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Por debajo de una mesa de póker en La Habana

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Como buen o mal jugador de póker el Santito es un cañero. Aunque lo que es bueno en póker, si no le cogen la caña, no necesariamente es bueno en política, donde siempre habrá alguien dispuesto a pagar por ver.

 El Presidente ha querido meternos a los colombianos cuatro cañazos santos: el de la reforma  a la justicia, el del orden público, el del acuerdo de paz y el de la restitución de tierras. Por no hablar de los cañazos al menudeo. En el de la reforma a la justicia el truco se le cayó de la manga. El de la paz, que no es el de la paz, sino el de la reelección. El del orden público por el cual tapa el país real con el país oficial, que ni mucho menos aparece tan perfecto como el peinado del Ministro de la Defensa. Y el de la restitución, que consiste en una justa equidad en el papel, declaración más que restitución.

 Ya lo hemos visto jugar en la mesa, ahora que hemos comenzado a ver el juego por debajo, no podríamos decir que el jugador que los sentó a la mesa, tenga o no, la habilidad para ganar en franca lid o para ganar cañando. La apuesta es la reelección. Santito necesita conseguir lo que nunca logró Monseñor, a pesar de haberlo intentado, el acuerdo. Nadie, por falta de cordura que le asista, podría creer que firmado el acuerdo cese la violencia. No hay acuerdo para el final de la violencia, porque la violencia no tiene fin.

 Amarrar a las Farc con un acuerdo no significa desactivar el potencial violento. El negocio de las Farc – el narcotráfico - exige la violencia. El narcotráfico no está sujeto a acuerdo. El cartel puede llegar a firmarle al Santito la boleta de reelección, pero sin garantía de que todos sus frentes se acojan. Hubo unos que ni siquiera se acogieron al “cese unilateral”, que como gesto político, los negociadores del cartel hicieran en diciembre.

 Si en La Habana el Santito no se “levanta con la mesa”, además de haber perdido el tiquete de reelección, terminará dándole la razón a Uribe. Sergio Naranjo le dijo a Yamid Amat - en El Tiempo del domingo - que el Presidente es como el capitán de una nave en un océano de incertidumbres, sin dirección, sin timón y bajo un cielo que anuncia la “tormenta perfecta”.

 Al Presidente se le cayó el juego. Ahora todos van a querer pagar por ver, especialmente las Farc. Con lo que el juego político podría hacer que las Farc terminaran siendo su elector, como lo fue cuando el “delfín azul”.

 

 

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