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Two Jacks

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El 19 de abril de 1856, Tolstoi de 28 años, dice en una página de sus Diarios (1847-1894) que ha terminado la novela Padre e Hijo, a la que siguiendo el consejo de su amigo y poeta Nekrasov, le cambió el título, por el de Los Dos Húsares”. 

 “Two Jacks”, en el original de la película de Bernard Rose, fue estrenada en 2012, y traducida equívocamente al español como Dos jotas, que afecta el sentido original que pretendió Tolstoi. El film es una adaptación libre de su novela, una historia que da lugar a otra, veinte años después, con el recurso de comparar dos generaciones metidas en el mismo negocio. 

 El legendario director de cine Jack Husar (Danny Huston), bebedor, tahúr, mujeriego, canalla y pletórico de un encanto clásico y de un gusto a toda prueba, regresa a Los Ángeles para conseguir fondos para su próximo largometraje. Un hombre lo reconoce en el aeropuerto, a donde quien dijo ir a recogerlo no apareció, así que acepta que su admirador, una víctima honesta del fracaso, lo lleva a recoger  a su perro. Es un rasgo insalvable de comedia, lo cual no hace al film una comedia. Husar es un canalla bueno que se halla en el límite entre el drama y la comedia. Tanto lo será, que a la salida de una fiesta, se saca a la corista, una eslava que canta en ruso,  la sienta en el espaldar de un convertible prestado, que conduce sin pase. Al frenar bruscamente dispara a la corista hacia atrás, sobre la calle, tal vez de lo borracha que iba no alcanzó a pasar nada, la otra mujer que iba con ellos se baja para auxiliarla, pero Jack continúa feliz por el boulevard, como si lo que se hubiera caído no fuese más que una lata de cerveza.

El regreso de Husar a Hollywood es un recurso narrativo del film para pasarle revista a la galería de personajes de la “meca del cine”: el productor mafioso, el productor fracasado, el productor millonario, la diva, el guionista. De todos se burla, a todos muestra como espantajos más o menos vistosos, más o menos siniestros.

 No es una comedia, eso sería un insulto para el espíritu de la obra de Tolstoi que inspiró la adaptación. Es un drama, salpicado por el humor natural de las circunstancias ordinarias de la vida. Ni más ni menos: la prueba comparativa del encanto entre generaciones, la de Husar padre y la de Husar hijo.

 Veinte años después de muerto Jack Husar padre, regresa Jack Husard hijo (Jack Huston), a la misma ciudad para dirigir una película. Termina llegando – gracias al guionista - a la casa de la exdiva, con la que su padre tuvo una torrencial noche de amor, y que hoy tiene una hija de su misma edad. Aquella teme encontrarse con Husar hijo, cae víctima de cierta ansiedad, se inquieta,  recuerda la noche de amor con el padre, luego de haber bailado en una fiesta - con trompadas celosas incluidas - un tango lento y sincopado.

Jack Husard hijo es una caricatura, de director, de hijo, de canalla, tal vez no reproduce el hijo de Tolstoi. Carece de todos los encantos de su padre, aunque es igual a él en sus bellaquerías, en sus gustos exclusivos, en sus antojos y nimiedades. Pero no conoce la ciudad, y carece de la suerte de su padre. Todo se le viene abajo, a causa del escándalo, lo echan de la producción, lo pescan ebrio, como a su padre, pero la policía veinte años después ya no reconoce  a Husar.

 El final, es la de un pobre guiñapo, sin alma, abandonado, en el mismo lugar del aeropuerto a donde su padre había llegado. Un final a color y sin luz, en el que el fantasma del padre, pretende ayudar a lo que ha quedado del hijo. Muy mal parada sale la nueva generación en el film. Es una película nostálgica, muy evocadora de otro tiempo, y muy devastadora del actual. Bernard Rose, rodó la parte de Husard padre en blanco y negro, a la manera del viejo cine, perdurable y gris. Y la historia de Husard hijo, a color, pero sin la gracia de la luz, con el filtro ámbar del fracaso.

 El guionista y el director de Two Jacks, hicieron una película para dejar bien plantada la generación de los padres, y como una plasta a la de los hijos. Se les agradece el encomio en blanco y negro.  

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