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Donde manda López no manda Coronell

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Le edición 1935 de Semana es histórica, abre con un editorial sin firma que reconoce los errores que la llevaron a no publicar, antes que el NYT. ¿Por qué Semana se tragó una información que tenía desde febrero sobre la directriz del ejército para afectaciones en combate? Las explicaciones que la revista da en primer plano son las que Coronell se dio el lujo de pedirle públicamente. Y que según dice, las que en su momento le dieron, no lo convencieron. ¿Es el ejercicio del contrapoder desde el poder, o el deber periodístico de reclamarle al medio el derecho de las audiencias?

Semana reconoce sus errores. 1) El trabajo de reportería le llevó más tiempo que al NYT, la verificación de la información, las fuentes, la sostenibilidad informativa del hecho. Faltó agilidad periodística. 2) Jerarquizaron mal las fuentes, desviaron las pistas, desgastaron la investigación 3) Una parte de la información no se puede usar sin protección de declarantes.

El editorial en tercera persona descarga el agua sucia de los errores en la persona de Alejandro Santos. Debería haberlo firmado él, con la ventaja de que lo hubiera dicho en primera persona. Él es el director.

Para María Jimena Duzán, pierde Semana (López & Gilinski). Coronell es arrogante y soberbio, como si el López fuera él. Apenas  Coronell. Lo que ocurrió fue un reto al poder, arrogante en sí mismo. Y Santos autorizó la columna. Todavía más soberbio. Y termina acusando, ella, a Coronell de pirómano, fue a “incendiar la revista”. No entiende por qué tanto interés en el asunto, habiendo cosas mucho más urgentes.

Vicky se pregunta si el despido de Coronell es una forma de cobrarle la incomodidad que le causa a algunas personas e instituciones en Colombia. Para ella Coronell está en el derecho, como cualquier columnista, de criticar a su propio medio, sobre el supuesto de que todos nos equivocamos. Y le dice a los dueños de medios que tendrán que entender que “su negocio no existe sin los periodistas”. Un medio no puede exigir libertad de prensa y luego patearla. Semana queda herida, Vicky espera que sane.

Caballero entra matando, el error principal, es que Semana se haya tragado la información. Un segundo error, la arrogancia de Coronell para pedir explicaciones, como si fuera López, para terminar dando un portazo y salir diciendo, sus explicaciones no me satisfacen, porque sostiene Caballero, solo le satisfacen las suyas. El toro ibérico enviste sin casta. A las claras está en el mismo palco con López, que solo le satisfacen las suyas. No es el momento para un debate sobre la libertad de prensa, debió haberlo dicho con el índice, porque, digo yo,  podría afectarse, “incendiarse” el medio. Caballero no está de acuerdo con que  se lo haya despedido, como si López hubiera tenido alternativa. Al golpearse la credibilidad de Semana “nos deja huérfanos, columpiándonos entre los poderes…”.

Samper se sorprende con la abrupta decisión y con el corazón le declara su solidaridad a Coronell. Luego se deslíe en  reconocimientos a Semana y su libertad de prensa, sin ahorrase adjetivos. Termina en un directo contundente contra López, que se llevó por delante la autoridad y legitimidad del director de la revista. Y entonces nos revela que los jefes no son los dueños, anarquista pervertido, sino las audiencias. Se indigna y dice que quiere protestar pero lo hace como humorista, con un complicado juego de inferencias, que probablemente solo entiende él: 1) lo que haga un columnista es problema del columnista. 2) lo que haga un director respecto al columnista es problema del medio. 3) lo que haga el medio que censura es problema del columnista. Deplora que el asunto principal, que Semana se haya tragado la información y haya quedado oculto por un debate que debería haberse dado adentro. Asume las consecuencias de su desacuerdo, a sabiendas de que no lo van a echar. Se declara discípulo de López y enfatiza su “completo rechazo”.

Una panorámica editorial de opiniones que revela el empoderamiento de los periodistas frente al poder económico de los medios. “Su negocio no existe sin los periodistas”.

 

 

 

 

 

 

 

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