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Alberto Rodríguez

El mito demolido

El mito demolido

¿Existe la intimidad? Quiero decir, como existía hace cien años, en sentido histórico. La pregunta va porque la mediatización ha aumentado en proporciones geométricas la exposición de la vida privada. Un beso fotografiado en la memoria de un celular se convirtió en el detonante que llevó al suicidio a uno de los protagonistas en un colegio en Bogotá.

La privacidad hoy está provista de una colección de gadgets útiles para producir información, editarla y publicarla. Casi que cualquiera puede hacerlo. Una pareja puede hacer un video de sus relaciones sexuales, para fines de excitación, para compartir como reconocimiento afectivo, o para vender a una agencia de pornografía. Lo que hagan es de la esfera privada, infranqueable por definición, sin embargo tiene más consecuencias públicas, que las que hubiera tenido, si las hubiera tenido, hace cien años.

¿Cómo es que la publicación de material de la vida privad en las redes provoca una ola de suicidios juveniles en el mundo? La “franqueabilidad” de la intimidad es como el hielo de Groenlandia que al derretirse corre la frontera.

Una película norteamericana: el tipo en 1960 entra a una farmacia a comprar un condón. Se acerca casi ruborizado a la tienda, llena de personas, va en busca del dependiente, se le aproxima y en voz muy baja le solicita un condón. El dependiente escucha, levanta la cabeza y le grita a otro dependiente al fondo de la tienda: un condón para el señor.  

Una película inglesa: una chica en 2010 entra  a una farmacia llena de gente a comprar un kit de prueba de embarazo. Se acerca al dependiente y se lo pide, el hombre va  al estante y se lo trae, ella paga y se dirige al baño de la farmacia. Se sienta en el inodoro y se  hace la prueba.   Mira varias veces, da vuelta al indicador, lo mueve. Sale y va donde el dependiente, le entrega el indicador  y le dice: parece que es positivo, ¿me lo puede confirmar?

Lo que era sagrado ya no lo es. Lo inconfesable hoy se confieza con orgullo. Los ritos de cama se han hecho cada vez más públicos a través de la industria internacional de la pornografía, que convoca a más del cincuenta por ciento de los usuarios permanentes de la red. Secciones completas de “hechos en casa” muestran como por algún dinero la privacidad sexual se hace pública. La familiaridad encerrada se abre y se echa a rodar.

Un reality: una casa transparente. Adentro una mujer vivirá durante una semana. Todo lo que haga se transmitirá por la tele. Y millones de televidentes atraídos con el gancho exhibicionista de la vida privada, se prenden a sus monitores para ver hacer a alguien lo mismo que ellos hacen todos los días.

Y el caso más inocente y popular, el de FB. ¿Quién que no quiera exponer su privacidad tiene una página activa? Y privacidad quiere decir fotos familiares (de pronto el álbum que se tenía en la sala, ahora es del dominio público internacional) pensamientos, confesiones, eventos, celebraciones, desnudos y opiniones, desde luego. FB es el ágora global en donde lo privado se funde en lo público. El tiovivo de la exhibición en el que nos publicamos todos los días, convirtiendo nuestro dominio privado en un dominio público contratado.

Con el escándalo de Ashley Madison, que filtró o a la que le filtraron directorios completos de infieles, el último vestigio de privacidad, el derecho del adulterio clandestino, se franqueó, al hacer públicas las base de datos de 32 millones de usuarios que utilizaron trampas web. Independientemente de que no todos los que aparecen en las listas sean usuarios reales, se ha dado un paso grande en la trasgresión.

Ni siquiera pagando por la privacidad estamos exentos de lo público. Terminamos convirtiendo la privacidad en mercancía. El mito ha caído.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pogromo desde la patria bolivariana

Pogromo desde la patria bolivariana

Lo que ha hecho el gobierno venezolano con la población colombiana es un auténtico pogromo, más abominable aun, por cuanto se trataría de una estrategia electoral que involucra un estado de emergencia con el que se busca intervenir las elecciones que el régimen tiene perdidas. Las últimas elecciones el chavismo las ganó en la corte lectoral. Hoy, las cabezas de la oposición están en la cárcel o en interdicción, la economía doméstica se encuentra en escala de desastre humanitario, el precio del petróleo por debajo de cuarenta dólares y una vendetta entre mafias quiere “reestructurar la frontera”. Y el gobierno en cabeza de un hombre tan asustado como impotente. Un histrión Caribe que orquesta su indignación por la “conspiración internacional contra Venezuela” desatando un pogromo.

 Un pogromo (del ruso погром: devastación) es una acción organizada, institucional o no, que incluye demolición, desplazamiento, linchamiento, saqueo y matanza contra grupos étnicos, religiosos, emigrantes, minorías. La historia de los Balcanes es la historia de pogromos, migraciones forzadas, militarización y confiscación territorial.

El argumento venezolano es que hay una migración masiva de colombianos a Venezuela que lleva el narcotráfico, el paramilitarismo, la delincuencia y la pobreza. Equivalente al “argumento” de Trumph de que hay una migración de mexicanos a USA que lleva el narcotráfico, el crimen y la pobreza. Argumentos equivalentes que camuflan sendas estrategias electorales.

El problema principal son los colombianos en Venezuela y en Cúcuta que lo han perdido todo, que no han podido regresar o que lo han hecho con un perro, un colchón y un televisor. Son urgentes las medidas humanitarias, los dispositivos de asistencia, la coordinación de la ayuda al gobierno local. Los recursos para atender a las víctimas de un pogromo oficial en Venezuela.

La tibieza diplomática del gobierno colombiano, que es la conducta usual frente a Venezuela,  se le convirtió a Santos en un problema político interno que parecería no saber manejar. El problema no es tanto que una respuesta de diplomacia beligerante haga que Venezuela deje de actuar como país facilitador. El problema, y lo sabe Santos, es que Venezuela y las Farc lleguen a un acuerdo para obtener mucho más control en la mesa de negociaciones de La Habana. Al fin, el gobierno venezolano y las FARC son fraternales y cooperativos, mientras que con el gobierno colombiano está en guerra. Las Farc en La Habana no están solas, están de la mano de un régimen que hace pogromos.

Chávez ha dejado un gran vacío, especialmente en los supermercados.

 

 

Setenta años de vergüenza

Setenta años de vergüenza

 Se cumplieron durante la semana los setenta años de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Setenta años   de una deuda de humanidad que tal vez nunca se salde. A mí me deshonra pertenecer a una especie capaz de hacer algo así.

Nunca un presidente de USA ha estado en Hiroshima celebrando un aniversario. Pidiendo perdón por el gobierno, por el estado, por los matones apocalípticos de su país que lanzaron las bombas para mostrar al mundo quién sería el patrón en adelante.

La segunda guerra ya estaba ganada. El 21 de abril habían entrado las tropas rusas a Berlín. Fuentes de inteligencia de la cancillería japonesas certificaron a USA la disposición del Japón a rendirse una vez el frente europeo colapsó. La guerra en el Pacífico Mac Carthy la había ganado. Pero la pandilla norteamericana aun tenía una segunda deuda que cobrarle a los japoneses, el ataque sorpresa sobre Pearl Harbor. Los matones nunca pueden dar impresión de debilidad, había que cobrárselo para que el mundo supiera cómo cobra el patrón lo suyo.

Leó Szilard el auténtico padre de la bomba, que entregó los protocolos de sus investigaciones a Einstein, le pido que enviara una carta a Roosvelt advirtiéndole de los riesgos de la la tecnología aplicada al servicio de la guerra. Fue Szilard el que descubrió y formuló la reacción en cadena.   

Lo de Hiroshima y Nagasaki no era necesario. Lo cual hace el genocidio planificado, una aberración mucho más letal. En términos de procedimiento, los norteamericanos alcanzaron a hacer primero, lo que los alemanes de haber tenido la bomba a tiempo habrían hecho. ¿Qué los diferencia? Que los norteamericanos han invadido países durante toda su historia con el argumento, que a donde fueran, llevan la democracia. Con ese argumento entraron al Irak incendiado, implantaron la democracia y salieron. Pero a juzgar por lo que dejaron en Irak, desprevenidamente uno podría pensar que la democracia norteamericana no funciona por encima de los treinta grados.

Un minuto de silencio en el orbe, durante  el cual cada uno pida perdón por Hiroshima y Nagasaki.

Operación dulce

Operación dulce

Comienza con un epígrafe de Timothy Garton, en el que se queja de no haber encontrado en la investigación a una persona netamente malvada. Desafortunado epígrafe. Ilumina una verdad de Perogrullo en la caracterización. La novela  en sus tres cuartas partes nos muestra a Serena, buscando enamorarse de cuanto hombre conoce, en particular de aquellos con los que trabaja, el pusilánime, el genio y el administrativo. Y más allá de sus amores de oficina, el amor con un escritor.

Es una novela con variación de velocidad en el punto de giro, cuando una operación encubierta del M15 para atraer a un escritor, su obra, a la órbita de los autores financiados por los servicios de inteligencia del estado, fracasa. Escenificada a comienzos de los años setenta en Inglaterra.

La novela dice que George Orwell y Bertrand Russell fueron apoyados desde el anonimato, como muchos escritores de la guerra fría, con difusión, publicidad, premios, becas, visibilidad, por la inteligencia, sin que ellos mismos lo supieran. La CIA en Europa financió actividades culturales, temporadas, publicaciones, películas, periódicos, sin que los beneficiados supieran que estaban siendo manipulados por el poder con fines de propaganda.

El punto es, por qué el poder juzga que un escritor le es útil y otro no. Por qué en vez de becar, apoyar con recursos legales, por encima de la mesa,  como lo tenemos hoy con los programas de estímulos y concertación del MC, apelar a operaciones encubiertas. ¿Por qué tener que operar encubiertamente para apoyar la obra de un escritor? Ablandarle a los editores, moviendo medios, asegurando premios y reconocimientos, para que su obra sirva de propaganda al Estado. Ningún escritor aceptaría voluntariamente ser un escritor oficial, agente publicitario de una política y un orden. Enajenarse a tal punto le haría perder el rango de independencia creativa, sin el cual no es más que un publicista. Que el Estado no dude en cazar escritores no debe sorprender. Siempre tendrá una justificación oficial para hacerlo pasar por algo necesario.

La novela pone en primer plano la “operación Serena”, una pueblerina hija de un obispo anglicano que termina en el M15 con la función de mover y ordenar archivos. Su misión personal es la de ir enamorándose por turnos de los hombres que se le atraviesan. Y en segundo plano, el cómo se inmiscuye Serena en una operación –dulce– para cazar escritores.

Yo hubiera preferido una inversión de los planos narrativos, más inteligencia y menos sentimiento. Pero en fin,  Ian Mc Ewan sabe cómo escribe. Mientras se mantuvieron los planos superpuestos la novela llegó a aburrirme. Pero cuando en el cuarto final, McEwan cruza los planos, y la operación se viene abajo, ya Serena y el escritor se han enamorado, la novela se agita con una tensión casi convulsiva.

El escándalo originado en una filtración del administrativo del M15 a cargo de Serena, más por motivos personales que profesionales, hace que Serena pierda su trabajo, su escritor se vaya con el premio Austen y el romance del piso de Brighton, termine.

Termina con una larga carta, el último capítulo, muy a la manera de las novelas tradicionales inglesas en las que la sorpresa hace que todo cambie, que todo lo que parecía no sea, y todo lo que era no pareciese. Revelaciones terminales que muestran que detrás de lo que se nos vendió existe un tinglado oculto de motivos, movimientos y gestos. La carta equilibra los planos narrativos, el del significado de ese amor que alcanzaron a oler, y los hilos tramposos de la inteligencia que sacrifica a los amantes en un final escandaloso de medios, en el que el M15 traiciona la M15.

La carta resuelve todas las incógnitas, tiene un tono tan rotundamente creíble que hace comprendamos que entre amor e inteligencia se teja un juego necesariamente perverso, que no obstante, nos encanta.  

Gabriel bajo el volcán

Gabriel bajo el volcán

Fui a Pasto a visitar un taller de escritura y a grabar un programa de radio. Cuando terminamos la jornada cerca de las dos de la tarde fuimos a almorzar a un restaurante de comida del Pacífico donde continuamos la tertulia que había comenzado en el estudio de grabación. Allí se nos unió al director del taller y a mí un antiguo egresado del taller, un abogado joven que fue salvavidas en el Ritz de Madrid y fue a hacer el camino a Santiago. Caminamos un rato, nos sentamos en el parque, nos tomamos un café al aire libre, fumamos un cigarrillo, y luego el abogado nos invitó a que fuéramos a visitar una amiga suya que vive cerca. Una doctora en epistemología de la Complutense. Esperamos a su puerta, ella bajó y muy amable me entregó su libro de poesía, como lo habría entregado un ángel. Acto seguido llegó un auto por ella y se la llevó. Quedamos de vernos a las seis treinta en su apartamento.

Así que Jimmy propuso que nos fuéramos a Genoy, el pueblo “bajo el volcán”, en el valle de Atrís, donde vive Allan el pintor. Jamás había ido, no conocía su familia, creo que ni había ido nombrar el pueblo.  Un lugar de vientos cruzados, donde nadie quiere comprar una casa. De todos los pueblos que rodean el volcán, es el que está más cerca de su boca, en línea serán 5 kilómetros.

La familia de Alan está compuesta por su esposa y sus dos hijos, Gabriel de siete y Mariana de uno. Cuando finalmente el auto en que veníamos se detuvo frente a la casa, la madre y los niños salieron a darnos la bienvenida, y mientras nos saludamos con la madre, que tenía a Mariana en brazos, Gabriel entró y salió con un libro. Era un libro con mi sello editorial, una antología de talleres que había prologado y dedicado. Ni siquiera Allan sabía dónde estaba el libro que Olga le regaló, cuando nos visito en la Casa de la Lectura cinco o seis años antes. Gabriel me miró, me entregó el libro y permaneció callado. Como un lindo ángel mensajero.  

 

Homicidas persuasivos

Homicidas persuasivos

Entre 1998 y 2012 se han suicidado 6565 menores en Colombia. No conozco una estadística de las causas, si es que existe. El escándalo se agitó ahora, algo de lo que nos hemos debido escandalizar con el primer caso, por el suicidio de Laura Sossa de trece años. No anteceden variaciones de conducta, no se reporta depresión, no se sabe que haya tenido problemas de ningún tipo, tenía buen comportamiento académico y era católica practicante.

El 31 de mayo a las seis treinta una tía encontró el cuerpo sin vida de Laura dentro de un baño. Su pad y su tele estaban junto a la ropa. El primer dictamen fue muerte por asfixia. La familia no cree en el suicidio. Pese a que cualquier incriminación homicida que se derive de su sospecha tendría como primeros sospechosos a los miembros de la familia. ¿La asfixió con bolsa de plástico algún primo?

El dato más relevante para las autoridades que indagan sobre las causas que pudieron llevar a su muerte, es que Laura  mantenía canales de chat activos con desconocidos a través de www.ask.fm. Una página de preguntas y respuestas que no hace explícito a la hora de la afiliación ninguna restricción respecto a la edad.

Se tiene antecedentes de una conversación con un productor de películas porno que pregunta si está interesada en participar. En otro caso, una persona que le habla de las autolesiones, y se las justifica como “un forma de liberarse del dolor interno por un rato”. En el Reino Unido, en Irlanda y en USA, se han reportado cinco suicidios desde el 2014 a hoy, entre chicos que visitaron la página de preguntas y respuestas.

Me pregunto si las situaciones en que adultos anónimos ponen a los chicos en su relación virtual tienen como propósito que se suiciden. Porque de ser así, sería un engendro tan peligroso como el EI. Y por tanto merecería la guerra virtual más frontal y coordinada de todos los países contra los asesinos persuasivos. Intervenir y cerrar todas las páginas, bloquear los servidores, sitiarlos.

Colombia es un país, cuya educación, la familia, la religión, la droga y los conflictos entre pares, ofrecen un rico y variado compendio de oportunidades para suicidarse. Debe existir, eso no lo sé, una relación paralela entre el número creciente de suicidas juveniles y la presencia cada vez más avasallante de los medios y la virtualidad en su vida.

La vida de Laura, según declaraciones de la familia y sus compañeros de colegio, era tan perfecta que bien tiene razón la familia la descartar el suicidio. Aunque sus conversaciones con adultos disfrazados la hubieran llevado a retos, como comerse una cucharada de canela en polvo, o haber sido objeto de propuestas indecentes.

¿Quién mató a Laura Sossa? ¿Alguien que la asfixió, o alguien a quien ni siquiera conocía que la invitó a dejar la vida?  

El olvido

El olvido

Una de estas madrugadas entré al azar a un canal donde pasaban una película de gangsters de opereta, matones que manejan Ferraris, héroes británicos en estado de idiotez pura, que a pesar de todo tienen su amor, escondido y en peligro. Vamos a suponer que uno es A (Jason Statsman) y el otro es B (Clive Owen), cada uno al mando de una pandilla que disputa el poder del clan. El comienzo es patético, una escena de violencia refrita, que aun así atrapa la atención. Fue como si me hubieran escupido un poco de adrenalina, antes de comenzar a contarme la historia. Tanto A como B son personajes acartonados que la tecnología energiza en la escena. En un momento, mientras las pandillas se reorganizan para disputarse el poder, se me olvidan los personajes, jamás me había pasado. Cuando presencio las escenas de A no me acuerdo siquiera del rostro de B, y al revés. Cuando pasó una segunda vez, me preocupé. Se me había quedado media película en un tiempo muerto, sin registro. Pero se me quedaba alternativamente una y otra mitad. Las olvidaba por igual. La preocupación del partido paranoico unido me propulsó al túnel oscuro de Alzheimer. Entonces me levanté fui a buscarme un trago, salí a la terraza, encendí un cigarrillo, y para reivindicarme del olvido, recordé la forma que tenían todas las nubes sobre Santiago el once de septiembre de 1973.

El comienzo no es auténtico, es una caricatura. La violencia sobreactuada falsifica la expresión. El abuso del recurso, autos a cien millas, en contravía, por carriles contrarios, que no respetan semáforos, que causan choques múltiples, y a los que no les pasa nada. La inverosimilitud es tan dulce como un coma diabético. Conmovedora, nada me deja creer, pero sigo como un buen imbécil pegado al film, teniendo tres cientos canales más. Cuando se produce el colapso de memoria ya no hay nada que hacer. No creo posible salir del tiempo muerto sin volver a colapsar. Estoy pendiente del final, no sé que vaya a pasar y qué vaya a pasarme a mí, cuando termine. Anticipo, A sobrevive, se queda con su amor y su padre, B muere. Una tonta anticipación digna de mi tontería, el más vulgar lugar común para un cierre. Pero apuesto por esa.  

Me gustaría que mataran al héroe de cartón, al rudo impenetrable, y que lo matara su amante. Me gustaría que sobreviviera el viejo y ella, y la película terminara con ellos en una casa rodante. Imaginé varios finales. Pero el film terminó en aquel por el que había apostado. Una vez terminó recuperé  la memoria. Terminé recordando a B y a A, como un par de cabrones de largo metraje que terminaron trucando algunos de mis cables.

Moraleja innecesaria: ver mal cine produce olvido.  

La sonata a Kreutzer

La sonata a Kreutzer

La pregunta es: ¿Por qué Tolstoi tomó para titular su libro publicado en 1889, la sonata nueve opus catorce en mi mayor de Beethoven, a Kreutzer, estrenada en 1789?

La sonata nueve tiene una doble dedicatoria, por un lado a la baronesa Josefa Von Braun, y por otro, a Rudolphe Kreutzer, con quien Beethoven se conoció en Viena en el mismo año del estreno. Una sonata parida entre las revoluciones francesas. Una sonata alegre, vivace, sin crepúsculos. Aunque con tintes profundos de nostalgia, al final del primer movimiento, en el minuto catorce.

¿Quién era Kreutzer? Nació en Versalles, de padre alemán, primer violinista de la Capilla Real, que le enseñó a tocar el violín. Su maestro fue Anton Stamitz. A los 13 años Kreutzer interpretó su primer concierto. Pierre RodePierre Baillot y él fueron los mejores violinistas franceses de su tiempo. Su violín lo había hecho Stradivarius  en 1727.

¿Quién era Sofia Behrs? Se conoció con Tolstoi, ya famoso por la novela Los cosacos, de 1862, tenía 18 años. Él le llevaba 16 años. El 16 de septiembre de 1862 se comprometieron y una semana más tarde se casaron. La víspera del matrimonio Lev le dio a leer sus diarios íntimos, en donde narraba su sexualidad, y de donde saldrá material para algunas escenas de Anna Karenina. El diario la notificó, de que Lev era padre de un niño, en una sierva de Yásnaya Poliana. Tuvieron ocho hijos y los últimos años del matrimonio fueron tormentosos. A los 81 años, Tolstoi dejó para siempre a Sofia. Era 1910 cuando subió al tren, diez días después murió en la estación de Astápovo.

¿Quién era Serguéi Tanéyev? Comenzó a los cinco años en el Conservatorio de Moscú. Chaikovski le enseñó composición y Rubinstein piano. Fue absolutamente cosmopolita. Conoció a Iván TurguénevGustave FlaubertCésar Franck y Camille Saint-Saëns. En los veranos de 1885 y 1886, Tanéyev se alojó en Yásnaia Poliana. Y Sofía no tuvo más que prendarse de ese hombre. Tolstoi halló en el amorío a ojos de todos, la fuente de uno de sus mayores sufrimientos. Sus últimos años se los ganó el alcohol, murió de neumonía después de asistir borracho al funeral de Skriabin.

La novela de Tolstói se publicó en 1889 y fue censurada al año siguiente por las autoridades rusas. Es una descarada y burda novela de tesis, un impenitente alegato a favor de la abstinencia sexual y en contra de la depravación sexual. Fue prohibida en los Estados Unidos. Cuenta el asesinato a sangre fría de la esposa de un celoso que la ha dejado en manos de un violinista con quien se entiende contrapunteando en el piano. En la novela reverberan los celos de Lev, que sublima con un monólogo inaudito, extenso y agotador.

¿Por qué Tolstoi tomó para titular su libro publicado en 1889, la sonata nueve opus catorce en mi mayor de Beethoven, a Kreutzer, estrenada en 1789?

 

Hambre de realidad

Hambre de realidad

Enrique Vilas Mata

Reality Hunger: A Manifesto es un libro de David Shields, muy comentado hace cinco años en Estados Unidos. Entre nosotros lo ha publicado Círculo de Tiza con traducción de Martin Schifino. Es una antinovela construida con citas literarias que discuten los conceptos de originalidad y autoría, lo que paradójicamente la convierte en una propuesta original, aunque David Markson (La soledad del lector) lo hacía mejor. Es además un libro divertido, aunque plantea la muerte de la novela y este es su lado pueril.

Es que estamos cansados de la muerte de la novela.

Claro que Shields tiene derecho a estar cansado de lo que quiera. En su caso, está harto de artificios fabricados por otros y por él mismo, aburrido de tramas ficticias y personajes inventados. Opina que losreality televisivos, las memorias y otros formatos de tipo documental alimentan el ansia popular de autenticidad, de la que carecen las obras de ficción. Para Shields, la novela, es decir, la construcción imaginativa de una historia, se ha atrofiado; se ha vuelto difícil para los escritores habitar un mundo en el que los formatos de tipo documental alimentan cada día más el afán popular de veracidad.

No está mal su punto de vista, pero por suerte este tipo de teorías sólo son verdaderas en parte, y por tanto los adversarios de las mismas no se equivocan. Por eso voy a equivocarme muy relativamente si digo que la ficción literaria forma parte de la verdad: lo que uno imagina es tan real como la vida, pues forma parte de ella. La vida, además, como la naturaleza misma, es engañosa. Recuerde el alma dormida aquello que decía Nabokov: “Ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y la verdad".

Además, en la ficción literaria embaucar puede ser sólo un camino para llegar a la verdad. Hay escritores que narran “desde afuera” (interponen entre ellos y la realidad el filtro de un personaje) y otros que lo hacen “desde dentro”, como si lo relatado perteneciera a su vida, es más, como si les fuera la vida en ello. Yo creo que tanto unos como otros pueden llegar a aproximarse a la verdad mucho más que aquellos que tratan de mimetizar lo real.

Pero vaya usted a explicarles esto a los lectores de novelas “comprometidas” con las noticias de prensa, o a los aturdidos espectadores de reality televisivos que creen literalmente en lo que ven y con los que uno puede pasarlo mal si les habla de los intrincados laberintos de la realidad.

¿Debemos pasar por alto las propuestas de los cansados de tramas ficticias –en el mundo de la lectura, como se ve, también hay populismos– o bien reaccionar y elevar nuestra capacidad de imaginar y situarnos, de una vez por todas, en la complejidad de la existencia; complejidad que integra –evidentemente- a la imaginación y al arte?

Creo que, superados los posibles daños de este enésimo embate de los voceadores de la muerte de la novela, Hambre de realidad será olvidado. Decía W. H. Auden: hay libros que son injustamente olvidados; ninguno es injustamente recordado.

La repulsión de la atracción

La repulsión de la atracción

 Quiero contar la historia de Mauzinho Vargas, un hombre soltero que vive con su hermana menor, en una casa que le dejaron sus padres en la avenida Dublín de Manaos. Dirige una empresa grande y próspera de comercio amazónico. Apenas tiene cuarenta años.

Boas Ice es un ladyboy mulato, la mujer-macho más linda que se haya dado en el estado del Amazonas. Está prisionera en la casa de un patrón mafioso que la ha comprado.

Mauzinho frecuenta el burdel de Madam Chauchat, una francesa de 65, a la que visitan comerciantes, concejales, diputados, empresarios, periodistas y abogados. Lo que más complace su carnal deseo son las vírgenes. Madam se las consigue en los barrios bajos, en el campo, a la orilla el rio. Es un buen negocio para ella. Algunas las regresa a su casa con una maleta llena de ropa bonita. A otras las inicia en el negocio.

Mauzinho se hastió de las vírgenes, terminó sintiéndose como un violador de muchachitas mudas, que como pajaritos asustados se le entregan. En una conversación con Madam, le revela su hastío. Y ella le propone una variedad de oferta sexual que desborda su limitada imaginación de deflorador. Se alarma, y niega querer algo de esa sublime combinación de recursos con que ella busca complacerlo. Por lo pronto acepta tener encuentros con las mas avezadas del burdel, las que hablan francés y pueden llevarse a la ópera en el Teatro Manaos.

Boas Ice a través de una de las sirvientas de la casa donde permanece en cautiverio, le hace saber a Madam Chauchat su deseo de fugarse. Pide su ayuda para hacerlo y a cambio le ofrece sus servicios. Así que Madam Chauchat contrata a Felipinho para que haga el trabajo.   

Una vez Boas Ice en la Casa, Madam Chauchat le hace saber a Mouzinho que tiene para él un espléndido ejemplar. No le dice de qué se trata y pacta un encuentro especial en la habitación rosa de la Casa.

Cuando Mouzinho se da cuenta que se trata de un ladyboy por poco lo mata, y de paso se pelea con Madam Chauchat y decide no regresar a la Casa.

El patrón de Boas Ice ha descubierto quién le auxilio en la fuga, y se presenta airado al burdel a reclamar lo que le pertenece. Madam Chauchat le dice que la ha vendido. Él le da una semana para que se la recupere, antes de que sus hombres vengan y quemen todo.

Madam Chauchat se comunica con Mouzinho, le implora que le ayude. El regresa a la Casa. Después de considerar la situación, él se ofrece a ayudarle y ella, en privado le dice que la reacción violenta y desmedida, que lo alejó de la Casa,  no es otra cosa que una atracción animal que él se niega. Mouzinho se emborracha y termina en la cama con Boa Ice.

En la madrugada, después de la más memorable noche de amor con Boas Ice, los hombres del patrón entran al burdel, rescatan a Boas Ice y asesinan a Mouzinho.

La historia termina seis meses después de la muerte, cuando Boas Ice toca a la puerta de la casa de la hermana de Mouzinho, llevando unas flores. La hermana virgen, que desde la muerte ha permanecido como una viuda desolada en la casa de la Avenida Dublín.              

 

Medios intocables

Medios intocables

Sandra Borda

No me sorprendió la reacción que generó la columna de León Valencia en Semana sobre la labor periodística de RCN TV Noticias: se produjo solidaridad de gremio y se descalificaron los argumentos, al presentarlos como “ataques”. Tristemente, esta intolerancia del periodismo a la crítica es algo que después de un par de años de trabajo cerca de ese gremio, estoy empezando a identificar como tendencia.

 Creo que Julio Sánchez fue la persona que articuló este miedo con más claridad. Dijo que le resultaba “muy extraño que los periodistas se vuelvan jueces de otros periodistas; el único juez que tiene un periodista es el oyente, televidente, lector”. Viniendo de la academia, en donde el principal mecanismo para asegurar la calidad del trabajo que se produce es la temida evaluación de pares, me parece que censurar la crítica entre periodistas es contraproducente.

 Periodistas y directores de medios no se pueden escudar en la libertad de expresión para decir lo primero que se les ocurra, de la misma forma que un profesor no puede entrar a un salón de clase y soltar un sartal de barbaridades arguyendo la libertad de cátedra. Por supuesto que no es un debate legal, porque poder poder... pues pueden, y nadie los va a llevar a la cárcel por hacerlo. Pero no deben, y así como hay formas (ciertamente imperfectas) de asegurarse de que un profesor dicte una buena cátedra, también las hay para lograr que un periodista haga bien su trabajo. El problema es que en ese gremio se rehúsan a emplear el mecanismo. Ya lo sentenció Sánchez: ¿cuándo se ha visto que un periodista critique públicamente a otro?

 El argumento de Sánchez es que en este asunto de la calidad periodística es la audiencia la que juzga y decide. Pero la audiencia no tiene formas de comunicación directa con los medios para manifestar su insatisfacción y, peor aún, los medios no tienen mecanismos serios de rendición de cuentas frente a la audiencia. Lo único que puede hacer el consumidor de información es cambiar de proveedor, y con una oferta tan restringida, es un descaro salir a decir que la audiencia está en libertad de escoger el medio. En Colombia, simplemente, y digámoslo claro, no hay de dónde escoger. No nos hagamos ilusiones ni engañemos con argumentos de libre-mercado en medio de semejante monopolio.

 La otra contradicción es fácil de identificar a lo largo de la entrevista que le hace Sánchez a Claudia Gurisatti. Ella primero asegura que no está buscando peleas políticas, que solo está buscando noticias, solo está informando. Después, sin embargo, insiste en que ella tiene absoluta libertad de definir su línea editorial, y Sánchez la apoya con un argumento de autoridad un tanto lamentable, que voy a dejar sin discutir justamente por lo lamentable: “una periodista con esa hoja de vida es libre de decir y de expresar lo que quiera”.

 Esa contradicción que existe entre decir que los periodistas se dedican “solo al negocio de informar”, y asegurar que pueden “tener la línea editorial que quieran”, es clave. De hecho, todos los días periodistas y directores de medios transgreden la línea que divide el ejercicio de informar del de opinar y analizar. Yo no tengo problema con eso. El asunto es que las facultades de periodismo y comunicación insisten en enseñar que dicha barrera no se debe cruzar, y que la información debe ser entregada de forma aséptica y sin “contaminarla” con posiciones políticas.

 En vez de hacer eso, deberían de una vez por todas aceptar que dicha contaminación sucede, y más bien enseñarles a los periodistas a contaminar bien: con sofisticación, con análisis bien informados y sobretodo, con rigurosidad. Porque el problema que tenemos con nuestros medios hoy, es que de todas formas tienen líneas editoriales, informan y analizan/opinan simultáneamente (creo yo, inevitablemente), pero lo hacen a punta de intuición y vísceras. No saben cómo hacerlo de otra forma.

 Mi problema con las líneas editoriales no es que existan, mi reparo está en que no son reconocidas abiertamente (“solo estamos informando”) y son muy pobres conceptualmente. Y si el periodismo sigue promoviendo pactos de silencio como el que propone Sánchez al mejor estilo de una mafia, la cosa no va a mejorar. Ese silencio con cara de complicidad en la mediocridad, es lo que no permite avanzar. Nadie tiene más autoridad y criterio para identificar cuándo se hace buen periodismo y cuándo no, que un periodista. Propongo que los medios se enfrasquen en la sangrienta revisión de pares que usamos los académicos. El costo del buen producto que resulta de ese ejercicio son sólo unas magulladuras en el ego. ¡Imposible que no puedan con eso! 

 

Los inéditos de Saramago

Los inéditos de Saramago

Ferran Bono

Anotaba cuándo se le ocurría una idea para empezar una novela. Podía ser de madrugada o viajando en tren. Expresaba sus dudas sobre la calidad de lo que llevaba escribiendo o manifestaba su desconfianza sobre el interés de una trama cuando él mismo se había hastiado urdiéndola. José Saramago solía apuntar todo, incluso cuando de repente decidía cambiar el título de una novela hasta que el juicio de su mujer, Pilar del Río, le hacía desistir y volvía a su plan original.

Así pasó con Ensayo sobre la lucidez, del que hoy, justo cuando se cumplen cinco años del fallecimiento del premio Nobel de Literatura de 1998, El País publica una serie de textos inéditos en castellano (en portugués lo hace la revista Blimunda de la Fundación Saramago). Son notas del autor en 2003 durante la redacción del libro publicado un año después que muestran el proceso creativo del autor, la construcción del relato, el cómo se hizo la novela (lo que en el cine se denomina making of).

Saramago (Santarém, Portugal, 1922-Lanzarote, 2010) narra en Ensayo sobre la lucidez (Alfaguara, 2006) la historia de una ciudad cuyos habitantes deciden votar mayoritariamente en blanco, lo que provoca la reacción virulenta del Gobierno. Estos son algunos fragmentos de las notas del autor traducidas al castellano por Roser Vilagrassa.

4 de febrero de 2003

“La noche del 30 al 31 de enero me desperté a las tres de la madrugada con la idea repentina de que, por fin, ya tenía el tema para una nueva novela, que ya andaba buscando de manera más o menos consciente. Se trata de esa “revolución blanca" de la que hablé en Madrid y Barcelona durante la presentación de El hombre duplicado, del voto en blanco como única forma eficaz de protesta contra el loado sistema “democrático” que nos gobierna. Por si fuera poco, también tuve la súbita, la instantánea certeza de que dicho libro, en caso de que llegue a existir, tendría que llevar el título de Ensayo sobre la lucidez, como si el hecho de votar en blanco en la presente situación del mundo fuera un acto exactamente contrario a aquellos, o a la mayoría de aquellos, que se cometían en Ensayo sobre la ceguera. Durante esos días, la convicción de haber acertado de lleno era cada  más fuerte (...)”.

17 de marzo

“(...) He llegado a la conclusión de que el título de la novela determina que los personajes sean los mismos que habitaron el otro Ensayo, el de la ceguera. Probablemente no todos. He pensado que la mujer del primer ciego se habría divorciado del marido y que la madre del niño estrábico aparecería y se ocuparía de él. Los demás, la mujer del médico y el marido, la chica con las gafas de sol y el viejo del parche negro se mantienen. También el perro de las lágrimas, que cerrará el libro con la mujer del médico muerta a su lado, asesinada por aquellos que decidieron que todo debía volver a ser como en los buenos viejos tiempos (...)”.

29 de marzo

“El primer capítulo empezará con la descripción (sumaria, claro está) de la tormenta y el viento que cae sobre el país. La televisión y la radio apelan a la conciencia cívica de los electores para que no se queden en casa pese al mal tiempo. Usar la palabrería insustancial propia de las ocasiones patrióticas. Entrar en casa de los personajes principales: la mujer del médico y el marido (también el perro, que vive con ellos), la mujer divorciada del primer ladrón, la chica de las gafas de sol y el viejo del parche negro, y el niño estrábico (la madre nunca llegó a aparecer, ¿o sí?), el escritor y la familia (¿toda?, recuerdo que estaba casado y creo que tenía hijas). A las cuatro de la tarde salen todos para ir a votar (también saldrán los habitantes que aún no habían votado). Descripción de la caminata bajo la lluvia. Barrios inundados, bomberos, barcos. La radio y la televisión se apresuran a transmitir la noticia del inopinado acontecimiento: los electores de la ciudad X están dando un extraordinario ejemplo de civismo, arrostrando la tormenta para cumplir con su sagrado deber (...)”.

19 de abril

Sobrevolando el Mediterráneo.

“La idea de que los personajes de la Ceguera reaparezcan en Lucidez me parece cada vez mejor. Así como el título del nuevo libro ya sugiere una continuidad, la presencia de los personajes lo confirma definitivamente. En la mente de las autoridades perplejas surgirá la sospecha de que la mujer que no perdió la vista en la Ceguera podría tener algo que ver con el nuevo ‘fenómeno’. Como consecuencia lógica, esta sospecha se extenderá a aquellos a quienes ella había guiado. Así como la novela anterior obedecía escrupulosamente a ‘cierta lógica’, ésta no podrá quedar atrás (...)”.

3 de junio

Día en que Sophia de Mello Breyner gana el Premio Reina Sofía de poesía iberoamericana

“El final no será como se ha descrito más arriba. La mujer del médico será asesinada, pero no en el balcón de la parte de atrás de su casa. La matarán en un jardín donde había llevado a pasear al perro de las lágrimas. El perro empezará a aullar y también lo matarán. Los ciegos se preguntarán: ¿Has oído algo? Dos tiros, Pero también un perro que aullaba, Ya se ha callado, habrá sido el segundo tiro, Menos mal, porque el aullido de los perros me afecta los nervios”.

 

El hombre que amaba a los perros

El hombre que amaba a los perros

El fin de la utopía. La muerte prematura del mejor modelo de sociedad que nos hubiera dejado el siglo XIX. Leonardo Padura en su novela escribe tres tristes biografías. Las más tristes, desesperanzadas y traicionadas, en todos y en cualquier sentido. La de Trotsky el desterrado, la de Ramón Mercader el asesino, y la de Javier Cárdenas Marturel, el escritor.

Un soberbio corpus novelado de una historia que comienza con la revolución rusa de 1905 y va hasta la invasión alemana a Polonia en 1939. Se deja leer como una novela, al llegar a la página 570, uno no quiere que termine. El centro de gravedad está en el momento en que Mercader clava un piolet de alpinista en la frente de Trostky, que alcanzó a lanzar un grito que llegó hasta Moscú, mientras la pica  le horadaba el cerebro.

Trostky desterrado a Kirguistan, expulsado a Turquía en donde estaba el generalato blanco que él había derrotado en la guerra civil, luego a Francia, más tarde a Noruega, y de ahí a México, Veracruz, Coyoacan, Casa Azul. Llega a donde  Diego Rivera y Frieda Kahlo, en donde va a recibir la visita del comunista-surrealista André Bretón. Estaba derrotado desde el momento en que le gritó a Stalin, que él era el sepulturero del socialismo. La venganza de Stalin, el genocida – se cargó veinte millones de seres humanos – le costó quince años. Él, que había firmado un pacto de no agresión con Hitler, para repartirse Polonia, y poder echarle mano a los países bálticos, mientras el austriaco se tomaba la otra parte de Polonia, Checoeslavaquia, Dinamarca, Holanda y Francia. Él el “gran hermano” de todas las bestias absolutistas, heredero mejorado de Iván el terrible, el zar rojo, que detentó diez cargos por los que le pagaban diez sueldos, él, vendió la versión de que el nazismo alemán se proponía utilizar a Trostky contra la madre patria. Cuando murió había perdido a casi toda su familia, a la mayor parte de sus amigos, la Cuarta Internacional era un fracaso, Siqueiros había intentado matarlo, se había peleado con diego Rivera. Su pluma apenas servía para que algunos periódicos norteamericanos le compraran sus artículos. De lo que finalmente terminaron comiendo.

Ramón Mercader, el hombre de los mil nombres. Comunista, soldado de la guerra civil, agente soviético, asesino a sueldo y con ideología, sicario de la inteligencia secreta, recibió entrenamiento militar extremo en Rusia. Se fue acercando lentamente a la víctima, primero en París, luego en Nueva York, y luego en el DF, con salario y gastos de representación a cargo del erario ruso. Tuvo una madre que nadie se merecería, un monstruo sagrado que lo besaba en la comisura de los labios, compartiéndole un seco vaho a ginebra y tabaco. Se enamoró de la única mujer que jamás sería su mujer. Y le tocó posar de amante de la trostkysta más fea de norteamerica. Pagó veinte años de cárcel en México. Luego vivió en Rusia quince años, que fue como vivir en otra cárcel, y los últimos años en Cuba, donde lo recibieron y lo trataron muy bien, hasta su muerte. Lo último que escuchó fue el grito de Trostky. Había perdido todos sus sueños, la URSS, lo había convertido de victimario en víctima.

Javier Cárdenas cubano, un muchacho que quiso ser escritor, pero también fue a la zafra; se hizo joven socialista, y participó de la construcción del país, hasta que la literatura, el derecho a hacerla como debe ser, lo puso en contravía de las autoridades literarias que lo condenaron. Trabajó en una emisora de pueblo. Padeció el aislamiento, la persecución a su hermano homosexual, padeció la muerte de cáncer de la mujer, soportó sin querer irse de la isla, como muchos, el periodo especial. Cuando murió aplastado, junto con su perro, por la caída del techo de la habitación donde dormía, había perdido cualquier sueño.   

Los tres amaban los perros.

¿Quiénes deben hacer parte de una comisión de la verdad?

¿Quiénes deben hacer parte de una comisión de la verdad?

Nunca una comisión de la verdad, en ningún país ha llegado a la verdad civil integral sobre las monstruosidades de las que las encargan investigar, porque, “el país necesita conocer la verdad, las víctimas necesitan conocer la verdad, la justicia necesita conocer la verdad”. Todos necesitan conocer la verdad. Aunque si llegáramos a conocer toda la verdad nos haríamos imperdonables.

La sociedad civil ha tenido que hacer suyo  el compromiso, que tiene mucho de religioso en el mal sentido, de conocer la verdad para perdonar. Si no dicen toda la verdad, no perdonamos, sin advertir que el resultado podría ser que al conocer toda la verdad, resultara imposible perdonar. Sí, conocer de la verdad para ensayar un “olvido” imposible, que hiciera que el pasado dejara de pesar sobre el presente, para hacer posible cualquier perdón de carácter colectivo. Apagar la historia por un minuto, a la manera de una “ley de punto final” y reiniciarla, para que la verdad brille, sobre el mal, y se inicie una era nueva, sin la acuciante amenaza diaria del conflicto.

Después de conocer la verdad con carácter extrajudicial, contenida en los testimonios rendidos a la comisión, con o sin nombres de los responsables, en el poder seguirán los victimarios. El poder mafioso, el poder de las bandas criminales, el poder de las pandillas políticas, el poder de los victimarios de Estado, el poder de los dueños de tierra – así haya cambiado de manos tras el conflicto –, el poder del empresariado que financió el paramilitarismo, el poder de las transnacionales, el poder de los corruptos en el Estado. La diferencia será que las FARC, como pandilla política, abanderada en un movimiento “democrático, popular, renovador, progresista, patriótico ” irá a elecciones en los mismos pueblos que antes asolaron, irán a las mismas asambleas en donde secuestraron diputados, e irán con circunscripción electoral al mismo Congreso, que alguna vez tuvo un 35% de representantes de los paramilitares.

Para las víctimas, los siete millones de desplazados, los miles de mutilados, los que perdieron la tierra, los que sirvieron de señuelos para los falsos positivos, las mujeres sexualmente agredidas, los liberados de los campos de concentración, los indígenas masacrados, los policías emboscados, la verdad les significará más dolor,  más escarnio, un advenimiento testimonial doloroso, tal vez necesario, pero no suficiente, para ser el  garante de la reparación moral y material.

No tendremos la verdad, de una comisión conformada por victimarios. Una comisión que no podrá decir toda la verdad, que nos dirá verdades a medias y que nos dejará tres tomos gruesos con los testimonios de las víctimas. A juzgar por la reacción de los diferentes victimarios ante el proceso de restitución de tierras, casi con seguridad diríamos que la reparación se va a ver muy bien en los “protocolos del pos conflicto”, pero no cubrirá a la totalidad de las víctimas, porque no va a haber responsables integrales que reparen de conformidad al daño. Tendremos procesos eternos, restituciones imposibles, retornos improbables, garantías a medias, una reparación que será una burla simbólica a los despojos de guerra.

No es políticamente correcto oponerse a que haya una “comisión de la verdad”, una vez se firme el acuerdo para la terminación del fin del conflicto (incluso antes). Casi todos coincidimos. Pero, sin embargo, yo no pondría todas las castañas al fuego por los actores de la comisión que van a torear la monstruosidad histórica. Tal como nos lo han hecho saber, la comisión estaría conformada por tres miembros del estado, tres miembros de las FARC, y tres miembros cooptados por los seis anteriores.

¿No tendría más sentido que fuera entre víctimas y victimarios quienes seleccionaran el grupo de ciudadanos que tienen la tarea de desentrañar la verdad?  Si de entrada se excluye a los representantes de las víctimas, los más interesados en conocer la verdad, lo que sea que nos vaya a entregar la comisión, al cabo de tres o cuatro años de trabajo, será algo más parecido a la verdad de los victimarios.  

La Fifa Nostra

La Fifa Nostra

El hábil movimiento político de Joseph Blatter en la FIFA, durante los cuatro periodos cumplidos, es como el hábil movimiento de Monseñor Uribe y Honesto Samper, en su momento. Cayó una buena parte del staf de Blatter, pero aún quedan 25, a los cuales él va a señalar. Cayó el enlace en Costa Rica, Eduardo Li, Jack Warner en Suráfrica, el contable Takas en Hong Kong, el compañero Rafael Esquivel, de la Federación Venezolana, hoy en manos de las autoridades suizas. El inmarcesible Nicolás Leoz, siniestro exdirector de la Conmebol, ayer hospitalizado de emergencia en una clínica privada. José María Marín, el zar del Brasil. Todos con orden de detención, detenidos, a borde de ser procesados con el resultado de las investigaciones del FBI. Y, sin embargo, Joseph Blatter, es reelegido, y sale orondo y festivo como si fuera un maldito inimputable.

Lo más extraño es que solo hasta ahora, una fiscal norteamericana, la Señora Loretta Lynch, sea quien destape con suficientes pruebas, la venta sistemática de votos, los sobornos, los negocios ilícitos con los bancos, el manejo irregular de cuentas, las contabilidades dobles. Una arremetida, que no me asombra por lo agresiva  - pruebas es lo que hay, faltaba que alguien como el FBI se pusiera en la tarea -, me asombra por el momento, por lo intempestiva y coincidencial situación. USA se fue con todo contra una federación criminal, que levantó un estado internacional paralelo a las Naciones Unidas, con más miembros, y de la que recibe una subvención. 

 El juego de poderes dentro de la FIFA tiene una representación política de tensiones entre los estados miembros, en ningún caso ajenos, o desconocedores del juego más o menos permitido, de sus representantes. La mayoría de Estados, sino todos, sabía lo que se cocinaba en la FIFA, desde hace mucho tiempo. ¿Pero qué o quién es un estado, un gobierno, para enfrentar a la Fifa Nostra? De hecho, desde el 2002 se produjo un escándalo debidamente sofocado, a raiz de la primera elección de Blatter, de la que se dijo que había sido comprada. 

 Vladimir Putin acusó a USA de haber presionado a Blatter para que Rusia no se quedara con el mundial 2018. Catar – informó el  Daily Telegraph – simplemente le compró el mundial 2022. Estados Unidos quería a Blatter fuera de la FIFA. De hecho, su candidato, Ali Bin Al Hussein, salió derrotado en la elección. Y la explicación es sencilla: la mayoría de los países quieren que siga Blatter, es una garantía, porque sin escándalos se puede tapar todo entre familia. ¡Qué miedo que hubiera llegado Hussein a la presidencia!

 Cuando el cálculo electoral previo a la elección, tras cabildeos intensos, mostró que Hussein, de la familia real de Jordania, no alcanzaría ni al treinta por ciento de los votos, como se demostró en la elección, la fiscal Loretta Lynch dio el zarpazo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De la vida no se preocupen: nadie sale vivo de ella

De la vida no se preocupen: nadie sale vivo de ella

Uno se muere antes de que el cuerpo se estire. Se muere, tratándose de muerte natural, cuando las emociones se mueren, cuando ya no tenemos energía para reaccionar a las mil provocaciones del mundo. Cuando la vida deja de decirnos cosas, o cuando ya no queremos que nos diga más.

Ex extremo clínico de la muerte emocional es la catatonia. Me parece que a la mayoría de viejos la muerte emocional nos acerca a una variedad benigna o maligna de catatonia, el reflejo de prensión forzada.

Ninguna muerte es evitable. Pero la muerte emocional al darse en “vida”, nos persuade a tratarla como un asunto evitable, como una contravención anímica, a la que siempre se le podrá dar algún tratamiento. Al momento en que cualquier viejo ya sabrá que de la vida no hay que preocuparse, porque hagas lo que hagas, no saldrás vivo.

Los familiares insisten en devolverlo o devolverla a la vida, pero el viejo murió emocionalmente. Es necesario reconocer, el momento - un largo momento sin precisión en escala conocida – en que el hecho se produce. De la actitud de los que aun están vivos, depende el sosiego o la desdicha, que supone cargar una muerte en un cuerpo vivo. Y a veces, en medio del más caluroso afecto familiar, la angustia termina traicionando los buenos sentimientos.

Algunos de los síntomas de la muerte emocional, según mis amigos: ya no le importa al viejo que gane o pierda el Cali, ya no lee los editoriales del Tiempo, ya no quiere cambiarse de ropa, dejó de asistir al club o a la asociación, la televisión lo aburre, permanece enclaustrado como un león derrotado, los amigos se murieron, para qué ir al café, además los cafés también se murieron. Entre más largos y oscuros sean los silencios, más cerca se estará del final

Es como si la vida se encargara de arrinconarnos, mediante el sucio truco de disolvernos el valor de las cosas y las personas, que nos mantienen vivos. No debería ser así, si se piensa que el asunto de la muerte, siempre está al amparo de alguna fe, que nos provee de imaginarios que ayudan a mitigar la ansiedad metafísica inevitable. La misma ansiedad de Camus, revelada en el Mito de Sísifo, que lo llevó a pensar que la filosofía solo sirve para saber si vale la pena o no vivir.

Para el budismo la vida y la muerte son un todo, la muerte es un tránsito a otra vida, un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida. La idea de ver la “vida entera” en los instantes antes de partir, es de origen budista. Cualquier fe religiosa debería proveer recurso, mandamiento, para que la muerte emocional se pudiera evitar, porque nada habría que pudiera diezmar la emoción por Dios y su obra.

Pero ni la reencarnación budista, ni la promesa de estar a la diestra del dios padre, ni la resurrección judía, ni el paraíso islámico, parecieran ser bálsamos que nos evitaran la muerte de las emociones. Como si la biología se empeñara, hasta última hora, en decirnos que siempre habrá algo más poderoso que la fe.

 

 

Los buenos muchachos

Los buenos muchachos

Kiko Gómez y el clan Char del Atlántico han sido amigos, socios y cómplices de las alianzas electorales de Vargas Lleras en la costa, desde hace mucho tiempo. El mismo Vargas que quiere ser presidente, a nombre de CR, en el 2018. El mismo que con casco y botas exige al Ministro de Hacienda el billete para su campaña de cemento.

CR es el partido político más afectados proporcionalmente en los procesos contra los para políticos, fue fundado, entre otros, por Alfonso Valdivieso, pariente de los Galán en 1998. Hasta abril de 2008, por orden de la Corte Suprema de Justicia y de la Fiscalía, habían sido detenidos siete congresistas y cinco más todavía están siendo investigados.

Cuando se embarcó en la tarea de ser vicepresidente del Santico, y después de una serie de vendettas programáticas dentro de CR, Vargas terminó dejando a ese buen muchacho Galán, encargado de la banda, con su respectivo secretario, Álvarez Lleras.

Al muchacho Galán, que parecía buen muchacho, lo seduce el poder como a muchos de su estirpe. Pero qué pena estar en el Partido Liberal, después de que la pandilla roja estuvo al mando de Honesto Samper, que ganó las elecciones ayudado por la misma clase de gente que asesinó a su padre. Qué pena estar en la U, el partido que el Santico ultrauribista, ministro de la defensa durante los falsos positivos, se inventó para llevar a Monseñor, por segunda vez, a la presidencia.

Ahora, digo yo, si Galán entró a CR y llegó a ser elegido director, es porque definitivamente no es un buen muchacho. Se arrimó a una pandilla que hoy lo ha obligado a renunciar, ante la más burda y explícita suplantación de poderes partidistas. La candidata de Kiko Gómez a la Gobernación de la Guajira - aunque ella lo negará siempre - obtuvo su aval sin la autorización del director, a través de una firma del secretario Álvarez Lleras, suficiente para los Char.

La llamada “Princesa negra” - Oneida Pinto -, la que dejó la alcaldía de Albania para salir a politiquear, y la entregó, como si fuera una herencia, a uno de sus asistentes, tiene una investigación preliminar en la Fiscalía, por manejo irregular de fondos cuando fue alcaldesa. Galán, por supuesto tenía de que quejarse. Le preguntó al Secretario Álvarez Lleras, por qué había firmado el aval, y el Secretario le dijo la verdad: “…porque la candidata obtuvo el respaldo de los directorios municipales de CR, en todo el departamento”. Así que el buen muchacho viene sobrando. No le quedaba más que irse. Víctima de su ambición terminó siendo el mamarracho “decente” con el que se pretendió tapar la fealdad y suciedad detrás de esa R invertida, que tiene tanto de azul como de rojo.

Pero si será mal muchacho, se va de la dirección del partido, no por dignidad, sino por el miedo a la ruina política, pero no se va del partido, ni suelta su curul. Qué rico, el indignado, decente y transparente muchacho, no le importa quedarse en el partido de los Char, de Kiko Gómez y Álvarez Lleras.

Y no se va, con el argumento, de que a pesar de haber sido tratado como un mamarracho, él necesita de CR, para hacer las propuestas que el país necesita.

Y CR, que con la renuncia del muchacho, no pudo haber visto otra cosa que el repudio al procedimiento de los avales, lo deja con su curul, porque el que alguna vez fue buen muchacho, hoy sus amistades lo han convertido en uno más de la pandilla. Los Galán dan para todo.  

El arte de contar

El arte de contar

Si escribir un cuento llegara  ser un arte, sería porque cumple tres puntuales condiciones, que harán de él, el designio cumplido de decir algo a alguien alguna vez. Conmover literalmente al lector, tocarle el corazón, la cabeza o las tripas. En todo caso, hacer que no olvide.

La primera. El arte de saber ocultar. No se puede contar todo, eso sería igual que intentar hacer un mapa 1:1, como acontece en el cuento de Borges. Se cuentan las partes sustantivas.  Así que la mayor parte del material que tenemos para un cuento no se usa, es material de referencia. Lo que no se cuenta, no se ve, como la parte sumergida del iceberg. Es lo implícito, lo escondido, lo que el lector solo encontrará una vez aprenda a leer entre líneas. El asunto es el manejo del límite parpadeante, ambiguo, delicadamente impreciso, entre lo que se debe y no escribir. Con seguridad el autor conocerá los ríos pétreos del cuerpo sumergido del iceberg. El lector también, a través de un esfuerzo de imaginación. Aun así el riesgo de intentar contarlo todo, pone el asunto de la escritura de un cuento, entre la información y la literatura. Esa ruda diferencia entre hacer un informe sobre los acontecimientos, y narrar los acontecimientos. Pulir la punta visible del iceberg, darle luminosidad, eficacia, poesía, fuerza, poder, es lo que queda a quienes se arriesgan a ocultar para develar.

La segunda. El arte de saber saltar. La cotidianidad es continua e irrepetible, a diferencia de los relatos, que son discontinuos y repetibles. Esa discontinuidad particular del relato, entre cuyos intersticios está lo no dicho, se logra dando saltos de tiempo/espacio. El arte de saltar se ejercita con la herramienta de la elipsis narrativa. Un recurso que flexibiliza el tiempo, que permite reversibilidad y proyección, que deja jugar, haciendo espirales, grietas, acelerándolo y desacelerándolo, según convenga. Es un arte similar al salto que da el ojo al leer. Solo lee lo que está donde se posa, lo demás lo infiere el cerebro. Someter un relato a una construcción elíptica supone conocer los recursos de la edición: producir una línea de cicatrizaciones entre los fragmentos del relato. Saltar y pegar, saltar y pegar. De qué magnitud sea el salto, solo lo sabrá el autor. En un cuento en el que el asunto es una “grieta en el tiempo”, nos veremos enfrentados al problema de cómo escenificar la grieta. La única posibilidad de mostrar sus efectos, que también los del espacio, es la del cambio de tiempo, bien hacia adelante o hacia atrás del presente referencial del narrador. Pero, y el pero es significativo, la velocidad en que se viaja en el tiempo es variable. No es una constante para todos los que llegan al pasado, ni tampoco lo es la velocidad de retorno al presente.

Tercero. El arte de crear problemas. Un cuento es un problema, siempre tendrá que serlo para alguien. Sin problema no hay cuento. En todos los cuentos siempre hay alguien que se mete en problemas, igual que en las películas. Meterse en problemas es  propio de los personajes de los cuentos. Si en un cuento no pasara nada, no hubiera choques, desacuerdos, desigualdades, injusticias, el cuento no se parecería a la vida. Y todos los cuentos se comparan con la vida. Por eso les pedimos que sean verosímiles. El cuento tiene que hacer creíble su problema, mostrarlo sólido, vivo, en ebullición, sea cual sea su magnitud. Todo el cuento trabaja en función del problema. ¿Qué pasó antes del problema? ¿Se resolverá o no se resolverá? ¿Y si se resuelve, cómo? Más vale partir de un auténtico problema, que dé lugar a un conflicto de la vida, que ponga a prueba a los personajes y haga correr al lector, los riesgos que lo fascinan. 

El año del verano que nunca llegó

El año del verano que nunca llegó

Acabo de terminar "El año del verano que nunca llegó" de William Ospina. La triple noche del 16 de junio de 1816, - el día del Ulises - la más fría del milenio, en que del encuentro de la élite romántica en Villa Diodati, a orillas del lago Lemán en Suiza, salieron el Vampiro y Frankenstein. Abismal, poética, maligna, romántica, racional, femenina. Lo mejor que he leído en mucho tiempo.

No es una novela en sentido estricto. Es una crónica de cómo se gestó, se rastreó, se leyó, se visito, se indagó, la huella del alineamiento de astros en la villa, donde se habían encontrado, por el empecinamiento enamorado de Clara Clairmont, Byron – “aquel noble satánico” -, Percival Shelley – el ángel caído -, Mary Wollstonecraft, la mujer de Shelley, y autora de Frankenstein, Matthew Lewis, el autor del Monje, Gaetano Polidori, el autor del Vampiro, y la condesa Potocka, descendiente del Rey de Polonia.

Es una lección de historia, un ensayo de la era romántica, de los románticos, de la exaltación loca del sentimiento, del clima de oscuridad y mito, rebelión y luz, de una época, en donde lo sublime y lo siniestro se disuelven como una mancha de tinta en el agua, donde el amor y la crueldad copulan, en la que el orden y le caos pugnan, y la belleza y el horror confunden sus límites. Una lección de historia que hila el entramado biográfico de un puñado de seres que le pusieron su marca a la época, que encontraron para ella, toda la belleza que su alma reclamaba, pero también todo el horror que se merecía. Una época que no podría haber estado mejor descrita que por Charles Dickens, al comienzo del Cuento de dos ciudades, en 1859: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y, también, de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”. 

 Es un desarrollo muy personal del autor, que en una primera persona tranquila, nos cuenta de cuándo y cómo se halló frente a la epifanía, la imagen natal, de donde se desprendió su propia pasión por recorrer los sitios que su crónica le había revelado. Una crónica de la amistad, porque si de algo se ocupa Ospina, es de revelarnos el sentido de esa amistad con aquellos que siempre tendrán un sitio conocido y amistoso a donde llegar, casi en cualquier ciudad. El valor de los amigos, a los que se les reconoce, y se los nombra, y se los menciona, porque en algo el autor se reconoce en deuda. Y sin los cuales todo habría sido más difícil, más largo, menos gustoso.

Es un alto ejercicio de prosa poética, realizado en el acto osado de soltarse de un poeta, de levar el vuelo de lector, y respirar el aire de la poesía y los poetas ingleses, alguien que ha nadado en las aguas profundas del alma romántica. La fuerza y precisión de su prosa, le permiten anudar lo que de biografía, literatura, monstruosidad y razón, hay en esa saga de Villa Diodati, a donde Ospina llegó llevado por la atracción de un cronista y la curiosidad del novelista. Todo en un poco menos de trescientas páginas.

Es un concierto de conocimiento, intuición, coincidencia, visión, el de un autor que con precisión de investigador, dio con el momento, los personajes, el día, la hora, el lugar, la circunstancia, donde concurrieron mito y realidad, ego y genialidad, desdicha y heroísmo, miedo y coraje, sueño y vigilia, de entre todo lo cual, salieron corporizados los monstruos vigentes y trivializados, que se cocinaron en el terrible sueño de la razón, que se gestó en las buhardillas del romanticismo inglés.    

Guerra de pandillas dos

Guerra de pandillas dos

Lo que marulleramente se ha llamado el "proyecto de acto legislativo de reforma de equilibrio de poderes y reajuste institucional", no es más que una disputa entre pandillas en el poder, para modificar por ley el reparto de facultades y recursos. Aprovechando el afair Pretelt, el Congeso y el Ejecutivo le pasaron la cuenta a todo el poder judicial. Por primera vez en cincuenta años cayeron en cuenta que la Comisión de Acusaciones, es algo menos que inútil, y se inventaron un Tribunal de Aforados. Habrá un tribunal de aforados encargado de investigar y juzgar la conducta de los magistrados de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo de Estado, al Procurador General de la Nación, al Contralor General de la República y al Fiscal General de la Nación, aunque hubieren cesado en el ejercicio de sus cargos. Una instancia para controlar la "mafia" giratoria, la que trafica con los procesos, la que viola la ley, la que se elige, la que instaló su negocio en las cortes, la que desde la Procuraduría, la Contraloria y la Fiscalía se yerguen como poderes paralelos, extralimitándose, opinando, haciendo política, interviniendo en todo. Un cambio de nombre en efecto, pero con menos intención absolutoria.

Los conflictos, entre los grupos de poder que tienen sus manos puestas en el Estado,  suelen ser focalmente más mortíferos, que los conflictos ordinarios con la sociedad civil. Y lo son, por que es un conflicto entre bandidos. Desde luego, los miembros del Tribunal serán nombrados por concurso.

El Presidente se reservó el equilibrante poder de ternar a quienes lo fiscalizan. Él propone y el Congreso dispone.

Y a las cortes se les fueron con todo: los magistrados tendrán un periodo de inhabilidad despues de terminar su labor en las cortes, se los juzgará por fuera del sistema judicial, se les hacen muchas más exigencias para ingresar, se les ponen más trabas para continuar el negocio.

La vendeta va tan en serio, que el benemérito Fiscal, en compañia de los presidentes de las Cortes, ya declaró que de ser aprobado el proyecto como ley modifictoria y orgánica, la demandarán de inmediato, ante la Corte Constitucional.

Con lo cual tendremos el desequilibrio de poderes más efectivo que el que hubiera podido imaginar cualquier ley. El sistema de pesos y contrapesos completamente desorientado, la guerra de pandillas declarada, todos disparando,  amparados en la "constitucionalidad" y pensando siempre en el país.