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Alberto Rodríguez

Cásate con alguien que sepa conversar ya que con el pasar de los años sólo eso podrán hacer

Cásate con alguien que sepa conversar ya que con el pasar de los años sólo eso podrán hacer

 El matrimonio gay siempre ha existido aunque por mucho tiempo haya tenido que ser clandestino, porque a los homosexuales históricamente se los ha tenido por enfermos, locos, criminales o desviados. En cualquier caso, el Estado homofóbico ha resuelto negarles su condición constitucional de ciudadanos. No tienen derechos de minorías y por tanto carecen del derecho a legalizar el hecho matrimonial consumado. El matrimonio gay existe de hecho, lo que se quiere es que también sea un matrimonio de derecho, por las garantías legales que se adquiere cuando dos personas civilmente se hacen contrayentes. Y eso nada tiene que ver con la reproducción.

Cuando existían esclavos negros, los esclavistas dijeron, la constitución y las leyes no contemplan libertad distinta a la del blanco, cualquier otra es contra natura. A los judíos y musulmanes segregados, se les dijo que él único dios era el del catolicismo. Y se los declaró infieles. Cualquier otro dios es una desviación y constituye herejía. A los indios y a las mujeres hubo que comenzar por darles alma. La cultura masculina, se había abrogado por derecho natural, la facultad de que solo los hombres la tuvieran.

La constitución dice que nadie podrá ser segregado por razón de la raza, la religión, la condición cultural, el género, la edad. Pero si también la ley no reconoce el matrimonio sino entre hombre y mujer, es porque un mico tenebroso y voraz ha sido alimentado, criado, engordado y reproducido por el Congreso, las Cortes y el Ejecutivo, respondiendo a su condición de Estado homofóbico.  

El argumento constituye una contradicción de principio. Por ser una minoría, la comunidad GLBT no puede ser objeto de segregación, a nombre de nada, ni siquiera de Dios.

Todos a una deberían estar corriendo para corregir una falla constitucional monstruosa, que mediante una “ley” niega el derecho de las minorías gay, pese a una sentencia de la Corte Constitucional, que reconoce el derecho al matrimonio de personas del mismo sexo. En cambio, lo que están haciendo es irritar al orangután, cuya alma comparten, para que salga y ruja a nombre de la familia cristiana y los principios de la reproducción.

Aunque fuera solo por oportunismo político, los heterosexuales excluyentes de hoy, bien podrían aprobar el matrimonio gay, porque al paso que vamos, dentro de pocas décadas, el matrimonio heterosexual podría llegar a ser de minoría.   

 

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