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Ritmo narrativo

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Al hablar de ritmo narrativo nos referimos a los movimientos, cambios y énfasis de tono. Poesía, prosa y diálogo: los tres recursos que nos da el lenguaje para contar. Jugando con ellos se consigue o no un ritmo. Es decir, cuando la lectura baila acompasada con la escritura del cuento. La velocidad rítmica es gracia de los buenos cuentistas: Arlt, Gabo, Bolaño.

Si se retarda o disuelva la acción haciendo dominante el tono descriptivo, se corre el riesgo de perder ritmo. La explicación es sencilla: la acción aparentemente no avanza.

Si solo los personajes hablan, nos comemos la ambientación, la atmósfera. Pero si nos quedamos con la dominante narrativa, se corre el riesgo de hacer un film escrito. Una yuxtaposición cercana de verbos a una alta velocidad sostenida. La clave para el manejo del ritmo, es saber moverse en el juego sutil o abierto de los dominantes.

 El ritmo narrativo es una combinatoria de modos y recursos que ambienta los cambios necesarios en un cuento, a través de movimientos continuos y elípticos. No solo buscando un equilibrio, también un desequilibrio rítmico, como en el Ulises. O como en Opio en las nubes, de Chaparro Madiedo.

Se me ocurre que el desequilibrio rítmico en la novela es equiparable a la síncopa en el jazz.

El ritmo narrativo es una tentación de la buena escritura -el ritmo clásico que consigue Padura en su saga de Mario Conde, o el ritmo frenético de Pedro Juan Gutierrez en el Rey de La Habana- que se mueve como Pedro por su casa en el universo del tiempo ficticio, sobre el que se asienta toda la literatura.

La aceleración  o ralentización de la acción, del juicio, de la descripción, es algo que concierne a la técnica -manejo de los materiales- y que por tanto se aprende: ¿cómo acelerar o desacelerar un cuento?  La integración de los tiempos (narrativos, culturales, psicológicos y verbales) en la escritura de cuentos es algo que concierne a la estética. Exclusividad de autor.

 El dominio básico de la composición narrativa supone tener el control de la velocidad y la tensión. Porque el ritmo es una danza entre ellas dos.

 Uno de los recursos para la sostenibilidad rítmica de un cuento es el manejo de la elipsis, el recurso exclusivo del tiempo ficticio respecto al tiempo cotidiano del lector. La elipsis parte de un hecho sencillo pero brutal: un cuento no lo puede contar todo. Y si pudiera hacerlo, ya no sería un cuento. Al introducir el tiempo ficticio el recurso de los saltos de tiempo, no solamente hace posible al cuento mismo, sino que abre la línea narrativa del tiempo en otras direcciones. La analepsis: salto al pasado. Y la prolepsis: salto al futuro. Tal manipulación del tiempo crea ritmo narrativo.

 Un buen ejercicio para entender la elipsis en las dos direcciones temporales, es analizar el pp (primer párrafo) de Cien años de soledad.

 

 

 

 

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