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El largo dedo del poder

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Debo decir que lo que más me molesta del proyecto y el gobierno “bolivariano” de Chávez, es que estén absolutamente infiltrados del espíritu y la actitud militar. Todos los cargos claves del aparato estatal los tienen militares activos o retirados. Diosdado Cabello es un ex militar. Chávez no puede más que portarse como un generalísimo activo, que en un arranque de voluntad ordena a sus divisiones avanzar a la frontera colombiana, para defender a la nación del ataque del uribismo. Un generalísimo Caribe, vestido con sudadera tricolor. Y Nicolasito Maduro, antiguo chofer de bus en Caracas, que se porta como un teniente coronel.

El núcleo del proyecto chavista es la fuerza, contra la oligarquía, contra el imperialismo, pero también contra la oposición, contra los medios, contra los críticos, contra los disidentes. Contra todos los distintos. Los enemigos de la revolución “bolivariana” no son, ni pueden ser todos los que están en desacuerdo con el proyecto y el gobierno. De ser así, a lo que más se parecería el engendro bolivariano de Chávez, sería al fascismo, la versión activa contra todo lo distinto a uno.

Pero a pesar del poder ni siquiera el Reprimerísimo escapa al cáncer. La medicina cubana ha hecho lo que ha podido por su ilustre benefactor energético, pero el cáncer es el cáncer. Lo que ha abierto la discusión democrática sobre lo que pasaría si Chávez no se presenta el próximo diez ante la Asamblea Nacional, a hacerse cargo de la designación popular que lo eligió como Presidente hasta el 2019, con lo que se acercaría, al record de 27 años, que duró el gobierno de Juan Vicente Gómez.

¿Qué habría pasado, si Enrique Capriles hubiera ganado las elecciones, y a tres días de la posesión, estuviera en cuidados intermedios en un hospital de La Habana? ¿Qué habría dicho y que habría hecho el movimiento bolivariano? La oposición en Venezuela ha sido mucho más que discreta, respecto a la imposibilidad anticipada de que Chávez no pueda asumir el cargo. Pero esté o no esté, asumirá, por interpuesta persona, elegida por el mismo, para que lo represente en la triste ceremonia del poder. Hoy la Asamblea Nacional, de mayoría chavista, aprobó por amplia mayoría la postergación indefinida de la fecha de posesión.

El artículo 213 de la constitución ordena que se posesione el diez. El mismo artículo, prevé que la circunstancia de que no pueda posesionarse ante la Asamblea Nacional – que no sería por otra cosa que por su disolución – podría hacerlo ante el Tribunal Supremo de Justicia, sin aclarar si el mismo día y a la misma hora prevista. Lo cual no responde a la situación de incapacidad, que lo priva de poder posesionarse ante uno u otro organismo.

El que constitucionalmente debe reemplazar al Presidente electo, en caso de que el Presidente no pueda hacerlo, es el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Pero políticamente, el dedazo, recayó en Nicolasito, que es la fórmula vicepresidencial del Reprimerísimo. Es lo que el pueblo, el pueblo chavista, quiere que sea. ¿Y quién es el Reprimerísmo para oponerse a la designación de un pueblo que como dios señala el camino?

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