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“El tiempo para conversar se terminó”

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“El tiempo para conversar se terminó”, “al planeta se le está acabando el tiempo”, dijo Obama, en su discurso de Copenhague en la Cumbre del Cambio Climático. Quisiera arriesgar una hipótesis macabra, un poco distinta al anuncio igualmente macabro, de que estamos apenas a diez años de  llegar al punto de no retorno. La hipótesis, según la cual, no es el tiempo de hablar el que se acabó, sino el tiempo para salvarnos. Ya estamos en el punto de no retorno. La nube de CO2 que vislumbró  McCarthy en La carretera, no tiene paso atrás.

La Cumbre termina sin el protocolo vinculante, base de un acuerdo más comprometedor y efectivo, que reemplace el protocolo de Kioto, en el 2011. El escollo principal es la resistencia norteamericana a la reducción de las emisiones y ampliar su financiación. La delegación norteamericana insistió en no modificar su propuesta de reducción -3.5% anual- mientras la comunidad científica recomiende porcentajes de reducción entre el 25% y el 40%. No tiene efectos prácticos que los Estados Unidos amplíen su margen de reducción, sino pueden llegar siquiera al 25. Porque los costos a tal punto harían no sostenible el modelo de desarrollo. Es muy probable que Obama tenga razón. Si se acabó el tiempo de hablar, para qué mas acuerdos vinculantes, protocolos, cumbres. La de Copenhague, debería ser la última. Si llegamos al punto de no retorno ¿para que la reducción de emisiones? ¿Para proporcionarnos una muerte más lenta? o ¿Para explotar el negocio hasta el último momento?

Por lo demás la policía de Copenhague ha estado muy activa durante la Cumbre. Se han producido gran cantidad de detenciones preventivas – tipo Bush – contra participantes no invitados a la Cumbre, que sin haber participado en acciones violentas, son considerados sospechosos. La Policía danesa, en ley, debería haber detenido a Obama, a los chinos y a Chávez.  Al primero por ser un fariseo redomado, que aunque bien sabe que el efecto CO2 está llevando a la muerte al planeta, pone por encima los intereses de un puñado de inversionistas que manejan el negocio global. A los chinos por oportunistas, por cómplices, porque el modelo está por encima del riesgo. Porque saben que el tiempo se acabó, pero su único empeño es quedarse con el negocio. Y a Chávez.

Micomandante llegó ataviado de verde oliva a la Cumbre. Habló largo de las cucarachas, de los pajaritos, de las culebras y de las entrañas. Le pidió a Obama que le transfiriera el Premio Nobel a Evo. Que sin que nos diéramos cuenta, instauró el socialismo en Bolivia, hizo posible el sueño del Che. Habló de Cristo y de Bolívar y aprovechó para acusar a Holanda de un intento de agresión contra Venezuela, desde su bases en las Antillas holandesas. Pero dijo algo más: el responsable de la tragedia ecológica es el capitalismo. Pero es el capitalismo el que sostiene ese negocio tan contaminante que es el petróleo, el mismo que Venezuela le vende a los Estados Unidos, el que llena las arcas y las cajas menores de la revolución bolivariana, con el que se pagan alianzas y se hacen amigos para las votaciones. Micomandante diría que el petróleo en Venezuela ya no es un negocio capitalista, sino un negocio bolivariano. Fue a Dinamarca a ofrecer la solución: socialismo o muerte. El socialismo es más fuerte que el CO2.

Más de once millones de personas de la CE han cursado a la Cumbre de Copenhague la siguiente petición:
”Petición a los 110 presidentes y primeros ministros que están negociando en Copenhague: hacemos un llamamiento a cada uno de ustedes para que hagan las concesiones necesarias para cumplir con su responsabilidad histórica en esta crisis. Los países ricos deben ofrecer financiación justa, y todos los países tienen que establecer objetivos ambiciosos sobre reducción de emisiones. No marchen de Copenhague sin un acuerdo justo, ambicioso y vinculante, que mantenga a salvo al mundo de un calentamiento global catastrófico superior a dos grados.” http://www.avaaz.org/en/copenhagencrisis/?cl=401061133&v=4917)

La Cumbre terminó en ceros, los contaminadores dicen que el tiempo de hablar se acabó. ¿No será que el tiempo se acabó? Solo esa hipótesis explicaría que la reducción ya no tenga sentido.

 

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