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Negociar en medio del conflicto

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El 20 de enero las Farc atacaron Hacarí (Norte de Santander), tres policías heridos. El 21, el oleoducto Transandino, lo volaron en cuatro tramos, uno en Orito. El 23 Caño Limón- Coveñas, en Arauquita. El 23 atacaron El Mango, en Argelia (Cauca), 7 heridos; el 25 secuestraron dos policías en Pradera; el 28, enfrentando al Ejército en Tuluá; asesinaron en Policarpa (Nariño) a cuatro soldados y dejaron herido a un suboficial, secuestraron tres ingenieros de petróleos en Piamonte, Cauca, y quemaron un bus en la ruta de Granada a San José del Guaviare. El 29 iniciaron un paro armado en el Chocó; el 31 balearon un puesto de policía en Buenaventura, dos policías y cuatro civiles heridos.

 El primero de febrero tres policías muertos en Maicao, atacada Argelia en el Cauca, se llevaron la iglesia y nueve casas; al día siguiente hirieron dos soldados; el tres volaron la escuela de Balsillas (Caquetá), la que el Santito prometió reemplazar por una mejor; el cuatro fue Nátaga (Huila). El cinco mataron a un soldado y a un civil en El Palo (Cauca); el siete hirieron a una niña de 7 años en Neiva; el diez volaron una torre en Puerto Rondón (Arauca), ese mismo día, atacaron Miraflores. Cuando el pueblo apagaba el incendio, las Farc hicieron estallar una granada que mató a un niño, a un policía e hirió a veinte personas. El 13, una columna de 150 hombres atacó al Ejército en Milán (Caquetá), siete muertos y cinco heridos. El 15 llegaron a Bogotá, por primera vez en años atacaron en el camino a Sumapaz, asesinaron a un capitán, a un cabo, a un soldado profesional y dejaron tres heridos; el 16 volaron una torre en Yarumal (Antioquia) y dejaron en las tinieblas cinco municipios y sin energía el proyecto hidroeléctrico de Ituango; el 16 volaron el cuartel de la Policía en Puerto Asís (Putumayo); secuestraron  y asesinaron a Ricaurte Hernández, cafetero huilense; el mismo día asesinaron a dos soldados y minaron un campo entre Mutatá y Dabeiba. El 17 causaron una voladura en el oleoducto Caño Limón-Coveñas, en Teorama (Norte de Santander).

 Es lo que se llama negociar en medio del conflicto. Las Farc con las armas presionan un cese bilateral al fuego. El gobierne no puede aceptarlo porque es signo de debilidad. Parece que los diálogos habaneros le hubieran dado oxígeno al cartel rojo, mientras al gobierno le sacan el aire y le miden el aceite. 

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