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Alberto Rodríguez
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La tristeza de Benedicto

La tristeza de Benedicto

 Que los votos de castidad con que los curas aceptan los designios de la orden, sean un asunto circunstancial, que no obliga, además porque el instinto no es fiel más que a sí mismo, no explica por qué el instinto de los pastores es tan marcado por los muchachos. Lo que no descarta, que muchos de los pastores sean normal y clandestinamente heterosexuales, y gocen con una colegiala, o una señora separada.

Ignoro, si hay estadísticas de homosexualismo por profesión u oficio. Por ejemplo, información sobre si entre los abogados es mayor o menor la tasa de homosexualidad, que entre los militares, o entre las trabajadoras sociales. Los escándalos de pedofilia en España, Australia, Alemania, Colombia, Brasil, México, Estados Unidos, Inglaterra, y ahora Irlanda, que han causado una gran pena a Benedicto, revelan una propensión de los curas al homosexualismo. No creo que sea suficiente con pensar que el confinamiento conventual o la formación en seminarios, sea la única fuente de la propensión. Una especie de aprendizaje sexual condicionado a comunidades exclusivamente masculinas. El mismo factor que explicaría el lesbianismo en los conventos de monjas o en las cárceles de mujeres.

La semana pasada conocimos la historia de un pastor brasileño de 82 años que se gozaba a su monaguillo de quince. El monaguillo y uno de sus compinches situaron una cámara de video, de tal forma que pudieran grabar la sesión de desahogo del senil presbítero. Así que después de la primera misa, el pastor se llevó al monaguillo al cuarto de la epifanía, le bajó los pantalones, le besó el sexo y luego lo penetró con familiaridad, mientras desde un ángulo de la habitación, la escena quedaba registrada en una cinta de video, que una vez el presbítero se echó su polvo, fue repartida a los medios. La noticia se dio a conocer en los noticieros de la noche, cuidando de velar los pasajes más sensibles para las audiencias. Al día siguiente los reporteros se apresuraron a llegar hasta la parroquia. Cuando uno de ellos le pidió sus comentarios sobre el video que se había emitido, el pastor dijo que no comentaba su vida privada. Se levantó y dejó al reportero con un palmo de noticias.

El jueves anterior el New York Times implicó directamente  Benedicto en el encubrimiento del “monstruo de Wisconsin”, un pastor que abusó de 200 niños sordos, mientras aquel era jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Un par de semanas antes se lo había señalado por el mismo delito de encubrimiento culposo a un pastor alemán abusador, mientras ejercía el cargo de Obispo de Múnich. Con un Papa así… No sé de las preferencias sexuales de Benedicto. De un Papa lo menos que uno pensaría es que fuera bisexual. De un obispo alemán, cabría pensar que prefiriese a los muchachos.

Benedicto les escribe a los irlandeses, expresándoles su “vergüenza” por la pedofilia de los curas durante toda una vida. Y anuncia medidas para la “curación y renovación” de la Iglesia. Sean Brady, dirigente de la iglesia católica irlandesa, saluda la misiva del Papa y expresa su deseo por el “renacimiento de la iglesia”. “Más aspiraciones que sustancia” se quejó de la carta de Benedicto, John Kelly, el representante de la Asociación de muchachos abusados.

Supongo yo que la curación debería ser una castración colectiva de pastores irlandeses, como quien capa pastores alemanes. Que tal vez no sea el remedio, pero sí un buen castigo. Algo público, transmitido por la televisión, sobrio pero aleccionador. Para que en adelante los pastores de todo el mundo, entiendan que solo después de la curación estarán listos para renacer.      

 

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