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Un fantasma recorre Ecuador

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 No más de mil policías de una fuerza que reúne 70.000 hombres, se tomaron el jueves pasado el principal cuartel policial de Quito, Guayaquil y otras ciudades, en protesta contra la ley de Servicios Públicos, que afecta sus primas, bonificaciones y prestaciones extra-salariales. Se diría escuetamente que una parte de la policía salió a protestar por las vías de hecho contra un golpe al bolsillo.  El ejército entre tanto estuvo mirando desde la barrera, y solo intervino cuando “secuestraron” al presidente en un hospital a donde había sido llevado para darle los primeros auxilios, tras un ataque con gases lacrimógenos. Los indios quietos.    

Efectivos de la fuerza aérea procedieron a cerrar las instalaciones del aeropuerto de la capital. El administrador del aeropuerto, Philippe Baril, dijo que alrededor de 300 militares cerraron las pistas del lugar, y que unos 700 pasajeros se vieron afectados por la medida.

Correita denunció "un intento de golpe de Estado" detrás del cual estaría el ex presidente Lucio Gutiérrez. Al que el régimen, casi desde que empezó el gobierno, responsabiliza de todos los actos furibundos de oposición. Mico-mandante y Evo acusaron a los Estados Unidos de estar detrás del intento de golpe de estado. Según ellos, ensayaron un levantamiento  para liquidar el ensayo de “socialismo democrático” en el Ecuador. Los liberales dijeron que se trató de "un atentado a la democracia".

Los policías, muy conscientes de sus derechos, incluyendo el derecho gremial a la protesta de hecho, dejaron ver que no se toman muy en serio la limitación constitucional de tal derecho. Si estuvieron los Estados Unidos detrás de la intentona - lo que no sería raro - , si fue Lucio, y por ende la oligarquía desplazada del poder por Correita, lo que se vio es que no tenían ni la fortaleza, ni la contundencia, ni los acuerdos, ni la cantidad de efectivos suficientes, para sacarlo. Pero aún más grave que el levantamiento policial, fue la actitud vacilante del ejército frente al hecho, las acciones de la fuerza área que contribuyeron al desorden, cerrando los aeropuertos. Por lo pronto lo que Correa debe temer es que sus fuerzas armadas, por acción u omisión, no parecerían estar dispuestas a jugársela por la defensa del proyecto de “socialismo democrático”. Un campanazo de alerta contra Correita, y sus similares en América Latina.

Las alarmas se prendieron, no sin razón, al punto que a la media noche, tras la llegada de Mico-mandante a Buenos Aires, la Unasur entró en sesión  de emergencia. Todos los gobernantes entendieron que lo que pasó, sea el responsable quien sea, es un primer anuncio de lo que podría sucederles a los gobiernos autoritarios y corruptos que hoy campean en el continente, a nombre de ese “socialismo” pálido y arrogante que ha hecho carrera antidemocrática.

Bien pude temer Correa por su estabilidad, y todos los presidentes que se le parecen, quienes sin una base social sólida, y con unas fuerzas armadas que estarían ensayando una primera intentona de recambio en el poder, han comenzado a hacer sonar sus sables en los cuarteles y en las calles.

Es posible que por ahora se haya conjurado a las fuerzas armadas opositoras, que de haber podido linchan a Correita sin remordimiento. Lo que queda en claro, es que el monopolio legal de la fuerza se ha resquebrajado, y que si el levantamiento no terminó en un golpe, no es porque no hayan querido, sino porque no pudieron. A futuro estarán conspirando, a la espera de que las circunstancias se abran para asestar el golpe de gracia, aprovechando la dislocación de la unidad política al interior de las fuerzas armadas.

Falta que las fuerzas armadas, de manera más contundente unifiquen su voluntad, y que los indios se decidan a intervenir para que los días de Correita estén contados. Si no lo lograron, es porque un golpe de estado en el Ecuador sin los indios, es como una fiesta sin música.

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