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Otra guerra en marcha

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Una marcha contra el proyecto de paz oficial con las Farc, programada para marzo, se puede ver de dos formas. Como una marcha contra la paz, lo cual políticamente no tiene sentido, aun para quienes quieren la guerra. O como una marcha contra la paz de Santos y las Farc, lo cual tiene un sentido político evidente. Es en esa dirección, dicen los uribistas, porque Santos le está entregando la constitucionalidad a las FARC, la Jurisdicción Especial para la Paz, es una entrega, una abdicación, un engendro suprajurídico, firmado con tal de tomarse la foto del 23. Obama ha hecho saber que si firman el 22, estaría presente en la ceremonia de La Habana.

       La tesis de la derecha en América Latina, es que Santos es un agente camuflado del comunismo, que va  a hacer posible que el castro chavismo, a través de las Farc, se tome el poder en Colombia, como consecuencia de una negociación. Y no por la guerra, que siempre estuvo perdida para ambos bandos. La derecha no cree en la vía negociada, a pesar de que el uribismo, estuvo en trámites para sentarse a hablar con los guerrillos.

       El síndrome de la UP es revelador, entre otros,  de una máquina de guerra, que ya se ha puesto otra vez en marcha, en algunos municipios de la costa (Ver Alfredo Molano: La derecha se vino con todo. El Espectador. 28-2-2016) y que está dispuesta a responder exactamente lo mismo como respondió entre 1985 y 1990. El paramilitarismo y su brazo político no ven en el resultado de una negociación para el fin del conflicto, otra cosa que una imperdonable concesión que Santos les hace a las FARC, en todos los sentidos. Y frente a la cual hay que responder, de la única manera que ellos lo saben hacer.

       Si los uribistas salen a marchar, y su convocatoria no es contundente, la primera derrota de su posición política se la habrán propinado ellos mismos. Si no salen, se entenderá que es una aceptación de debilidad. El motivo político de la movilización es el inicio de la campaña contra el NO. Tendría que ser suficientemente representativo para tener un efecto ganancioso, pero en el uribismo no están seguros, no hay acuerdo, y están en una “encrucijada”.

Ahora que han resuelto salir, el dos de marzo, será porque han conseguido desenredar el hilo del embrollo, programando que adelante de los purasangre y los imputados, marche Monseñor con su poncho y su vueltiao en su caballo alazán. Paloma con botas y la escopeta de matar patos de su abuelo. Y doña María Fernanda con un tridente para espantar diablos.  

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