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El fin de la parodia bolivariana del poder

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Cuando a mitad de la tarde Maduro intervino las cadenas desde Caracas para dar la noticia oficial del deceso del Generalísimo, él ya había muerto en un hospital de La Habana. Como el Cid Campeador, ganó la última batalla. Se hizo elegir estando muerto.

¿Qué significa para Venezuela y la región la muerte de Chávez?

El Movimiento bolivariano, el alma parlante del partido socialista unido, era Chávez, que se había rodeado de una ristra de militares canallas, aduladores sin gracia, burócratas anodinos y sindicalistas acartonados. Muerto él, lo que queda es un gabinete de incapaces, repetidores de oficio, ineptos para sacar adelante el más ordinario proyecto populista.

La muerte representa la oportunidad que la oposición ha esperado desde que Chávez se tomó el poder. Pero que conste que ella no fue capaz de hacer en más de doce años, lo que hizo el cáncer en dos. La oposición venezolana no es un proyecto en sí misma, es un frente amplio de antichavistas, a cuyos dirigentes se les hace el bolsillo agua por el negocio del petróleo. No tiene la fuerza de la unidad, convergen en ella demasiadas ambiciones retadas y se mueve en el aire tenso del revanchismo político.

Un acto trivial, como la muerte, siempre se engrandece por el peso de la desaparición de un hombre fuerte, simbólicamente fuerte, que sin embargo, no deja a Venezuela mejor de lo que la encontró. Es el balance neto.

Para los Estados Unidos es un alivio. Se le abre la posibilidad de tener nuevos aliados, de tener interlocutores aceptables, de alterar la correlación regional de fuerzas. Son el mejor aliado de la oposición. A nombre de la democracia van a hacer lo que esté de su parte para que el próximo gobierno quede en otras manos, que no sean la de los burócratas militaristas que hasta hoy tuvieron el poder. Para refrendarlo en las próximas elecciones tendrán que usar todos los trucos que les enseñó su jefe.

Nicolasito, por su parte, aprovechó - al momento de dar la infausta nueva - para decir que según fuentes de inteligencia venezolana, el cáncer que se llevó al Generalísimo, es un cáncer importado – como todo en Venezuela – que los Estados Unidos le inocularon a Chávez, en un descuido de los médicos cubanos y rusos, que lo atendieron en la Habana. Así que lo que le queda de vida política, lo va a dedicar a encontrar al responsable del asesinato del hombre que llegó a ser la parodia más prosaica de Simón Bolívar. 

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