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Alberto Rodríguez

De Polo a tierra

De Polo a tierra

Si bien el Polo se hizo el de la vista gorda, frente al carrusel de los hermanos Moreno, que no han hecho más que prolongar una legendaria tradición familiar, no se podrá decir que fue su cómplice. Porque los Moreno, que son el ala samperista del Polo, no gobernaron con el Polo, cogobernaron con la U. Eso no los hace menos culpables, aunque sí más inútiles políticamente.

El ventilador de los Nule, los rabos de paja, las amistades peligrosas, los indicios dejados, no favorecen el futuro político de los hermanos Moreno. Samuel quizás no regrese nunca a la alcaldía. El Santo no se decide aún a elegir de la terna que le envió el Polo. Parece muy complacido con que su Ministra de Educación siga inaugurando obras públicas. La terna presentada por el Polo reúne a tres ejemplares de la vieja izquierda. A Moreno que viene del Moir, a Clara que está cerca del PC y sus jerarcas y a Tarcisio que viene del movimiento sindical, de Fecode. Dejarle Bogotá a uno de ellos, además de un acto de irresponsabilidad política, raya con el mal gusto.    

En una situación tan crítica es apenas natural que el Polo no tenga candidato. Los que hubieran sido sus dos mejores candidatos, Garzón y Petro, tuvieron que irse de las toldas del Mariscal Robledo. La única carta que tienen para la alcaldía de Bogotá. El realismo político diría que el Polo no va a conservar la alcaldía. Pero necesitan un candidato. ¿Y si no es Robledo, quién? Los demás, salvo Iván Cepeda y Germán Navas,  son una mezcla de corruptos y bobos, con un discurso lleno de lugares comunes, unos chiflamicas sin gracia que apenas hacen bulto.

El Polo a través de la gestión activa de los Dussán y compañía, hicieron la labor de enlace con la extinta Anapo y con el extinto samperismo, para poner a Samuel en la alcaldía. En eso empeñaron al Polo, lo llevaron a su descomposición, malbarataron casi diez años de avance de la “izquierdas democrática”. Utilizaron al Polo en una conspiración de liberales corruptos, que hicieron otro tanto, de lo que han hecho los uribistas.

Es posible que los hermanos Moreno terminen en una casa vecina a los Nule. La izquierda golpeada, con una inversión política despilfarrada, con una imagen enfangada. Será otra vez, la vieja izquierda, el Moir de Robledo, el que juegue la última carta política, tras un experimento de unidad, que terminó en otras manos.

El mundo de la política se ha contaminado más que el río Bogotá, al punto que hasta podríamos terminar añorando a la vieja izquierda.

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