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La herencia uribista

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Irá a hacer un año que Monseñor Uribe abandonó el poder. En un día, por cierto, muy triste. El proyecto no se alcanzó a concluir, para desgracia de Monseñor y los suyos, y para bien del país.

El proyecto de la “seguridad democrática” que gozó de la reflexión de los teóricos Gaviria y Londoño Hoyos, era un proyecto “revolucionario”. Pretendía cambiar de manos las riendas del Estado. Un estado corporativo fuerte, en otras manos. Una reforma agraria paramilitar. Un agro ingreso seguro para los latifundistas. Unos negocios de Estado, en obras públicas, en programas de desarrollo electoral y políticas de bancarización. Unas políticas blandas para los paramilitares y unas políticas duras para los desplazados, unas fuerzas armadas domesticadas. Y una teoría de Estado: todo vale. Una conspiración global para que el Estado cambiase de manos. Y como corolario, una descripción doctrinaria del “estado de cosas”, que se cocinó con ayuda de Sabater: en Colombia no hay conflicto armado.

La acción conspirativa significó entregar en parcelas el Estado a los cómplices. El Ministerio de Agricultura a los latifundistas. El DAS  a los paramilitares. La DNE a los políticos del partido conservador. La salud a los Palacinos. La educación contratada al sector privado. A las familias en acción una limosna apostólica. Los contratos de obras públicas y la DIAN  a los Nule. La seguridad de las chuzadas a José Obdulio. Los falsos positivos al generalato. Y los positivos de la desmovilización al sector de Ternura.

Era apenas natural que la conspiración alertara algunas de las alarmas en el sector de la Justicia, lo que llevó a las escaramuzas que los medios llamaron “choque de trenes”. A las Cortes deberán abonársele dos actuaciones: haberse negado a nombrarle un Fiscal a Monseñor, que habría quedado como una cuota de poder. Y haber echado para atrás la pretensión de un tercer periodo. Las Cortes no olvidan que al segundo periodo se llegó por la vía del cohecho.

¿Qué nos dejó Monseñor? Una lección por vía negativa, un aprendizaje demasiado costoso para un país. Un gobierno como el de Monseñor no deberá repetirse. Ninguno debería repetirse, pero el poder no hace excepciones.

 

 

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