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Buggly hacker

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Cuando se supo que desde un negocio fachada en Bogotá se hacían seguimientos, chuzadas e interceptaciones, muchos pensamos que detrás de todo, bien podría estar Monseñor Uribe, al fin y al cabo, es su estilo. El objetivo aparente, entre otros varios, era rastrear y seguir los mensajes de los negociadores del gobierno en La Habana, y naturalmente, los de su contraparte en la mesa, las Farc. Ellas no vacilaron en inculpar oficialmente a Monseñor, en un comunicado leído por Iván Márquez, en el que lo acusan de torpedear el proceso de paz.

Todo es tan colombiano y tan sucio que da para pensar mal, y mal en distintos sentidos. Unos pocos días después nos enteramos que el negocio fachada, no encubría una agencia de la oposición, de la mafia o de los paramilitares, sino del mismo gobierno. Una agencia periférica de la Dirección de Inteligencia del Ejército, responsable de la operación jaque en 2008, dirigida por el Mayor Alonso Guerrero Heredia.

La primera reacción del Presidente fue de irritación y condena. Al punto que antes de que lo fueran a comprometer, fundió dos fusibles operativos, al brigadier general Mauricio Zúñiga y al general Jorge Zuluaga. Lo que vino a costarle un enfrentamiento subido de tono, en do mayor, con el Ministro Pinzón, ministro uribista de Defensa, que condenó las destituciones que le llegaron de la Presidencia. Pero lo más grave políticamente hablando es que la Presidencia no hubiera estado enterada de la existencia de la agencia de interceptaciones. El Presidente también debió creer que era una agencia del Centro Democrático, pero cuando el Ministro le dice que es su propia inteligencia, se sulfura en privado y mantiene la decisión de destituir a los dos altos oficiales, acusándolos de “falta de criterio”. La verdad fue que los destituyó porque no le contaron que iban a poner el negocio.

Hicieron incurrir al Presidente en el mayor ridículo oficial posible, ser deliberadamente desinformado por parte de sus fuerzas armadas, que rompieron la cadena ejecutiva de mando, por una razón tal, que el Presidente no podía enterarse. Pero entonces ¿para quién trabaja el Ministro Pinzón, el mayor responsable? Nadie estaba más molesto con las destituciones que él, y con toda la razón. A los dos militares los destituyeron por seguir órdenes.

¿La información sobre las comunicaciones entre los miembros de la comisión negociadora en la Habana, y los menajes entre la comisión de las Farc, a quién le sirven? Desde luego que el primer beneficiario siempre será el gobierno mismo, y el segundo, Monseñor Uribe. Con todo lo cual y a la vista de los hechos, la responsabilidad de Uribe en el asunto, si bien se cuestiona al ponerse en evidencia que la agencia es oficial, con licencia para espiar, no deja de hacerlo ver como el otro beneficiario, frente al cual el Ministro Pinzón, muestra una corajuda y afirmativa obsecuencia.

Santos debería destituir a Pinzón, que nunca ha estado de acuerdo con el proceso de paz. Pero si no lo hace, por razones de conveniencia, para no exacerbar a los militares uribistas, y a Uribe mismo, porque estamos en elecciones y una crisis de tal magnitud no ayuda a la campaña, habrá aceptado, con lo que tal cosa significa en términos de gobernabilidad, que al interior del gobierno hay fuerzas armadas opositoras al gobierno mismo, que toma decisiones y las ejecuta, fuera de la agenda oficial de defensa del gobierno Santos.

Un gobierno con unas fuerzas armadas filtradas por un oscuro aire conspirativo de tejido fascista, es un gobierno débil. Y eso lo saben las Farc. El mensaje que ha terminado por darse con el incidente Buggly, es que el gobierno que negocia podría no contar con la solidaridad efectiva de algunos sectores de las fuerza activas, exactamente lo mismo que pasa en las Farc.

A corto plazo la destitución del Ministro Pinzón tiene un alto costo político para Santos, pero a largo plazo, le daría ventajas potentes de situación para llegar a la firma del acuerdo para la terminación del conflicto, y en el manejo del pos-conflicto mismo, que está previendo para el 2015.

En Colombia a nadie se le niega una chuzada. Siguiendo el buen ejemplo de Obama.

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