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Psiquiatra militar islamizado dispara contra todo lo que se mueve en Fort Hood, Texas

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The Texas chain saw massacre (masacre de la moto sierra en Texas) es una película independiente de terror, escrita, producida y dirigida por Tobe Hooper. Es la historia de dos hermanos que viajan a Texas – la tierra de las masacres - a visitar la tumba de uno de sus familiares, que según informes de la radio había sido profanada. En el trayecto son atacados por una familia de caníbales. The Texas Chain Saw Massacre fue prohibida en Australia y el Reino Unido.

El 1 de agosto de 1966, Charles Whitman subió a la torre más alta de la Universidad de Texas y disparó durante 96 minutos contra todo lo que se moviera. Una actividad extracurricular que dejó en los jardines del campus 16 cadáveres y 31 heridos. Un record, superado en Virginia Tech, cuando un  surcoreano llamado Cho Seung Hi, dio de baja a 32 personas en abril del 2007.  

Una rama de los Davidianos vivía en Monte Carmelo, en las afueras de Waco, Texas. El 19 de abril de 1993, agentes del gobierno de los Estados Unidos atacaron el lugar y asesinaron a cien hombres, mujeres y niños.

Nidal Malik Hasan, de origen palestino, mayor del Ejército de los Estados Unidos, destacado en la base militar Fort Hood de Texas, la más grande del mundo, tras gritar “¡Alá es grande!”, extrajo una pistola semiautomática y disparó contra todo lo que se moviera – civil y militar - hasta que agentes de Policía Militar le dispararon para detenerlo. Hasan es un psiquiatra de 39 años, convertido al islamismo, que trabajaba con pacientes con síndrome traumático de guerra y al que el Ejército le había pagado un doctorado en psiquiatría preventiva en Virginia Tech.

Hasan  acusado de trece homicidios intencionales podría obtener un tiquete a la cámara de gas. Según la inteligencia del Ejército, se supo que había estado en contacto con figuras simpatizante de Al Qaeda. Días antes de la masacre Hasan fue informado que en cualquier momento sería destacado a Irak o Afganistán. Hasan fue víctima de la segregación a musulmanes, que se convirtió en “política de seguridad nacional” tras los ataques de 11-S.  Según The New York Times, existe una investigación contra Hasan por un comentario, supuestamente firmado por él en una web, donde se atacaba a los Estados Unidos por la guerra de Irak.

Cualquiera de las masacres que se quisiera escoger, tiene la más pavorosa y rotunda gravedad de los hechos, que no alcanza el horror independiente de malas películas, capaces incluso de hacerse prohibir en el Reino Unido, por respeto para con la sensibilidad de los espectadores.

Al cine le toca hacer demasiado esfuerzo – la mayor parte de las veces hiperventilado - para poner a competir el terror independiente con el terror real, el sub estrato de las pasiones humanas que dan toda su fuerza a la saga cotidiana del horror social. El entrecruzamiento impredecible de fuerzas, el cambio de los patrones de guerra, el fundamentalismo criminal, la aleatoriedad de los factores de riesgo, la crisis de confianza en la inteligencia, el aumento geométrico del riesgo, son variantes activas del potencial incalculable de horror, al que todos estamos expuestos en el mundo global.

En vez de prohibir las películas de caníbales con moto sierra – una saga de ellas se podría hacer con las historias de paramilitares en Colombia - lo que se debería prohibir son las masacres. Claro está, es una tonta ilusión de sanidad, un deseo legítimo e impotente para modificar el curso. El horror no puede ser prohibido, porque es un espectro que ha alcanzado la incontrolable condición  del espíritu del “prohibido prohibir”, habiéndose puesto muy por encima del alcance de cualquier norma.

Lo que más se acerca al horror real, es cuando a alguien como el gordito Michael Moore se le da por prender su cámara y salir a grabar los ecos de algo como el  tumulto de terror escolar en Columbine, Colorado.   

 

 

 

 

The Texas chain saw massacre (masacre de la moto sierra en Texas) es una película independiente de terror, escrita, producida y dirigida por Tobe Hooper. Es la historia de dos hermanos que viajan a Texas – la tierra de las masacres - a visitar la tumba de uno de sus familiares, que según informes de la radio había sido profanada. En el trayecto son atacados por una familia de caníbales. The Texas Chain Saw Massacre fue prohibida en Australia y el Reino Unido.

El 1 de agosto de 1966, Charles Whitman subió a la torre más alta de la Universidad de Texas y disparó durante 96 minutos contra todo lo que se moviera. Una actividad extracurricular que dejó en los jardines del campus 16 cadáveres y 31 heridos. Un record, superado en Virginia Tech, cuando un  surcoreano llamado Cho Seung Hi, dio de baja a 32 personas en abril del 2007.  

Una rama de los Davidianos vivía en Monte Carmelo, en las afueras de Waco, Texas. El 19 de abril de 1993, agentes del gobierno de los Estados Unidos atacaron el lugar y asesinaron a cien hombres, mujeres y niños.

Nidal Malik Hasan, de origen palestino, mayor del Ejército de los Estados Unidos, destacado en la base militar Fort Hood de Texas, la más grande del mundo, tras gritar “¡Alá es grande!”, extrajo una pistola semiautomática y disparó contra todo lo que se moviera – civil y militar - hasta que agentes de Policía Militar le dispararon para detenerlo. Hasan es un psiquiatra de 39 años, convertido al islamismo, que trabajaba con pacientes con síndrome traumático de guerra y al que el Ejército le había pagado un doctorado en psiquiatría preventiva en Virginia Tech.

Hasan  acusado de trece homicidios intencionales podría obtener un tiquete a la cámara de gas. Según la inteligencia del Ejército, se supo que había estado en contacto con figuras simpatizante de Al Qaeda. Días antes de la masacre Hasan fue informado que en cualquier momento sería destacado a Irak o Afganistán. Hasan fue víctima de la segregación a musulmanes, que se convirtió en “política de seguridad nacional” tras los ataques de 11-S.  Según The New York Times, existe una investigación contra Hasan por un comentario, supuestamente firmado por él en una web, donde se atacaba a los Estados Unidos por la guerra de Irak.

Cualquiera de las masacres que se quisiera escoger, tiene la más pavorosa y rotunda gravedad de los hechos, que no alcanza el horror independiente de malas películas, capaces incluso de hacerse prohibir en el Reino Unido, por respeto para con la sensibilidad de los espectadores.

Al cine le toca hacer demasiado esfuerzo – la mayor parte de las veces hiperventilado - para poner a competir el terror independiente con el terror real, el sub estrato de las pasiones humanas que dan toda su fuerza a la saga cotidiana del horror social. El entrecruzamiento impredecible de fuerzas, el cambio de los patrones de guerra, el fundamentalismo criminal, la aleatoriedad de los factores de riesgo, la crisis de confianza en la inteligencia, el aumento del riesgo global, son variantes activas del potencial incalculable de horror, al que todos estamos expuestos en el mundo global.

En vez de prohibir las películas de caníbales con moto sierra – una saga completa de ellas se podría hacer con las historias de paramilitares en Colombia - lo que se debería prohibir son las masacres. Claro está, una tonta ilusión de sanidad, un deseo legítimo e impotente para modificar el curso. El horror no puede ser prohibido, porque es un espectro que ha alcanzado la condición absoluta del espíritu del “prohibido prohibir”, habiéndose puesto muy por encima del alcance de cualquier norma.

Lo que más se acerca al horror real, es cuando a alguien como el gordito Michael Moore se le da por prender su cámara y salir a grabar los ecos de algo como el  tumulto de terror escolar en Columbine, Colorado.   

 

 

 

 

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