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Como dios, pocos

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El Rey del Salem, vaya título, es un modesto emprendimiento espiritual de un puertorro, un ponceño, señores, que vivía en USA, en la misma Flórida y que se proclamó Dios. Sin más. Dios se olvidó del mundo, lo teníamos merecido por pecadores, cuántas veces nos lo dijeron,  así que en su ausencia el boricua iluminado se arriesgó a reemplazarlo, y no por la soberbia de quien descree de él y se le enfrenta, sino porque el mundo no marcha sin un dios. Cuestión de responsabilidad social.

El Papi, Luisito Miranda, Rey del Salem, que lo sabe, lo puede y está en todo, se fijó un día en Lisbet García y la eligió para ser su mujer. Fue ella la que lo hizo humano, la que lo bajó de un absoluto y lo puso en su puesto, la que lo hizo gozar y sufrir. La Reina del Salem, la misma que lo acompañó a morir. Como dios que era, había proclamado su inmortalidad, así que a la hora en que dios lo llamó a cuentas, y le dio miedo morir, comprendió lo peor que podría comprender, que todo había sido el invento de un empresario astuto, que en el 2007 se había proclamado como el Anticristo.

Muerto el Papi Miranda, Lisbet no tuvo más que ingeniarse un nuevo emprendimiento, que vino a enriquecer el cuerpo de doctrina general del Rey, con la contribución de su reflexión encarnada, en lo que llamó, Creciendo en gracia.   Habiendo visto lo que dios hizo con el Papi, no se atrevió a decir, a dios muerto, dios puesto, sino que ensambló una coreografía vistosa, nada común, según la cual “Soy Cristo, la viuda de Dios”. Y para que no se fuera a tomar a mal el estado civil de dos que siempre han parecido masculinos, Lisbet nos sopla el descubrimiento último al que la llevó su estado de gracia,  Cristo no fue hombre, era una mujer. La prueba es que cuando “lo” crucificaron, por la herida que le causó la lanza de costado, le salió sangre y agua (Juan 19:34), lo que prueba que Cristo estaba “embarazada”. Una situación transgénero desde el mismo comienzo de la historia, que Lisbet cuenta al detalle, omitiendo algo importante: en realidad se llamaba Jesús María, había adoptado el nombre de su madre y se había mantenido virgen hasta los 33, pero  vaya dios a saber de quién estaba embarazada. Lisbet no nos lo dice y lo más grave, lo oculta. Porque si ella es la reencarnación de Jesús María, a la muerte de dios, tendría que saber quién es el Padre.

Cristo Lisbet les habla a los choferes de las grandes ciudades,   les habla a menesterosos y crédulos. Un chofer de taxi en Bogotá, dijo: “Llegar a ser inmortal lleva tiempo. Lo primero que hay que hacer es escuchar las palabras de Cristo Lisbet y hacer su voluntad”.

Si dios es negra y homosexual, según grafiti, es posible que Jesús haya sido aria, heterosexual y reencarnado en Cristo Lisbet.

La única ventaja de la fe sobre la ciencia es que no descree de la ficción.  

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