brenda que le escriba y ella acepta. Él propone pagarle por palabra y ella acepta, hasta un punto en que ella le dice que no le va a cobrar más, porque ya no está suplantando a nadie. Entonces él se propone ir a conocerla. Ella le pide que no lo haga, es la peor idea, ni siquiera le aseguro que nos veamos. Él le pregunta el motivo, pero ella se niega. Reconoce lo que siente por él después de casi un año de correos y chats, pero le insiste en que no vaya. Antonio la invita a España. Ella no acepta, pero la conversación continúa. Un día repentinamente se interrumpe, una de sus hijas regresa a la casa. Es una chica de 23 que trabaja en un chat erótico en Madrid.

La industria de la soledad necesita suplantaciones. Qué importa que me engañen, si el engaño también vale, cuando se trata de la soledad. Si Antonio no sabe que alguien le está suplantando a Brenda, no hay problema, y si lo sabe, le quedan dos caminos, perder una corresponsal o aceptar que debe olvidar a la de la foto. Para muchos hombres una suplantación es un favor, una coartada legítima contra la soledad.

La operadora: el servicio social de los corazones solitarios.    

No importa que hayan perdido la fe…

No importa que hayan perdido la fe…

Pachito el Che regresó a América, de donde salió sin saber que ya no regresaría más. Con todo el simbolismo que tiene cada cosa que hace o deja de hacer un Papa, no resulta difícil imaginar lo que ha de significar que su primera salida haya sido a donde  el gigante latinoamericano en apuros. Haber ido a Argentina, habría resultado demasiado argentino. Y aunque es un papa tano, y muere por el futbol, ha de ser cuidadoso para que no se interprete su itinerario como una forma de parcialidad.

Fue al Brasil al encuentro mundial de juventudes. Algo de lo cual los curas en general son conocedores. Y se les enfrentó con esa mansedumbre soberbia de quienes siempre están convencidos de tener la verdad. Y concilió, para estar a tono, les dijo que comprendía que hubieran perdido la fe, en todo, en la iglesia por supuesto, que durante años hizo todo por aburrirlos o espantarlos. Les dijo que aun a pesar de haberla  perdido, Cristo está con ellos. Esperamos que le hayan creído, y no que le vaya a suceder como a Benedicto, cuando fue al África a decirles a los negros con sida que no usaran condones. A Pachito no la faltó sino que recomendara su uso, a falta de fe.

Le echó la culpa del desmadre de la juventud - a la que está lejos de entender, solo por cuestión generacional - a los políticos y a los curas. Que hombre sabio. No se equivocó en su diagnóstico, aunque con ello no haga más que hundir el vestigio de fe que les pudiera quedar a algunos jóvenes. Les dijo la verdad, descorazonadora, desesperanzada, bruta. Pero al mismo tiempo les pidió que vencieran la desconfianza. ¿Quién lo entiende?

Con un Papa nunca se sabe, sus mensajes siempre deben ser tomados con beneficio de inventario. En una de sus salidas en el vatimovil blanco que le prepararon, un chico de diez años, con la camiseta de la selección del Brasil, atravesó la calle, burló todo los cordones de seguridad, trepó al carro y se abrazó al cuello de Pachito. Y se estuvieron besando y abrazando hasta que los despiadados escoltas interrumpieron el amoroso acto, no vaya a ser que el chiquito tenga sida.

Para el último día de su viaje de promoción, de recreación de la imagen corporativa de su pontificado, Pachito ira a Copa Cabana a las nueve de la mañana, bajará del vatimovil, en vestido de baño e irá a las aguas tibias del mar para sumergirse y nadar. Quien no lo haya hecho no ha estado en Brasil. Al salir, lo escoltas lo estarán esperando con una toalla blanca de felpa y una vaso de caipiriña. Y entonces desde las limpias arenas lanzará una bendición urbi et orbi que rebotará en las señales de los satélites norteamericanos, con que los gringos expían a todo el mundo. 

Mientras los heterosexuales abandonan el matrimonio los homosexuales piden que lo aprueben

Mientras los heterosexuales abandonan  el matrimonio los homosexuales piden que lo aprueben

Eso de casarse parecería ser algo que ya no se usa. No hay necesidad dicen los hombres, y las mujeres han terminado por creérselo, o al revés. En Colombia lo que se usa es la unión libre, el amancebamiento delicioso, como una forma de sacarle el cuerpo al compromiso formal. Sin embargo, la comunidad gay pide que se les permitan casarse, que los dejen solemnizar la unión. La epidemia parece que solo afecta a la población heterosexual.

En Colombia las parejas entre 18 y 49 años se casan solo en un 19% de los casos. Mientras que las uniones libres llegan al 40%. El otro cuarenta por ciento debe ser de los matrimonios separados, digo yo.  

El contrato no tiene nada que ver con el amor, según se ha dicho, cuando se está bien enamorado, no importa si se está o no casado. Esos convencionalismos no importan. Pero si los hijos de ese amor - que necesita reproducirse, regarse, multiplicarse-, los que ya nacieron y los que están naciendo, o vayan a nacer, pudieran dar su opinión, pedirían a sus padres que se casen. La falta de matrimonio, de contrato, está dejando sin protección legal, en manos de mujeres sin empleo y sin seguridad alimentaria a miles de niños. Casi la mitad (46%) de ellos viven con un solo padre. Aunque se podría decir, que ni siquiera el contrato, asegura bienestar para los niños.

Es que casados o no casados, se juntan para reproducirse. En tal sentido, es mucho más sano el matrimonio homosexual. El amor, el instinto, el cariño, la calentura, lo que sea, no los lleva a reproducirse. Claro, porque no pueden, si pudieran lo harían. Después de que en muchos países se ha aprobado constitucionalmente el matrimonio gay, la lucha que sigue es por el derecho a adoptar a los niños que dejan tirados los heterosexuales.

A todas luces, el matrimonio - esa especie en extinción – mucho más que con el amor, tiene que ver con los hijos. Manes de las épocas en que el romanticismo es un dragón con cara de french poodle.  

Un oscuro, yerto y mafioso corazón

Un oscuro, yerto y mafioso corazón

 Primera versión: el gobierno cubano vende armas rusas, obsoletas, deterioradas, al gobierno de Corea del Norte. Un negocio entre mastodontes pre históricos del socialismo cuartelario. A Cuba le entra una platica, y Corea, que tiene prohibición expresa - por resolución de la ONU - de transportar armas, se hace a un armamento de utilería.

 Segunda versión: el gobierno cubano pretende rearmarse, así que contrata con el gobierno norcoreano para que le repare armas rusas, obsoletas y deterioradas. Un negocio entre mastodontes pre históricos del socialismo cuartelario. A Cuba le regresan armas reparadas y Corea se hace a una platica.

 Tercera versión: el gobierno norcoreano pone un barco – el Chong Chon Gang - y Cuba pone unas armas rusas, obsoletas y deterioradas. Las camuflan bajo un cargamento de  diez mil toneladas de arroz. En Panamá, del barco se descargarían las armas, para ser introducidas a Colombia, y el barquito cargado de arroz seguiría rumbo a Corea.        

 Pyongyang dice que es un "contrato legítimo" entre las partes. Exigió la liberación "sin demora" del buque y sus 35 tripulantes, defendió la legalidad del envío aludiendo a un "contrato legítimo" con Cuba y acusó a Panamá de "asaltar" el barco, "bajo el pretexto de buscar drogas" que nunca fueron encontradas.

Las autoridades de Panamá pidieron una comisión de expertos de la ONU. Dicen que el barco declaró el azúcar pero no las armas, por lo que retuvieron la embarcación bajo acusación de presunto "contrabando". USA, con muchos conflictos por estos días - Siria, Rusia, Afganistán, Egipto -, tiene ahora a La Habana y a Pyongyang en el mapa de la mesa de crisis, una bandera roja más en el mapa. La ONU, de manera urgente, aprobó una visita que debe llegar el fin de semana a Panamá

Hace tres semanas, Raúl Castro, recibió en La Habana a una delegación militar de Corea del Norte, encabezada por el jefe del Estado Mayor General del Ejército Popular, Kim Kyok-sik. Resaltaron los lazos de "hermandad" y dijeron compartir "la misma trinchera".

Cuba, la misma de los negocios con Noriega, la del fusilamiento de Arnoldo Ochoa y Tony De la Guardia. Panamá, con Noriega o sin Noriega, la misma alcahueta de todos los mercados negros. Y Corea del Norte, un campo de concentración sin Internet, gobernada por un reyecito de opereta, que juega con armas nucleares.

Nada huele bien. Una intriga, como salida de un guión de película o de una novela de Graham Green. Bajo la punta del iceberg, no puede más que ocultarse el oscuro corazón yerto y mafioso de los gobiernos, que como el de los reyes, salta el derecho de todos para sobrevivir. No hay versiones legítimas, en cualquier caso, las armas jamás tendrían un buen uso y los actores no pasarán de ser simples villanos.

 


 

Resistencia en el Catatumbo

Resistencia en el Catatumbo

El Santico es capaz de reunirse con Mamud Abbas para indoctrinarlo diplomáticamente sobre el proyecto de acuerdo con Israel, y no ha sido capaz de dar manejo al problema del Catatumbo. Les mandó a un señor José Noé Rios, que en los años setenta y ochenta sirvió de componedor de huelgas, un viejo samperista, cargado de paciencia. Les mandó a Angelino, que antes hablaba como opita, y ahora como imbécil. Y al señor Mc Master, que habla como un técnico, actúa como un gerente y tiene las manos amarradas como cualquier ministro.

En el Catatumbo hay 300 millones de toneladas de carbón y 1.700 millones de barriles de petróleo. En los municipios del Catatumbo el analfabetismo promedio es del 30%. La cobertura de Internet es del 1,21%. El 68% de las vías son terciarias. Solo el 27% de la población tiene agua potable. La pobreza en el Catatumbo es del 73%; en algunos municipios los niveles llegan al 90%.

El diagnóstico de los medios y los políticos, es que en el Catatumbo no hay suficiente Estado. El Estado dice que sí está ahí, que ha gastado billones en la rehabilitación y apoyo para el desarrollo. Sin embargo, el Catatumbo es un bazar turco, tierra de todos y de nadie. Esta la mafia, la economía agrícola se basa en el cultivo de la coca. Están Urabeños, Rastrojos y delincuencia común, que van por lo suyo, y dan apoyo logístico armado y trabajo sucio al negocio, a los patrones, los políticos y militares. Es el dominio histórico del ELN, señores venidos a menos en el control de la zona. Tienen el negocio de la gasolina, de los oleoductos y el secuestro. Están las Farc, que a diferencia de todos los otros, tienen bases de apoyo al otro lado de la frontera, tienen más amigos venezolanos que cualquiera, lo que les da ventaja táctica. Están los paramilitares purasangre que tuvieron su laboratorio de muerte en La Gabarra (“El Iguano” confesó que los paramilitares asesinaron 9.000 campesinos en el Catatumbo). Y en medio de ese bestiario formidable de fauna colombiana, la gente, we the 99%, el raso, el de a pie. Empobrecidos, sin tierra, sin capital, sin servicios, sin vías, sin derechos.

No es que el movimiento del Catatumbo esté infiltrado por “fuerzas oscuras”, es una estupidez del Ministro de la Defensa y del Director de la Policía decirlo, como quien repite un mantra tranquilizador y justificativo. Ellas estaban en el Catatumbo antes de que el Estado entendiera que debe casar algo significativo, si quiere quedarse legal y administrativamente con el Catatumbo. Han estado y siguen estando, porque no importa que el Catatumbo esté en Santander del Norte, en Colombia; mientras no se resuelvan los problemas básicos sociales, la sociedad civil seguirá en tierra de nadie. Y eso seguirá sucediendo mientras los que gobiernen a Colombia sean gente como Santos y Uribe.

Es natural y políticamente legítimo que las Farc en La Habana, utilicen el movimiento de resistencia en el Catatumbo, para un tour de force. Niegan su participación, se meten como pueden, y lo colocan como argumento, de lo que podría pasar si llegaran a meterse.

Los campesinos del Catatumbo están rodeados, están en mitad de una ristra de enemigos por todas partes. Sus jefes naturales es posible que todavía no actúen. Son las víctimas de una pesca sangrienta en río revuelto.     

La des-banalización del mal

La des-banalización del mal

 Sabemos exactamente qué le podría pasar a Snowden y a Assange, si llegasen a caer en manos de Obama. Lo mismo que pasó al soldado Manning. Ser encerrados en un cuarto de dos por dos, con luz permanente, vigilancia con cámara, desposeídos de cualquier vestigio de respeto por sus derechos, víctimas del indebido proceso, sin garantías procesales, y atendidos por carceleros tipo Guantánamo. ¿Por qué? Porque mostraron al mundo el juego del “patrón del mal”. Porque desnudaron el entretelonado de una conspiración hegemónica de la información. Porque, sin respetar las reglas, hicieron uso del derecho a informar. Delincuentes informáticos capaces de quitar trivialidad al mal, así sea como un acto de exhibición mediática. En los tres casos, asistidos por distintas razones.

Una primera coincidencia: Snowden atrapado en Sherevetievo, sin status internacional, sin pasaporte, sin visado, en manos de Putin. Agentes norte americanos en un cordón de seguridad encubierta. Evo Morales llega en su avión al mismo aeropuerto, para asistir a una reunión con países productores de gas. Una vez termina la reunión, Evo trepa a su avión y parte. Y unos cuantos minutos después, USA difunde a través de portavoces amigos, como el Servicio de Seguridad de Suiza, la versión a Europa: en el avión de Evo podría ir Snowden.

Una segunda coincidencia: si de verdad Snowden iba en el baño del avión de Evo, cómo no se dio la voz de alarma en el aeropuerto. El servicio de seguridad boliviano montó un dispositivo tal que burló impecablemente la seguridad rusa y la seguridad norteamericana encubierta. Desde que Evo llegó a Moscú, ambos gobiernos tuvieron la sospecha. Evo ya había ofrecido asilo a Snowden, así que la coincidencia parecería ser mayor  Pero Snowden jamás desapareció del aeropuerto. Y así, bien que cabía hacer pasar un mal rato al indio. Propalar una especie falsa, que obligase a los gobiernos de Portugal, Francia e Italia, a actuar como socios leales, negando el sobrevuelo.

En El Tiempo de hoy, en una columna titulada “Cadena de estupideces”, María Isabel Rueda, dice una de esas cosas tan suyas, tan bogotanas, que hacen que Carolina Sanín la deteste. Dice que el incidente Evo-Snowden, fue provocado por Evo. Una de dos, o no entiende un ápice del juego internacional en torno al caso, o su sentimiento político le enajena la capacidad de opinar.

¿Para qué ciencia?

¿Para qué ciencia?

El Santico ha cambiado tres veces el director de Colciencias. Pero a los políticos lo que les importa es que no se haya cumplido la Ley de Cuotas. Lo de menos es que haya un director que satisfaga a los políticos. En vez de una política de ciencia, se hace política con la investigación y la ciencia. Para ver que apenas somos un país que le invierte el 0,37 del PIB.  

Hace un año, 1.500 académicos e investigadores le pidieron al Santico “voluntad política” para Colciencias. Respeto es lo que han debido pedirle. ¿Y cómo respondió? Con una reducción de presupuesto, Jaime Restrepo pidió 590.000 millones de pesos y le aprobaron 350.000, además se dejaron de recibir 60.000 millones por convenios. Es un asalto. La plata de la ciencia la trastean para ver cómo la meten a algún carrusel.

En la teoría política de estado, la ciencia no es ninguna locomotora. Es una carreta con trebejos que va después de las locomotoras. Es probable que la sensibilidad neoliberal de la teoría, considere más barato comprar resultados tecnológicos que aplicar ciencia. ¿Para qué la ciencia?

 No hay una política de ciencia, no hay voluntad política para con Colciencias, pero sí, reducción de recursos. En la práctica no hay inversión productiva en ciencia. Hay un déficit de creatividad para manejar el sistema de ciencia. La política de cuotas, jamás ha entendido, por falta de imaginación, y exceso de ambición, el sentido de hacer ciencia. Representa a los políticos, que ven y entienden la ciencia, como gamonales pre-modernos que aprendieron a usar twitter.

Haber escogido como nueva directora a Paula Arias no significa nada. Una más en la lista de directoras de una institución que no tiene qué dirigir. El problema no es el director, el problema es que el sistema no tiene cómo andar, con o sin director. “Siento que vamos a tener un amplio respaldo porque el presidente quiere una apuesta a largo plazo”, se le ocurrió decir tras ser nombrada. Una apuesta, digo yo, a que mientras sea Presidente, no  va a sacar a Colciencias del  pantano.

Paula Arias siente. Hasta ahí estamos de acuerdo.

"Representó la rebeldía y las batallas de los excluidos, los homosexuales, los drogadictos, los hijueputas"

"Representó la rebeldía y las batallas de los excluidos, los homosexuales,  los drogadictos, los hijueputas"

Harold Alvarado Tenorio

Raúl Gómez Jattin (Cartagena de Indias, 1945-1997) sufrió de severos trastornos de personalidad que en sus últimos años le llevaron a incendiar cuartos de hoteles, desnudarse en sitios públicos y a golpear a sus amigos. Pasó la niñez en el barrio Venus de Cereté atacado por el asma, hizo el bachillerato junto al periodista Juan Gossaín en el Colegio León XIII de Cartagena, donde descubrió el celuloide, pero pasó buena parte de su vida deambulando por los pueblos del bajo Sinú, luego de estudiar derecho en Bogotá y dirigir más de media docena de obras de teatro y actuar en otras tantas. Su primer libro fue Poemas (1980), publicado a los treinta y cinco años.

Hijo de una pareja de viudos, consideraba la poesía «un arte del pensamiento que incluye la filosofía; es el arte supremo del pensamiento, es pensamiento vívido, trascendente e inconsciente».  La novedad  que trajo su lirismo fue el desparpajo con que retrata las relaciones sexuales entre hombres y animales, pero también cierta capacidad para dar al lenguaje momentos y significados que denoten los matices de los sentimientos íntimos. “Un amor desmesurado y promiscuo —ha escrito J.G. Cobo Borda—, que recubre hombres y animales, mujeres y paisajes con una sinceridad brutal y conmovedora”. Los amores imposibles, contrariados, con sus encuentros y desencuentros sirven a Gómez Jattin para ofrecer una lectura donde lo sagrado y las trasgresiones cohabitan, dando cuerpo a un erotismo ingenuo y si duda inédito en la poesía colombiana, trascendiendo, con la poesía misma los actos reales, haciendo de ellos un hondo deshojamiento del ser. Nacido en una región que es al tiempo castidad y depravación, ha logrado, en algunos de ellos, decir cuánto placer y dolor depara la satisfacción del placer por los vericuetos de la homoeroticidad, y hablar, también, de las cicatrices que dejan las separaciones y amores no consumados.

Poesía de la experiencia que privilegia las pasiones, los afectos y los acontecimientos, más que las ideas. Gómez Jattin no reconstruye solo las violencias tersas de las fornicaciones y sus disparos finales, sino que en otros poemas ofrece arquetipos de una, digamos, dialéctica de las satisfacciones amorosas con la carne prohibida. Kavafis se convierte, entonces, en una arqueología de quien confiesa su pasión a sí mismo, a su extraordinario semejante, a su Narciso de erecto falo y fuerza de macho.

Gómez Jattin gozó de un enorme prestigio gracias al uso teatral de una prosodia que siendo caribe, era la voz misma del poeta. Más que los asuntos lo que atraía al auditorio era el esplendor de su tono, las inflexiones raizales, coloquiales y obscenas del habla popular de la Costa Atlántica, que aun pueden recordar quienes tuvieron la fortuna de oírle en las plazas y auditorios donde era llevado como un pobre diablo que hablaba como los dioses. Cuando ya nadie recuerde su voz, y tengamos que recurrir al fonógrafo otra vez, podemos empezar a juzgar sus textos. Nadie como él representó la rebeldía y las batallas de los excluidos, los homosexuales,  los drogadictos, los hijueputas, en una sociedad perversa, corrupta y criminal, donde hasta el poema se ha convertido en moneda de cambio y poder, de “esos que viven otra historia, la quimera de la felicidad” como dijo a Henry Stein.

La máscara blanca de Anonymus del Gran Hermano

La máscara blanca de Anonymus del Gran Hermano

 

Julian Assange ha dicho que Edward Snowden ha recibido del gobierno del Ecuador un documento de refugiado para viajar, después de que USA revocara su pasaporte. Putin ha dicho que es un pasajero en tránsito. El Negro Obama no se ahorra amenazas contra Rusia y China. Snowden estaba desde mayo en Hong Kong. Voló a Rusia, porque justamente las relaciones entre los dos mastodontes son las peores en mucho tiempo, a causa del conflicto sirio. Además porque lo que sabe Snowden, le sirve a Putin.

Rusia reiteró que ninguna amenaza obligará a entregar a Snowden, acusado por Washington de espionaje. Se halla atrapado en la zona de tránsito del aeropuerto de Sheremetievo. USA pidió la extradición de Snowden el domingo, a Moscú. Pero no existe tratado de extradición. El secretario de Estado, John Kerry, ha amenazado con el enrarecimiento de las relaciones. Lo que no es raro proviniendo de un funcionario tan enrarecido.

 El pecado de Snowden - es el de Assange y Manning - haber traicionado la maldad del imperio, filtrando revelaciones sobre el espionaje que la NSA le ha montado al mundo. El negro Obama es la máscara blanca de Anonymus del Gran Hermano. Si atrapan a Snowden, le iría peor que al soldado Manning en Guntánamo.

 El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha enviado un mensaje al gobierno del Ecuador, respecto a Snowden, a quien Ecuador estaría estudiando dar asilo, según dijo, Ricardo Patiño, el Canciller, de visita oficial en Vietnam. Nicolasito, para no quedarse atrás, de quien ha tomado la batuta del “socialismo del siglo XX”, ha declarado que su gobierno, de recibir una solicitud formal de asilo, la evaluaría.

 El potencial explosivo del material de Snowden, es diez veces más alto, que el de Assange. Lo que Assange nos contó fue la porquería belicista del servicio exterior norteamericano en sus fuentes, las marullas gansteriles, que todos conocemos. Lo de Snowden es dinamita. Porque lo que está en juego no es solo la información escandalosa acerca del control e intervención del sistema global de comunicaciones, sino la infraestructura con la cual la intervención se ejecuta. El programa central del Gran Hermano.

 Snowden está atrapado entre el cerco del Gran Hermano, por fuera y por dentro del aeropuerto de Sheremetievo.

 Salvemos a Snowden.

Habana Club

Habana Club

Una vez asentados en la mesa de La Habana, los miembros del cartel rojo han creído encontrar un hueco para abrir la agenda original. La foto entregando las armas, no la verán, dijo uno de los miembros de la delegación. ¿Cómo? Conociendo a los políticos. Queremos una asamblea constituyente, agregan. No dice, el gobierno, no estaba pactada y además si la convocamos se nos meten los uribistas, los narcos y los paracos. Queremos un gobierno no presidencialista. El modelo de gobierno no está en discusión responde el gobierno. Cualquiera diría que las conversaciones han hecho fuertes a las Farc en la mesa, y que por eso el tono de exigencia más allá de la agenda. O que están hablando para sus tropas. O que quieren romper el diálogo.

Se rompió la confidencialidad, la reserva mediática que se había acordado. El cartel rojo ha puesto a todos sus miembros a darle trabajo a los medios. La gente tiene derecho a saber, dicen ellos. El gobierno apenas si habla, el Santico desde cualquier tribuna responde para la platea, y el jefe de la delegación, en una columna perdida en Semana. El gobierno va a tener que darle trabajo a los medios en La Habana.

El pecado original de las conversaciones para poner fin al conflicto es la agenda. Ahora después del parto de los montes viene el caballo de Troya. Una jugada política a tres bandas. La firma del acuerdo y las próximas elecciones. Otra refundación de la patria. Y el resultado, esperado por USA, sobre los acuerdos a que debe llegarse sobre el narcotráfico. Punto en el que las opciones políticas se abren. Una, si aceptan que son el cartel rojo, alcabaleros del gramaje, cocineros y socios de los carteles mexicanos, y otra, si no reconocen ni un gramo.

No olvidar quién está al otro lado de la mesa.

 

Siria: la presa de guerra

Siria: la presa de guerra

En la Casa Blanca ha habido demasiadas ires y venires en la última semana, tráfico alto de llamadas, encuentros especiales, que estarían sugiriendo divisiones en el gobierno por cuenta de la tensión global de fuerzas que se está cerrando en torno a Siria. Entre los partidarios de una acción más agresiva —entre ellos el secretario de Estado John Kerry— y los que todavía se la están pensando, entre ellos, Obama. Ha recibido solicitud directa de Bill Clinton para que intervenga. El Senador John McCain, líder de bancada, ha hecho saber que los Estados Unidos deben armar a los rebeldes ya.

¿Pero cómo es que solo hasta ahora se inquietan tanto en Washington por un asunto de lesa humanidad desde el comienzo? Como si por una circunstancia – noventa mil muertos – a los generales y a los políticos – como en las películas – les hubiera llegado el momento en que deben decir: ¡es la hora!

La respuesta oficial que hace prever la pronta intervención directa, es que al haber utilizado armas químicas, contra la población civil, Bashar Assad ha cruzado la frontera, encendió la alarma roja, como lo hizo en su época Sadam Hussein. Se puso, desde la perspectiva de la política norteamericana de intervención, como objetivo. Que de no haber utilizado armas químicas, hasta donde efectivamente está probado, no habría habido tanto ajetreo, esta semana, en la Casa Blanca.

Siria es el lugar del encuentro de fuerzas en condiciones de repartirse el mundo, como perros de guerra. Un ajedrez en el que se puede sacrificar el pueblo, para que el juego siga. Las fuerzas han terminado de alinearse. Con Assad está Putin, le provee de cohetes, misiles, armas pesadas y dinero. Está Irán, la fuerza fundamental, su servicio de inteligencia y su retaguardia tecnológica, y Hezbolá, con asiento en Líbano, encargado del frente israelí y turco, el trabajo directo. De lado de los rebeldes, están los Estados Unidos y Al Qaida, y se da por descontado que la Otan.

Las fuerzas que se disputan el mundo, como hace cincuenta, cien, dos cientos, tres cientos, mil años, se están mostrando los dientes, alrededor del botín, un lugar donde vive gente. Dos bandas de perros rabiosos que van por la misma presa. Pero no se disputan petróleo, accesos estratégicos, riquezas, honor, fe, apenas se están jugando una casilla en el tablero asiático.

La crítica de las armas

La crítica de las armas

 Luego de seis meses, el Gobierno y las Farc sentados en la Habana, llegaran a la conclusión de que en el campo colombiano hay que hacer una reforma liberal, que cualquier país debería haber hecho a principios del siglo XX, como México. Un parto de los montes entre el cartel rojo y el gobierno de Santos. Ponerse de acuerdo en la necesidad de que la propiedad agraria se democratice, no habría tomado más de una tarde.

 El ciclo que comienza mañana, segundo punto en la agenda, es el de participación política. ¿Qué nos garantiza el gobierno si aceptamos hacer política? Es la pregunta de las Farc. El gobierno ofrecerá todas las garantías para el ejercicio ciudadano, pedirá que se desarmen, que cesen todas las hostilidades y que entreguen las armas. Las Farc dirán que se desarman, cesan las hostilidades, pero no entregan las armas. Aunque si en la tierra demoraron seis meses, en la negociación del poder, el pedazo que de entrada haya que darle al cartel rojo, no necesariamente gastarán lo mismo, podría ser menos, terminar por la vía rápida. El potencial de crisis del segundo punto es mucho más alto que el primero.

 Ninguna de las partes en La Habana está en condiciones de hacer una “crítica a las armas”. Ambas están sentadas en la mesa, porque ambas han sido históricamente derrotadas. Los gobiernos nunca quisieron ni pudieron hacer una reforma agraria. Gobernaron para que la tierra se concentrara en pocas manos, para que Colombia fuera, uno de los países más inequitativos. Las Farc cayeron en la misma “trampa” de las AUC, creer que se puede dejar entra impunemente el narcotráfico – como forma de financiación – sin echar al traste cualquier proyecto político. Ayudaron al despojo, al desplazamiento, a la pérdida de productividad. Pasaron de campesinistas a dillers de los carteles mexicanos.

 Al punto sobre participación se le han colgado sub-puntos como “derechos y garantías para el ejercicio de la oposición y para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del acuerdo final”, “acceso a medios de comunicación”, “mecanismos democráticos de participación ciudadana” y “participación política”. Parecen simples, el ordenamiento constitucional los garantiza. Pero de fondo están las cuentas con la justicia. Los rufianes, con prontuarios que se miden por metros, responsables de crímenes de lesa humanidad, campos de concentración, etnocidio, minado, reclutamiento de menores, narcotráfico, se supone que deben saldar cuentas con la justicia, antes de comprar ropa y comenzar a hacer campaña por todo el país. Pero ninguno va a querer desarmarse para ir a la cárcel. De ser así toda la dirigencia del cartel terminaría sus días en los patios de alguna cárcel. Las Farc no están dispuestas a ir a la cárcel, ni a caer en “una  emboscada electoral”, dijo Iván Márquez al portal Confidencial Colombia

 El mecanismo de negociación, ad hoc, se llama “justicia transicional”. El Fiscal, autoridad en la materia, ha actuado como escudero calificado del Santico. ¿Quién dijo que hacer justicia pasa por la privación de libertad? ¿Quién dijo que la pena no es negociable? ¿Quién dijo que no se puede legislar en un marco para la paz en términos de justicia transicional? Monseñor algo así logró, con su ley “de justicia y paz”, hecha a la medida de los paramilitares, como concesión para la dejación de las armas, que no los obligó  a más de ocho años de prisión, al menos en el papel. Entregaron hasta los fusiles de madera.

 En cambio de cárcel les proponemos hacer política. Y el asunto, más importante, las víctimas, lo vamos hablando en el camino. No será lo que evite la foto.

 

¿Qué diablos es aprender?

¿Qué diablos es aprender?

Parece haber un acuerdo respecto a que todo se aprende. Siendo así se entenderá que no hay una actividad más global, más presente en todo lo que hacemos, que el aprendizaje. Algo tan universal en la cultura como la respiración o la oxigenación en biología.

¿Pero qué diablos es aprender? Nadie diría que aprender a jugar al ajedrez es como aprender a amarrarse los zapatos. Nadie diría que aprender a leer es como aprender a no orinarse en la cama. Nadie diría que aprender el saxofón de concierto, es como aprender a soplar un pito en un partido. Nadie piensa que aprender a hacer dinero, es como aprender a jugar el monopolio. Y aunque nadie lo diría, hay algo profundamente común en actividades tan dispares.

¿Todo se aprende? El buen sentido diría que sí. ¿Pero cómo se aprende a soñar? ¿Cómo se aprende a olvidar? ¿Cómo se aprende el tiempo? Hay quienes dicen que tales cosas no se aprenden. Es una incógnita que interroga el supuesto común de los aprendizajes, que ha servido de supuesto común a las enseñanzas. ¿Cómo se aprende a enseñar?

Pero aún más ¿Se aprende porque se enseña? ¿Alguien distinto al que aprende es necesario para el aprendizaje? Hay muchos casos de niños que han aprendido a leer solos. Hay personas que aprenden a tocar la guitarra, solas. Hay sujetos muy inteligentes que aprenden a hablar otro idioma, solos. Hay quienes aprenden leyendo. El aprendizaje no supone la enseñanza, o al menos, a alguien que interceda. El autodidacta es capaz de responsabilizarse de su propia construcción de aprendizaje.

Todos somos autodidactas, es una buena consigna que se le acredita  a las pedagogías activas que aseguran que todos tenemos las condiciones y las estructuras necesarias para aprender, lo que equivale a que, aún siendo enseñados, aprendemos por sí mismos. La condición necesaria está en la autonomía para ser sujetos de conocimiento. Lo que quiere decir, ser capaces por sí mismos de una construcción de conciencia, que sirve, por ejemplo, para hacer un puente, para rodar una película, para participar en un campeonato de poker, o para hacer una paella.

No quisiera que mi consideración, en ningún caso, pudiera entenderse como si la enseñanza sobrara. No es lo mismo que un niño aprenda a leer por sí solo, a que alguien le enseñe. Le ahorrará mucho tiempo y esfuerzo. Aprender en grupo es mucho más potente, por el intercambio. De hecho, si no se les enseñara, muchos niños no aprenderían a leer. Pero no es la enseñanza como un catalizador, el motivo de mi especulación. La pregunta, hechas las consideraciones anteriores, sigue siendo: qué es aprender. Y es natural que la pregunta lleve a curiosidad, habiendo tantos y tan distintos aprendizajes, mediados y en solitario, con tan diversos y antagónicos fines. Un lector puede leer una novela criminal por divertirse, otro para aprender cómo se roba un banco. Uno puede aprender matemáticas para diseñar un modelo, y otro, para encontrar la fórmula para ganar la lotería.

¿Qué cosa, pues, es aprender? Tal vez sea algo que no se enseñe; el secreto que envuelve la respuesta está en el hecho casi metafísico de aprender a aprender. 

De Vaugelas a Heidegger

De Vaugelas a Heidegger

Emil Cioran

 Heidegger sólo me interesó realmente hacia 1930, en la época en que yo era estudiante de filosofía en la Universidad de Bucarest. Sus textos Sein und Zeit, y sobre todo Was ist Metaphysik me habían seducido. Pero dos hechos, uno menor y otro capital, calmaron mi ardor por el filósofo germano. Yo acababa entonces de publicar un artículo sobre Rodin escrito con un estilo más o menos heideggeriano que exasperó con razón a un periodista. La violencia de su ataque contra mi texto, ataque que fue una verdadera ejecución, me sirvió de lección. ¡No más verborrea... genial!, me dije. El segundo hecho fue el descubrimiento de Simmel, pensador cuya claridad me curó para siempre de la jerga filosófica.

La voluntad de ser profundo, de dedicarse a lo profundo, consiste en forzar al lenguaje evitando a cualquier precio la expresión normal, la expresión inevitable. Ninguna lengua favorece tanto como el alemán ese exceso, ese abuso. A todas luces, el genio de Heidegger es un genio verbal. Su habilidad para evadirse de callejones sin salida procede de su facilidad para disimularlo utilizando todos los recursos del lenguaje, inventando expresiones insólitas, con frecuencia atractivas, a veces desconcertantes, por no decir exasperantes. Según Rivarol la probidad en Francia; Simmel, sí. Sin embargo, el primero goza aquí de una verdadera gloria, el segundo es desconocido. Semejante anomalía merecería un largo comentario. Según Vaugelas, ni el gramático galo más importante del siglo XVII, ni siquiera el rey (¡y era Luis XIV!), tenía derecho a inventar palabras. ¡Qué hubiera dicho entonces de un filósofo que en un país vecino iba a crear una cantidad impresionante de vocablos, los cuales deslumbrarían a los descendientes de Pascal!

 ¡Crear palabras hasta la provocación, hasta el vértigo! Hay algo de alarmante en semejante demiurgia verbal, la cual equivale casi a reemplazar a Dios. Tal orgullo me parece excesivo en un pensador, pero lo acepto sin problemas en un poeta o en un demente.

 

1989