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Alberto Rodríguez

Joy

Joy

 Una novela de inteligencia y contrainteligencia cubana, escrita por Daniel Chavarría, un uruguayo que vivió en Buenaventura, secuestró una avioneta, llegó a Cuba, abrazó la revolución, y se quedó para siempre en la isla. Hoy tiene 83 años y ha recibido todos los premios, el Hammett, Planeta-Joaquín Mortiz, Ennio, Casa de las Américas, el Allan Poe, el Alejo Carpentier, el Camilo José Cela y el Premio Nacional de Literatura de Cuba en el 2010.

Joy es el nombre de un perfume con el que se bautiza una operación encubierta de la CIA, en el año 1975, para introducir a las cepas de los cítricos en Cuba, una sustancia que activa los vectores de los virus de la enfermedad más agresiva contra los cítricos. Una operación, que de haber dado resultado, no habría dejado un solo cítrico en la isla para 1980.

Es una novela informativa, abunda en datos sobre virología, citrología, control de plagas, genética, biología, informática, tecnología, siglas por kilos, de tal manera que por momentos siente uno, como lector, que se le está tratando de informar, más que de narrar. Probablemente la cantidad de información verídica le dé un tono realista a la novela, pero la sobrecarga le resta agilidad.

Es una novela con un tono definido, con un oficio claro de autor, con el manejo de intriga suficiente para que uno se meta un poco más de cuatrocientas páginas. Hay personajes estereotipados, hay otros frescos. La novela peca de anticipativa, no bien comienza, cuando se revela el inmenso riesgo ambiental y económico que va a suscitar, y el lector adivina que la inteligencia cubana va a derrotar a la CIA, a salvar a la patria, las cosechas de cítricos, al pueblo y la economía. La tipificación dramática de los héroes es estereotipada y manida. Científicos de la inteligencia, inteligencia ambiental, suspicacia aterradora, disciplina organizativa, estrategia corporativa, redes internacionales de inteligencia cubana. De su condición más privada, conflictiva, no se nos cuenta casi nada. Son personajes completamente funcionales, que no dan lugar a una recreación de la condición humana en la diversidad de matices, y tonos. Los personajes heroicos resultan planos, preformateados, un poco tiesos, sin vacilaciones, requiebros, matices. Hay otros personajes mucho más frescos, más humanamente trabajados, creíbles, precisamente los que hacen parte de la conspiración, los enemigos, comenzando por Felipe Carmona, con el que abre la novela.

Chavarría tiene los suficientes méritos como escritor, los suficientes méritos para ser un escritor revolucionario, con las garantías para ser publicado, que hace una literatura reveladora pero al mismo tiempo convencional, a la que su compromiso le confiere el aire fatal de la anticipación, el desenlace obligado.

La novela incluye un índice de fechas, que va del primero de enero de 1974, hasta el 25 de julio de 1975. Que en el contexto de la acción resultan irrelevantes. La necesidad de precisión informativa, más que la necesidad de orientación cronográfica, hace que la novela termine siendo víctima de sus propias contradicciones. En julio diez se graba la acción de los saboteadores, que disparan material orgánico desde los manubrios de sendas bicicletas, se los ve desde los satélites y se los registra en cámaras, tranquilos, como turistas, por las carreteras secundarais de Cuba, arrojando la letal sustancia sobre los campos de cítricos. En julio 25 (quince días después) el Presidente de los Estados Unidos, cita al director de CNS y de la CIA, para preguntarles, cuál es el quilombo que se ha armado en París, con la presentación de una película cubana que exhibe pruebas contundentes de un plan encubierto de la CIA de sabotaje ambiental, como debió haber muchos. Una película con un guion artístico, manejo documental de inteligencia y con un acabado estético digno de festival.        

Daniel Chavarria, escribió Joy, cuando tenía 45 años. Vendió más de un millón de ejemplares en el campo socialista.

Daniel Chavarría, otra voz. 

En el lejero

En el lejero

Nunca me había sentido más cerca del mundo de Kafka en una novela colombiana, que con En el lejero, la novela de Evelio Rosero, publicada por Tusquets en el 2013. No es una parodia kafkiana, no es una caricatura, no es una imitación, es una forma propia, conquistada de dar atmósfera, utilizando como acento la misma luz, de las escenas de Kafka.

Es una novela breve, de argumento sencillo, un abuelo busca a su nieta. Ni tan lenta, ni tan rápida. Una velocidad rítmica que hace que el lector pueda llevarle el paso al abuelo Jeremías Andrade, al que muestra un narrador objetivo en tercera persona, y él que habla por sí mismo.

Lo vemos llegar “al único pueblo del mundo donde vienen a morirse los ratones del mundo”. Lo vemos en un hotel absurdo. Habitaciones llenas de ratas, oleadas de ellas se agitan por las casas y las calles. Lo vemos salir por entre la niebla a reconocer al pueblo, a tener los encuentros, que finalmente lo llevan al lugar donde le han dicho que está su nieta.

He venido a este pueblo porque me dijeron que aquí estaba mi nieta. Y no podía dejar de venir a buscarla, porque fue lo único que me dejó.

La atmósfera de la novela es la de un pueblo contingente, podría ser de vivos o de muertos, de fantasmas o recuerdos, de luz y sombra, de cercanía y lejanía, es una atmósfera que se le pega a la piel del lector, como la humedad en los puertos tropicales. Es el pueblo de Kafka, pero a la manera de Rosero. Una inspiración atmosférica que él sabe poner en clave nuestra. Es nuestro pueblo, como el de los Ejércitos, donde están todos los que son y los que no son, los conocidos y los desconocidos, que arman con sigilo y astucia indígena, esa subtrama tensionante, que sirve de cama a la historia que Rosero echa a andar, y en la cual puede uno introducirse como en un rio de palabras en el que se puede bañar dos veces.

Es una novela de referencia. La violencia en ella, es más amenazante que contundente, es más un riesgo que una certeza, es algo que se siente, entre la neblina, los ratones y los malos olores, pero que no se ve, porque como decía El Principito “lo esencial es invisible a los ojos”.  

 

Yo el supremo

Yo el supremo

La derrota electoral que le propició la oposición al régimen bolivariano de Venezuela, importa entre otras cosas, por ser un golpe duro al ego de Nicolasito, al ego político de la cabeza de la revolución. Un hombre alto y asustado, al que la humildad del perdedor no le cabe. La paliza es una afrenta a “Yo el supremo”.   

El hombre de la casaca roja, el telepresidente que como los telepastores, perora con incontinencia, y nos dice todo lo que ha hecho y lo que hay que hacer, el heredero desafortunado del legado de Yo el supremo. Como Bolívar, el hombre de las dificultades.

La derrota, y el consecuente cambio en la composición política del órgano legislativo, que ha sido siempre un apéndice dócil e inofensivo de supremo poder, se convertirá en un peñón de Gibraltar en el zapato del régimen. Ahora va a comenzar a ser efectiva la separación de poderes. Y a pesar de todos los obstáculos, con que desde ya, se está mimando el terreno legislativo para el 2016, la Asamblea Popular independiente de Venezuela, es la que se merece y ha conseguido la mayoría electoral venezolana.

Las ideologías son males inevitables de la evolución social, el mundo sería otro, sin ellas. Todos los “modelos” ideológicos, políticos, religioso, militares, de casta, de la historia, han sido causantes de la mayor infelicidad social. Las ideologías como “modelo único”, son trampas tendidas sobre la vida de cientos de millones de personas excluidas. En una ideología, por principio, no todos caben, lo cual la convierte en un modelo activo de exclusión, lo que indirectamente explica que el principio activo de todas las ideologías sea el fascismo: el modelo genérico de excluir al distinto con recursos violentos. No se cabe en el modelo, si se es comunista, negro, extranjero, rico, bisexual, pobre, materialista, espiritualista, creyente, ateo, por lo tanto debe ser extirpado. La diferencia es el anatema de las ideologías.

En Venezuela la pandilla gobernante levanta un estandarte revolucionario desvaído, una constitución en miniatura, una camisa roja, y proclama su legitimidad porque representa al pueblo. Los que no están dentro de los linderos del pueblo son declarados enemigos. En la lógica de que si no estás conmigo, estás contra mí. Así, medio país se les quedó por fuera. Y hoy, después de las elecciones, el setenta por ciento del país, está por fuera. Si siguen así se van a quedar solas y enquistadas las facciones que dentro de la dirección revolucionaria pugnan por sostener la debacle o por saltar del barco.

La defectuosa democracia inventada en Grecia, si bien es bandera de cualquier satrapía (Bush entró a Irak para llevar la democracia; Putin se tomó Crimea para llevar la democracia), no es en sí misma una ideología. Es la negación del modelo. Son reglas del juego de convivencia para todos, para que por mas diferencias que tengamos, como tiene que ser, quepamos en la misma nave. Las condiciones de agravamiento de la salud del planeta, seguramente no van a ayudar a que la sociedad encuentre finalmente un lugar en donde las reglas, su acatamiento consciente y sus consecuencias, hagan posible un mundo civilizado, sino feliz.   

Las elecciones gananciosas para la oposición, le están diciendo al gobierno bolivariano que no más continuidad, que no más revolución, que no más leyes habilitantes, que no más poderes dependientes, que no más mala economía. No es el fin del chavismo. Los amores y los gobiernos no se acaban en un momento. 

Todos se van

Todos se van

Wendy Guerra ha dejado en su novela unas memorias de la vida en la Cuba de los años setenta, durante el “periodo especial”, que Sergio Cabrera tomó para hacer una película limpia, dura, sumamente agresiva, de amores desencontrados, llena de detalles luminosos, muchos de los amores que fueron víctimas de la “revolución”. 

Narra, a través de un diario, una niña preciosa, una actriz soberbia, un personaje entrañable, sus impresiones, sobre tres momentos de su infancia: la vida con su padre, un escritor alcohólico, agresivo, brutal, que hace de la niña una víctima; la vida con su madre, una artista casada en segundas nupcias con un ingeniero sueco, en la casa en la playa, en la que recibe instrucción escolar, juega y escribe su diario; y en el orfelinato, a donde es conducida, por una justicia injusta, manipulada, execrable, un remedo judicial del tamaño de la revolución.

La sensación que deja el libro y la película, al menos a mí, es la de una consternación reiterada sobre los modelos de sociedad, en las que una ideología que se hace oficial, interviene y modifica la vida de los ciudadanos, para hacer de ellos unos seres desgraciados. Qué fastidio que se siente por la justicia cubana, por sus juzgados, por sus funcionarios, por sus maestros de escuela, más allá de las restricciones que se vivieron durante la época.

En una escena crucial, la maestra de escuela, a donde van los vigías de la revolución, disfrazados de boy scouts socilaistas, se entrevista con el padre de Nieve. Le dice que ha leído en clase un escrito sobre la libertad y la autoridad. Un texto que revela la inversión de funciones sociales de la sociedad cubana, que atenta contra el orden y la autoridad a nombre de una libertad, que no conviene a la revolución. La misma que nos vendió el programa de una sociedad mejor. La maestra le pregunta al padre, muy preocupada,  de dónde cree él que la niña ha copiado el texto leído en clase, él responde que no sabe, entonces ella le confiesa su preocupación acerca de que Nieve, que tiene siete años, esté malinterpretando los principios ideológicos de la revolución.

Es una obra llena de detalles que muestra la cotidianidad, el trabajo, la familia y la escritura. Y no es una obra – novela y film – anticubanas, es una obra que se levanta contra el engendro de sociedad cerrada y asfixiante, que ha hecho que quienes en algún momento la aplaudieron, hoy la aborrezcan. Una novela contra el poder, contra la burocracia, contra la ideología de estado.

Deja un sabor amargo, un sabor trágico, el de una sociedad trágica, en la que la familia, una familia en particular, es víctima de los jefes, de los férreos guardianes de una revolución que no alcanzó a hacer un mejor mundo, pero que puso todo su mejor empeño en hacer que la infelicidad fuera una forma de vivir.

Parecería ser que la novela es biográfica. Y si lo es, la fuerza de los hechos vividos, el dolor del socialismo padecido por una niña de siete años, el peso del estado y de la ley en contra de la familia, son revelaciones profundas, taciturnas y sombrías, que harían pensar que el mejor enemigo del amor es el "socialismo". 

Una triste radiografía

Una triste radiografía

 
Piedad Bonnett – El Espectador 2015/11/29 

Por mi oficio soy requerida a menudo como jurado de concursos literarios, algunos de ellos convocados en colegios y universidades.

La lectura reciente de un número significativo de cuentos escritos por niños y jóvenes de primaria, bachillerato y universidad de todo el país, me lleva a ratificarme en un diagnóstico: el nivel de escritura de los estudiantes colombianos es pésimo. Un verdadero desastre. Y esto lo afirmo después de leer casi un centenar de cuentos ¡que son ya los elegidos como finalistas entre más de 30.000! Cómo serán los otros, me pregunto.

Para ellos las tildes no han existido nunca, la puntuación es aleatoria e independiente del sentido, y la ortografía una función del corrector automático. El punto y coma ha muerto, y allí donde aún respira lo hace en el lugar equivocado. De las preposiciones ni hablar: usos tan errados como inimaginables. Todo ello entraña un menosprecio total del lenguaje, y casi aún peor, desinterés total por la corrección. Nada evidencia una segunda lectura del propio texto: palabras torpemente reiteradas, tiempos verbales incoherentes, frases inconclusas. Y eso, como dije, en los “mejores” del concurso. Este, auspiciado por importantes entidades, fue concebido como herramienta pedagógica y como instrumento para tomarle el pulso a la educación. Y lo cierto es que diagnostica muy bien el problema: varios años de llevarlo a cabo les ha revelado que la gran mayoría de los estudiantes colombianos, incluidos los universitarios, no tiene ni idea de escribir.

Pero las cosas van más allá: me cuentan que el plagio es recurrente. O que hay fraudes. Yo misma encontré cuentos de niños de diez años escritos por un adulto. Un padre escribiéndole a un niño su cuento: ¡imagínense la lección de ética! La noción de literatura también es dudosa: para unos es edulcoración de la realidad, lugar para poner adjetivos rimbombantes, para romantizar la realidad o para concluir con moralejas que suenan como discursos aprendidos. Para otros, oportunidad de contar truculencias o de expresarse con clichés, perpetuando ideas preconcebidas, muchas de ellas machistas. Aunque hay unos pocos que se salvan, al conjunto le falta autenticidad, originalidad, creatividad. Y uno se pregunta qué están leyendo estos muchachos, si es que leen: ¿tal vez sólo libros de autoayuda? ¿Novelones?

Por lo menos la literatura les ha servido para desahogarse. Inevitablemente se refleja en estos relatos lo que acompaña la vida cotidiana de los colombianos: violencia intrafamiliar, asesinatos, miedo, y el fantasma de la violación, una fantasía recurrente. Pero lo fundamental está ausente: la pasión por lo que hacen, el gusto por el lenguaje, una mínima destreza narrativa, y sobre todo la conciencia de que la literatura entraña sentido y que tiene poder político y simbólico. Se escribe como se piensa y aquí lo que encontramos es un pensamiento pobre. Estoy segura de que eso no se debe a carencias intelectuales o de sensibilidad de todos estos muchachos, sino a la mediocridad del sistema educativo. Los organizadores del concurso hacen talleres que intentan cambiar las cosas. Pero sin duda lo que se necesita es un revolcón estructural, que empiece, con urgencia, por capacitar los maestros.

Carta de Macri a Maduro

Carta de Macri a Maduro

Señor Maduro:

Es evidente que usted y yo vemos cosas distintas y de distinta manera. Por ejemplo, donde usted ve enemigos a los que quiere aniquilar, yo veo a venezolanos enojados que le exigen cambios a su gobierno. Donde usted ve una conspiración, yo veo cómo se llevan baleada en una moto a Génesis Carmona agonizando a los 22 años. Y no lo veo a usted. No lo vi en los funerales de esos inocentes.

Donde usted ve fascistas protestando, yo veo gente, veo personas, veo seres humanos que no están de acuerdo con usted. Lo hacen como pueden, son gente, también son el verdadero pueblo venezolano ¿o sólo los que lo aplauden son el pueblo y los otros son enemigos? También veo lo que usted parece que no ve. Veo las motos temibles de grupos paramilitares que en la noche disparan contra civiles desarmados, incluso disparan contra sus casas y departamentos, como muestran los videos en Youtube.

Donde usted ve en las redes sociales solamente difamación y mentira (que la hay, que la condeno), yo encuentro además la indignación verdadera de los venezolanos que tienen allí el único espacio que les quedó para denunciarlo con todas las letras, porque ya casi se quedaron sin medios de comunicación porque usted los cerró, los ahogó, los persiguió y hasta los echó del país ¡Qué suerte que existen Twitter y Facebook para que puedan hacernos saber lo que está pasando en Venezuela!

Los otros días el gobierno argentino le ratificó su “apoyo total y absoluto”. No debería confundir al gobierno argentino con los argentinos, como nosotros no lo confundimos a usted con los venezolanos. No todos lo apoyamos de forma total y absoluta en sus abusos. Yo, por ejemplo, prefiero exigirle la liberación inmediata de Leopoldo López y de todos los presos políticos venezolanos. Elijo pedirle que asuma el control de la fuerzas parapoliciales que esparcen el miedo y la muerte a balazos. Prefiero pedirle que garantice la libertad y se siente a dialogar honestamente con los que piensan distinto.

No son enemigos ni conspiradores los que protestan, son venezolanos.

Mauricio Macri 

Gajes de la democracia

Gajes de la democracia

Lo que ocurre en Venezuela a una semana de las elecciones de Asamblea Nacional, es una ironía, la peor. El régimen chavista subió al poder por la vía electoral, se respetó su triunfo en las urnas, tomó el poder, coparon los cargos, tuvieron el control de la economía e hicieron una constitución. Un juego democrático "perfecto". Lo irónico es que la democracia bolivariana tenga hoy que confesar que no estando segura de su triunfo el seis de diciembre, no reconocerá el de la oposición y como respuesta se lanzará a la calle a defender la revolución. La democracia en su mueca más procaz siempre envuelve una dictadura. El poder no está sujeto al juego democrático.

Para el homo nicolas, de la especie cubanus revolutionatis, el poder es de la revolución, y contra la revolución no va nada. La revolución es un supuesto histórico que está por encima de la construcción democrática, desde los griegos a nosotros. Un algoritmo político de la más pura estirpe corporativa, bajo el cual se ha amparado el franquismo, el nazismo, fascismo italiano, el revolucionarismo institucional en México, el stalinismo, el pinochetismo, la revolución cultural china. Siempre habrá algo por encima de la democracia, el proyecto de los gobernantes iluminados. Se toman el poder porque las convenciones democráticas abren posibilidades a los sectores sociales, pero cuando las mismas convenciones se prestan para desalojarlos del aparato de estado, tras una década maldita para Venezuela, entonces desconocen la democracia y amenzan salir a las calles, como horda, a defender la revolución. Algo que en Venezuela fracasó. Se probó al mundo, que la suma de errores del poder chavista, hizo inviable el modelo. Si subieron lectoralmente no podían haber gobernado como si se hubieran tomado el poder por la fuerza.

Durante toda la semana, en los medios, se ha especulado sobre los escenarios posible, el domingo mismo cuando debemos conocer los resultados. Van mis vaticinios. Nicolasito gana las elecciones. Las encuestas, los vaticinios, la prospectiva, las apuestas, los diagnósticos, todos fracasan. Y los observadores internacionales informan que todo se ha hecho en total transparencia y legalidad.

Nicolasito pierde las elecciones. Se confirman las encuestas, los vaticinios, la prospectiva, las apuestas y los diagnósticos. La OEA dice que Venezuela debe aclarar la situación de crisis electoral. Los observadores no atinan a dar un parte de confianza. La oposición dice que les robaron las elecciones. El gobierno responde con un decreto mediante el cual cierra la Asamblea Nacional, declara que un golpe viene en camino. Nicolasito aparecerá como el bufón supremo de la revolución, con su jubón rojo, diciendo que el gobierno legítimamnete constituido está en la obligación de defender la institucionalidad de una conspiración internacional de la derecha. Un sabor ocre producirán las noticias que lleguen de Venezuela.

La versión histérica: Nicolasito a la cabeza, como lo ha vaticinado, de sus huestes, se lanza a la calle. ¿A qué? ¿Contra todo el pueblo que no está en sus filas? ¿Contra los establecimientos? ¿Contra los políticos de oposición? ¿Contra la Asamblea Nacional? ¿Contra las embajadas? ¿Ante quién van a defender la revolución? O lo harán asesinando políticos, como asesinaron hace dos semanas, a Luis Manuel Días, Secretario regional de Acción Democrática. Lo que está de por medio, es el modus vivendi de una casta atornillada al poder, de estirpe militar, que hizo de la corrupción su estilo de gobernar. 

Ojalá pierdan los chavistas, merecen perder, y ojalá se lancen a las calles, ojalá salgan enardecidos, alucinados a defender un proyecto que ellos mismos pervirtieron, desgastaron, y ayudaron a que se quedara sin oxigeno ni credibilidad. Nicolasito, igual a cualquier coronel golpista en un país centroafricano, cuando pierde  las elecciones. No quisiera imaginar que alienten al paramilitarismo bolivariano a salir con machetes a cortar cabezas.

Hagan lo que hagan, el mundo va a conocer lo que es ser un mal perdedor. Tramposos, revanchistas, resentidos, incapaces de respetar las reglas del juego, incapaces de respetar su propia constitución. Actuando igual que todos a los que el chavismo reventó y desencuevó para señalarlos, encerrarlos, juzgarlos y expropiarlos.  

Si la revolución bolivariana pierda las elecciones el próximo domingo, así clausure la Asamblea Nacional, y salga  las calles a defender la revolución, habrá perdido el último grado de legitimidad que le quedaba al engendro dictatorial que se reclama heredero de Bolívar.

In partibus infidelibus

In partibus infidelibus

“…le gusta tanto repetir una frase famosa de Cesar Pavese, según la cual la literatura es una defensa contra las ofensas de la vida”. Quizás un sentido de la novela de Javier Cercas esté anticipado en la cita, en algún lugar de El vientre de la ballena, en su edición de 2014.

Se trata de una novela, con introducción, en la que nos enteramos que el libro es una reescritura, veinte años después de que apareciera en 1997, cuando Cercas apenas tenía 35 y apenas tenía lectores.

En la introducción nos hace una declaración de principio, respecto al In partibus infidelibus de su condición declarada de filólogo, en el trabajo de hacer novela. Dice Cercas que en aquella primera edición de juventud, el principal defecto del libro era querer ser una gran novela, o una novela grande.

No abandona Cercas, como en sus otras novelas, el primer plano de la reflexión, que da sello a la llamada novela de ideas, que se toma la libertad de especular sobre lo que siempre se especula en las novelas, sobre la condición humana, y la literatura.

La novela española ha encontrado en la metaliteratura, un socorrido recurso, mediante el cual hace de la novela un espejo en ampliación de su propia vanidad. Hacer novela sobre la novela es un rico y delicioso recurso, tan inocente como la masturbación. Además abre la posibilidad de un caleidoscopio. Mirarse en la multiplicación generosa de las imágenes.

Cercas hace una novela literaria, la que cabe esperar de un filólogo, en la que se mueve como una lombriz de tierra, un ensayo sobre Azorín. El bajo fondo de la novela, que Cercas pone muy cerca a la comedia, es una discusión sobre la novela de los personajes de carácter y los personajes de destino. Es generosa en personajes literarios, en citas, en novelas traídas a colación, en fuentes, en frases memorables. En fin, la novela de un filólogo.

El asunto de la comedia, como el de casi todas las comedias, es baladí. Un profesor hora cátedra se reencuentra con el amor de adolescencia, pasan una noche juntos, él se entusiasma y precipita la separación con su esposa, que espera un hijo. El amor de adolescencia está casada, y la señal de una repentina noche de amor que le entregó, seguramente no es más que una venganza contra su marido, y no más que eso. El hombre termina solo, lo echan de la universidad y lo acomete el ridículo hasta lo sublime.

Al final de la novela, el hombre termina viviendo con la secretaria del departamento de la universidad, ella paga la renta y él escribe la historia de cómo un personaje de destino se convierte n un personaje de carácter. Reconoce, una vez eximido de las penosas obligaciones que le impone la vida, como la de ganársela con honradez, que escribe, porque no tiene nada mejor que hacer, porque “ya no voy a ser nadie”.

Un final feliz, sin duda.

Lobos solitarios

Lobos solitarios

 Las guerras “simétricas” eran aquellas en las que a un contendor y otro correspondían, ejércitos contrarios, líneas definitorias, territorios enemigos, retaguardias, uniformes distintivos. Un país, una nación, un pueblo, combatían contra un enemigo definido y visible. En las guerras “antisimétricas” el juego cambió. El enemigo está y no está. O más exactamente, está disperso, camuflado, repartido, sin uniforme, sin zona, sin insignias, como “lobos solitarios”, dispuestos a morir a la manera de kamikazes yahidistas, que van sembrando el terror, asesinando a la población civil, con el propósito de que el terror se instale como el enemigo principal de la sociedad enemiga: occidente y buena parte de oriente.

Lo más terrible del EI es que ha declarado la guerra a todo lo que no sea el Islam, y a buena parte del Islam. Una guerra de restauración del califato, imposible, demencial, tajante, dotada de un arma que cambia los términos de la guerra, el fin de la doctrina Clausewitz, el fin de la guerra convencional, de la guerra de posiciones. La guerra del terror, en la que todo vale, asesinar niños, mujeres, ancianos, turistas, en cualquier ciudad, a cualquier hora. Una guerra no selectiva que juega con la inaudita sorpresa y que está haciendo que Europa se suma en la paranoia.

El guión de una película de horror. Podría llamarse “Lobos solitarios”. Soldados de dios, que van por el mundo sembrando el terror, hasta que el enemigo se les arrodille. Asesinos ubicuos, repentinos de distinta nacionalidad, dispuestos a sacrificarse. ¿Cómo terminaría la película?

En cualquier caso, bien que la hicieran los rusos, los norteamericanos o los franceses, tendría que terminar con una solución a favor. No sería de otra manera.

Pero en la realidad, olvidando que sea un buen guión de una película de horror ¿Cómo tendría que encarar el mundo una amenaza antisimétrica de proporciones bíblicas?

Una coalición gigantesca de todos los países que hoy se sienten amenazados, contra el EI, bombardeos sistemáticos y continuados sobre las franjas donde se ha hecho fuerte el EI, Siria y el norte de Irak.   

Por lo pronto es lo que están haciendo, Rusia desde finales de septiembre, USA, utilizando drones y unidades élite y Francia con todo el rencor después del atentado parisino del 13 de noviembre.

Y podría ser que la película terminase con un bombardeo tal que hasta el último de los yihadistas de las franjas de donde las guerras civiles abrieron el espacio para que fructificara la semilla el EI, fuera arrasado de la faz de la tierra. Pero no podría la película, sería otra, encontrar una solución para enfrentar cientos de lobos solitarios, resentidos, enceguecidos, vengativos, dispuestos a todo, en todo el mundo, dispuestos a estallar a cualquier hora, en la que las multitudes se reúnen para orar o para escuchar rock.  

 

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Que viva la música

Que viva la música

 Un director de cine tiene derecho a hacer güevonadas, es su libertad de creación. Pero también debe estar dispuesto a pagar el costo de hacerlas. Que viva la música, en su versión cinematográfica, no es una adaptación de la obra de Andrés Caicedo, es una caricatura turística del lado oscuro de la ciudad. No le hace honor ni siquiera a María del Carmen Huertas, que en la novela es un personaje auténtico, con matices, que habla. Ni a Cali, ni a la música, ni a la llevadez, ni a la violencia. Es un ensayo híbrido barnizado de una cachondez sin ritmo, de una falsa violencia, de una pobreza escénica que duele, de una crudeza sin sensibilidad. Es un pastiche de folclor urbano, al que ni la música salva.

La película de Moreno, y lo lamento por Moreno, no tiene historia, no tiene actuación, no tiene novela, no tiene tensión, no tiene diálogo, no tiene ritmo, le falta sabor, o si lo tiene, es un sabor a ceniza yodada. Me produce la sensación de un guayabo maluco un lunes en la mañana.

Toda la razón tuvo Rosario Caicedo, la hermana de Andrés, de haber protestado contra esa cosa fácil, desangelada, sin sabor propio, llena de lugares comunes, que es la película de Moreno, autor de obras reconocibles. Que viva la música, es un argumento contra el cine nacional. Es un placebo estético, un destrabe, un anzuelo turístico para atraer gringos, más que una película que revele el corazón oscuro de la ciudad, el sur-norte de la rumba como alma, la sazón aburrida de la burguesía, y la desazón suprema de la pequeña burguesía.  

Uno no se explica cómo leyó Moreno a Caicedo. Es posible que se haya dado cuenta que la novela no podía ser llevada al cine, pero no quiso dejar pasar el papayaso que el mito urbano de la novela le proporcionaba para hacer una película colinchada del prestigio de la novela. Moreno no respiró la atmósfera, no percibió el dolor, ni el alma dislocada de unos personajes auténticamente perdidos, que por perdidos, otorgan un sentido al libro. Por lo que vimos, fue una lectura oportunista la que hizo de la novela. Habría bastado leer el guión para saber que era preferible seguir creyendo que la novela es incinematografiable, que haberla dejado a su suerte, para que se convirtiera en un catálogo estereotipado y vistoso para atraer turistas viciosos.

La honguera en Pance es tosca, mecánica, artificiosa, sobreactuada. Ni siquiera al viajecito le atinaron. Todo es postizo, falso, ni siquiera la violencia es cierta, y eso que Moreno ha visto la violencia que nos rodea, y que ha alimentado artísticamente sus otros trabajos. Parece un juego de gomelos con cámara, pasando un día en Pance.

Y de Paulina Dávila, la discreta diva local, a la que tanto le preocupa lo que pueda pensar su papá, después de tres o cuatro malos polvos que se echa en la película, no le han hecho ningún favor, convenciéndola de que es una actriz, que simula ser María del Carmen. Su trabajo no va más allá de una simulación sin carácter, una mudez sin convicción, apenas matizadas por la risa tonta, de una actriz que no supo a quién representaba.

Y los pedacitos de novela que se les ocurrió meter en off, y que Paulina lee, dan grima, ganas de salir corriendo por la forma desentonada, monótona, pueril, con que ella los lee. No siendo una actriz, lo mejor es que no hable, debió haber pensado Moreno, por eso la película no tiene diálogos, apenas disparos deshilvanados de afirmaciones sin consecuencia; así que la pusieron a hablar en off, pero ni siquiera en off su voz encuentra el tono, ella no sabe leer, no sabe hablar, no actúa, pero eso a nadie pareció preocuparle en la producción. Bastó que se bajara las bragas, que se dejara devorar del indio y  que nos mostrara el cuerpito, aunque fuera escénicamente incapaz de transmitir una sola emoción nítida, porque no las siente, no puede sentirlas, su aburrimiento, más que el del personaje de María del Carmen, es el de Paulina.

La sucia moral homofóbica

La sucia moral homofóbica

Hemos visto y oído a los defensores de la “familia” en una maratón de rabiosas declaraciones contra la decisión de la Corte Constitucional que reconoció el derecho, a que las parejas del mismo sexo puedan adoptar hijos. Se han venido con “argumentos” enjundiosos, como que las parejas del mismo sexo tienen “heridas afectivas” incurables, que el promedio de las uniones homosexuales no pasa de tres años, que las parejas homosexuales influyen en la propensión de los hijos a ser homosexuales,  que es una norma discriminatoria contra los niños, porque en vez de papá y mamá, se le dan dos papás ó dos mamás. La iglesia católica, por voz de Monseñor Augusto Castro, ha ido más lejos al declarar que no importa la familia, que lo que importa es que los niños tengan un papá hombre y una mamá mujer. La iglesia no ha podido ver, que un nuevo tipo de familia ha irrumpido en la modernidad, entre la variedad cultural de familias que existen en el mundo.

La ley en Colombia es clara, en cuanto a las condiciones de los adoptantes: ser plenamente capaces (¿de qué?); tener 25 años de edad cumplidos; demostrar idoneidad física, mental y moral (¿cómo puede alguien, independientemente de que sea heterosexual u homosexual, demostrar idoneidad moral?);y 
tener al menos 15 años más que el adoptable.
Si una pareja del mismo sexo cumple los anteriores requisitos, por qué no puede adoptar. De hecho, aun cumpliendo los requisitos anteriores, la ley ha discriminado y condenado el derecho constitucional de adopción de las parejas del mismo sexo. En el fondo, no habiendo impedimentos de ley, es el prejuicio homofóbico, el que discrimina a la población homosexual, y dictamina que por el hecho de ser homosexual carece de idoneidad moral para adoptar. Es como si a las mujeres se las discriminara por ser mujeres, a los negros por ser negros y a los judíos por ser judíos. ¿En que quedó eso de que todos somos iguales ante la ley? ¿Qué pasó con el espíritu constitucional que impide segregar por razones de raza, religión y orientación sexual? Homofobia católica y goda. Homofobia de una institución minada por los pederastas, y por sectores políticos, en los que se guardan en el closet, pandillas completas de homosexuales.

Un poco por ingenuidad, creí que una de las condiciones para adoptar hijos, fuera que los adoptantes constituyan pareja civil o religiosamente vinculada (como una garantía legal de estabilidad familiar). Pero la ley no habla para nada del estado civil (lo cual viene a decirnos que el estado civil es irrelevante para efectos de adopción), la iglesia tampoco demanda matrimonio como condición de adopción. De haber sido así, tendrían al menos una talanquera legal para impedir que parejas del mismo sexo, que no estuvieran casadas, pudieran adoptar, en un país en el que por discriminación homofóbica y fascista, el matrimonio entre parejas del mismo sexo no ha sido aprobado, gracias a una insolente campaña de la iglesia católica, el partido conservador y el señor Procurador.

Lo que la Corte constitucional ha hecho es restituir unos derechos que de siempre han tenido las parejas homosexuales, pero que sin razón legal les fueron cercenados por la intolerancia fascista de los dueños de una moral bastante inmoral.  

Conociendo la tragedia de muchos niños, ni siquiera adoptados, en familias (legal o religiosamente vinculadas) de heterosexuales católicos y teniendo en cuenta la desproporción entre el número de parejas hetero y homo, en Colombia, a veces sería preferible que en vez de papá y mamá, los niños tuvieran dos mamás, o dos papás.

 

 

   

 

Tríptico de la infamia

Tríptico de la infamia

Pablo Montoya es un escritor extraño, singular, en la literatura colombiana. Es un escritor que actúa como académico, una mezcla de historiador, ensayista, narrador, prosista, y con nombre de corredor de autos.

Tríptico de la infamia es exactamente eso, tres historias de tres pintores víctimas de la infamia religioso colonial provocada por la guerra de las religiones en el siglo XVI. La cultura, entre la cruz y la espada. Y en amplísimo primer plano: América.

Le Moyne, el pintor etnógrafo que se embarca con los franceses rumbo a Florida. El más humano de toda esa expedición, como que fue capaz de prestar su cuerpo para que los indígenas pintaran sobre él, la trama colorida de una naturaleza indeleble. Víctima de los españoles en América. Sobrevivió para contar y regresó a la escrofulosa Europa.

Dubois, la víctima de la Noche de San Bartolomé en Paris. El asesinato en masa de hugonotes (cristianos franceses  calvinistas) más grande del siglo. Los hechos comenzaron en la noche del 23 al 24 de agosto de 1572 en París, y se extendieron durante los meses siguientes a toda Francia. Dubois pierde a su mujer y a su hija, escapa y llega a Ginebra, en donde va a hacer la pintura de la infamia. Carlos IX y su madre, Catalina de Médici, temían que los hugonotes alcanzaran el poder. Por eso ordenaron la masacre.

De Bry es el ilustrador de la serie de la infamia. Va ser quien en una serie de grabados, en una secuencia progresiva basada en la La brevísima relación de la destrucción de las Indias, de cuenta de la infamia como si fuera una estela de muerte y destrucción movida por la fe divina, susceptible de representarse. Aunque “la realidad siempre será más atroz y más sublime que las formas de mostrarla”. Con lo que la representación ganó la altura de denuncia, según dice De Bry (América).

Tres novelas breves en una prosa labrada y sostenida. Un pequeño fresco literario que engarza la vida y obra de tres pintores que saltan entre las historias, participan en las otras novelas,  personajes de la misma tragedia: la violencia a la que las religiones llaman.

Bien hicieron los jurados del Rómulo Gallegos al seleccionar el Tríptico, como novela ganadora en su edición 2015. Ella es una denuncia literaria de las intolerancias del siglo XVI, que por esas diacronías históricas, siguen tan vivas en una época que ya no se necesitarían religiones. Al Estado Islámico, bien que le caería una noche de San Bartolomé en Siria

En las elecciones todo vale

En las elecciones todo vale

Algunas cosas de bulto de las elecciones del domingo. Esas que en el lugar común periodístico “reconfiguran el mapa político”. En Colombia el mapa político cambia de manos entre las mismas pandillas de siempre, las que vienen desde 1819 hasta hoy, dos siglos apenas, en los que la tierra no ha hecho más que cambiar entre las mismas manos.

El gran elector, vicepresidente de la unidad nacional, jefe de CR, superministro de obras públicas, gerente nacional de infraestructura, dueño de una chequera billonaria que le arrebató al Ministro de Hacienda, un día en que se indignó por el retraso de sus giros. Yo también estoy harto del Ministro Cárdenas, de la Dian, pero no les arrebato ni un gesto. Con la política del todo vale le echó el zarpazo al mapa, coronó sus caciques, aseguró lealtades locales, afianzó complicidades y comprometió recursos. Con seguridad va a tener algunos énfasis en la distribución de la inversión nacional en obras. Su campaña comenzó. Si no le temieron a Uribe, témanle a Vargas Lleras.

A Angelino le llegó la hora de la retirada a sus cuarteles de invierno, en lo profundo de su patria boba. Monse habrá de sacarlo en sudadera al solar. Y entonces podrá dedicarse activamente a dictar sus memorias. Él, que no quiso ser olvidado. Espero que en el 2019 no lo tengamos de candidato a la alcaldía de Yotoco.

Los liberales, el pereirano Gaviria y el oscuro Serpa, promocionan el triunfo nacional y contundente del PL. Doce gobernaciones, cuatro liberales, y ocho compartidas. El espantajo rojo, erizado de victoria. Con personajes oscuros, como Didier Tavera y Luis Pérez. El partido de Honesto Samper. Cómplice de todas las porquerías que desde los partidos se le han hecho al país. Aliados del poder, chuparruedas de la U, el golem que Santos se hizo para sí, aunque sirviera para reelegir a Monseñor. Era la época en que era un buen muchacho y se prestaba para ser Ministro de la Defensa, la misma de los falsos positivos.

A Monseñor Uribe lo derrotaron en Antioquia y Medellín. Su orgullo de varón debe haberse resentido, quiera dios que Lina le haya puesto emplastos. El CD se redujo en proporción a su beligerancia de halcones y palomas. Tiene cien concejales y cincuenta diputados que no tenía. Y lo más importante se quedó con la gobernación del Amazonas. Lo de Antioquia y Medellín fue un efecto de encuesta. El líder previó que perderían, él fue el primero que supo que lo iban a derrotar en casa. Pero él también sabe que perder es ganar un poco. En Cali le apostaron a Armitage.

A Fachito Santos le permitieron un honroso cuarto lugar en la carrera por quedarse con el Palacio Liévano. Hizo lo que pudo, me consta, se gastó cuatro sudaderas de terciopelo durante la campaña. Pero fue que lo mandaron solo. Ahora ya puede regresar a casa, tomar un chocolate caliente, lavarse las manos e irse a dormir.

En Cali fue Armitage. Lo estuve viendo con atención en una serie de fotos publicadas en las redes y en los periódicos y le encontré parecido a Nosferatu, el de Herzog. Un alcalde que dice que no es político, completamente rodeado de políticos, que como pollos hambrientos le cayeron cuando Angelino se quedó dormido. Hay quienes dicen que se lo van a comer vivo. Otros dicen, no, Maurice sabe indignarse, cuando se encoleriza es capaz de llorar. Todos le van a cobrar la adhesión y él lo sabe. Ya veremos cuánto hará llorar la alcaldía y el Concejo, al empresario social que nos ha prometido seguridad e inversión social.

Y por último, el democrático caso de John Calzones. Un antiguo vendedor de bragas, hoy preso en la Modelo por urbanizador ilegal y testaferrato. Se lanzó por el movimiento Bendición a la alcaldía de Yopal y ganó. Con ese nombre de su movimiento tenía que ganar. Iba bendecido aunque estuviera tras las rejas.

No sé cómo no se le ocurrió a Popeye lanzarse durante el tiempo que estuvo encerrado, mostrando la mejor buena conducta. Habría ganado la alcaldía de Medellín, aunque no hubiera podido ir a posesionarse.

¡Democracia, democracia, Bendita seas, aunque me mates!

 

El reparto geoestratégico

El reparto geoestratégico

Siria terminó siendo el tablero del juego geoestratégico mundial a escala, donde se dieron cita sangrienta todas las fuerzas que disputan el poder en el mundo. La guerra civil siria abrió la puerta para el ensayo a sangre y fuego de un nuevo califato, que encontró el caldo preciso para poner sus huevos. La ultra extrema yihadista, con un proyecto, que la hace más peligrosa y agresiva que Al Qaeda. Para la intervención rusa, norteamericana y china. Y lo que se diputan es nada, el sentido atávico de la supremacía, tal como hace cinco mil años en Asiria.

Bashar Al Assad aun preside un gobierno ultracorrupto que no ha caído, solo y exclusivamente por el oxigeno que los rusos le han dado. Siria es a Rusia, lo que Israel a USA. Sus lazos de cooperación datan de hace cincuenta años. Y por tal relación, Rusia puede tener bases sobre el Mediterráneo, acceso a las fuentes petroleras, y una cabeza de puente en el medio oriente. Hace quince días los aviones rusos iniciaron una escalada de bombardeos selectivos a diferentes lugares en Siria. Putin dijo que era la parte del compromiso en la lucha contra el terrorismo, que Rusia asumía como suyo. Aunque el Ejército Libre Sirio dice que los bombardeos no se hicieron contra el EI, sino contra ellos.

El Gobierno norteamericano confirmó hoy la muerte del "emir" del Frente Al Nusra (la filial de Al Qaeda en Siria) en la provincia de Latakia, el saudí Abdelmuhsen al Sharej, en un bombardeo aéreo el pasado jueves.

A mitad de julio de este año fuerzas especiales Delta entraron a Siria en una operación relámpago, sin informarle al gobierno sirio, para eliminar a Abu Sayyaf, el emir del petróleo” del EI.

China refuerza sus posición de apoyo a Siria ante el hostigamiento mediático, político y económico de Estados Unidos, la Unión Europea y algunos países árabes, sostuvo el enviado especial de China para el Medio Oriente.
El interés de Beijing está en el mismo sentido de Rusia.  

Se sabe de fuentes oficiales de un fuerte deterioro de las relaciones entre China y Japón, que le abre a USA, una nueve fuente de conflicto en el extremo asiático, que generaliza la tensión asiática, y que influye en la distribución global de fuerzas que se han dado cita en Siria.

Los insurgentes del Ejército Libre Sirio, una fuerza nacional de resistencia contra el gobierno de Al Assad, formado en su mayoría por desertores del ejército oficial, reciben entrenamiento y asesoría de la C.I.A, el Mossad, las fuerzas especiales de Turquía, Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y Jordania. Son formados en la modalidad de guerra de guerrillas urbanas.

Todos los actores mundiales de cualquier posible conflicto están presentes en el tablero sirio. Y como matones de barrio, todos con su presencia, su fuerza y capacidad de intimidación, quieren quedarse con su pedazo. Una tierra de nadie donde la confrontación global ha encontrado un escenario para mover las fichas. Mientras la víctima de la tragedia, el pueblo sirio, o ha tenido que largarse de Siria, morir, o vivir bajo las ruinas de lo que antes fue un país.

 

 

Oficio de perdón

Oficio de perdón

 El encuentro, histórico, entre Santos y Timochenko, tiene dos lecturas, o se llegó al punto de no retorno, o las Farc y el gobierno están engañando a los colombianos. Si nada está acordado hasta que todo esté acordado, más que una noticia, a lo que asistimos la semana pasada, es a un montaje. Un acuerdo para mandar una señal de optimismo, de que las cosas van andando, una inyección de adrenalina política al ánimo sombrío de la sociedad civil.

Y no solo no todo no está acordado, sino que la fecha a que el gobierno presionó a las Farc, para que se tomaran la foto, casi de inmediato, un par de días después, fue puesta en duda por Timochenko, en entrevista que le concedió a Piedad Córdoba. Falta mucho. Y cada punto que agita los ánimos en la mesa en La Habana, habrá también de agitar la política interna. Desde que comenzaron las negociaciones, toda la política en Colombia, incluyendo las campañas electorales, se han puesto a girar alrededor de lo que pasa, no ha pasado y va a pasar en la mesa.

El tribunal especial de justicia y la comisión de la verdad, son por lo pronto, dos organismos cuya creación va a agitar, de hecho ya lo está haciendo, toda la política. Santos puso al país político a girar en la órbita de su proyecto de paz. Serán irreconciliables los puntos de vista. Pero el gobierno con sus mayorías hará aprobar el Congresito, un aparato temporal de justicia, que supuestamente hará fluido y ágil la aprobación de un marco jurídico para todo el proceso, la terminación del conflicto y el posconflicto. Hará aprobar el tribunal especial y la comisión de verdad.

Un país con un sistema de justicia que coexiste con un 96% de impunidad, no logrará hacer justicia a las víctimas de los actores violentos, no logrará que digan toda la verdad, ni logrará la reparación completa, y menos la promesa de no repetición. Aun así, la dinámica del proceso de paz, está empezando a moler a quienes se le oponen, aun con argumentos plausibles. Ayer en New York , el Secretario de Estado, Kerry, y el Vicepresidente, Biden, han dado el espaldarazo oficial del gobierno de USA, al proceso, en el marco de su interés de que se desmonte la última guerrilla del continente, mientras se restablecen las relaciones de USA y la Cuba. Con lo que Obama podrá frotarse las manos y decir que hizo el trabajo bien.

Si se silencian los fusiles de la Farc, si se deja de atentar contra la población civil, si se suspende el reclutamiento, las acciones contra la infraestructura y el medio ambiente, y se avanza en el desminado, ya habrá valido la pena tragarse los mil sapos de la paz, con la que terminaría la guerra que jamás se ganó. Es hora de pasar a otra cosa, pasar la página.

Quizás los problemas del posconflicto, las nuevas tensiones en escenarios un poco más civiles, no las hemos terminado de imaginar. Pero será otra cosa, otra historia. Aunque la barbaridad, el extremo salvajismo a que llevó el conflicto, se pueda o no perdonar.

Hoy se dio a conocer una encuesta en donde el 56% de los encuestados dijo que perdonaría a la guerrilla, 53% a los actores oficiales y el 50% a los paramilitares. Medio país que perdona, es una muy buena promesa, o no está diciendo la verdad.

La turbulenta digestión nacional de todos los sapos que hemos tenido que tragarnos, o causará una regurgitación batracia de futuros conflictos, o se cumplirá aquello de "que lo que no mata engorda".

Ser libres de no ser neutrales

Ser libres de no ser neutrales

Una consecuencia de la libertad, es la libertad de prensa, ser libres de no ser neutrales.

“Soy un periodista y mi trabajo es hacer preguntas. Donald Trump es un candidato a la presidencia de Estados Unidos y su trabajo es explicar qué haría si llega a la Casa Blanca. Su trabajo y el mío chocan”. Así resumió el periodista Jorge Ramos, el incidente en la rueda de prensa con el candidato republicano, en el que uno de sus guardaespaldas los expulsó del salón.

En la revista Bocas del domingo pasado aparece una entrevista a Claudia Gurisatti en la que se refiere a haber llegado a la dirección del noticiero RCN, hace seis meses, con una declarada posición política:“Me tiene sin cuidado. Se pueden caer todos los opinadores diciendo que soy uribista, o más uribista que el uribista. Yo hago este trabajo porque me encanta el oficio periodístico. ¡Y claro que tengo una posición política, como la puede tener cualquier otro periodista! Cuando era periodista rasa, y estaba aprendiendo a ejercer este oficio, veía a las Marías en QAP [María Elvira Samper y María Isabel Rueda, directoras del noticiero] haciendo una oposición férrea a Ernesto Samper”. “¡Qué importa! ¿Cuál es el problema de tomar posiciones editoriales?”. “En una democracia los medios pueden tenerlas. De cuándo acá nos escandaliza si siempre ha sido así. Lo que sí es una caricatura es decir que todo lo que hago o dejo de hacer en el noticiero es por uribismo o no”. ¿Qué tienes contra las caricaturas Claudia?

Jorge Ramos es un periodista rico, miembro de varias empresas, accionista, dueño de bienes raíces, al que se le ha acusado de ser más activista que periodista. No sé qué tan rica sea Claudia, qué tantos bienes tenga, supongo que su cargo en RCN sea bien remunerado por Carlos Julio Ardila. “Mi jefecito divino”, dice ella. No le importa que hayan dicho que tuvo o tiene una relación con él. Ella tiene veinte años de ejercicio profesional y se siente con el derecho de decirle la verdad, y nada más que la verdad, a la revista del Tiempo.

No se trata del asunto de la parcialidad política del reportero. Todos los periodistas tienen ideología, un punto de vista político, les desagradan o agradan tendencias, grupos, personas. No es posible un periodista neutro, aunque quiera parecerlo. De ahí justamente, que lo más sospechoso y abominable, de la prensa sea que pretenda ser neutral. Y cuando digo neutralidad, me refiero a un imposible moral, informativo y editorial.

Que la Gurisatti sea uribista, o que Ramos sea activista de los derechos de los inmigrantes, como mexicano y periodista, es lo real. Que no lo oculten, si pudieran, parecería ser el juego más honrado. Pero aún así, resultan víctimas de quienes los acusan de haberse entregado a la ideología del medio, RCN y a Univisión, con lo cual habrían entregado su independencia. Voluntaria o involuntariamente. Pero es que la independencia del periodista no vale sino en relación al medio. No se es independiente del medio ¿Qué es un periodista sin medio?

No ser neutral, no poder serlo, significa, y a veces se nos olvida, perder la independencia. Y bajo esa circunstancia real el consumidor de los medios debería poder interpretar el carácter del medio y el papel del periodista. El periódico El Tiempo se fundó para defender las “ideas y los gobiernos liberales”, el Siglo, para defender las ideas y los gobiernos conservadores. Dos periódicos heráldicos en Colombia, que han tenido tanta responsabilidad, como los gobiernos y los políticos en todo lo que ha sucedido durante el siglo XX, y lo que va corrido del actual.

A la hora de un juicio histórico a los medios, todos tendrían que responder por su dependencia de los poderes en juego, por sus banderías, por sus posiciones editoriales y su enfoque informativo. Tanto como los periodistas que renunciaron a cualquier neutralidad, para favorecer al consumidor, poseídos de la certeza de una convicción, o para favorecer al medio que los paga.

“Me han acusado de ser un activista – dice Ramos – pero soy, sencillamente un periodista que hace preguntas. Lo que pasa es que, como periodista, es necesario tomar partido y asumir un punto de vista cuando se trata de racismo, discriminación, corrupción, mentiras públicas, dictaduras y derechos humanos”. Yo agregaría, cuando se trata de todo.

Tendríamos unos medios más transparentes, si en “declaración de principios”, nos dijeran a los consumidores, qué defienden, contra quién están, qué buscan, qué bandera levantan. Si de una vez por todas aceptaran y reconocieran la dependencia a los poderes y contrapoderes. Y otro tanto los periodistas, sobre los que en particular recae el juicio a los medios. Que nos expliquen cómo es que un periodista se hace rico, influyente, consentido del medio. Que nos expliquen sus relación con los poderosos, tanto de amor y odio. Tal vez entonces los medios nos ayudarían a tener un sentido más preciso para interpretar la maraña de información y opiniones con que todos los días nos avasallan. Los grandes medios sobre-informan, lo cual es una forma perversa de desinformar.

El problema no es que los periodistas tengan opinión y posición política, lo grave es que pretendan camuflarla, disfrazarla para dar una pretendida imagen de neutralidad de la que todos carecen: una compota envenenada.

“Los mejores ejemplos de periodismo que conozco -Edward R. Murrow contra el senador Joe McCarthy, Walter Cronkite denunciando la guerra de Vietnam, o el diario The Washington Post obligando a renunciar a Nixon, entre muchos otros- han ocurrido cuando los periodistas toman una postura y se enfrentan a los poderosos. "Debemos tomar partido", decía el premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel. "La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima."

 Es inevitable tomar partido, es decir, perder la independencia frente al medio. Si el medio no puede ser neutral el periodista tampoco. Lo cual no exime ni a los medios – como institucionalidad comunicativa - y a los periodistas, del juicio social que pueda hallarlos culpables o inocentes de haber abrazado distintas causas.

No ser neutrales, no significa no estar equivocados.

El sofá y la sofá

El sofá y la sofá

La condena a trece años de prisión a Leopoldo López no sorprende a nadie. Lo que sorprende es que el régimen haya producido una sentencia que más le sirve a la oposición interna y externa de Venezuela. La noticia la retuvieron durante dos días. Y la andanada internacional fue casi inmediata, medios, organismos de justicia, tribunales, se pronunciaron contra un fallo político por razones políticas. No así los países de la región, que siguen guardando una cauta y miserable discreción ante Venezuela.

El régimen tuvo entre sus cálculos una reacción popular, a la que el propio Leopoldo llama, en una carta desde prisión. Una oleada de descontento callejero como la del 2014, habría sido la reacción precisa para declarar una turbación pública que hubiera obligado a postergar las elecciones. Pero no se produjo, al menos no todavía. La oposición, la gente en Venezuela tiene miedo. Ya vio las fauces del régimen, sintió el vaho bolivariano, la fuerza del paramilitarismo oficial, la mansedumbre del aparato de justicia. Ha visto el tratamiento que se les ha dado a los presos políticos, la forma de capturarlos e incriminarlos. No le han visto temblar la mano a Maduro.

Maduro no pudiendo explicar la crisis de Venezuela, no pudiendo decir la verdad, no pudiendo reconocer la responsabilidad del régimen, necesita argumentos para explicarla: el complot internacional, el asalto paramilitar del uribismo, la manipulación de los precios del petróleo, la infiltración colombiana, la actividad de los medios.

Nada le serviría como la verdad, lo único que jamás aceptará, que no dirá. Pero no por una simple razón de transparencia, que siempre ha de resultar ajena los gobernantes, sino por una razón práctica: solo con la verdad se podría enmendar el rumbo.

Echarle la culpa a los medios es una tontería más del tamaño del propio Maduro. Es concederles un poder que no tienen, el de crear la crisis. Ahora, que los medios, a la crisis venezolana le den un tratamiento animado por su posición a favor o en contra del régimen, es lo de esperar en un estado de libertad de información y opinión. Pero no, para Maduro los responsables son los medios, igual que para los corifeos latinoamericanos del chavismo, el régimen político no tiene ninguna responsabilidad en la concentración de poderes, en el manejo primitivo de la economía, en las violaciones de derechos humanos, en las relaciones internacionales, en la crisis de abastecimiento. Los medios han creado el caos. Cómo entender entonces que no lo hayan tumbado con semejante poder.

Maduro soluciona en términos de opinión el problema venezolano vendiendo el sofá y la sofá.   

 

Delirio

Delirio

“…la sangre como le leche hervida siempre están esperando una oportunidad para derramarse…”

La demencia, el trastorno, la enfermedad, el desconocimiento, la ausencia, la simulación, la puta locura. Es el hilo fuerte de la novela de Laura Restrepo, Delirio, en la que una mujer, Agustina Londoño, se pierde en su cabeza.

El segundo hilo, la familia. La familia en Alemania, la familia alemana en Sasaima y la familia de Agustina y Aguilar. La familia por la que todo resume, por la que todos andamos, por sus trochas oscuras y claras, los pasados compartidos y los ocultos. La propietaria de todos los pasados, la legataria de los secretos y las pestes. El origen de la demencia está en la familia. La misma responsable de la acumulación primitiva del narco-capital que hizo posible abrir el mercado a punta de política y negocios, que se tomaron el país y su economía hasta hoy.

Y el tercer hilo, el dinero. Sin el dinero la novela no tendría el flujo de energía que le inyecta todos los motivos que movilizan a los personajes,  salvo el motivo del delirio autista, de Agustina, que compromete a Aguilar hasta lo último y a la tía Sofi. El dinero mueve familias, mueve ciudades, mueve al mundo. Detrás de cualquier causa, y entre más noble lo sea, más se hallará la mano negra del dinero. Pablo Escobar se inició en el negocio de la cocaína, después de que conoció a Griselda Blanco, y se abrió al mercado, con los dineros que la burguesía bogotana y paisa le prestó para el arranque. El negocio fue sencillo, pagó exorbitantes intereses a los del dinero, para hacerse a un capital de trabajo que se movió a una velocidad de recuperación tal, que en pocos años hizo ver a los más ricos, como simples carrieludos, al lado de Don Pablo.

Delirio muestra el delirio de Colombia en los setenta. Una novela “setentera” que cruza tres historias: la de la familia de Agustina, la de los socios capitalistas de la mafia, con agente de la DEA incluido, y la de Aguilar, un pobre profesor universitario, que intenta saber qué pasó con su mujer mientras estuvo ausente de miércoles a domingo. Cuando se fue, ella se quedó pintando de verde las paredes del apartamento y al regreso la encontró en el hotel Wellington convertida en un ser aterrado y aterrador.

Es una novela de clara sutileza femenina, el bordado de voces, el cambio de focos, el juego de luces, el aire de la escena, y un narrador que alterna con las primeras personas, salvo Agustina, que siempre se narra en voz de otros, todos hacen foco a ella, pero ella no habla. En un estilo indirecto impecable, el narrador, nos dice a los lectores, lo que Aguilar dice. Tiene un ritmo sostenido, no se cae, es de aire largo, respira bien en esas secuencias escénicas prolongadas, como los párrafos decamétricos de Don José Saramago. Hay un sostenido rítmico que pone el cruce de las tres historias en una relación como la de los movimientos en la sinfonía. Movimientos no lineales en secuencias paralelas que se hilvana como una tela de araña. La novela tiene la mano fina para las sutilezas de edición. Utiliza un lenguaje “colombiano”. Muy colombiano, local, que ambienta la historia en la Bogotá que conoce Laura Restrepo.

Saramago dijo que “cuando el nivel de escritura llega hasta donde lo llevó Laura Restrepo, hay que quitarse el sombrero”. Premio Alfaguara 2004 y Premio Grinzana Cavour 2005.

Una novela que respira como una de esas negras campeonas de salto largo, y acompaña a ritmo sostenido la lectura de un lector cualquiera. 

Un loro hindú declara ante la policia por obscenidades que lanzó a una mujer

Un loro hindú declara ante la policia por obscenidades que lanzó a una mujer

El Pais- España- Internacionales

Un loro, Hariyal, ha tenido que ir a declarar ante la policía de Rajura, en el estado occidental indio de Maharastra, tras ser acusado por una mujer, de 75 años, de decirle obscenidades a instancias de su hijastro, algo que no pudo probar, pero que provocó que lo echaran de casa.

El loro, el vecino, la mujer y el hijastro comparecieron ante la policía de Rajura a instancias de Janabai Sakharkar, la mujer, que asegura que su hijastro enseñó palabrotas a Hariyal, el loro del vecino, para que se las recitara cada vez que pasara.

Aunque India es un país que otorga una particular protección a los animalesmonos  en el Parlamento y vacas que caminan apacibles por las autopistas(en Maharastra matar un bovino acarrea cinco años de cárcel)—, Hariyal fue llamado a declarar. "Le pedimos al vecino que viniera con el loro y le dijimos a la señora que hablara con él para ver si era verdad que la insultaba", explicó el juez Dongre tras el careo entre acusadora y acusado.

Después de 15 minutos de silencio el loro acabó desmontando la acusación de la demandante. Dongre le pidió al vecino que se llevara a Hariyal, él solicito que se lo declarara libre al loro y fuera de todo cargo. el loro. Así que lo dejaron libre, pero él en vez de volar se quedó junto a su dueño. Ante tal situación, la policía se vio obligada a apresar nuevamente el loro y llevarlo ante otra instancia de las autoridades. Llamaron  a los guardias forestales y le entregó a Hariyal en custodia.

(¿Si hubiera que encontrar la moraleja, cuál sería? 

Donald, vade retro

Donald, vade retro

 Donald Trump con seguridad es el candidato de Homero Simpson.

¿USA y el mundo corren el riesgo de tener en la Casa Blanca a un imbécil, multimillonario, lenguaraz, sordo y con un bello peinado de trapero brillante, que demuestra que en su cabeza hay pelo?

Pero, si como decía alguien, los norteamericanos pudieron poner a un hombre en la luna, por qué no podrían poner a un imbécil en la Casa Blanca. Si reeligieron dos veces al mutante Bush, porque les hablaba de guerra y democracia, y porque además no tenía el horrible pecado de Clinton, habérsela hecho mamar de una becaria en el pasadizo del salón oval.

Donald Trump es una versión recargada y mucho más agresiva que la eximia Sara Palin, la señora que desde la cocina de su casa en Alaska veía todas las mañanas el Asia. A su conocimiento del negocio sumemos su ignorancia del mundo, como le acontece a muchos republicanos, inversamente proporcional a la capacidad obscena de Trump para hacer dinero y mandar a escribir libros donde sus consignas son: los queremos ricos a todos, venga le enseñamos cómo hacerse rico, cómo me hice rico, lo más importante en la vida es la riqueza.

Para nadie es un secreto cómo se forjó la riqueza norteamericana en el siglo XX. Con el esforzado trabajo de laboriosos jornaleros norteamericanos, y con el trabajo de millones de personas en todo el mundo. El modelo neocolonial de la economía consistía en obtener materias primas baratas, como fuera, y en tener un mercado mundial dispuesto a comprar todo lo que los buenos jornaleros producían en el país de las máquinas y el capital.

La lógica de Donald con México – con Latinoamérica – es igual a la de Nicolasito. Donald acusa a los mexicanos de llevarle a USA el crimen, la droga y la pobreza, el otro acusa a los colombianos de llevarles el narcotráfico, el paramilitarismo y la pobreza a Venezuela. Ambos déspotas se apoyan en agresivos sentimientos xenófobos que les dan un resultado interior. A la xenofobia de Trump el electorado republicano responde dándole favorabilidad en las encuestas, hasta conseguir que nuestro Donald, aparezca como un ganador, como lo que es y ha sido.

 Al Rey Ubú, la histeria no le ha dado para tanto. Si hubo un lugar donde de verdad se sintió el vacío de Chávez fue en los supermercados. Con unas elecciones perdidas. Un cartel militar en la mira internacional de objetivos. Su cierre de frontera fue una payasada más, insostenible, económica y políticamente. Lo que más le convendría sería un choque efectivo en la frontera. De hecho la guardia nacional venezolana ha hecho más de 45 hostigamientos durante 2015 en la frontera.

Con USA nunca se sabe. Responsable de grandes logros para el mundo, pero al mismo tiempo, responsable de las peores infamias contra el mundo. En un país así nunca se sabe. En todo caso, y para prevenir, diremos una vez al día: Donald, vade  retro.

Dios nos libre de un imbécil al que se le podría ocurrir declararle la guerra a China o comprarse la isla Reunión para un reinado.

Donald, vade retro.