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La candidatura del Contador

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Si el proyecto uribista es como la convención en la que se acaba de elegir el candidato oficial del Centro Democrático, no es tan grave la amenaza que representa el asalto electoral al poder legislativo, tras el cual va Uribe. Fue algo menos que un circo de payasos serios, emblemas odiosos de una cruzada que ya pretendió refundar la nación; tan tramposos, falaces, dobles, espesos y oblicuos entre ellos mismos como lo fueron con el país, cuando como pandilla despacharon desde la Casa de Nari.

La parodia de la convención tiene un cierto aire de protocolo fascista: 1391 delegados amarrados, fletados, fueron a servir de jurados de un examen público a los candidatos nombrados a dedo - puro dedo uribista, señalador y peligroso - sobre los cinco puntos del catecismo de Monseñor Uribe. Cada delegado tuvo que votar cinco veces,  6955 votaciones, para hacer la representación exagerada de una elección democrática.

El candidato de Monseñor era Alfredo Ramos, el más bandido, pero las autoridades se lo capturaron antes de la convención. De los tres sobrantes, Carlos Holmes es apenas el portero del centro democrático. Pachito Santos, la mascota bufa del uribismo, fue el segundo de a bordo y según su propia declaración, “lleva a Uribe en su corazón”. Era por encuestas el preferido de la opinión pública. Y en tercer lugar queda ese santurrón con cara de siciliano cuya única gracia es la de un cervilismo nobilísimo para con el Don, encargado en su última administración, de la caja mayor del régimen, el Ministerio de Hacienda. Como quien dice, el Contador.

El Contador se llevó cerca del 60% de los votos. Detrás de él, como figuras de Giacometi, están los SS (seguros servidores) del Centro Democrático: Valencia Cosio, Fernando Londoño y María del Rosario Guerra. Entre los tres trampearon a Pachito, le cambiaron las reglas del juego, le prefabricaron una convención y le manipularon las urnas. El hijo de Pachito, el día de la convención, declaró que si era necesario dormir a boca de urna, lo haría para cuidar los votos de su padre.  

Si así tratan a los amigos...

Los convencionistas de Santos abuchearon a Monseñor. El Gerente, Fabio Echeverry, dijo al final que se reservaba los resultados, habló de un vago porcentaje. Por fin la Señora Guerra, regresó a la tribuna, después de conferenciar con los representantes de los candidatos, para decir que ya se habían puesto de acuerdo sobre el resultado. Entonces anunció el triunfo del Contador.

En un acto de desprendimiento (muchos de los convencionistas se estaban desprendiendo), Monseñor sacó del carriel un fajo de billetes que le dio a Carlos Holmes para que fuera a la tienda y trajera canastas de Colombiana y tres mil mantecadas, para quitarles el hambre que les había despertado el espectáculo democrático del uribismo a los convencionistas.

 

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