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Alberto Rodríguez

Estado de no opinión

Estado de no opinión

Un señor, Mauricio Botero, que tiene una columna en El Espectador dominical, dijo hace un par de semanas, que no les presta atención a las opiniones sobre arte de los políticos, ni a las opiniones políticas de los artistas. “Me parece tan peregrino un Roy Barreras hablando de arte, como una Doris Salcedo, hablando de política”. El señor debe ser uribista, no sé si pura sangre, media sangre o mala sangre. No parecería posible que hoy, siglo XXI, hubiera un columnista que pudiera rebuznar en tono tan elocuente.

Las opiniones sobre arte de los políticos, cuando las tienen, son tan legítimas como las opiniones políticas de los artistas, cuando las tienen. En el arte, como en todas las cosas de la vida, hay instalado un juego de poderes, en sentido de acción y reacción, que es político. En la paralógica de Botero, los artistas no pueden opinar de política, por reducción intelectual, o porque su opinión no tiene pertinencia. Y los políticos, de arte, porque no saben de eso.

Roy Barreras escribe un libro de poemas, que ajeno a su calidad, muestra una expresión frente al drama del país. Y Dorios Salcedo hace un contra monumento con las armas fundidas de las Farc, para que los espectadores se paren en él. Algo que el señor Botero jamás ha hecho, ni hará. ¿No les da su trabajo el derecho a hablar de lo que nos concierne a todos? La política y el arte. Aunque para él sería más conveniente que solo los políticos hablaran de política, y todos los demás nos dedicásemos a hacer columnas como las de él

No sé qué profesión tenga el señor Botero, pero cualquiera que sea, no le autoriza a hablar ni de arte ni de política. Qué peregrino columnista, que subestima las audiencias, que patea los derechos de expresión. Debería tener un poco de pudor para hacer en público y por escrito la revelación infame de su condición. Una semana después, Piedad Bonet, le responde en el mismo periódico, con una decencia casi rosada.



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