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El Personero de Samuel

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El uaunana Rojas Birry está sitiado. Todos los blancos, desde  todos los flancos le disparan. Las fieras en el Consejo de Bogotá lo quieren juzgar para echarlo del cargo. Samuel no lo quiere ni ver, resulta demasiado comprometedor. Maria Eugenia lo odia por haber hecho mal la vuelta con DMG. El Polo lo quiere a metros, porque afecta la imagen del partido. Carlos Gaviria le pidó oficialmente que renunciara al cargo. Cambio y Semana lo hunden cada vez que publican una conversación telefónica. Está en la mira del Contralor General. Y ahora Popeye le ha dado la estocada, él de eso sabe; nos ha dicho que Don Pablo le mandó con él, cien mil dólares para que votara contra al extradición en la Constituyente de 1991. Los procesos por paternidad irresponsable y de hoja de vida dudosa, se han desempolvado. La mujer ya lo había echado. Ahora falta que la novia se le espante.

Popeye se había demorado en recordar, pero ahora que el Polo no está para cucharas, recuerda que su patrón – Don Pablo – le mandó con él una platica, para que votara patrióticamente a favor del derecho de los colombianos a ser juzgados en Colombia. ¿Cómo olvidar?

A Rojas Birry legalmente lo van a masacrar. Ha cometido tantos errores, ha dejado tantos rastros, que ahora por cuenta del periodismo de investigación, se nos convirtió en el malo de la temporada. Necesitamos sacrificar al indio para moralizar la administración pública. No puede ser que un corrupto sea el encargado de vigilar la transparencia administrativa del distrito.

Gracioso, por decir algo, que los concejales de Bogotá citen al Personero para darle un debate moral y ético. Moral y éticamente que alguien lance la primera piedra. El indio no ha hecho nada distinto, ni nada peor, a lo que han hecho los políticos y funcionarios que negocian, que tranzan, no ha hecho nada distinto a los que se vendieron al narcoparamilitarismo, a la guerrilla, a la mafia. Por eso es culpable. Para bien de las instituciones, la corrupción desde la constitución del 91 es multiétnica.

Grotesco, por decir lo menos, el espectáculo que está dando el Polo. ¿Se imaginan a José Obdulio frotándose las manos? Un conflicto sobre la política para manejar a Bogotá, más que el conflicto de estrategia electoral, fue lo que dividió al Polo. Petro señaló a Samuel, como un alcalde clientelista, que asesorado por María Eugenia y Samper terminará ayudando a que dilapiden al indio. 

¿Se imaginan ustedes, que si al indio Piñacué por haber votado por Serpa, el cabildo lo condenó a zambullirse en una gélida laguna y luego a una rejera de utilería, a lo que debería condenar a Rojas Birry?

 


                             

 

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