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¿Donde han metido a Weiwei?

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El 3 de abril de 2011 la familia de Ai denunció su desaparición, al tiempo que empezaron a colgar carteles escritos a mano: "Ai Weiwei, varón, 53 años, fue asaltado por dos hombres el domingo en el aeropuerto de Pekín (...) Sigue desaparecido".[3] El 7 de abril el gobierno de la República Popular China afirmo que Ai se encontraba detenido en un lugar indeterminado por presuntos delitos de "crímenes económicos".[4

Esfera pública

Hasta diciembre de 2008, el gobierno chino veía a Ai Weiwei  como un artista creativo, a veces insolente, pero nunca peligroso. Hijo de Ai Qing, uno de los poetas más queridos del país, el artista tiene una carrera sobresaliente, que incluye participaciones en la Bienal de Venecia, Documenta Kassel y en los más importantes museos de Europa. Con esta trayectoria, Weiwei fue invitado en 2007 por las autoridades de su país para oficiar de asesor artístico en el diseño del estadio de Beijing, El Nido, sede principal de los últimos Juegos Olímpicos.

El estadio se transformó en el orgullo del gobierno, al mismo tiempo que Weiwei se convertía en una molestia. En diciembre de 2008, el artista apoyó una investigación sobre el devastador terremoto que ese año afectó a Sishuan, donde murieron varios estudiantes. El artista pidió la lista total de los muertos y que el gobierno respondiera por la mala calidad de los recintos escolares. La polémica estalló. Weiwei se volvió un activista y comenzó a tener problemas con el gobierno.

Hoy, el artista más prestigioso de China cumple 11 días de arresto y se desconoce su paradero. El domingo 3 de abril, Weiwei fue detenido en el aeropuerto de Beijing, cuando se aprestaba a viajar a Hong Kong. Días antes, el artista había dicho que deseaba establecerse en Alemania, debido a los problemas que tenía para trabajar en China. Hasta ahora, ni su familia ni sus colaboradores han podido comunicarse con él. Hace unos días, el portavoz de la Cancillería, Hong Lei, aseguró que este no era un caso de censura, sino que Weiwei era investigado por delitos económicos.

Su detención generó una respuesta inmediata. El fin de semana hubo protestas en Hong Kong y Alemania, la Unión Europea expresó su preocupación y la Fundación Guggenheim lanzó una campaña pidiendo su libertad, a la que han adherido los principales museos del mundo, entre ellos el MoMA de Nueva York, la Tate Gallery de Londres y el Museo Nacional de Arte Moderno de Francia.

En el último tiempo el artista enfrentó hostilidades constantes en China. En 2009 sufrió una hemorragia cerebral tras ser golpeado por la policía en una protesta. En 2010 fue arrestado en su domicilio para evitar que fuese a la entrega del Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo. En enero, el gobierno derribó su taller en Shanghai, aduciendo que el terreno no le pertenecía. Por ahora, la Tate Modern mantiene abierta la muestra del artista inaugurada en 2010: 100 millones de semillas de girasol de porcelana, que hacen un guiño a la figura de Mao Tse Tung, a quien se lo representaba como el sol y a su pueblo como semillas. En la fachada del edificio puede verse ahora un cartel con la frase “liberen a Weiwei”.

Siempre hay alguna forma de sortear la censura en China. Lo demuestra este lema: “Ama el futuro” (Ai Weilai). Tan poético alegato sirve hoy en el ciber-espacio chino como seudónimo de Ai Weiwei. Es la única forma que tienen miles de internautas de poder hablar sobre el famoso artista sin que sus mensajes desaparezcan de la red. Aunque ni así: los fontaneros de la censura china, miles de funcionarios que rastrean las páginas web, empezaron a destruir los mensajes y posts que cantaban su “amor al futuro”.

“El futuro ha desaparecido, el futuro está en prisión, el futuro se ha ido”, exclamaba uno de los miles de post colgados en Weibo, la versión china de Twitter. Han pasado ya seis días desde que fue detenido por la Policía en el aeropuerto de Pekín y no hay rastro de él. Un escueto comunicado oficial publicado por la agencia de noticias Xinhua dijo el martes que Ai Weiwei había sido arrestado por cometer “crímenes económicos”. Luego, el miércoles, un editorial del diario Global Times, edición en inglés del diario portavoz del Partido Comunista Chino (PCC), contradijo la versión y le acusó de haber cometido irregularidades con su pasaporte, además de estar “a punto de cruzar la línea roja” y de infringir la ley.

Nada cuadra, y su familia, desesperada, ha colgado por todo Pekín decenas de carteles escritos a mano que dicen: “Ai Weiwei, varón, 53 años, fue asaltado por dos hombres el domingo en el aeropuerto de Pekín. Sigue desaparecido, si sabe algo, por favor, contacte a su familia en este número”. ”La detención de Ai Weiwei es terrible. Corren tiempos muy peligrosos en China”, sentencia con un suspiro Gao Zhen a Público. “No había visto nada igual desde la masacre de Tiananmen hace 20 años. Más de cinco artistas que conozco han sido arrestados recientemente por la Policía, además de Ai Weiwei. No sabes cuándo te puede pasar a ti”, continúa. Gao Zhen y Gao Qiang forman los Gao Brothers, un dueto artístico muy crítico en sus obras con el contexto político de China y las injusticias sociales y bien conocidos en el panorama mundial.

“Hoy es muy fácil desaparecer, sobre todo, si eres un ciudadano común. Con la detención de Weiwei, el Gobierno manda un mensaje a todos los críticos: demuestra que pueden hacer con ellos lo que quieran”, añade el otro hermano, Gao Qiang.

El miedo en el cuerpo

Unos 300 artistas e intelectuales de todo el mundo publicaron una carta abierta titulada Nuestros temores por el destino de Ai Weiwei, exigiendo su liberación inmediata. “Urgimos a todos los gobiernos a ejercer una fuerte presión sobre China para que trate a sus ciudadanos con respeto, justicia básica y humanidad”, reza la carta. También recuerda el caso del premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, que pasará los próximos diez años en prisión por expresar su visión política. “Nos preocupa que a Ai Weiwei le aguarde el mismo destino”, dicen.

Entre los firmantes se encuentran los Gao Brothers y también Cai Yuan, un controvertido performer. “Su de-saparición refleja el lado oscuro de la sociedad china actual: los menos afortunados carecen del mínimo derecho a la Justicia”, clama a través del correo electrónico. Hong Lei, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, confirmó el jueves que el caso de Ai Wewei no tiene “nada que ver con los derechos humanos” y que ha sido detenido por “crímenes económicos”. Y advirtió a la comunidad internacional “no entrometerse en los asuntos internos de China”, después de que la UE y EEUU exigieran su liberación inmediata.

“China dice que es un Estado de derecho, pero cómo, si ni siquiera sigue los procedimientos más básicos de su legislación. No ha dicho nada a la familia en seis días. Todo el proceso es un despropósito: no sólo viola los protocolos internacionales sino la propia legislación china”, denuncia Patrick Poon, secretario ejecutivo de China Human Rights Lawyers Concern Group, una asociación de abogados ubicados en Hong Kong que vela por los derechos de los imputados por crímenes políticos en China.

Aunque no sabe qué va a pasar en los próximos días, Poon da a Público su lúgubre pronóstico: “Lo tendrán detenido hasta que hallen el peor delito posible con el que imputarle. Le harán pasar por un delincuente común, quizá un evasor de impuestos, y empezarán a desacreditarle en internet y en los medios. Luego, si la presión internacional no lo remedia, será condenado a prisión”.

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