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Matar a Jesús

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 El título es una provocación. En el equívoco hay un veneno dosificado. ¿El Jesús que todos conocemos? No, Jesús el sicario. Ella ve matar a su padre, baleado por el parrillero de una moto que se cruza al momento de llegar a la casa. Algo que en Medellín no ha dejado de suceder. A Laura Mora, la autora y directora del film, le mataron al papá en Medellín.

Ha tenido más de doce premios en todos los festivales a donde ha entrado. Una ópera prima con actores naturales que cuenta una historia de Medellín. Segunda generación de los directores que le deben a Víctor Gaviria.  

Laura y los dos actores estuvieron acompañándonos el día de la presentación en San Antonio. Natasha Jaramillo y Giovanni Rodríguez, Paula y Jesús en el film.

Fue profesional y cuidadosa Laura Mora en la selección de los actores. No convocó a una audición. Lo que hizo fue comenzar a seguir personas. Primero encontró a Jesús que viene de un barrio difícil y sabe cómo actúan los chicos difíciles, puede hablar como ellos, porque los conoce. Haber aparecido en la película lo metió en problemas con los de su barrio. Creyeron que se había ganado un resto de billete. El asunto se creció hasta el punto en que debió trastearse a otro barrio. Después encontró a Natasha, en lo que bien podría ser un cuento.

La vio pasar en bicicleta un día, como un aire feliz y fugaz, y supo que era ella. La localizó y luego durante días la siguió por detrás. Un día entró al mismo teatro a donde la futura Paula había ido, se hizo detrás, la escuchó hablar, la vio gesticular y reír. Durante todo el tiempo en que demoró haciendo un acercamiento invisible no hizo más que encontrar lo que en un comienzo sintió que era ella. Y más tarde la abordó y Natasha se negó. Tuvo que acercarse más y “venderle” la película y hacerle entender que el personaje era solo para ella.

Laura Mora cuenta una historia sin estridencia. Sencilla y ruda. Con personajes/personas que pueden ponerse en situación. Y tras tensionar el film con un asesinato temprano echa a rodar lo que parecería ser una venganza de Paula, después de comprobar que las autoridades no pueden hacer nada, nada resolverá una oficina a la que llegan cinco casos diarios como el de ella. Y es una venganza, para la que necesita un arma. Y hace todo, hasta querer vender su cámara de fotografía para hacerse al arma. Pero no será ella la que con sus propias fuerzas desencadene las condiciones de la venganza, será Jesús, quien gracias al azar se le aparece en una rumba. Será él quien le enseñe a disparar y será con su propia arma que ella llegue al punto culminante de lo que creía ser el juego y la fuerza de una venganza a muerte.

Rítmica, dolorosa, elocuente, sincera. Es el comienzo de la carrera de una mujer en el cine, que sabe lo que quiere y lo cuenta como se debe. Un par de errorcillos en la continuidad temporal no opacan la luz que poner en la escena.

Para ir en combo y luego hablar largo.

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