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Semana negra

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Felipe López le vendió la mitad de Semana a los Gilinski como una forma de solventar la crisis financiera de la revista. La presidencia del grupo editorial la legó a su hija, María López Castaño y la dirección periodística se la había entregado a Alejandro Santos desde 2012. Cuando estalló el escándalo López estaba en París, ocupado en la preparación de su boda con Lila Ochoa, la directora de la revista Fucsia.

Alejandro Santos trinó una vez publicada la columna de Coronell -La explicación pendiente- donde le pregunta a Semana, por qué se guardó una información que tenía desde febrero, sobre el resurgimiento del modelo de falsos positivos en las fuerzas militares. Dijo: ”En Semana siempre defenderemos la libertad de expresión, aún la de los columnistas que critican a su casa editorial. Actuamos con rigor y responsabilidad y jamás hemos engavetado -ni engavetaremos- investigaciones periodísticas de interés público.#EnSemanaHayLibreExpresión”.

Felipe en su piso en París recibió una llamada, escuchó atentamente lo que le decían desde Bogotá, luego llamó a Alejandro Santos y se la puso clara, la pauta estatal o Coronell. Luego llamó a  Coronell y le agradeció sus servicios por los catorce años de trabajo. Al minuto, Coronell trina: “Felipe López, fundador de @RevistaSemana, me acaba de comunicar la decisión de la empresa de cancelar mi columna. Le agradezco a él, a @asantosrubino y especialmente a los lectores por estos años”.

Matador respondió diciendo que Semana se había disparado en el pie y la Silla Vacía, fue más allá, tituló “Felipe López patea la Lonchera”. Explica, que cualquiera que haya sido la causa que llevó a la decisión de cancelar  la columna es una agresión contra las audiencias. Si se cuida más la pauta que a la audiencia, ya sabremos a qué periodismo atenernos.

La independencia de los medios, repetida por ellos durante años, terminó siendo un mito tan nefasto como el de la objetividad. ¿Qué pesa más en un medio, el negocio de la prensa o el periodismo independiente”?

A manera de especulación: A quien más le convenía que Coronell saliera de Semana es a Monseñor Uribe. El fiscal mediático que ha develado los entresijos más oscuros del accionar del presidente eterno. Semana pierde su gancho editorial, va a perder suscripción (ya circula en redes un movimiento de cancelación), su circulación irá a la baja y Alejandro Santos sin autoridad, con el pecado y sin el género, desautorizado y a merced de quienes cobraron la cabeza de Coronell. De ser él, yo me iría. Y exigiría que mi renuncia se hiciera en el espacio que dejó Coronell. Y los Gilinski, que compraron su parte de Semana para hacer más dinero, habrán aprobado, conocido y sugerido a Felipe, lo que se vio en la necesidad de hacer para salvar la revista. Alguien se estará frotando las manos, muy complacido de ver el espectáculo de cómo se le corta la cabeza a Coronell.

Para las audiencias va a quedar claro por qué Semana no publicó la directiva del jefe del ejército, General Nicasio Martínez, en materia tan sensible como la actualización del modelo de los falsos positivos, como táctica de corrupción de guerra, un negocio para los militares leales.

Solo hasta el sábado 18 de mayo en que aparece el informe del N.Y Times, firmado por Nick Casey, que debió salir corriendo del país por amenazas, nos enteramos. Casey fue incómodo en Colombia, hasta para el Embajador de USA. Dos días después, ante la histeria uribista, acerca de la falta de pruebas, Casey trinó: “Anexo dos documentos que formaron la base del reportaje que salió el 18 Mayo, y fueron publicados este fin de semana por mis colegas de @ELTIEMPO y @BluRadioCo. Un fuerte abrazo a todos los que defienden al periodismo independiente”.

¿Qué hicieron los medios respecto a la directiva militar de afectaciones que se dio a conocer a comienzos de año en Tolemaida? Todos, como Semana, se guardaron la información, por las mismas razones  que pudo haber tenido Felipe López.

Si no es por el N.Y Times, no nos enteramos, incluyendo a Daniel Coronell, cuya columna es a propósito de la revelación de Casey. Los medios industriales en Colombia han sido cooptados por el poder y la presión política y de pauta del gobierno. Ninguno, habiendo de por medio en asunto de seguridad pública y de derechos humanos, se atrevió a decir nada. Supongo que todos lo hicieron por las mismas sensatas consideraciones de Felipe López.

Aquí en Colombia, en medio de lluvias y malas noticias, las cosas apenas comienzan para los medios, en Paris, al final de una linda primavera, Felipe y Lila continúan con sus preparativos de boda.

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