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La gran comunidad del anillo

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 La verdadera “comunidad del anillo” es la del círculo de bandidos que se han tomado el poder en Colombia. Facinerosos “constitucionales” que han hecho del Estado su negocio. No importa dónde, en la Policía, en los juzgados, en la Modelo, en la Procuraduría, en la Corte Constitucional, en la oficina de policía en Presidencia, en el Congreso, en la Defensoría, en Ecopetrol y Reficar, en la Registraduría, en la Fiscalía. Una pandilla enquistada en el aparato público que saquea a sus anchas el país. ¿Cuánto más puede aguantar el país en manos de los saqueadores?

El escándalo en la Policía es una revelación de la maraña de intereses y negocios, una red intrincada y vasta de corrupción que se ha apoderado de arriba abajo del organismo encargado de darnos seguridad. Es una muestra de la complicidad y encubrimiento que todos practican con todos. Una conspiración alentada por la complicidad, la permisividad mutua, amparada en la impunidad rampante, la “incapacidad” de la justicia para hacer justicia. Una justicia cómplice, pagada, que trafica con les expedientes, con los repartos y los fallos.

El escándalo los toca a todos. A la Policía, en primera instancia, que ha estado en el ojo del huracán desde que Vicky Dávila denunció seguimiento y rastreo ilegal de comunicaciones. Por la existencia de una red masculina de prostitución en su interior, detectada desde el 2004. Al Congreso, porque sus miembros compraban policías, que se exhibían en un salón congresional para que ellos escogieran con quién pasar la noche. A la Presidencia, porque a pesar de que sabía de la existencia de la red, siempre la negó y no hizo nada. (A última hora al Ministro Villegas le tocó salir a decir que la red si existió, pero que para tranquilidad de todos es cosa del pasado) A Hernán Andrade, a quien el General Naranjo le informo, y no hizo nada, y también a Naranjo, que tampoco hizo nada. Al Procurador, porque de manera oportunista, siete años después de abierto el proceso sobre la comunidad, solo ahora, cuando el mismo está a punto de ser echado de la Procuraduría, se le ocurre abrirle una investigación al General Palomino. A Palomino, porque está metido en un proceso en donde diez cadetes de la Policía lo acusan a él y a su socio, el incómodo General Jair Castellanos, presunto jefe de la comunidad del anillo, de tráfico sexual, de acoso y violación.

El caso particular de Carlos Ferro, es el de un pobre hombre que llegó a ser Viceministro, convertido en el chivo expiatorio del escándalo,  por gracia de los medios y la Procuraduría. Supimos por el video que Ferro es bisexual, que nos se dio cuenta que Anyelo Palacios lo estaba grabando en un acto encubierto de recopilación de pruebas para el proceso de la Comunidad. Que la mujer de Ferro le tocó tragarse el homosexualismo del marido, de la peor manera posible, si es que antes del video, no sabía. A pesar de lo cual tuvo el coraje para enfrentarse a los medios (Blu Radio) y decir que a pesar de lo duro que ha sido todo esto para ella, sostiene su matrimonio por el amor y la responsabilidad que tiene para con sus hijos.

Ferro, Viceministro del Interior, se desempeñaba en el cargo a pesar de estar siendo investigado por el encubrimiento del homicidio de otro homosexual, Eduardo Díaz, “amigo íntimo” de Ferro, “su hermano”, y pareja de su asesino, Harold Arias, jefe de escoltas de Ferro.

El video no es prueba contra el Congreso ni a favor de demostrar la comunidad del anillo, es un video probatoriamente inútil, que lo único que prueba es el calentamiento de dos hombres que buscan un motel. Un Congresista cachondo y un policía encubierto que tienen una relación de adultos. Sin embargo, sirvió para que Palomino renunciara. El video lo tenía el Procurador en su escritorio, quién sabe cuántas veces lo habrá visto. Se lo hizo llegar a Vicky Dávila a RCN, quien decidió publicarlo con conocimiento de RCN, más que por revelador, porque le permitía sacarse un clavo contra la Policía, que la había chuzado. Una vez dado a conocer, todo el mundo se le vino encima, los políticos, los medios, HRW, hasta RCN, que en el mayor acto de hipocresía, la condenó por falta de ética, por violar el derecho a la intimidad y terminó despidiéndola para no dejar la sospecha de que sabía.

Nadie dice la verdad, todos se mueven por intereses inconfesables, todos tienen las manos sucias. El escándalo les ha explotado en la cara, los ha untado a todos, ha mostrado sin que pudieran hacer nada, que todos pertenecen a un gran anillo de poder y corrupción, mil veces más devastador y mortífero, que el círculo de pobres cadetes que eran vendidos  a los congresistas.     

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