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Demócratas, Republicanos, Patriotas y Gigantes

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¿A dónde ha ido el dinero? A salvar los bancos y al super bowl. El Lucas Oil de Indianapolis, donde caben 100.000  personas, fue ayer el escenario del choque entre Patriotas y Gigantes, el evento icono de la cultura norteamericana. La competencia despiadada de tanques humanos que se llevan cualquier cosa por delante, con tal de meter un gol.

El super bowl es un icono, el despliegue de fuerza física que da carácter a la cultura norteamericana, la precisión y la táctica, pero también, o quizá y en principio, el icono de un monstruo comercial de proporciones que no caben en la cabeza. Y por supuesto, el escenario para que la diosa, Madona, en un acto litúrgico oficiado sobre una plataforma tan grande como la cancha, apareciera completamente vestida de negro, acompañada de un obeso negro vestido de negro, cantando para 130 millones de televidentes. Cuando terminó, el piso se abrió, y Madona se precipitó y simultáneamente del orificio brotó un chorro propulsado de vapor denso que se elevó al cielo.

Nosotros, el 99%, fue la consigna de los okupa norteamericanos, las víctimas de la debacle económica, los que perdieron sus empleos, sus viviendas, los subsidios, la calidad de vida, las minorías víctimas de la  radicalidad de las medidas contra los inmigrantes. Un candidato – Romney – terminó declarando en la Florida, “no me importan los pobres, mi política va para las clases medias”.

Demonios ¿Dónde está el dinero? El dinero se ha ido para salvar a los bancos, porque el capitalismo no se puede dar el lujo de que quiebren, que sería como si el catolicismo permitiera que se cerraran sus templos, o los judíos las sinagogas. Y ha ido al super bowl.

El super bowl es la negación de la crisis, o si se quiere más deportivamente, la contra cara risueña, derrochadora, consumista de la debacle. ¿Al hacer las cuentas del super bowl, quién creería que USA está en crisis?

Cada 30 segundos de publicidad de televisión valen seis mil millones de pesos. La boleta más barata cuesta cuatro millones y medios de pesos. Un palco VIP, 144 millones de pesos y el palco suite, mil ochenta millones de pesos.

Hay que ser tan imaginativos como los norteamericanos para maquillar la cara fea del icono, de la que hacen parte los que verán el super bowl en el bar de la esquina o en la sala de su casa.

Se van a vender tantas alas de pollo, que puestas en fila, darían una extensión igual al doble del diámetro de la tierra.

Nosotros el 99.  

 

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