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Alberto Rodríguez

Que viva el pasado

Que viva el pasado

 Han pasado siete semanas desde que el Dux tomó el poder. Y sus movimientos, llámense proyectos de ley, reformas, nombramientos, iniciativas, muestran a un gobierno agresivamente regresivo.

El glifosato. El punto de partida que obliga a un deber que el gobierno del Dux tiene con el gobierno del Sheriff. Acabar hasta un punto con los cultivos de coca. Doscientas mil hectáreas es un exceso de producción, que en parte se debe al juego de participación de los carteles mexicanos, y por otra, a que ninguno de los procedimientos de extinción que se han utilizado funciona (erradicación forzada y voluntaria, fumigación terrestre y aérea). Todos lo sabemos. En contra de las evidencias científicas, de los impactos ambientales medidos, del desorden de los ciclos económicos, de la certeza de que nada ha servido, el Dux ha dado la orden de que del cielo llueva Glifosato. Ni siquiera importa lo que ha dicho la Corte Constitucional. Si de verdad quisieran acabar con los cultivos, lo mejor que podrían hacer en sana lógica económica, sería comprarles las cosechas a los campesinos para destruirlas.

El derecho constitucional al aborto. En varias clínicas y hospitales del país, algunos médicos se han negado a asistir a mujeres que necesitan un aborto. Probablemente amparados en la peregrina idea de que bajo el gobierno del Dux se le puede torcer con más confianza el cuello al ganso.

El nombramiento del “tristemente célebre” como embajador a la OEA. Nuestro Embajador fue destituido por el Consejo de Estado, porque de manera jurídicamente corrompida se hizo reelegir. Cómo pudo nombrárselo, para cubrir una plaza de Uribe como pago a los servicios electorales prestados, y al mismo tiempo ir a Naciones Unidas, como lo hizo hoy el Dux, a vender la idea de una lucha global, multilateral contra la corrupción. A primera vista la señal es que la corrupción paga.

Pachito. El Embajador perfecto para Trump; en muchos casos, ninguno de los dos sabe de qué habla. Ese par, con seguridad se puede entender. Pachito le podría vender a Trump la fórmula para electrocutar estudiantes y Trump, con seguridad le diría que la solución es hacer un muro entre Venezuela y Colombia.

Los “vientos de guerra”, sus ventiladores soplan desde el exilio rico de los venezolanos en Miami, que pueden hacerse representar en el lobby de Washington, por el Senador Marcos Rubio. Desde sus asociaciones han salido, desde agosto, llamados internacionales a una intervención militar en su país, una “intervención con diálogo”, “una intervención sin víctimas”. Así que nuestro Pachito, un día después de haberse posesionado, dice muy serio, que Colombia debe considerar todas las opciones. Como un pajecito latinoamericano que se pone al servicio del exilio venezolano, repite lo que ayer dijo al Sheriff y hace sus oraciones antes de dormir.    

Aunque no representa al gobierno, es del partido de gobierno, la Senadora Cabal ha presentado una iniciativa para “reformar” la ley de restitución de tierras, que busca proteger a los propietarios de mala fe, que son la mayoría. Una reforma que por su alcance, invertiría la carga de la prueba. Hoy, el propietario actual debe demostrar que la tierra es suya. Con la reforma el que tendría que hacerlo sería el que la perdió. Un diseño integral pensado en la no restitución. Una “reforma” que tiene más amigos que enemigos en el Congreso.

La prohibición de la dosis mínima. La estrategia perfecta para combatir el microtráfico y dejar que los mayoristas se muevan sin tanta presión. Es una medida que busca proteger a nuestra juventud, lo comprendo, que busca judicializar a los jíbaros, y a que los adictos acepten su condición, cualquiera podrá certificarla, desde el jíbaro hasta la mamá, con lo cual se evitan problemas legales y de paso reducen la oferta callejera, lo cual siempre es bueno para los precios.

Boterito. El muy particular y gracioso ministro de la defensa se inició diciendo que había que reglamentar la protesta social, y poco después, aseguró que la protesta estaba aupada y financiada por las organizaciones criminales, con lo cual nos ahorramos la reglamentación. Se trata de una especie de ministro anterior a la revolución de mayo en París.       

El talante del gobierno del Dux debe tener muy contento a Monseñor. La economía Un ministro de hacienda que nos ha demostrado que es un buen y éxito empresario y unas iniciativas muy precisas que buscan regresar al país a un pasado mejor: cuando los paras y los guerrillos expropiaban a gusto, cuando las mujeres necesitaban acudir a los abortaderos clandestinos, cuando se respetaba el libre desarrollo de la personalidad, cuando el ser corrupto tenía una sanción legal y moral efectiva y cuando la protesta social era un derecho civil.

Larga vida al Dux, bienvenidos al pasado.

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